"No me acuerdo."

"Vamos, lo sabías ayer." Demelza estaba sentada en una de las butacas en la isla de la cocina, la cabeza entre sus manos. Los niños se habían dormido hacía un par de horas y Ross la estaba ayudando a repasar para su primer examen, lo venían haciendo todos los días durante las últimas dos semanas, cuando se quedaban solos y la casa dormía. – "¿Quieres que te de una pista?"

"No…" Demelza apoyó la frente sobre la isla, intentando recordar. "No, no me acuerdo. Dame el libro, lo leeré."

Ross empujó el libro en el que estaba leyendo la respuesta que Demelza debía acordarse hacia ella, ella lo tomó de inmediato y comenzó a leer, aún sujetándose la cabeza.

"¡Judas!" – dijo después de un momento – "No me acuerdo de nada." Ross no había dicho nada mientras ella repasaba, se había puesto de pie y encendido la pava eléctrica. Cuando Demelza terminó de leer tenía una taza humeante de té junto a ella y un par de bombones de chocolate.

"Te acordarás mañana, ya lo sabes todo cariño, estuviste estudiando por semanas. No hay mucho más que puedas repasar." Ross se sentó junto a ella con su taza en una mano y colocó la otra sobre su hombro, acariciando la piel de su cuello con sus dedos.

"No lo sé, Ross. No me siento segura. Quizás, quizás todo esto fue una mala idea."

"¿Qué fue una mala idea?" Ross preguntó tras beber un sorbo de su té, siempre solía tomarlo hirviendo.

"Volver a la universidad. Tal vez no fue una buena idea, no creo que pueda hacerlo."

"Amor, por supuesto que puedes hacerlo. Has estado trabajando muy duro durante el cuatrimestre y ya has estudiado todo. Quizás hoy no tienes que repasar nada, solo relajarte y esperar que llegue el momento del examen mañana. Además, ya lo has hecho antes. No es la primera vez que tienes un examen en la universidad."

"No, pero esta vez es distinto. Y sólo es el primer examen, van a ser cuatro años más de esto."

"Pero es lo que quieres, siempre quisiste ser doctora."

"Si, pero ahora…"

"¿Ahora? ¿Cuál es la diferencia ahora?" Ross seguía acariciando su cuello y por su puesto que sabía cuál sería su respuesta.

"Ahora estás tú, y los niños. Jeremy es muy pequeño aún y Julia también. Tendría que estar mucho tiempo fuera de casa…"

"Demelza. Fuiste a clases durante los últimos cuatro meses y nos las arreglaremos bien. No estuviste tanto tiempo fuera de casa. No voy a decir que no te extrañamos, quizás yo te extraño más que los niños, pero es el mismo tiempo que pasabas en el trabajo."

"Pero ahora no estoy ganando dinero, solo gastando…"

"Estamos bien por ahora, y cuando te recibas y seas oficialmente una doctora yo dejaré de trabajar y dejaré que me mantengas." Demelza rió, Ross siempre la hacía sonreír. "Así que por eso no te preocupes, tu eres mi inversión." Su esposa le dio un codazo que casi lo hace derramar el líquido de la taza que sostenía y Ross presionó sus labios en los de ella a modo de castigo. "Pero es tu decisión." Continuó cuando dejo de besarla. "Tú eres la que tendrá que ir a clase y estudiar. Se trata de lo que tú quieras ser, yo te apoyaré no importa que sea lo que elijas."

Demelza frunció los labios y lo miró con picardía.

"¿Qué?"

"¿Desde cuándo eres tan adulto Ross Poldark?" Ross levantó una ceja y sonrió.

"Ser padre te hace ver las cosas desde otra perspectiva" Dijo mientras le pellizcaba el trasero.

Demelza le dio otro codazo y lo besó rápidamente y comenzó a beber su té, Ross ya casi había terminado el suyo. "¿De dónde sacaste los chocolates?" preguntó distraída mientras sacaba uno de su envoltorio. Demelza procuraba no tener dulces en la casa, por más que ella los escondiera Julia tenía una capacidad para encontrarlos que era casi sobrenatural.

"Los traje para ti. Dicen que el chocolate estimula el cerebro. Guardé un par para mañana." Ross bebió lo último que le quedaba de té y sobre la taza observó a su mujer llevar el dulce a sus labios. Era tan bonita, pero a veces hacía cosas como esa, completamente inocentes, que la convertían en la mujer más sensual que él jamás hubiera visto. Su sirena, Ross le solía decir. Seductora y atractiva. Ross sintió la tensión dentro de sus pantalones.

