Una agradable brisa soplaba en una amplia pradera, moviendo la hierba que se extendía más allá de lo que se podía ver; un hermoso cielo azul se extiende por el firmamento, solo decorado por unas mullidas nubes blancas en el horizonte, permitiendo al sol iluminar a plenitud todo ese verde lugar. En el centro de aquel tranquilo sitio, un frondoso árbol se erguía en una pequeña colina, entregaba sombra a un pequeño grupo de personas que estaban charlando cómodamente sentados en una manta.
Uno de los que estaba ahí era Alfem, estaba más feliz y relajado que nunca, este ambiente y compañía era mucho más de lo que podía pedir, realmente se sentía muy contento.
No era algo extraño si le acompañaban; su señor Kcalb junto con la señora Etihw, que estaban abrazados muy dichosos, lo cual era algo que lo llenaba de seguridad; Chelan y Dialo, trajeron todo tipo de aperitivos deliciosos que decoraban la manta cuadrille; Macarona, esta hablaba sobre sucesos que le ocurrieron en la escuela, sobre lo que hacían los niños, y como eso le daba vida; por último Froze, que estaba a su lado, callada, solo observando con una pequeña mueca en su boca, que no se podía distinguir entre una expresión sería o una leve risa, pero al solo tenerla a su lado le daba tranquilidad.
En eso, mientras conversaban y comían amenamente, Etihw, se sobresaltó como sí de repente hubiera recordado algo, y comenzaba a escarbar en la canasta donde habían traído las cosas. Se veía muy emocionada, buscaba y buscaba, como si la pequeña canastita fuera más grande de lo que parecía, entonces sus ojos se encendieron como estrellas al aparentemente hallar lo que buscaba. Entonces con ambas manos comenzaba a extraer del pequeño objeto, pilas y pilas de hojas blancas, las sacaba como si aquello fuera un sombrero mágico, ya que la cantidad de hojas era imposible, eran diez veces más grande que aquella cesta.
Alfem, al ver esa cantidad absurda de papeles quedo frío, mientras todos los demás solo actuaban con total naturalidad, como si nada estuviera mal, cuando era todo lo contrario, esos papeles eran informes que él tenía que llenar y revisar, sintió como el pánico se apoderaba de él, mientras Etihw le extendió sus manos para entregarle un montón de papeles para que las tomase, todo con una gran sonrisa; él comenzaba a agarrar con las manos temblorosas y notoriamente preocupado, pero aun así le sonrió nerviosamente a Etihw.
—Se que terminaras rápido, eres un buen chico —dijo la diosa muy tranquila, ignorando que esas palabras, en vez de darle ánimo y seguridad, solo se volvían cargas en los hombros de Alfem.
Estaba contento con solo disfrutar de su compañía, ¿era necesario traer trabajo a este lugar? Alfem solo se ensimismó viendo los papeles que tenía en la mano. En eso Macarona también habló.
—Así, también recuerda hacer el informe para el director, —agregó Macarona, uniéndose al equipo de explotación laboral— eres de mucho ayuda con la limpieza del colegio, pero tenemos que ser conscientes de cuáles son los cursos que no hacen la limpieza.
—Recuerda que te comprometiste con ayudar en la venta —añadió Dialo mientras Chelan asentía—. Deberías de dejar de sobre recargarte de trabajo, no te hará nada bien.
—Eso es verdad —añadió Macarona—, siempre tratas de hacerlo todo tu solo, no está nada en pedir ayuda, pero sabes, como te gusta darte trabajo, también hace la clase que me toca la próxima semana.
—Oh, vaya, que buena idea —rio Etihw con un poco de malicia—, creo le pediré la Wodahs que te asigne más trabajo.
—Tu magia de fuego me puede ser de mucha ayuda —agregó Dialo.
De pronto, lo que comenzó como un pedido normal de tareas y una reprimenda, se convirtió de la nada en una tormenta de voces pidiendo cosas que debía hacer, tantas que no podía entender, era como un montón de ruido que lo hundía en ansiedad.
Tratando de buscar ayuda, miró a su señor esperando que hiciera algo, pero solo se dedicaba a comer golosinas, ignorándolo, su mirada no lo podía alcanzar, su voz no salía, y el ruido que lo atormentaba aumentaba, entonces…
—Ya paren de una vez —dijo Froze, con una calmada firmeza, rescatándolo de ese mar de quejas—, no ven que lo están presionando demasiado, es una persona que necesita apoyo, y con todo esto no están ayudando en nada —declaró mientras los veía de forma severa.
Escucharla lo relajó.
Ella siempre lo cuidaba de alguna forma, y el modo en que siempre parecía estar serena era algo que él admiraba, ya que, siendo un cobarde por naturaleza, sabía perfectamente que permanecer con una actitud estoica, incluso cuando estás en una situación complicada, es algo muy difícil de lograr, y eso es algo que él siente que jamás podrá hacer. Por eso y muchas otras cosas más que conoció en este corto periodo de tiempo conviviendo con ella, lo llenaba de fascinación por su persona.
—Muchas gracias Froze —dijo Alfem, exhalando esas palabras desde lo más profundo de su ser, no solo por apoyarlo ahora, sino que por todo lo que ha hecho hasta el momento.
Fácilmente se podía decir que Alfem amaba su señora Etihw y su señor Kcalb como sus benefactores, que se representaba como una gran lealtad por ellos, pero lo que sentía hacía Froze era algo distinto, fue quien se encargó de él desde el comienzo, tal vez, solo la asignaron a él porque ella era uno de los ángeles más confiables que había en ese mundo, y solamente era una tarea que debía cumplir, pero eso no le quita mérito a lo paciente y cálida que fue. Incluso ahora, no sabe cómo agradecerle a la señora Etihw por haberle asignado a tan maravillosa persona, nunca ha encontrado las palabras correctas para hacerlo, y siendo consciente de su poca inteligencia, es algo que lo ha frustrado demasiado por mucho tiempo.
