La vida en Roma continúa aun si algunos de sus habitantes vivan ocultándose del sol.

Giorno suele despertar temprano, mayormente por la escuela, aunque siendo esas épocas post-navideñas no tiene necesidad de ir; eso no significa que su cuerpo se haya desacostumbrado a despertar temprano.

Mientras Dio exigía cosas cual Prima Donna y Jotaro por fin tenía su momento junto con Kakyoin, llegaría a oídos del Don sobre un jovencito que buscaba al jefe, clamando ser su segundo al mando; lo habían agarrado robando en una pastelería.

Quizá no era la gran cosa, pero en esa ciudad no pasaba nada sin que el Don fuera puesto al tanto.Y el reporte del joven le llama la atención, ¿quien estando en Roma haría tales declaraciones sin ser conocido por el resto de la organización?

Giorno deja a Mista a cargo de la casa y decide salir junto con Fugo a ver de qué se trata todo eso.

Tiene un mal presentimiento. No sabe exactamente qué puede ser, o el porqué se está dando.

Tal vez sea alguna especie de sexto sentido vampírico, o el hambre que siente que le recuerda el haber salido de casa sin desayunar. O tal vez sólo sea la persistente molestia en la quijada, misma que ha tenido desde el día anterior.

Sea cual sea el motivo, Giorno permanece muy silencioso durante el trayecto hacia la bodega.

–"Todo lo que podemos hacer por aquellos que hemos perdido es avanzar. Ese es nuestro deber." – Cita Fugo, rompiendo el silencio. – Esas fueron tus palabras cuando regresé.

– ¿Hmmm...? – Giorno aparta la mirada de la ventana hacia Fugo, saliendo de sus propias preocupaciones. – Si, lo recuerdo. ¿Porqué lo mencionas ahora?

– Anoche... ¿Es esto real?

– Lo es. Aún me cuesta creerlo, pero lo es.

Fugo guarda silencio brevemente, analizando todo lo ocurrido, haciéndose de la idea de que, en efecto, todo lo que pasó fue verdad.

Cuesta creerlo.

– Mierda, GioGio; los trajiste de vuelta. Mierda. Es decir— hemos hecho y visto muchas cosas raras, ¿pero esto? Esto supera todo. ¿Ya lo habías planeado? Es decir, no vendiste ninguna de sus propiedades—

– No lo hice por respeto a ellos. Te aseguro que no pensé en esto antes, no hasta ahora que se dió la oportunidad. No me arrepiento de haberlo hecho.

– No esperaba que lo hicieras. – Y está agradecido porque lo haya hecho.

El camino no es tan largo y al poco tiempo el par llegan a la bodega. Antes de bajar, Fugo detiene a Giorno tomándole de la muñeca.

– Giorno. – Giorno. No GioGio; sabe que cuando Fugo toma ese tono, es por algo serio. – Pase lo que pase… Prométeme que no me harás lo mismo que a ellos. Prométeme que no me traerás de vuelta.

Giorno calla, siente la mirada de Fugo viéndole a los ojos, esperando su respuesta. Entiende los motivos por los que él no desearía vivir de la misma forma que el resto.

– Fugo, yo no podría––

– Te di mi vida cuando regresé, pero no te entregué lo que sea que siga a esto. Quiero tu palabra, Giorno.

Su voz es firme, tanto como su agarre. Sinceramente si fuera por Giorno, haría lo que fuera para mantener a los suyos consigo. Es un pensamiento egoísta, si, ¿Pero acaso no merecía ser un poco egoísta de vez en cuando?

– Tienes mi palabra, Fugo. Si… si algo sucede, te dejaré ir.

Fugo no parece convencido, pero no dice más y suelta a su Don. Giorno piensa cumplir con su palabra, por más dificil que eso pueda llegar a ser. Sus vidas, a pesar del poder que han acumulado en ese año, no dejan de ser peligrosas.

Giorno deja a Fugo haciendo guardia afuera de esta mientras él entra a la bodega para ver de que se trata todo eso.


– ¡Quiero ver al jefe! ¡Dijeron que traerían al jefe!

Es un chico de pelo rosado, largo y enmarañado, tiene lodo en este, en todo el cuerpo prácticamente. Viste con una gabardina hedionda, sus pantalones están hechos trizas y debajo de la gabardina parece tener retazos de lencería. Lleva solo una bota que recogió de la basura que le queda muy grande.

A Vinegar Doppio lo han encerrado en una bodega que antes usaba Passione para el tráfico de drogas. Está sentado en una silla, comiendo una paleta de limón; se la han dado porque no deja de gritar.

Vuelve a gritar cuando se ha terminado la paleta, un grito más y uno de los soldatos que hace guardia entra para callarlo a golpes.

