Tras cancelarse el plan
(los anteriores fanfic fueron el 1, "Sentimientos prohibidos"; el 10, "Una inesperada unión"; y el 25, "Si solo son amigos")
Taichi se encaminaba hacia casa. Le gustaba tener planes que hacer, poder quedar con alguien… O al menos poder disfrutar de la compañía de su hermanita en casa. Pero no, ella también tenía planes. Pensándolo bien, él los había tenido. Y justo cuando estaba en el lugaer, aguardando la llegada de los demás, habían empezado a llegar cancelaciones. "Al final no puedo ir", "Lo siento, yo tampoco", "Que lo paséis bien los que vayáis". Él solo. Al recibir la última anulación había dado media vuelta, maldiciendo. Había pensado en estar fuera hasta el día siguiente por la mañana, y al final iba a llegar antes de la hora de cenar.
—Puta mierda… —suspiró mientras entraba por su calle.
Había procurado retrasar el momento caminando de la forma más lenta que le fuera posible, dejando que las ancianas le adelantaran incluso. Pero al final ahí estaba, la fortaleza de la soledad. Bueno, no del todo. Lo más probable sería que su madre también estuviera allí. Bueno, siempre podrían hacer algún ciclo de cine de terror a unas malas.
Entró como un fantasma, sin hacer ruido. Y pensó que tal vez debería haberlo hecho, y así se habría topado con una situación un poco menos embarazosa. Pero al atravesar el pasillo, ahí estaban. Sin nada de ropa, en el sofá. Claramente, en un 69 que había interrumpido. Su propia madre… y Toshiko, la madre de Sora.
Se quedaron en silencio. Taichi no supo si habían pasado unos minutos o varios años. Aquello era posiblemente lo último que se esperaría encontrarse ahí. Tal vez se podrían dar escenarios más extraños, pero en ese momento no caía en cuál. Las dos mujeres le miraban. Luego se miraron entre ellas. Y empezaron a hablar como si Taichi no estuviera delante.
—¿Qué hacemos? —preguntó Toshiko.
—No lo sé… podríamos seguir luego. Taichi, ¿puedes dejar de mirarle los pechos a Toshi?
—Bueno, Yuuko. No me molesta en realidad —dijo ella, y desvió la mirada. Tampoco se atrevía a mirar al castaño. Pensó que sería mejor aclararlo—. En realidad… hace un par de semanas, cuando estuvo en casa…
—¿Te has tirado a mi hijo?
—¡Mamá! —exclamó Taichi—. No creo que seas quien para quejarte por…
Se mordió la lengua, pero ya era demasiado tarde. Toshiko miró a Yuuko que se había puesto colorada. Lo más rocambolesco era que ninguna de las dos se había movido de posición. El castaño pretendió ocultarse, pero su madre habló y él permaneció inmóvil.
—Vale… los tres somos adultos. ¿Podemos sentarnos a hablar como tales? —pidió.
Toshiko se movió y separó su cuerpo del de ella. Ambas mujeres desnudas se sentaron en el sofá, frente al castaño, y este se acopló en una silla. Las dos estaban tan bien formadas… le gustaban tanto aquellas tetas… "Pero ¿en qué estás pensando, imbécil?", se recriminó antes de disponerse a escuchar a su madre.
—Taichi… ya sabes que tu padre se pasa la vida fuera de casa por temas de trabajo —empezó Yuuko—. Eso nos da un nivel de vida bastante bueno, pero… aunque le amo, muchas veces siento como si no tuviera marido. Y Toshiko es una buena amiga. Una vez, hablando de esto, una noche que Hikari y tú no estábais… nosotras bebimos un poco de más. Pasamos una noche inolvidable —en ese punto, Toshiko se puso colorada—. Yo tenía miedo de que lo que habíamos hecho fuera solo por culpa del alcohol… y por la mañana volvimos a tener sexo. Seguía siendo maravilloso.
—Ya sabes que mi marido me abandonó hace años —añadió Toshiko—. Y de pronto que alguien se abriera a mi… que me permitiese volver a disfrutar del sexo, era genial. Y desde entonces, las dos quedamos de vez en cuando. Cuando el cuerpo nos pide desahogarnos. Y llevamos… algunos años viéndonos —dijo, para sorpresa del castaño—. Siempre para darnos esa satisfacción que la vida nos ha querido negar. Lo que yo no sabía era que lo hubieras hecho con Taichi… —esta vez se dirigía a Yuuko.
