Me gustas
Ushijima estaba actuando extraño.
No podía decir con completa certeza qué era lo que estaba fuera de lo común, y más considerando la persona de la que hablaba, sin embargo, no llevaba observándolo durante años en vano.
Las pistas estaban en sus gestos pensativos, la sutil mueca que tendía a hacer cuando algo lo impacientaba y sus ojos que parecían seguirlo cuando creía que no lo notaba. Si fuera solo eso no tendría mayor problema, pero también tenía la ligera sospecha de que lo estaba evitando, después de todo, tras el incómodo momento que tuvieron el otro día se la pasaba fuera del departamento y cuando llegaba no hacía más que quedarse encerrado en su habitación.
Un día se acercó curioso hasta su puerta, pero sólo podía escuchar voces que le sonaban peligrosamente similares a la de las novelas coreanas. También se había encontrado en varias ocasiones mangas de procedencia sospechosa mientras pasaba la aspiradora.
Por si fuera poco, cuando intentó preguntarle al respecto, se dio cuenta que por cada centímetro que avanzaba el contrario retrocedía el doble, como si repentinamente se hubiera vuelto una molesta plaga de la que huir.
No quería ser negativo al respecto, pero temía que Ushijima comenzara a arrepentirse de haberlo invitado a vivir junto a él.
Lo contradictorio del asunto es que, en paralelo a su reciente juego de las traes, lo había invitado a ver todos sus partidos. Claro que considerando que Semi y Tendou lo acompañaban no se hacía muchas ilusiones al respecto.
La primera vez recuerda haber mirado confundido el guante de béisbol que traía Tendou en una de sus manos, eso junto al extraño comportamiento de Semi escondiéndose detrás de él en las galerías, le hizo pensar que algo se traían entre manos. Aunque, considerando que la mente del pelirrojo no era muy diferente a la fábrica de chocolates de Willy Wonka, no hizo mucho esfuerzo en tratar de entenderlo.
Mientras veía el partido se vio ensimismado escuchando el sonido del balón al ser golpeado, las exclamaciones emocionadas de la gente, las zapatillas rechinar al correr...
Le pareció volver por unos momentos a esa cancha con el lienzo morado a sus espaldas, el uniforme de Shiratorizawa acobijarlo en una adrenalina que solo podía entregarle el volleyball y Ushijima a su lado dándole la confianza que necesitaba para sentir que nadie les ganaría.
Suponía que extrañaba más la academia de lo que había pensado.
Fue mientras se perdía en esos recuerdos que el partido llegó a su fin. Los jugadores comenzaron a lanzar algunos balones autografiados para el público, a lo que notó con curiosidad los ojos concentrados de Ushijima en su dirección. Por un segundo creyó que, con la fuerza que utilizó para golpear el balón en sus manos, éste llegaría hasta donde estaba, sin embargo, no fue capaz de resistir el impacto, terminando literalmente destrozado sobre el suelo del gimnasio ante la expresión sorprendida del público.
Comprendía la sorpresa de los demás, pero eso sucedía al menos una vez al mes en la preparatoria, por lo que no entendía muy bien los lamentos de Semi y Tendou por el hecho.
La segunda vez el balón sí alcanzó a llegar a las galerías, pero éste fue atrapado por un hombre que se lanzó a atraparlo justo frente a ellos, a lo que vio con confusión cómo Tendou y Semi se unían a una verdadera lucha libre por recuperar el balón. El gran evento de la WWE terminó con los tres siendo expulsados del gimnasio por el guardia de seguridad, vale aclarar, sin el balón ni su dignidad.
Los otros intentos no fueron muy distintos a los anteriores, lo que le hacía preguntarse que si sus senpai querían tanto un balón autografiado deberían solo pedírselo a Ushijima, al fin y al cabo, dudaba que éste se negara al respecto.
Dejó su destacador a un lado del libro de Anatomía, resignado a no poder seguir estudiando con tantas cosas en la cabeza. Vio de reojo la revista que se había comprado hace unos días, decidiéndose a por fin sacarla del empaque con mal disimulada emoción.
