Les dije que lo terminaría… con mil años de intermedio.
Ojo, hay una que otra grosería por ahí.
Capítulo 21: "Viva el nuevo Faraón".
Ante la luz del atardecer la ciudad continuaba irguiendo un coro de lamentos entre cada pasaje y hogar. El ataque de Heishin había sido devastador para la capital, la ciudad blanca estaba cubierta de escombros, muchos de ellos sepultando cruelmente a seres queridos y destruyendo familias en el proceso.
Los relatos eran desgarradores, ni bien Jouno, Yugi, Behu y Atemu habían logrado escapar de la ciudad, los soldados poseídos por el Cetro del Milenio acompañados por monstruos de las sombras asolaron las calles en búsqueda de sangre para completar el ritual que el consejero mayor deseaba llevar a cabo para borrar a la dinastía del faraón actual. Mahaado e Isis estaban organizando a los sobrevivientes, ni bien el control del cetro les había dejado ir, ambos sacerdotes salieron a las calles de la ciudad buscando ayudar.
Yugi suspiró cansado, el viaje junto a Mariku y el resto de los otros hombres de Bakura no fue un paseo, y la angustia de haber creído que su hermano estaba muerto ya lo sentía en sus piernas y en su pecho. Temblaba de pies a cabeza a pesar de la manta que Behu acababa de dejar sobre sus hombros, sus manos firmes y tibias entregándole parte de ese cariño que siempre le ha expresado con pequeñas acciones. Era impresionante que a pesar de todo lo que habían vivido ese día, aún tuviera fuerzas para ofrecerle consuelo, a él, que aún tenía a su hermano mayor a su lado, mientras Behu acababa de perder a Bakura una vez más.
"Es injusto". Susurró Yugi abrazando sus propios hombros, un nuevo suspiro entrecortado saliendo de entre sus labios y nariz, sus ojos cerrados ante el desastre frente a él, aún no lograban sacar las columnas de piedra que sepultaban los cuerpos sin vida de la familia real anterior, y mucho menos se había limpiado la mancha de sangre oscura que dejó … no sabía cómo llamarle, pues no era Bakura, era su cuerpo, pero no sus ojos.
"La vida no es justa". Respondió Behu mientras acariciaba la espalda del príncipe. "No siempre tenemos lo que queremos, ni lo que merecemos". Mordió su labio pensativo, ese lugar contenía demasiada muerte y sufrimiento para que Yugi se quedara ahí, pero por ahora era lo que quedaba con techo en los alrededores del palacio, y con el atardecer llegando, el frío del desierto sería lo siguiente, y Heba no toleraría una noche a la intemperie.
"¿Qué va a pasar ahora?". Behu no sabía qué responder ante la pregunta de Yugi, normalmente era el otro niño quién tenía las respuestas a los misterios de la vida, no él. Pero también sabía que su amigo necesitaba ayuda.
"Heba". La llegada de Seth les hizo mirar hacia donde el primo de Yugi acababa de dejarse caer con poca gracia entre las piedras que servirían de apoyo, asientos y lugar para descasar esa noche. "¿Cómo están?". Preguntó a ambos, sorprendiendo a Behu con el tono amable, un tono que estaba acostumbrado a escuchar dirigido hacia Jouno, no hacia él.
"No lo sé". Respondió Yugi buscando la mano de su primo con la propia, necesitaba aferrarse a otros que fueran fuertes en ese momento, y quizás Atemu sería el más indicado, pero con las condiciones de la familia y Kemeth sin Faraón, su hermano debía asumir nuevas responsabilidades.
Seth se deslizó sobre las piedras hacia ambos niños y se acomodó entre ellos, sosteniendo a Yugi con su brazo derecho y a Behu con el izquierdo antes de abrazarlos con fuerza y dejar que ambos se apoyaran en él.
"Estamos organizando la ciudad, debemos limpiar a nuestros muertos antes de que los animales salvajes huelan la muerte y vengan a complicar las cosas". Comenzó a explicar, claramente buscando que ambos niños sintieran seguridad, pero también fueran conscientes de la necesidad de apoyar los esfuerzos de los adultos por cuidar de ellos. "Tenemos que reconstruir gran parte de la ciudad, además necesitamos ritos funerarios para nuestro Faraón… y coronar a su sucesor".
"Atemu nunca quiso ser Faraón". Comentó Yugi aún con los ojos cerrados, sabía de la tranquilidad de su hermano al saber que era el tercero en la línea del trono, pensando que jamás asumiría como gobernante. "Mi hermano no quiere ser Faraón".
