Stiles no se molestó en protestar. Sabía que sería una pérdida de tiempo.

Lo que hizo fue acomodarse en el cabecero de la cama, y encender la televisión con el mando.

En un primer momento quiso tumbarse y fingir que dormía. Pero supo que sería absurdo con un hombre lobo a menos de dos metros de distancia, capaz de oír su latido y saber si estaba siendo sincero o no.

Pero lo que no quería por nada del mundo, era que el silencio se prolongara. Y mucho menos después de lo que él había contado, y de lo que Derek había medio contado. Porque eran demasiadas cosas en su cabeza como para que el silencio le llevara a pensar.

Y estaba harto de pensar.

Por ello, encendió la televisión y lo dejó en el primer canal de televisión que no estuviera echando teletienda. Acabó siendo un canal temático de películas clásicas, y Stiles se dispuso a ver una película de la que sabia no se enteraría de absolutamente nada… Porque una cosa era que el ruido de fondo le ayudara a no pensar, y otra muy distinta que consiguiera que olvidara a la otra persona que había en la habitación.

Acababa de empezar la siguiente película cuando llamaron a la puerta.

Stiles miró por primera vez en horas a Derek, y vio cómo este abría la puerta con cautela.

- ¿Cora? – preguntó extrañado al reconocer al visitante.

- Vengo a… ¡Stiles! – gritó como una loca antes de subir a la cama y tirarse a los brazos del chico – Menos mal que estás bien – retrocedió un poco al fijarse por primera vez en la escayola – Dios mío ¿te he hecho daño?

- No. No te preocupes. Ya casi no me duele.

- Qué haces aquí – intervino Derek desde la puerta, sin muchas intenciones de acercarse a la cama ni a las dos personas que había en ella.

- David me ha contado lo que pasó – miró con rabia a su hermano – ¡Cuándo tenías pensado decírmelo!

- ¿Cuando me hubiera asegurado de que Stiles estaba bien?

- Hey… No hace falta que os peleéis, ¿vale? – cogió la mano de Cora y la apretó con cariño – Anoche todo se salió de madre y no pensamos con calma. Pero lo primero que tenía pensado hacer tu hermano por la mañana era avisarte… Aunque está claro que te has adelantado.

- ¿Seguro que estás bien? Estás muy pálido… Y tienes unas ojeras horribles.

Stiles miró de reojo al hombre, que tan sólo apretó la mandíbula mientras se dirigía a la puerta.

- Tranquila – sonrió con bastante naturalidad – Eso es algo innato en mi delicada constitución. Nada de lo que preocuparse.

- Tengo que volver al refugio – anunció Derek entonces. Cora se limitó a asentir, mientras que Stiles le miró con cierta cautela – Le diré a Mizuki que venga para comprobar que todo sigue bien.

- No hace falta que la molestes.

Derek negó y se marchó sin decir nada más.

Apenas cinco segundos después, Cora se quedó mirando fijamente a Stiles. En una pose que significaba claramente "¿hay algo que quieras contarme?". Pero cuando el chico se limitó a negar con la cabeza, en un gesto más que cansado, con un toque de ruego; la pequeña de los Hale decidió dejarlo pasar… De momento.

Por ello decidió que, al menos, podía intentar animarle un poco… Y teniendo en cuenta que ya era de día, y que estaba claro que Stiles no había comido nada desde ayer, llenarle el estómago sería el primer paso a dar.

Y fue así como Stiles se encontró disfrutando de uno de los mejores desayunos que jamás había tenido, en la cama de su habitación; como si las doce horas anteriores jamás hubieran existido.

Pero para eso estaban los amigos, ¿no? Para olvidarse por un instante de sus propios problemas, y ayudar a ese amigo que tanto necesitaba una sonrisa.

Y no había duda de que Cora era la mejor en ese sentido.

Pidieron un desayuno completo para dos, y decidieron que lo tomarían en la minúscula terraza de la habitación, vestidos con los albornoces que ofrecía el hotel. Y cuando Stiles le recordó que ella no estaba alojada allí, y que no dejaba de estar vestida, Cora meneó la cabeza en gesto de lástima, diciéndole simplemente que estaban en Nueva York.

Como si eso lo explicara todo.

Y en el fondo lo explicaba.

Porque al final Cora acabó convenciéndole para que desayunaran, vestidos de manera ridícula, e interpretando cada uno de los diálogos más absurdos y asquerosamente empalagosos de las películas románticas que tenían como escenario la ciudad de los rascacielos. Tan pronto eran Meg Ryan y Tom Hanks recitando el diálogo de "Algo para recordar", como Audrey Hepburn, soltando su monólogo frente a la tienda Tiffany´s, con croissant en mano.

