Hola a todos, luego de casi siete meses sin publicar estoy de regreso. Y a tope... bueno la verdad es que este capitulo me costo sangre y no lo digo porque sea difícil sangriento y complicado de escribir... mejor dicho es que no tenía inspiración para ver que continuaba. Luego de meses y meses meditando cómo continuar pues me apareció en mi cabecita en abrir el documento y escribir a que pasaba. Días pasaron y na de na... pero hoy me regreso la inspiración comencé a escribir y salió esto.

Esta recién echo, calientito como el pan y relleno con un par de cosas buenas, además de una escena sorpresa que hasta yo no supe como lo escribí.

No me tardo más porque luego de tanto me dirán que quieren leer y tienen razón.

Sin más por el momento, lean, comenten y disfruten.


Los personajes les pertenecen a J. K. Rowling


Capítulo 27.- Un cielo basto, una oscuridad infinita.

El sonido de la multitud a su alrededor, los gritos, cámaras tomándoles fotos y el aroma de hospital (al que le recordaba sus padres) le envolvían.

La profesora McGonagall le sostenía, no estaba herida, pero tampoco se sentía capaz de aguantar su propio peso. A su costado Estaba Lupin y las hermanas Carrow. Y a sus espaldas, el cuerpo de Sirius, sin signos de vida.

Ninguno a simple vista lucía bien, incluso suponía que ella debía lucir deplorable y desnutrida. Mientras que Lupin estaba en silla de ruedas con Hestia empujándolo, Flora caminaba con muletas y del otro lado la profesora tenía algunas cicatrices en el rostro y moratones por todo el cuero. Los cinco con ropa desgastada y rota, ensuciada con sangre y mugre. Con debilidad e incluso llorando, avanzaron hasta el cuarto donde los conducían los medimagos.

Oía lo que decían y lo que le comentaban entre la profesora McGonagall a un mago grande y fornido llamado Shacklebolt, pero realmente no le importaba.

Entraron a una sala algo grande con cinco camas, en la primera de inmediato acostaron a Lupin, el cual se quejó de al terminar acostado. Sus piernas estaban envueltas en vendas y estas estaban algo ensangrentadas, incluso el más leve rose le desataba quejidos. En las camas contiguas se pusieron las gemelas, aunque Hestia miraba a Flora que ya revisaban pues su pierna lucia de un color negro y punzante. En cuanto a ella tomo la cama más alejada de la puerta, y le empezaron a revisar los medimagos, aunque le preguntaban cosas no contestaba o siquiera los miraba.

Solo se concentró en un punto en techo y dejaba que las voces se personas resonaran, eran como pequeños sonidos difuminados por la distancia y cuando empezaron a subir de volumen, entendió que le llamaban.

-Señorita Granger… señorita Granger- llamaba un hombre alto, con cara fiera y caminando con un bastón- Se que la conmoción es grande, pero necesitamos que este con nosotros ¿Cree poder contestar unas simples preguntas? -

-aja…-murmuro sintiendo su voz a punto de romperse.

Casi al instante le pasaron un frasco, con una sustancia algo negruzca y que identifico como Veritacerum, se la tomo segura de que los efectos no le atacarian

- ¿Cuénteme como la rapto el que no debe ser nombrado? - pregunto el hombre, aunque a sus costados tenia a dos Aurores y uno de ellos apuntando con un vuelapluma.

-Fue… en diciembre… Estaba en los patios de Hogwarts… cuando me secuestraron-

Horas antes.

- ¿Seguro de esto? -pregunto Sirius por decima vez mientras caminaban a fuera de la mansión black, lo suficiente para que pudieran ser encontrados por los Aurores- No creo que Dumbledore sea tan tonto para caer…-

-No quiero engañar a ese estúpido- dijo Harry con algo de enojo en su voz. Se notaba adolorido y triste, pero su fuerza de voluntad parecía aflorar- Él sabe de mí, de ustedes… pero el mundo mágico no. –

-Comprendo- dijo McGonagall vestida con su vieja ropa, quemada desgastada y llena de su sangre- Si el mundo nos cree… el no podrá tocarnos-

-No por un tiempo- gruño Harry tomando su cadera y pegándola a su cuerpo. -Luego lo matare-

Un silencio incomodo los rodeos, le miro y sus labios formaron una línea. Estaba algo molesta, frustrada y confundida. Había regresado con Harry, estaba casada con él, tenían un lugar donde podían vivir y de alguna forma se tenían que separar. Comprendía que para su plan para asesinar a Dumbledore funcionara, necesitaba de ellos regresaran al mundo mágico. Pero el solo hacerlo, le hacia sentir que le arrancaban una parte de ella.