"Edición especial: Schweiden Adlers
Con póster exclusivos de los jugadores"
Se quejaba del fanatismo de Tendou y Semi, pero lo cierto es que él no estaba muy alejado de ello y dudaba que hábitos como esos desaparecieran fácilmente.
El sonido del timbre interrumpió su contemplación a la calidad del póster, volviendo a ponerlo sobre el escritorio antes de ir a atender la puerta. Ushijima había salido hace ya un buen rato, pero tal vez se había olvidado de llevar las llaves con él.
Lo primero que pensó al ver el rostro de Taichi en la puerta, fue si el mundo tenía un retorcido sentido del humor como para lanzarle una desgracia tras otra literalmente a la puerta de su casa.
—Lo siento, no estoy interesado en lo que venda.
Cerró la puerta dispuesto a regresar a su importante labor, hasta que el timbre sonó de nuevo. Formó una mueca molesta antes de volver a abrir, esta vez encontrándose a Goshiki saltando con entusiasmo tras la espalda de Taichi.
Volvió a cerrar la puerta, respiró profundo y miró hacia el techo en un silencioso ruego a poder tener aunque sea un sábado en paz.
Suspiró, tal vez con algo de fe, esperanza y polvo de hadas ya no habría nadie del otro lado de la puerta. Bueno, le faltaba el polvo de hadas, se preguntó si lanzarles algo de sal tendría el mismo efecto.
Esta vez abrió levemente la puerta, llegando a la conclusión de que ya no tenía salvación al ver que se habían agregado Reon y Hayato. Podía ahogar en sal a Taichi y Goshiki, pero hacerle eso a sus senpai estaba fuera de discusión.
Hablando de senpai a los que ahogaría con sal, vio con extrañeza que el dúo dinámico, háblese de Tendou y Semi, no estuviera molestando tan temprano en la mañana también, más aún siendo los que vivían en Tokio, a diferencia de los recién llegados. Iba a preguntar al respecto, pero el ruido de confeti ser disparado lo sacó de su línea de pensamiento.
—¡Feliz cumpleaños!
Tosió uno de los confetis que le acababan de lanzar para verlos desconcertado, primero por el repentino allanamiento de morada y segundo porque ni siquiera recordaba estar cumpliendo años.
—Apuesto a que te olvidaste de tu cumpleaños de nuevo— Adivinó Taichi poniendo una bolsa de regalo sobre su cabeza— Todos los años lo haces.
—¿Lo hizo en su tercer año también?— Preguntó Hayato, a lo que Kawanishi asintió.
—Le hicimos una fiesta de celebración en la cafetería, fiesta a la que no fue por querer irse a dormir— Dijo con tono de reproche, recibiendo una mirada hastiada de Shirabu, quien aprovechó de apartarse el regalo para dejarlo sobre la mesa.
—¡Shirabu-san, son 19 años, debe estar muy contento!— Decía Goshiki con la emoción que le faltaba al cumpleañero, aún lanzando algo del confeti que le quedaba.
Shirabu suspiró, resignándose a dejarlos pasar, tratando de que su instinto de ama de casa no saliera a flote al ver que comenzaban a desordenar el departamento que acababa de limpiar nada más ayer.
—Miren, les dije que ya la tenía— Dijo Taichi entrando a su habitación como si nada y tomando la revista sobre el escritorio— Era imposible que siendo el fan número uno de Ushijima-san no se la hubiera comprado.
—La arrugarás— Se acercó a quitársela el castaño, volviendo a meterla en el plástico que la protegía— ¿Y quién te invitó a mi habitación?— Añadió empujándolo a la puerta ante el rostro de pereza del más alto.
—Pensé que teniendo al verdadero viviendo contigo dejarías de comprarlas— Comentó Hayato.
—No sería Kenjiro si dejara de hacerlo— Dijo Reon, a lo que todos asintieron menos Shirabu, quien los miraba molesto y Goshiki, quien daba vueltas por el departamento como si acabara de entrar al país de las maravillas.
