¡Gracias por seguir leyendo!

¡A que después de la ausencia no esperaban que actualizara tan rápido!

;) hasta yo me sorprendí, espero que les guste el capítulo!!

XIX. Entretiempo.

Sucedieron muchas cosas después de que los campeones entraron en el laberinto. La mayoría muy tristes.

Dziban había roto en llanto en cuanto comprendió lo que había sucedido y no había parado por días. No habían importado las frías indicaciones de su padre "compórtate" o los tirones que Henry le dio a su mano cuando estaban en la grada. Al final le habían dejado irse a su habitación y como había tanta confusión, nadie le había puesto demasiada atención.

Al menos nadie que le importase a Lucius.

Bill se había apresurado a abrazar a su hermano menor para que no mirara hacía el laberinto, o hacia nada que no fueran él y su madre. Una cosa era querer a la chica equivocada y otra muy distinta dejarlo perder su inocencia en esa noche tan confusa.

Gawain aceptó el refugio que le ofrecía su hermano hasta que tuvo que irse por seguridad a la Torre de Gryffindor. Entre las filas de estudiantes que conducían los prefectos y profesores de vuelta al castillo, sus ojos buscaron a Dziban.

La distinguió entre los Slytherin porque su cabello reflejaba la escasa luz, aunque no vio su rostro, supo que lloraba por el ligero movimiento de sus hombros. Ojalá hubiera podido correr hacia ella y abrazarla, pero pronto tuvo a Fred y a George a su lado, más serios que nunca en la vida, para hacerle ver que la situación no estaba para correr por los jardines del colegio por una chica.

A pesar de todo, Gawain agradeció la sensación de protección que en ese momento le daban todos sus hermanos.

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La atención de todos se volcó en Harry en los días que siguieron y Gawain no podía culparlos, el pobre estaba siempre en el centro de todo, pero esta vez, era especialmente triste que todo girase en torno a él.

Gawain ya no estaba celoso de Harry ni de Ron. Después de la tercera prueba quedaba claro que el vínculo que compartían con Hermione tenía un significado totalmente distinto de cómo él lo había percibido en un inicio. Parecía que todo les pasaba a ellos y eso les hacía necesitarse especialmente.

Luego del anuncio de Dumbledore, todos los estudiantes que no eran Harry, Ron o Hermione tuvieron mucho tiempo libre. Gawain pasó casi todo ese tiempo con sus amigas de Beauxbatons porque entre ellas no había tantos rumores como en la torre de Gryffindor y en general, se respiraba un poco de tranquilidad aún.

Pasó tantos días sin ver a Dziban que casi le sorprendió descubrirla trepada en un árbol, Grabbe y Goyle no la esperaban debajo de este como siempre, seguro que también los estaba eludiendo.

Llevaba puesta una capa gruesa y tenía la cabeza recargada de un ancho tronco, miraba a la nada y parecía no importarle que el cabello se le estuviera enredando. Era obvio que quería estar sola pero esa imagen de niña triste no hacía mas que provocarlo a acercarse.

Y al final lo hizo.

Dziban ni siquiera se dio cuenta que alguien más trepaba el árbol, ajena al movimiento de este y a todo en general, notó la presencia del pelirrojo hasta que una de sus ásperas manos rozó la suya y dejó un conejito de chocolate en su regazo.

El pelirrojo se quedó atento, mirándola desde una rama cercana después de ese gesto.

Ella suspiró y dirigió la vista hacía él. Sus ojos estaban tan hinchados que incluso el iris parecía rojo y no gris.

--Lo siento—dijo él, aún con toda su atención en ella.

Por respuesta ella parpadeo varias veces y se talló los ojos, Gawain permaneció en silencio pensando qué más podía decirle. La verdad era que había subido al árbol sin pensarlo.

Después de un momento ella guardo el chocolate en la capa.

--Cuando no duermo bien me da mucho frío – murmuró notando la vista fija de él en la capa.

Gawain estaba en mangas de camisa, pero a él, el ligero viento no le molestaba en absoluto.

Volvieron a quedarse en silencio hasta que ella empezó a calcular su descenso del árbol.

--Cuídate, Comadrejita bolita rosada –dijo con un hilo de voz--, deja de hacer cosas tontas, como acercarte tanto a mi –advirtió con un poco mas de voz, era la mejor que había conseguido articular.

Acto seguido se bajó del árbol.

Y "Comadrejita bolita rosada" se bajó después que ella, pero no la siguió, principalmente porque el escuchar aquel apodo de propia voz de ella era tan esclarecedor que lo mareaba.

Primero porque Luna había tenido razón y Dziban lo nombraba como ella decía y segundo porque lo había dicho en diminutivos y seguido de algo parecido a la preocupación. Gawain estaba nervioso y pegado al sitio donde aterrizó, sin poder hacer otra cosa que verla levantarse el gorro de su capa para volver al castillo.

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Ese año marcaría un parteaguas en sus historias de vida, y no sólo por su triste desenlace. Todo había cambiado, no solamente porque Voldemort volviera, sino porque ellos habían compartido una serie de raras coincidencias y momentos cuyos recuerdos los acompañarían hasta su vida adulta.

Ella siempre tendría presente el inequívoco tacto de las curtidas manos de Gawain sosteniendo las suyas. Y cuando más fría y dura ella tratara de ser en el futuro, él más trataría de disculparla recordando sus ojos llenos de emoción en el baile de Navidad y cómo su verdadera sonrisa lo iluminaba todo.

El día que los estudiantes de otros colegios se despidieron, Henry fue efusivo hacía Dziban y al final la abrazó y besó, como un lobo marcando su territorio. Pocos le dieron importancia, pero una de esas tardes, dolido y desorientado, Gawain dejó que los ojos y las palabras dulces de Michelle le consolaran. Así fue como al final tuvo a su primera novia y aunque nada había salido como él quería, se esforzaría en tratarla bien y ser el mejor novio que pudiera.

Gawain no tenía modo de saberlo, jamás lo imaginaría, pero en aquel verano, el conejito de chocolate fue varias veces cubierto por las manos de Dziban, como un amuleto que pudiera darle suerte o fortaleza.

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Espero que lo hayan disfrutado, nos leemos pronto!!