Seth lo abrazó con más fuerza. "Lo sé, así como yo no quiero ser Consejero mayor ni Alto sacerdote, pero en estos momentos Kemeth necesita un líder, si otros reinos se enteran de esto, seremos blanco fácil para ellos y Memphis no es la única ciudad, hay muchas aldeas entre las ciudades, hay muchas familias que debemos proteger y eso es lo que importa por ahora". Explicó el sacerdote sin perder la paciencia con el príncipe, quien poco a poco se acurrucaba contra su costado, comenzando a quedarse dormido.
Behu buscó la mirada de Seth, curioso por el destino de su propio hermano.
"Sobre Bakura…". Una pausa buscando con la mirada hacia el techo donde las grietas permitían ver las estrellas comenzando a poblar el cielo, claramente barajando las palabras correctas para explicar a Behu lo que había pasado hace unas horas.
"Lo vi". Admitió Behu mordiendo su labio inferior, esta vez ya no tenía que ser valiente por Yugi, y su miedo estaba comenzando a aflorar en forma de deseos tremendos de llorar.
Ni siquiera Seth estaba seguro de lo que había ocurrido. Recordaba al egipcio de túnicas rojas que había ayudado en la primera parte de la batalla contra Heishin, inclusive había comprado tiempo para que él lograse invocar a su Dragón, y de pronto estaba abrazando a Atemu y luego dando un pulso de magia oscura que envió a su primo varios metros en el aire.
"Bakura no es el mismo en estos momentos, su espíritu se encuentra cautivo por una criatura de sombras". Seth abrazó con fuerza a Behu al sentir al niño comenzar a llorar. "Lo vimos dirigirse al sur, Atemu dijo que su presencia es perceptible desde aquí…". Quizás no era buena idea continuar explicando, por lo que Seth simplemente guardó silencio mientras sostenía a un niño durmiendo y a otro llorando.
Ra, ayúdanos, no estamos listos para ser quienes lleven el peso de estas tierras.
Atemu observaba la ciudad desde partes de la muralla exterior del palacio, la altura era suficiente para observar el horizonte donde Ra se perdía entre las arenas para descansar en su barca antes de iniciar el nuevo día en unas horas. Frunció el ceño ante el peso de la pirámide invertida que Simon había insistido en que llevara puesta, si cerraba los ojos podía sentir el metal pesado vibrando suavemente contra su pecho, y como esa vibración podía extenderse desde sus manos, palmas calientes con energía contenida que no estaba acostumbrado a llevar.
Volteó la mirada hacia el sur, el rastro de oscuridad se percibía reptando y avanzando por las arenas, como un murmullo continuo similar a cuando se preparaba arena para pulir espejos.
¿Por qué? Era su primera pregunta, después de años de buscarlo, años de creer que había sido uno de los tantos muertos de Kuru Eruna, para luego volver a perder su rastro a manos de algo completamente siniestro. Si tan solo fuera más fuerte, más rápido, quizás habría logrado destruir al Zork por completo antes de que poseyera el cuerpo de Bakura y huyera con él hacia el desierto.
Cerró los ojos un momento. Ra, algo en su interior le pedía que dejara todo y fuera tras Bakura, pero los ojos de su propio hermano le impedía seguir ese impulso ya que en estos momentos pasaría a ocupar el trono de Kemeth, Yugi no tenía la edad suficiente para tomar la responsabilidad de ser el sucesor además, no sería justo pedirle a todos que le dejaran ir siguiendo a quien amaba. "… iré por ti…". Suspiró dejando que la pena en su corazón escapara ligeramente. El plan sería estabilizar el reino y luego dedicar su vida a recuperar a Bakura.
Sintió a Mahaado antes de que este hablara.
"Su presencia es más fuerte". Mahaado comentó antes de arrodillarse con ambas piernas contra el suelo, la mirada baja, pues estaba frente al nuevo Faraón, esta vez escogido por los mismos dioses.
Atemu se cruzó de brazos, cansando de insistir en que no necesitaba que los otros rindieran pleitesía a su persona, menos cuando siempre fueron sus cercanos, pero ya estaba agotado de tantos cambios en un solo día. "El puzle es un gran catalizador". Volvió a cerrar los ojos un momento, esperando a que su hechicero continuara hablando, al mismo tiempo que sentía las arenas del sur abrir paso a hacia el otro lado del desierto.
"Majestad, la ciudad está destruida, demoraremos meses en levantar las paredes que aplastan a nuestros muertos, lo más seguro será buscar un campamento para refugiarnos de los animales salvajes y monstruos de sombras que han sido avistados por las vigías". Informó Mahaado, después de su viaje con Isis por las calles de su querida ciudad, había visto el horror en los rostros de cada uno de los sobrevivientes, y el dolor en quienes lloraban a un ser querido.
"Necesitamos levantar a los muertos y darles sepultura". Contestó Atemu abriendo los ojos y descruzando sus brazos. "Sin el hedor de muerte, podremos mantener a los animales lejos y enfrentar a los monstruos de las sombras". La firmeza de su voz pareció aumentar la vibración de la pirámide invertida, sus manos se sentían más acaloradas, quizás el catalizador de energía era permanente y su cuerpo se estaba sobrecargando lentamente.
