Capítulo 25. La venganza de los caídos
El caos reinaba en las instalaciones del laboratorio principal, el personal corría despavorido por los pasillos presas del pánico y tratando de huir del peligroso gas que se había propagado. La desesperación por salir del lugar empezaba a generar grandes desordenes que podían causar tragedias debido a la multitud que se desplazaba.
- ¡Harry! ¡Aquí! – Gritaba a todo pulmón Luna levantando su mano derecha para hacerse ver en medio del mar de personas. El pelinegro corrió en su dirección y la recibió con un fuerte abrazo que por poco la deja sin respiración. - ¿Lo lograste? – le susurró al oído, el chico asintió, pero arrugó su frente con preocupación.
- Águila y halcón - Como se referían para identificar a Hermione y a su bebé - están a salvo fuera de aquí – Para Luna no pasó desapercibido el hecho que no había mencionado a la pequeña Donna en su relato.
- ¿Y Donna? – Harry giró su rostro y Luna notó un ligero rubor en sus mejillas, que le hizo creer que algo había sucedido.
- Hubo un inconveniente en la evacuación de águila y halcón. Unos guardias de seguridad se dieron cuenta de que la estaba ayudando a escapar y nos tocó enfrentarnos a ellos, tuve que silenciarlos, pero fue muy difícil, y en el proceso perdí a Donna.
- ¡Por Dios Harry! – Le regañó Luna enojada - ¿Ya la buscaste?
- Claro que sí Luna, no me tomes por tonto. – respondió el chico de gafas algo enojado – el problema es que tenemos pocos minutos para llevar a cabo el plan propuesto. – Luna se llevó una mano a la cabeza, el dolor de cabeza estaba a punto de hacerla desmayar y más ahora que todas las preocupaciones se habían juntado.
- ¿Águila sabe que la niña está perdida? – Harry negó enérgicamente con la cabeza
- No, logré engañarla de que yo me haría cargo de ella. Si águila se quedaba, este plan se iría a la mierda. – Luna asintió dándole la razón a su hermano postizo y acto seguido tomó con fuerza las manos del pelinegro.
- Escúchame bien Harry, sé que esto no estaba en el plan, pero deberás ser tú quien se encargue de liberar a los prisioneros, mientras yo busco a la chiquitina. – Harry arrugó el ceño con molestia, aquello no pintaba nada bien.
- No Lu, soy yo quien debería encargarse de eso, el error fue mío.
- Eso ahora no importa, tú serás más ágil para ayudar a los chicos y podrás explicarle la situación – Exclamó la rubia con decisión.
- Esta bien, pero hay uno en particular que te corresponde a ti…y no pienso discutirlo, porque sé que a ti es a la única a la que no matará – Luna sonrió con tristeza al comprender de quien hablaba Harry, su amado y peligroso Theodore, que para ese momento debería querer matarla más que a todos.
- Ok, manos a la obra entonces, nos vemos en 30 minutos – Harry le dio un fuerte abrazo antes de irse corriendo por el pasillo del ala C – Que Dios nos acompañe… - Susurró Luna antes de tomar su propio camino.
…
Luna recorría presurosa los pasillos del ala F del laboratorio, con la esperanza de hallar pronto a Donna y ponerla a salvo, pero algo en su corazón le indicaba que aquella tarea iba a tardar más de lo indicado, concentrada en su labor cruzó a la izquierda buscando la celda de torturas, tal vez la hora de liberar a Theodore había llegado, con él ayudándola podría ser más fácil la labor de encontrar a Donna. Al llegar a la celda, Luna no se sorprendió al verlo recostado en el frío suelo de la mazmorra donde se hallaba encerrado, ese solía ser su lugar favorito; con sus manos temblorosas, la rubia introdujo el código de seguridad de la celda, un chirrido salió de los engranajes al abrirse, la rubia lo observó durante unos segundos tratando de contemplar sus hermosas facciones, esos ojos azules eléctricos, la barba castaña casi rubia que cubría completamente su rostro, las ojeras bajo sus ojos y aquella postura tan letal que le producía intensos escalofríos.
