Cualquier otra mañana de domingo Lexa Woodward probablemente seguiría durmiendo hasta tarde por dos principales motivos.

El primero de ellos porque al ser fin de semana habría terminado muy tarde en el Red Sky, y el segundo porque su turno en el Café Arkadia comenzaría a finales de la tarde y tendría pocas horas para recuperar algo de sueño, pero aquella mañana en lugar de eso, caminaba por la calle junto a Clarke Griffin bajo el caluroso sol de la mañana.

Ni siquiera estaba segura de porque había aceptado salir con ella, la cosa era que lo había hecho y ahora no quería tener que arrepentirse de ello.

Había tenido tiempo a darse una ducha y a ponerse algo de ropa limpia tras el desayuno, y poco más pues nada más salir de su habitación la rubia ya la estaba esperando en el salón dispuesta a salir con ella.

Ilian le había hecho un favor enorme al ofrecerse a buscar las cosas para la sobrina de Octavia y prepararlas para llevárselas. Le había enviado un mensaje para ver que tal habían pasado la noche Kaylee y ella pero Octavia no había respondido.

Por otro lado no sabía si llamar a Echo para ver como seguía tras lo ocurrido aquella noche y quizás lo hiciese más tarde, solo para asegurarse de no despertarla.

Apenas había tenido tiempo a asimilar una cosa cuando otra ya estaba en marcha, y aquello mantenía su mente saturada.

—Estás muy callada —se atrevió a decir Clarke mirándola mientras caminaban juntas por la acera dándose cuenta de que apenas habían cruzado palabras desde que salieron de casa—. Te recordaba algo más habladora, ya sabes —medio sonrió la rubia en tono cómplice—. Por lo de la otra noche.

Lexa que tenía la mirada puesta en los cristales de los coches aparcados que iban pasando, movió la cabeza al darse cuenta de que hablaba con ella y se sintió pillada en falta.

—Si, per... perdona, es que... —comenzó a disculparse ella no sabiendo bien que decir al respecto.

—Tranquila, lo decía en broma —le sonrió Clarke al ver cierto nerviosismo en ella—. Por lo que he oído, la de anoche no ha sido la noche de tu vida precisamente.

—No, la verdad es que no —murmuro Lexa bajando un poco la mirada mientras andaban abrazándose un poco a si misma.

—Octavia y tú parecéis estar muy unidas —comento Clarke sin dejar de sonreírle débilmente—. Tiene suerte de que te preocupes así por ella.

—Es mi mejor amiga —reconoció Lexa con aprecio en la voz—. Puede que todo se venga abajo una y otra vez pero nuestra amistad es la única constante verdadera que existe en nuestras vidas. Sé que pase lo que pase siempre voy a poder contar con ella, y ella conmigo.

Clarke que se la quedo viendo asintió un tanto admirada al oírla hablar así sobre su amistad con la otra morena.

—Vaya, eso es... ojala yo tuviese amigas que hablasen así de mi —sonriendo un poco al escucharla.

—¿Y no las tienes? —quiso saber Lexa mientras doblaban una esquina.

Clarke que puso una cara entrecerró los ojos haciendo una mueca.

—La verdad es que no. Nunca tengo demasiado tiempo de hacer amigos, no suelo permanecer mucho tiempo en un mismo sitio —admitió la rubia con sinceridad—. Aunque ahora que mi madre ha comprado el Arkadia creo que tendré que quedarme aquí, al menos por un tiempo.

—¿Dónde vivías antes?

—Viví durante un tiempo en una residencia de la universidad, pero terminaron expulsandome —confeso Clarke señalando una pizzería al final de la calle—. Es allí.

Lexa que conocía el sitio se relajo un poco al ver que el sitio al que se dirigían no era nada ostentoso, y miro de nuevo a la rubia al entender aquello último.

—¿Y por qué te expulsaron?

Clarke que sonrió al oírla agarró su mano para obligarla a cruzar la calle mirando a un lado y al otro que no pasaran coches.

—Puede que tenga algo que ver con el hecho de que no estudiase allí —confeso divertida ella.

Lexa que volvió la cabeza escuchando la inesperada respuesta abrió sus ojos, y escucho a Clarke dejar escapar una risita alcanzando la acera sin soltar su mano.

Al abrir la puerta de la pizzería la campanita del amplio pero acogedor lugar sonó. Era temprano pero ya algunas de las mesas estaban ocupadas con gente joven en su mayoría, y algunos padres separados cuya visita obligatoria en un lugar así les convertía en el favorito de su pequeño al menos por un día.

Clarke y Lexa se dirigieron a una de las mesas cerca de la cristalera principal y se sentaron allí tomando las cartas junto al servilletero, un chico no mayor que ellas con exceso de gomina en el pelo y pinta de Justin Bieber frustado no tardo en llegar a ellas para tomar nota con aire descarado y arrebatador.

Clarke ojeo la carta por encima y se fijo en como el chico clavaba sus ojos en el cuerpo de Lexa inevitablemente inclinándose ligeramente hacia delante cosa que Lexa noto pero ignoró dejando la carta sobre la mesa.

—¿Sabes ya lo que quieres, preciosa? —preguntó el chico con aire interesante sin dejar de sonreír.

Lexa que sonrió para si levantó la vista para clavar sus ojos directamente sobre los del chico con aire bastante intimidante.

—Si, si que sé lo que quiero "Micky" —fijándose en el nombre que portaba su plaquita dorada en el bolsillo de su camisa—. Para empezar que dejes de llamarme así.

La cara del chico cambió perdiendo la sonrisa, y Clarke que tampoco lo esperaba contuvo una pequeña sonrisa fingiendo ojear su carta por un instante disimuladamente.