Mahaado iba a continuar explicando el plan que fue diseñado junto a Mariku antes de que este partiera a buscar al resto de sus hombres, quienes se unirían a los esfuerzos por levantar la ciudad nuevamente, pero se horrorizó al ver a Atemu arrodillado sobre la pared de piedra, ambas manos apoyadas en el granito, en una postura que no era digna del Faraón. Y al ver como las piedras caídas de la pared exterior comenzaban a ascender hacia el cielo, solo se quedó con la boca abierta.
En las calles de la capital los sobrevivientes comenzaron a ver los escombros levantarse lentamente, primero una piedra del tamaño de un guijarro, luego la arena entre los espacios, lentamente ascendiendo al cielo, como las líneas en el agua producto del movimiento de las barcazas que cruzaban el Nilo.
En el salón del trono, Seth sintió la presencia de Atemu ligeramente difusa en el aire, como una suave brisa de verano que simplemente pasa a tu lado y te hace recordar días más frescos; luego frunció el ceño al notar que las piedras comenzaban a levitar y ascender por las aperturas del techo, una por una, hasta lograr que trozos más grandes continuaran subiendo. Lentamente, el ascenso de los escombros le permitió ver el brillo del anillo de la reina, su cuerpo poco a poco siendo descubierto.
Karimu ingresó corriendo al salón, acababa de observar la muralla externa de palacio liberar a dos guardias muy heridos, pero vivos, la esperanza de ver a parte de los sacerdotes y consejeros, inclusive a la familia real, aún viva era una sensación abrumadora.
El aprendiz de sacerdote tomó a ambos niños sosteniendo sus cuerpos con cada brazo bajo sus piernas y dejando que se apoyaran en sus hombros. Si bien quería observar el rescate de los cuerpo, no era su intensión que ambos niños observaran ese procedimiento, durante el día habían vivido demasiadas escenas de tragedia y no permitiría que se agregaran imágenes de cadáveres a su lista. Con paso seguro se retiró del lugar, de seguro encontraría otro lugar donde descansar con los pequeños.
En el escondite de los Ojos de Uadjet era un caos similar al de Meneferes. Mariku y Nadjik habían vuelto a buscar a todos los presentes, claramente intentando que si la cosa que estaba al mando del cuerpo de Bakura, no dañase a quienes aún permanecían en ese lugar, además, debía llevar a Jouno de regreso a la capital.
Con un silbido fuerte, Mariku anunció su llegada junto al segundo al mando, caballos recibidos enseguida y llevados a refrescarse y secar el sudor que la cabalgata había provocado. Jouno claramente permaneciendo al borde del círculo de hombres preguntando por lo sucedido.
"¡Primero se callan!". Ordenó Mariku, al fin retirando la bufanda y el turbante que había usado para protegerse del viento en contra de la tarde. "El Faraón ha muerto". Anunció y se ganó un grito de animosidad en el grupo, muchos especulando si fue Bakura quien había asestado el golpe fatal o si habían tomado la capital como estaba planificado. "Fue un desastre". Comenzó Mariku, sentándose con cansancio en el suelo de la cueva. "Llegamos al final de todo, pero Bakura fue capturado por un Zork". Eso trajo maldiciones recitadas tres veces siguiendo la superstición para evitar que una de esas criaturas te visitara de noche. "Es un desastre, pero el nuevo Faraón nos ha ofrecido ayuda, quienes quieran tomarla, vendrán conmigo, el resto…". Un suspiro cansado. "Puede ir donde plazca y llevar su parte de los tesoros que desee".
Los murmullos entre los hombres comenzaron, era como si uno de sus líderes simplemente deshiciera el grupo. Inevitablemente uno de ellos habló. "¿Y el Jefe?, ¿no iremos tras Bakura?".
El egipcio rubio frunció el ceño. "No, pero ayudaré a alguien a ir por él". Y sin decir más, caminó hacia Jouno y lo tomó del antebrazo llevándolo hacia los establos. "Yugi y Atemu están bien, Seth te espera".
Al final, el viaje de regreso a Menéferes fue realizado por tres, esta vez con Jouno a un lado, claramente con impaciencia por volver a los suyos, Nadjik al otro lado era el único de los hombres que había decidió quedarse en la capital para trabajar en el palacio, quizás el despliegue de fuerza mágica de Atemu era su principal motivación, pues Mariku sabía que tenía un hijo que había nacido con el don. En cuanto a Mariku, ni él mismo sabía por qué había tomado la oferta de Atemu en vez de continuar con el pillaje de tumbas y tesoros que Bakura había amasado a lo largo de su vida como ladrón, quizás era la incertidumbre acerca del paradero de su amigo o simplemente la necesidad de ser útil en ese momento. Al fin que el nuevo Faraón necesitaría guardias a su alrededor que lograsen dar cuenta de las falencias de seguridad del palacio.