—Oh, ¿qué es esto?— Preguntó el menor tomando algo de la manilla de su puerta, distrayendo al armador de su misión de lanzar a Taichi fuera de su habitación con la escoba que había traído.
—Yo tampoco lo sé— Respondió al ver la pequeña bolsa de regalo, no recordando haberla visto al pasar.
La tomó entre sus manos, viéndola desde distintos ángulos mientras los demás se reunían a su espalda para ver también. Notó la notita que llevaba en una de las cuerdas, haciéndose una idea de a quién pertenecía por la simplicidad de las palabras y la pulcritud de la caligrafía.
Era un sencillo "Feliz cumpleaños" que acompañaba al pequeño objeto que sacó desde dentro de la bolsa. El mismo que lo hizo formar una tenue sonrisa, no pudiendo evitar la felicidad que nació al pensar en la atención que le había dado a detalles como esos.
—Es una libreta— Comentó Taichi al distinguir mejor el regalo.
—Así parece— Dijo Hayato.
—Se ve bastante útil— Añadió Reon.
—¿Por qué una libreta?— Preguntó Goshiki.
—Es la libreta del amor— Le dijo Taichi en un murmullo, por poco esquivando el codazo que Shirabu había dado en su dirección.
—¿Tú no tienes un trabajo que mantener? ¿Por qué estás aquí chismeando?— Le reclamó, volviendo a poner la libreta en su bolsa y escondiéndola en su espalda.
—No trabajo los sábados.
Volteó la vista a Reon y Yamagata.
—Día libre— Dijeron ambos.
—¿Y Goshiki? ¿No debería estar en los dormitorios de la academia?— Apuntó al sujeto en cuestión, quien dio un sobresalto al verse nombrado.
—Le pedimos un permiso por el fin de semana— Explicó Kawanishi ante los ojos entrecerrados del armador— Bien, Ohira-san y Yamagata-san le pidieron un permiso para el fin de semana.
Shirabu asintió, siendo esa explicación mucho más creíble considerando el odio de la inspectora hacia Taichi.
—¿Entonces...?— Siguió Kenjiro aún tratando de entender su repentina visita.
—Entonces...— Siguió Kawanishi dirigiéndose al gran bolso que cargaba, lo que le hizo preguntarse cómo lo había traído desde Miyagi— Traje muchos juegos de mesa para entretenernos.
—¿Eres Doraemon?— Le preguntó irónico el armador al ver todas las cajas que sacaba— Para eso podríamos salir a-
—¡No!— Dijeron todos a la vez, haciendo que el armador parpadeara confundido.
—Aún hace frío afuera— Comentó Reon usando un tono más relajado.
—Si, además soy alérgico a...hum...Tokio— Dijo Taichi con el mismo rostro de siempre, como si no acabara de decir algo de semejante idiotez.
Optó por quedarse con la explicación de Ohira, aceptando el supuesto torneo de juegos de mesa que estaban organizando.
—Bien, el primer juego— Anunció Kawanishi dejando una de las cajas sobre la mesa.
—¿Ese no es el Vamos de compras de tu hermana?— Se atrevió a preguntar.
—Lo es.
—Está bien— Interrumpió sonriente Goshiki—, Tendou-san dijo que cualquier juego serviría pa-
La boca de Goshiki fue cubierta por los tres visitantes, a lo que Shirabu entrecerró los ojos, preguntándose si era el único que veía todo lo que estaba pasando como algo sumamente sospechoso.
—Bien, pido la tarjeta amarilla— Dijo Taichi ignorándolo.
—Yo seré el banco— Sonrió Reon.
—Roffjo— Intentaba decir Goshiki aún con la boca cubierta.
—Azul— Decidió Yamagata.
El armador se quedó unos momentos más tratando de descubrir lo que ocultaban, pero dejaron a la fuente más fácil de recabar información, háblese de Goshiki, lo más alejado posible de él. Terminó por suspirar y simplemente unirse al juego.
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—¡La caballería ha llegado!
Shirabu dejó de comprar en la tienda departamental para ver entrar, valga decir como si fuera su propia casa, a Tendou y Semi.