—Bueno. Yo tampoco me lo esperaba. Pero hará… ¿cinco meses? —calculó rápidamente— empecé a sospechar que él e Hikari tenían relaciones sexuales —desveló Yuuko—. Y cuando les pillé… admito que no sé qué tiene mi hijo, pero no pude resistirme a unirme a ellos. Ha sido la única vez, pero tengo la suerte de no arrepentirme. ¿Cómo fue lo vuestro?
—Pues… creo que Taichi debería ir a beber un poco de agua.
El chico no se había dado cuenta pero gran parte de la sangre se le había subido a la cabeza a causa de la conversación. Le daba tanta vergüenza. Y aparte… una pizca de orgullo por su poder de seducción.
—Estoy bien.
—Vale. Pues, Yuuko… sin querer ofenderte, pero yo ansiaba volver a tener sexo con un hombre. Y cuando viene a casa, y le escucho con Sora… me ponía mala. Claro, que ahora que sé lo de Hikari, entiendo por qué no se comprometía con mi hija. Desde luego, no eres un tonto —comentó, sin maldad—. Así que pensé que si no había firmada esa lealtad, podía aprovechar. Aunque al final Sora también se unió a nosotros. Y fue genial.
—Bueno, pues ahora que está todo aclarado —dijo Taichi—, yo voy a ir a por dinero, y me voy a ir al cine. Así tendréis la casa para lo que os apetezca hacer.
—Quieto ahí, hijo —dijo Yuuko—. Creo que Hikari no viene hasta mañana, ¿verdad?
—Eso dijo —respondió Taichi. Por lo que sabía, había quedado con Takeru y Daisuke. "Espero que al menos usen condón", pensó.
—Bueno. Pues podemos tener la casa para las dos… o para las tres.
—¡Mamá!
—Bueno, perdona. No sabía que te resultaba un esfuerzo —dijo su madre, irónica.
—No es eso… las otras veces surgió sin más —intentó justificarse.
—Pero ¿te gustó?
—… Claro que me gustó.
—Pues ya está.
—A mi también… me parece buena idea. Eres un semental —dijo Toshiko, consiguiendo que el castaño se pusiera rojo—. ¿A ti te gustó lo que hicimos?
—Me gustó mucho, sí. Y también contigo, mamá… Pero se supone que está mal, ¿no?
—¿Crees que a estas alturas eso me preocupa mucho? —comentó Yuuko—. Algo tan bueno no puede ser malo. Y si prometes ser bueno, las dos podemos hacer mucho por ti…
Taichi no respondió con palabras. Se puso en pie y empezó a quitarse la ropa. Lanzó su camiseta contra la pared. Parecía que no iba a necesitarla. Pero no pudo continuar, ya que ambas mujeres querían disfrutar del momento. Yuuko se abalanzó a por él, ansiosa por volver a degustar los labios de su hijo. Había fantaseado con él varias veces desde su único encuentro. Pero ahora que sabía que al castaño le gustaba repartir a mor a diestro y siniestro, no era tan mala idea ser una de las agraciadas.
Mientras ella sentía el calor del cuerpo del castaño contra ella, Yuuko se acercó a él por la espalda y empezó a jugar con su entrepierna para abrir su bragueta. Con cuidado logró deshacerse de la cremallera y dejó caer su pantalón al suelo, antes de enterrar las manos bajo su boxer. Sonrió al darse cuenta de lo endurecido que tenía el pene en ese momento. Le besó el cuello, y allí se encontró con los labios de Yuuko, haciendo un intercambio de saliva. Taichi sentía las manos de ambas acariciando su cuerpo. Debía admitirlo, se sentía poderoso.
—Vamos a darte placer, hijo —susurró Yuuko—. Pero no te equivoques. Queremos que seas bueno con nosotras.
—¿Acaso no te gustó cómo lo hice? —inquirió este, aunque conocía la respuesta.
—Claro que sí, y eso es lo que quiero —dijo su madre, mientras dejaba caer sus labios poco a poco por su torso, sobrepasó su ombligo, saltó sobre su cintura hábilmente y llegó al punto erecto. Lo probó con la lengua y empezó a lamerlo con avidez. Taichi se sentía en una nube. De pronto sintió que algo se despejaba a su espalda. Toshiko se agachaba detrás de Yuuko ahora y empezaba a acariciarle los pechos. Le gustaba lo suaves que los tenía—. Mmmm… Toshi… sigue jugando —pidió ella al sentir sus dedos acariciándole los pezones.
