Los personajes y lugares fueron creados por J.K. Rowling, yo sólo cambio la historia.
¡A leer!
Largas noches
- ¡Draco! – escuché a mis espaldas seguido de unos apresurados pasos que cada vez se escuchaban más cercanos. Me giré con las manos en los bolsillos de mi pantalón. ¿Soy una especie de elfo doméstico como para que alguien esté gritoneando mi nombre…?
- Pansy… - dije sin poder evitar que mi voz sonara desganada.
- Llevo tiempo tratando de hablar contigo…- dijo mientras agachaba su mirada, pero rápidamente se llevó una mano a la nariz, justo donde tenía un aparatoso vendaje el cual no lograba cubrir su ojo amoratado.
- Bueno… no entiendo por qué, no hay nada que decir – dije lo más cortante posible. Necesitaba que esta conversación terminara lo más pronto posible. A pesar de mis grandes atributos, no me considero una persona paciente y Pansy y su teatrito me estaban poniendo a prueba.
- Yo… - sus ojos comenzaron a humedecerse. – Necesito…- la tomé del brazo y la llevé al pilar más cercano, no es un lugar tan discreto, pero al menos no estaríamos en medio del pasillo a la hora en que hay más movimiento…
- ¡Basta de esto Pansy! – dije entre dientes. – He tenido que soportar bastante de ti y la verdad no entiendo por qué…- las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Anteriormente Pansy me parecía una tipa atractiva que sabía lo que quería y con la cual podía entenderme muy bien, ahora no logra ni causarme un poco de lástima…
- Draco… - dijo débilmente.
- ¡Nada Pansy! – dije dando un paso hacia adelante logrando hacerla retroceder y topar con la pared. – Tú y yo ¡nada! – se llevó sus manos al rostro para cubrirlo y sofocar el sonido de su llanto.
Di una última mirada a los restos de lo que se creía que sería una mujer brillante y retomé mi camino. Miradas indiscretas me seguían y a mí no podía importarme menos.
El gran comedor estaba repleto y demasiado vivo, algo poco común para un lunes. Me dirigí a la mesa en la cual ya se encontraban Crabbe y Goyle sumergidos en sus platillos. Tomé asiento y no dije nada, con estos cerdos las palabras sobraban.
De un momento a otro, el comedor se silenció y todas las miradas estaban dirigidas a la puerta en la cual se encontraba una muy reconocida Gryffindor. Granger comenzó a caminar a paso veloz y con la mirada al suelo tratando de ocultar un evidente vendaje en el cual reposaba su brazo izquierdo. Un extraño sentimiento se posó en mi pecho el cual fue sencillo sustituir por una risa burlona. Y como si Granger tuviera un oído hiper sensible, me lanzó una filosa mirada la cual no logró más que divertirme aún más.
- ¿Qué es tan gracioso? – preguntó Crabbe con restos de comida en su barbilla mirando a todas partes.
- Nada Crabbe, acabas de arruinar la diversión – dije mientras le lanzaba una servilleta a la cara. El simplemente la apartó sin entender mi indirecta de que se limpiara la cara y siguió comiendo.
El comedor comenzaba a vaciarse y las clases cada vez estaban más cercanas a iniciar. Yo no pensaba levantarme de la mesa hasta ver que Granger saliera del gran comedor. El extraño momento del otro día no dejaba de repetirse en mi cabeza y claro, necesitaba la explicación de la venda en su brazo.
Justo cuando llegué a pensar que nunca terminaría su desayuno, se levantó y dejó a su grupo inseparable, el cual no mostraba ningún interés por llegar a tiempo a clase. La seguí hasta la salida y sin la necesidad de algún tipo de esfuerzo, logré ponerme a su lado e inmediatamente ella rodó sus ojos. Caminamos en silencio por un buen rato.
- Creí que había sido clara el otro día- dijo por fin.
- No tuviste ni una pizca de claridad Granger… - ella bufó y continúo caminando sin dejar de mirar hacia enfrente, algo que debo admitir que me molestaba bastante. ¡MÍRAME! – ¿Qué pasa con tu brazo? – dije dando un largo paso para ponerme delante de ella. Es arriesgado caminar de espalda, pero al menos su vista está fija en mí…
Sin importa que mi escultural cuerpo estuviera interfiriendo con su vista, ella se las arreglaba para no posar su mirada en ninguna parte de mi anatomía.