—Trajimos pastel— Anunció el armador con una sonrisa, mostrándoles la caja que llevaba.
—¡Pastel!— Exclamaron los concentrados jugadores, dejando la competencia por unos momentos.
—¡Feliz cumpleaños, Shirashira!— Exclamó Tendou revolviéndole divertido el cabello.
El castaño logró liberarse apenas, mirándolo con enfado, aunque perdonándoselo por hoy al no esperarse algo como un pastel de cumpleaños.
—Ah, Semi-san, se le cayó algo— Le indicó al mayor, recogiendo lo que parecía un globo morado, aunque no alcanzó a confirmarlo antes de que el mayor se lo quitara con rostro de pánico.
—S-si, el globo para...hum...— Parecía bastante complicado con la elección de palabras.
—¡La piñata!— Interrumpió Tendou, haciendo que Shirabu lo mirara confundido— Hayato dijo que iría por los dulces, ¿lo recuerdas?— Añadió en dirección al líbero, a lo que ambos se miraron como manteniendo una discusión telepática que al parecer terminó con la victoria del pelirrojo.
—Por supuesto, claro, la piñata, justo como lo había dicho— Asintió Yamagata levantándose de donde estaba.
—Yo te ayudaré— Fue Reon también, tomando el globo que Semi le tendía con lo que parecía alivio.
Iba a seguir preguntando al respecto, pero prefirió simplemente ignorarlo al ver que Taichi aprovechaba la confusión para avanzar más casillas.
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—Semisemi, te cambio una oveja por arcilla.
—Denegado, Satori, necesito esa arcilla.
—Bien, entonces te cambio una oveja y el calcetín que encontré el otro día en la lavadora por una arcilla.
—¡¿Tú tenías mi calcetín?! ¡Espera, eso ni siquiera está dentro de las reglas del juego!
Shirabu suspiró, ya cansado de los juegos de mesa y más aún sin la adrenalina de la competencia al tocarle ser el banco en esa partida. Vio de reojo a la puerta, preocupándose de aún no ver llegar a Ushijima de su entrenamiento.
—Goshiki, te cambio dos maderas por trigo— Continuó con el turno de Taichi mientras Semi seguía interrogando a Tendou por su calcetín.
—Lo siento, Kawanishi-san, no puedo hacerlo— Negó el menor ya ansioso por su próxima jugada.
—Goshiki, ¿le negarás tal favor a tu querido senpai? ¿El mismo con el que batallaste codo a codo aquel día en la playa? ¿El que te salvaba de las patadas de este huraño en tu segundo año?— Mencionó apuntando a Shirabu, quien rodó los ojos antes sus palabras, pero el azabache seguía reticente a la transacción— Bien, no quería llegar a esto, pero...— Añadió con un leve carraspeo antes de tomar aire— ¡A qué no adivinan con quién vi a Goshiki el otro día en mi restaurante!
—¡K-Kawanishi-san!— Exclamó repentinamente nervioso— ¡Objeción, Señor banco!— Reclamó viendo en dirección a Shirabu.
—Ya rompieron las reglas hace tiempo, no hay mucho que pueda hacer— Dijo con cierta pereza ante el rostro traicionado del rematador.
—Oh~ ¿qué es esto, Tsutomu? ¿Un secretillo que no nos has contado~? — Preguntó interesado el pelirrojo abrazándolo por lo hombros.
—¿Es alguien que conocemos?— Le siguió Semi por el otro hombro, viéndose el menor completamente acorralado.
Shirabu sintió cierto grado de empatía por él, pero por otro lado era una buena oportunidad de vengarse por las tantas veces que le había causado problemas, además de que no podía negar que también tenía una pizca de curiosidad respecto al tema.
—Datekou...— Empezó a decir Taichi ante el rostro pálido de Goshiki, quien pasaba su vista de las tarjetas en su mano al mayor, al parecer, reconsiderando la oferta.
—¿A Goshiki le gusta la muralla de hierro~?— Tendou levantó una ceja divertido.
