Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor.
Hay OOC
17| La Bruja y el Hombre Lobo
Unos segundos antes de que la espada de Kakuzu degollara a Naruto, el arma cayó al suelo junto con el brazo que la sujetaba.
Todo sucedió muy de prisa; en un segundo la extremidad del demonio salió disparada salpicándolos de sangre. Sasuke, que era quien había cortado el brazo de Kakuzu, salió de una columna de humo demoníaca justo a tiempo de asestar el golpe.
Sin perder un segundo, Naruto se quitó de encima a los dos energúmenos que le sujetaban, desesperado por acercarse a Hinata. El sonido del acero entrechocando resonaba por encima de la lluvia y de los silbidos del viento mientras los demonios de Sasuke se enfrentaban a los miembros de la Kapsliga.
La Novia mortal del vampiro se hallaba en medio de una batalla inmortal...
Cuando Kakuzu, daga en mano, se dio media vuelta para enfrentarse a Sasuke, Naruto gritó:
—¡No! ¡Kakuzu todavía tiene a Hinata!
Demasiado tarde. Sasuke ya había lanzado su estocada, y Kakuzu había usado a Hinata de escudo.
Todo transcurrió como a cámara lenta. Naruto no podía verla, pero podía oler la sangre que salía de su cuerpo... podía ver la expresión de horror de Sasuke al retirar el arma y darse cuenta de que la había atravesado a ella.
—¡No! —gritó Naruto a pleno pulmón, corriendo como un poseso. —¡Hinata!
Cuando Sasuke volvió a levantar la espada, Kakuzu soltó por fin a Hinata para intentar inútilmente repeler el ataque.
La cabeza del demonio rodó por el suelo al mismo tiempo que ella caía desplomada en medio del barro... inerte, con los ojos abiertos y la mirada perdida, la sangre brotándole de la boca y del estómago.
Con un rugido de dolor, Naruto partió el cuello de uno de los miembros de la Kapsliga con las manos. A otro lo sujetó por los dientes y lo sacudió hasta desnucarlo. Los demás huyeron a toda prisa. Ya libre, corrió hacia la joven, desplomándose de rodillas a su lado.
—¡Hinata! —La cogió en brazos y la apretó contra su torso. —¡Quédate conmigo!
Hinata sintió cómo la locura estaba a punto de apoderarse de nuevo de Naruto, que la estaba tapando con cuidado con la bata, como si así pudiera mantenerla caliente bajo la fría lluvia.
Ella no quería mirarse. Por raro que pareciera, no sentía dolor, sencillamente no sentía nada. Pero la cara del demonio que la había atravesado se lo había dicho todo: era una herida mortal.
Sasuke se dio media vuelta para acercarse a ellos en el momento en que se oyó a Itachi preguntar:—¿Que Sasuke ha hecho qué? ¿Qué estás diciendo, Bee?
—Que se ha cargado a la Novia del vampiro —contestó éste. —El chupasangre ya no nos sirve de nada, ninguna tortura que podamos infligirle será peor que eso.
—No la vi —le dijo Sasuke a Naruto. —Te juro que no la vi.
A Hinata le dio lástima. Al fin y al cabo, el demonio había salvado la vida de su amado vampiro. Aunque ojalá no hubiera tenido que matarla a ella para hacerlo. Tembló al ver la expresión de Naruto. Con los ojos ensangrentados y llenos de furia, contestó:—Te lo juro, demonio. Todo lo que amas morirá. Y los tele-transportó a ambos a su habitación. Acunándole la cabeza entre sus brazos, iba pensando en voz alta:
—Hospital. ¿Dónde hay un hospital? Necesito un hospital de humanos... —Tenía la vista desenfocada, la cara machacada por los golpes que había recibido de los miembros de la Kapsliga, la mandíbula hinchada y el labio partido. —¡Quédate conmigo! —le suplicó con voz atormentada. —¡Quédate conmigo, por favor! Tengo que pensar...
Hinata quería acariciarlo, consolarlo, pero sus brazos caían inertes a ambos lados de su cuerpo sin que pudiera levantarlos.
«Conozco esta sensación. Tengo tanto frío... Me estoy muriendo.»
