Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


—Ya llegó la invitación a la reunión familiar —le dijo Alice a Liam mientras caminaban de la mano por el parque en Pasadena.

—De la que les habló Edward hace un año —respondió. Alice asintió.

—Se suponía que debía ser en mayo, pero Elise la pospuso por Joseph. Esperaba que al final ya no se hiciera.

—¿Por qué estás tan seria? Creí que te iba a alegrar ir a hacerle la vida imposible a la vieja bruja en su propia casa.

Alice se rio.

—Me alegra, por supuesto. Es el motor de mi vida. Pero, es Jasper… Algo está pasando.

Liam la miró con el ceño fruncido.

—¿Algo como qué?

—No lo sé. Sigue esperándome en las noches, desayunando conmigo, deseándome un buen día, pero es diferente ahora…

—¿Crees que ya lo sepa?

—Espero que no —dijo—. Creo que solo ya se rindió. Ya no hay nada.

—Eso es malo, Alice. ¿Qué serán ahora? ¿Extraños viviendo bajo el mismo techo, con dos niños en común?

Sí, no era bueno, pero era mejor que la alternativa. Al menos así, seguía yendo a las cenas familiares, usando sus joyas, comiendo en porcelana fina… No podía perder eso.

Cynthia le envió un mensaje, avisándole que el almuerzo en casa de Edward e Isabella se había convertido en cena. Ya ni siquiera ella lo intentaba. Aunque no era tan malo como ver que el interés amistoso de Jasper ya no existía.

Como la casa estaría sola hasta quién sabía qué horas de la noche, Alice se fue con Liam a su casa. Ya no le importaba si los veían, si alguien le decía a Jasper. Ya. Si eso se iba a ir al demonio, que se fuera bien, en gala. Mientras Jasper no tomara medidas drásticas, ella iba a seguir haciendo lo que quisiera.

Cuando llegó esa noche a la casa, se encontró con Jasper en la sala, trabajando. Él ni siquiera la miró cuando entró, estaba muy concentrado en lo que sea que estuviera leyendo en la computadora.

—Hola —musitó ella.

—Hola —respondió él escueto, sin separar la vista de la pantalla.

—¿Cuándo nos vamos?

—Pasado mañana —dijo, sacando una de sus tarjetas de su cartera para dársela—. Mañana ve de compras. Atuendos de día y de noche, corbata blanca. Procura que el atuendo de día sea similar a lo que usas normalmente.

—Está bien.

—Ah. Y una diadema. Bella quiere que las tres usen diademas.

—¿Las tres? ¿Cynthia no va a estar en la foto?

—¿Recuerdas que te dije que habría ocasiones en las que ella no iba a poder estar presente por el apellido? —inquirió, mirándola al fin. Alice asintió—. Esta es una de esas ocasiones. Papá va a considerar incluirla en nuestra fotografía, pero es un hecho que no podrá estar en la otra. Si quieres que vaya contigo y que se compre algo. Ella ya sabe cuál es la situación.

La manera en la que dijo "situación" la hizo temblar. Fue frío, críptico, como si estuviera guardando un secreto, como si esa palabra tuviera un doble sentido para él.

—¿Está todo bien?

—Estoy adelantando trabajo, Alice. Si no te importa, necesito concentrarme. Ve a descansar.

Jasper estaba harto de ella, podía notarlo y tenía miedo de lo que pudiera suceder con eso.

Por primera vez en un año, tenía mucho miedo.

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A: Tal vez debamos dejar de vernos por un tiempo.

L: ¿Jasper lo sabe?

A: Creo que sí. Se comporta muy raro.

Debería concentrarme en mi matrimonio.

L: Bien. Lo que necesites.

—No me gusta —masculló Cynthia, saliendo del probador. Alice brincó, creyendo que se refería a sus mensajes con Liam. Cuando la vio, dejó salir un pequeño suspiro de alivio.

—¿Por qué?

—Me queda pequeño. Mira esto, no debería verse así. Son shorts, no ropa interior.

Alice rodó los ojos.

—Todas las niñas de tu edad los usan así.