Ya al atardecer, con Ra tornándose un tono de rojo oscuro en el firmamento, ingresaron a la capital. Mariku desmontó frente a la muralla donde Atemu permanecía dirigiendo su energía para levantar la ciudad, el control era impresionante sobre cada roca que se trasladaba hacia la pared exterior de Menéferes. Si tan solo Bakura estuviera aquí mismo, observando a Atemu convertirse en el nuevo Faraón frente a su propio pueblo.
"He estado perdido
Una nueva luz es un nuevo día
Me guiaron las estrellas
Mi viaje me lleva lejos de aquí"
Su voz rasposa por la sequedad del desierto invitó a varios jóvenes en el alrededor, algunos sosteniendo con cariño los cuerpos recuperados de sus familiares, pero sus con sus ojos llenos de admiración y agradecimiento hacia la figura que, en medio de la noche, parecía brillar ligeramente mientras continuaba moviendo los escombros que fueron sus hogares y bazares.
"Y aquí estoy nuevamente
Viendo el amanecer
Parece que me iré por mucho tiempo
Aquí estoy de nuevo
Y descanso mi mirada
En el movimiento del Nilo".
Era una canción conocida, era una despedida, quizás por todos los que ya no estarían en el nuevo amanecer, pero también porque todos los que observaban ya habían notado que aquel sentado en la muralla sosteniendo los restos de la ciudad en el cielo, era el príncipe Atemu lleno de rasmillones, golpes e inclusive sangre, portando la pirámide invertida que su hermano mayor usaba en el cuello.
"Y aquí estoy nuevamente
Viendo el amanecer
Parece que me iré por mucho tiempo
Aquí estoy de nuevo
Y descanso mi mirada
En el movimiento del Nilo".
La voz de una anciana cargada de tristeza, sus cabellos grises desarmados sobre sus hombros, ojos cerrados mientras se postraba frente a la muralla. Su voz subiendo de volumen mientras lloraba claramente despidiendo a los suyos, y al gentil príncipe quien ahora se alzaba como el nuevo Faraón.
Pronto la ciudad completa cantaba al ritmo de su propio esfuerzo por levantar sus hogares, las estrellas iluminando cada acción y cada murmullo de lamento.
Al amanecer de ese día, Menéferes recibía a su Faraón con una sola voz.
"Viva Atemu, Faraón de Egipto".
Una luna completa luego de la muerte del Faraón anterior, los ritos funerarios terminaron con el cierre de la puerta de la pirámide donde descansarían sus restos mortales custodiados por su reina, sus hijos y los consejeros más cercanos que habían perecido aquel día.
"Ahora que tu caminar ha llegado a su fin e inicias una nueva vida que te espera en las estrellas, tu espíritu esperará hasta que sea el momento de volver". Recitó las palabras rituales el nuevo Alto Sacerdote del Faraón, Seth de Kemeth, sobre sus hombros la capa azul y celeste que marcaba su puesto en la corte y en su mano derecha el Cetro del Milenio brillando mientras la última roca que cubriría la entrada a la pirámide se deslizaba con magia hacia la puerta.
"El Faraón vuelve al origen". Sentenció Mahaado mirando las primeras estrellas aparecer en el firmamento.
"Vamos". Llamó Seth, esperando que el portador de la sortija le siguiera hacia el resto de cortejo fúnebre, aún debían regresar a Menéferes y preparar la coronación de Atemu.
Behu aún no se acostumbrada a la idea de ser parte de una nueva familia, pero Yugi insistía en sumarle a cada actividad, encuentro y enseñanza que formaba parte de su día a día, pero no era suficiente para calmar en su corazón la necesidad de encontrar a su hermano mayor. Nada reemplazaría a su hermano, quien había cuidado de él desde siempre y ahora no estaba, un espíritu del la noche más oscura del desierto se lo había llevado, mientras él seguía siendo cuidado por otros sin posibilidad de hacer algo por Kura.
Caminó por los pasillos alejándose de la habitación de Yugi, donde actualmente dormía junto al príncipe, pero no lograba conciliar el sueño y no quería molestar a su amigo con su contante movimiento. Por lo que caminaba sin rumbo por la zona reconstruida del palacio, ninguno de los guardias le detuvo, pues era parte de quienes solían transitar por las habitaciones de la familia real o lo quedaba de ella.
Se detuvo en una de las salientes hacia los jardines, era el más pequeño de todos los que visitaba junto al príncipe, solo con una pequeña escalera hacia una zona rectangular con agua y algunas plantas, según Yugi era un área de meditación que Seth solía usar cuando estaba inquieto, pero en vez del Sacerdote, la silueta de Atemu era clara ante la iluminación de las estrellas.