- ¡Ah…! ¿Ley del hielo? – me volví a poner a su lado y ella no pareció notarlo. – ¿Ni siquiera me hablarás para pedirme el libro que dejaste olvidado? – ella se detuvo en seco y giró su rostro hacia mí. ¡Por fin!
Su mandíbula estaba apretada y su ceño estaba fruncido. Me tomó del brazo con su mano ilesa y me dirigió a un pilar del pasillo, justo como yo había hecho con Pansy esta misma mañana y, debo admitirlo, sí intimida un poco que te acorralen de esta manera…
- Malfoy, esto no puede seguir así. Claramente te dije me dejaras en paz – definitivamente Granger no sabe el significado de "claramente".
- ¿Claramente? ¿Para ti "claramente" es salir corriendo después de tartamudear cosas imposibles de descifrar? – dudó un poco y se detuvo para pensar lo que diría.
- Bueno, ahora sí te lo estoy pidiendo claramente – dijo con más seguridad, regresando a la Granger que conocía de antes de empezar con la apuesta. – Esto no puede continuar así, tu actitud no es aceptable y quiero que me dejes en paz. No estoy interesada en ser tu amiga, no eres confiable y tu inmadurez puede meterme en problemas – no supe qué decir y eso realmente me molestó. Mordí mi mejilla interior y respiré profundo. Granger seguía parada delante de mí y noté que estaba expectante… ¿qué quería?, ¿qué me pusiera de rodillas y le rogara su perdón?
- Sí eso es lo que quieres… - dije con el mayor desinterés posible y noté cómo mi respuesta no era exactamente lo que ella esperaba. - … lamento ser yo el de la actitud infantil. Si lo que quieres es que te deje en paz, eso haré – me encogí de hombros.
- ¡Bien! – dijo como una pequeña niña malcriada que no consiguió lo que quería. Por supuesto que reí internamente.
- Bien. Fue un placer Granger – dije seguido de una pequeña reverencia sólo para molestarla aún más. Me di la vuelta y continúe con mi camino. ¿Quiere que la deje en paz? Veamos si puede estar en paz sin mí.
Me parecía que el día pasaba más lento que lo normal. Últimamente evitaba a Blaise, no me sentía con ganas de tratar con un hipócrita y vaya que evitar a hipócritas era difícil en Slytherin. La evidente rivalidad que inició entre Blaise y yo sólo lograba mantenerme concentrado en mis movimientos para ganar la apuesta. Ya no se trataba de quién haría los deberes de quién si no quien era el mejor, cosa de la cual estaba seguro de que YO era el mejor. Ahora que las cosas estarán frías con Granger es cuando mejor debo utilizar mis cartas.
En el gran comedor volví a sentarme con Crabbe y Goyle pero esta vez decidí sentarme volteando hacia los grandes ventanales del gran comedor. A pesar de que moría por ver el tonto y fallido intento de Granger por ignorarme, decidí que lo mejor era yo ignorarla a ella. No hay nada peor que mi rechazo ¿no?
ooOoo
Los días de esta semana pasaban volando. Entre deberes y libros me perdía de las horas que con anterioridad me parecían larguísimas. Mi mente sentía una enorme sed de saber, de mantenerse ocupada en cosas que, aunque fueran tan innecesarias, me desgastaban hasta el punto de sentirme como un robot.
Las noches, en cambio, me parecían larguísimas, constantemente despertaba exaltada tratando de evitar lo inevitable, tratando de evitar sueños que más que nada parecían recuerdos que me hacían desear que el día llegara sólo para realizar la misma rutina para la cual ya estaba programada.
Por más que lo intentara me era imposible no dirigir mi mirada a la mesa de Slytherin cada que tenía que ir al gran comedor, y digo "tenía" porque si de mí dependiera, me evitaría el desayuno, la comida y la cena con tal de no despegarme de los libros y de mi zona de confort.
Malfoy llevaba toda la semana dándome la espalda, sin miradas de reojo, sin medias sonrisas, sin siquiera molestar a Harry y a Ron cuando se cruzaba en nuestro camino… y justo por estos pensamientos era que prefería leer en lugar de pensar, cosa que por el momento me era imposible debido a que tenía que picotear a la inocente patata que yacía indefensa en mi cena.