Sólo Giorno y su grupo supieron la verdad sobre Diavolo y Doppio. Tampoco queda gente en Passione que sepa reconocerlo como el subalterno del antiguo jefe.

Sobra decir que Giorno se lleva una gran sorpresa al reconocer a Doppio ahí.

– ¡Jefe!

Doppio grita emocionado y se levanta como un niño esperando a su padre cuando la puerta se abre, creyendo que el jefe entraría por esta. Al ver a Giorno no sólo pega un grito horrorizado, sino que corre a esconderse a una de las esquinas de la pequeña habitación.

Sólo hay una forma de describirlo: Patético.

– ¡Tú no eres el jefe! ¡Eres quien traicionó al jefe! ¿Dónde esta el jefe? ¿Qué le hicieron? ¡JEFE POR FAVOR, VENGA POR MI, ESTOY AQUÍ!

Y Doppio es un mar de llanto a sus treinta y tres, quizá por el efecto colateral de la doble personalidad mezclado con su Stand no parece mayor que Giorno o Narancia.

Diavolo mató a los indigentes luego de salir del río, estuvo perdido varios días en las alcantarillas y al salir era un Doppio perdido, que no recordaba cómo había llegado ahí; ni su muerte, su castigo eterno, ni mucho menos el cómo salió de este.

Ni siquiera era consciente de que él era Diavolo, el jefe por el cual lloraba y clamaba.

Y Giorno estaba tan extrañado como el mismo Doppio. Le extraña el hecho que Doppio este vivo; y si él está vivo entonces significa que hay una gran posibilidad que Diavolo también lo esté.

¿Como era eso posible? ¿Cómo fue que salió de su condena? ¿Acaso el poder de Requiem tenia una limitación?

Necesita respuestas y parece que su única pista es ese sujeto aterrado.

Puede oler su miedo, entre muchos otros aromas que solo se intensifican al acercarse. No debió salir de casa sin desayunar, ese maldito escozor se ha vuelto mas persistente.

– ¡No te me acerques! ¡Si me lastimas el jefe te hará daño a ti!

– No te haré daño, no tienes porqué temerme.

Y Giorno mintió.

En parte; primero piensa sacarle información, quizás sea esa la personalidad dominante ahora, podía usarla a su beneficio o averiguar si es o no una amenaza.

– ¡No, tú no eres el jefe! ¡El jefe es...el jefe! ¿Qué le hiciste? ¿Dónde esta?

– Ahora yo soy el jefe.

"El Rey ha muerto. Larga vida al Rey".

No le cree. Tanto es así que Doppio se quitó el zapato y se lo puso en la oreja como si fuera un teléfono.

– ¡Jefe, jefe, por favor venga por mi!

Y esta vez no hubo respuesta.

– Jefe… por favor no me deje solo, Jefe lo necesito. – Doppio se se le escapaban unos lagrimones, su voz se corta. – ¿Dónde esta?

Doppio está aterrado y Giorno no va a admitirlo, pero le gusta saber que él es el motivo de esa sensación, aunque esa no fuera la intención de momento.

– El viejo jefe no va a regresar, él está muerto y tú... —

"Tú deberías estarlo también" quiere decirle pero se tiene que morder la lengua.

– Tú no deberías preocuparte más por él.

Estando cerca, Giorno se agacha para quedar a su altura.

Esa respuesta no le gusta al pelirrosa. En su desesperación, le arroja el zapato a Giorno y se hizo bolita. El zapato vuela en dirección a Giorno pero Gold Experience lo intercepta de inmediato.

– ¡Todo es tu culpa, el jefe me dejó solo por tu culpa, tú te lo llevaste y ahora estoy solo!

¡Cuánta desesperación en ese pobre diablo! Solo y asustado. Sin Diavolo, Doppio era una criatura desvalida y patética, un niño nada más incapaz de enfrentarse a lo que lo rodeaba.

– Tú no eres el jefe… tú eres un traidor.

– Él te dejó abandonado. Debió ser terrible eso... estando tan sólo y asustado como ahora lo estás. – A pesar de su necedad, Giorno no cambia sus ''compasivas'' palabras y le ofrece su mano. – Vamos, ven conmigo; seguro debes tener hambre y necesitas un cambio de ropa.

– ¡No es cierto, no es cierto! ¡Eres un traidor y un mentiroso, el jefe no esta muerto! ¡El va a venir por mi, va a venir por mí!

Su rostro oculto entre sus piernas, los lagrimones escurriendo por su cara, dejando camino en su piel llena de costras de tierra.