-De acuerdo, comencemos- dijo Harry tronándose el cuello y haciendo aparecer su guadaña en la mano- Les pondré hechizos que los harán lucir mal y como si hubieran pasado un buen tiempo encerrados. También tendrán que actuar un poco. -

Enseguida una ráfaga de luz surgió de la superficie plateada, en cuanto los toco se quedaron quietos, sintió un liguero picazón el la piel y al terminar parecía algo diferente. Su cuerpo era mas delgado, los pómulos le sobresalían mucho y tenia cortes y golpes por todos lados. Los demás demostraban una apariencia parecida, incluso McGonagall que de alguna forma lucia otra vez mayor. En cuanto a Lupin este incluso tuvo que costarse ya que sus piernas lucían como si las quisieran cercenar de mala forma y dejaran varias veces el trabajo a la mitad.

-Un ultimo detalle- dijo Harry abriendo su zona celestial y sacando un cuerpo, uno con una complexión parecida a la de Sirius, incluso su atuendo era casi igual. Le toco el pecho y este momento a retorcerse como si tuviera aun vida, un par de segundo después era idéntico a Sirius, solo que estaba muerto.

-Eso no es nada lindo- trago duro Sirius para luego darle con la punta del pie al cuerpo. – Por lo menos es guapo-

Se vieron y asintieron ya que su plan comenzaría pronto, en cuanto los Aurores se percatarán y fueran por ellos. Pero le tomo la mano a Harry entrelazando sus dedos con los de él, llevándolos a la mejilla y acariciándole el dorso, queriendo sentirlo más, no separarse, pero de alguna forma era necesario.

-Se por poco tiempo- dijo Harry besando sus labios mientras la abrazaba y pegaba a su cuerpo- Además…- abrió la mano dejando su cinta en su palma-… siempre estaré contigo-

Asintió sin animo antes de apretar su nuca con sus manos, y besarlo con pasión. Hacia menos de un par de horas que habían hecho el amor, pero en ese instante deseaba volverlo a sentir, a poder abrazarlo sin barreras y quedarse a su lado.

-Chicos…- gruño Lupin en el suelo, como si de verdad le doliera- Aquí vienen… se acercan de forma rápida-

Se separaron algo jadeantes, sin soltarse por completo.

-Cuando acabe… tu y yo nos iremos a la mansión solos- murmuro Harry en su oído erizando su cuerpo.

Un segundo después le volvió a besar, como si no soportara la idea de estar lejos y perderse todos esos besos que podrían compartir. Se separaron y justo un segundo antes de que aparecieran los Aurores realizo el viaje celestial.

- ¡¿Quiénes son ustedes?!-Pregunto un Auror avanzando con la varita en alto.

La profesora se tambaleo hacia el Auror y le miro, e incluso pareciendo exhausta dijo- Hemos escapado antes… quien tú sabes… ellos… nos secuestraron-

Regresando al presente.

-… Pasamos meses… y ellos… esos Mortifagos- comento Hermione con lágrimas en los ojos, no por lo sucedido, mas bien por recordar que ahora no podía regresar con Harry de forma sencilla.

-Es suficiente- dijo el ministro, levantándose apoyándose en su bastón y comenzando a alejarse- Es bueno tenerla de regreso, no se preocupe, ahora está a salvo. Dejare dos Aurores afuera para vigilarlos, solo como medida preventiva para su seguridad-

Asintió, y aunque de un lado tenia a un Lupin dormido, a Hestia y Flora del otro y McGonagall siendo examinada al otro lado de la habitación. Suponía que era mas para ver si decían la verdad.

-Sirius…- salto Hermione de repente cuando ya salía junto con los reporteros y periodistas- Sirius Black también estaba con nosotros… el también estaba siendo torturado y…- dejo escapar más lagrimas- Nos ayudó… se… se sacrificó por nosotros. Su cuerpo… ¿Dónde…-

El ministro le vio y luego de un minuto chasqueo la lengua como si esperara que no hiciera esa pregunta.

-Tenía una maldición poderosa aun después de haberlo matado, a dos de nuestros Aurores les afecto. Por desgracia tuvimos que incinerar el cuerpo hasta las cenizas para que la maldición terminara- dijo Scremengeour con un poco de rabia- Lamento reconocer que el ministerio se equivoco con el y que no…. Podemos enmendarnos con el lord Black. Solo el mundo mágico le estará agradecido por rescatarlos a ustedes-

Luego de un momento salió y cerró la puerta indicándole a dos Aurores que se posaran en las puertas y no dejaran entrar mas que a los medimagos. Una vez que terminaron de examinarlos y curarlos con éxito, pues no tenían nada mas que una magia poderosa ocultando su verdadera apariencia, los medimagos se fueron.

-Hasta aquí ha funcionado- dijo Lupin mirando al resto- Por lo menos nos creen víctimas de los secuestros de Voldemort-

-Es un alivio que también Ollivander y Amelia Bones fueran rescatados de la casa de los Lestrange, que no estaba lejos- dijo Hestia sobándose el cuello.

