La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 9: Así funciona el mundo ( La perdida de la inocencia. Y el Capitán que la quiso ir a buscar)
Ler se deslizó a través del pastillo con suavidad, sintiendo los pasos del hombre detrás suyo. Sin mirar hacia atrás, dirigió sus manos al broche trasero de su vestido, bajandolo poco a poco mientras se detenía en la puerta un instante para apoyarse y dejarlo caer. El se detuvo también a sus espaldas y esperó hasta que la prenda tocó el suelo, solo entonces se deshizo de su abrigo y de su camisa.
El llanto se le acumuló en la garganta, así como el miedo al sentirle acercarse más, sin embargo, continuó su camino. Las manos en dirección hacia sus caderas y la tela de sus bragas que deslizó poco a poco hasta dejar en el suelo, donde se inclinó levemente para deshacerse de las mismas recibiendo un gruñido por parte del hombre indicándole que el juego estaba llegando a su final. Cerró los ojos al sentirse complemente desnuda, pequeña e indefensa, entrando finalmente en el baño.
Los pasos fueron más dubitativos y más cortos mientras se acercaba al lavabo, viéndose reflejada por el gran espejo y las luces agradables del lugar. Su figura desnuda la recibió, sonrojada, eriza, asustada, intimidada por el hombre que tenía a sus espaldas y la miraba a través del objeto.
"Un espejo" se repitió en su mente con la esperanza de que fuese a salvarle, de darle fuerza como siempre lo había hecho, pero terminó de llegar frente a él y no sucedió nada.
Nunca sucedía nada.
Entonces una mano gigante rodeo su cadera. El hombre , demasiado grande para ella, la empujó hacia adelante, obligándola a pegar el pecho a la plataforma llena de gotas de agua y otros objetos que apartó de un golpe del tocador, manteniéndola firmemente precionada por el hombro mientras se inclinaba sobre ella.
Ler volteó su cabeza apoyando su mejilla sobre el tocador, con la piel sudandole a pesar del frío, los pezones duros y con el corazón saltando a tal velocidad que le dolía el pecho y el estómago se le revolvía como si en cualquier momento fuese a vomitar.
La joven estiró los brazos ante la incomodidad de aquella postura mientras escuchaba las últimas prendas del hombre caer, representando el único sonido proveniente desde dentro de la habitación, casi confundiendose con la música del exterior, salvaje y sensual como la misma Dressrosa. Una que seguía con su noche, mientras la suya se detenía.
Ler abrió los ojos con tal intensidad que podrían habersele salido del rostro, y apretó los dientes tan fuerte que podrían habersele quebrado. Sus manos, pequeñas y delgadas se estitaron como reflejo, tratando de levantarse de su posición, de limpiarse las lágrimas que inevitablemente se le escaparon cuando la penetró.
Si Doflamingo percibió la barrera que acaba de romper entre las piernas de Ler o no, le fue de poca importancia, porque se retiró solo unos segundos para hacerse con el suficiente espacio de nuevo y entrar en ella sin ningún miramiento, dejando escapar un sonido de satisfacción, de un sentimiento de alivio al por fin poseerla.
La sangre se deslizó por sus piernas y se fue secando poco a poco al rededor de las mismas mientras el sonido de su cuerpo siendo golpeado una y otra vez por otro llenaba el lugar, la hacía concentrarse en otros detalles que no fuesen el dolor lacerante, invasivo, grotesco que invadía sus piernas, como si hubiesen muchas cosas, como si recibiese demasiado para su cuerpo.
Demasiado pequeña, demasiado débil, las lágrimas fueron las gotas que ahora se pegaban a su cara y se deslizaban poco a poco por la plataforma, rodeandole el rostro, obligándola a cerrar los ojos deseando estar dormida y no despertar nunca. Antes de llegar, había bebido como nunca, intentó por todos los medios perder la consciencia, pero no pudo.
"Solo es un sueño" se decía a si misma con cada estocada y el temblor que le provocaba el dolor, así como las ganas de vomitar al sentirse incapaz de recibir el miembro del hombre dentro de ella una vez más sin desmayarse, sin quebrarse totalmente. Pero volvía a pasar.
Una.
Y otra.
Y otra vez.
Y nadie la detuvo mientras se deshacía, mientras se rompía, ni cuando su llanto adquirió fuerza, ni cuando sus sollozos se escucharon incluso afuera de la habitación. Pero él seguía.
Una.
Y otra.
Y otra vez.
No se detuvo.