—Yo no soy todas las niñas de mi edad. Bella dice que un buen atuendo debe hablar por nosotras antes de que nuestras bocas lo hagan.

—Ese es el consejo más estúpido que he escuchado. Es solo ropa.

—Es justo ese pensamiento el que te hace creer que te ves bien con esos vestidos de dama de los cincuentas —soltó.

—Últimamente estás muy grosera conmigo, Cynthia. Más que de costumbre. No sé qué cosas te han dicho las gemelas…

—No es lo que me han dicho, Alice. Es lo que he visto. Te lo voy a decir solo porque eres mi hermana y realmente te quiero: ya sabemos sobre lo tuyo con Liam.

Alice sintió como el corazón se le iba al estómago, como si… como si su alma se hubiera salido de su cuerpo. No se sentía presente en el momento, el pánico la embargó más de lo que jamás creyó que sería posible.

—¿Qué?

Cynthia se pasó un dedo por los ojos, limpiando sus lágrimas antes de que cayeran.

—Lo supimos anoche, en la cena. Las gemelas lo sospechaban desde la fiesta de compromiso, Jasper y yo no queríamos creerles, hasta la fiesta de Joey, cuando vimos cómo defendiste a Liam de las Cullen. Jasper dejó que Bella y Edward enviaran a su detective a seguirte… Te atrapó hace dos días, en Pasadena. ¿Desde cuándo?

Alice suspiró.

—Desde la fiesta de jardín —confesó. Lo sabían, no tenía que perder el tiempo negándolo—. Jasper… ¿Qué dijo él?

Cynthia se encogió de hombros. Iba a mentirle a su hermana, lo que la hacía sentir terrible, pero no tenía otra opción. Los Swan le pidieron que la preparara y así evitar que se pusiera difícil cuando el proceso de divorcio comenzara oficialmente.

Por eso Jasper las había enviado de compras. Para dejar que Madeleine hiciera el equipaje de Jasper, Cynthia y los niños, sin que Alice supiera lo que estaba ocurriendo en la casa.

—No está feliz —dijo—. No quiso decirnos cuáles serían sus planes, así que no sabemos cómo va a actuar, realmente. Charlie y Renée esperan que con la visita a Seattle se calme un poco y ustedes hablen acerca de eso. Pero, Alice, por favor, les prometí que no te lo diría; no menciones nada si él no saca el tema, ¿sí?

—Pero, todo va a estar bien, ¿cierto? Bella dijo que nos quiere a las tres con diademas, así que eso debe ser buena señal —dijo, muy desesperada por encontrar un atisbo de buena fortuna.

Cynthia torció el gesto.

—Eso lo decidió antes de que viéramos las fotografías, Alice.

—No cambió de opinión…

Eso era verdad. A pesar de haber visto las fotografías, Bella siguió diciendo que quería que las tres fueran inmortalizadas como las princesas de la familia, no solo ella. Tal vez fue guiada por la necesidad de que Alice no hiciera mucho drama cuando Jasper le entregara los papeles del divorcio.

Si en la última aparición oficial de Alice con la familia la presentaban como princesa, ella se controlaría con tal de no hacer escándalos y borrar esa imagen pública.

Esa era la mejor representación de lo maquiavélica que Isabella podía llegar a ser.

Se tomaron un descanso de sus compras cuando tuvieron toda la ropa. Después de un almuerzo, irían a la joyería.

Cynthia se disculpó para ir al tocador una vez llegaron al restaurante. En realidad, iba a llamar a Jasper para ponerlo al tanto de la situación.

Tenemos un problema —le dijo él.

—¿Qué?

El abogado se lo dijo a mi abuela —murmuró. Cynthia se golpeó la frente con una mano—. Estoy en su oficina, vamos a tener una conferencia con ella… Esto, Cynthie, no va a salir como esperábamos.

Cynthia suspiró.

—Ella está aterrada, Jasper. Te puedo asegurar que en este momento está hablando con Liam para terminar con él. Haría lo que fuera con tal de que no se divorcien.

Cynthia, tú entiendes por qué lo estoy haciendo, ¿verdad? Sé que tú eres su hermana y que vas a estar siempre de su lado, solo te pedimos algo de ayuda para que esto no resulte traumático para ella, para ti y para los niños.

