Arco 1: Detective Hikigaya Hachiman
Capítulo 20 - Entre la culpa y la obsesión
El área subterránea de la sede del Departamento de Policía Metropolitana de Tokio tenía dos niveles. S1 era el nivel más alto, y contenía el campo de tipo, el gimnasio y las duchas. Era frecuentado por varios oficiales que querían practicar su puntería, hacer algo de ejercicio en el gimnasio, practicar algún deporte, o refrescarse luego de un largo turno. Siempre se veía a mucha gente por aquí a todas horas del día.
S2 era el fondo absoluto del edificio, y en comparación con el nivel superior, era un pueblo fantasma. Nadie bajaba allí. Y cuando alguien lo hacía, generalmente no significaba nada bueno. Lo llamábamos en broma "El Congelador" debido a las frías temperaturas que se mantenían allí por fines vitales. ¿Por qué?
Porque la morgue estaba allí abajo.
Habían pasado exactamente cinco días desde que el cadáver de Saito fue descubierto, y me informaron de que se le había realizado una autopsia. Shiba y yo nos dirigimos al lugar alrededor de las 3 de la tarde de hoy, y como era usual, no vimos una sola alma cuando salimos del ascensor.
S2 estaba levemente iluminado por unas pocas luces colgantes que iluminaban puntos circulares en el suelo por todo el pasillo, separadas las unas de las otras a una distancia considerable. Nuestros pasos resonaban de forma escalofriante, con el sonido rebotando en las paredes e induciendo un efecto desorientador para nuestros oídos.
Los monótonos pilares de concreto contrastaban fuertemente con la cristalina arquitectura que conformaba el espacio alrededor de nosotros. Había láminas de vidrio en lugar de paredes sólidas, lo que hacía que se pudiera ver el interior de cada cuarto. De casi cada cuarto, en realidad. Como resultaría obvio para cualquiera con un par de ojos, el área de almacenamiento de cuerpos se encontraba detrás de una puerta de acero de siete centímetros de espesor. Había hecho este viaje una buena cantidad de veces durante mi carrera temprana como detective, tantas como para desarrollar la memoria muscular para ir automáticamente a mi destino: el laboratorio forense situado en la parte posterior derecha.
Como cualquier otra sala, el laboratorio era una caja de cristal de tres lados, con los cimientos de concreto del sótano actuando como lado faltante. La única luz que había era la del observatorio médico que estaba suspendido sobre una mesa de plata, la cual tenía una lona blanca que cubría… algo. El laboratorio estaba impecable, no se veía una sola mota de polvo o suciedad en ningún lado, ni siquiera en el vidrio. Había un único hombre vistiendo una bata de laboratorio que se encontraba encorvado sobre el mostrador de granito negro, con un bolígrafo hexagonal de aluminio en la mano.
Me acerqué a la puerta y la golpeé dos veces con mis nudillos. El sonido atrajo la atención del hombre, cuyo cuello se dobló hacia arriba y sus ojos se entrecerraron para mirar mi rostro. Por un segundo sus mejillas se tensaron por la sorpresa antes de adoptar una expresión de molestia que apenas se molestó en ocultar. Caminó hacia nosotros, abriendo violentamente la puerta hacia adentro.
—¿Qué demonios? —gruñó, mirándome de arriba a abajo—. ¿No que eras alérgico a los cadáveres?
—Llámalo "terapia de exposición". O tal vez "gusto adquirido". —Una sonrisa jocosa surgió en mi rostro—. Incluso, podrías llamarlo "condicionamiento", si te va eso.
Tuvo el efecto deseado, la frente del hombre se arrugó en exasperada confusión.
—¿Terapia de-? ¿El Jefe te dejó bajar aquí? No puede ser. Imposible. Vomitaste a la primera bocanada de formaldehído.
Les presento al Doctor Nagai Shuuji, nuestro residente experto científico forense en el Departamento de Policía Metropolitana de Tokio. Nagai era un hombre que no tenía filtro, así que me resultaba fácil tratar con él. No tenía reparos en hacer saber a todo el mundo que amaba estar solo y que odiaba a cualquier cosa o persona que lo molestara.
Uno de los rumores que circulaban era que, de niño, le dijo a su madre que no quería tener que lidiar con gente en el trabajo cuando creciera. Su madre le informó que si quería evitar la interacción humana en su totalidad, sólo tenía dos opciones: trabajar con computadoras o con cadáveres. Supuestamente, el Nagai Shuuji de diez años le respondió: "No tengo que reiniciar cadáveres".
La leyenda también contaba que estaba casado, de alguna manera.
—Bueno, ya he bajado —le dije, metiendo mis manos en mis bolsillos, sabiendo muy bien que ésto lo molestaba—. Me rellené la nariz con pañuelitos y tengo un caramelo de limón Noble súper amargo en la boca. Así que a darle. [1]
—Eres un suicida.
—¿Qué dices? Si te encantaría ver mi cadáver metido aquí abajo.
—Es lo que espero y por lo que rezo todas las noches antes de dormir —resopló y puso los ojos en blanco.
—Extraña religión la que sigues. ¿Algún texto sagrado?
—Sí. "Auto-Eutanasia para Tontos". Es iluminador.
—Te tomaré la palabra.
Mi seca respuesta no le sentó bien—. Hmph… —Nagai resopló con impaciencia antes de apartarse y dejarnos pasar.
—Shiba, te creía más sensato —escuché a Nagai regañar a mi compañero luego de que yo pasara.
—Yo también —admitió Shiba cansadamente, causando que me riera en voz baja.
La luz de observatorio médico era un accesorio de luz cuadrada levantada en un brazo de metal, con un conjunto de LED's que producían una luz blanca brillante que iluminaba el cuerpo tapado de la mesa de examen. Mi nariz estaba tapada, y todo lo que podía saborear era un sabor extremadamente fuerte a limón ayudado con ácido cítrico para distraer mis papilas gustativas a base de pura fuerza bruta.
Me sentía entumecido, y no por el aire frío.
—Entonces... —comenzó Nagai mientras se colocaba sus guantes de examen púrpuras con una lentitud insoportable—. ¿El jefe quiere que te de lo que tengo? Supongo que se trata del último huésped que se registró en mi hotel.
¿Intentaba hacerse el gracioso? Esa fue una metáfora horrible.
—Así es, Nagai-sensei —dijo Shiba, una persona dictaminada por los cielos para hacer el papel de hombre serio en todas las circunstancias.
Nagai se rascó la cabeza y respiró profundamente—. Bien, acabemos con esto…
Tomó su portapapeles y comenzó a narrar.
