Han pasado dos semanas, Elsa no se ha presentado al cubículo, la doctora está preocupada, yo también lo estoy, HoneyMaren una chica de su clase (la única que logro ubicar porque siempre hacen los trabajos juntas) no me sabe dar razón de ella.
Por experiencia sé que no hay que presionarla.
No responde mis llamadas ni mis textos
Ni siquiera sé si los ve, eso me preocupa, estamos en exámenes y le irá mal si no se presenta...
Los primeros días me convencí de que seguro pasó algo o simplemente se había ido temprano porque estaba agotada...
Pero me preocupé cuando no llegó al viernes de café...
Ella ama el café, era nuestro momento de la semana...
La segunda semana tampoco se presentó
Y no podía ir a buscarla a su casa...
No sé dónde vive, ella es la que me iba a dejar a mí...
¿Qué se supone que haga? ¿Esperar pasivamente que vuelva a mí? ¿Luchar una batalla sin cuartel?
Una tarde mientras practicaba béisbol con un equipo infantil al cual visito ocasionalmente, me llegó una revelación...
Después de que uno de los niños me bateara en la cabeza mientras le enseñaba a pararse y girar adecuadamente.
El parque.
De forma continua subía fotos en el parque, leía, trotaba, caminaba, andaba en bicicleta, o nadaba y no era cualquier parque, era el parque Østerbërg, un pequeño bosquecillo urbano en el corazón de la industria, lo cual caracteriza a nuestra ciudad, porque queda a orilla del fiordo.
Apenas terminé con los niños me dirigí a ese lugar, si todo marchaba bien estaría ahí cerca de las 4:30 de la tarde.
Tras un apretado viaje en el transporte público, alcancé mi meta, me sentía agotada.
Me senté en una banca tras haber comprado una lata de café helado en la máquina expendedora.
Con el sol frente a mis ojos no podía ver nada, por lo que saqué mis lentes de sol, así con un filtro, todo parecía nítido.
Caminé alrededor de una hora, buscando entre todos los espacios que me parecían podían ser apasibles para leer, pero no, nada.
Conforme alcanzaba el límite oriente, noté un sauce llorón, era precioso, creaba una cortina, así que me acerqué y entré, en efecto era una especie de puerta que separaba dos mundos distintos, el ruido urbano se amortiguaba en su totalidad, era fascinante, permitía el paso de rayos de sol generando una resolana maravillosa, incluso se escuchaba el trinar de la aves, era mágico, como un recinto propicio para que viviera la magia y las hadas...
Me sentí reconfortada por el efecto medicinal del ácido acetilsalicílico natural que se respiraba en el micro ambiente.
Casi olvido la razón por la que estaba ahí, la rubia, debía encontrarla.
Vagué por su sombra y no había nada, decepcionada y derrotada, decidí marcharme.
—Siempre se dice que el principal error del ser humano consiste en nunca mirar hacia arriba
Me petrifiqué... Esa voz a mi espalda me causó escalofríos
—¿Cómo me encontraste?
—No lo hice —le respondí —tu me permitiste hacerlo —me giré para entonces notar que estaba recostada en una rama gruesa no muy alta, con un libro abierto sobre su pecho
Resopló —¿Y eso qué te dice?
—Que querías ser encontrada, en el fondo querías que alguien te buscara y al notar que la única persona que lo hizo no lo logró, pero se aproximó, le diste el trofeo de ganador
—Error —con esa palabra mi autoconfianza se fue en picada, ahora me sentía idiota
—Yo no quería a cualquiera, yo quería que fueras tú, tu eras la única que importaba
Me tomó por sorpresa —¿por qué?
—Porque eres la única que me ve
No entendía a qué se refería —Elsa... Todos te ven, siempre te ven, yo paso desapercibida a tu lado, nadie se fija en mí
—Otro error— se sentó en la rama, a un simple movimiento para bajar, al parecer en verdad no estaba demasiado arriba
—Me ven y me juzgan por mi exterior, porque soy linda, porque soy preciosa, porque tengo logros académicos y coronas de belleza, porque tengo modales, pero nadie, nadie me ve por dentro... —mordió su labio —Yo te veo a ti... Lo fácil que abrazas los sentimientos, que te permites no ser perfecta, que lloras, ríes y te enojas, lo expresas, lo sacas de ti... Incluso llegaste hasta aquí... Temí que fuera otra tarde solitaria, dónde ya no soportaría estar así...
Anna... Siempre llegas a salvarme...
—Elsa... No logro entenderte, jamás lo he podido, cuando creo hacerlo das un giro de 180° cada vez en una dirección diferente, que siento que voy a tu espalda no a tu lado y mucho menos voy un paso adelante como lo haces sonar... Elsa... No soy nadie...
—Juventud, divino tesoro... No eres nadie, porque puedes serlo todo
—Y ahí vas de nuevo con cosas difíciles
—Lo lamento, nos tienta el cambio con su belleza
—Baja de ahí y vamos a casa, no tarda en oscurecer
—Me agrada esa invitación —se encoje de hombros con una sonrisa traviesa, de un salto ya está junto a mí
—¿Qué estabas leyendo esta vez? — le pregunto al entrelazar mi brazo con el suyo y recargarme en su hombro
—La bailarina de Auschwitz
—Lo conozco, es una pieza hermosa, aprendí mucho de ella
—No pensé que me dirías que lo conocías
—Tengo mi lado lector ocasional
—Y uno muy selectivo... —guardó silencio — gracias por acompañarme hacia mi propio Auschwitz, como Belá
—De nada por no haber ido a Israel —le respondo y ambas reímos.
Al llegar al subterráneo nos separamos, vamos en direcciones opuestas al parecer.
—Te habría buscado en casa si supiera dónde vives
—Ya lo sabrás algún día —me guiñó el ojo —cuando tengas que conocer a mi madre para pedir mi mano en matrimonio —sonrió y se alejó corriendo —me mandas un mensaje de que llegaste bien, cielo
—Boba—me hundí en mi sudadera, negué con la cabeza y me marché —Tonta.
Si me lo preguntaran no sé qué fue lo que sucedió exactamente aquel día.
