Advertencia: Hey tú! si tú! Lector agárrate bien de tu asiento o de donde te encuentres para leer el capitulo. Esto se va ha poner bueno 3

Misma noche – Departamento de Juliana

Después de que vio a los padres de Juliana irse, se subió a su auto y lo dejó bien estacionado. Utilizó la llave que, gracias a Dios, nunca le había devuelto a la morena y se metió al departamento. No se había dado cuenta cuanto extrañaba ese lugar hasta que traspasó la puerta de entrada, todo estaba exactamente igual, incluso Valentina se sorprendió de ver la cama sillón aun armada, al parecer Juliana aún seguía durmiendo ahí y si tenía que ser sincera, le aterraba un poco la idea de que la morena pensara en tener nuevos compañeros de cuarto o tal vez compañeras. Al principio se distrajo y trató de calmar sus nervios recorriendo su viejo departamento, no logró calmarse en absoluto hasta que entró al cuarto "prohibido" de la morena. Un montón fotos que Juliana había colgado en la pared le llamaron la atención. Varias de ellas eran de un enorme palacio que Valentina pudo reconocer fácilmente, había estado varias veces paseando cerca como para no hacerlo, El palacio de Buckingham. Las imágenes del palacio eran millones, y además al parecer no sólo había fotos de su exterior, sino también de sus balcones y alguna que otra parte de su interior. Varias fotos eran monumentos tomados de distintos ángulos, otras eran de enormes jardines con hermosos lagos, algunas tenían soldados de esos que están a la afuera del palacio de la Reina de Inglaterra y que tiene prohibido moverse, y también había varias tomas de hermosos tulipanes de distintos colores y otras flores que eran características del lugar. Eran muchas fotos y variadas, la castaña no supo la razón de que estuvieran en el cuarto de Juliana hasta que encontró una enorme lámina en la mesa de dibujo de Juliana. El fondo de la lámina era el frente del palacio, pero el centro lo ocupaba una pareja que se estaba besando y que Valentina no pudo distinguir muy bien de quienes se trataba, por culpa de la cantidad de anotaciones y tachones que había en el dibujo. La castaña dedujo que el trabajo no estaba del todo terminado y que, por la cantidad de bollos de papel tirados en la habitación, era un dibujo que le estaba costando a la tatuadora. Por primera vez Valentina se preguntó si este era el tatuaje misterioso y de urgencia que Juliana tenía que hacer en Londres. Ocupó una gran cantidad de tiempo en inspeccionar cada detalle que la morena había agregado a su dibujo, sabía que Juliana era habilidosa, pero la sorprendió aún más lo que vio en esa lámina, verdaderamente la morena sabía lo que hacía.

Cuando volvió a la sala, fue directo a su cartera y agarró un papel que había doblado en un perfecto y pequeño cuadrado, se lo llevó al sillón para tenerlo a su lado y lo dejó encima de la cama mientras ella se ponía lo más cómoda posible. Prendió el televisor y trató de distraerse. Después de varias horas, y de escuchar la voz de Honey BoBo de fondo se dio cuenta, que evidentemente su táctica de distracción no estaba funcionando. Eran las tres de la mañana y Valentina seguía sentada en el rarisillón de Juliana mirando televisión. Bueno en realidad, el televisor estaba prendido pero la empresaria no le estaba prestando atención alguna, su mente estaba en otro lado. Su mente estaba en Juliana.