Tal como Mito había predicho, moría el día en que le había desvelado a Naruto su secreto. El destino podía ser muy cruel.
—Tengo que encontrar un hospital...
Ella negó con la cabeza con tanta fuerza como pudo. No llegaría allí con vida, era demasiado tarde. Pero tenía que explicarle la verdad a Naruto para que no se culpase a sí mismo.
—Naruto... yo ya me estaba muriendo.
—¡No hables! —exclamó él con voz entrecortada.
Hinata lo oía lejano. Los sonidos se iban apagando a medida que la sangre salía con suavidad de su cuerpo.
—Llamé a una bruja... ella vino... atravesó el espejo... el espejo del estudio de danza. —Se le nubló la vista. —Me devolvió la vida... pero por poco tiempo. Yo ya lo sabía... No podía decírtelo.
—¿Pactaste volver a cambio de tu muerte? —preguntó él emocionado. —¿Y la bruja sólo te dio dos malditas semanas?
—¡Ha valido la pena! —Tosió débilmente. —Te amo.
Al escuchar eso lágrimas de sangre resbalaron por las mejillas de Naruto... Pero de repente se quedó inmóvil.
—¿Qué bruja, koeri?
—Ino —contestó.
Apretándola contra su cuerpo, Naruto se transportó con ella al estudio de danza.
—¡Mantente con vida, Hinata, por favor!
Con cuidado, la depositó en la cama que había junto al espejo, buscó una sábana y le presionó la herida.
—Mi chica valiente —susurró, —quédate conmigo. —Se colocó frente al cristal. —¡Bruja! — gritó. —¡Ven a mí!
La llamó a gritos una y otra vez, mientras Hinata luchaba por seguir consciente, ansiosa por decirle que Ino no podía ayudarles, que estaba concibiendo falsas esperanzas. Pero cada vez que trataba de hablar, terminaba por toser sangre.
—¡Ino! —Naruto golpeó el espejo con frenesí, destrozándose la mano. —¡Ven a mí! Al ver que no recibía respuesta, se arrodilló junto a Hinata.
—Oh, Dios, ayúdanos.
—¡Ya vamos! Maldita sea. —La voz de Ino resonó al otro lado del espejo segundos después.
Hinata entreabrió los ojos cuando Naruto se sentó a su lado en la cama. Con ternura, le colocó la cabeza sobre su regazo.
—¿Por qué siempre tienes que pasar tú primero? —exigió saber Ino.
—Porque soy mucho más grande —respondió Sai.
Cuando el licántropo salió del espejo con la bruja pegada a sus talones, ambos se quedaron atónitos.
Ino fue a correr junto a Hinata, pero Sai la sujetó por el brazo y la obligó a quedarse tras él. Después de inspeccionar la zona y de olfatear el aire, se volvió hacia Naruto.
—¿Quién le ha hecho esto a tu mujer?
—Un demonio —respondió él con la voz ronca de tanto gritar. —Sasuke.
—¡El muy bastardo! —gritó Sai. Y dirigiéndose a Ino dijo: —¡Deberías de haber dejado que le diera una paliza en la jungla!
—¿Sasuke? Oh, por Hécate, ¡no lo dirás en serio! —Ino corrió hacia Hinata. —Así que me has estado llamando por esto. Tiene que haber sido un accidente.
Ella asintió débilmente y luego tosió más sangre.
Naruto le apretó la mano, demasiado fuerte; tenía todo el aspecto de estar al límite.
La mirada de la bruja se fijó en las marcas del cuello de Hinata.
—La mordiste. ¿Viste sus recuerdos?
—No, ha sido hace sólo unas horas...
—Entonces, ¿cómo sabías que tenías que recurrir al espejo para ponerte en contacto conmigo?
—Ella me lo ha dicho después de... después de que... Maldita sea, ¿qué importancia tiene? Arregla el hechizo, bruja.
—Lo siento. —Ino negó abatida con la cabeza. —No puedo hacer nada. Ya le dije a Hinata lo que iba a suceder.
—Cura su cuerpo.
—Es sólo un caparazón. Aun en el caso de que pudiera sanarla, volvería a ser asesinada, una y otra vez.