-Escuche que incluso esperaban encontrar a más- dijo Flora susurrando- Pero solo encontraron los cuerpos...-

-Chicas- dijo McGonagall en su huraño humor- Esto no se discute más… todos tenemos que continuar el plan-

Asintieron y se recostaron, cada uno en silencio y esperando que las cosas continuaran su rumbo actual.

Estaba algo cansada de llorar, por lo que se puso de lado y se preguntó ¿Qué estaría haciendo Harry?

Harry.

Había pasado mas tiempo en la zona celestial que cualquier otra vez, estaba siguiendo los pasos de Hermione y los demás. De tal forma que una sola hora le pareció una eternidad, veía a Hermione acostada en el hospital mágico junto los demás y como esta estaba casi durmiendo. Suspiro y miro la otra abertura celestial, la cual conectaba con Sirius y Gideon, ambos entrenando. Aunque Sirius no tenia el nivel del sicario, por lo menos se defendía bastante bien.

Salto junto a ellos, cuando se atacaban con hechizos, los cuales paro con un solo movimiento circular de su guadaña y los enviaba lejos, creando dos explosiones.

-¡HARRY!-grito Sirius mientras avanzaba a él.-¿Qué ha pasado? Todo bien-

No contesto, camino directo a la casa mientras ellos le miraban continuar, no tenia que decirles nada y con certeza en ese momento tal vez solo saldrían blasfemias de su boca. Recorría la mansión en un par de minutos, dando zancadas y avanzando entre molesto y preocupado.

Al entrar a su habitación vio a Hedwig acostada en el pie de la cama, en su forma de tigre sobre la alfombra. Ronroneaba cual motor y parecía lo mas feliz de poder descansar y no hacer nada.

Paso horas esperando algún llamado algo que le dijera que Hermione estaba y problemas, que su plan iba mal y que pudiera regresar a su lado, pero por alguna razón, todo estaba de acuerdo a su plan. Paso veinticuatro horas acostado, mirando su costado, sintiendo que faltaba Hermione y aspirando su aroma aun impregnado en su cama.

- ¿No vas a hacer algo? -pregunto Hedwig desperezándose y retorciéndose como un gato cualquiera.

-Voldemort cayo- dijo Harry abriendo la zona celestial donde este estaba, congelado en la misma posición en la que lo introdujo- Solo queda Dumbledore, pero… para eso debo esperar-

-Como quieras- dijo Hedwig saliendo de la habitación. -Iré a molestar al perro-

Al segundo día solo, Sirius y Gideon intentaron incluirlo en sus entrenamientos, pero no tenia ganas de nada. Incluso aunque pudiera apalearlos, no le apetecía.

Casi no comió el tercer día, su mente estaba en donde Hermione estaba, aun en San Mungo y de vez en cuando la vigilaba esperando que estuviera bien. Mas no servía de mucho cuando no podía aparecer junto a ella.

-¿Dónde esta ella?-pregunto una voz cuando subía de la cena.

Miro a su derecha mirando a sus abuelos, los cuales siempre le dedicaban sonrisas y saludos, aun si él no contestaba ninguna.

-Luego regresara- comento Harry intentando subir de prisa, pero fue detenido por su abuela.

- ¿Quieres saber que paso realmente? –

Harry se detuvo en seco, le miro y por un momento quiso decir si, pero y si la verdad era incluso peor de lo que pensaba. Dumbledore había demostrado ser peor que Voldemort y de algunas formas se las ingenió para hacer a Gideon un asesino a sueldo, de poner a Voldemort como un mago oscuro y temible, sin contar con casi matarlo más de cinco veces.

-Cuando llegaste a esta casa, fue felicidad y dicha- comenzó su abuela moviéndose aun lado del retrato igual que su abuelo, mostrando una pintura diferente, un pequeño bebe con ojos verde y cabezo azabache. – Sin en cambio las cosas se complicaron cuando Voldemort te señalo como el niño elegido, Sirius, Lupin y Peter se peleaban por que sabían que uno de ellos era un traidor. Sin en cambio ninguno de ellos lo era. Paso justo en esta casa, en una visita de Dumbledore cuando tomo al pequeño Peter y le modifico su mente, le implanto la idea de que fuera con Voldemort y traicionara a tus padres. También enemisto a Sirius y Lupin, y le metió a tu padre la idea de que necesitan un lugar diferente. En su retorcida mente comprendía que aquí no podría eliminarte. –

-Lamentablemente, nosotros solo podíamos observar por no tener un cuerpo. E incluso cuando le insistimos a tu padre que no se fuera, este decidido ir a la casa en el valle de godric, Lily confiaba en tu padre, Sirius y Lupin, porque los siguió sin rechistar. El ultimo día que tu estuviste en esta casa, ellos estaban seguros que iban a protegerte y que saldrían juntos de ello, derrotarían a Voldemort y regresarían contigo a aquí-

-Mala elección- dijo Harry volteando su mirada a donde los otros cuadros los veían- ¿Saben algo de Dumbledore que yo no? -

Sus abuelos se vieron y la imagen del cuadro volvió a cambiar, mostrando una casa vieja y anticuada donde aparecían tres niños y dos padres, todos ellos con ojos azules fosforescentes.