Y cuando se les acabaron los diálogos, se limitaron a actuar como una pareja de jóvenes asquerosamente ricos, que contemplaban las vistas de la ciudad como si fuera algo que hicieran todos los días… Y si cuando Stiles decía "mira, querida, desde aquí se ve el edificio Chrysler: Eso me recuerda que mañana tengo una reunión con el Señor Rockefeller" pero no había edificio Chrysler que ver, porque el hotel no tenía ninguna vista espectacular; a nadie más que a ellos les importaba.

Pero Cora aprovechó el comentario para hacer que sacaba una agenda electrónica de su bolso invisible, y empezar a quejarse de lo inepta que era su secretaria, que le había reservado sólo una hora en la boutique de Manolo Blahnik, y que qué esperaba que hiciera con tan poco tiempo.

Stiles rió a carcajada limpia. El brazo le dio un tirón, pero en ningún momento dejó que el recuerdo de la noche pasada estropeara aquel momento.

Y mientras Cora se servía otro vaso de zumo de naranja, Stiles la miró con atención. Pensando que era un chico muy afortunado por tener una amiga tan increíble. Una amiga de la que sabía que no le costaría nada convertirla en algo más. Pues Cora tenía ese algo único que podría hacer que cualquiera se enamorara de ella…

Lástima que en su caso aquello jamás podría ocurrir, porque por aquel entonces ya estaba perdidamente enamorado de otro Hale.

Y aunque sabía que la relación que tenía con Derek (fuera lo que fuese aquello) estaba más que muerta y no pasarían de ser meros conocidos; sería incapaz de querer a otro Hale como quería a Derek.

- ¿Qué te pasa? – preguntó entonces Cora, más seria que antes. Incluso se había quitado la toalla de la cabeza, que había tenido enrollada todo el tiempo, como si acabara de salir de la ducha.

- Nada – trató de sonreír – Estaba…

- Pensando en Derek.

- Sí – tuvo que admitir tras varios segundos – Lo siento…

- Tranquilo – sonrió – He conseguido distraerte de él durante casi una hora. Es todo un récord.

Stiles se sintió culpable por pensar en la única persona que no estaba allí. Sobre todo con Cora a su lado, que estaba haciendo lo imposible para ayudarle a superar el momento de bajón.

Pero también sabía que si había alguien en el mundo que lo entendería y que no le molestaría que siguiera pensando en Derek pese a sus esfuerzos, ese alguien era Cora.

Por ello, no se molestó en cambiar de tema. Fue directamente a lo que le llevaba dando vueltas desde hacía horas.

- Cuando os marchasteis de Beacon Hills – comentó con cierto temor - ¿Dijo algo de mí? ¿De todos nosotros?

- ¿En qué sentido? – preguntó seria, al ser evidente el cambio de voz del chico. Mucho más apagado que antes.

- En... – se mojó los labios, indeciso – Anoche, en la fiesta… Me dijo que todos éramos unos críos estúpidos. Que todo lo que hacíamos era entrometernos en su vida porque nos aburríamos y…

- No piensa eso.

- Pues parecía que lo decía en serio – sonrió con tristeza. - También dijo que siempre le dejábamos atrás. Cuando había algún peligro. Que nunca nos preocupábamos si él estaba bien.

- ¿Y te crees eso? – preguntó riendo – Derek me contó lo de la piscina. Que podrías haber huido perfectamente. Y que no fue la primera ni la última vez que hiciste algo así.

- Yo…

- Te aseguro que lo último que piensa de ti es que eres un crío estúpido.

- Pero se marchó sin despedirse – susurró - Y nunca respondió a mis mensajes… ¿Qué se supone que significa eso?

- Ya te lo dije. Necesitaba cambiar de aires. Tomarse un descanso.

- Pero no tiene pensado volver… No… No vais a volver.

Cora no pudo responder a esa pregunta. Porque hacerlo sería darle la razón, y se suponía que había ido allí para animarle.

Por eso se limitó a colocar una mano sobre la de Stiles, y apretar sus dedos con cariño.

- Anoche – empezó Stiles - Cuando vino ese tipo… Jack.

- No hables de eso ahora.

- No… No es lo que piensas – se mojó los labios - Él… Dijo algo que no entendí… Dijo que Derek me había elegido a mí por encima de David – miró a Cora con los ojos muy abiertos – ¿Por qué diría eso?

El silencio de Cora no fue para nada tranquilizador.