—Para comenzar… —Sus ojos se entrecerraron detrás de sus lentes de lectura mientras su miraba se concentraba en una línea—… conseguir identificarlo fue un auténtico dolor de cabeza. Los registros no tenían nada de él; ni archivos de personas desaparecidas ni órdenes de alejamiento. En el caso de que fuera alguien de fuera de la ciudad, hicimos un esfuerzo extra para contactar a los departamentos de policía de todo el país. No conseguimos nada que coincidiera con nuestro amigo aquí. Del mismo modo, comparar su huella digital y su ADN con la base de datos internacional no nos llevó a ninguna parte, sólo a un montón de falsos positivos.
—"Tedio" es el nombre de ese juego en la policía —me encogí de hombros—, pero asumo que tendrás algo.
Nagai se aclaró la garganta—. Conseguimos identificarlo, pero el proceso fue un poco… al revés.
—¿A qué se refiere? —preguntó Shiba.
—Nuestro amigo aquí tenía una situación dental bastante "distinguida". Hay coronas en dos de sus segundos molares; los dientes 27 y 37, según la notación de la FDI [2]. El avance real fue identificar el material del que estaban hechas: nicromo. Este material fue descontinuado para uso dental en Japón hace dos décadas. Ahora sólo usamos polimetacrilato de metilo, ya que la resina se cura sola y el material es duradero.
Shiba intervino—. Si recuerdo bien, el segundo molar crece entre los 12 y los 13 años. Eso significa que tenía 30 años como mínimo.
—Exactamente. —Nagai asintió en señal de confirmación—. Además, ambas coronas tienen idéntica composición cristalina, lo que implicaría que proceden de la misma fuente. La teoría más plausible que se me ocurrió es que se le aplicaron ambas coronas al mismo tiempo, durante la misma operación. Así que revisé los reclamos de seguro dental de ese periodo, y era legal para los pacientes que tenían más de 11 años entonces, es decir, 35 años o menos ahora.
»No mucha gente tiene coronas hechas de nicromo; y todavía menos se las han aplicado en esos dos dientes; y aún menos gente se las ha aplicado ambas el mismo día. Redujimos la búsqueda todavía más al comprobar el tipo de sangre. El lote final de coincidencias fue comprobado manualmente. Nos llevó cuatro días, pero finalmente conseguimos una identificación. El nombre en su certificado de nacimiento era "Saitama Toshi".
Saitama Toshi.
SAItama TOshi.
SAITO.
Como era de esperase, aquél no era su verdadero nombre. Las mejores mentiras son las que tienen algo de verdad, después de todo. "Saito" probablemente había sido su apodo de niño. Era una práctica común entre los seres humanos. Los estudios mostraron que a la hora de crear nombres de usuarios para juegos o para servicios de correo electrónico, el 64% de la gente tiende a usar su sobrenombre de la infancia. Esto era algo todavía más común entre los criminales que tenían alias.
—Obviamente, es varón. 32 años de edad, mide 160 centímetros de alto, y pesa 61 kilos —Nagai me miró—. Su IMC está un poco alto, y estaba ganando gordura alrededor del torso. Por la composición del tejido adiposo, yo diría que comenzó a adquirir masa recientemente. ¿Qué piensas, detective?
—Alguien lo quería muerto… probablemente. —Me encogí de hombros de manera apática, pretendiendo no saber la verdad de las circunstancias de Saitama Toshi—. Mi suposición es que estaba comiendo por el estrés. Si estaba siempre huyendo, habrá comido grandes cantidades de comida con poca frecuencia. El cuerpo compensa.
—Las grandes mentes piensan igual —respondió el forense con el vigor de un muerto viviente—. Sus pulmones estaban bastante limpios también. Diría que dejó de fumar hace unos… ¿tres o cuatro años, tal vez? Hay un poco de residuos de alquitrán en su garganta, sin embargo.
—Fumaba de vez en cuando entonces. ¿Probablemente también ligado con el estés? —pregunté con una ceja enarcada, tragando el jugo de mi caramelo de limón.
—Correcto de nuevo, Hikigaya —frunció el ceño con una frustración apenas disimulada—. Está empezando a molestarme.
—Lo siento.
O mis stats de engaño natural estaban obscenamente altos, o el tiro de percepción de Nagai fue una mierda, porque este chequeo de engaño estaba siendo pan comido. [3]
—Como sea… la causa de muerte es obvia. —Nagai bajó su portapapeles y se movió hacia el cuerpo. Dobló cuidadosamente la manta, revelando la cabeza de Saito. La piel del narcotraficante fallecido estaba muy pálida, y sus ojos muy cerrados. Cualquiera pensaría que estaba dormido.
Que lo estaba, técnicamente. Sólo que de forma permanente.
Nagai se inclinó y apuntó al orificio en su cabeza—. Como pueden ver, nuestro amigo aquí fue perforado en el lado del cráneo, justo a través de ambos temporales. La bala fue una auténtica cabrona. Fue y destrozó el esfenoide y el vómer, de pasada, sólo por ser una desgraciada. La víctima no debió sentir nada. Muerte instantánea.
Me encantaba cómo hablaba de las balas como si tuvieran mente propia. Como si esos pequeños trozos de metal y pólvora hicieran maquinaciones mientras se frotaban las manos con un regocijo caricaturesco.
Todo el mundo necesita hobbies, supongo.
—¿El culpable? Una bala de 9 milímetros. Parabellum —dijo Nagai con confianza mientras volvía a cubrir el cadáver de Saito—. Encontramos el penetrador de acero dentro de una casa en la cuadra. La familia estaba histérica. Aparentemente la bala rompió una lámpara suya y se metió en su armario luego de destrozar un abrigo de piel. Tardamos una eternidad en encontrarla.
—Debió ser una linda lámpara —reflexioné desinteresado—. ¿Alguna suposición sobre el arma?
—Por supuesto, ¿quién te crees que soy? —se mofó Nagai, mientras se acercaba al monitor que estaba sobre el mostrador y movía el ratón para despertarlo. Luego de unos cuantos clics, aparecieron una serie de imágenes—. El clásico caso de una Type 54. El análisis balístico de la bala y la herida coincide perfectamente con los registros. Lo de siempre.
Una Type 54. La pistola china que ahora mismo prevalecía en todos los lugares del sudeste asiático. Era una mejora en diseño de la vieja Type 51, la cual a su vez era una copia de la TT-33, la pistola de servicio soviética. Creada luego de la Guerra de Corea, la Type 54 fue distribuida por China a Vietnam del Norte durante su propia guerra. Luego de eso, fue historia. Armas sin registro que pudieran aceptar fácilmente una ronda ubicua eran muy deseables para los criminales. Un número considerable de ellas halló su camino hacia Japón, para ser usadas por nuestra propia Yakuza.