– Se fue por tu culpa. Tuya y de Bucciarati porque lo traicionaron. Las calles son horribles, unos hombres me han intentado quitar la ropa… y tengo hambre. Si el jefe estuviera aquí… nadie me hacía daño cuando estaba aquí… – Su estómago ruge, dudoso levanta la mirada hacia Giorno. Le toma un momento antes de que acceda a tomar su mano. Él cuidaba de mi, ¿Quién va a cuidar de mi ahora?

– Asumo toda responsabilidad en eso, después de todo yo fui quien acabó con Diavolo. – Y ahi hay un toque de arrogancia que haría orgulloso a Dio.

Sostiene su mano y le jala para levantarlo. No le parece pesado, en realidad es bastante ligero. Doppio no es el único con hambre.

– Creo que no me he presentado correctamente. Me llama Giorno Giovanna; tu antiguo jefe ya no está, estás solo pero yo puedo cuidar de ti. No pienso dejarte, así que no tienes porqué temer.

Doppio: No puedo creer que haya muerto...el jefe...el jefe era todo lo que tenía...

¿O no? Vagamente recuerda a alguien más, sacude la cabeza, le da miedo indagar más en sus propios recuerdos.

Un día una mujer da a luz a un bebé en prisión, nadie sabe quien es el padre ¿Cómo ea posible que haya dado a luz en una prisión llena de mujeres? El bebé es enviado a un pueblito de la región de Cerdaña, un niño al cuidado de un sacerdote ¿Qué es lo peor que puede pasar? Un niño de todos y de nadie, el tonto del pueblo.

Doppio ni siquiera recuerda esos días, Diavolo se ha ocultado llevándose gran parte de lo que eran.

Doppio y Diavolo son un misterio en si; es un caso curioso al cual Giorno no le dió tiempo de analizar debido a la urgencia de la situación.

Ahora tal vez tenga la oportunidad de hacerlo, aunque debe actuar con cautela.

Tal vez considere preguntarle a su Mudad cómo hacer eso del implante de carne, por más asqueroso que suene la idea.

Doppio se levanta y sus piernas le tiemblan. A simple vista es una criatura desamparada que va a aferrarse a la única figura poderosa que se le ha presentado. No puede sobrevivir por su cuenta, ni siquiera es capaz de usar a Crimson King por si mismo.

– ¿No me vas a matar? El jefe lo haría. Cuando un Don muere, quienes le servían fielmente se van con él, como los faraones. El jefe decía eso… ¿Tengo que decirte jefe? Yo… yo me llamo Vinegar Doppio. El jefe debe estar tan molesto conmigo, no pude ayudarlo. Soy un inútil…

Pobre criatura asustada y desvalida. Giorno no puede evitar verle con verdadera lástima. ¿Acaso así se siente Bucciarati cada vez que encuentra un huérfano?

– Quienes servían al jefe anterior se les dió la opción: servirme o morir.

A todos menos el equipo de narcóticos. Ellos fueron despachados lo más pronto posible y de paso adquirió cierta reliquia peligrosa y, por lo que ha descubierto en esos días, muy solicitada.

¿Morir o servir al traidor y fallar a la memoria del jefe? No quiere morir, no quiere, sin saberlo los recuerdos del castigo de Diavolo se cuelan a su memoria. Hará cualquier cosa con tal de no morir de nuevo.

– ¡No quiero morir! – Aunque ya esta de pie, Doppio cae de rodillas ante Giorno, abrazando sus piernas. –¡No quiero morir! ¡No me mates por favor!

– No me has dado motivos para matarte, Doppio. Además, estás indefenso, matarte así sería deshonroso. – Vuelve a inclinarse para acariciar su cabello con cariño. – Cuidaré de ti, no te voy a matar. No tienes porqué estar sólo en este mundo.

Su estómago ruge, sus enormes ojos café se encuentran con los de Giorno, hay un mundo de diferencia entre él y Diavolo pero es un hecho de que son la misma persona y Diavolo sigue ahí, en alguna parte y el pobre Doppio no lo sabe.

– No quiero estar solo. Estar solo es horrible… pero no quiero traicionar al jefe, el confiaba en mi, sólo en mi...

– No hay traición con los muertos.

Irónico considerando su estado y el de sus amigos.

Evidentemente Doppio nunca vio a Diavolo, sin embargo lo amaba. No recordaba una muestra de afecto tan directa como la caricia que le ha dado Giorno.

– ¡Tengo que jurar lealtad!

Antes de arrepentirse, toma esa mano que le acaricia y, tembloroso, besa el dorso de esta. Es rápido, torpe y luego vuelve a hacerse una bolita rosada temblorosa.

Ha traicionado al jefe.