Necesitaba respuestas, y las necesitaba antes de que se volviera loco… Antes de que se volviera más loco de lo que ya estaba.

- Porque está claro que Derek le ha elegido a él – continuó Stiles - Quiero decir… No les he visto haciendo nada pero… está claro que hay una complicidad entre ellos y… Y Derek es su Mano Derecha. Y va a quedarse en Nueva York en vez de volver a California – volvió a mirar a la chica con cara de perro apaleado - ¿Por qué diría eso Jack?

Tras varios instantes de duda, Cora soltó aire con cierta rabia. De un modo muy similar a como hacía Derek siempre.

- No debería decirte esto… Confiaba en que lo hiciera él pero… Supongo que olvidé que era Derek y que Derek no habla.

- Si no quiere que lo sepa…

- ¿Sabes por qué David le pidió que fuera su Mano Derecha?

- Porque es el mejor.

- Ahora lo es – respondió en seguida - Pero cuando llegó no era así. Acababa de volver a ser un Beta. Había perdido la mitad de su fuerza y toda su autoestima… Llegó aquí siendo prácticamente un Omega.

- No lo entiendo. ¿Por qué le dio ese puesto entonces?

Cora permaneció varios segundos en silencio. Como si estuviera pensando en qué debería decir, y sobre todo en cómo debería hacerlo.

- David y él ya se conocían de antes. Cuando vino la primera vez aquí, con Laura, justo después de que todos hubieran muerto…

- Cora – tragó con dificultad - No sigas… No importa.

- Sí que importa – sonrió para tranquilizarle, indicándole que estaba bien si hablaban del pasado – Fue Mark quien me lo contó. Cuando llegaron, hace casi 10 años, Derek estaba siempre sólo. No quería hablar con nadie, y se mostraba agresivo con todo aquel que quisiera acercarse… Nadie lo entendía - sonrió con tristeza – Pero David, a base de mucho esfuerzo, consiguió hacerse un hueco en el mundo de Derek.

Stiles asintió, entendiéndolo todo en seguida.

Era comprensible que tuvieran esa relación de complicidad tan grande.

David fue el que estuvo a su lado cuando más apoyo necesitaba Derek. Puede que incluso fuera la única persona a la que Derek le confesó lo que ocurrió con Kate. Algo que jamás hizo con Stiles, y tuvo que ser el chico quien lo descubriera por su cuenta, violando una vez más su intimidad.

Al ser consciente de aquello, Stiles sintió una mezcla de odio y adoración por David. Odio porque David tuvo la oportunidad que a él nunca le brindaron: la de poder ser su amigo y que Derek aceptara su apoyo. Pero adoración al mismo tiempo, porque al menos sabía que Derek nunca estuvo del todo solo. Y que incluso en los momentos más duros de su vida, pudo contar con un hombro amigo sobre el que llorar.

Aunque, por encima de todo, Stiles sintió el amargo sabor de la envidia. Al preguntarse qué habría pasado si David nunca hubiera aparecido en primer lugar. Si Stiles hubiera sido el único que se ofreció a consolarle y a recordarle que era una persona increíble, cuando nadie más lo hizo.

- Eran pareja.

Fue lo que Stiles dijo al fin, para que Cora viera que entendía lo que le estaba explicando. Pero sobre todo para admitir en voz alta lo que eran. Lo que ya no podría cambiar.

- No está del todo claro – musitó Cora con cierta lástima. Y por un instante Stiles quiso pensar que la lástima era porque no pudiera darle una negativa rotunda. Decirle que no. Que David y Derek nunca fueron pareja – Yo no estaba aquí por aquel entonces, y ellos nunca han dicho nada. Y nunca se me ocurriría preguntarles nada… Pero muchos piensan que fue así. Y que por eso, cuando volvimos hace meses y David ya era el Alfa, nos ofreció un hogar como si fuéramos de su propia manada.

Stiles asintió de nuevo.

Y al hacerlo, sintió una punzada de dolor.

- ¿Entonces por qué se acostó conmigo? – preguntó con la voz rota – Si estaba con él por qué…

- Stiles – Cora apretó un poco más la mano del chico, pidiéndole calma – No puedo decirte lo que ocurrió en el pasado pero… Desde que llegamos aquí, Derek ha rechazado a David.

- ¿Cómo?

- Por eso es su Mano Derecha.

- No… No lo entiendo.

- Cuando llegamos, David le pidió en seguida que fuera su Compañero. Que juntos dirigieran la manada – dejó varios segundos de pausa - Pero Derek le rechazó. Le dijo que jamás podría ser.