No hasta que el cuerpo de Ler quedó exhausto, tendido sobre el suelo del baño, rodeada por su sangre y otros fluidos, por las lágrimas que se asemejaban a rios, por el dolor y la desesperanza.
Por la vergüenza.
Ler lloró como la niña que aún era mientras se abrazaba a si misma, mientras se arrastraba hasta la ducha y dejaba caer el agua sobre su cuerpo con ganas de quitarse todo tacto y mancha del suceso, con ganas de borrar su propia existencia.
Lloró a gritos, maldiciendo su nacimiento, a su historia, a su destino. Lo hizo hasta que se le desgarro la garganta y la sangre de sus piernas no fue la única que se lavaba de a poco, si no también la que salía de su boca.
Y sin poder contenerse más, vomitó.
Esperé a que hubiese nuevamente silencio, pero la gente había dejado de murmurar y comenzaba a comentar las cosas en voz alta. La incomodidad era grande al escuchar hablar acerca de aquello y de mi de una forma tan poco discreta y agresiva como esa.
Algunos me creían, otros no. No me importaba en realidad.
- La gente me odiaba, pero no por lo que pasó ese día. Doflamingo se encargó acusarme de intentar militarizar la Isla. Aún así , Luffy se enteró de la verdad- aclaré con suavidad. La gente y los mismísimos jueces habían quedado perplejos por mí falta de tacto para describir aquella escena.- nunca lo ví tan motivado para matar a alguien como ese día.
- Pruebas...Las pruebas...- alguien balbuceo finalmente.
El jurado era incapaz de creer lo que decía teniendo en sus manos una carta con mi letra, llena de elogios hacia el hombre que describí como monstruo.
- Estuvieron siempre allí, pero sin el contexto que tienen ahora.
Todos estaban sorprendidos de que aún pudiese dar sorpresas.
"¿Porqué permitiste que pasara?
Tu lo sabías.
Estuviste de acuerdo para mandarla.
Incluso si la odiabas, incluso si creías que era necesario para mantenerla a raya. No mereces nada mejor de lo que se merece el.
No mereces volver a llamarla si quiera por su nombre. ¿Acaso crees que una disculpa va a reparla?
Me disculpo yo por creer un día que me permitiste salvarla por su bien.
- A. n. S. "
Luffy aún odiaba a Doflamingo y había jurado que de verlo por alguna razón del destino otra vez en el mar, esta vez le arrancaría el corazón con las manos.
" ¿Porque te la llevaste contigo diciendo que ibas a protegerla cuando lo mejor que podrías haber hecho era matarla?
No puedo imaginar lo que sintió. No podría entender lo que siente jamás y aunque diga que lo ha superado, se que no es así.
Ella me ha mentido por años creyendo que no lo sé. Pero cuando nos encontrábamos y nos poníamos al día, cuando yo solo quería disfrutar con ella, ella solo quería llorar. Se iba a dormir y tardaba tanto en despertar...Y yo tenía miedo, tenía miedo de que no lo hiciera así que me empeñaba en mantenerla a mí lado más tiempo hasta que lo entendí...Ella se sentía segura conmigo, se sentía en paz como nunca se sintió allí.
Siempre dijiste que era un idiota y débil, te decepcionaba el saber que yo no entendía muchas cosas, que nunca te demostré ningún sentimiento, que jamás quise aprender nada de ti.
Y quizá sí sea un idiota, uno muy grande según Nami, pero ten por seguro una cosa, se muy bien que siempre amé a Ace, a Sabo y a Ler. Sabía en mi corazón que no estaba solo, ellos eran mi familia, ellos eran mis hermanos.
Y quizá aún sea muy débil, pero habría hecho cualquier cosa por salvarlos, a los tres.
Y nunca te perdonaré que no hayas hecho nada para ayudarlos.
Estabas en la Isla, ¿Porqué no interviniste para salvar a Sabo?
Te llevaste a Ler, ¿Porqué no la mantuviste a tu lado?
Tenías a Ace, ¿Porqué lo dejaste morir?
Aunque Sabo y Ler aún estén vivos, sé que nunca recuperaré las partes que perdieron al partir. Que a Sabo a veces le molestan sus marcas. Que a veces Ler se despierta gritando. Que ambos extrañan a Ace y se arrepienten de no poder haber hecho más.
Te escribo esta carta no porque quiera, no porque sienta el deber de exhibir a Ler. Lo hago porque tengo tantas preguntas, pero si decides responderme, solo me importa una:
¿Como puedes dormir?