-Hijo de Kendra y Percival Dumbledore. Tenía dos hermanos, Aberforth y Ariadna Dumbledore, en sus primeros años de vida de Albus estuvieron marcados por la tragedia cuando su hermana menor, Ariana, fue atacada por un grupo de niños muggles que vieron su talento mágico y se le atacaron. Ariana quedó mental y emocionalmente marcada por esto, y sus poderes mágicos quedaron severamente alterados y se manifestaban en raras ocasiones, por lo general de manera aleatoria o destructiva. El padre de Albus, Percival, partió en busca de ésos muggles para hacer justicia por él mismo. Los encontró y atacó como habían hecho a su hija. Fue encerrado en Azkaban por el delito, donde moriría más tarde. - comento su abuela demostrando en imágenes todo aquello que le relataban.

-Para escapar de los ojos acusadores del mundo mágico, Kendra se mudó junto con su joven familia al Valle de Godric, que, era un pueblo fundamentalmente mágico. Kendra rechazó a todos sus vecinos, aunque mi esposa la frecuentaba para ayudarla con Ariadna cuando Aberforth y Albus estaban en el colegio. – continuo su abuelo, aunque parecía que no sabía mucho de ello.

-Por medio de Kendra me entere que Albus estaba en contacto con Gallert Grindewald y que parecía tener una fascinación con el chico, llegando a ser extraña… incluso a llegar al parecer enamorado., y que desarrolló algún prejuicio contra aquellos que lo atacaban. Solo que las cosas nunca salen como se quieren y cuando Dumbledore se graduó, mi amiga Kendra falleció. Produciendo en la mente de Dumbledore cambios por no poder hacer un viaje que deseaba o reunirse con Grindewald, dejando a Albus como cabeza de su familia rota, y al cargo de sus hermanos menores. -

-Lleno de resentimiento el muchacho se recluyo para cuidar de su hermana y sus explosiones, incluso negándose a cualquier ayuda que se le proporcionara. Lamentablemente Grindelwald apareció un día, buscando a Albus, lo único que pudimos hacer fue observarlo entrar a la casa de los Dumbledore y luego… estallar la casa. Ariana murió en la escena, Aberforth termino herido, Albus devastado y Gridewald huyo- murmuro con resentimiento su abuelo, tal vez deseando haber hecho más.

-Luego de eso Aberforth no termino la escuela, Albus se marchó de casa para siempre- dijo su abuela con la mirada sobre las imágenes que le mostraba y disolviéndolas del todo, volviendo a colocarse- Nunca volvió a ser el mismo, incluso aunque sonreía sus ojos… no eran sinceros-

Harry se quedó en silencio, comprendía bien todo lo que le decían, mas sabia que tal vez de aquello surgió un monstruo y ahora él tendría que enfrentarlo. Ya que incluso le hizo pasar cosas peores y que le llevaron a ser el que era en día.

-Gracias- dijo Harry sonriendo, no solo de verdad a sus abuelos, si no que una mirada siniestra se notaba en sus ojos- Ahora se su punto débil-

Subió a su habitación para volver al área celestial y mirar como Hermione se vestía para al fin salir de San Mungo.

McGonagall

Varios días antes hubiera estado confusa y preocupada de regresar al castillo, ya que de una u otra forma Dumbledore le mando a matar. Pero ahora sabiendo que estaban por hacerlo caer en una trampa estaba confiada, aun si ella tendría que dar la vida eso no le importaba. Había echo mucho daño a sus alumnos, desde Gideon, Sirius, Lupin, James y… Lily. Aunque aquel que mas le dolía era Harry.

El cual en ese momento seguro que estaba empeorando por encontrarse solo, o por lo menos con un asesino a sueldo y un fugitivo de Azkaban.

Hubiera ayudado a Hestia y Flora a aguardar su ropa, por alguna razón no se animaba al ver los diminutos y casi trasparentes interiores que tenían. No deseaba saber que tan pequeños podían ser y que tan sugerentes eran. No, ella era de la vieja escuela.

-¿Tienen todo?- pregunto la profesora a los cuatro, que aunque sorprendían a los Medimagos, ya estaban recuperados, achacando todo a sus ecelentes habilidades.

Aunque los hechizos de Harry estaban despareciendo gradualmente. Incluso las piernas de Lupin lucían mejor, aunque según los medi magos tendría que ocupar una silla de ruedas toda su vida. Cosa rara para los magos, que incluso podían recrear huesos de la nada.