También era el arma que usaba Ouma.
—¿Algo más que pudiste averiguar?
—No mucho. La distancia del tirador fue de por lo menos dos metros, tres como mucho. Lo suficientemente cerca como para ser detectado, pero también lo suficiente para asegurar su muerte. Por la capa que cubre sus dientes y el material en su lengua, estaba fumando cuando murió.
—¿Qué hay de la escena del crimen?
—Un barrio de los suburbios, frente a una tienda donde acababa de comprar una botella de té oolong, según los testigos.
El escenario comenzaba a formarse en mi cabeza. Tan pronto como se hizo tangible para mi mente, supe cuál sería mi siguiente paso.
—Bueno, eso es todo lo que tengo. —Nagai se quitó los guantes antes de tirarlos a la basura—. La razón de la muerte, análisis, opinión profesional, bla, bla, bla. Ahora, averiguar el motivo y encontrar al asesino o lo que sea, es tu problema.
—Espera —dije rápidamente, atrayendo una mirada curiosa por parte de Nagai—. ¿Me puedes dar el reporte de la autopsia?
—¿Qué? —gruñó Nagai, dirigiéndome una mirada furiosa—. ¿Finalmente acabaste de volverte loco? Ni siquiera lo he terminado. Además, Hikigaya, tú no eres ningún novato. Sabes que no tengo permitido hacer eso.
Me esperaba esto, pero tenía una carta de triunfo preparada—. ¿Y si hacemos un trato?
—No —resopló y de dio la vuelta.
—Es sobre tu esposa.
Eso llamó su atención. Nagai se giró rápidamente para mírame con los ojos muy abiertos—… ¿qué?
—Sé algo sobre tu esposa.
—¡¿Qué es lo que sabes?! —exclamó el científico, acercándose a mí.
Apenas me sorprendía.
—Hagamos un trato entonces.
—… continúa…
—Dame el reporte, y te diré si tu esposa te está engañando o no.
—¿La viste?
—Hace unas horas. Probablemente vino a dejarte el almuerzo, ¿no?
Los ojos de Nagai se abultaron—. C-cómo…
—Quizá debas intentar salir un poco más. Puedo leer tu cara como si fuera el periódico de la mañana. —No necesitaba decirle que su lenguaje corporal lo hacía incluso más fácil; más que un periódico parecía un libro ilustrado para niños.
Nagai cerró los ojos y se llevó unos dedos a la sien, pensativo.
—Está bien —suspiró Nagai—. Si eres tú, Hikigaya, probablemente tengas razón.
Le tomó diez minutos a Nagai imprimirme el reporte sin completar. Me entregó el paquete con una expresión fría como una piedra. Recibí los papeles sin dudarlo.
—¿Y… ? —preguntó Nagai, conteniendo el aliento.
Dejé escapar un fuerte suspiro antes de responder—. Deja de ser tan paranoico. La diferencia de edad no significa nada para ella. Sólo quiere verte más, pero tu trasero se queda aquí abajo todo el rato, meditando. Ve a casa más temprano desde ahora. Come más en la mesa. Deja de comportarte como un bebé.
—Qué-
Giré sobre mi talón y me marché rápidamente, sin captar el resto de palabras de Nagai. Shiba me persiguió, llamándome apresuradamente, pero no le presté atención. Mi cerebro estaba agitado con un extraño tipo de indignación.
Realmente me sacaba de mis casillas el ver a la gente desperdiciando la felicidad sin pensarlo dos veces. Sentimientos pisoteados e ideales marchitados; ambos el estatus quo de los seres humanos. Las personas en verdad son seres terribles.
Tal vez Nagai tenía razón, trabajar con cadáveres era probablemente la mejor cosa del mundo.
Había anochecido, y el aire de finales de Agosto comenzaba a enfriarse con la llegada del otoño. Esto hizo que el jersey marrón que llevaba puesto fuera más que apropiado, y me di una palmadita mental en la espalda por la previsión involuntaria.
Había dejado mi auto en el estacionamiento que estaba entre la tienda y la calle. Todo estaba quieto, incluso las cigarras. El descenso de la temperatura debido al cambio de estación era posiblemente el culpable de la desaparición de aquel zumbido característico.
Las puertas automáticas se abrieron para dejarme entrar en la tienda. Rápidamente me dirigí a la pared de refrigeradores que estaba en la parte de atrás y tomé una botella de medio litro de té oolong. Mi mente quedó momentáneamente fascinada por la condensación formada en el cristal cuando abrí la puerta del refrigerador. En un impulso, dibujé una carita feliz con mi dedo índice. Las dos líneas verticales y el arco ascendente debajo de ellas me sonreían, y mis labios le sonrieron de vuelta.
Tenía que seguir diciéndome eso: aunque las cosas estuvieran difíciles ahora, iban a mejorar.
El mostrador de comida caliente estaba de camino a la caja registradora, y noté un solitario onigiri. El sentimiento de empatía resonó dentro de mí y lo saqué del estante para luego dirigirme a hacer mi compra. Cuando el cajero me dijo el total, saqué mi billetera. En el pasado, a menudo la tenía llena de dinero en efectivo y varias tarjetas de crédito. ¿Ahora? Sólo llevaba conmigo unos 20.000 yenes como mucho. El resto estaba guardado en el juego de herramientas de emergencia para neumáticos pinchados que estaba bajo la alfombra del maletero de mi auto.
Brillante, lo sé.
Pagué con un billete y rechacé las monedas de cambio que el cajero intentó darme. Caminar por ahí con monedas tintineando en mis bolsillos no iba a atraer mucha atención, pero no podía soportar la idea de hacer algo más para que mi presencia destacase. Le di un mordisco a mi onigiri. Mi suerte era usualmente terrible, y esta vez no fue la excepción. La pasta picante con sabor a pescado no estaba concentrada en la parte de en medio, sino en un rincón. El mismo rincón que acababa de morder.
Un abrumador sabor de sal y especias ardientes desgarró mi lengua y mi nariz, los pocos pedazos de arroz que lograron llegar a mi boca hicieron poco para diluirlo. Mi visión se aguó y parpadeé unas cuantas veces para librarme de las lágrimas. Devoré el resto del bocadillo, sabiendo que el sabor no podía llegar a ser más fuerte dado que el cerebro sólo podía detectar una cierta cantidad de sabor. Todo lo que sobrepasaba ese umbral no se traducía en sensación.