—Debes estar cansado —dijo Froze mirándolo a los ojos— ven, coloca tu cabeza aquí.
Alfem se quedó pasmado, con gran intriga, donde Froze le estaba pidiendo que poyase su cabeza era un lugar, el cual debería estar reservado para una sola persona, para ESA persona, por lo cual vaciló ante la oferta de descansar en los muslos de ella, su petición era de ensueño, pero no podía ser real.
—No seas terco.
Habiendo dicho eso Froze tomó gentilmente a Alfem, e hizo que recostara su cabeza en su regazo, mientras ella le acariciaba el pelo.
Esto debía ser el paraíso, por un momento sintió como si solo estuvieran ellos debajo del árbol; las voces de los demás ya no se escuchaban, y solo se oía la brisa pasar por la hierba junto con la respiración de Froze, la cual se fugaba por los cabellos de él y tocaban su cabeza. Esté era el mejor mimo que podía haber tenido en la vida.
En ese momento, su vista se dirigió al horizonte, el cielo, de un momento a otro se había tornado naranja, no, no solo eso, una parte del cielo en frente de ellos se estaba llenando de estrellas o, mejor dicho, de soles, de enormes bolas de fuego que teñían el firmamento de cálidos colores rojizos a amarillos, era un cielo que jamás había visto en su vida, y de eso estaba seguro, era demasiado hermoso para olvidar algo así.
Esto le llamó fuertemente la atención, se levantó lentamente del regazo de Froze, y comenzó a caminar ante este fenómeno. Era algo que solo afectó a la mitad del cielo, pero que al bajar la mirada pudo notar que esto transformó el lugar donde alguna vez hubo hierba verde, a un piso liso de color blanco, pero no solo era eso, el piso no era blanco por que reflejaba la luz, si no era porque este estaba produciendo luz, y esto lo desconcertaba. ¿Cómo era esto posible?, se preguntaba.
Sin darse cuenta, estaba por cruzar la línea que se formaba entre la separación entre el pasto y aquel piso blanco, pero Froze le agarró del hombro y lo detuvo.
—No debes ir ahí, no pertenecemos a ese lugar.
—Solo… solo será un momento…
Alfem ignoró la advertencia de Froze, pero no porque quisiera hacerlo, sino porque se sentía hechizado, su conciencia estaba difusa, como si fuera a traído a aquel lugar. Entonces movió su pie hacia adelante, cuando este tocó la plataforma luminiscente, ante él aparecieron dos siluetas que antes no estaban ahí, situadas una frente a la otra; una a la derecha y otra a la izquierda. La derecha se erguía imponente mientras que la otra yacía en el piso, herida, con grandes lanzas de luz atravesando su cuerpo.
A pesar que era consciente de su amnesia parcial, esta escena le era completamente ajena, lo cual lo hacía aún más extraño, porque entre más observaba, más se llenaba de una inmensa nostalgia y tristeza. Todo lo que sentía era muy contradictorio, ¿cómo podía sentir nostalgia por algo que nunca había visto?, cosa que lo molestaba mucho, pero al mismo tiempo, sus sentimientos se sentían lejanos, como si se hubieran quedado al otro lado, junto al árbol y Froze.
Mientras más veía este peculiar ambiente, le daba la impresión de que estuvieran conversando, o que estuvieran haciendo algo similar, venía a su mente, mas no podía escuchar nada, solo gobernaba el silencio, cosa que solo lo hechizaba más, siendo atraído por una morbosa curiosidad. Con su afán de estar más cerca, extendió su mano, pero al hacerlo un gran deseo de alcanzarlos y parar lo que iba a suceder lo invadió, y algo extraño pasó; sintió como si fuera tragado por la escena. Tras haber pestañado un par de veces, se percató que ya no estaba como observador, no, él ya no estaba a unos metros de ellos, él era uno de las dos siluetas, para ser exactos era la silueta que estaba en el piso, herida y sangrante.
Alfem miró al frente y vio la otra silueta, un dolor incluso más grande que le generaban las lanzas vino a su corazón, lo destrozaba, le recordó mucho a lo que siente cada vez que recuerda a la joven demonio o sus antiguos camaradas, pero era distinto, se trataba de algo mucho más intenso, sensación que lo ahogaba y lo dejaba sin aliento.
Quería gritar, quería moverse, pero no podía, ese cuerpo no le respondía, cosa que lo desesperaba, en eso, que quería deshacerse de todos esos sentimientos, la persona que estaba en frente comienza a acercarse, haciendo que otra sensación invadiera su cuerpo, estaba comenzando a caer. Pero todo se movía muy lento, y mientras la silueta que permanecía arriba mirándolo con desdén sonrió. La tristeza y la desesperación crecieron de manera exponencial, al mismo tiempo que entre más caía, más podía sentir como su propio enojo se acercaba, y todo se tornaba negro, hasta que finalmente se encontraba en medio del vacío. De alguna forma había vuelto a ser él.
Mientras flotaba en la esa total oscuridad, una lagrima se derramaba en su mejilla, y una gran furia irracional vino a él, no quería llorar, todo esto que sentía era tan lejano que lo hacía sentir patético al ver si dedo humedecido por ese pequeño llano, pero también lo entendía, lo que había visto lo conmovía, y le era imposible ignorarlo. Entonces respira profundamente, tratando de calmarse, reafirmando el hecho que volvió a sí mismo por completo, y eso hizo que sintiera que sus pies tocaban una base, un lugar con césped, pero aún seguía todo en completa penumbra. Sabía que llegó a aquella pradera, pero no podía ver más allá de un metro de pasto oscurecido, entonces escuchó una voz.
—Te dije que no fueras.