Dudó un momento, quizás era buena idea continuar con su caminata, pero hace días que necesitaba hablar con el joven frente a él, quizás sólo Atemu podría brindar las respuestas que buscaba en ese momento, por lo que decidió quedarse y esperar.
La silueta del actual Faraón permaneció quieta durante varios minutos, el agua de la fuente de baja profundidad completamente calma alrededor de sus rodillas, hasta que extendió la palma de su mano derecha hacia el frente y el agua comenzó a ascender, poco a poco dando forma a una gota, una esfera y finalmente a una espiral.
Behu observaba atento, aún le sorprendían los despliegues de magia, si bien casi todos en palacio sabían algo y lograban pequeños movimientos, como Yugi cuando levantaba objetos pequeños y convocaba Kuribos del tamaño de su mano, la habilidad de Atemu era diferente. Como aquella vez que logró levantar las murallas piedra por piedra y ahora como daba forma al agua.
"Vamos más allá del desierto".
Extrañado, estaba seguro que había escuchado una voz o quizás el viento.
"Van hacia el Oeste, aún puedo sentirte desde acá". Era la voz de Atemu susurrando.
"Cuida a Behu por mi".
Era la voz de su hermano, sin pensarlo, Behu salió del pasillo hacia el jardín, el sonido de pasos hizo que Atemu se volteara, permitiendo que el niño viera la forma de Bakura en la espiral de agua que sostenía en sus manos. El pequeño egipcio ingresó al estanque, mientras la representación de la conciencia de Bakura se acercaba a él.
"Debes ser bueno". Instruyó Bakura acariciando la mejilla de su hermano, el rastro mojado del agua, era todo lo que Behu podría sentir en ese momento. "Pronto volveré".
"Hermano". Behu quería a su hermano ahí, con él, ahora.
"Mi compañero". Así le decía su hermano desde la muerte de sus padres, eso fue suficiente para que Behu comenzara a llorar e intentara alcanzar la figura de Bakura frente a él, el movimiento repentino le hizo perder el equilibrio hacia adelante, por lo que Atemu intentó evitar que cayera completamente al agua, su ayuda fue rechazada con un golpe lo que provocó que Osiris gruñera, el labio superior levantándose levemente para mostrar su molestia con la acción del niño.
"No". Por un momento Behu pensó que Atemu se dirigía a él, para regañarle por el golpe, pero se sorprendió al ver que la mirada del hermano de Yugi estaba sobre el dragón de color rojo que dormitaba a lo largo de la muralla del jardín.
"Lo… lo siento". El niño dudó un momento, su voz claramente había llamado la atención de Osiris, quien acababa de levantar su enorme cabeza.
"Está bien, fue mi culpa". Comentó Atemu sin apartar la mirada de los movimientos del Dios que se encontraba presente. "No te preocupes, son algo protectores y se molestan fácilmente".
Behu asintió, había escuchado como rumor de pasillo que el Sacerdote Seth había sido derribado por la cola del dragón rojo cuando intentó acercarse a Atemu sin anunciar su llegada. Tomó aire mirando al dragón con cierto temor antes de esconderse tras las piernas del Faraón. "¿Está molesto conmigo?".
"No, solo es un cascarrabias". Comentó Atemu antes de guiarlo hacia el pasillo. Behu notó que sus manos estaban muy frías, ¿cuánto tiempo llevaba Atemu en medio de la noche con el agua hasta las rodillas?. "No te preocupes, en realidad debería disculparme contigo". Eso sorprendió al niño, no comprendía ya que había sido él quien acababa de golpear a Atemu. "No quería ilusionarte con la posibilidad de hablar con Bakura, solo hoy logré que tomara forma".
El niño de cabello gris se dejó envolver en un paño de lino muy grande, claramente estaba a un costado de la entrada del jardín para ser usado para secarse, de seguro era del Faraón, pero debía admitir que se sentía muy bien sobre sus hombros y secando sus piernas y manos.
"¿Podré hablar con él?".
Atemu quien estaba arrodillado frente a él, sonrió levemente. "Algunas veces, cuando hay luna completa el Zork pierde control, entonces Kura puede ser consciente".
Behu no toleró más y se abrazó a Atemu, cruzó sus brazos alrededor del cuello, sin importar que fuera el Faraón, ni el gruñido pronunciado de Osiris, simplemente necesitaba abrazarlo.
"Lo traeremos de regreso". Ante la voz de Atemu, el niño solo cerró sus ojos, dejando que el cansancio le permitiera dormir en los brazos del hermano mayor de su amigo.
"¿Cómo van las lecciones?". La banca a un lado de Yuugi crujió bajo el peso agregado de su hermano mayor.