En ese momento, Cynthia se atrevió a hacer la petición que tenía en la punta de la lengua desde la noche anterior.

—Lo único que yo pido a cambio, Jasper, es que no me hagan volver a Mississippi con Clarissa y Benedict, por favor.

Del otro lado de la línea, Jasper se petrificó mientras el abogado regresaba de su archivero con una carpeta, cabeceando hacia Isabella a modo de saludo. Ella le sonrió.

—Por mi vida y las de los niños, Cynthia, no vas a volver con ellos. Tengo que colgar, hablamos en la noche —se despidió. Cynthia le dio las gracias antes de terminar la llamada. Isabella lo miró con los ojos abiertos de par en par—. ¿Qué problema habría si mi cuñada decide quedarse con nosotros en vez de volver con sus padres?

El abogado no respondió de inmediato, sorprendido por su pregunta.

—Tiene diecinueve años, ¿cierto?

—Sí, los cumplió en febrero —respondió Isabella.

—En ese caso, es libre de hacer lo que quiera.

—¿Sin proceso de custodia o de emancipación?

—Ninguno de los dos —confirmó. Jasper suspiró de alivio, asintiendo. Isabella le palmeó un hombro—. ¿Listo?

Jasper asintió, apoyando los brazos en el respaldo de la silla frente al escritorio. El abogado pidió a su secretaria que lo comunicara con Elise.

Jasper.

—Abuela —suspiró él.

Así que por fin te diste cuenta que yo he tenido razón todo este tiempo…

Jasper rodó los ojos, apuntando a su hermana con el dedo índice.

¿Es que no podía quedarse callada una vez?

—Abuela, te informo que todo el proceso lo vamos a seguir aquí. Espero que estés de acuerdo.

Como quieras. Solo te advierto que estaré muy al pendiente de todo lo que pase, ¿entendido? —masculló. Jasper miró a Isabella. Ella le asintió.

—Está bien.

—Señora Swan, de acuerdo a lo estipulado en el contrato prenupcial, los niños se quedarán en su familia, custodia legal y física, ¿cierto? La señorita Brandon recibirá una generosa indemnización para sostenerse mientras se vuelve independiente.

Así es. Nada más.

—¿Estás de acuerdo, Jasper?

—Sí. En cuanto a visitas…

No —soltó Elise. Isabella articuló un "te lo dije" hacia su hermano. Él la mandó a callar—. Ya vimos qué clase de gente son ella y sus padres, Jasper. Los niños no pueden estar cerca de ellos.

—Cynthia quiere quedarse con nosotros.

Cynthia puede hacer lo que quiera, pero a los niños no los quiero cerca de Alice y sus padres, ¿entendiste?

Jasper rodó los ojos.

—Sí, abuela.

Hablaremos del resto cuando estén aquí, por ahora, tengo que retirarme. Hay una reunión en la constructora a la que debo asistir. Jasper, señor Jones… Isabella.

Ella torció el gesto, al tiempo que Jasper lanzaba unas risitas, divertido.

—Nos vemos mañana, abue —se despidió.

—Le dijiste.

—¡No es cierto! No he hablado con ella desde hace días.

—¿Cómo se enteró, entonces?

—No lo sé. Tal vez Seth se lo dijo a Brenda… Ya sabes lo bocona que es. O papá y mamá. Pero Illy y yo no hemos hablado de eso con nadie.

Jasper se pellizcó el puente de la nariz.

—¿Quieres comenzar, Jasper?

Él asintió.

—Hazlo.

Un simple vistazo a la suave sonrisa consoladora de su hermanita le dijo que estaba haciendo lo correcto, incluso aunque aún lo dudara.

—Te dije que no tenías que casarte… —soltó Isabella.

—¿Tienes hermanas, Bart? —le pregunto él al abogado.

—Soy hijo único.

—Qué suerte tienes —respondió Jasper. Isabella rodó los ojos.

Después de acordar la próxima reunión, los hermanos se despidieron.