- Hermione… ¿pasa algo? – susurró Ron a mi lado. La preocupación era evidente, más ahora que tenía días recibiendo esa misma pregunta de parte de Harry, Ginny y por supuesto Ron, el cual seguramente creía que seguía molesta por el accidente con mi brazo.
Harry y Ginny notaron que Ron intentaba de nuevo lo que ellos también ya se habían empeñado en solucionar sin ningún éxito.
- Está bien, lo diré… - dijo Ginny decidida. – Hermione, ¿estás molesta con nosotros por lo de tu brazo? – Harry y Ron sólo se limitaron a mirar a Ginny para después dirigir sus miradas hacia mí, esperando respuestas. – ¡Tu actitud nos está poniendo de nervios! No comes, no dejas de leer y aparentemente no duermes… - señaló mi rostro, cosa que sentí como un grave ataque hacia mi persona… - …dinos qué pasa – Ron posó su mano en mi espalda intentando darme ánimos, no podía con tanta atención.
- Estoy bien… - del otro lado del gran comedor, un Slytherin se levantó de su asiento y no pude evitar seguirlo con la mirada. Necesité las suaves palmadas de Ron en mi espalda para volver al presente y desviar rápidamente la vista. Suspiré. – En serio estoy bien… es sólo que… duele – dije sin hacer mucho sentido porque realmente no hacía sentido. Dolía, pero no como ellos esperaban, dolía, pero era algo más allá de una simple lesión en el brazo…
Harry, Ron y Ginny se miraban tratando de comunicarse con la mirada y tratar de percibir si alguno de ellos entendía lo que estaba sucediendo. Ron, sin apartar su mano de mi espalda, me quitó el tenedor con su otra mano, tomó un poco de la patata que había aniquilado y la llevó a mi boca. Yo no pude evitar reír ante el gesto y tomé lo que mi novio me estaba brindando.
- Simplemente no quiero atrasarme con mis deberes sólo por esto… - señalé mi brazo vendado. - … el dolor a veces no me deja dormir y trato de concentrarme en otras cosas para no pensar tanto en eso… eso es todo – me encogí de hombros.
- Pero Hermione, tú eres diestra… ¿cómo podría eso atrasarte con tus deberes? – preguntó Harry. Ginny le dio un pequeño manotazo en el hombro ante su comentario para nada sensible.
- Si tanto duele, podríamos ir con la Sra. Pomfrey de nuevo… - comentó Ginny tratando de componer lo que Harry había tratado de decir.
- Lo sé, sé que es absurdo, tal vez por eso me molesta tanto – Ron volvió a acercar el tenedor con comida y la acepté con gusto.
- No es absurdo, tal vez deberíamos mimarte más – dijo Ron mientras pasaba su mano de mi espalda a la coronilla de mi cabeza, haciéndome sentir como una niña pequeña que por fin ganaba la atención que quería.
- Ya me estoy sintiendo mejor – dije sonriendo y sin evitar sonrojarme.
- A ustedes tres los quería ver – se acercó McGonagall de repente. – Es sábado chicos, creo que saben lo que eso significa…- Harry, Ron y yo no pudimos evitar renegar al caer en cuenta de lo que McGonagall acababa de insinuar. – Terminando de cenar quiero verlos en mi oficina, ¿entendido?
- Sí, claro profesora McGonagall – contesté ya que de la boca de Harry y Ron no saldrían comentarios positivos.
- Excelente – comentó McGonagall y salió del gran comedor con su característico porte.
- No quiero terminar de cenar nunca- dijo Ron cruzándose de brazos. – Harry ya la tuvo que pasar con Malfoy, en verdad no tengo ganas de pasar por eso... – frunció el ceño.
- Es mejor terminar con esto de una vez, tal vez McGonagall los deje ir pronto como el sábado pasado – dijo Ginny tratando de animarnos. Nosotros sólo contestamos con balbuceos.
Nos levantamos del comedor y nos dirigimos a la oficina de la profesora McGonagall dejando a Ginny atrás con los pulgares levantados para tratar de aminorar la tensión de nuestros rostros, en mi caso sí funcionó.