—Si lo único que necesitas es un cuerpo de verdad... ¡en seguida vuelvo con uno!
«Ese es mi Naruto. Siempre intenso.»
—La lista de requisitos para adoptar el cuerpo de otro es larguísima —explicó Ino, —y el más importante es que el cuerpo en cuestión tiene que ser donado por su propietario. Y no, esto... exigido.
—Devuélvele su antiguo cuerpo. Conocí a un brujo que podía insuflar vida a la materia y crear un cuerpo entero a partir de un pelo. —Se estaba esforzando tanto..., luchando por encontrar las palabras adecuadas. —Puedes hacer eso con Hinata —rogó, rompiéndosele la voz al pronunciar el nombre de ella.
—Así es como se fabrican zombies sin alma —respondió Ino.
—Pero nosotros tenemos alma —replicó él—; está aquí, esperando.
Hinata sintió que cada vez tenía menos sustancia y Naruto le susurró de nuevo:
—Quédate conmigo. Por favor, cariño.
—Conseguir que un espíritu tenga cuerpo no es una ciencia, es un arte, y yo no tengo la destreza necesaria para conseguirlo, y mucho menos si ese cuerpo lleva años muerto. En circunstancias normales, una bruja sanaría primero el cuerpo y luego colocaría el espíritu dentro de él, y tú pretendes que haga ambas cosas a la vez a pesar de que nunca lo he hecho antes.
—¡Sí... tienes que hacerlo! —Respirando profundamente para mantener el control, Naruto añadió: —Un demonio onírico me marcó. Creo que su maldición tiene algo que ver con la herida de Hinata. La espada la atravesó antes de que ese demonio estuviera muerto.
Ino entrecerró los ojos.
—¿Me estás diciendo que un demonio onírico destruyó mi creación para darte a ti esta pesadilla? Mi firma de maga estaba encima de Hinata. ¿El muy idiota se la pasó por el forro?.
Sai le puso una mano en el hombro.
—Tal vez no la vio, Ino.
—Cualquiera con una mínima noción de magia la habría visto. Esto me pone furiosa. Se supone que soy la bruja más poderosa de la Tradición, y sin embargo alguien pisoteó mi hechizo al cabo de tan sólo dos semanas.
«Piensa... piensa.»
Control. Naruto jamás lo había necesitado tanto; y nunca había estado tan cerca de perderlo por completo.
«Un momento...»
—Bruja, si no haces algo al respecto, todo el mundo creerá que puede hacer caso omiso de tus hechizos. ¿Y quién va a pagar por algo que es inútil?
Sai le enseñó los dientes e Ino dijo:—¿Crees que no sé lo que estás haciendo? Por desgracia, está funcionando.
—¡No lo dirás en serio! —exclamó Sai furioso.
Ino miró al licántropo preocupada, y luego se dirigió a Naruto.
—Vampiro, tienes que tener claro que nunca he hecho esto con un humano. Y otro problema que hay que tener en cuenta es que ni siquiera tengo el cuerpo de Hinata. Además de todo lo que te he dicho antes, tendré que averiguar dónde diablos está.
—Se está muriendo. —Naruto se pasó los dedos por el pelo. —¡Se nos acaba el tiempo! ¿Qué podemos perder?
—Ella podría regresar «mal» —contestó Sai.
—Si eso sucede —dijo Naruto mirándolo a los ojos, —haré lo que sea necesario.
—Pero no es sólo eso —insistió el licántropo. —Ino puede quedar atrapada en el espejo. Sus ojos incinerarán cualquier cosa que se interponga entre ella y su propio reflejo, y podría quedarse en trance para siempre. Siento que estés pasando por esto, vampiro, pero no permitiré que mi esposa se ponga en peligro.
—Menma te salvó la vida, y te liberó además de un destino horrible. Estás en deuda con él.
Los ojos de Sai se clavaron en Ino y la emoción hizo que cambiaran de color.
—No hay deuda más grande —concluyó Naruto, endureciendo la expresión.
Ino se sentó en el colchón, junto a Hinata.
—¿Tú quieres intentarlo, cariño? ¿Quieres volver a ser mortal?