Se fueron directo a la constructora, Isabella en su propio auto, ya que había ido al despacho por su propia cuenta.

Jasper adoraba a sus hermanas, en serio que sí, el problema era que a veces eran exasperantes.

Al verlos llegar juntos, Charlie los hizo entrar a su oficina como si fueran niños pequeños.

—¿Por qué llevaste a tu hermana? —inquirió.

—Yo no la llevé, ella llegó sola —reclamó.

—Agradécelo, de otra forma dejarías que Alice te quitara hasta la risa. ¿Cómo supiste? —preguntó ella, sonriéndole a su papá.

—Llamó la abuela para decirme, no, perdón, ordenarme que te haga meterte en tus asuntos en lugar de estar detrás de tu hermano. Con lo cual estoy de acuerdo.

—¿Tengo que repetir lo que acabo de decir?

—¿Tengo que recordarte que ustedes tres son adultos responsables de sus propias acciones? —contraatacó. Ambos hermanos asintieron, sin pronunciar palabra—. Jasper, necesito ver tus avances del proyecto Gómez.

—Sí, papá.

—Y tú, Isabella, no quiero que nadie te vea aquí y empiecen a sacar conclusiones apresuradas. El consejo no me dejaría nombrarte jefa si te andas haciendo ver antes de que la jefa actual se retire.

—Está bien, papá.

—Adiós, niños.

—Adiós, papá —respondieron ambos al unísono, saliendo de la oficina.

Jasper envolvió los hombros de su hermana, aferrándola a su costado.

Muchas veces se quejaba de ella, que era insoportable, controladora y mandona, pero ¿qué haría él sin su hermana?

—Gracias por ir conmigo hoy —le dijo. Isabella le sonrió.

—No fue nada. Illy, Raoul, Edward y yo creímos que ibas a necesitar algo de apoyo. Esto no va a ser fácil, lo sabes, ¿verdad?

Jasper asintió, torciendo el gesto.

—Sí. Y ahora peor que la abuela ya se enteró, esperaba poder mantenerlo en secreto de ella hasta que saliera la sentencia.

—Eso no iba a ser posible, aun así, felicidades por intentarlo —le dijo. Jasper le rodó los ojos—. Nos vemos mañana, Ogro.

—Hasta mañana, Princesa.

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La tensión podía sentirse, cortarse con unas tijeras durante el desayuno en la habitación de Charlie y Renée, en Seattle.

Era horrible. Todos sabían lo que ocurría, pero nadie hablaba de eso, solo intercambiaban algunas palabras para pedir la mantequilla, o la fruta…

Claro, no todo era sobre el gran y rosado elefante en la habitación. La familia se sentía incompleta, ya que Seth estaba con sus padres y sus hermanos, justo como debía ser en esa clase de eventos familiares. El muchacho hacía falta, ya se habían acostumbrado a tenerlo en su núcleo. Lo extrañaban bastante.

Ya estaban listos para bajar en el momento que la fotógrafa los llamara, todos con atuendos similares a los que usaban en un día común, incluso los niños.

Alice, Isabella e Ilaria llevaban diademas. Eso no había sido idea solo de Isabella, Elise tuvo algo que ver al decirle a Charlie que "sus chicas" deberían ser distinguidas de una manera diferente. Fue Isabella la que sugirió las diademas porque ella usaría una.

El mayordomo subió por ellos. Serían los primeros en bajar por el número de pequeñas familias que eran.

—Cynthia, ponte una diadema —le dijo Charlie a la chica, al tiempo que Isabella se acercaba a ella con tres opciones de estas para elegir.

—¿En serio? —preguntó Cynthia, entusiasmada. Isabella asintió.

—Sí, apresúrate que él se pone como loco cuando llegamos tarde a algún lugar.

A las prisas, Cynthia eligió una diadema de diamantes que Isabella le ayudó a colocar sobre su cabello atado en una coleta baja.

Como cada cinco años, Elise contrató a dos equipos de fotografía, uno que tomaría las de exteriores y otro para las interiores. Comenzaron con las interiores, en el salón de fiestas de la casa.