Era Froze, con su típica voz severa, cosa que de la misma forma que lo tranquilizaba, lo colocaba nervioso, no le había hecho caso, y aunque ella no era muy estricta, ese tono de voz lo estremeció.
—Lo siento, pero no se lo que me pasó, ¿ah? —dijo extrañado al girar y no verla, recibiéndolo el negro vacío, lo cual lo puso más nervioso.
Miró a todos lados buscando a Froze, estaba seguro que la había escuchado detrás de él.
—Ahora ya no hay marcha atrás.
Escuchó nuevamente la voz de Froze detrás, pero nuevamente no estaba, acaso esta oscuridad le impedía verla.
—Señorita Froze, ¿dónde está? —dijo al aire sin saber dónde dirigirse, aunque en cualquier situación algo así lo asustaría, pero como se trataba de Froze le permitía conservar la compostura—, no puedo verla.
—Así que debo confirmar algo.
Volvió a escucharla detrás de él, pero antes que pudiera girarse, una mano se posó en su hombro, y un sentimiento eléctrico se movió por toda su espalda. Esa mano era muy grande para ser la mano de Froze, además estaba vestida con un guante, un guante blanco, eso si lo hizo estremecer. Intentaba girarse, pero por lo congelado que estaba su cuerpo lo hacia de forma entre cortada, y para cuando pudo ver quien era realmente quien estaba detrás de él, vio algo absolutamente aterrador.
—¿Hiciste el papeleo que te mandé?
Era un Wodahs gigante que lo miraba de forma terrorífica, con una sed de sangre que hizo erizar todos sus pelos como si fuera un gato.
—¡SÍ! ¡SÍ SEÑOR TERMINÉ TODO LO QUE ME PIDIÓ! —gritó Alfem parándose y tomando una postura firme en medio de una pequeña oficina, la cual estaba repleta de papeles, útiles de aseo y jardinería.
Un gran dolor proveniente de su brazo derecho lo hizo retorcerse, moviendo su mano izquierda de forma involuntaria al origen del dolor, aquel dolor que le daba la bienvenida al mundo real. No debió moverse tan brusco, todo su brazo derecho aún estaba lesionado.
Al parecer se había quedado dormido en la pequeña oficina donde estaba el papeleo para el inventario, que por el tema del festival había aumentado de forma extrañamente monstruosa, ya que no solo estaba lo del jardín, sino todo lo que conllevaba el castillo y biblioteca, pero aun así era raro que todo esto lo dejara exhausto, al parecer el arreglo que hizo la señora Etihw a su cuerpo le terminó afectando su gran resistencia, y en cuanto finalizó, cayo inconsciente en el escritorio.
Aún estaba un tanto confundido, el sueño que tuvo fue muy raro, dejando en claro, que tener sueños ya era extraño, las pesadillas eran lo que predominaban sus noches. Esto debería hablarlo con Froze en cuanto tuviera tiempo.
De repente, un color rojo tiñó su cara cuando recordó cierta parte de ese sueño, aunque siempre debía contarle a Froze todo con lujo de detalle si algo raro o poco común le pasaba, esto era algo que debía omitir por cualquier costo. Se convencía que solo era una anécdota tonta y sin importancia, que además de tornar todo en un ambiente muy incómodo, podía interferir con el diagnóstico final. En ese momento se alegró de tener a Macarona para este tipo de casos, aunque lo amenazó con liberar este tipo de información cuando él quería aprovecharse de sus subordinados, sabía que era la única persona en la que podía confiar en esta situación vergonzosa.
Reponiéndose del impacto de su propia pena, sale al exterior y mira el cielo.
—Por la mierda, ya es medio día… —gruñó para sí mismo al ver el sol en lo más alto— No me podré salir de esta tan fácilmente —replicó desordenándose el pelo con frustración.
No importa cómo se le viere, esto retrasaba, no mejor dicho revolcaba su agenda, ahora sí en alguna noche quisiera salir y pasarla bien con el señor Kcalb, sería imposible, cosa que le molestaba, pero también, un poco del sentimiento que le generó aquel sueño se quedó con él, mas era algo que no podía encargarse ahora mismo, así que trató de ignorarlo.
Sacó su teléfono y se dispuso a llamar. No sabe nada como ha funcionado todo durante el día, así que necesita ponerse al corriente, además justificar su ausencia, y la incorporación a sus funciones. La mañana ya había acabado, pero aún quedaban muchas cosas por hacer.
El teléfono marcaba, mientras Alfem espera, alguien contesta.
—¡Hola! ¡¿Qué tal?! —saludó con un tono de voz muy animado y jubiloso, escondiendo todo su nerviosismo por saber que tal vez su ausencia fuera notada.
—¿Alf? ¡¿Dónde se supone que estás?! —grita la voz al otro lado del teléfono, era Macarona la cual se le escucha con un tono preocupado— No te presentaste hoy y tuve que organizar yo a los demás voluntarios… ah… al menos dime que estás bien.
—Lo siento, lo siento, sí estoy bien, nada malo me paso… exceptuando el hecho que me quede dormido —rio al confesar su crimen.
—Pero ¡¿dónde fue que pasaste la noche?! Pensé que te había pasado eso, pero cuando fui esta mañana a tu casa no estabas.
—Bueno… si lo preguntas así… estoy en ¿la habitación de mantenimiento del castillo? —dijo dudoso ya que, aunque no sabía cómo reaccionaría ella al saber eso, sabría que no conservaría mucho la calma.
Un pequeño silencio se produce en la llamada.
—Aló, ¿Maca? —dijo preocupado por la falta de ruido del otro lado de la línea.
Un suspiro cortó el silencio.
—¿Te amaneciste haciendo ese tonto inventario? —se escuchó con cierto tono de fastidio, ella no podía creer que eso pasara, entendía que estuviera cansado, pero al menos que hubiera llegado a su casa a dormir— Al menos pedirás el día libre, ¿no?