—Que envidia tener un hijo así —dijo esta, dándole un beso en la mejilla. En ese momento Yuuko liberó el pene de Taichi, momento que Toshiko aprovechó para lamerlo también, sin dejar de jugar con las tetas de su amiga. Empezaron a turnarse para darle placer. La hombría de Taichi parecía adictiva. El chico tenía un sex-appeal irresistible para las dos. Y este estaba encantado con la situación. Esas dos mujeres eran dos diosas que le daban mucho placer. No era capaz de pensar en Yuuko como su propia madre, a pesar de que jadeaba "mamá…" cada vez que su boca le daba placer.
De pronto necesitó un sitio donde sujetarse. Estaba a punto de eyacular. Y las dos parecían saberlo pues no daban cuartel al uso de sus bocas. Joder, debía avisarlas, pero no acertaba a decir una palabra. Y sin poder evitarlo, se corrió por primera vez. Al abrir los ojos se dio cuenta, había acabado sobre los senos de su madre y las manos de Toshiko, que no las había soltado en ningún momento. Pero no parecían molestas.
—Bueno, ahora te toca cumplir a ti, hijo —dijo Yuuko—. Te quiero dentro… si a Toshiko no le importa.
—Yo lo disfruté hace poco, aprovecha —respondió esta. Aunque estaba ansiosa por volver a sentir a Taichi en su interior, quería dejar a su amiga en primer lugar.
Tendida en el sofá, Yuuko separó las piernas. Pero Taichi le levantó una al aire mientras se situaba para penetrarla, y suavemente se deslizó en su interior. Ella gimió. Por fin, de nuevo, aquella maravillosa sensación. El castaño empezó suave, pero su madre le pidió que aumentase el ritmo, y no podía resistirse a sus encantos. Movió sus caderas velozmente, disfrutando del calor de su interior. Yuuko vio a Toshiko surgir encima de ella y se besaron, acompañado de un magreo mutuo de sus pechos.
—Toshi… ponte encima… —gimió Yuuko.
Su amiga se movió rápidamente, acercando su sexo al rostro de Yuuko, quien empezó a lamerlo con ganas. Ella se sujetó al sofá, disfrutando del cunnilingus que ella le hacía. Era genial. Sabía exactamente cómo hacérselo para disfrutarlo. Jadeando, con la lengua ligeramente sobresaliendo de su boca. Tentador para el impetuoso Taichi, que se lanzó a por ella e invadió la boca de Toshiko, con su lengua haciéndose con el poder mientras sus caderas continuaban moviéndose y provocando aquella deliciosa fricción en el sexo de su madre.
No supo por cuántos minutos estuvo así pero de pronto su cuerpo se tensó. Iba a culminar. Otra vez. Con sus labios unidos a los de Toshiko y Yuuko gimiendo con la boca invadida por el sexo de su amiga. Sintió los salados fluidos de su amiga deslizándose por entre sus labios y en ese momento, ella también alcanzó el orgasmo, en el momento en que su hijo eyaculaba. Una sensación deliciosa. Toshiko se tendió a su lado, exhausta, mientras Taichi se dejó caer hacia atrás. Su mirada se cruzó con la de la madre de Sora, y se sonrieron mutuamente. Ella tenía ganas también de sentirle en su interior.
—¿Qué tal, Yuuko? —preguntó ella, observando el sexo de Yuuko. Sin duda había quedado muy satisfecha.
—Creo que ya lo sabes… solo espero que Taichi esté dispuesto a hacértelo también a ti.
El castaño lo estaba, pero Toshiko tenía el impulso de ser más activa. Aprovechando que estaba tumbado bocarriba, se subió encima de él, y le estimuló el miembro con la mano. No tardó mucho en tenerlo como quería. Se incorporó para dejarse caer encima de su erección. Suspiró. Añoraba aquella sensación. Aquella deliciosa sensación, tan poderosa que le nublaba la cabeza. Tomó las manos de Taichi y las llevó a su cuerpo, invitándole a que le tocase tanto como quisiera. Y así lo hizo, acariciando cada poro de su piel.
—Te gusta mi hijo, ¿verdad? —preguntó Yuuko, divertida, acercándose a Toshiko.