Abrí la tapa de mi bebida para disfrutar del sabor refrescante. Ah, los placeres simples de la vida.
La puerta sonó y un grupo de adolescentes entró, chismorreando con voces fuertes y risas desagradables. Sacudí mi cabeza y decidí concentrarme en mi té oolong mientras observaba el pequeño televisor CRT que estaba puesto sobre el estante de libros. El canal estaba emitiendo una serie que se me hacía familiar, ya que todas las revistas no dejaban de hablar sobre ella (había estado leyendo un montón de esas últimamente). La trama no era nada del otro mundo, pero los actores eran famosos y sus interpretaciones convincentes. Antes de darme cuenta, me quedé viendo todo el episodio sin notar cómo había pasado el tiempo.
Al levantar la botella y sentir una simple gota de té golpeando mi lengua me hizo darme cuenta de que estaba vacía. Una señal de que debía marcharme, quizá.
Tiré la botella de plástico en un contenedor de reciclaje mientras salía, esperando que los dioses me dieran algo de buen karma por ayudar a la Madre Tierra. Luego de intercambiar asentimientos con el cajero, éste se despidió de mí con una reverencia cortés.
—¡Gracias! ¡Por favor, vuelva pronto!
Las puertas volvieron a sonar mientras yo salía al aire frío, del cual mi grueso jersey marrón nuevamente me protegió. Una brisa pasó y sacudió los árboles, haciendo que las ramas traquetearan y sonaran como una tormenta. Una mano se dirigió a mi bolsillo y sacó una caja de cigarrillos y un encendedor. Agité la caja de manera vertical, para hacer salir un único cigarrillo y sostenerlo entre mis dientes. Creí haber dejado este hábito hace unos años, ya que tendía a alejar a las mujeres. Superficial, lo sé, pero funcionaba y era saludable.
Pero cuando las cosas se pusieron difíciles (y joder, sí que estaban difíciles ahora mismo), la sensación de fumar un cigarrillo calmaba mis nervios. Cubrí el extremo superior del palillo del cáncer y prendí mi encendedor. Una pequeña llama salió, encendiendo el cigarrillo suavemente al primer intento.
Un buen augurio. Gracias, espíritus divinos de los cielos, reciclaré más seguido.
Un aliento cansado se escapó de entre mis labios, la acción viéndose acentuada por el humo blanco de olor acre que se elevó por mi boca y mi nariz. Miré hacia abajo, tomándome el tiempo de apreciar cómo las luces que salían de las grandes ventanas de la tienda iluminaban la acera de manera etérea. Sin embargo, aquel sentimiento se convirtió en confusión mientras el mundo entero se estremecía. De pronto, el suelo de concreto volaba hacia mí.
Oh, no. Estoy cayendo.
Justo cuando mi cara estaba a punto de impactar contra la acera, oí un fuerte estallido que resonó por toda la tranquila calle.
Aquí viene la acera.
Mi nariz tocó primero, y oí un crujido enfermizo antes de que todo se volviera negro.
Así. Así es como me imaginé que debieron ser los últimos momentos de Saitama Toshi.
Abrí mis ojos y me encontré con los rayos del sol entrando por mi ventana, perturbando mi sueño. Había olvidado cerrar las persianas anoche, y tampoco me había molestado en quitarme mi ropa de trabajo antes de irme a dormir. Extendí mi mano y busqué a tientas, hasta que ciegamente un dedo hizo contacto con mi teléfono.
Incluso a la luz del día, el fuerte brillo de la pantalla retroiluminada me hizo estremecer. Eran las 8:02 de la mañana. Iba a llegar tarde al trabajo.
La cama crujió mientras me sentaba, balanceando mis piernas hacia el lado. Me sentía húmedo y tenía una capa de sudor frío cubriendo mi frente. En el suelo, cerca de mis pies, estaban los restos del reporte de la autopsia que Nagai me había entregado tras una negociación. Podía recordar cada frase, palabra por palabra. Quién sabe cuántas horas había pasado sin dormir, observando la tinta hasta que se me grabara todo en la cabeza.
—¿Por fin te despertaste? —se escuchó una voz masculina familiar delante de mí.
Miré hacia arriba, viendo un rostro también familiar. Lucía decididamente japonés, sin ningún aspecto distintivo salvo una expresión atolondrada. Llevaba un jersey marrón en la parte superior del cuerpo, y unos jeans negros cubriendo la parte inferior. Su piel era de un pálido abigarrado, con el mismo tono verde que la leche podrida. La sangre corría de ambos lados del agujero que le atravesaba la cabeza.
—¿Viste suficiente, amigo? —Saito me dedicó una leve sonrisa—. Estuviste despierto toda la noche memorizando esa mierda.
—No… —negué con respiración temblorosa, sacudiendo al cabeza de lado a lado—. No. No. No. No.
—… —Saito no dijo nada, sólo mantuvo esa misma sonrisa, como si fuera un maniquí. Una gota de sangre cayó del lóbulo de su oreja, pero el sonido de la sangre golpeando el suelo de madera nunca llegó.
—No tengo suficiente —admití, poniendo mi cabeza sobre mis manos. Mis dedos corrieron por mi pelo, tirando dolorosamente de ellos hasta las raíces. Era lo único que me proporcionaba alivio para el dolor de cabeza que se avecinaba. Había un torrente de sangre corriendo por mis oídos, ahogando esta realidad a través de un opresivo ruido blanco.
Saito, una vez más, no tenía nada que aportar.
—Nunca es suficiente. —Me las arreglé para finalmente dejar salir un sonido ahogado. Mi garganta estaba ronca, como si no la hubiera utilizado en años—. No hay imagen. No hay sonido. No hay pensamiento. —Mi cerebro era incapaz de formar frases coherentes, mientras el mundo brillaba ante mis ojos como una escena onírica.
Saito rompió su silencio con una risa áspera que hizo poco para aliviar los latidos de mi cabeza. La presión no había dejado de aumentar desde el momento en que recobré la consciencia, y ahora mi cráneo se sentía como un globo a punto de estallar.
La risa del hombre se convirtió en una carcajada maniática que me ralló el alma—. ¿Sí? Pues bien. ¡Nos vemos en el otro lado, entonces! Te mandaré una postal para que sepas qué tan calientes están los fuegos allí.
—Claro.
—Siempre que no te olvides de mí.
—Nunca.