—¡Estás loca! ¡Wodahs me matará si hago eso! —El grito vino de lo más profundo de su alma— Ya me va a dar una reprimenda por no presentarme temprano, pero es mejor ayudar con lo que falta, además supongo que tú estás cubriendo mi parte en este momento.
—¡Claro que no! —dijo tajante— Tú eres el que tiene más trabajo, realmente te colocas mucho peso, así que lo repartimos. Me sorprendió cuando leí todo lo que te habías asignado, deberías confiar más en los muchachos.
—Ehhh… sí… —maldijo dentro de sí, era demasiado obvio que lo hizo por desconfianza y no por compañerismo— Entonces tendré que ir donde me tocaría estar ahora supongo, y decirle a quien me esté cubriendo que se puede retirar y que yo retomo.
—Bueno… no… veras… —dijo evasiva, no quería hablar, ya que sabía cómo reaccionaría su compañero, pero era algo que no podía evitarse— Ah… Wodahs me dijo que cuando te encontrara, que te dijera que él te busca y que debes encontrarte con él lo antes posible.
Al escuchar eso, Alfem se volvió piedra, ¿para qué lo quería?, lo enviaría a hacer más trabajo de oficina, cosa que lo fastidiaría, no quería hacer más toneladas de papeles, o por quedarse dormido ¿lo enviaría de nuevo a ser castigado al coliseo?; él estaba demasiado agotado para soportar eso otra vez.
—¿Estás ahí? —preguntó Macarona— Mmm… no importa, de todas formas, como ahora sé que estás bien, no tengo nada más que decir, que tengas una buena tarde.
—¡Espera! —gritó Alfem despertando de su shock— Te tengo que preguntar una última cosa.
—¿Ah? Sí dime.
—¿Has visto a la señorita Froze? —preguntó con una voz un tanto más sería.
—¿Froze? Sí la vi, aunque un tanto ocupada, porque preguntas ¿paso algo? —un tono de incertidumbre se notaba en la voz de Macarona.
—Nada grave… solo que tuve un sueño extraño y… necesito hablar con ella, me dejo un poco preocupado.
—Sí la vuelvo a ver le digo, aunque deberías llamarla, si es por algo así no creo que allá mucho problema.
—Lo haré y le preguntaré, bueno, te veo luego, si es que sobrevivo tras a ver a Wodahs —rio con amargura.
—No seas exagerado —lo reprendió—, no es tan malo, está bien, nos vemos.
—Nos vemos.
El teléfono sonó indicando el término de la llamada.
Un suspiro pesado es exhalado.
—Estoy muerto… —dijo profetizando su destino para cuando vea al ángel jefe, el cual era más severo que su propio señor.
No quería verlo, si fuera por él, lo estaría evitando todo el día, hasta que llegara el desafortunado momento en que se toparía con él, pero ahora el mismo tenía que ir a su encuentro. Lo peor de todo, es que no se demoró nada en encontrarlo en cuanto se dispuso a buscarlo, lo vio al pasear un poco por el castillo, eso hizo que sus pies se congelaran.
—Oh vamos, mientras me mate rápido y sin dolor estaré bien —dijo hablando con sigo mismo, antes de acercarse al ángel del ojo parchado.
Caminó llenándose de determinación para hablar con Wodahs, que daba instrucciones a otro ángel. Entonces cuando entró en su campo de visión, se dispuso a levantar la mano y saludar.
—¡¿Qué onda Woda…?!
—Así que te dignaste a venir por voluntad propia —interrumpió de forma seca el ángel jefe—, y yo pensaba que tendría que darte caza —sonrió macabramente.
Ni siquiera le permitió saludarlo, esto era malo, ya que no sabía si estaba enojado o solo quería jugar con él de una forma muy cruel.
—Lo lamento, en cuanto terminé el inventario y los informes no me di cuenta cuando me quedé dormido —dijo con una sonrisa tonta por los nervios.
Wodahs solo lo miraba con desaprobación, lo que provocó que un mar de gotas de sudor bañaran el cuerpo de Alfem.
En eso Wodahs, despidió de forma cortés al ángel que estaba junto a él, y se aproximó al nervioso demonio, el cual tiritaba de miedo.
—Necesito que me hagas un favor, sí lo haces, haré vista gorda al hecho que te ausentaste toda la mañana —dijo Wodahs, estoico sin mayor expresión.
Alfem se quedó congelado por la impresión tras escucharlo, esto era peor de lo que pensaba, ¿quería un favor? ¿Qué clase de tarea infernal lo obligaría hacer? Nada bueno podía salir de un trato con este sádico jefe.
Wodahs puede aparentar ser amable y comprensivo, pero la realidad aparentaba ser muy distinta. Por alguna extraña razón, no escatimaba mucho esfuerzo en esconder actitudes maliciosas hacía Alfem, que pasaba desapercibida a los ojos de otros por su característica severidad.
Alfem, no sabe por qué pasaba eso, pero cree que esa es su verdadera personalidad, cree que es como un desahogo por no hacerlo con los demás, al menos no tan abiertamente. Lo peor es que como no son tan cercanos para poder preguntarle, es probable que siempre se quede con la duda. Así que, aunque siempre él lo trate de forma casual y despreocupada, en verdad le tiene miedo, solo actúa de esa forma para poder hablar con más tranquilidad cuando está todo en orden. Por ello, este asunto no podía ser tan sencillo, y solo le quedaba atenerse a ello.
—¿Me responderás o no? Supongo que prefieres la reprimenda —dijo Wodahs serio, pero en su última frase una mueca, muy leve se dibujó en su boca.
—Solo di lo que tengo que hacer y lo haré… —respondió cansado, sin ánimos, sin ganas de luchar, dejando que todo su miedo fuera consumido por la frustración.