Al llegar a la oficina de McGonagall, Malfoy ya estaba esperando en el marco de la puerta, alzó su mirada del exclusivo entretenimiento que brindaban sus uñas y al vernos sólo bufó y regresó al espectáculo imaginario presentándose en sus nudillos. Ron inmediatamente apretó la mandíbula. Sí Ron fuera un gato, definitivamente tendría todos los pelos de punta en este momento.
- Oh… ¿ya están aquí? – dijo McGonagall mientras se asomaba por la puerta a casi nada de golpear el rostro de Malfoy con la punta de su puntiagudo sombrero. Él sólo se limitó a retroceder su rostro con una graciosa mueca. – Bien… - abrió un pequeño trozo de pergamino y ajustó sus diminutas gafas. – Sr. Potter y Sr. Weasley, síganme, el día de hoy limpiarán los cuadros del pasillo dos. Debo advertirles que deben hacerlo con mucho cuidado, no queremos molestarlos… - dijo mientras bajaba las escaleras que daban a su oficina.
- Profesora…. ¿qué hay de mí? – pregunté sin entender.
- Oh… - se detuvo. – Srta. Granger y Sr. Malfoy, el señor… ¡Ah Filch!, justo a tiempo… - dijo la profesora McGonagall al ver que Filch se acercaba al final del pasillo. – El Sr. Filch será tan amable de escoltarlos a su actividad del día de hoy –
Ron y Harry me miraron, el primero sin dejar de apretar la mandíbula y el segundo me veía como si yo hubiera quebrado en llanto y él no pudiera consolarme. Yo no sabía qué pensar. Miré de reojo a Malfoy y él seguía sin mostrar ni una pisca de interés.
- Síganme muchachos – dijo Filch. Malfoy pasó a mi lado y comenzó a seguir a Filch con las manos en los bolsillos de su pantalón. Di un rápido vistazo hacia atrás, Ron y Harry seguían a la profesora McGonagall en dirección contraria a donde yo me dirigía.
- Pasará pronto Hermione – comentó Harry sin quitar la mirada que me dio cuando se enteró que yo fui la "afortunada" en tener que pasar mi castigo con Malfoy el día de hoy.
- Te buscaré en cuanto termine – dijo Ron muy serio.
- ¡Oh, Sr. Weasley! Ambos estarán muy cansados al terminar… - comentó la profesora McGonagall de forma sarcástica justo antes de desaparecer del pasillo y dirigirse a las escaleras.
- Srta. Granger – escuché a Filch a unos metros detrás de mí. Volteé a verlo y me hizo señas de que teníamos que avanzar. Malfoy sólo miraba el techo como si pudiera ver las estrellas. Avancé hasta alcanzarlos y emprendimos el viaje hacia un nuevo castigo desconocido.
Filch nos llevó a las afueras del castillo en donde había un carrito con manchones de óxido y dos rastrillos. Tomó ambos rastrillos, volteó a verlos y luego dirigió su mirada a mi brazo lesionado.
- Creo que usted no podrá hacer uso de este – dijo burlón.
- ¿Qué haremos exactamente? – habló Malfoy por primera vez en la noche. Voz que no escuchaba desde hacía ya bastantes días…
- El Sauce boxeador ha estado aventando ramas por doquier, la profesora McGonagall no me dio la autorización de llevarlos cerca de él para la suerte de ustedes… - dijo evidentemente molesto. – … pero Peeves se ha encargado el día de hoy de lanzar esas ramas a todo aquel que esté en esta zona del castillo. Ustedes harán el grandísimo favor por esta institución, de levantar toda rama que esté dentro de este perímetro- señaló la salida trasera del castillo en la que estábamos, la cual estaba rodeada de arbustos y evidentemente Peeves había hecho de las suyas, el césped estaba lleno de ramas a pesar de que no hubiera árboles tan cercanos. Pobre de los alumnos que recibieron un ramazo…
- Bien…- dijo Malfoy con los brazos cruzados en su pecho mientras evaluaba la situación.
- Depositarán las ramas en este carrito – señaló Filch el oxidado vehículo. - … esas ramas servirán muy bien como leña – comentó. – Espero que su condición no los atrase mucho – Filch señaló mi brazo y sonrío desagradablemente.