—¿Datekou? ¿Cómo puedes fraternizar con el enemigo?— Le reclamó Shirabu.
—Yo diría más que fraternizar— Siguió Taichi.
—¿Desde cuándo?— Preguntó Semi con tono ofendido, como una madre que se acaba de enterar de la primera pareja de su hijo.
—Yo...yo...— Empezó a decir Goshiki ante la mirada atenta de todos— ¡Salvaré mi futuro poblado!— Decidió con determinación, dando a entender que no importaba lo que dijera no aceptaría el intercambio.
—Tan competitivo— Suspiró Semi junto a las carcajadas de Tendou.
—Respeto tu decisión, Goshiki— Sonrió satisfecho Taichi, pasándole los dados para su turno, obteniendo una mirada conmovida del menor—, pero reafirmo mi autoridad como senpai dando el chisme de todas maneras: ¡Goshiki tuvo una cita con Koganegawa Kanji, el armador de Datekou!
—¡¿El armador de Datekou?!— Exclamaron los otros tres ante el rostro completamente rojo del rematador.
—¡N-no fue una cita!
—Esto se me hace tan familiar— Rió Tendou viendo en dirección a Shirabu, quien lo miró molesto.
El timbre sonó, salvando a Goshiki de sus intentos de explicaciones, dejando ver a los dos que habían desaparecido hace ya unas buenas horas.
—Vaya, ¿están jugando Catan?— Preguntó entusiasmado Yamagata al ver el tablero.
—Algo así— Respondió Semi, puesto que ya no lo parecía mucho, recordándole más a un antro de apuestas y sobornos.
—¿Compraron los dulces de la piñata?— Preguntó Shirabu, a lo que Hayato lo observó impactado, tratando de disimular poco a poco su rostro.
—Oh si, los dulces, los dulces de la piñata, los dulces que usaremos en la piñata— Asintió con una sonrisa— ¿Esos dulces?
—Si— Respondió Shirabu algo cansado del rodeo que daba.
—Si, sobre eso...no los compramos— Terminó por decir mirando a Reon, quien hizo un rostro parecido al suyo.
—Bien, suficiente— Dijo el armador levantándose de su asiento, sobresaltándolos a todos— ¿Me van a decir qué tanto están ocultando o-?
El sonido de un mensaje interrumpió su "amable" advertencia, buscando su celular mientras los demás respiraban aliviados y comenzaban a desarmar el tablero (ante el lamento del poblado de Goshiki) para comenzar a armar un jenga.
[Ven al gimnasio de los Adlers]
Parpadeó confundido al mensaje, comprobando que pertenecía a la persona que había estado esperando toda la tarde. Vio de reojo a los demás, preguntándose si debía decirles algo al respecto, pero un nuevo mensaje lo hizo volver la vista a la pantalla, sonriendo por inercia al verlo.
[:D]
—Hum...saldré un rato— Anunció guardando su celular y tomando su abrigo.
Todos dejaron lo que estaban haciendo para verlo, pero para sorpresa de Shirabu no le preguntaron nada, solo lo dejaron ir con sonrisas que no hacían más que confirmar las sospechas de que estaban planeando algo.
—Claro, que se diviertan— Fue lo último que le dijo Tendou antes de cerrar la puerta.
Volvió a preguntarse si era buena idea dejarlos solos en el departamento, más bien la pregunta era si su departamento seguiría en pie cuando regresara, aún así optó por no seguir haciendo esperar a Ushijima.
Solo bastaron unos minutos para llegar hasta el gimnasio, acomodándose mejor la ropa por haber estado corriendo antes de entrar.
Su primer pensamiento al abrir la puerta, fue que por unos momentos había logrado retroceder en el tiempo. El lienzo morado de la academia cubriendo una de las gradas, la cual estaba llena de globos del mismo color amarrados a cada uno de los asientos, los pilares de la red envueltos en guirnaldas hasta que pudo visualizar la mirada de Ushijima del otro lado de las letras que formaban "Feliz cumpleaños" amarradas en la malla de volleyball.