—¿Estás bien? —preguntó Wodahs un tanto sorprendido por la reacción de Alfem, pensaba que terminaría con un ataque de pánico o que al menos se quejaría al respecto, esto le llamó un poco la atención.
—¿Eh? —Una expresión extraña se dibujó en la cara de Alfem, ¿enserio él le estaba preguntando como estaba? No se lo podía creer— Eh… Si… digo… No es como que te importe mucho, ¿verdad?
Esto si era raro, era normal para Wodahs que este sujeto se comportará de forma simplona, pero siempre que algo pasaba el comenzaba a tiritar como gelatina y le terminó agarrando un gusto por verlo de esa manera, pero ahora parecía tan cansado que ni eso podía hacer, cosa que lo comenzaba a inquietar. No es que se preocupara por él, pero le daría más trabajo sí algo llegara a salir mal por no estar en su cien por ciento.
—¿Seguro que no te quieres tomar el día? —sugirió el ángel jefe sin mucha emoción.
Otro con el mismo cuento, era lo que vino a la mente de Alfem, cuando era lo que menos necesitaba en este momento, cuando aún no se podía sacar esa sensación molesta que obtuvo cuándo despertó.
—No, no me quiero tomar el día —dijo enojado—, solo dime de una puta vez lo que tengo que hacer, cuando estoy haciendo nada siento que mi maldita cabeza va a estallar, y solo me volveré loco sí hago de vago el resto del día.
Wodahs se quedó estupefacto, y Alfem al verlo notó lo que acababa de decir.
—¡Ah! ¡Yo… no quise…! —comenzaba a trastabillar nervioso mientras movía su mano buena de forma errática— Lo lamento, solo… que… en cualquier otro momento lo habría aceptado gustoso, es solo que hoy…
—Entiendo… —dijo Wodahs muy sereno— Supongo que hasta tú tienes tu limite, te diré lo que debes hacer, aunque no te va a gustar.
—Solo desembucha, cuanto antes comience antes se terminará…
—Tienes que ir a dejar unos sacos de tierra de hoja a la florería del pueblo, y traer abono que ella te dará.
La florería… aunque su dueña debe estar molesta por lo que pasó ayer y que en otra circunstancia la estaría evitando como la peste, no era tan malo, al menos tendría algo que hacer y algo más de que preocuparse, nunca pensó que llevarse mal con Yosafire le ayudaría en algo.
—Podría ser peor, ¿algo más? —dijo con un poco más de vida en su voz.
—Si, también quiero que le lleves unos retoños de arbustos que estarán al lado de la tierra, ella me dijo que se encargaría de plantarlas alrededor del pueblo, sí puedes ayúdala, es mejor que eso se haga hoy.
—Pero ¿acaso no hay ya suficiente vegetación en el pueblo? —dijo despreocupado.
Wodahs lo fulminó con la mirada.
—¡Está bien! ¡Nunca está de más tener más verde! ¡La ayudaré, así que deja de matarme en tu mente, por favor!
El ángel baja la intensidad de su mirada, para terminar de mirarlo con la indiferencia habitual.
—No espero que comprendas lo valiosas que son, pero mientras no les hagas daño, nada malo te pasará.
—Si… jeje… —rio nerviosamente— Por cierto, ¿Dónde se supone que están esos sacos?, solo vi una gran cantidad de bolsitas en la bodega.
—Tienes razón, no están dentro del inventario, ya que es algo que surgió hoy en la madrugada —comenzó a narrar—. Pasa que cerca de la entrada de los bosques cercanos a la parte oriente del castillo, al parecer, un dueño anónimo de alguna tienda nocturna dejó una cantidad exagerada de tierra fértil tirada en un lugar visible. Al menos, quien fuere que lo hizo, se dignó a dejarla en sacos junto a una nota diciendo que lo dejaba como una donación de agradecimiento, aunque no tengo ni idea de que.
—Que sujeto más extraño, y como no tenemos suficiente espacio quisiste deshacerte de eso, ¿no es cierto?
—Estás en lo correcto, pero me hace falta abono y minerales para mi jardín, así que hice un trato con la florería.
—Supongo que tienes razón… No me manejo en eso, pero entre ustedes se deben entender —dijo sin vacilar—. Si eso es todo mejor me voy a buscar la carreta, con un brazo menos no creo hacer eso sin su ayuda.
—Aunque tuvieras los dos tendrías que usarlo de todas formas.
Una cara de cansancio se hizo notar en Alfem, al recordar que no dijo la cantidad de sacos de tierra que había, eso significaba que era posible que no tuviera una cifra, por ende, no los había contado, y si no los había contado era una mala señal… Al menos estaba agradecido de tener algo que hacer.
—Bueno, nos vemos Wodahs —se despidió Alfem dirigiéndose a la salida.
—Nos vemos —respondió Wodahs yendo al sentido contrario.
Alfem se fue derecho a buscar una carretilla que pudiera arrastrar con una mano. Estaba relativamente tranquilo, de alguna forma conversar sobre trabajo con Wodahs lo relajó un poco, aunque todavía se sentía extraño, de alguna forma cansado e irritable. No era algo como el hecho de no poder cumplir con sus responsabilidades pudiera provocar, no era del tipo responsable después de todo, y mucho menos esto sería por exceso de trabajo. Quiere suponer que solo fue por ese mal sueño que tuvo, pero aun así era raro, había tenido pesadillas mucho peores y se había recuperado de forma rápida. ¿Tal vez era un efecto secundario a la sanación lenta de su brazo? Le tendría que preguntar a su señora al respecto, pero antes tenía que hablar con Froze.
—Definitivamente tengo que llamarla… —susurró mientras tomaba su teléfono y marcaba, resonando una rueda de madera a su paso.
El tono suena por un breve momento y contestan.