Los niños tendrían que esperar hasta que tomaran las fotografías en el jardín. Para las interiores, solo los adultos fueron requeridos. Charlie y Renée se mantuvieron sentados, con sus hijos detrás de ellos, a quien después se unieron sus respectivas parejas y Cynthia.

Solo Charlie y Renée.

Solo Jasper, Ilaria e Isabella.

Individuales.

En pareja.

Al jardín. Afuera, repitieron la familiar completa, ahora con los niños sentados a los pies de los abuelos, Renée sostenía a Joey en su regazo.

Otras de pareja.

Los Swan-Brandon.

Los Cullen-Swan.

Solo los niños, en un abrazo diagonal controlando a un inquieto Joey.

Otras individuales.

Terminaron exhaustos.

—Les mostraremos algunos de los resultados mañana, si está bien para ustedes —le dijo la fotógrafa a Charlie cuando terminaron. Él asintió.

—Claro que sí. Las estaremos esperando. Muchas gracias.

—Gracias a ustedes.

—¿Y? ¿Pudiste ver algo? —le preguntó Isabella a su papá cuando se unió a ellos.

—No aún. Hasta mañana. ¿Qué les parece si salimos a almorzar algo? Yo invito.

—¿Estás seguro? Aún tenemos que arreglarnos para la cena —le dijo Jasper.

—Esto está a punto de volverse un caos. Salgamos de aquí —ordenó.

Los llevó a un restaurante cerca de la casa, donde, para sorpresa de todos, ya tenían una reservación. Otra de esas ideas que parecían estar sacadas de la mente de Isabella para mantener a Alice a raya durante el proceso de divorcio.

Pero, lo que ellos no sabían era que Elise estaba aprovechando ese momento para llamar a Natasha e invitarla a su cena, como la pareja de Jasper.

Sin darse cuenta, Elise estaba cavando la tumba de Jasper con esa acción que, si bien ya era muy controversial, definitivamente terminaría con todos los planes que Isabella y Charlie tenían para que Alice no diera problemas.

En la noche, cuando bajaron a encontrarse con la familia y vieron a Natasha en su mejor atuendo de corbata negra, todo explotó.

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Elise convocó a una reunión familiar después del desayuno la mañana siguiente, la que, por cierto, incluyó a Natasha y Cynthia.

Charlie azotó el juego de fotografías en el escritorio, frente a Elise, quien lo miró con ironía.

—¿Qué, no te gustan?

—Mamá, por Dios —reclamó Charlie—. Pudiste decirnos que traerías a Natasha…

—Yo no tengo control en las personas que quieres incluir en tus fotografías familiares, Charlie, eso lo sabes muy bien.

—¿Y ahora qué? ¿Tenemos que tomarlas otra vez para que aparezca Natasha en vez de Alice o…? —inquirió Isabella. Ilaria la hizo callar con una patada en su silla.

—No seas ridícula, Isabella, por favor. Ya no hay tiempo para eso.

—O sea que si hubiera tiempo…

—Bella, cállate ya —ordenó Renée. Edward le presionó un hombro a su esposa.

—Jasper, ¿cuáles son tus planes?

—¿Mis planes? —preguntó él, sorprendido. Sus planes habían quedado claros en esa llamada que tuvieron días atrás.

—Sí. ¿Qué quieres hacer a partir de ahora? ¿Irás a tu casa con Alice como si nada hubiera ocurrido aquí o de una vez por todas recordarás la educación que te dimos tus padres, tu abuelo y yo y harás lo que es correcto?

Jasper suspiró.

—Mis planes, abuela, estaban muy bien trazados, agendados, pero con lo que ocurrió anoche, lo echaste todo a la basura.

Cynthia, sentada junto a Natasha, le tomó una mano. Ella no había tenido la culpa. Solo fue otra víctima del fuego cruzado.

—Lo que yo hice, Jasper, fue demostrar que en esta familia no aceptamos esa clase de traiciones.

—¿El abuelo nunca te hizo algo así? —preguntó Ilaria.

—Una más y se salen las dos —amenazó Charlie.

—No, niñas, el abuelo nunca se comportó de esa manera. ¿Jasper?