- Hola – Le saludó Luna con voz apagada, sin embargo, no obtuvo respuesta de parte de él, solo un gruñido bajo, que le produjo mucho miedo. – Yo…necesito de tu ayuda – Soltó sin más la chica entrando despacio a la celda. Theodore sonrió sin mostrar los dientes y por primera vez desde que ella había llegado, levantó sus ojos en dirección a ella y la miró.
- Cínica – Le contestó con voz baja y ronca. Luna soltó un bufido de exasperación, ya había llegado la hora de contarle la verdad si quería su ayuda.
- Escúchame bien Theodore Nott este no es momento de ponernos a pelear, la vida de muchas personas está en riesgo y en nuestras manos está el ayudar a que nadie muera. Dejemos de lado nuestros problemas y diferencias y trabajemos juntos para salir de aquí y librarnos de este maldito encierro de una vez – Estaba tan decidida que Theo la miró fijamente intentando detectar algún rastro de mentiras en sus palabras, pero no encontró nada. Al verla liberarlo de las cadenas que lo ataban a sus manos y pies, comprendió que ella hablaba en serio, pero ¿qué había ocurrido para que Luna tomara esa determinación? Apenas tuvo sus manos y pies libres, hizo uso de su fuerza y aprisionó a la chica contra la pared, el pánico se reflejaba en sus ojos celestes, lo que lo hizo bajar un poco la guardia y aflojó su agarre.
- Quiero la verdad – Susurró frente a ella, Luna suspiró y levantó su mano libre para tocar el rostro de él, estaba tan cerca que podía sentir su respiración acelerada y escuchar los furiosos latidos de su corazón. Aquel hombre era merecedor de la verdad, o al menos la gran parte de ella, armándose de valor la chica contestó.
- Harry y yo hemos ideado un plan para sacarlos de aquí a todos, ya hermione y el bebé están lejos de aquí y a salvo.
- ¿Por qué? – Preguntó confundido – Creí que nos odiabas y querías que muriéramos en estas celdas mugrosas.
- ¿Qué? ¡No! – Dijo consternada – Yo nunca podría odiarlos, ustedes son mi familia. – Theo se apartó de ella con brusquedad, todo lo que Luna decía lo confundía más y más al punto de no saber que era verdad y que no. – Todo lo que he hecho, aunque suene loco, ha sido por salvarlos a ustedes.
- De qué carajos hablas ¿Quieres explicarte? – Luna negó varias veces con la cabeza
- Ahora mismo no puedo explicarte todo lo que quisiera, solo puedo decirte que estoy de tu parte, que todo lo que Harry y yo hicimos fue una actuación, no somos hijos de Voldemort y nunca seremos sus aliados, solo queremos destruirlo y no se nos ocurrió una mejor idea que aquella que dice "Si no puedes con tu enemigo, únete a él" y eso hicimos – Nott la miró con los ojos entrecerrados y cómo nunca después de mucho tiempo pudo leer su mente y ver sus pensamientos y lo que vio lo dejo perplejo. – Mira todo lo que desees en mi mente, solo allí descubrirás toda la verdad.
- ¿Por qué antes no podía hacerlo? – Preguntó con curiosidad
- Yo no te lo permitía, si yo dejaba que tú vieras lo que pensaba, entonces muchas personas hubiesen estado en peligro, incluyéndote, y si algo les pasaba a ustedes por mi culpa, yo nunca me lo iba a perdonar.
- Ok, digamos que te creo, aunque aún tienes mucho que aclarar, por ahora dime cuál es el plan y yo te ayudaré, pero primero, necesito saber algo ¿Dónde están los chicos?