—Hola Froze —dijo tras escuchar un saludo del otro lado—, sé que estás ocupada, pero necesito conversar, ¿te puedo robar algo de tiempo?
Alfem habló de forma precisa, no quería gastarle tiempo innecesario a aquella ángel, la cual le respondió positivamente.
Él comenzó a contarle de forma resumida como se ha estado sintiendo desde que despertó y sobre que no se sentía bien sobre el sueño que tuvo, mientras Froze le hacía preguntas pertinentes para poder entender bien todo lo que le estaba pasando. Ella comprendía que no era una conversación que pudiera hacerse por teléfono y con tan poco tiempo, así que comenzaron a acordar cuando encontrarse.
—Entonces te avisaré en cuanto termine el encargo que me pidieron —dijo Alfem—, hoy como no tendré mi turno habitual, así que sí logro liberarme antes te llamaré sin falta.
—Está bien, pero avísame sí sucede cualquier cosa, ¿de acuerdo? —se escuchaba a una preocupada Froze al otro lado de la línea— De todos modos, ¿en dónde estarás?, preferiría tener a alguien acompañándote.
—Preferiría que no, es molesto sentirme observado, pero verás… estaré en la florería del pueblo… —dijo con nerviosismo.
—…Muy bien, eso me hará las cosas más fáciles.
—Supongo que debe ser algo ¿bueno…? —dijo con incredulidad— ¿Aunque sabes como ella me trata?
—Las chicas y Yosaf me contaron que eso mejoró la última vez que se vieron, así que confiaré en ustedes.
Alfem suspira pesadamente.
—Confiaré en tu criterio, la conoces mejor que yo —dijo con un leve tono de resignación entre mezclada con esperanza—, bueno, nos vemos luego, tengo que comenzar a cargar esta tierra de hoja.
—Cuídate, y trata de no meterte en problemas de nuevo.
—Tendré cuidado, bye.
—Hasta luego.
Al colgar el teléfono, miró de forma decidida la pila de dos metros de sacos de tierra de hoja, para voltear y mirar la carretilla que había traído; estaba obligado a hacer más de una vuelta, además que tenía que llevar una buena cantidad de retoños, que debían llegar a salvo a su destino, no eran simples sacos que podía tirar y apilar en la carretilla. Esto sería tranquilo, pero era posible que le consumiera mucho tiempo, solo esperaba no dejar nada para mañana si es que Froze se desocupaba antes.
Así que ni corto ni perezoso comenzó a arribar los sacos, aquí agradecía que su fuerza fuera la misma, o si no, hubiera sido imposible hacer esto solo, aunque espera que su resistencia lo apoye esta vez.
—Supongo que esto está bien para un primer viaje —declaró al ver la carreta repleta hasta más no poder.
Primero iba a dejar la mayor cantidad de sacos que la carretilla pudiera llevar, para así no tener tantos sacos que traer en la segunda ida, y traer un par de retoños, era el plan perfecto y se sentía orgulloso de eso.
El camino no era largo así que no se demoraría mucho al llegar a la aldea, y a pesar que no sentía que el cargamento estuviera pesado, se sentía muy cansado, cansado mentalmente. En todo el recorrido hasta ahí no pudo evitar que sentimientos extraños lo invadieran, una tristeza que no identificaba como suya apretaba su corazón, y era algo que se estaba volviendo insoportable.
—¡Oye Emal… digo Alen! ¡Espera un momento!
Un grito inesperado surgió de la nada y lo saco de su mal transe.
Era una voz familiar, y por como lo llamó era obvio quien era, pero no quería lidiar con él, aunque una distracción no estaría mal, su sola presencia hacia surgir sus propios malos sentimientos, y eso tampoco era un buen cambio. Así que decidió ignorarlo y seguir su camino esperando que aquel que lo llamaba no siguiera insistiendo.
—¡Oye idiota deja de fingir que no me escuchaste, Flame! —vociferaba Vendetto, al acercarse a la carreta que parecía que estaba a punto de romperse por el peso que llevaba.
No podía deshacerse de él con solo dejarlo ser, de seguro lo molestaría hasta que él mismo cediera, así que apresuró lo inevitable y se detuvo. Además, sería muy vergonzoso que le siguiera todo el camino gritando nombres distintos porque no se acordaba de cómo se llamaba. Así que sí tanto se disponía a seguirle, ¿por qué no molestarlo un poco?
—Hola, tiempo sin verte, mi querido esclavo —proclamó Alfem burlescamente, con una sonrisa maliciosa— ¡Oh! Por cierto, es ALFEM, A-L-F-E-M, Alfem, al menos recuerda el nombre ante quien perdiste una apuesta.
—¡Hey! No es mi problema que no quieras que te llame como antes —se quejó una vez que lo alcanzó.
—¿Entonces te puedo llamar Vereda? —sé burló— Que yo sepa tampoco estas usando tu nombre —mirándolo de manera inflexible, y si él recordaba su ridículo apodo, le exigiría lo mismo a su compañero.
—¡Oh vamos man! No seas tan duro, antes no eras así, de hecho, en ese tiempo ¿te tomabas algo enserio?
—¡Cuantas veces te tengo que decir que me dejes de comparar a como era antes! —gruño furioso— ¿Enserio eres tan idiota para no entender lo que es un trauma, imbécil?
—¡Oye no me trates así! Solo vine a ver como estabas —dijo de manera defensiva—. Cuando te vi pasar tenías una cara tan demacrada que no pude simplemente evitarte, tampoco tenía muchas ganas de verte, sabía que me cobrarías la apuesta.
—¿Tan mal me veo? —preguntó con incredulidad mientras tocaba su cara.
—Broh, tienes unas ojeras putamente grandes, aunque es bueno que esas ridículas gafas los tapen un poco, pero de todas formas no es algo que uno pueda ignorar; te ves fatal.