-Claro- contestaron antes de dirigirse a la puerta.

Los Aurores que le custodiaban los acompañaron hasta la puerta, donde al cruzarla llegaron a la calle de Londres, tres adolescentes y ella empujando a Lupin en su silla de ruedas. Caminaron por las calles seguido de aquellos hombres con miradas serias y con la varita en alto.

-Espero que nos lleven hasta Hogwarts- comento Hermione de malas. Como últimamente sin Harry a su alrededor.

-Solo hacemos nuestro trabajo- comento el hombre mas cercano- Nuestras órdenes son acompañarlas-

-Aja- chaqueo la lengua Hestia mirándolo- ¿Has matado a alguien? - Le pregunto curiosa, mas el hombre le vio sorprendido, para no contestar y caminar detrás de ellos.

En una parada McGonagall alzo la varita y esperaron, un minuto después el noctambulo dio un frenazo que marcaron las llantas en el pavimento y les abrió la puerta. Adentro no estaba Stan, pero de todas formas subieron y McGonagall fue a pagar a Hernie, el conductor. Luego salieron despedidos a tal velocidad que cruzaron lagos, montañas, ciudades, granjas y un que otro puente a velocidad de un rayo.

Luego de entregar a dos magos y brujas a donde se dirigían, viajaron a toda velocidad a Hogsmeade, donde frenaron frente al caldero chorreante.

Los vieron por la ventanilla, les esperaba un grupo algo grande, Luna encabezándolo lo cual saco una sonrisa de Hermione, también estaba Neville y Ron, aunque este no se separaba de Hannah Abbot, a su izquierda estaba Rosmerta y Hagrid el cual se limpiaba lagrimas con un gran pañuelo.

-¡HERMI!-salto Luna al cuello de la chica, con lágrimas abrazándola y soltando dos besos sonoros en sus mejillas, mientras saltaba.- ¡SABIA, YO SABIA QUE ESTABAS BIEN!-

-Claro que estaba bien Lu- rio Hermione saltando junto con su amiga- tengo tanto que contarte-

- ¿Bien? - pregunto Ron y Neville- Estabas secuestrada-

Hermione los vio sonrió y saludo, pero luego regreso su mirada a Luna en una sonrisa y risa cómplice como si ellas dos supieran algo que los demás no.

-Es genial tenerte de vuelta- dijo Hagrid abrazando a la castaña, sacándole un leve quejido- Creí que te perdía igual que a Harry-

-No- dijo Hermione recuperando aire luego de que le diera tal abrazo- Aun estamos bien-

El semi gigante se acerco a ella, de igual manera abrazándola y cargándola, como una niña pequeña. Tal vez era su magia aumentada por Harry, pero aguanto el abrazo, pero soltó un bufido por el atrevimiento de Hagrid. Luego este palmeo el hombro de Lupin, haciendo chirriar su silla.

-Profesora McGonagall, Profesor Lupin es también una alegría tenerlos de regreso- gimoteo el gigante sonándose la nariz con el pañuelo tamaño mantel.

-Gracias Hagrid- dijeron ambos antes de darse cuenta que a un lado la cosa paso de alegre a tensa.

Hermione miraba a Ron el cual le veía y parecía no saber que decir o hacer. Luego sonrió un poco y levanto la mano.

-Me alegra que estés bien Hermione-dijo el pelirrojo estrechando la mano de la castaña.

Algo paso por ese momento, este levanto su mano y miro para luego ponerse pálido.

-y ¿Esto? -pregunto Ron señalando un anillo en su anular izquierdo.

Todos abrieron la boca, incluso ella y las hermanas Carrow que esperaban a prudente distancia. Sin en cambio Hermione soltó una risita y retiro su mano.

-Solo es un anillo Ron- dijo Hermione tomando la mano de Luna quitándole importancia a aquello.

Aunque ella, las hermanas y Lupin bien sabían que eso no podía ser solo un suvenir. Mas antes de que incluso le preguntaran salió caminando por la calle rumbo a Hogwarts. Pasaron todo el camino contando, nuevamente, su estancia y secuestro. A pesar de que solo era una historia inventada para poder re ingresar al castillo.

Regresaron contentos, de oler el bosque a su alrededor, de ver que los arboles ya estaban enverdecidos y que el castillo deslumbraba a la distancia.

Mas McGonagall nunca espero encontrarse de frente con aquel a quien deseaba muerto, los ojos azules de Dumbledore los vieron aun a metros de distancia, sus pasos se hicieron mas pesados con forme avanzaban y su sonrisa se volvió una falsa al estar frente a frente.

El profesor les sonreía y los miraba como si nunca antes estuviera mas feliz, con los brazos abiertos y una cara de alivio y felicidad.