El camino recorrido hacía las celdas en donde se encontraban los demás, se había convertido en un verdadero calvario, agentes de seguridad por todos lados, cámaras, científicos huyendo del desorden provocado y el caos reinando en cada esquina de aquel laboratorio, habían hecho que llegar al lugar de destino fuera algo bastante arriesgado.
- ¿Es aquí? – Preguntó Theodore a Luna cuando esta se detuvo repentinamente
- Si, aquí es – Susurró mientras miraba en todas las direcciones. Cuando observó que no había ninguna persona cerca, la chica se dirigió con paso decidido hasta el par de celdas en donde estaban sus amigos, se alegró al ver que aún estaban allí y que Harry estaba con ellos, al parecer explicándoles la situación. Todos los rostros se fijaron de inmediato en los recién llegados, Luna se imaginó que seguro esto se debía al estado tan deplorable en que Theo se encontraba, hasta ella misma se había impresionado al verlo, aunque el chico no había perdido su encanto, no se podía negar que, en aquel momento a pesar de su físico extraordinario, él parecía un indigente, sucio, de cabello enmarañado y apestaba.
- ¡Vaya! – Exclamó con asombro Ron – Nott, por fin reflejas lo que en realidad eres, un maniático – Theodore sonrío ante las ocurrencias de Ron y entró a la celda seguido de Luna.
- Por un momento creí que eras un limosnero hermano – Bromeó Blaise dándole un gran abrazo
- Llevas casi 2 meses sin verme y eso es lo primero que me dices – Le reclamó Nott fingiendo molestia, pero Blaise se alejó de él y levantó los brazos a manera de disculpa. - Perdonen mi falta de higiene, a diferencia de ustedes yo no tenía ducha – Se excusó el castaño
- Bueno, eso ahora es lo menos importante – Dijo Harry llamando la atención nuevamente – Memoricen bien el plan, esto nos llevará a la libertad… - El sonido de unas palmadas a sus espaldas los alertó a todos, al voltear su rostro se encontraron con la persona que menos deseaban ver en esos momentos: Lord Voldemort.
- ¡Bravo! – Gritó con efusividad mostrando una enorme y siniestra sonrisa deforme que causaba escalofríos. - ¡Pero que brillante son mis niños! – Exclamó mirando a sus guardias de seguridad y a Lucius que también lo acompañaba. – Tengo un hijo que me desprecia y haría lo que fuera por destruirme… y una hija bastante ingrata que se une sin pensar a la causa de su hermano. ¿Qué voy a hacer con ustedes par de saltamontes infelices?
- ¿Matarnos? – Preguntó Harry altivo con un deje de burla en su voz, sus amigos se extrañaron al verlo actuando de esa manera, no era común ver a Harry desafiar a alguien.
- ¿Estás retándome, Harry Potter? – El ojiverde soltó una carcajada divertida
- No eres lo suficientemente hombre como para matarme con tus propias manos, eres un cobarde que solo te escondes detrás de tus guardaespaldas y personal de seguridad. – Arremetió el chico de gafas sonriendo complacido al ver la expresión furiosa en el rostro de Voldemort.
- Ha llegado la hora de enseñarte a respetar, al igual que tuve que hacer con los imbéciles de tus padres años atrás – La confesión del asesinato de sus padres tan abiertamente desestabilizó a Harry, tanto, que tuvo que hacer uso de su autocontrol para no abalanzarse sobre Voldemort.
- Así que admites haberlos asesinado, luego que me negaste millones de veces saber nada de ellos – Voldemort sonrío divertido y contestó.
- Así es querido hijo, tus padres tenían algo muy preciado para mí. Yo no quería hacerles daño…bueno tal vez a tu padre sí, era un sujeto arrogante y altivo, en cambio tu madre era muy dulce, me ofreció su apoyo en aquel momento tan desesperante para mí. Pero yo ¡No necesitaba su maldito apoyo! – Gritó de repente perdiendo los estribos - ¡Yo solo quería una vida para mi hija! – Voldemort caminó unos pasos hasta quedar frente a Luna, quien estaba al lado de Harry – Mi niña… - Murmuró acariciando la mejilla de la chica – Tus padres se negaron a ayudarme a salvarla.