—Pues como a ti —jadeó ella—. Y como tú —añadió, provocándola para compartir un beso. Y sintió que al chico parecía endurecérsele un poco más al ver a ambas darse aquel beso lésbico. Las dos sonrieron al verle la expresión.
Pero Taichi le hizo un gesto a su madre para que se acercara. Ella lo hizo, pero este le empujó el culo, haciéndole subirlo un poco más, hasta tener su sexo al alcance de su lengua. Sintió los dedos de su madre enredándose en su cabello mientras le practicaba el sexo oral. Adoraba el sabor de la intimidad de Yuuko. Era una maravilla. Jugó con uno de sus dedos, acariciándole el clítoris, provocando sus gemidos en alto. Pensó divertido en qué ocurriría si Hikari les pillara en acción, pero no se excitó pensando en ella. Ambas mujeres eran suficientes para cumplir sus fantasías y darle placer.
Sintió que el sexo de Toshiko se amoldaba perfectamente a su erección. Y la verdad, era afortunado. Tantas féminas deseando tener sexo con él era un privilegio, y él sabía cómo mantenerlo. En sus fantasías más privadas se veía como un rey. Pero era más inteligente que eso, y sabía que siendo generoso con ellas la situación podría ser muy duradera en el tiempo. Y aparte, sentía más sensación de poder cuando las provocaba gemir, gritar, jadear, correrse que si pretendiera convertirse en el amo de la situación.
Eyaculó una vez más, inundando el interior de Toshiko quien acabó a la vez que él. Ella dejó de cabalgar, aún con su miembro dentro de ella mientras este hacía que Yuuko alcanzara el orgasmo. Los tres estaban muy satisfechos en ese momento.
—Si tu hermana no viene hasta mañana… tenemos muchas horas por delante para tener sexo —dijo Yuuko—. Si te apetece, claro.
—Me apetece un montón, pero ahora mismo… no puedo seguir —dijo este—. Pero aún así puedo ocuparme de vosotras…
—¿Tenéis televisión de pago? —preguntó Toshiko.
Yuuko asintió. Y unos minutos después, estaba disfrutando de una suave masturbación. Sentaba a la derecha de su hijo, este le estimulaba el sexo empleando los dedos. Despacio, sin provocarle en exceso. Solo un pase esporádico por su clítoris. Suspiraba. Miró a Toshiko, sentada al otro lado del chico, disfrutando igualmente de aquella penetración con los dedos del joven. En la pantalla de la televisión, una película pornográfica estimulaba a los tres, y tomaban ideas para los siguientes asaltos.
—¿Seguro que no puedes más? —preguntó Yuuko dejando caer una mano sobre el pene de Taichi. Estaba rígido—. Yo diría que estás a punto…
—Mejor si le dejamos descansar —comentó Toshiko, que se vio tentada por tocar también a Taichi.
—Así no hay quien pueda reponer energías… —comentó este. A pesar de que las manos de ambas mujeres solo se habían posado en su pene, este sentía que un poco de líquido preseminal le caía de la punta. Y claro, ver en la tele a aquel joven atlético moverse con energía para dar placer a sus dos compañeras le daba ganar de retomar la acción. Pero aguantaría, iba a hacerlo y volver al asalto con más ganas. Unos minutos después sintió una mano completamente empapada. Toshiko había acabado. Mantuvo su otra mano ocupada con Yuuko, hasta que logró hacerla terminar también.
—Creo que este sofá no va a aguantar más nuestro ritmo —comentó Yuuko, al terminar la película y ver que se encontraba completamente empapado—. Tendremos que ir a mi habitación…
—Yuuko… ¿crees que podríamos bañarnos? —preguntó Toshiko.
Y claro que podían. Se dirigieron a la bañera donde se metieron los tres, jugando un poco en el agua. Yuuko tomó una toalla, y le cubrió la cabeza a Taichi. Dejándole sin visión. Así empezó a recibir besos y caricias por todo su cuerpo, sin saber a quién de debía. Vio su boca invadida por una lengua ajena, sintió manos masturbándole sin poder evitarlo, supo que alguien le rozaba el pene con su sexo. Eran malas… No tardó mucho, por la excitación previa con la película, en correrse nuevamente.