Él lo pensó unos minutos, sabiendo que Elise tenía razón. Este era otro de sus episodios llamados "la familia primero".

Con un discreto asentimiento por parte de Cynthia, Jasper asintió.

—Nos vamos a ir de la casa —declaró.

—Por fin estás pensando —soltó Elise.

—Mamá… —masculló Charlie.

—Jasper no puede solo salirse de la casa y ya. Alice se adueñaría de ella en cuanto lo hiciera —dijo Isabella.

Pero eso era justo lo que Jasper quería. Dejarle la casa a Alice era como el mejor premio que le podían dar por salir viva de la familia.

Acordaron que Jasper y los niños se irían a vivir a Bel-Air, mientras que Cynthia se quedaría con Ilaria y Raoul. Era un plan de contingencia en caso de que Clarissa decidiera hacer una visita sorpresa. Divide y vencerás.

Jasper hizo que un ejército de empleados de Hollywood empacara sus cosas, las de Cynthia y las de los niños para llevarlas a Bel-Air y al Valle, así al volver a Los Ángeles no tendrían que ir a la casa con Alice.

Era definitivo. El proceso estaba comenzando, ya no podrían dar marcha atrás.

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El avión tuvo un aterrizaje un poco más movidito de lo que esperaban, despertando a Joseph, que había estado durmiendo desde apenas una hora atrás.

A Alice le pareció que ese era un presagio.

No supo de la reunión familiar de horas atrás, solo se dio cuenta que la familia había desaparecido, que algo estaba ocurriendo desde el momento en el que vio a Natasha salir apresurada de la habitación de Elizabeth. Nunca olvidaría la mirada apenada que la rubia le dirigió antes de saludarla con voz queda. No iba a desayunar, no se estaba yendo de la casa. Ella iba a su primera reunión Swan, una reunión a la que Alice no fue convocada.

Pisó el suelo de Los Ángeles con miedo, el más grande que hubiera tenido jamás. Nadie dijo nada, las gemelas no hicieron caras, Jasper no la miró, solo supo que tenía que seguirlos a los autos.

Sus alarmas se encendieron cuando se percató de la camioneta que esperaba a los Cullen-Swan. Ellos no usaban camionetas, al menos no de ese tamaño.

Cynthia llevó a Tyler y Jacqueline a esa camioneta.

Jasper impidió que hiciera algún movimiento, al tomarla de la cintura, guiándola a su propio auto. Estaba por subir, cuando Cynthia, agitada por la carrera que tuvo que tomar para acercarse a su hermana, la abrazó con fuerza.

—Lo siento mucho, de verdad —le dijo al oído, al borde de las lágrimas, antes de soltarla y dirigirse al auto de Ilaria y Raoul.

—Jasper… —musitó Alice temerosa.

—Sube —respondió él suavemente, al tiempo que la camioneta comandaba la salida del aeropuerto. Sabiendo que no tenía opción, Alice subió al auto, seguida de Jasper. Su vehículo fue el último en salir.

Durante todo el camino, Alice se tragó el nudo en la garganta que le impedía respirar, dedicándole a Jasper rápidos vistazos, esperando obtener algo de él. Palabras, miradas… algo, pero lo único que consiguió fue un agotado suspiro cuando llegaron a la casa.

Sin darle las gracias al chofer, Jasper bajó del auto. Alice no quería bajar, sabía que en cuanto lo hiciera, toda la vida que conocía se iba a acabar.

A regañadientes, cuando el chofer abrió su puerta, salió del coche. Caminando a zancadas hacia la casa.

Al atravesar la puerta, sintió el cambio de ambiente. Estaba acostumbrada al escándalo que provocaba su regreso a casa, con Cynthia quejándose de las horas de vuelo, los niños peleando con Jasper para que los dejara en el suelo, el chofer metiendo el equipaje…

Ahora no había nada de eso. Solo dos maletas fueron entregadas, las de ella, antes que el chofer cerrara la puerta al salir. Sus sospechas eran ciertas.

—No —masculló, mirando a Jasper.