- ¡Eres un maniático! – Dijo Harry empujándolo lejos de Luna - ¡Mis padres no podían hacer nada por ella! ¡Su hija tuvo el destino que estaba planeado para ella! Y ni Luna ni yo somos nada tuyo, porque nos repugnaría estar emparentados con un sujeto tan vil y siniestro como lo eres tú. – Voldemort tomó a Harry del cuello y lo estampó contra las rejas de la celda a sus espaldas.
- ¡Mi hija no merecía morir! – Gritó el sujeto fuera de control, en aquel momento Harry pudo comprender cuan afectado e inestable era Tom Riddle, más conocido como lord Voldemort, en ese momento Harry pudo visualizar al loco que había protegido por meses y años pensando que era lo más cercano a una familia que él podía tener, al mirar sus ojos inyectados de sangre y atormentados Harry sintió tanta lástima que el golpe que Voldemort le dio ni siquiera lo vio venir. – Mi hija era mi vida… no pienso dejármela arrebatar de nuevo – Por un instante Harry estuvo tentado a preguntarle de qué demonios hablaba, pero luego entendió todo al verlo sacar su arma y apuntar en la cabeza a Luna.
- ¡No! – Gritó Theodore interponiéndose entre Luna y el arma
- Quítate de en medio animal idiota – Siseó Voldemort ferozmente apuntando con su mano temblorosa justo al pecho de Theo.
- ¿Te has vuelto loco Theodore? – Replicó Luna saliendo detrás de él y posicionándose entre el chico y el que fuera su padre adoptivo. - ¿Quieres matarme, padre? – Preguntó Luna con una sonrisa triste en el rostro. – Adelante, hazlo.
- ¡Luna cállate, no sabes lo que dices! – Gritó Blaise bastante nervioso
- Alguien haga algo por favor – Suplicó Pansy al borde del llanto
- ¡Cállense todos! - Exclamó Draco con enojo
- Yo quería darte el mundo mi niña – Susurró Voldemort acercándose a Luna
- ¡Ella no es tu hija maldito loco! – Le gritó Ron, quien fue silenciado minutos después por un golpe de Ginny
- Tiene sus mismos ojos… y esa mirada dulce. – Replicó Voldemort, quien parecía estar en un extraño trance.
- Mi padre se llamaba Xenophilius Lovegood y murió por tu culpa, murió por tus malditos experimentos que solo han traído desgracias, desolación y dolor a la vida de todos aquí. ¡No eres un Dios! ¡Jamás lo serás! Solo eres una persona enferma que necesita ayuda…yo puedo ayudarte, pero debes enfrentar la realidad y asumir las consecuencias de tus actos. – Dijo Luna con determinación – Ya es hora que acabes con esta pesadilla, haz destruidos muchas vidas Tom, la mía incluida.
- ¡Él no te conviene! – Gritó Voldemort apuntando a Theodore con su arma – Con él vas a ser infeliz toda tu vida, porque es un monstruo sin sentimientos que solo te ha hecho sufrir.
- ¡Él único monstruo sin sentimientos aquí eres tú! – Le respondió la rubia enojada – Contigo he sufrido más de lo que alguien podría soportar, contigo he sido infeliz y lo seré siempre. El único pecado de Theodore ha sido amarme y cuidarme a pesar de todo el daño que TÚ me hiciste que le causara.
- ¿Qué? – Preguntó Theodore confundido
- ¡Yo no te obligué que le hicieras creer que tenías algo con ese chico asiático y tampoco te dije que le dijeras que no lo amabas! – Contraatacó Voldemort blandeando el arma, furioso.