—Y ya que estás aquí quiero dos raciones de patatas fritas, una pizza con extra de bacon, un trozo de pastel de chocolate de ese que tenéis ahí —señalando una de las tartas a lo lejos en el mostrador de los postres—. Y un refresco de cola de esos grandes con mucho hielo —sonrió Lexa viéndole apuntar lo más deprisa que podía antes de mirar a Clarke—. ¿Y tú que vas a tomar?

Clarke que se la quedo viendo al principio había pensado que estaba pidiendo por las dos pero se desconcertó al oírla teniendo que sonreír viendo la cara de circunstancias del chico.

—Si, lo... lo mismo para mi, gracias.

El chico que se había quedado con la cara a cuadros hizo por marcharse por un lado, y reculo nervioso dándose cuenta de que el mostrador estaba por el otro lado no acostumbrado a que las chicas no sucumbiesen a sus encantos.

Lexa que suspiro apoyó la espalda en la cristalera y subió el pie a la silla que estaba justo a su lado.

Clarke que se la quedo mirando junto sus manos sobre la carta y le sonrió.

—¿Qué? —preguntó de repente Lexa al ser consciente de aquella mirada.

—Nada, no he dicho nada —dijo Clarke sin dejar de mirarla y sonreír.

Lexa que observó a la gente en las otras mesas se dio cuenta de que seguía mirándola y volvió la cabeza para verla apoyada aún en el cristal.

—¿Sabes? —dijo de pronto Lexa de forma casual—. La gente que suele mirarme tanto tiempo, paga por ello.

—Que suerte la mía entonces —le sonrió Clarke poniendo carita de niña buena—. Puedo hacerlo gratis.

Lexa que bajo el pie al suelo al escucharla sintió curiosidad, y tras sentarse bien frente a ella se la quedo mirando.

—¿Cómo dices que nos conocimos?

Clarke que creyó que le vacilaba se lo explico como quien explica a una niña pequeña.

—Pues llegue al Arkadia hace cosa de dos días, mi madre os reunió a todos en la parte de atrás y me presentó, anunció que comenzaría a trabajar allí y le pidió a Murphy, uno de los chicos que me enseñase como iba todo.

A Lexa aquello comenzaba a sonarle, asintió y se relajo algo más cuando recordó aquello.

—Apenas coincidimos tres minutos —le aclaró Clarke viendo al chico llegar con una bandeja con el par de refrescos colocandolos en la mesa junto con las cuatro raciones de patatas.

Lexa que se fijo en como evitaba mirarlas, y no interrumpir la conversación centro su atención en la rubia frente a ella.

—Al acabar el turno, Murphy me comento que había una fiesta y me dijo que si me apetecía ir, que irían algunos del trabajo y aunque no estaba muy convencida finalmente fuí. Fue allí donde nos encontramos y...

Lexa que recordaba trazos de la noche asintió aún más llevándose la mano a la cara antes de coger el vaso, y llevárselo a los labios para beber largamente sedienta.

—Vale, ya... me voy acordando —abriendo ligeramente los ojos cuando recordó su encuentro sexual con ella en uno de los pasillos ruborizándose momentáneamente por el olvido—. Lo siento, había sido un día de mierda y yo iba demasiado puesta aquella noche como para recordarlo todo.

—Tranquila, no es que hablásemos mucho tampoco. La cosa es que te conté que no quería quedarme con mi madre y que había conseguido sacarle algo de pasta a cambio de que me quedase en la ciudad. Me dijiste que tenías una habitación libre que estabais alquilando y que el dinero os vendría bien y al final, te tome la palabra —sonrió Clarke cogiendo una de las patatas para llevarsela a la boca—. Lo que no me dijiste es que tu padre era un capullo de mierda que podía aparecer en cualquier momento para joderos la noche.

—¿Ah no? —contestó Lexa escuchando el timbre del pedido a lo lejos viendo coger al chico las pizzas ya preparadas en la barra de la cocina—. Que raro, lo primero que suelo soltarle a las tías que me tiro es eso.

Clarke que tuvo que poner una cara ante aquella nimia muestra de ironía termino sonriéndose.

—Vale, vale, lo pillo —dijo la rubia levantando las manos en señal de paz viendo a Lexa comenzar a devorar sus patatas con verdaderas ganas y al chico dejar las pizzas sobre la mesa—. Está bueno, ¿eh?

Lexa que bebió algo más del refresco paso de las patatas, y cogió una de las enormes porciones de pizza para llevársela a la boca saboreandola sin importar que estuviese caliente.

—Créeme, necesitaba algo así —dijo Lexa llevándose el dedo a la boca para limpiarse la comisura de los labios.

—Tú de celulitis no gastas, ¿no? —preguntó Clarke divertida comenzando a tomar un trozo de su pizza.

—Dímelo tú que ya me has visto —respondió Lexa sin dejar de comer consiguiendo que Clarke sonriese—. Además, la comida está para comerla.

—Cierto —contestó Clarke evidente dándose cuenta de que tenía toda la razón, murmurando casi para si pensando en voz alta—. Realmente está buenísima.

—Si que lo está —contestó Lexa mientras cogía varias patatas.

—No, no me refería a la comida —se sonrió Clarke para si quedandosela viendo largos instantes.

Lexa que levanto la vista al oírla se dio cuenta de que hablaba de ella, y termino sonriéndose débilmente sacudiendo la cabeza.

Aquella chica estaba resultando todo un descubrimiento para ella.

¿Quién sabe?...

Después de todo igual no tendría que arrepentirse de salir aquel día con ella.

Continuara...