«Ojeras enormes», otra cosa rara a añadir a la lista. De buenas a primeras le costó creer lo que su amigo le dijo, pero al verse reflejado en un vidrio en la calle pudo notarlo, dos manchas negras estaban debajo de sus ojos, y esto no se justificaba solo por una mala noche de sueño, algo andaba más mal de lo que pensaba.
—Enserio hermano, ¿estás en condiciones de trabajar? —dijo mirándolo de pies a cabeza, notando su postura, cara y su brazo inmovilizado.
—Créeme, me sentiría peor si me dejaran sin hacer nada.
El rostro de Vendetto se llenó de asombro, como de algo de pena.
—Realmente has cambiado Emalf
Un tono de melancolía se pudo sentir cuando dijo eso.
—Aunque tienes razón, no es por lo que crees. De hecho, es…
—¡Vendetto! Chico, no te desaparezcas, así como si nada —gritó una voz femenina cerca de los muchachos.
—No nos hagas buscarte, al menos avísanos si vas a desaparecer —dijo otra voz femenina.
Eran las amigas/socias de Vendetto; Ver y Laurentia, que tras caminando por la aldea y viendo que podían hacer, al parecer no notaron cuando este corrió o no escucharon siquiera cuando gritó.
—¿Cómo demonios no escucharon todo el escándalo que hiciste? —susurró Alfem a su amigo.
—Debieron estar muy concentradas cotizando por el lugar —le respondió.
—¡Vaya! ¿Pero sí es tu amigo que te llevó intoxicado al hotel? —dijo Ver cuando notó a Alfem junto a Vendetto.
—Perece demacrado, ¿se encuentra enfermo? —acotó Laurentia, provocando una sonrisa incomoda en Alfem.
El de gafas se puso un tanto tenso, debía mejorar su manera de ocultar su estado físico, no quería que todos en el pueblo supieran que no estaba bien.
—No… bueno… veré a mi medico cuando termine mis deberes, señoritas… —dijo Alfem mientras se esforzaba por recordar bien los nombres de las compañeras del sujeto que tenia al lado— Espero que me disculpen. ¿Cómo se llamaban? Creo que mi fatiga está afectando mi memoria.
—No te preocupes, también iba a preguntarte lo mismo —rio Ver cautivada por la sinceridad ese pobre hombre— Mi nombre es Ver Million, pero llámame simplemente Ver, ella es Laurentia.
—Un placer —dijo Laurentia, mientras hacia una pequeña reverencia de modo de saludo.
—¡Oh! El placer es mío —dijo Alfem un tanto nervioso, dando leves inclinaciones para devolver el saludo cortés, aunque se terminó mareando un poco, lo que le provocó un leve dolor de cabeza—, me relaja un poco saber que no soy el único a quien se le olvido sus nombres, soy Alfem.
—¡Ya lo recuerdo! ¡Alf! —Exclamó Ver, chocando uno de sus puños en forma de martillo con la palma de su otra mano— También, gracias por dejar a Vendetto en el alojamiento, habría sido un problema ir a buscarlo y eso me recuerda, ¿cuánto te debe?
—¿Disculpa?
La pregunta que hizo Ver fue un tanto repentina y fuera de lugar, así que miró a su amigo, se notaba que comenzaba a sudar.
—Sobre la cuenta del bar, dudo que pudiera pagar en el estado en que quedo.
—Eso, ¿realmente importa ahora? —dijo Alf un tanto extrañado, si Vendetto le debía algo, era cosa de ellos, Ver no se tenía que entrometer.
—Pues si —afirmó Ver—. Veras, hicimos un fondo común para venir aquí, y soy la encargada de administrarlo, así que sí el te debe algo, es mi deber pagártelo y descontárselo, pero sí él no te debe nada, no habrá ningún problema.
Esta mujer era avara, no sabía si decía esto por que realmente tenia la intención de pagarle si es que Vendetto le debía algo, o solo lo trataba de persuadir, de todas formas, la pregunta le había molestado.
—Él no me debe nada —afirmó—, le dije que yo invitaba los tragos, así que así quedará, y quiero ser claro con esto, no me importa si tienen fondos comunes o algo por el estilo, pero mi amigo es lo suficientemente responsable para pagar por sus medios si debe algo, así que te agradecería que no te metieras donde no te han llamado.
—No fue mi intención ofenderte…
—Esta bien, no se como manejan las cosas, así que también me disculpo, me molestó, pero también estoy irritable por un dolor de cabeza, así que hagamos que esta conversación jamás pasó —dijo un tanto frío, aunque se notaba que trataba de calmarse.
—Bueno colega, ¿dónde tienes que llevar todo esto? —dijo Vendetto alegre, y abrazando con un brazo a Alfem.
—Bueno, ya que ahora eres mi esclavo, toma.
Alfem, posicionó a su amigo donde él estaba.
—Debó ir a la florería que está un poco más allá, y me hace falta mano de obra, así que te cobraré ahora nuestra apuesta.
—¡¿Qué no te debía nada?! —gritó decepcionado e impresionado.
—Nada de dinero, ahora jala —le ordenó y Vendetto comenzó a tirar— Señoritas, lo tomaré prestado el resto del día, si desean pueden seguir paseando.
Ambas se miraron atónitas a lo sucedido, por un momento pensaron en él como una buena persona, pero no perdió la oportunidad para cobrarle la palabra.
—No tenemos nada que hacer así que los acompañamos, ¿qué dices Laurentia? —preguntó Ver de forma alegre.
—Me gustaría ver las flores que tiene que ofrecer —respondió sin mayor emoción.
—Está decidido, los seguiremos.
El trayecto no fue largo, aun así, se divirtieron conversando de cosas triviales, y una vez que lograron ver el local, un escalofrió recorrió todo el cuerpo de Alfem, haciendo que se viera evidentemente nervioso.