Recordó el comportamiento inusual de los demás, el globo morado y el empeño que tenían a retenerlo en casa con juegos de mesa. Rió para sí, esperando que no se hubieran robado el lienzo de Shiratorizawa como probablemente pasó.
Se acercó silencioso, quedando frente al zurdo, únicamente separados por la red hasta que Ushijima pasó por debajo de ella, marcando el fin al juego de las traes de los últimos días.
—Feliz cumpleaños, Shirabu.
Ya había escuchado esas palabras tantas veces en el día, pero saliendo éstas de los labios de Ushijima tomaban un tinte especial que lo hizo sonreír.
—Quería que celebraras tu cumpleaños sintiéndote como en casa...al pensar en ello vino Shiratorizawa a mi cabeza— Explicó poniéndose a su lado, la mirada fija en el gran lienzo con el lema de la academia.
—No pude haberlo pensado de otra manera— Comentó el menor imitando su acción.
—Al escucharlo todos quisieron ayudarme, pedí el permiso del entrenador para ocupar el gimnasio e, incluso, algunos del equipo se quedaron a ayudarme— Explicó con naturalidad, haciendo que Shirabu tuviera que disimular un sonrojo avergonzado—. ¿Viste la libreta?
—Lo hice— Respondió recordando la pequeña bolsa que había dejado sobre su escritorio— La usaré, muchas gracias.
El mayor asintió satisfecho, quedando ambos en silencio, solo disfrutando de la vista frente a ellos.
—Ushijima-san— Lo llamó tras un rato, sabiendo que probablemente tenían el mismo pensamiento— ¿Qué le parece si hacemos algunos pases?
El entusiasmo en los ojos del contrario le dio la respuesta sin la necesidad de que la verbalizara.
Se dio cuenta de que la felicidad y diversión que sentía cuando jugaba volleyball, seguía siendo la misma que la última vez que estuvo parado en medio de una cancha. También se percató, que ese primer latido que escapó de su corazón ese día en secundaria, seguía perdurando al ver a Ushijima saltar a rematar, tan alto e inspirador que no podía evitar que sus ojos se quedaran prendados de cada uno de sus movimientos.
Si solo se hubiera quedado en su técnica de remate y no en el brillo de sus iris cuando lo lograba.
Suponía que seguía tan jodidamente enamorado de Ushijima como la primera vez.
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—Vaya, que tarde es— Comentó el menor al notar que ya casi se hacía medianoche— ¿Deberíamos irnos? No confío mucho en Tendou-san como encargado del departamento.
—Aún no— Dijo Ushijima, dirigiéndose hasta su bolso a un lado de la cancha.
El castaño lo vio con curiosidad, notando que sacaba otro balón, el cual se quedó observando unos momentos antes de voltear a verlo.
—Shirabu— Lo llamó con tono serio— ¿Podrías subir a las galerías?
El armador parpadeó confundido ante su repentina petición, aunque obedeció sin mayores problemas, caminando a paso tranquilo hasta ubicarse en donde ya se le estaba haciendo costumbre. Conectó con su mirada desde arriba, a lo que Ushijima asintió, alejándose unos metros al parecer dispuesto a lanzarle el balón.
Notó al zurdo inusualmente nervioso, aún cuando se trataba de una acción que debía haber hecho millones de veces a lo largo de su vida. Terminó por golpear el balón con decisión, elevándose éste lo suficiente para llegar hasta donde estaba.
Lo atrapó con algo de sorpresa, dispuesto a alabar el gran lanzamiento del mayor, pero éste lo observaba desde abajo como tratando de decirle que eso no era lo que esperaba. Confundido observó el balón entre sus manos, girándolo hasta dar con lo que Ushijima intentaba transmitirle.
Sus labios se separaron en la sorpresa, cayendo por fin en lo que el zurdo había querido hacer en los partidos anteriores. Ligeras lágrimas amenazaron con escapar de sus ojos, cayendo sobre sus rodillas aún sin creerse las palabras frente a él.
"Me gustas"
¿Podía volver a creerlo? ¿Esa historia donde sus sentimientos son correspondidos y podía quedarse a su lado?