Cuando ella asintió, entonces la bruja se puso en pie y se acercó a Sai.
—Puedo hacerlo —le dijo mirándolo a los ojos. —Tengo que intentarlo. Quiero decir, mira al vampiro.
Hinata había perdido la conciencia, y, por el modo en que el licántropo lo miró, Naruto supuso que debía de tener el aspecto de un loco.
—Se nos está acabando el tiempo —dijo.
Ino se llevó a Sai a un lado.
—Me dijiste que si me casaba contigo jamás te interpondrías en mi carrera. Y ahora lo estás haciendo. ¿Sabes lo bien que quedará esto en mi curriculum?
—También les prometí a tus padres y a todo el aquelarre que no dejaría que volvieras a quedar atrapada en un espejo. ¡Todavía no estás lista, belleza! Hace demasiado poco... desde la última vez.
—Sai, he estado sintiéndome a disgusto conmigo misma desde que le hice el hechizo a Hinata. Y sé que odias a Sasuke, pero él y su hermano me salvaron la vida. Sasuke me ha pedido que lo ayudase a solucionar esto. Si salvo a Hinata podré saldar la deuda que tengo con ellos. — Cogió una de sus manos entre las suyas. —Confía en mí. Sé que puedo hacerlo. Siento que puedo hacerlo. —Cuando él apretó la mandíbula, signo claro de que había sido derrotado, Ino sonrió. —¿Me traes mis guantes para hechizos, por favor?
Farfullando algo en gaélico, el licántropo volvió a entrar en el espejo.
Con Sai fuera de escena, la bruja se dirigió a Naruto.
—Esto va a ser muy caro, vampiro. Te costará diez millones. Acepto fincas, piedras preciosas y lingotes de oro. O acciones compradas en los años veinte que nadie ha sabido valorar. Y como no tenemos tiempo de firmar un contrato, tienes que jurarme por la Tradición que me lo pagarás.
—Hecho. Diez millones —respondió él en seguida. —Te juro por la Tradición que te los pagaré. Pero tú tienes que prometerme que mantendrás todo esto en secreto. Si los demonios se enteran, volverán a por ella.
—El código mercenario me obliga a mantener en secreto todas las transacciones que realice — contestó. Aunque desde luego no le hacía ninguna gracia ocultarle la verdad a su amigo demonio, alguien que le había salvado la vida.
—De acuerdo entonces —respondió él. —Y para que conste, yo también creo que puedes hacerlo.
Ino le sonrió brevemente.
—Prepárate para tomar alguna decisión muy difícil, vampiro, por si acaso no lo consigo.
Sai, que todavía seguía enfadado, regresó con un par de guantes sin dedos. Las palmas parecían estar cubiertas por cristal maleable.
Ino se los puso y respiró hondo para tratar de sacudirse de encima los nervios.
—Me gusta Hinata —le dijo a Naruto, —habría aceptado hacerlo por la mitad.
—Yo amo a Hinata. Te habría pagado lo que quisieras.
—¡Vaya! Ver para creer, ¿eh? De acuerdo, ¡oído cocina, una Novia para un vampiro recién salida de la tumba! —Dio unas palmadas y se frotó las manos. —¡Vamos a animar un poco este funeral!
Ino se puso frente al espejo y ladeó la cabeza.
—Ésta es la primera vez en meses que veo mi reflejo. —Y añadió dirigiéndose al licántropo: — No me extraña que me ames. Soy muy mona.
—No conseguirás camelarme, así que no pierdas el tiempo intentándolo —contestó Sai. —Prométeme que pararás si notas algo raro, ¿entendido?
—Entendido —asintió ella. —Veamos, necesito dos espejos, uno a cada lado de mi cuerpo.
Naruto se apartó de Hinata.
—Los únicos que tengo son los rotos que hay en la pared de esta sala.
—Pues coge los trozos más grandes y tráelos aquí.
Naruto arrancó un pedazo de cristal de la pared del estudio. Sin hacer caso de la sangre que se le escurría por los dedos consiguió desmontarlo del todo y colocarlo de pie junto a la bruja.
—¿Servirá?