De pronto Yuuko se vio sentada en el borde de la bañera, con las piernas separadas. Toshiko tenía ganas de probar su sabor más privado, y agarrándola con los brazos por la cadera, enterró la cabeza entre medias para disfrutar de sus jugos. En aquella posición, agachada, la tentación era demasiado para Taichi, quien suavemente le separó las nalgas. Se relamió los labios y deslizó la lengua en su ano. Sintió que la mujer temblaba. Sonriendo con malicia, continuó dilatándola, empleando su lengua con ganas y sus dedos con suavidad.
—Ooooh… Taichi… —gimió esta—, no seas malo…
—¿Puedo? —preguntó el chico, apoyando su pene erecto en el culo de Toshiko.
—S-Sí… —respondió Toshiko, nerviosa, pero con ganas de sentirle.
Sus gemidos se ahogaron en el sexo de Yuuko, que jadeaba en voz alta por la lengua de su amiga. Pudo ver a su hijo penetrando en el interior de Toshiko, muy lentamente. Con calma, no había ninguna prisa. La mujer jadeaba al notarle en su interior, su pene se abría paso lentamente dentro de ella y eso le gustaba mucho. Gimoteó cuando sintió el cuerpo de Taichi contra ella. Se encontraba por completo de su interior. Y ahora se deslizaba cuan larga era su erección fuera y dentro una y otra y otra vez. Sin prisa, sin pausa, un ritmo calmado pero imparable. Sus fuertes manos sujetaban su cadera, y eso le gustaba mucho.
Logró hacer que Yuuko acabase, saboreando sus fluidos mientras Taichi continuaba dentro de ella, aumentando el ritmo de sus embestidas gradualmente hasta que supo que se estaba corriendo. En ese momento su cuerpo respondió con un buen orgasmo, perdida en el placer de aquella situación.
Se limpiaron a conciencia, pero fue una pérdida de tiempo, pues unos minutos después caían sobre la cama de Yuuko para continuar jugando. Taichi empezó a darle sexo oral a su madre, mientras ella estimulaba el sexo de Toshiko con la boca y ella se ocupaba de la erección de Taichi. El chico no sabía cuántas horas habrían pasado pero no le importaba. Estaba encantado y bendecía el momento en que sus planes se habían cancelado. Dejó que Yuuko culminase con sus fluídos en su boca mientras él mismo tenía su orgasmo por la boca de Toshiko. Esta fue la última en terminar, pero indudablemente satisfecha.
Los tres se unieron en un lascivo y sucio beso, con sus lenguas jugando y luchando por dominar a las demás, hasta que terminaron cayendo dormidos por el agotamiento.
El castaño tardó un poco en volver a despertarse. Abrió los ojos. Era Yuuko quien le había despertado, a base de estimular su pene con la mano. Toshiko seguía aún dormida.
—Deberíamos despertarla y cenar algo…
Taichi miró hacia la ventana. Efectivamente, ya era de noche.
—Deberíamos, sí…
—Oye, ¿a ti te gusta esto que hacemos?
—Claro que me gusta.
—Porque he pensado que… si puedes hacerlo con tu hermana sin culpa… también podrías hacerlo más veces conmigo. Toshiko tiene razón. Nuestros juegos están bien, pero… necesito un hombre —le susurró al oído.
El castaño asintió. ¿Cómo iba a negarse a hacerle ese favor?
¡Hola a todo el mundo! Esta semana me apetecía continuar esta historia con la parte 4 de 6 que la compondrán. Sí, el final se acerca, pero seguiré alternando los siguientes episodios con otros one-shots que me habéis pedido ;)
honter11: Bueno, hay gustos para todo ;) Y no, no he pensado entrar en otros fandoms. De hecho, al contrario, estoy ya planeando para cerrar el ciclo de los one-shots lemmon y dedicarme a otros proyectos.
MAZINGER-TAIORA: Sí, la verdad, Koushiro tiene pocas potenciales parejas en el grupo xD (también ocurre que hay muy pocas chicas en comparación). Y sí, la verdad, es terrible que todo se vuelva a desordenar en dos días. Por eso no ordeno xD Y aunque normalmente a Mimi me la imagino como alguien más activa, creo que también tiene un pequeño lado tierno con el que sabe tratar estas situaciones. Lo de la ropa ajustada... era demasiado típico XD Y bueno, creo que por fin queda claro qué era eso de que no solo "Taichi disfruta de esa libertad" ;) Resulta que las mamás también lo hacen :P
Con esto me despido hasta el próximo. Lemmon rules!