- ¿No? Y como le llamas el amenazarme con matarlos a todos si seguía con él, cómo le llamas el decirme que debía alejarlo completamente y si no lo hacía me ibas a probar que él no era inmortal por el virus T. – Voldemort arrugó el ceño al escuchar los reproches de Luna. – He vivido un infierno por tu culpa, he lastimado a personas que amo con toda mi alma solo por tus caprichos, pero ya no más, ya estoy harta de tus órdenes, de tus manipulaciones, de tus amenazas. ¿Quieres matarme? – Exclamó señalando su pecho – Mátame, ándale hazlo, porque ya me importa una mierda lo que puedas hacer conmigo, hoy me rebelo de tu yugo y juro por Dios que nunca más volveré a dejarme controlar de ti.
- Si la matas a ella, también tendrás que matarme a mí. – Intervino Harry llamando la atención de Voldemort, que para ese momento estaba bastante confundido.
- Mi señor – Le llamó Lucius – Me temo que debería hablar esto con sus hijos a solas, antes de que se pierda el control y esto se convierta en un baño de sangre.
- ¡No! – Gritó Voldemort – Creo que es hora que los padres nos sinceremos con nuestros hijos ¿No Lucius? – El aludido tragó saliva con dificultad mientras miraba con temor a Draco, que extrañamente permanecía en silencio.
- No creo que sea el momento, mi señor – Contestó con temor el rubio ganándose una mirada airada de su jefe.
- ¡Es el momento porque yo lo digo! – Dijo fuera de sí Voldemort – Draco – Exclamó con voz serena, era impresionante ver como cambiaba de estados de ánimo ese sujeto al que todos llamando el señor oscuro. – Creo que es justo que tu padre te dé una explicación ¿No crees?
- Yo no tengo padre, si lo que intentas decirme es que me parezco a algún hijo muerto o desaparecido que tengas por allí, lamento decirte que yo no me prestaré para eso. – El señor oscuro entrecerró los ojos y miró con molestia al rubio, pero luego su expresión cambió a una de pura maldad, en donde el odio se veía claramente reflejado en sus ojos de serpiente.
- No, yo no soy tu padre, pero él – Dijo señalando a Lucius – él si lo es – Draco levantó su vista antes el sujeto que Voldemort señalaba y por primera vez lo observó de verdad, aquel era el hombre que él veía en sus pesadillas desde niño, el que lo había abandonado vilmente en un orfanato, el mismo que le llevaba comida a escondidas a todos mientras habían estado encerrados en esa celda, el aliado de Harry y Luna, quien había ayudado a escapar a Hermione y a su hijo a cambio de nada. Ahora Draco entendía tantas cosas que antes lo abrumaban, ahora sabía el extraño interés de ese sujeto en su bebé y en su esposa…Lucius Malfoy era su padre.
- Hijo – Susurró Lucius arrodillándose frente a Draco – Yo lo hice porque tú madre y yo te amamos mucho, no podía verte crecer así, en medio de tanto horror y tanta desilusión. Perdóname por favor - Decía llorando amargamente a los pies de Draco, que para ese momento no tenía nada que decir.
- Tú me abandonaste – Susurró Draco, se sentía incapaz de seguir hablando, sentía las lágrimas agolpadas en sus ojos grises, los mismos que compartía con su padre, al igual que ese inusual cabello rubio platino y la piel pálida.
- ¡Yo lo hice por tu bien! – Dijo de repente abrumado por el dolor Lucius
- Tú sabías que estaba aquí y no hiciste nada por mí – Le reclamó dolido cerrando con furia sus puños, aquello era demasiado dolor para él.
- Draco, te juro que yo no sabía que eras el mismo niño que hace tanto deje en el orfanato, no tenía idea, solo hasta hace poco que miré tus ojos cuando fuiste capturado hace unas semanas, los vi y observe en ellos el espíritu de tu madre, tienes mi color de ojos, pero la mirada de ella, solo entonces supe que eras tú y más porque investigué tu pasado, solo en ese momento me di cuenta que te había recuperado.