—Tiene que servir —respondió ella mirando la sangre del vampiro. —Falta el otro.
Él repitió el proceso. Ino seguía mirando las manchas de sangre que habían quedado en el espejo, y al final terminó por entrecerrar los ojos.
—¿Quieres que lo limpie?
Ella dudó durante unos segundos.
—No, déjalo —respondió al fin tragando saliva.
—Bruja, ¿qué pasa? —preguntó Naruto.
Ino desvió la vista como si se sintiera culpable.
—Ya estamos listos —dijo sin contestar.
Cuando estuvo rodeada por los espejos, apretó los puños y cerró los ojos. Al volver a abrirlos eran como... espejos en sí mismos, brillando y reflejando cuanto miraban. Estiró los dedos y de sus manos enguantadas salieron rayos de luz.
Naruto corrió junto a Hinata, que empezaba a difuminarse. Cuanto más se desvanecía su silueta, más brillaba la luz que emanaba de las palmas de la bruja.
Los pies de Ino se alzaron del suelo y en un lenguaje que ni siquiera Naruto conocía, empezó a recitar palabras antiguas. El vampiro tuvo la sensación de que cada sílaba vibraba poderosa. La bruja cerró una mano alrededor de la luz, como si tratara de atraparla.
—Ahora Hinata se irá —explicó, sin dejar de mirar el espejo ni un segundo.
Cuando la mano de la joven desapareció de entre las suyas, la locura amenazó con poseer a Naruto. La bata, el camisón y el anillo que le había dado yacían encima del colchón. Tragó saliva. «Mantén la calma», se dijo.
Cogió el anillo para volver a dárselo luego.
—Encuentra su tumba —ordenó la bruja señalando con un dedo y moviéndolo en círculos. — Estoy empezando el cuerpo. —Hizo que su dedo diera vueltas una y otra vez, y parecía como si algo le opusiera mucha resistencia. El hechizo le estaba pasando factura. Tenía la respiración acelerada, a punto de hiperventilar.
—Puedes hacerlo, Ino. —Naruto tragó saliva. —Devuélveme a mi Hinata...
La luz de las manos de Ino se intensificó todavía más. El aire se hizo más pesado, ominoso. Agitados por la tensión del ambiente, las criaturas del pantano empezaron a arañar las paredes de la mansión, alrededor de ellos.
El licántropo se acercó a Naruto.
—Esto no pinta nada bien. ¡Es como si estuviéramos haciendo algo que no debiéramos!
—Cállate, MacRieve —soltó él, a pesar de que tenía la misma sensación. Era como si hubiesen desafiado a una fuerza mucho mayor que ellos, y ahora estuviera dispuesta a aplastarlos por lo que se habían atrevido a hacer.
Ino volvió a recitar. La luz se intensificaba más y más... Levantó las manos para insuflar más magia al hechizo. La casa empezó a temblar.
—Tengo que... atravesarlo. Necesito envejecer...
«¿Envejecer?»
La bruja siguió farfullando unas palabras ininteligibles, cada vez más alto, hasta que casi se puso a gritar. Los cristales de las ventanas del estudio estallaron por los aires. Los periódicos salieron volando como bajo una tempestad.
—Sai, ¡estoy... perdiendo el control!
—¡Ino!
Con un grito de terror, el licántropo se abalanzó sobre su esposa para tratar de apartarla del espejo, pero no pudo.
Su mirada se oscureció, igual que si se hubiera derramado tinta en su interior y sus ojos se quedaron completamente negros.
—¡Algo va mal! —gritó ella.
—¡No, Ino, no lo hagas! —Sai le tapó los ojos con la mano, pero la piel de la palma empezó a quemársele hasta hacerle dos agujeros.
—¡Oh, Hécate, no! —chilló la bruja.
La luz de sus manos explotó entonces como una bomba, con una luminosidad tan intensa que cegó brevemente a Naruto.
—¿Qué ha sido eso? —gritó éste. —¿Qué ha pasado?
Ino trató de recuperar el aliento.
—Hinata... ya tiene cuerpo.
—¿Dónde está? —Naruto giró la cabeza hacia ambos lados buscándola. —¡Dímelo!