—¿Te parece que esto es vida? —inquirió él en respuesta—. ¿Te parece que esta es la que nosotros cinco nos merecemos? Siempre estamos peleando, gritándonos, culpándonos por cosas que, de verdad, son ridículas. ¿Así es como quieres seguir viviendo?

Sus palabras le llegaron hasta lo más hondo de sus entrañas. Era la vida que sus padres le habían dado. Durante toda su niñez y su adolescencia se prometió a sí misma que haría lo que fuera por no tener que vivir así, que cuando tuviera hijos no los criaría en ese ambiente. También se lo prometió a Cynthia. Y había fallado miserablemente.

—Es la única que conozco —confesó en un murmullo.

—Conocer, Alice, no significa querer.

—¿Por qué no lo intentamos, Jasper? Sé que podemos salir adelante, que podemos comenzar de nuevo, sé que puedo hacer que me ames.

Jasper suspiró. Eso no estaba saliendo como esperaba. Se había preparado para los gritos, las recriminaciones, los reclamos de siempre que involucraban a las gemelas y a Natasha, no a eso.

—Lo he intentado, Alice. En serio. Todos estos años he hecho una lista mental de lo que me atrajo a ti desde el principio. Eras la mejor amiga de mi hermana, eras una chica que se desvivía por su hermana, aunque no debía hacerlo, que estaba luchando por no convertirse en la persona que más odiaba en el mundo. Lo intenté con todas mis fuerzas cuando Tyler nació, cuando Jacqueline fue dada de alta del hospital, cuando nos casamos, cuando mis hermanas se casaron… A pesar de todos esos esfuerzos, no lo logré. Después de todo, ahí estabas tú: culpándome de tu vida tan miserable fuera de la casa de mis padres, culpando a mis hermanas por la boda que tuvimos, culpando a Jacqueline por nacer niña… —Alice dio un respingo. Eso era de Clarissa, no de ella—. Me cansé de buscar excusas para tu comportamiento, de disculparte con mi familia cada vez que desquitabas con ellos todo tu enojo. Me cansé de llegar a casa a pelear otra vez por las mismas cosas de siempre, de esperarte en las noches mientras tú estabas en Pasadena con Liam…

Ella se dejó caer en el brazo del sofá.

—¿Es por él?

—No —respondió Jasper—. Lo decidí antes de enterarnos.

Alice suspiró, pasándose una mano por el cabello. No iba a disculparse, eso sería muy hipócrita de su parte. Tenía un año haciéndolo sin sentirse arrepentida o avergonzada, dos ingredientes muy importantes en una disculpa.

—No he hablado con él en días…

—Eso ya no importa. Mi abogado me envió un mensaje hace un rato: los papeles te serán entregados mañana. Si quieres visitar a los niños, estaremos en casa de Bella, pero te voy a pedir que me avises antes de ir; Cynthia está en casa de Ilaria, por si también quieres verla. Y me voy a atrever a recordarte el contrato prenupcial que firmamos; no lo leíste, así que mañana te encontrarás con algunas sorpresas. Hasta luego, Alice —se despidió, dejando un cheque doblado en la mesa. Era una importante suma que le serviría para vivir hasta que le fuera entregado el dinero del divorcio.

Esa fue la última vez que Jasper salió por la puerta. Ya no volvió a ver esa casa en pie. Años después, a Alice se le antojaría como el único lugar que la protegió en sus momentos más difíciles.


Hola, hola. Uff. Qué capítulo, ¿no?

Estamos llegando al final de Lady Alice, y con él, al final definitivo de la Serie Princesa. Me alegro de decirles que el final que estamos planeando va a ser feliz, para todos, como un pequeño adelanto me permitiré decirles que la vida va en círculos. Solo eso. MUAJAJAJA (jajaja). Espero que este capítulo les haya gustado, intenso y todo, pero hecho con mucho cariño.

Gracias a piliigm, Tecupi, Dara y Guest por sus reviews en el capítulo anterior y al resto de ustedes por leer. Buenas noticias: las actualizaciones serán quincenales de aquí en adelante (o sea, los capítulos que nos restan), ya estoy escribiendo a marchas forzadas los últimos capítulos para no volverme loca jajaja.

Nos leemos prontito. Annie.