¿Será posible mantener la lealtad de Doppio sin despertar la otra personalidad? Esa es otra cosa que tendrá que poner a prueba.

– Vamos, tienes hambre y si te soy honesto yo tampoco he desayunado. ¿Qué se te antoja?

El miedo en Doppio es algo en lo que tendrá que trabajar para poder ganarse su verdadera lealtad.

Tal y como le dijo a Dio esa noche en el restaurante: El poder se mantiene con lealtad. La lealtad no debe venir del miedo, de lo contrario se quiebra con facilidad.

– Tampoco es necesario que me llames jefe; dejémoslo simplemente como GioGio, ¿te parece?

Difícilmente le dirá por su nombre a Giorno y mucho menos GioGio, Doppio ha vivido sometido y obediente, incapaz de sentirse un igual ante otros. Doppio ha solo sido una herramienta.

– ¿Sufrió mucho? Se que ustedes le odiaban pero él cuidó de mi. No dejó que me lastimaran; me quería a su manera… – se talla los ojos con sus manos mugrientas – y yo le quería…

– Fue rápido y piadoso. – Miente con gran facilidad. No quiere disparar algún posible recuerdo de lo que haya vivido durante su condena.

Y Doppio le cree por completo a Giorno; así de ingenuo es, incluso hay un poco de alivio en su rostro al saber que su "amado" no sufrió.

– No eres tan malo como imaginé.

No, Giorno no se considera tan malo y quiere demostrarle a Doppio que no había nada que temer de él.

Doppio percibe lo frío que es el toque de Giorno; ni lo piensa, se quita esa asquerosa gabardina y se la pone encima para que no tenga frío, después de todo se toma muy en serio su lealtad a su Don. Y Giorno aprecia el detalle de la gabardina, aunque esté sucia y apeste; puede ver que Doppio es un sujeto leal, a primera vista.

Claro que sacarse al antiguo jefe de la cabeza será difícil para él, el jefe y él eran muy cercanos; a pesar de que Doppio no tiene idea de qué tan cercanos son en realidad.

– ¿Podemos comer postres, jefe?

– Podemos comer lo que quieras. ¿Gustas un helado o prefieres un pudín? – Piensa en qué lugares llevarlo. Le dirige hacia la salida de la bodega.

Va a llorarle al jefe toda la vida, así lo siente en ese momento mientras sigue como un perrito faldero a Giorno.

– Me gusta el puddin ¿Al jefe le gusta el puddin?

– Me encanta el puddin, tanto como el chocolate. – Y la ensalada de pulpo, pero no hay ninguna como la que sirven en Nápoles.

Fugo les espera afuera de la bodega, no se ha movido de su puesto de guardia. No ve nada extraño en el acompañante de su Don; después de todo, él no estuvo en la batalla final, por lo que no tiene ni la menor sospecha de la identidad de aquel joven de cabello rosado.

– Disculpa la demora, Fugo. Iremos a desayunar ahora que tenemos un acompañante extra.

– ¿Con "desayuno" te refieres a comida de verdad?

– ¿A qué más podría estarme refiriendo? Además, nosotros no somos los únicos hambrientos.

– ¿También hay comida de mentiras? – Doppio interrumpe la conversación. Él reconoce a Fugo, piensa que es porque el jefe le habló del grupo de Bucciarati y no porque evidentemente como Diavolo conocía a cada miembro de Passione.

– No me digas que vas a empezar a adoptar huérfanos como Bucciarati.

– Es sólo una buena acción, no significa que nos lo vayamos a quedar.

Fugo le echa una mirada a Giorno. Está seguro que hay mucho más que sólo una ''buena acción'' de parte de su líder.

– Si tú lo dices, Batman. – Aquel comentario le hace ganarse un codazo.

– ¿Bucciarati sigue vivo? El jefe lo quería muerto – A la par que habla se va ocultando detrás de Giorno, como si Fugo fuera una amenaza para él. – ¡El antiguo jefe! Creo que ahora Bucciarati debe ser la mano derecha del jefe

Y lo dice con la tristeza de recordar que él fue la mano derecha del antiguo jefe. Doppio es tan alto como ellos pero permanece encorvado, quisiera hacerse tan pequeño que no pudiera ser visto por nadie.

– Diavolo nos quería muertos a todos nosotros; su plan no salió como lo esperaba.

Bien, logró matar a Bucciarati, Abbacchio y a Narancia. Pero eso ya no importa, los tres se encuentran bien y seguro están descansando en la casa de seguridad.

– Si no me quedo con el nuevo jefe ¿A dónde voy a ir? No tengo un hogar. – Cosa que era cierto, como Diavolo iba de hotel en hotel y como Doppio nunca se le permitió tener un hogar. – ¡Si el jefe me contrata puedo serle de ayuda! ¡Quiero ser de ayuda!

