Amor y Venganza (Zootopia)


Capítulo 20:

Judy llegó cansada a su departamento, después del larguísimo informe que tuvo que redactar sobre el ataque de los toros.

Muchos heridos, pero por suerte ninguna muerte que lamentar.

Buscó las llaves en su bolsillo y no las encontró.

Toqueteó cada parte de su pantalón y sus bolsillos extrañada. Se masajeó las sienes, intentando no enloquecer.

Tenía que hacer memoria de dónde podrían estar.

"Claro" pensó, dándose un ligero golpe.

Regañándose mentalmente por ser tan despistada, dio unos firme golpes a la puerta, con la esperanza que el zorro la escuchara.

Esperó.

Escucho unas pisadas y sintió la puerta abrirse. Elevó su mirada.

"Dulces galletas con queso".

Delante de sí, se encontraba un muy sonrienteNick con apenas una pequeña toalla cubriéndolo.

Recuerdos de haberlo visto sin esa pequeña toalla acudieron a su mente. Judy quedó sin habla.

- ¿Ves algo que te guste Pelusa? -preguntó seductor.

Saliendo de su ensimismamiento y moviéndolo de la puerta, le dijo: -Nick, ¿qué haces así? ¡Ve a vestirte por favor! –

-Oye Pelusa no te enojes, no tengo ropa limpia. Puse a lavar la que tenía puesta. - lo miró inocente.

-Ajá. - le contestó ella antes de entrar a bañarse.


Nick se vistió, olfateando el dulce aroma a limpio.

Se recostó en el sofá y encendió el televisor. Una tigresa explicaba lo ocurrido en el hospital.

Nick no le prestó mucha atención. Pensó en Finnick.

Había logrado ocultarse con éxito en casa de un mamífero, de quien no quiso dar nombre vía teléfono. Pero le había hecho saber que estaba a salvo.

Volvió a repasar lo que el zorro le había dicho esa mañana en el hospital.

Su padre era el que estaba infectando a las presas. Y Bellwether a los depredadores.

Eso lo entendía. El objetivo seguramente era hacer tambalear la buena imagen de Bellwether. Y cómo se acercaban las elecciones, posiblemente uno de los zorros del cuartel se postularía como candidato.

Después de todo, la oveja no había sido electa, sólo paso de vicealcaldesa a alcaldesa y trajo calma al reducir el número de mamíferos salvajes.

Siendo ella la autora de ello, era obvio que iban a disminuir los casos de salvajismo.

Pero, si emergen nuevos…ahí se encontraba la posibilidad de que perdiera las elecciones.

"Muy astuto Garra de Hierro"-reconoció.

La cuestión era cómo.

"¿Cómo diablos mi padre y Bellwether logran infectar a los mamíferos?"-pensó.

La presencia de Judy lo distrajo.

Llevaba una blusa ligera y unos pantalones cortos de dormir, que dejaban entrever parte de su voluptuoso trasero.

Se relamió los labios sin notarlo.

-Nick no sé si tienes hambre…-

"Y vaya que lo tengo."-pensó mirándola de arriba a abajo.

-…pero yo creo que pasó por hoy. Estoy fatigada. –dijo, sin girarse, poniendo su ropa a lavar.

Nick cerró un momento los ojos intentando calmarse. No notó que ella le estaba hablando.

-Disculpa, ¿qué? – No la vio acercarse y, por lo tanto, el corazón casi le da un vuelvo al notarla a escasos centímetros de él.

Judy sentada sobre el sofá repitió. –Te pregunté si quieres ir a acostarte. - ella se encontraba un poco ruborizada.

-Estoy acostado. – dijo como si fuera obvio.

Su mente trabajaba más lenta de lo normal. ¿Y cómo no? Si tenía a una muy descubierta Judy a una escasa y peligrosa distancia.

-No vas a dormir en el sofá. -aclaró.

-Oh disculpa, olvide que el suelo es más cómodo-dijo burlón.

Judy rodó sus ojos como respuesta a ello. –¿Por qué no duermes conmigo? -

- ¿Disculpa? – Nick creyó haber escuchado mal.

-Si Nick. Dormir. En la cama. Conmigo. - dijo intentando ocultar el nerviosismo que sentía. –Eres mi invitado. No te voy a hacer dormir en el sofá. Vamos. -alentó y acto seguido, fue a su cuarto.

Nick quedó unos minutos recalculando lo que había pasado, antes de moverse como un autómata al cuarto de Judy. Se recostó junto a ella, ambos dándose la espalda.


-Yo…-empezó Nick y luego se calló.

- ¿Sí? - preguntó Judy sin voltearse.

-Yo…-volvió a intentar el zorro. –No duermo con ropa. -confesó.

El corazón de Judy latía con fuerza en su pecho. –Oh- fue todo lo que dijo.

Lo escuchó quitarse la ropa y volver a recostarse a su lado.

"No te voltees"-pensó. Sintiendo como su nerviosismo crecía.

-Bueno… ¡buenas noches! -dijo para acto seguido, apagar la luz. Él le deseó lo mismo en respuesta.


Del otro lado de la ciudad, una enfurecida oveja gritaba a dos temerosos carneros.

- ¡¿Cómo es posible que no hayan averiguado nada aún?!-vociferó por tercera vez arrojándoles una silla.

Los carneros se agacharon en el momento justo para esquivarla.

Era una oveja pequeña, pero con mucha fuerza en esas patas.

- ¡¿Dónde está Doug?!-los carneros se miraron sin saber que decir. –¿Y bien? - dijo con unas tijeras enormes en las patas, listas para lanzárselas.

En ese preciso instante, el susodicho entró al despacho.

Miro con confusión a los carneros, para luego dirigir su mirada a la oveja y el objeto entre sus patas.

-Vicealcaldesa Bellwether, le traigo información que puede considerar valiosa. - dijo satisfecho.

-Espero que sea bueno y que justifique tu impuntualidad. -dijo la oveja acomodándose en su silla y mirándolo expectante. -

-Tengo el nombre de quien está orquestando los ataques a las presas. –

Bellwether sonrió.

Ya verían esos asquerosos zorros.


Doug colocó todo tipo de explosivos alrededor de la vieja fábrica Ice-Bear, con suerte esos zorros no se darían cuenta hasta que fuera muy tarde.

Estaba satisfecho de que Dawn lo eligiera a él y sólo a él para que pusiera los explosivos. Tuck y Ryan eran muy despistados. Usualmente les colocaba en trabajos más sencillos, aquellos que sólo requirieran de su fuerza. Pero en este tipo de trabajos se requería mucho cuidado e inteligencia y ahí es cuando lo seleccionaba a él.

"Mi Dawn"-suspiró. Era posible que hasta le dedicara una sonrisa después de esto.

Miro su reloj.

Las tres de la madrugada.

Con suerte, para las cuatro estarían volando por los cielos.

Y con estos depredadores fuera del camino, su adorada Dawn podría volver a encargar más collares domesticadores. Las presas serían las dueñas de la ciudad y poco a poco lograrían extinguir a los depredadores.

Era sólo cuestión de tiempo.