- ¿Por qué iba a hacer eso?

- Nunca me lo dijo – susurró - Al principio pensé que era demasiado pronto después de lo de Jennifer. Pero a medida que pasaba el tiempo y Derek iba recuperando la confianza en sí mismo, parecía que estaba totalmente recuperado – se encogió de hombros – Sin embargo, cuando David volvió a pedírselo, Derek volvió a rechazarle.

- ¿Y por qué no le expulsó David de la manada?

- ¿Tú lo habrías hecho? – preguntó Cora enseguida - ¿Si supieras que Derek jamás te correspondería, te olvidarías de él como si nunca hubiera existido?

- Yo…

- Era una pregunta retórica, Stiles – sonrió, guiñándole un ojo - Después de todo, estás aquí, ¿no?

Stiles sonrió, sobrecogido por aquel gesto. Por saber que Cora confiaba en él. Una persona a la que consideraba una amiga, pero que también era la única persona que componía la pequeña familia de Derek… Y saber que esa persona confiaba en él, era increíblemente importante.

- Entonces ¿qué pasó?

- David necesitaba a alguien que le ayudara a dirigir la manada. Y visto que no podía tener al Compañero que quería, le ofreció el puesto de Mano Derecha.

- Para así tenerle cerca.

- En parte. Pero supongo que también lo hizo porque sabía que Derek necesitaba sentirse útil. Que podía servir de ayuda, incluso al Alfa más poderoso de la ciudad.

- No lo entiendo. ¿Derek creía que no era útil?

- Recuerda cómo fue el último año – señaló Cora con mirada triste – Desde que volví a Beacon Hills, Derek perdió a la mitad de su manada. Y la otra mitad dejó de seguir sus órdenes para aliarse con el nuevo Alfa.

- Pero eso…

- Intenta verlo desde su punto de vista, Stiles. Él no fue educado para ser un Alfa – le explicó - Pero cuando se convirtió en uno, creo que lo vio como la posibilidad de redimirse de todos sus errores. Que así podría formar una nueva manada, y cuidar de sus Betas.

- Pero no pudo hacerlo – musitó Stiles con voz apagada, sintiendo cómo se le humedecían los ojos.

- Renunció a su poder para salvarme sin dudarlo – Cora se mordió el labio sin darse cuenta – A Peter le sorprendió que lo hiciera pero… Para Derek lo importante nunca fue el poder. Sino lo que podía hacer con él.

El chico asintió para sí, abrumado por aquel pequeño retazo de los sentimientos más ocultos de Derek.

- Se siente culpable por lo que ocurrió – susurró Stiles - No se ha perdonado.

- Todo el mundo piensa que es el mejor. El más fuerte. El más rápido. El que controla a todos y toma las decisiones más acertadas.

- ¿Tú no lo piensas?

- Claro que sí – soltó una pequeña carcajada - Desde que David le ofreció el puesto, se ha esforzado como nunca. Entrenó de sol a sol. Se encerró en los Archivos de la Biblioteca y aprendió todo lo que se podía aprender sobre los hombres lobo… Quería ser el mejor y lo consiguió.

- Pero…

Estaba claro que había un pero.

- Pero nunca le he visto comportarse como un humano. – añadió con cierto pesar - Como al hermano mayor que una vez fue. – volvió a morderse el labio - Ya casi he olvidado la última vez que le vi sonreír de verdad. La última vez que le vi feliz.

- Está intentando olvidarse de su parte humana. – Cora asintió – Para que no vuelvan a hacerle daño. – la chica apretó la mano de Stiles, y él devolvió el apretón con otro de su cosecha.

- Por eso me alegré tanto cuando apareciste. – sonrió – Pensé que le ayudarías a recordar cómo era antes. Que le traerías un poco de alegría.

La expresión de Stiles se ensombreció con las últimas palabras de Cora.

- No ha sido así.

- No te rindas con él – añadió la chica con voz enérgica.

- ¿Qué?

- Por favor. – susurró - Todos se rindieron con él. Todos le dieron por perdido: Peter, Deaton, sus Betas… No lo hagas tú también.

- Pero…

- Es mi hermano. – musitó con la voz rota - Sólo quiero que se alegre de estar vivo. Que su vida no sólo sea dirigir a una manada. – trató se sacar a flote una pequeña sonrisa - Quiero que sea feliz. Y tú eres el único que puede ayudarle.

Stiles sintió que se quedaba sin respiración.

- Por… ¿Por qué estás tan segura?

- Por lo mismo que te dijo Jack. – se encogió levemente de hombros - Porque te eligió a ti por encima de David.