Y definitivamente no quería pasar otro día en la calle.

– No puedo llevarte aún con el resto del grupo. Pero puedo conseguirte un lugar propio a cambio de tus servicios.

Un lugar donde pueda tenerlo vigilado sin arriesgar al resto. Al menos no hasta que averigüe qué hacer con Doppio.

Pero primero el desayuno. Le deja subir a la camioneta a su lado, dejando a Fugo conducir hacia el primer restaurante que encuentren abierto.

Podía llevarle a un lugar más privado, pero este plan también tiene el objetivo de ser visto. ¿Don Giorno compartiendo mesa con un joven abandonado? Si, eso ayudaría a la imagen pública que mantiene. Piadoso, la gente miraría a Giorno en el restaurante y hablarían del noble corazón del Don de Passione, la gente ya no le temía a la mafia, ellos eran la justicia en Italia.

No es la primera vez que Giorno hace algo como lo que hace ahora con Doppio. Claro, sus acciones anteriores han sido mas honestas que esta.

Lo mejor les fue servido y Doppio estaba impresionado, curiosamente comía mejor como Doppio que como Diavolo; como el segundo siempre temía ser envenenado, en especial cuando le atacaban episodios esquizoides.

Giorno se sirve un poco de todo, a pesar de no ser fan de la carne de pollo o pato. Se inclina en esta ocasión por la carne roja y frutas, la primera teniendo un sabor más intenso de lo normal.

Y por supuesto, la sensación de morder la carne ayuda a aliviar la molestia en sus encías.

Doppio tuvo una vida relativamente normal, no se complicaba al momento de comer: un postre, una o dos comidas simples y nada más. Comió con las manos de tanta hambre que tenía, luego se disculpó, se limpió las manos en su pantalón sucio y continuó comiendo con los cubiertos.

Resulta ser muy platicador aunque no les da mucha información valiosa. Parlotea de lo que veía, como por ejemplo de lo bonita que era la mesera que le atiende.

Ni Giorno, ni Fugo comentan de la falta de modales de Doppio a la hora de comer. Le siguen la conversación por mas trivial que sea, habia que hacer sentir a su "invitado" cómodo.

Eso, hasta que Doppio calla. Fugo está alerta, Giorno permanece calmado esperando cualquier cosa.

Por primera vez en mucho tiempo, Doppio recordó a Donatella. Hermosa, risueña, piadosa con el idiota del pueblo. Se sentaban todas las tardes a mirar al sol esconderse en el mar. Él le cantaba en sardo y ella le escuchaba recargada en su hombro. Su padre le golpeó por juntarse con una chica tan "sucia". Él le abrió el abdomen, le sacó las vísceras y adornó la sacristía con estas.

"¿Ves? Tú eres mas sucio que ella por dentro"

Lo quemó todo, a él, a esa mujer y se marchó con Donatella. Y luego...

– Egipto… -balbuceó mirando a la nada-

– ¿Has estado en Egipto? – Pregunta el Don con "inocente" curiosidad.

¿Estuvo él en Egipto? La amnesia en Doppio es severa, sus recuerdos no tenían mucho orden en su mente y siempre que quería indagar, Diavolo aparecía, para decirle que no era necesario; el pasado no significaba nada siempre que estuvieran juntos.

Pero de momento no lo estaban.

– ¿Si? ¡Si! Creo que si–– antes de trabajar para el jefe quería ser marinero pero no era muy bueno. No soy muy fuerte ni muy rudo… – Dijo con algo de desilución. – Entonces renuncié y tuve muchos trabajos en Egipto: mensajero, cocinero, ¡Una vez ayudé en una excavación arqueológica! Luego volví a Italia y el jefe me contrató. Sé que no debe gustarles que hable de él pero cuando volví no tenía nada y por primera vez alguien vio potencial en mi y se preocupó por mi… el jefe hacia cosas malas, lo sé. No soy tan tonto; pero la gente buena puede ser más cruel…

Y ahí iba otro silencio, uno cargado de profunda tristeza.

– Jefe, yo...yo no tengo un stand. No sé como pueda ayudarle, ¡Pe-pero si cuida de mi yo le serviré siempre!

– No me molesta que hables de Diavolo. Al contrario, actualmente Passione está en un proceso de cambio. Hemos estado remendando todo el daño causado en todos estos años. No es fácil, y se que no será algo que se cumpla de la noche a la mañana, pero con tu ayuda podemos lograr grandes cosas.

Giorno habla con convicción, la misma que ha tenido desde el momento en el que lo conoció.