-Mi estimada profesora- dijo Dumbledore dándole un abrazo y luego un beso en la mejilla, al que le quemo cual hierro ardiente, como si un acido invisible e inodoro le disolviera la piel. - No puedo creer que este de nuevo entre nosotros-

Su mirada, por un instante, cambio. Como si aquellas palabras desentrañaran el que no les creyera de verdad y estuviera solo a la defensiva. Mas volteo a Hermione y repitió la acción, por un segundo vio a la castaña estremecerse y apretar los puños poniendo los nudillos en blanco. Casi la vio lanzarse sobre Dumbledore a puñetazos, pero de alguna forma consiguió calmarse.

-Mi querida niña- repitió Dumbledore, aunque su voz sonaba mucho mas confiada que antes- Veo que lo ha pasado mal, pero no se preocupe más, aquí estará a salvo-

-Gracias profesor- murmuro Hermione algo bajo, y vio como movía la boca, aunque no salía palabras y como le surgía una mirada de dolor. Tal vez por morderse la lengua, como ella misma hacia y como les había sugerido las hermanas Carrow que hicieran para no estropearlo todo.

-Lupin, colega- Continuo Dumbledore y se inclino para palmear sus piernas, provocando que Lupin gruñera un poco pero este sonreía con sus colmillos- Veo que no fue nada agradable, pero arreglaremos estas piernas ¿Espero que confié en mi para esto? –

Lupina sintió y luego soltó un suspiro, para mirar a los ojos a Dumbledore- Sirius, el… falleció… los Mortifagos nos capturaron y…-

-Su muerte es lamentable- comento con un tono filoso que no pudo evitar o tal vez par alterar a Lupin, el cual soltó un gimoteo y se cubrió los ojos como limpiándose las lágrimas- Pero es un héroe, él hubiera deseado que no lloráramos su muerte, la de el ni la de los que dieron a la vida como el-

- ¿Cómo Henry? -pregunto Sirius alzando la mirada cansada y llorosa.

- ¿Quién? -preguntaron Ron, Neville, Hannah e incluso Luna.

-Un querido amigo ¿Cierto Lupin? -pregunto Dumbledore levantándose de paso poso su mano sobre la cabeza de Lupin, el actual asintió.

Una mueca de Dumbledore le dijo que tal vez estaba revisando los recuerdos de Lupin, pero por lo que sabía, o le dijo Harry, este solo vería aquello que le dijeron a todo mundo. Con un hechizo especial de Harry todos tendrían los recuerdos de su estadía secuestrados, pero al mismo tiempo recordarían la verdad y si alguien intentaba verlos solo veían lo que implanto en sus cabezas.

-Como sea- continúo apartando la mano y sonriéndole a todos de forma que parecía un viejo abuelo viendo a sus nietos- Sean bienvenidos nuevamente, aquí estaremos a salvo, tenemos a una centena de Aurores custodiando el lugar y un par de extras dentro del castillo. Aquí nadie podrá entrar, ni salir sin permiso-

Sus ojos destellaron viéndola un segundo, antes de girar al castillo y sonreír.

-Además de que estoy tras Wild Hunter, pronto pagara sus crímenes y terminara en el lugar que merece-

Los ojos de Lupin cambiaron a unos lobunos, supuso que ella estaba igual y que Hermione tuvo que controlar sus alas. Pero sin en cambio este comenzó a avanzar hasta la entrada y luego volteo a verlos. -Vamos adentro, esta mejor y ¿Supongo que tienen hambre? -

No dijeron nada, solo se adentraron a el colegio, siguiendo a Albus Dumbledore.

Flora Carrow.

La entrada a Hogwarts fue tensa, la recordaba tal cual era, aunque por cuestión de regresar a clases tuvo que cortarse un poco el cabello y re pintarse el mechón rosa de su pelo. Sin contar con volver a esas túnicas que ocultaban toda su figura. No es que no estuviera acostumbrada, pero de pasar a estar casi siempre con ropa cómoda a ataviada con la túnica, le parecía raro ya.

Los desayunos, comidas y cenas durante ese día se concentraron en los "Supervivientes del cazador", como los llamaban en los diarios y que hacia que tuvieran a un grupo de chicos y chicas alrededor.

Tuvo un par de propuestas de noviazgo, también de matrimonio, incluso un chico llamado "Cormac" que le propuso solo tener sexo y ya. Pero quien se creía ese tipo, lo mando a volar casi literalmente.

Lo que le molestaba era la mirada insistente de Dumbledore, lo les había dicho nada y sus formas de comunicarse secretamente, por medio de notas en sus libros y libretas no habían aparecido. Se acercaba la semana de regreso y ninguna de ellas parecía ser llamada a la dirección del director. Cosa que no les ayudaba con su plan.

- ¿Cómo van chicas? -le preguntaba Hermione amablemente durante algunos recesos o cuando se la encontraban.