- Levántate de allí Lucius Malfoy – Exclamó Draco furioso haciéndolo levantar del suelo – Tú no me recuperaste, porque sencillamente no se puede recuperar algo que nunca fue tuyo y aunque ante el mundo biológicamente seas mi padre, para mí no existe familia más que mis hermanos Blaise y Theodore, mi esposa y mi hijo – La expresión de tristeza en el rostro de Lucius fue tal que Draco pensaba que se pondría a llorar como un niño, pero contrario a eso, el hombre se abalanzó sobre Voldemort como un poseso.
- ¡Tú me quitaste todo! ¡Voy a matarte! – Gritaba Lucius mientras forcejeaba con Voldemort, cuya expresión sádica había vuelto a su rostro. Dos sonidos de disparó retumbaron y tanto el señor oscuro como Lucius cayeron al suelo. Luna se apresuró a socorrer a un sangrante Lucius que agonizaba producto de los dos impactos de bala recibidos.
- Pero ¡qué hiciste! – Gritó Ginny ayudando a Luna. Draco corrió de inmediato al lado del que hasta hace poco desconocía y que ahora era su padre.
- Hijo… - Susurró Lucius apretando con fuerza la mano que Draco sin dudar le ofreció – Tú madre y yo siempre te amamos, fuiste nuestro mayor orgullo…
- Lucius, no hable más por favor, va a debilitarte – Lucius negó con la cabeza antes de continuar.
- ¡Alguien que ayude por favor! – Pedía Harry, pero Voldemort había dado la orden a su personal de no obedecer más que sus palabras y en aquel momento las de él no se escuchaban.
- Yo siempre te amé hijo mío. – Draco limpió con violencia un par de lágrimas que se escaparon de sus ojos – No permitas como yo, que este hijo de puta te arrebate tu felicidad, destrúyelo de una vez por todas – Añadió entregándole un pequeño artefacto que parecía ser un control remoto. – Cuando llegué el momento presiónalo y todo terminará. Nadie dudará de ustedes jamás, porque él mundo sabrá que son inocentes.
- ¿Qué es? – Preguntó Draco con curiosidad
- El boleto de salida del infierno… - Contestó Lucius escupiendo sangre sobre el suelo – La niña está a salvo, afuera de este laboratorio y esperando por ti.
- No sigas más, te harás daño – Le regañó Draco intentando en vano detener la hemorragia con la chaqueta de Harry y comprendiendo que con esa niña se refería a Donna.
- Ha llegado la hora – Susurró Lucius besando con dulzura la mano ensangrentada de su hijo
- ¿De qué? – Preguntó Draco asustado al verlo cerrar sus ojos – Lucius… ¡Lucius! – Gritaba el rubio desesperado - ¡Padre! – Pero el hombre ya no respondía y Draco comprendió a qué se refería cuando al soltar su mano un pequeño artefacto del tamaño y forma de una nuez cayó al suelo liberando un extraño gas, que no dejaba respirar bien y que impedía ver con claridad.
- ¡Maldito traidor! – Gritó Voldemort enojado - ¡No dejen que escapen! ¡Disparen a todo lo que puedan ver! – Pero lo que Voldemort desconocía era que los chicos se movilizaban tomados de las manos y a gatas por la salida de aquellas celdas. Confundido y extremadamente enojado el señor tenebroso corrió por los pasillos hasta dar con un lugar lo suficientemente lejos de aquel gas que lo estaba ahogando. Puso divisar al fondo el rostro de Pansy mientras volteaba y corría en dirección del resto de sus compañeros, aquello no se quedaría así, Luna y Harry no se saldrían con la suya y él se aseguraría de ello.