Fugo en un inicio no le había dado gran importancia al entonces novato; no fue hasta que enfrentaron a Illuso cuando se dió cuenta que ese novato tenía madera de líder. Pero no fue hasta que se hizo del poder y le dio su segunda oportunidad cuando decidió que le seguiría por el resto de su vida.

Y esa misma convicción contagia a Doppio, quien no tarda en abrazar a Giorno y él le corresponde el gesto. El pobre necesitaba cariño y alguien que le protegiera de si mismo.

A simple vista, Doppio es como un cachorrito que encuentras bajo la lluvia: sucio, flaco, quizá algún vehículo le ha arrollado y cojea, moriría por su cuenta. Cruzas la mirada con él unos instantes y sus grandes y tristes ojos cafés no se apartan de ti, te sigue porque eres el primero que lo ha visto, cojea detrás de ti porque eres su única esperanza. Si, Doppio es un cachorrito abandonado pero también es una bomba de tiempo, es un enfermo muy peligroso y su regreso podría terminar con las calles de Italia teñidas de rojo. Un cachorro herido y desvalido o un perro rabioso que espera el momento para morder la mano que le alimenta.

Doppio podría ser un arma poderosa o el peor el error de Giorno. Solo el tiempo dirá cuál es la verdad; cual sea el caso, Giorno ya estaba pensando en qué hacer según la variante.

"Manten a tus amigos cerca y a los enemigos aún más."

A algunos les parecería una falta de respeto que un tipo con el aspecto de Doppio se acerque así a Don Giovanna, sin duda el aire piadoso de Giorno no es ignorado.

– ¿Puedo ser así de importante para el jefe? ¡Yo se mucho de los negocios del antiguo jefe!

– ¿Lo ves? No necesitas de un Stand para ser útil. – Y la información que pueda tener les va a ser de mucha utilidad.

Aún había una buena fortuna en drogas oculta por ahí, propiedades, armas y quizá ni Doppio supiera de todo. Doppio se queda acurrucado en su pecho, siente el tacto helado pero lo pasa por alto.

Años amasando poder y fortuna y Doppio iba a hablar de ello a la primera oportunidad. Si en verdad fueran dos entes separado, Diavolo lo golpearía.

Giorno también piensa en cómo contarle al resto de su hallazgo. No se lo van a tomar bien, pero puede convencerlos de ser necesario. De algo que está seguro, es que al resto no le va a hacer muy feliz ver a Doppio vivo.

Doppio agradece la oportunidad sinceramente una y otra vez y solo se separa de Giorno para pedir un postre; quiere pudin, una rebanada de pastel de chocolate y una malteada. Giorno pide para él un chocolate caliente y un pudín, es una mañana fría y quiere creer que eso ayudará a calentarle, aun sabiendo que no es así.

Doppio les cuenta de un par de lugares donde el jefe lo había mandado a ocultar una buena cantidad de dinero por la ciudad, él ni siquiera había pensando en usarlo porque no era suyo.

Fugo se pregunta cómo es que Doppio sabe tanto de los secretos del antiguo jefe, si este nunca mostró confianza ante nadie. Giorno piensa decirle la verdad a Fugo una vez estando a solas.

Ambos toman nota mental de los lugares que comenta Doppio, tendran que verificarlos más adelante y ver cómo utilizar ese dinero y recursos ocultos.

También deben buscarle un lugar para Doppio donde puedan tener facilidad de hallarlo.

Doppio sólo calla cuando llegan los postres. Parece feliz, quizá porque se siente a salvo. Sufrió varios episodios de esquizofrenia antes de ser hallado en la calle; encontrarían sin duda los cuerpos que había dejado a su paso.

– Jefe, ¿Dónde voy a vivir? Creo que necesito bañarme. Empiezo a oler muy feo ¡También necesito ropa! Si… si el jefe me presta dinero prometo pagarle hasta el ultimo centavo.

– Te buscaremos un apartamento propio, pero por ahora será en un hotel. También nos haremos cargo de conseguirte un cambio de ropa.

– En otras palabras: GioGio cuidará de ti.

– Tu servicio y lealtad es pago suficiente para nosotros.

– ¡Uh hotel! ¡Serán como vacaciones! – Diavolo se la pasaba viviendo en hoteles y él, naturalmente, no recuerda nada de eso. – ¡Y-yo también cuidaré del jefe, lo prometo! Esta vez lo haré bien.

El recuerdo del antiguo jefe le llega del golpe. Se le llena los ojos de lágrimas. Es bochornoso, así que se levanta y huye corriendo al baño. En el camino choca con mesero y le tira la charola, Doppio es un desastre con patas.