Te escribo porque yo no puedo hacerlo.
M. D. L"
Siempre supe que el era más inteligente de lo que todos creían.
Supongo que la jueza era la más afectada con la confesión. Después de la demostración de antipatía y resentimiento del hombre que había guiado la interrogación hasta allí, sentía que ella había inclinado sus pensamientos hacia mí directamente.
No quería lastima de ninguna manera, pero agradecía infinitamente que pudiese mujeres en la sala habían llorado bajito un rato y a mí me habían golpeado las emociones que desprendían.
Muchas de ellas, como yo, no deseábamos convertirnos en víctimas de forma pública, otras tantas perdían la esperanza de hablar por el tipo de reacción de la sociedad. Los hombres eran un poco más escépticos al respecto, y yo lo sabía bien aunque la mayor cantidad de peros viniese de nuestro género. Supongo que no podían creer que confesara algo como aquello con tanta crudeza.
Hina me miró con ojos tristes, esta vez ella no me apoyaba con su mirada, solo recordaba cosas que probablemente le pasaron también.Y es que una cosa que siempre se les dice a las mujeres al entrar a la Marina y que hace sonar todas las alarmas era un pensamiento constante que aún suena en mi mente. Muy probablemente suena también en la de ella y en la de muchas otras que corrieron con el infortunio de ir a parar a lugares donde la moral era dudosa. Si, incluso dentro de la marina.
En filas, cuando todas las aprendices se desnudaban y dejaban atrás sus viejas ropas, caminando hacia las duchas lentamente, con inseguridad, tratando de tapar su desnudez y no perder el paso indicado por sus superiores, que dedían ser solo mujeres, pero muchas veces incluyeron hombres, escuchabamos recitar:
"-Ninguna mujer en la Marina puede aprovecharse de su sexo y su apariencia sin que en el camino se aprovechen de ella."
Y aún creo que es de las máximas verdades que se dijeron allí.
- Limpiate...- Tsuru le lanzó un pedazo de tela a la chica mientras esta temblaba y le miraba incrédula.
- Escúchame , Tsuru- Ler apretó los dientes y se inclinó a recoger el objeto del suelo mientras se acercaba a la anciana, con los ojos rojos por el llanto y la ira- sabes que no puedo enfrentarme a él y tampoco puedo cambiar lo que pasó, pero por favor...- dejándose caer, se aferró a los pantalones blancos de su superior, sollozando con la cabeza gacha- no me mandes de vuelta, no me mandes devuelta...
- Estás comportándote como una niña- soltó ella con frialdad, sacándosela de encima, casi apartándola de un pisotón.
Ler tenía 14 años.
- Tsuru-san...
-Colócate el maldito uniforme y ve a hacer tú trabajo.
Ler miró al cielo, cerró los ojos tratando de contener el llanto que seguía derramando sin parar y decidió tomar el pañuelo que la anciana le había dado para limpiarlo. -¿ Acaso este es mi trabajo? ¿Eso es lo que hacemos las mujeres en la marina?
La vicealmirante le dió la espalda a la chica y comenzó a caminar hacia la puerta: - Podrías haberte enfrentado a el, podrías haber llamado al Vicealmirante o exponer a Sengoku, pero no lo hiciste porque sabías que no lograrías nada. Tu no querías mi ayuda, eres consciente de que no voy a dártela, pero supongo que me necesitabas aquí porque eso hacemos las mujeres en la marina, sobrevivir.
Ler guardo silencio. La mayor continuó: - Sabes que no puedes cambiar lo que pasó, y ahora debes enfrentarte a eso. Ya superaste las ganas de matarlo, supera las ganas de morir: Vive... Eres inteligente. Mucho más inteligente que cualquiera. Usa tu inteligencia para eso. Usa tus verdaderas habilidades para ganarle al sistema que te puso aquí para que ninguna otra chica vuelva a tener que pasar por lo mismo.
Tsuru murió tiempo después de la guerra, pero sus palabras aún latían fuertemente en mi corazón.
La juez me recordaba a ella y cuando se inclinó interesada, con la emoción en la voz y el rostro, haciendo una pregunta evidentemente personal, reflexioné que quizá la anciana marine se había contenido muchísimo para no hacer lo mismo : - ¿Porque no lo hizo, porque no lo mató?
El abuelo y Sabo despedían la misma rabia que Luffy aquel día, la misma que liberaron en mi ante la petición que le había hecho.
- Porque yo le pedí que no lo hiciera.