De repente sonó el timbre de la puerta. Mi espina dorsal se endureció y mi cuerpo se congeló ahí donde estaba. El timbre sonó otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Quien fuera que estuviera en la puerta debió perder la paciencia porque ahora se escuchaban unos golpes apresurados. Me cubrí la cara con las manos y las deslicé lentamente hacia abajo antes de mirar la silla vacía que tenía delante. Inhalando profundamente, intenté de dar algo de vida a mis miembros petrificados. Caminé por el pasillo de forma inestable, teniendo que usar la pared para apoyarme mientras me acercaba a la puerta principal. Detrás de ella, con los ojos muy abiertos, se encontraba un hiperventilado Shiba.
—¡¿Senpai?!
—… ¿Shiba…?
—¡¿Dónde estabas?! —exclamó—. ¡Te llamé por lo menos cinco veces en la última hora!
—… ¿qué? —Miré el teléfono en mi mano. Eran las 10:37 de la mañana, y tenía varias llamadas perdidas—. Mierda.
—¡No importa! —Sus ojos estaban emocionados, pero de una manera inestable—. ¡Tenemos que irnos! ¡Tenemos una pista sobre Aoi!
—… dame unos minutos.
Mientras estaba dormido, habían sucedido algunas cosas extrañas en el cuartel general. La manera en que Shiba me relató los eventos lo hizo sonar como algo salido de un exagerado drama criminal.
Un extraño paquete había sido enviado al edificio del Departamento de Policía durante la primera oleada de correo matutino. Era una caja marrón pequeña sin nada especial que no tenía un destinatario en específico, sino que estaba dirigida al Departamento en su totalidad. Todo el escenario habría hecho sonar las alarmas para cualquier policía con dos dedos de frente, pero con el ataque terrorista a la embajada filipina de hace unas semanas todavía fresco en las mentes de todos, muchos pensaron (y con razón) que se trataba de una bomba.
Sin embargo, la caja era extremadamente ligera y los rayos X mostraron que sólo había un objeto dentro de la caja. Era una cosa rectangular, pequeña y delgada, con sólo unos cuantos centímetros de largo y de ancho. Se arriesgaron a abrir el paquete. Al abrirlo, encontraron un smartphone. No había ningún bloqueo con huellas digitales o con contraseña. De hecho, el teléfono no tenía protección alguna ("Esta mierda parece sacada de una película de terror", había comentado un oficial subalterno con una risa nerviosa).
La presencia del aparato era inexplicable, y comenzaron a volar las teorías acerca del propósito del misterioso paquete. Algunos le restaron importancia, diciendo que era una especie de broma. Otros bromearon de que en efecto era una bomba, pero que el tipo que envió el paquete dejó caer por accidente su teléfono en la caja en vez de la bomba, y que pronto oiríamos una explosión en algún lugar. Sin embargo, la verdadera razón por la que un teléfono desbloqueado había sido enviado a la policía se reveló tres horas después del susodicho envío, cuando al dispositivo en cuestión le llegó un mensaje de texto diciendo: "Aoi Kaito puede ser encontrado en esta dirección: …. ". Se adjuntaba una dirección en Minato.
Para ese punto, Shiba ya se había dado cuenta de que yo no estaba en la oficina y me esperó diligentemente mientras el resto del departamento se movilizaba hacia la dirección entregada de manera tan indirecta. Comenzó a preocuparse cuando media hora se convirtió en una hora. La preocupación se transformó en temor cuando pasó media hora más. Eso, junto al hecho de que me había llamado varias veces para no recibir respuesta, hizo que Shiba asumiera lo peor.
La mamá definitiva, sin duda.
Nos subimos al auto de Shiba y nos fuimos a Minato para reunirnos con el resto. La dirección en cuestión conducía a un edificio de apartamentos danchi que se encontraba entre un grupo de residencias similares en la zona. Una cohorte entera de patrullas de policía, una ambulancia, y algunos vehículos particulares se alineaban a lo largo de la calle. Una cinta de precaución rodeaba al edificio mientras conos de tráfico cerraban ambos lados de la calle. Los oficiales habían pedido a los residentes que se quedaran dentro de sus casas mientras la investigación estaba en curso, pero por supuesto, esto fue ignorado, y una multitud de personas estaba conglomerada detrás de las barreras mientras murmuraban con curiosidad.
El mensaje de texto también incluía un número de apartamento, específicamente el primero del lado oeste del segundo piso. Era una escena bulliciosa, con investigadores y otros oficiales entrando y saliendo por la singular puerta que estaba entreabierta.
Al entrar, me encontré con una escena bastante rara. Semanas de lecturas de expedientes e informes me habían familiarizado con la apariencia de Aoi, así que lo reconocí al instante… o más bien, reconocí al instante su cadáver. Estaba tendido en el sueño con los brazos cruzados sobre su pecho y las piernas estiradas ligeramente en cada dirección. Cómodo, como si simplemente hubiera decidido echarse una siesta sobre el tatami.
—Ah, genial —murmuré, agachándome junto al hombre que se suponía iba a ser nuestra pista—. Ahí va nuestro plan.
—Hikigaya, qué agradable verte aquí —me saludó Hiura mientras se aparecía por la entrada detrás de mí, vistiendo una corta-vientos azul marino de la policía sobre su camisa. Su pelo mojado estaba peinado hacia atrás, dándome la impresión de que probablemente estaba saliendo de la ducha cuando recibió la noticia—. Veo que Shiba consiguió encontrarte.
—Ojalá no lo hubiera hecho —suspiré, haciendo que Shiba frunciera el ceño—. Hola, Hiura. ¿Qué estás haciendo en esta hermosa tarde?
—Oh, ya sabes. Lo de siempre —Hiura meditó cansadamente, con sus ojos siguiendo a los investigadores y escribas mientras recogían evidencias en forma de fotos y descripciones para ser colocadas en informes—. Tratando de averiguar en qué momento de mi vida me salí del buen camino. Papá quería que fuera asistente legal. Le dije que era aburrido, y ahora empiezo a pensar que este trabajo puede ser quizá demasiado emocionante.
—¿No te ofreciste como voluntario para ser transferido al caso de narcotráfico, Hiura-san? —preguntó Shiba, desconcertado.
Hiura gruñó—. Así es. No tenía suficientes horas acumuladas para irme de vacaciones, así que después de que se incendiara la lavandería le pedí al Jefe que me asignara a este caso, viendo que estaba activo y todo eso. Además, estaban ustedes dos también, así que pensé que no podía ser tan malo.
—Me subestimas, detective. —Le sonreí de forma burlona—. Nací bajo la más desafortunada de las estrellas.
—Estoy seguro de que ese ese el caso para la mayoría de nosotros en esta línea de trabajo. Aunque a algunos les toca más de lo que les corresponde —concordó Hiura mientras movía sus hombros, sufriendo una rigidez común que todos sentíamos al estar sentados en una silla encorvados sobre un escritorio todo el día.