Tras la abrupta huida, Fugo se levanta para ir detrás de él, pero Giorno le detiene de un brazo.

– Espera aquí, puede ser peligroso.

– ¿Peligroso? Es un desastre humano.

– Ese desastre humano es Diavolo. – Le responde bajando la voz. - O mas bien es su otra personalidad.

– ¿Me estas jodiendo? Pensé que estaba muerto.

– No me preguntes cómo sigue vivo porque tampoco lo sé.

– En ese caso deberíamos eliminarlo—

– No sin antes obtener respuestas. Pero para eso debemos tener su confianza y evitar a toda costa sacar a su otra personalidad.

Giorno le da la orden a Fugo de permanecer en el asiento mientras él va en la misma dirección que tomó Doppio.


– Perdóneme jefe… debí morir con usted… pero ahora estoy solo. No quiero que me lastimen de nuevo. No quiero estar solo, no quiero estar solo...

Doppio ha ido a encerrarse en un cubículo de los baños de hombres, ¡Le falló al jefe y le ha traicionado! La culpa lo acongoja pero tiene miedo, tanto miedo a ser lastimado y a estar sólo. Pero Giorno es amable, nadie ha sido tan amable como él en años.

¡Y ha prometido no matarle!

Pero aquello no evita que el pesar le invada. Que terrible el amar a alguien que nunca conoció en persona, era algo ridículo; sin embargo el dolor está ahí y no hay forma que Doppio deje de lamentar a su jefe caído.

Giorno entra silenciosamente al baño, cada paso que da es sigiloso, casi felino.

Alcanza a escuchar los lamentos de Doppio desde uno de los cubículos pero aun sin eso podría hallar su ubicación exacta.

Se detiene frente al lavabo, viendo su reflejo en el espejo. Se ve pálido, un poco desaliñado. Abre la boca, sus dientes aun se ven normales; pasa un par de dedos por los caninos, sintiéndolos flojos como si fueran de un crio.

Niega con la cabeza, regresando su atención al pobre chico sollozando.

– No soy Diavolo, pero – Se encamina hacia el cubículo, recargando la espalda contra este – mientras estes conmigo no estarás sólo. Ni nadie te hará daño.

– ¿Se llamaba Diavolo? El jefe nunca me dijo su nombre. Para mi solo era el jefe… tal vez no confiaba tanto en mi.

A Giorno le llega el olor a sangre, en su angustia Doppio se habría arañado rostro hasta sangrarse como si se castigara por sus fallas.

Oh, ese maldito olor; le preocupa por el bienestar de ese pobre idiota y porque eso sólo le abre el apetito, a pesar de haber comido.

Giorno puede comer todo lo que quiera, pero ningún alimento lo saciará como la sangre y quizá cuando sus colmillos por fin salgan, será peor. Él no es como Dio o como el resto. Él nació así, la mordida de su padre sólo abrió la puerta de su naturaleza.

Ha sufrido cambios anteriormente, el más notorio fue el de su cabello, el cual pasó de ser un negro azabache, a un dorado intenso al momento en que despertó su habilidad Stand. Ahora su cuerpo sufre otro cambio más, de nuevo por la herencia de su padre.

– Tal vez. Pero eso no importa ya. Preguntarse sobre la confianza de alguien muerto es inútil. Yo si confío en ti, Doppio. Vamos, abre esa puerta.

Pasaron cinco largos minutos en silencio antes de que Doppio asomara su cara arañada por la puerta del baño. Tenía las mejillas en carne viva. Apenas vio al Don, susurró un "perdón", era consciente de que su actuar dejaba en ridículo al jefe.

Si, en definitiva Doppio es un desastre humano. Giorno empuja un tanto la puerta para abrirse paso dentro del cubículo.

Giorno suspira, tiene mucho en qué trabajar con Doppio.

– No tienes porqué disculparte.

Le sostiene del rostro con ambas manos para curarle, a su vez haciendo todo esfuerzo para ignorar el intenso olor a sangre.

– Pero he hecho que el jefe se levante de la mesa y que venga hasta aquí. – Siente la calidez en su rostro conforme las heridas sanan. – Hace rato… el jefe estaba muy frío pero ahora sus manos están calientitas. – Pone sus manos mugrosas sobre las de Giorno, le mira con un aire de inocente asombro, nunca vio el rostro de su "antiguo" jefe, ahora se pregunta si se parecía a Giorno.

– Estanos en invierno, el frío es de esperarse. El jefe no tiene problema en ayudar a quienes le sirven, Doppio.

Sabe que esa excusa no le va a servir siempre. Aun después de haberle curado, no aparta las manos, estas han quedado manchadas de sangre y suciedad.