-Realmente bien- contestaban como parte de su código para luego continuar con el resto- Estamos adaptándonos nuevamente, aunque aún falta un poco-

Hermione asentía y les daba un abrazo, para luego retirarse para diferentes direcciones. Dentro de su ropa encontraban el avance en el plan que tanto estaban construyendo Hermione y McGonagall, pero solo era un número, uno que indicaba que estaban cerca de completarlo, al contrario de ellas que no tenían ningún avance.

- ¿Qué hacemos si no nos adaptamos? -preguntaba Hestia paseándose en su habitación cuando estaban solas- Y si no nos adaptamos a Hogwarts ahora… ¿Cuándo? –

No confiaban ni en la soledad de su cuarto, suponían que Dumbledore podía enterarse de alguna forma, así que ocupaban sus claves todo el tiempo.

-Ya pasara Hestia- decía sonriéndole y abrazándola- Nos adaptaremos pronto-

Quedaban dos semanas y media para el fin de curso cuando paso. A primera hora de la mañana abrieron su libro de Pociones encontrándose con un pergamino quemado y con un fénix dibujado. Señal de que Dumbledore deseaba verlas en su oficina en la noche.

- ¿Ya se adaptaron chicas? -pregunto Hermione en la comida, mientras pasaba a su lado, se notaba Tenza y algo cansada con ojeras. Pero desde años y con lo Harry eso era normal en ella y no lo encontraban extraño nadie.

-Estamos en eso, es difícil, pero estamos lográndolo- contestaron por primera vez, haciendo que Hermione saltara de felicidad y les abrazara de verdad. Para luego despedirse e irse a su mesa a comer.

Esa noche espero a que sus compañeras se durmieran y que dieran las 12 de la noche, se levantó y encontró a Hestia en la sala común. Salieron de la mazmorra cubiertas por hechizos desilusionadores para subir al segundo piso, directo a la oficina del director. Con su hermana de la mano, al llegar ambas alzaron los pergaminos con el fénix estos se quemaron como todas las veces anteriores revelando la contraseña.

"Bombas, bombas de chicle"

La gárbola abrió el hueco y las escaleras subieron, junto con ellas.

Al entrar vieron a dos personas encapuchadas en la ventana y en un costado de la puerta, se adentraron, el ambiente era tenso, se escuchaba nada a pesar de que Fawkes estaba en su percha durmiendo y los retratos petrificados. Y ahí en su escritorio Dumbledore con los ojos azules centelleando cual fuego fatuo y con una sonrisa bondadosa.

-Mis amores- dijo Dumbledore erizándole la piel y haciéndoles sudar- Hacia mucho que no tenia contacto con ustedes ¿Qué ha pasado? -

Tragaron duro. -Wild Hunter- dijeron ambas.

-Nos capturo… en un lugar donde el tiempo no pasaba- dijo de forma rápida. - y luego cuando…-

-Ya veo- dijo Dumbledore cortándola con la voz y cambiando su mirada a una seria- Entonces ¿Qué hacían con los secuestrados por los Mortifagos? -

-Wild Hunter nos torturo, nos pregunto cosas sobre "los tesoros de quien usted sabe"- comento Hestia aún más rápido con miedo real en la voz, más que nada porque no sabían si funcionaria- Luego de darse cuenta que no sabíamos nada…- Se levantaron la blusa, quedando en solo con sus pantalones y sostenes solamente, mostrando una marca en su estómago, como de unos 3 centímetros y del tamaño de una mano- Nos intentó matar-

Dumbledore no dijo nada más, se levantó y camino hacia ellas, se paró enfrente con una sonrisa. Sin siquiera dudar toco sus caderas, para subir con lentitud a sus estómagos donde estaba las heridas, las acaricio por unos momentos. Hestia y ella respiraban agitadas, asustadas y con escalofríos por las manos del anciano posada sobre su piel.

Por unos minutos fue sus acciones, incluso se agacho y vio de cerca las heridas. Agradecían que fuera real, se las habían echo en sus entrenamientos sin querer, y Harry había ordenado no quitarles la cicatriz, no entendieron en su momento pero ahora… estaban comprendiendo.

Se levanto Dumbledore y les vio de nuevo con una sonrisa. Para luego el mismo colocarles la ropa y acomodándola, como si fuera su abuelo de verdad. Cosa que les hizo temblar de pies a cabeza.

- ¿Y luego que paso? - comento el profesor.

-Casi morimos- comento Flora mientras que temblaba mucho por el toque de aquel hombre.

-Los Mortifagos nos encontraron, sabiendo que éramos espías y que casi morimos nos encerraron, Lupin y Sirius ya estaban adentro, poco después trajeron a McGonagall. Luego Hermione llego, parece que quisieron abusar de ella y que Wild la salvo de su atacante, pero esta huyo por el terror de que pudiera violarla- Comento Hestia tomando su mano que no paraba de temblar.