- Agradezco su preocupación – dije con sarcasmo, cosa que él pareció no entender.
- Bien, una vez que terminen dejarán el carro y los rastrillos en el lugar en el que estaban, yo pasaré por ellos más tarde – sin decir más, nos echó una última mirada y se dispuso a regresar al castillo.
Malfoy inmediatamente tomó el rastrillo y comenzó a empujar el carrito, no sin antes echarle un vistazo despectivo al astil que facilitaba el maniobrar el vehículo, y se acercó a un lugar en el que parecía que las ramitas se habían acumulado. Su silencio comenzaba a ahogarme así que seguí su ejemplo y comencé a levantar pequeñas ramitas que estaban en el lugar donde estaba parada y comencé a acercarme a él para depositarlas en el carrito.
Trabajamos cada quién por su lado, él todo el tiempo me daba la espalda y sólo podía escuchar como maldecía por lo bajo, cosa que me permitía imaginarme su rostro con el ceño fruncido y su mandíbula apretada. En algunos casos lo escuchaba aplastar las ramas del carrito con coraje, cosa que no tenía ningún sentido.
Después de un largo periodo de tiempo, mi codo lesionado comenzó a punzar por no tener un lugar de soporte. Tomé el rastrillo que había caído al suelo cuando Malfoy tomó el suyo y me senté en el césped con las piernas cruzadas. Coloqué mi brazo vendado en mi rodilla y con mi otra mano tomé el rastrillo y comencé a acercar las ramitas que estaban regadas a mi alrededor.
El silencio hacía que la noche me pareciera más oscura. Había pensado varias veces en cómo iniciar la conversación, pero mi orgullo me decía "no te atrevas ni a pensarlo…" y como siempre lo he hecho, obedecí a la razón. Claro, la curiosidad también está en constante comunicación conmigo, algo que no puedo ignorar y debido a eso, cada determinado tiempo miradas de reojo se detenían en la silueta que estaba a mi espalda, silueta que al parecer no soportaba ni un momento más conmigo y quería terminar lo antes posible el trabajo.
Cuando ya no había más ramitas que pudiera acumular cerca de mí, me puse de pie y a como pude, las uní en un solo bulto con el rastrillo. Cuando estaba por terminar, un conocido libro apareció delante de mí siendo sostenido por una pálida y sucia mano. Tomé el libro y lo encaré confundida. Él me miraba recargando su barbilla en el dorso de la mano que sostenía el rastrillo con el cual había estado trabajando.
- ¿De dónde lo sacaste? – dije confundida pues en ningún momento lo había visto en sus manos, y como si no hubiera hablado lo suficientemente fuerte, él se giró y continúo con el trabajo, ignorándome por completo. - ¡Oye! – dije molesta, pero a él no pareció importarle. – Dije, ¡oye! – repetí y con mi brazo bueno lo tomé del hombro para girarlo y que me diera la cara.
- Tranquila Granger… - dijo alzando los brazos. Su camisa con algunos manchones de tierra fresca tenía desabotonados los primeros tres botones dejando su pálido pecho a la vista y un mechón de cabello atravesaba su rostro cubierto de una pequeña brisa de sudor… nunca lo había visto tan desaliñado… - ¿Qué Granger? – dijo extrañado al ver que no decía nada.
Sentí mi cuerpo actuar sin seguir direcciones de mi cerebro. Todo era un impulso, impulso que había estado ahogando toda esta semana y toda esta noche, ya no podía controlarlo más. Me abalancé a sus brazos y llevando mi mano derecha a su nuca lo acerqué a mí y lo besé. Él no mostró ningún tipo de oposición y como acto reflejo, dejó caer el rastrillo y rodeó mi cintura con sus brazos, me levantó del suelo y nos llevó a lo profundo de los arbustos.
Sus manos pasaron de mi cintura a mi rostro, tomando completamente el control del beso, dirigiendo el baile de nuestros labios que aparentemente se sincronizaron en automático. El tiempo pasaba, pero para mí el tiempo ya había quedado en segundo plano y deseé que esta noche tuviera la misma duración que las largas noches que había pasado sin dormir por pensar en él…
En verdad espero que les haya gustado
Saludos cordiales
La ChancludaM