Doppio es muy ingenio como para dudar de su nuevo jefe, tanto así que se nota en sus ojos una honesta y profunda preocupación.

– ¡Entonces el jefe debería abrigarse mejor o se va a resfriar!

Y ahí esta de nuevo abrazándole amorosamente. Muy contrario a Giorno, Doppio está vivo, por lo que su toque es cálido.

– Tengo buenas defensas, no creo que un poco de frío vaya a enfermarme.

– Si el jefe lo dice, entonces es verdad.

Aprovechando aquel abrazo, Giorno lame la sangre que quedo embarrada en la palma de su mano al curar a Doppio. La sangre es fresca, tiene un sabor muy distinto al de las bolsas. Doppio tiene un sabor dulce, tanto como su personalidad.

Después de tanto lloriquear, esta listo para seguir a Giorno a dónde sea, no sin antes alguien desde afuera les diga que los baños son para una sola persona.

Giorno se levanta jalando consigo a Doppio. Se asoma por la puerta del cubículo, dirigiéndole una mirada un tanto molesta al sujeto que acaba de hacer el comentario.

Aquel pobre sujeto acaba pidiendo disculpas sentidas a Don Giovanna, Doppio va detrás de él muy obediente, también se lava la cara y como un niño le hace gestos al espejo.

El respeto es algo importante en la mafia italiana, las jerarquías son otra cosa que se toma como si fuera algo sagrado y no hay máxima autoridad que el Don.

Giorno no comparte esas creencias, pero eso es algo que no puede cambiar y decide utilizar a su favor.

– Vamos, Doppio, deja que primero me lave las manos y regresaremos con Fugo.

Giorno se lava las manos para deshacerse de cualquier rastro de esa tentadora sangre y también le ayuda a Doppio a lavarse la cara, secándole con un par de servilletas.

Se reúnen con Fugo para pagar la cuenta y llevar un par de golosinas al salir. A Doppio le buscan una suite en un hotel lujoso, cosa que no es dificil de conseguir con sus influencias.

Hoteles, siempre en hoteles, pero Doppio no se queja, la habitación es enorme, puede ir tomar un largo baño de burbujas pero antes saltar en la cama como un niño.

– ¿Aquí viviré? ¿Me voy a quedar solo?

Uno que al tercer salto se cae penosamente de la cama.

– Sólo será por unos días. Después te moveremos a tu propio departamento. Fugo y yo iremos a buscarte ropa, así que estarás aquí sólo por unas horas.

– No iré a ningún lado hasta que el jefe venga .

Promete asearse en su ausencia y ver caricaturas tranquilito. Es muy obediente, en lo que cabe, siempre y cuando sus ataques no lo dominen.

Doppio no sale de la habitación, honestamente le da miedo salir de la suite solo, luego del baño se envuelve sólo en mantas y ve la televisión, hasta que oye un ruido raro y se esconde en un armario, ahí lo iban a encontrar dormido cuando volviera.


Giorno deja a Doppio a solas en su suite. Fugo sigue sin fiarse y Giorno tampoco se confía a pesar de la amabilidad que muestra hacia Doppio.

Fugo sigue sin creer que ese sujeto haya sido el tan temido jefe de Passione. Doppio le parece mas un bufón que a duras penas puede cuidarse sólo. No esta lejos de la verdad, es un bufón pero no pueden confiarse de él. El Rey Carmesí no ha muerto.

Es hasta que están en el ascensor para salir del hotel cuando Fugo rompe el hielo.

– Deberíamos deshacernos de él de una vez. Nada complicado, podría enviarle un postre envenenado o algo así.

– No hasta saber cómo es que está vivo.

– No es por contradecirte, GioGio, pero ese zoquete no parece estar consciente de quién es en realidad. O de haber muerto.

– Aun nos puede ser de utilidad.

– Exactamente ¿cómo nos sería de utilidad? No, mas bien: ¿Cómo podemos estar seguros que no regresará a ser Diavolo?

– No lo estamos. Pero creo que tengo un plan.

Y para eso tendrá que pedirle ayuda a Dio.

– ¿Piensas morderlo?

– No tengo ni siquiera colmillos, Fugo. sin embargo siento los dientes flojos... y antes que digas algo: no, no puedes tirármelos.

– No pensaba ofrecer tal cosa.

Si pensaba hacerlo. Giorno, evidentemente no le cree. Le mira con el ceño fruncido por un momento, pero es breve, el humor le gana al final.

Saliendo del lugar, una vez mas escucharían sobre un trío buscándole. Las descripciones le cuadran con los Joestar; así que el siguiente punto en la agenda pasa a hallar a Holy y el resto. Aun debían comprar ropa para Doppio.