El joven Heba miró a su hermano con sus enormes ojos violeta, varios papiros en la mesa mientras Mana intentaba lograr que prestara atención, la joven sacerdotisa claramente intentaba que la lección fuera entretenida, pero Yuugi no toleraba estar demasiado tiempo quieto. Por otra parte, Behu parecía tener mayor facilidad para prestar atención, pero tenía dificultades con la escritura y era lento en el dibujo de los símbolos.
"Hermano, ¿por qué tengo que aprender esto?". Preguntó a modo de queja, haciendo que Atemu se sentara a su lado por un momento.
"Bueno, eres heredero, si algo me llega a pasar serás el siguiente líder y un buen líder debe saber muchas cosas". Explicó Atemu, quien intentó evitar un bostezo, pero fallo completamente, solo logrando cubrir su boca con su muñeca.
"¿Nervioso por la coronación?". Preguntó Mahaado, acercándose a la mesa donde se encontraban. "Si tiene dificultad para dormir, puede avisarnos".
Atemu asintió. "De seguro es pasajero". Aseguró Atemu, los ojos azulinos de Behu se encontraron con los suyos del otro lado de la mesa, pero el niño no comentó acerca del trabajo que el Faraón había estado realizando en las noches intentando encontrar a su hermano.
En ese momento la figura ligeramente encorvada de Simon se hizo presente en el salón, con paso solemne se acerco a Atemu, una reverencia que incomodó al joven de ojos rojos antes de hablar. "Majestad, debe prepararse para la ceremonia".
Con una sonrisa cansada, Atemu intentó explicar que necesitaba algunos minutos con su familia. "Si, pero quiero saber de Yuugi, hace días que no nos vemos". Entre todas las preparaciones que debían realizar, los ritos mortuorios de la familia real y resolver cuanto problema se descubría en la reconstrucción de la ciudad, Simon se encargaba de que Atemu estuviera ocupado todo el día y lejos de su hermano.
"Ya habrá tiempo para que se pongan al día". Dijo el consejero, su mano derecha tomando la muñeca de Atemu. "Hay muchos preparativos que terminar". Ni bien jaló ligeramente la extremidad del joven, buscando que se levantara de la banca y le siguiera, un gruñido molesto se escuchó a su lado. Behu lo reconoció enseguida.
La figura serpentina de Osiris se concretizó en la sala, si bien era de un tamaño mucho menor al que solía tener, ocupaba gran parte de los espacios libres con su cuerpo enroscado, mientras seguía a Simon con sus ojos de color verde y su boca superior tensando los labios de forma amenazante. Eso hizo que Simon soltara a Atemu enseguida.
"¡Osiris, no!". Llamó Atemu al Dios, quien cerró su boca superior y permitió que el egipcio de cabello tricolor acariciara su barbilla. "No me está haciendo daño".
Simon retrocedió dos pasos. "Majestad-". El gruñido de Osiris le interrumpió una vez más.
"Simon, por favor, retrocede". Pidió Atemu apretando los labios un momento. "Me obedece, pero no sé si lo hará siempre".
Cuando el consejero salió del salón Osiris se relajó, claramente disfrutando las caricias en su barbilla, lentamente resujo su tamaño hasta ser del largo del brazo de Atemu, donde procedió a enroscarse y apoyar su cabeza en el hombro del Faraón antes de cerrar los ojos.
Los ocupantes de la mesa se habían levantado cuando Osiris comenzó a gruñir y ahora solo observaban desde lo más lejos posible, salvo Yuugi, quien se había quedado detrás de su hermano, y fue el primero en reaccionar. "Atemu… ¡eso fue increíble!". Exclamó acercándose a observar a Osiris comportarse como uno de los Kuriboh que solía invocar cuando practicaba con los sacerdotes.
"Majestad". Interrumpió Mahaado aún atento a los movimientos del Dios. "¿Hace cuánto tiempo Osiris responde a situaciones donde no está cómodo?".
La pausa de Atemu no era alentadora, al menos no para el sacerdote de la sortija. Desde que los tres se paseaban por Kemeth destruyendo todo a su paso, eran considerados fuerzas temibles y, si bien, por el relato de Seth sabían que los tres habían sido quienes llevaron a Atemu al salón donde Heishin se encontraba y que además fueron los que dieron los colores del cabello de la dinastía de Akunamukanon al hijo que no los llevaba, seguían siendo un misterio para los estudiosos de la magia de las sombras.
"Algunas veces es Osiris, otras veces Ra, también han aparecido los tres". Relató Atemu sin mirar a Mahaado. "Tengo demasiada magia y mantenerlos en este plano me ayuda".
"¿Y la pirámide del milenio?". Preguntó Yuugi, comprendiendo que su hermano no estaba bien a pesar de lo genial que podía ser que los tres dioses estuvieran continuamente cuidándolo.