—Sucinto e ingenioso. Eres un poeta absoluto, Hiura.
—Hago lo que puedo. Cuando la vida te da limones, haces limonada, ¿no?
—Un adagio de palabras preciosas. Solucióname esto entonces: ¿qué hago cuando la vida deja en mi puerta un limón particularmente grande y carnoso que huele a carroña?
—Buena pregunta. Bueno, primero tendrías que averiguar cómo esa maldita cosa acabó en tu puerta para empezar. Como sea, a éste lo encontramos así. Una jeringa en una mano, y marcas de pinchazos en su antebrazo izquierdo. Enviamos la jeringa para que la analizaran, pero estamos seguros de que es heroína.
—¿Sobredosis? Auch —respondí mientras me arrodillaba ante Aoi. Llevaba puesta una impecable camisa de un sólido color azul oscuro, obviamente hecha de un material caro. Las mangas estaban arremangadas hasta los codos, dejando ver unos brazos delgados y gruesas venas. Los pantalones era color beige, y tenían pliegues perfectos a lo largo de su longitud. Su pelo era de un marrón claro, peinado hacia un lado—. No tengo idea de lo que estoy mirando.
—Por el tinte azul de su piel podemos asumir que hubo hipoxia —dijo Hiura.
—¿Es algo que la heroína haría? —pregunté.
—La heroína es un diacetato de morfina, un opiáceo, Senpai —me informó Shiba—. Los opiáceos son una clase de grupo activo que se unen a los receptores inhibidores de la proteína G, o "receptores de opiáceos". Controlan el sistema nervioso central y periférico, así como el tracto gastrointestinal. La muerte por sobredosis incluye la presentación clínica de accidente cerebrovascular, paro cardíaco, arritmia o hipotensión. Sin embargo, la causa de muerte más común es que… las víctimas tienden a olvidarse de respirar.
—Oh. —El meme infantil "You are now breathing manually" (Ahora estás respirando manualmente) era en realidad un procedimiento anti-sobredosis de heroína, quién lo diría—. ¿Tenemos una estimación de la hora de la muerte?
—Hace unas horas, según uno de los forenses. Entre las 7 y las 9 de la mañana.
Levanté una ceja y me giré para mirar a mi compañero—. ¿Shiba?
Shiba suspiró mientras se masajeaba la nuca—... El paquete llegó a la comisaría durante la primera tanda de correos. Asumiendo que lo dejó en la oficina de correos principal de Tokio, debió haberlo hecho antes del cierre a las 7 de la mañana. El mensaje de texto llegó cerca de las 8:50 AM.
—… cielos… —respiró Hiura, frotándose los ojos.
—Curioso, ¿no? —reflexioné en voz alta, empatizando con mi compañero policía—. Seré un detective joven, sin experiencia y todo eso, pero estoy seguro de que los muertos no tienen la destreza en sus dedos como para escribir.
—Se pone más extraño, me temo. —Hiura hurgó en su bolsillo antes de entregarme un papel doblado en forma de cuadrado—. Me pasé la mayor parte de la mañana revisando las cámaras de seguridad de la oficina de correos, y conseguí esto.
Abrí el papel y suavicé las arrugas. Era una foto isométrica en blanco y negro de lo que parecía ser la oficina de correos. Podía ver las siluetas de la cuerda de la fila de espera y el mostrador en la parte de en frente. Una figura sombreada se encontraba parada allí, congelada en la imagen mientras hablaba con un trabajador del mostrador con una caja en la mano. Mis ojos se dirigieron a la hora escrita en la parte inferior derecha del papel.
—Alguien fue y entregó algo a las 6:30 de la mañana… ¿este es Aoi? —le pregunté a Hiura.
—Bingo.
Exhalé y doblé la imagen una vez más antes de devolvérsela a Hiura—. Entonces, la línea de tiempo que tenemos por ahora es que Aoi entregó un paquete a la oficina de correos a las 6:30 AM. El paquete llegó a la comisaría alrededor de las 8:10 AM, y Aoi murió en algún momento antes que eso. Finalmente, recibimos un mensaje de texto a las 8:50 AM diciéndonos donde se podía encontrar el cuerpo de Aoi… vaya lío…
—¿Y si es una distracción? ¿Y si alguien quería que encontráramos el cuerpo de Aoi para distraer la atención de la policía? —sugirió Shiba.
—Hay una cosa más que quiero mostrarles. —Hiura hizo un gesto inclinando la cabeza en dirección de una de las habitaciones del pasillo. Lo seguimos y llegamos a una pequeña habitación con una única ventana que iluminaba las paredes pintadas de blanco. Había un futón arrugado en el suelo, como si alguien hubiera dormido allí hace sólo unos momentos. Un escritorio de madera estaba contra la pared, y sobre él…
—Esto tiene que ser una broma…
Unos caracteres escritos de manera ominosa con carbón formaban una frase en la pared. La espeluznante pulcritud de los trazos junto a la espeluznante forma de las líneas manchadas creaba una escena escalofriante, en especial considerando que teníamos un cadáver justo al final del pasillo.
—¿Qué es esto? ¿Fatal Frame? —resoplé. [3]
Una serie de complicados kanjis adornaban las paredes formando la oración:
" 建築中の聖域について、次のようにソロモンに語りました。わたしが言うとおりにし、わたしの命令を忠実に守るなら、あなたの父ダビデに約束したことを実行しよう。"
—"Y la palabra llegó a Salomón diciendo: En cuanto a este templo que estás edificando, si tú andas en mis estatutos, cumples mis ordenanzas y guardas todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré mi palabra contigo, la cual hablé a David tu padre" —leyó Shiba, en voz alta y lenta—. Espera, ¿Salomón y David? ¿No son esos nombres de la Biblia cristiana?
—Correcto —confirmó Hiura—. Específicamente, son del Antiguo Testamento, hicimos una referencia cruzada con las líneas y son de…
—El primer libro de Reyes —dije por instinto, interrumpiendo al detective mayor—. Capítulo 6, versículos 11 y 12.
—…
—…
El silencio que irrumpió en la habitación me hizo mirar a los otros dos. Hiura me miraba de forma extraña mientras que la boca de Shiba estaba abierta.
—Oh, sí, lo siento —me disculpé—. Estaba citando la Nueva Versión Internacional. Error mío.
—Senpai… —dijo Shiba, pasmado—. ¿Eres cristiano?
—Nah. Cuando tienes un solo libro para leer durante un año, las cosas tienden a quedarse grabadas.