—¡Hay un problema! Yo... —La bruja se puso tensa y quedó inmóvil, mirando el espejo sin parpadear.
—¡Oh, Dios, no, otra vez no, Ino! —Sai utilizó la otra mano para taparle los ojos, hasta que esa vez también se le hicieron dos agujeros. La sacudió, pero ni siquiera con toda su fuerza consiguió apartarla de allí.
—¿Qué problema hay? ¿Dónde está Hinata? —Naruto estaba frenético por encontrarla. — ¿Dónde está su cuerpo? —Se acercó a Ino. —Despierta a tu bruja, MacRieve.
El licántropo lo miró por encima del hombro, mostrándole los colmillos.
—Ándate con cuidado, vampiro. Me falta esto para transformarme.
—¿Cómo puedo encontrar a Hinata? ¡Rompe el maldito espejo!
—Ni hablar, eso podría matar a Ino.
—¡Pues ponle algo más grande delante! —exclamó, esforzándose por mantener la calma.
—¡Quema todo lo que mira!
—¿Cuánto tiempo puede estar así?
—¡Toda la jodida eternidad, vampiro! —gritó Sai, con los ojos como hielo; la bestia que habitaba en su interior lista para atacar. Si el licántropo se transformaba, ni siquiera Naruto podría derrotarle. —¡Te lo he advertido, carajo!
Caminando de un lado a otro, Naruto se pasó las manos por el pelo.
—¡Dios, no sé dónde está Hinata!
Él había tenido esa pesadilla. Hinata estaba atrapada en la oscuridad, y él no podía alcanzarla por mucho que lo intentara. Se frotó la frente. Eso era lo que estaba pasando en ese preciso instante. Por eso la bruja no había podido traerla de vuelta. Pero ¿dónde diablos podía estar?
«Un momento.» Si la bruja había sido capaz de restaurar el antiguo cuerpo de Hinata y ponerle el espíritu dentro, pero había sido interrumpida en mitad del proceso...
La respuesta le vino de golpe.
—¡Dios, ya sé dónde está! —Pero no podía tele-transportarse allí porque nunca antes había estado en el lugar. —¡Necesito un coche!
Sai y la bruja habían aparecido a través del espejo, y Nagato se había llevado el suyo semanas atrás.
El licántropo no le hizo ni caso, limitándose a acariciar la barbilla de su esposa.
—Ino, mi amor, esto me va a doler muchísimo. —Respiró hondo y dio un paso para colocarse frente a la mirada de ella.
La piel de su torso empezó a derretirse, igual que si se la estuvieran quemando con láser, pero él se limitó a apretar los dientes y a soportar el dolor.
—Belleza —farfulló, —cuando todo esto termine, tú y yo vamos a tener unas palabras.
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«¿Dónde estoy?»
Hinata se despertó en un espacio pequeño y oscuro, y parpadeó varias veces para despejarse. No le dolía nada, nada en absoluto, y la herida estaba completamente curada. ¡Ino lo había conseguido! Pero ¿dónde estaba todo el mundo? ¿Por qué estaba sola?
Una horrible sospecha se insinuó en su mente, pero la desechó. Empezó a costarle respirar, cada inspiración resonaba en aquel espacio cerrado.
Cuando se le pasó el mareo, trató de levantarse, pero se dio un golpe en la cabeza.
—¡Nooo! —gritó, y empezó a temblar. —No es posible. —Los ojos se le llenaron de lágrimas. — Mere de Dieu... esto no puede ser verdad.
Estaba en su ataúd, que a su vez estaba en el panteón de la comunidad francesa del cementerio número uno de St. Louis, donde había por lo menos treinta ataúdes más.
«Naruto vendrá a buscarme. De algún modo me encontrará...»
Las horas iban pasando. Al respirar el aire fétido, trataba de no pensar en todos los cuerpos que se descomponían a su alrededor. En su ataúd no había restos de huesos, era como si ella hubiera vuelto a reclamarlos. Volvía a estar viva.
Hinata había recuperado su cuerpo justo a tiempo para volver a morir...
Entonces aparecieron los insectos.
Gritó. Gritó histérica hasta que sintió que le faltaba el aire.
Continuará...