Atemu negó con la cabeza. "Es un catalizador, solo es concentrar más energía y no sé si puedo contenerla sin que estos tres se salgan de control". Frunció el ceño un momento, Osiris abrió sus ojos.
"Tengo una idea". Atemu se encontró con Seth, quien caminaba hacia ellos con paso seguro. "He leído acerca del exceso de magia, en especial cuando las condiciones de una persona cambian, los artículos son grandes catalizadores, más que los brazaletes de duelo, y la forma más rápida de bajar los niveles de energía es a través de algo de sustancia". Explicó tomando la mano de Atemu y pasando rápidamente su daga por la palma, el grito de sorpresa de su primo fue lo que alertó a Osiris, quien de inmediato cargó contra Seth, estrellándolo contra la pared frente a la salida del salón.
"¡Osiris, no!". Ordenó Atemu al dragón, quien rodeaba a Seth de forma amenazante. "Osiris, me está ayudando, déjalo". Sólo Yuugi se atrevió a acercarse a Atemu, quien sostenía su mano ensangrentada, el príncipe tomó la cubierta azulina que llevaba en su cinturón y cubrió la mano de su hermano con ella, al menos Atemu parecía respirar mejor.
"Mierda, primo". Tosió Seth sin levantarse de su posición con la espalda apoyada en la pared y ambas piernas extendidas. "Sabía que eras problemas cuando éramos niños, pero ahora que serás Faraón, duplicas tu peligro".
Después de ese episodio, Mahaado y Seth decidieron tener un calendario de entrenamiento para que el Faraón no sintiera la sobrecarga de su propia magia. Atemu no logró que Osiris volviera al reino de las sombras, y el dragón se quedó el resto del día descansando sobre su brazo y hombros.
Al amanecer sería la coronación, Seth y Mahaado ya habían regresado del cierre de la pirámide donde descansaba el Faraón anterior, Yuugi y Atemu completaron los ritos mortuorios esa tarde y al anochecer todo estaba listo, inclusive las personas de Menéferes comenzaron a acercarse al palacio y al templo mayor para observar el ascenso de un nuevo gobernante.
El templo mayor consistía en una fila de columnas que enmarcaban el camino hacia las escaleras donde la estatua de Horus sostenía la corona de la familia en su mano derecha, y después de la creación de los artículos, su mano izquierda sostenía la pirámide invertida.
Desde la entrada del templo hasta la estatua, el nuevo Faraón debía recorrer los doce metros del pasillo central que tenía una profundidad de más o menos un dedo pulgar de agua, cada metro del pasillo marcando un hito en el paso de Júpiter alrededor del mundo, como las horas de luz en las que Ra conduce su barca por el cielo. El agua representaría la limpieza del camino, para entregar a Egipto un hijo de Horus sin la carga de sus antepasados o de sus propias ambiciones, luego debía ascender por los doce peldaños de la escalera hacia donde Alto Sacerdote le proclamaría nuevo gobernante.
En la pequeña terraza donde sería coronado se encontraban Seth, quien vestido en sus túnicas azules y celestes, sostenía el cetro del milenio, Mahaado portando la sortija se quedaría a la izquierda de la estatua de Horus, mientras Simon sostenía en sus manos el cofre con el anhk de la vida y los cetros de Heka y Nejek, la representación del pastor que guía a su pueblo y el flagelo que castiga las injusticias.
Desde su posición, Seth buscó a Jouno con la mirada, el sirviente se encontraba un paso detrás del príncipe Yuugi, quien tenía a su derecha al pequeño Behu en la misma posición que el egipcio rubio. Estas ceremonias tradicionales era muy estrictas en cuanto a la forma de ser realizadas, pero en esta oportunidad el consejo había permitido que todos participaran, por eso las puertas del palacio fueron abiertas a toda la ciudad. Al menos Mariku y sus ojos observadores estaban en lo más alto de la entrada, sería el encargado de cuidar de Atemu durante la procesión, quizás el momento más peligroso para un nuevo Faraón, ya que los 12 metros que debía recorrer estaban al aire libre y solo bastaba una flecha bien apuntada para que fuera necesario sepultar a otro gobernante, y que mejor forma de debilitar a un reino que matando a su nuevo líder el día de su coronación.
Ra alcanzó su posición en el inicio de la tierra, el primer rayo de sol tocó Kemeth y fue el momento en que Mana y Karimu escoltaron a Atemu hacia el inicio de la procesión.
El murmullo de la gente se silenció al momento en que Seth levantó su cetro. "Ven, hijo de Horus".
Era la señal para que comenzara. Yuugi no perdía de vista a su hermano, a quien por primera vez veía lleno de adornos y joyas, descalzo, pantorrillas con placas de oro, un sobre kilt blanco hasta las rodillas sobre el kilt inferior que cubría a medio muslo, sostenidos por un cinturón de tela morada y broches de oro, pecho descubierto con una pieza de oro y piedras brillantes cubriendo sus clavículas y hombros, los brazaletes en sus antebrazos y finalmente los aretes que Atemu tanto odiaba por el peso que significaba llevar en sus orejas.