¿Realmente podía hacerlo?
—Shirabu— El mayor había subido preocupado al perderlo de vista, encontrándolo acariciando el balón con una sonrisa, secándose las sutiles lágrimas que caían por sus mejillas.
—Dios, déjeme adivinar, ¿fue idea de Tendou-san?— Preguntó con un deje divertido en la voz al recordar las propuestas para su propia confesión hace ya casi dos años, imaginándose a los mayores tratando de decirle que no golpee el balón sobre el suelo, sino que tenía que elevarlo— Pensé que no le gustaría ensuciar los balones con marcador.
—Son mis sentimientos por ti, no me desagrada que queden grabados en el deporte que amo— Dijo sorprendiendo al menor, quien lo observó avanzar unos pasos, agachándose hasta quedar frente a su rostro.
—No se refiere como compañeros, armador, ni nada por el estilo, ¿no es así?— Quiso asegurarse, a lo que Ushijima puso una de sus manos con delicadeza sobre su mejilla, apartando una de las lágrimas con cuidado.
—Aún hay muchas cosas que no entiendo— Respondió con sinceridad—, pero si estoy seguro de que eres el único que hace latir mi corazón de forma diferente, a quien quiero hacer feliz más que a nadie y con quien me gustaría compartir todos los días de mi vida. Si a eso se le llama amor, entonces puedo decir que estoy completamente enamorado de ti.
Shirabu vio la honestidad a través de sus iris avellana, sintiendo la respiración del contrario sobre sus labios, a lo que fue cerrando los ojos a la espera.
—Shirabu— Dijo de repente Ushijima, haciendo que volviera a abrirlos, pudiendo ver por primera vez un tenue rubor en las mejillas contrarias— Pienso que sería algo irrespetuoso de mi parte...besarte sin saber si sigues sintiendo lo mismo por mí.
Tuvo la tentación de reírse, siendo que lo único que le faltaba era tener escrito en la frente lo loco que estaba por él para que terminara de ser completamente obvio.
Como toda respuesta fue él quien lo tomó de la playera y lo acercó hasta sellar sus labios en un beso que le sabía tan bien después de años soñando con hacerlo. Cuando se separó para verlo, fue que Ushijima volvió a acercarlo en otro beso mucho más intenso que el anterior, sujetándose de los hombros del mayor para no caer hasta que se separaron jadeando por falta de aire.
—Deberíamos ordenar el gimnasio— Dijo Ushijima tras un rato en silencio.
—S-si— Respondió el armador aún algo aturdido.
"Demasiadas emociones por un día" Era todo lo que podía pensar, viendo cómo Ushijima se levantaba de donde estaban dispuesto a volver a bajar.
Los iris miel del armador siguieron su espalda, recordando las tantas veces en que tuvo la misma escena frente a sus ojos, solo que en esta ocasión los pasos del mayor se detuvieron para voltear a verlo. Su mano tendida en su dirección, sintiendo su corazón latir de una forma tan cálida que pensaba haber olvidado tras haberse acostumbrado a solo estarlo persiguiendo sin nunca llegar a alcanzarlo.
—Vamos, Shirabu.
Se levantó de donde estaba con una sonrisa, llevando el balón consigo hasta alcanzar su mano y entrelazarla con la suya.
¡Hola, hola!
Nuevo cap lleno de confesiones, juegos de mesa y romance (yo y mi romance lento que tardó casi 20 caps ajsjajsb)
Por supuesto que la confesión de Ushijima debía incluir el voley, hubiera sido alta traición si no lo hacía xD
El manga de Haikyuu terminó (persona que aún se está reponiendo), pero ya lloré lo suficiente (tal vez?) aún así permanecerá siempre en nuestros corazoncitos T-T ahora solo queda esperar a la nueva temporada del anime ❤️ (inserte felicidad mezclada con llanto)
Por cierto, ¿Goshiki x Koganegawa?
¡Espero les haya gustado el cap! Muchas muchas gracias a todos los que leen ❤️
Saluditos virtuales! Nos leemos en el próximo cap ❤️