Hiura dejó salir una pequeña risa mientras sacudía la cabeza—. Hikigaya se está convirtiendo en un hombre santo.
Me reí también y me acerqué más a la pared para volver a leer con cuidado el pasaje. Lo comparé mentalmente con la versión de la Biblia inglesa que había memorizado en Sri Lanka, traduciéndola sobre la marcha—. Si acaso, mi creencia en las deidades ha empeorado. Además, Aoi ha hecho algunas omisiones y cambios algo extraños.
—¿A qué te refieres? —preguntó Hiura.
—Para empezar, no se ha dado una identidad explícita del orador. El orador de esta línea es originalmente "SEÑOR" o "Dios". Pero por la forma en que está escrita la oración, implica que el orador es el mismo escritor.
—El cual sería Aoi… —razonó Shiba, con su voz volviéndose más débil mientras contemplaba—. Espera, ¿estás diciendo que Aoi nos está hablando como Dios?
Incliné mi cabeza de lado a lado—. Quizá… puede que lo esté pensando de más. Su elección de kanji también destaca. El kanji para "templo" que normalmente usamos en este contexto es "神殿" (shinden). Pero aquí usó "聖域" (seiiki). Normalmente esto no se lee como "templo", sino como forma de describir algún lugar sagrado, un área santa limitada a unos pocos, como un "jardín" o… un "santuario"…
Me mordí la lengua. Algo estaba a punto de encajar. Podía sentirlo. Había una conexión que mi cerebro estaba tratando de hacer. Piensa, Hachiman. ¡Piensa!
—Si este es Aoi hablándonos como el "SEÑOR", entonces esto parece más una orden que una nota de suicidio —Hiura repitió mis conclusiones arrugando la frente—. Pero si ese es el caso, ¿qué querrá decir con "cumpliré"?
—"Cumpliré"… —repetí suavemente en voz baja, sintiendo cómo el aire pasaba entre mis dientes.
Aoi nos estaba hablando como "el SEÑOR". Sin embargo, mantuvo los nombres de Salomón y David, los dos reyes de la antigua Israel. ¿Por qué no los reemplazó como lo hizo con la identidad anterior? El principio de parsimonia afirmaba que la solución más simple tendía a ser la mejor. Apliquemos eso aquí: ¿cuál habrá sido la razón más obvia para que Aoi dejara esos dos nombres explícitos?
—Está tratando de comunicarse con alguien o algo a quien considera Salomón y David —anuncié mientras miraba a mis colegas, los cuales parecieron deducir algo parecido por las serias miradas que tenían sus rostros.
—Salomón fue el hijo de David —dijo Hiura—. ¿Hay algún tipo de relación entre los hipotéticos objetivos del mensaje?
—Salomón fue conocido como el hombre más sabio del mundo. Había pedido información a Dios —añadió Shiba—. Podría tratarse de un profesor o mentor de algún tipo. ¿Quizá un profesor de la escuela de Aoi? ¿O tal vez su propio padre?
—Si ese es el caso, ¿para qué molestarse en contactar primero a la policía? —pregunté, causando que los otros dos se quedaran en silencio mientras se rompían la cabeza para encontrar una teoría que cubriera todas las bases. Esta parte del trabajo era al mismo tiempo la más estresante y la más interesante. Con pistas limitadas, teníamos que llegar a una hipótesis plausible que nos sirviera para encontrar más pistas. Era parte de inferencias, parte de suerte, y parte de instinto. A diferencia de Salomón, no podíamos simplemente pedir conocimiento a un poder superior.
Vaya pensamiento más gracioso, detectives pidiéndole ayuda a un poder superior. Eso haría las cosas mucho más fáciles…
Espera.
—Salomón no es una sola persona —dije de repente—. Aoi está tratando de informar a un grupo de personas que buscan conocimiento. "Salomón" es "nosotros".
—¿Nosotros? —repitió Shiba, confundido.
—"Nosotros" como detectives. ¿No somos técnicamente buscadores de conocimiento? Nuestro trabajo es reunir información de tantas fuentes como sea posible, y en muchos casos terminamos pidiendo a otros esa sabiduría. ¿Por qué contactaría Aoi con el departamento de policía primero? ¿Y de manera tan indirecta? Quería que fuéramos los primeros en recibir el mensaje, quería que supiéramos que tenía algo para decirnos.
—¿Cuál fue la intención? ¿Y para qué cometer suicidio? Pudo haber venido a la policía con información y pedir protección —cuestionó Hiura, y no le faltaba razón. Ese sería el curso de acción lógico.
Mi mente regresó a la semana anterior, a mi encuentro final con Saito. Saito estaba en una situación similar, y aún así no pudo ir directamente con la policía, estaba siendo perseguido por… Sanctum.
¿Y qué significaba "Sanctum" en primer lugar?
"Santuario".
聖域
—Aoi temía no llegar con nosotros a tiempo —expliqué, cerrando los ojos e imaginando el proceso de pensamiento que debió tener el estudiante de medicina—. Quería hacernos llegar el mensaje sin que nadie supiera que se estaba comunicando con la policía.
—… el suicido era una manera de asegurarse de que la verdad de lo que hizo no le fuera extraída —añadió Shiba con un tono pesado—. Esto sólo puede significar que tenía información sobre el narcotráfico, la trata de personas, y de Ouma. Temía represalias, como Fujiwara.
—Eso tiene sentido —concordó Hiura, masajeando su codo—. Podemos asumir que con "cumpliré" se refería a entregarnos la información acerca de eso. No. En realidad, sería más realista asumir que sabía sobre algo que conectaba a las tres. Pero, ¿cómo?
¿Cómo, en efecto?
Dios le dio a Salomón el conocimiento hablándole directamente a través de la mente. Una forma personal de comunicación. Despejé mi mente y reuní las pistas que teníamos hasta ahora: Sanctum estaba involucrado; forma personal de comunicación; Aoi y su relación con Ouma; el extraño método de Aoi de comunicarse con nosotros usando teléfonos celulares…
Comunicación. Teléfono celular. Forma personal de comunicación.
Los teléfonos celulares son una forma personal de comunicación.
—El teléfono. Así es como. —Mi cabeza se volvió hacia Shiba y mi mente se aceleró mientras el cuadro completo comenzaba a formarse en mi mente. Tuve que hablar más lento para evitar tartamudear—. Shiba, el teléfono que enviaron al cuartel general recibió un mensaje de texto, ¿verdad? ¿Tienes el número del remitente?