El lugar se mantenía en silencio, solo las mechas de las antorchas siendo quemadas para iluminar el lugar y el viento eran el coro de los pasos de Atemu, quien al dar el primer paso en el pasillo cubierto de agua notó con horror que el fondo era bastante resbaloso. Si se caía podría ser un desastre o un buen cuento para la vida en Kemeth, por lo que cada paso fue dado con cuidado, pues debía mantener sus manos a cada lado de su cuerpo y mirar hacia la estatua de Horus.
Sabía que Seth hablaba, pero entre prestar atención a su primo y asegurarse de que nadie notara que sus piernas temblaban, era preferible cuidar su imagen.
Al finalizar el pasillo, decidió que esos eran los doce metros más largos de su vida. A esa hora Ra ya alcanzaba a iluminar la base de los peldaños, por lo que ahora debía subirlos siguiendo el ritmo del sol, cada paso siendo una prueba de resistencia a los músculos de sus muslos, para sostener la posición de acuerdo a la velocidad del Dios sol. De seguro todos los presentes ya habían visto el temblor de sus piernas al llegar arriba, su respiración agitada producto de la prueba de resistencia que acababa de completar.
Seth se acercó a su primo, notando el esfuerzo que debió realizar para subir los peldaños a la velocidad en que Ra los iba tocando uno a uno. Por lo que cuando estuvo frente a él hizo el gesto de respirar suavemente y profundo, ayudando a Atemu a recuperar el aliento.
"Hijo de Horus, Ra se regocija en su barca, Osiris se regocija al otro lado del domo del cielo, hoy Kemeth se reúne para recibir tu presencia". Simon se acercó con los cetros correspondientes, Seth le entregó el Heka para la mano derecha y Nejek para la mano izquierda, luego Mahaado entregó la corona a Seth, quien intentó dejarla firme en su cabeza, pero al soltarla casi se resbala por el lado derecho de su cara, lo que provocó una sonrisa contagiosa en Atemu, Seth necesitó contener la risa ante la mirada de reproche de Simon, por lo que Atemu intentó ayudarle a su primo manteniendo su cabeza y cuello lo más derechos que toleraba con el peso de la corona, logando equilibrarla.
Faltaba la pirámide del milenio. Con cuidado Seth deslizó el colgante evitando golpear la corona, y una vez con el artículo colgando desde su cuello, Atemu se volteó para quedar frente a los espectadores.
"Egipto, he aquí tu Faraón". La voz de Seth resonó en el templo, marcando el momento en que Atemu debía cruzar los brazos sobre su pecho, y entonces la ciudad se postró a los pies de su nuevo gobernante.
Ahora debía demostrar su poder ante su pueblo. Había decidido convocar a Osiris para que Meneferes lo viera, el dragón del cielo era una criatura magnífica y según Seth solo necesitaba demostrar que era capaz de traer una criatura del reino de las sombras para que la ceremonia finalizara, pero el sonido de una espada contra otra sacó a Atemu de su espacio cuidadoso de no dejar caer ninguno de los adornos que debía usar en la ceremonia, pero en la entrada del templo logró ver a Karimu detener a un arquero que apuntaba hacia él.
Entonces los guardias se movilizaron, quince arqueros fácilmente detenidos por los egipcios que custodiaban la ceremonia, pero eso no evitó que Seth y Mahaado se abalanzaran sobre él para cubrirlo.
Fue un parpadeo, pero sentía que lo observaban. Entonces miró hacia la arriba, a la estatua de Horus y vio a otro arquero apuntando directamente hacia él, y la flecha salió desde la cuerda tensa del arco. Levantó el cetro de Heka y la cabeza dorada de Ra apareció entre él y la flecha, sus plumas de metal hicieron que la punta de hueso del arma se quebrara y que Mariku bajara al tirador con una certera lanza atravesando su torso.
Vaya forma de demostrar su poder. Atemu suspiró permitiendo que extendiera sus alas a su alrededor, los ojos atentos de la criatura seguían a cada uno de los presentes, quienes no creían lo que acababa de ocurrir.
"Vaya forma de comenzar tu reinado". Comentó Seth observando a la criatura de las sombras.
"Esperaba algo así". Susurró Atemu extendiendo su mano para que Ra le permitiera acariciar su barbilla. "Gracias".
Y así comenzaba la era de Atemu.
Nota: Ok, esto lleva 16 años en espera, creo que será buena idea reescribir los primeros capítulos para hacer que la redacción y el hilo de la historia sean más coherentes, pero también ha sido casi una vida completa de cambios y es la magia de retomar este fic.