El aire faltaba de los pulmones de Luna, podía sentir como quemaba aquella sensación en su pecho, que no la dejaba ir al nivel de los demás, pensó en pedir ayuda y justo cuando iba a gritar unas manos blanquecinas la tomaron de la boca y el cabello obligándola a caer, perdió de vista a sus compañeros y supo de quien se trataba al escuchar su risa macabra.
- Solos nuevamente tu y yo – Susurró Voldemort mientras sostenía a Luna de su cabello – Y esta vez voy a enseñar a respetarme.
- ¿Por qué no me enseñas a respetar a mí, animal pestilente? – Preguntó Theodore apareciendo al final del pasillo, él se había dado cuenta de la ausencia de Luna y con el consentimiento de sus compañeros había regresado para ayudarla.
- El súper héroe ha llegado a salvar a la damisela en peligro, que romántico es esto. – Se burló Voldemort dándole un puntapié a Luna en el abdomen que logró hacerla doblar del dolor
- ¡Basta! – gritó Theo furioso
- ¿O qué? – Lo retó Voldemort soltando a Luna. El señor tenebroso y Theodore se enzarzaron en una feroz lucha que los llevó a los golpes, la contienda estaba algo pareja debido a la debilidad de Theo y los virus que Voldemort había creado para fortalecer su cuerpo. Voldemort lanzó una patada en la cara de Nott que le dio de lleno en la nariz haciéndolo sangrar inconteniblemente, el señor oscuro aprovechó aquel momento de debilidad de su contrincante y sacó de su chaqueta una daga pequeña y plateada con la que pensaba dar la estocada final. – Una lástima que tu amada te vea morir de una forma tan deshonrosa proyecto Nott. – Theo estaba en suelo jadeante y tratando de contener la sangre, sabía que no contaba con las fuerzas necesarias para darle la pelea a aquel sujeto, así que, al verlo tomarlo del cabello dispuesto a degollarlo, solo miró a Luna y articuló un silencioso "Te amo".
- ¡No! – Gritó Luna levantándose del suelo donde estaba y levantando sus brazos hacía Voldemort, haciendo que la mano en donde empuñaba la daga saliera disparada hacía el piso. El señor tenebroso no dudó un segundo y corrió directamente hacía donde había caído la única arma que lo acompañaba, Luna hizo lo mismo intentando frenar que aquel hombre matara a Theodore. Ambos llegaron a tiempo de tomar la daga, pero la fuerza de Voldemort era mayor que la de la chica, por lo que estaba ganándole la pelea.
- Tú solamente serás mía ¿Me entiendes?, ¡No voy a permitir que te marches con este imbécil! ¡Harás lo que yo te ordene! – Gritaba Voldemort
- ¡No! ¡Nunca más voy a hacer lo que me órdenes! ¡Nunca he sido tuya y jamás lo seré! – Exclamó la rubia con determinación empujando con fuerza la daga directo hacia el cuello de Voldemort quien no pudo evitar tan brutal ataque. – Es hora de que pagues por todos tus pecados y llévate a tus experimentos contigo. – Le dijo Luna enterrando más la daga.
- Traicionado… - Logró articular Voldemort ahogándose con su sangre – Por mi… hija – Theo llegó justo en el momento en el que el señor tenebroso cerraba sus ojos para siempre acabando con su reinado del terror en lo que muchos habían caído inocentemente.
- Por Derek, Neville, Cho, Fred, George y todos aquellos a los que le arrebataste la vida. Adiós para siempre Tom Riddle. – Susurró Theodore antes de marcharse de aquel lugar en compañía de Luna, a quien le había afectado demasiado toda la situación. Al salir se encontraron con los rostros preocupados de sus amigos, que los reconfortaron ante lo sucedido. Draco accionó el interruptor que su padre le había dado y todo el edificio del laboratorio de Arklay explotó en mil pedazos llevándose consigo todas las abominaciones allí creadas, el fin de la era oscura había llegado, ahora solo quedaba limpiar sus nombres y vivir en paz.
Próximo capítulo: Vida