—¡S-sí! —Shiba rebuscó en sus bolsillos y sacó una libreta con una serie de números—. Llamamos varias veces desde el cuartel general y nos las arreglamos para revisar varios números de portadores, pero nadie contestó. Por ello no pudimos rastrear la ubicación por medio de las torres de telefonía celular.
—No será necesario. Llama de nuevo.
—O-ok.
Shiba se tomó unos momentos para marcar el número en el teclado virtual de su smartphone. Intercambió miradas conmigo y Hiura antes de asentir y presionar con su pulgar el botón verde de llamada. Pasó un largo momento de tensión mientras escuchábamos el suave zumbido del teléfono de Shiba mientras intentaba llegar al misterioso número.
Un sonido amortiguado de un tono de llamada comenzó a sonar desde el interior de la habitación. La melodía era genérica, pero lo suficientemente distintiva para que cualquiera de nosotros pudiera decir que no era de ninguno de nuestros dispositivos. Me moví lentamente, usando mis bien entrenados oídos para detectar la fuente del sonido. Sin la amenaza de los disparos en la sombra del follaje, era relativamente fácil distinguir de dónde venía. Venía del escritorio que estaba debajo del mensaje escrito en la pared. Sin dudarlo, tiré del único cajón que tenía, sólo para sorprenderme al encontrarme con un espacio completamente vacío. No había ni una mota de polvo.
Pero el tono se hizo más fuerte.
Bueno, ya que estábamos jugando con tropos aquí, podría ser…
Tanteé suavemente el fondo del cajón con las puntas de mis dedos. Cerca de la parte trasera, el peso de mis dedos hizo que el fondo de madera contrachapada se hundiera hacia abajo mientras el frente se levantaba. Como si todo descansara sobre un pivote, como un balancín.
Mis labios se congelaron en una línea rígida y mis dedos empujaron fuerte en la parte trasera, haciendo que el contrachapado subiera aún más. El frente estaba ahora lo suficientemente alto como para que pudiéramos ver lo que había bajo el falso fondo de madera. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que esto era un compartimiento oculto. Tiré de la parte levantada, necesitando un poco de fuerza ya que había sido cortado con precisión a las dimensiones del cajón.
—… creo que ya lo he visto todo —comentó Hiura mientras me recibía el cuadrado de madera contrachapada.
Ya sin el fondo falso, el tono de llamada se escuchaba aún más fuerte y completamente claro. Continuó sonando durante unos segundos más antes de terminar. En el fondo del cajón había tres objetos: un teléfono celular, un trozo de papel doblado, y una tarjeta blanca muy familiar.
—Senpai —me susurró Shiba, al notar el trozo de plástico rectangular—. Esa es…
—Sí, lo sé —le murmuré de vuelta. Ignoré la tarjeta blanca y alcancé el trozo de papel. Al abrirlo, inhalé fuertemente. Esto atrajo el interés de Hiura, quien se acercó a ver lo que yo había visto.
—Oh, joder… —dejó salir Hiura, sin aliento.
En el papel había una foto en blanco y negro con una relativamente buena resolución. Mostraba a Aoi vistiendo la misma ropa que llevaba ahora junto a un hombre desconocido. Y entre ellos, había una niña vistiendo un vestido sencillo.
Y teniendo en cuenta el contexto de esta loca investigación…
—Shiba, llama al Jefe —le ordené desanimadamente. Metí la mano en el cajón y saqué el teléfono. Como era de esperar, no tenía bloqueo de ningún tipo, nada que me impidiera acceder a él—. Aoi tiene información sobre esta chica, y va a decírnosla a través de este teléfono como lo hizo en el cuartel general. Quiere que la policía llegue al fondo de esto: drogas, tráfico humano, de todo.
—En ello. —Shiba marcó rápidamente el número y salió de la habitación; pude escuchar su voz apresurada hablando austeramente con el Jefe mientras caminaba por el pasillo.
Hiura y yo nos quedamos allí, parados en silencio, ambos digiriendo el repentino giro de los acontecimientos.
—Maldita sea —Hiura gruñó con frustración, bajando la cabeza y rascándose el cuero cabelludo con furia—. ¿Adónde está yendo este caso? De drogas, a tráfico humano, a lavado de dinero, ¿a ésto? No puede ser sólo una coincidencia, ¿verdad?
—No lo sé. —Saqué la tarjeta blanca y la sostuve contra la luz. Al igual que la que tenía yo, había extraños remolinos estriados sobre la superficie a pesar de que se sentía completamente lisa.
—No lo sé.
Pero íbamos a llegar al fondo de esto. Teníamos que hacerlo.
De lo contrario, las muertes de Ouma Daichi, Aoi Kaito, y Saitama Toshi no habrían tenido significado. Ni habría tenido significado el que yo hubiera conseguido escapar de aquella jungla, aferrándome a mi vida como un cobarde.
[1] Noble es una marca de caramelos japoneses, entre los que se incluyen caramelos de limón.
[2] FDI: Federación Dental Internacional.
[3] Referencia a Dungeons & Dragons.
[4] Fatal Frame es una saga de videojuegos de terror cuya principal mecánica es que la protagonista(s) usa una cámara.
Nota del traductor:
Y así, después de cuatro meses, llegamos al capítulo 20.
Tengo planeado algo para los capítulos 21, 22 y 23. Verán, originalmente esos capítulos iban a ser un único capítulo muy largo, titulado "Flor de la jungla", que finalmente SouBU acabó dividiendo en tres por diversas razones (con el último de ellos recibiendo el título original). Para quienes hayan leído el fic en inglés, sabrán que estos capítulos tienen una estructura algo diferente a los demás.
En un principio, había contemplado la idea de volver a unir estos capítulos en uno solo. Pero deseché la idea ya que se sentiría raro, y además sería tomarme más libertades de las que debería. Finalmente me decidí a subirlos de forma muy seguida, uno por día. Eso sí, "cambiaré" el título de los capítulos 21 y 22, haciendo que todos tengan el nombre del capítulo 23: "Flor de la jungla", que era el nombre que iba a tener el capítulo original antes de dividirse. Quedará así:
Capítulo 21: "Flor de la jungla (Parte I)"
Capítulo 22: "Flor de la jungla (Parte II)"
Capítulo 23: "Flor de la jungla (Parte III)"
Este es el único "cambio" que haré. El resto, obviamente, se quedará como está, incluyendo los títulos de los sub-capítulos (estos 3 capítulos están divididos cada uno en varios sub-capítulos).
Luego de eso, seguiré a ritmo normal y publicaré el capítulo 24 luego de una semana. Y entonces estaré al día con el fic. Después sólo quedará esperar.