—¿Estás bien? —preguntó Ver al notar el estado de Alfem.
—¡¿Sí?! —exclamó al notar que le hablaban— Sí, estoy… bien… es solo que… espero que no esté enojada por lo del otro día —susurró al final.
Mientras Ver quería indagar más al respecto, de la colorida florería salían dos personas; una llevaba un ramo de flores en los brazos, mientras la otra la despedía con una gran alegría, moviendo el brazo en son de despedida mientras la otra se alejaba. Toda esa alegría se convirtió en disgusto cuando vio al carrero y su compañía.
Una clara disgustada Yosafire se acerca.
—Así que ahora es cuando llegas y arruinas mi buen humor —dijo Yosaf con desdén.
—Hola… ¿Qué… tal?… ¿Me estabas esperando? —saludó Alf todo nervioso, pero al mismo tiempo extrañado.
—Sí… Wodahs me lo mencionó cuando conversábamos sobre la tierra de hoja —explicó con disgusto, también se sentía incómoda con esta situación.
Aunque está sería una buena oportunidad para mejorar su relación, la incomodidad en el ambiente era palpable.
—Entonces hagamos esto rápido, ¿dónde te dejo todo esto?
—Solo déjalo ahí enfrente de la tienda, yo lo ordeno después.
Tal afirmación perturbó al encargado del aseo.
—¡¿Estás loca?! —gritó sin pensarlo demasiado.
Yosafire lo miró de manera fulminante, se sentía como le deseaba la muerte por insultarla.
—Digo… señorita Yosafire, —tosió y trató de reformular lo que había querido decir— ¿no sé da cuenta de lo peligroso y anti estético es lo que me pide? —dijo con el tono más formal que pudo, olvidándose así por un momento de todo su nerviosismo.
—Por eso digo que lo haré yo —insistió tercamente.
—No entiende —afirmó con firmeza—, no puedo solo dejarle aquí afuera todo este cargamento, además que es mucho, debo ir a buscar más, y entre que usted sola entra esta cantidad de tierra pueda que pierda más de un cliente. ¿Acaso quiere eso?
Esto era problemático, aunque ella no quisiera admitirlo, ese desgraciado tenia un punto, no quería perder la racha que tenia hoy, pero aun así…
—Sabes atrás de mi tienda esta mi vivero, como la entrada está en un recinto privado nadie vería que hubiera sacos ahí, pero mi problema es… —se detuvo antes de continuar.
—¿Y el problema es?
Era tan obvio cual era su problema, pero aun así Alfem le siguió el juego, era su forma de distraerse de su dolor de cabeza.
—Que tienes que pasar por la florería para llegar ahí y no quiero que entres —dijo sin ningún tipo de arrepentimiento.
Esta mujer sí que era terca, pero él en el camino, ya había pensado que así algo ocurriría.
—¿Y qué pasaría si no soy yo el que entra? —dijo sin mayor energía, y un poco hastiado.
—Entonces no habría problema, pero ¿quién sería? —preguntó mientras veía quienes lo acompañaban.
—Este sujeto, se llama Vendetto —dijo mientras tomaba a su colega para acercarlo e introducirlo a la conversación—, él será quien llevará los sacos a donde indiques.
—Espera, ¿Qué? —exclamó el aludido.
—¡Oh! Un placer Vendetto, mi nombre es Yosafire, es un placer contar contigo —sonrió ignorando la clara cara de desaprobación a la propuesta—, y ¿quiénes son aquellas damas que están ahí atrás?
—Ella son amigas suyas; son Ver Million y Laurentia, dijeron que querían ver lo que ofrecías.
Ambas hicieron leves gestos de saludo, Laurentia neutral como siempre y Ver un poco extrañada con todo este asunto.
El ambiente tenso se había dispersado, el cretino había traído una buena ofrenda; posibles clientas, y eso colocó de muy buen humor a la peliverde. Nunca pensó que aquel que le roba su tiempo con su amada Froze hubiera llegado a ser útil.
—Es un placer, por favor entren —Yosaf invitó a todos a pasar—, tú, el rubio, te diré donde debes dejar la tierra.
Vendetto miró con una mirada suplicante, como si estuviera gritando por clemencia a Alfem, el cual solo lo miraba diciendo que no podía negarse, y que estuviera feliz por pagar tan pronto su deuda con él, todo eso lo dijo solo con una sonrisa y el pulgar arriba. Así fue arrastrado Vendetto hacia adentro mientras cargaba su primer saco.
Alfem solo lo despedía moviendo la mano mientras Vendetto desaparecía de su vista y las demás entraban de curiosas al local.
—Bueno, será mejor que descargue un poco, así solo tiene que tomar y entrar —se dijo a sí mismo disponiéndose a bajar algunos sacos y colocándolos cerca de la puerta, aunque agradecía a Etihw por bendecirlo con la llegada de su colega, no se sentiría tranquilo haciendo nada, eso solo atraería malos pensamientos.
Con la ayuda de Vendetto, las cosas fueron más rápidas de lo que pensaba Alfem, además que las idas y vueltas fueron más amenas. Las chicas se habían ido tras comprar unas flores para decorar su habitación, mientras el demonio rubio seguía ayudando a su amigo. A pesar que ya estaban en la última vuelta, no parecían cansados así que regresaban con el último cargamento de tierra que dejaron, y los retoños que no se pudieron traer antes.
—Dejaré esto adentro, tu aprovecha de descargar todo —dijo Vendetto tomando unos sacos directo de la carretilla.
—Si, si —respondió Alfem a lo animoso que estaba su amigo.
En eso, que estaba bajando las últimas cosas, una presencia pesada se hizo notar.
—Vaya… vaya… que tenemos aquí, creo que he encontrado mi juguete perdido.
Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Alfem, que lo congeló, y lo llenó de terror, conocía esa voz, la conocía demasiado bien.