"Gracias." Dijo ella después de terminar el primer chocolate, llevando uno a uno sus dedos a sus labios, lamiendo el resto de chocolate que había quedado en ellos. El continúo observándola. A veces no lograba entender como ella había llegado allí. El había nacido en esa casa, allí se había criado junto a sus padres, su hermano, sus primos, y sin embargo siempre se había sentido como un extraño, como una visita en la casa de Joshua Poldark. Y lo mismo había pasado en su propia vida. Siempre inquieto, nunca estable, siempre metido en algún problema. La enfermedad de su padre lo había vuelto sobrio, más serio, pero aún así no sabía cuál era el rumbo de su vida. Y luego había llegado Demelza. En solo unos días pareció que lo conocía desde hacía años, estuvo con él en los momentos más difíciles, lo hizo sonreír y luego vino con él a Nampara y convirtió ese lugar extraño en un hogar. Su hogar, el lugar en el mundo al que él pertenecía. Le había permitido ser el padre de su hija y pronto habían agrandado la familia. El quería tener más niños, quería la casa llena de gritos y alegría, pero dos era suficiente por ahora. Ya habría tiempo para eso más adelante, Demelza aún era muy joven y lo que ella había querido siempre era ser doctora. Y él le daría todo lo que ella quisiera. No, no sabía como el destino los había juntado pero sí lo había hecho y ella era todo para él. Su, compañera, su socia, su amiga, su amante, la madre de sus hijos. La amaba con locura. Si él había creído conocer el amor antes estaba equivocado. Esto era amor, amor real. Y él la deseaba, la deseaba incluso más que aquella primera noche luego que volvieron de la fiesta de despedida de Dwight.

"¿Me das un pedacito de chocolate?" preguntó en una voz que su esposa conocía muy bien mientras ella se llevaba el otro bombon a la boca. Demelza sujetó el chocolate con los dientes y giró la cabeza hacia su esposo. Ross colocó una mano en su mejilla y mordió mitad del dulce de su boca, lo tragó si saborear y la besó de nuevo. Esta vez el beso fue con más propósito. Dios, como le gustaba besarla. Si no pudiera hacerlo no sabía como sobreviviría. Demelza emitió un sonido y al hacerlo abrió sus labios para que Ross probara el dulce sabor de su boca con la lengua. Ella lo besó también. Ross podía sentir sus manos acariciando los músculos de su espalda dirigiéndose a su cintura. Sus pantalones a punto de explotar, Ross apoyó su cuerpo contra ella para que también lo sintiera.

"¿Ya no estudiarás más por esta noche entonces?" preguntó entre besos.

"No, Ross." Respondió Demelza suspirando mientras su esposo besaba su cuello y su corta barba generaba cosquilleos en su piel que parecían llegar a lugares prohibidos.

"¿Pero te presentarás mañana al examen?"

Ross dejó de prestar atención un momento al lugar que sabía era el favorito de Demelza para que él besara y la miró a los ojos. – "Puedes hacerlo cariño, podemos hacerlo."

Demelza asintió. Su voz perdida por un momento, el siempre la dejaba sin aliento. ¿Cómo había llegado allí? Luego de todo lo malo que había ocurrido en su vida, ¿cómo lo había encontrado? El era tan bueno con ella. Siempre era tan generoso y comprensivo. Era su mejor amigo y un excelente padre. Y podía hacer que se derritiera con tan solo una mirada. Era el amor de su vida y con quien quería pasar el resto de sus días…

"Si, Ross." – pudo decir finalmente. – "¿vamos a la cama?"

El sonrió contra sus labios y se alejó un momento.

"No, quedémonos aquí." Dijo cerrando la puerta de la cocina.

Demelza descendió dando pequeños saltos la escalera afuera del campus rumbo al auto que habían comprado al nacer Jeremy, pues en la vieja camioneta no entraban dos sillitas para niños. Ross había aparcado frente a la universidad y había esperado junto a los niños durante un buen rato a que Demelza saliera de su examen.

"¿Y?" pregunto cuando ella subió al auto. Aunque ya sabía como le había ido por la sonrisa resplandeciente en su rostro.

"Ocho."

"¡Ey! Felicitaciones cariño." Dijo abrazándola y dando un rápido beso en su mejilla. "Sabíamos que podías hacerlo, ¿no es verdad Julia?" preguntó a su hija que aplaudía desde el asiento trasero. Jeremy se había quedado dormido.

"¡Siii!" Demelza se puso de rodillas sobre el asiento y se estiró hacia la parte de atrás para darle un beso a su hija y besar con cuidado de no despertar al niño que dormía.

"Ya puedes darle a mamá su regalo, Julia." Dijo Ross, y la niña tomó un ramo de flores que había junto a ella y se lo dio.

"Awww… gracias. Gracias, mi vida." Dijo conmovida a Julia, la niña le dio otro beso y ella volvió a sentarse junto a Ross. – "Gracias." Le dijo a él también.

Ross pasó un brazo sobre sus hombros y la atrajo hacia él para darle otro beso.

"Vamos, tenemos que celebrar. ¿Adonde quieren ir a comer?"

"¡McDonalds!" gritó Julia de inmediato. Ross miró a Demelza para tener su aprobación.

"La verdad es que mataría por una hamburguesa también."

"Muy bien." Ross puso en marcha el motor, mientras Julia comenzó murmurar en el oído de su hermano al que quería despertar para que no se perdiera la salida.

"¿No estamos haciendo mucho alboroto? Es solo el primer examen. En tres semanas tengo otro y luego tendré docenas más."

"Entonces lo haremos en cada examen. ¿No Julia?" La niña asintió entusiasmada con la idea de ir a comer hamburguesas más seguido. "Haremos todo exactamente igual, después de todo te trajo suerte."

"¿Todo?"

"TODO." Dijo Ross con una sonrisa.


NA: Muchas gracias por leer. Este capítulo fue un respiro en la tormenta, ya el próximo seguiremos con el encuentro en el hospital ;)