-Bueno, como ya Voldemort a perecido y Wild pronto recibirá su merecido- dijo Dumbledore palmeando sus cabezas y acariciando su cabello- Su servicio para mi ha terminado. Pueden continuar sus vidas…-

-Una pregunta- dijo Hestia envalentonada- ¿Por qué no contesto nuestro mensaje? Cuando nos descubrieron…-

Se movió a la puerta y la abrió, haciendo a un lado al hombre que la custodiaba. - ¿Cuál mensaje? - pregunto con la sonrisa- Buenas noches y … que Filch no las atrape-

Sin poder aguantar mas en su presencia, salió de su despacho con Hesita siguiéndole. Aterradas y con escalofríos lograron regresar a su sala común, aunque ninguna de las dos fue a su cama, se quedaron juntas abrazadas en el sofá.

Dumbledore.

Miraba la luz de la vela en su escritorio, analizando lo que acababa de escuchar, todo concordaba de alguna forma, lo que vio en la cabeza de Lupin, lo que percibió de McGonagall, incluso el relato de las hermanas Carrow. Es mas sus heridas si hubieran sido malas, pero no mortales, o no si se les atendía. Tenían la clásica huella de magia de Harry.

Hubiera querido ir con los restos de Sirius y revivirlo para saber toda la verdad, pero los estúpidos del ministerio incineraron su cuerpo en un crematorio general. Por lo que treinta a cien cenizas de diferentes magos y brujas estaban esparcidos. Levantarlos a todos por una sola alama le hubiera carcomido, incluso hecho perder el control sobre James y Lily.

El hechizo en Lupin aun estaba, su mente seguía bloqueada haciéndolo olvidar a Harry y dejándole en su recuerdo a un tal Henry. McGonagall no sabia ni quien casi quiso matarla, aunque era extraño que no lo comentara, pero Minerva siempre había sido callada. Las hermanas también lucían sinceras e incluso parecían tan asustadas de el que no paraban de temblar. Y por el otro lado, Hermione seguía ojerosa y desaliñada, a veces la vigilaba con el castillo y la veía llorando o suspirando y llamando a Harry en sueños.

Nada parecía fuera de lugar, pero algo le decía que algo andaba mal.

Sus planes salieron mal, las hermanas casi mueren por las manos de Wild, el cual aun con Mortifagos no los mataba, los dejaba sufriendo. Lupin y Sirius capturados por intentar enfrentar los Mortifagos, no comprendía que le pasaba al estúpido de Voldemort que capturaba a esos dos en lugar de matarlos, pero ya lo había echo con Harry. Gideon incluso no había regresado y su presencia mágica había sido borrada, parecía que Harry lo mato o lo hizo desaparecer.

Lo único que no enjaba era McGonagall, ya que el reporte de Gideon le decía que fue llevada por Wild Hunter, lo que podría ser que ella supiera que era Harry. Y entonces sabría todo lo que pasaba. Pero… en ese caso, ¿Por qué seguía actuando como su colega? ¿Porque incluso parecía confiar mas en el que antes?

Si algo apestaba en ese lugar.

- ¿Ya se cansó de jugar con jovencitas? -pregunto Lily enfadada en la ventana. - Me repugna-

-Es un cerdo Dumbledore- comento James quitándose la capucha y encarándolo- De verdad podrido hasta el alma-

-No mis amigos- dijo Dumbledore sonriendo levantándose y pasando a un lado de James- Se equivocan, esas niñas… no me atraen- Tomo a James le obligo a girarse y hincarse, para el tomarlo por los hombros desde atrás y lamer su cuello desde la base hasta el lóbulo- Claro que si hablamos de ti James… luces… esquicito-

-¡DEJA A JAMES!-Grito Lily avanzando pero este levanto la mano y ella se quedo quieta y tan roja de coraje como podía estarlo.

-No se…- dijo Dumbledore acariciando el pecho de James, mientras este gruñía y no podía moverse. -… tal vez una vez que derrote a Harry… lo deje ver como poseo a su padre. Seria delicioso ver su rostro de ambos mientras yo…-

-Usted toca a James… y lo castro- murmuro Lily usando cada gramo de su fuerza.

Miro a Lily y soltó a James, el cual callo hacia enfrente y se quito de su lado.

-Pero eso será luego de ver caer a su pequeño- dijo Dumbledore caminando al balcón y mirando el cielo nocturno y el aire frio el cual le calmaron del calor que le comenzó a invadir. – Esos placeres serán luego de volverme el mayor mago de todos los tiempos-

-Ni en sueños lo será - gruño James abrazando a Lily, la cual le miraba a los ojos –Espero que la muerte no sea apiade de su alma-

No contesto solo sonrió con maldad observando las estrellas.

-Yo soy el dueño de la muerte, el y yo somos amantes-