Cuando miró por millonésima vez la puerta para ver si mágicamente se abría y dejaba ver a una morena que volvía a su lado intacta volvió a percatarse del doblado papel que había dejado a su lado. Lo agarró estirando su brazo y lo abrió con resignación. Ya nada de lo que ella había puesto en ese papel parecía importante bajo este contexto. Desde el momento en que Valentina había salido por la puerta de la oficina de Juliana en el estudio de tatuajes, aquél día que la castaña prácticamente le impuso una cita a la morena, desde ese momento la empresaria había empezado a hacer una pequeña lista en su cabeza con las cosas, si se puede decir así, que tenía que hablar con la otra chica en su cita. No lo tomen a mal, Valentina pensaba disfrutar de la cita, por supuesto, pero también le iba a sacar bastante provecho, ella estaba dispuesta y quería ayudar a Juliana , pero no lo podía hacer caminando a ciegas, necesitaba respuestas. Toda su vida Valentina jugó con reglas claras y simples, "si tus padres dicen no, es no por ahora, pero si te esfuerzas quizás lo consigas", "Si quieres un caballo, gana suficiente dinero, para comprarte un establo", " Si te gusta un chico, sedúcelo hasta que lo tengas loco", "Si Lauren se emborracha, no la dejes hablar, podría revelar cosas que te comprometan", "Cuando estés con tus competidores, no muestres tu verdadero entusiasmo sino el que ellos creen que tienes"... Existían millones de reglas así programadas en ella, Valentina las necesitaba para vivir y presentía que las necesitaba para Juliana también. En ese momento, la castaña, pensaba que no iba a dejar pasar la cita sin tildar cada uno de los temas que salieran en su mente, eso para ella era un "debía hacerse".

Poco a poco había ido añadiendo temas en su lista mental, que a la mañana siguiente se había encargado de transcribir en un papel que tenía a mano, al parecer, así le era más fácil recordarlos y ordenarlos según su importancia o urgencia. El primero que se le había pasado por la cabeza cuando volvía del estudio con rumbo a su propia oficina, sin lugar a duda y subrayado y resaltado con un fuerte color, era el tema de los tatuajes que hacía Juliana en partes del cuerpo que ella consideraba demasiado... provocativas. Si bien había dejado, o más bien no había podido resistirse a la carita de su chica preguntándole que hacía en ese lugar, que la morena se saliera con la suya cambiando de tema en ese momento, no pensaba, no se le cruzaba por la cabeza, permitirle a Juliana bajo ninguna circunstancia, que volviera a tatuar lo que quedaba del pecho de esa chica, ni ningún otro pecho más, eso estaba absolutamente prohibido. Por ende, ahí solito en la hoja de texto se podía leer - "1- Absolutamente prohibido tatuajes de pechos, o cualquier otra parte del cuerpo que no esté socialmente aceptado mostrar (No hay concesiones)" – Lo de las concesiones lo había agregado a último momento porque recordó el poder de convencimiento que tenían las ridículas y a su vez deliciosas caras de la morena. El segundo punto que había agregado en la lista, estaba relacionado de alguna manera con el anterior, y era el tema de su propio tatuaje junto con el de sus amigos. SI bien, pelear su derecho a recibirlo fue la idea principal por la cual entró al local amenazando a todos lo tatuadores hasta lograr a Juliana, la idea se había ido, en lo que le duró a Valentina ver a la morena con su mano en la teta de otra chica. Pero en ese momento, y con tiempo para pensar y armar su lista, no se le había olvidado y había estado segura de que la atención de la morena iba a estar en ella, porque los únicos pechos que Juliana iba a estar mirando, iban a ser los de ella – "2- ¿Por qué carajo no quiere tatuarnos?" – había escrito sin importarle la mala palabra, al contrario la había agregado a propósito para resaltar más su punto, y hasta encima tenía preparado todo tipo de respuestas, estrategias o lo que sea para evitar que Juliana pudiera escapar de esa tarea. Al lado del punto dos, había dibujado una flecha y del extremo de la misma había sacado un recuadro que decía "Londres", Valentina había pensado que iba a ser un buen trampolín para hablar de los viajes de la chica a esta ciudad.

Luego, había entrado a su oficina y se había encontrado con una Lauren totalmente borracha, gritando y llorando por Camila y Valentina tuvo que dejar que el tercer punto quedara vagando por su cabeza. Cuando por fin la latina se calmó y se quedó dormida en el sillón de la castaña, Valentina pudo retomar sus pensamientos. Sin embargo había un problema, el tercer punto le parecía mucho más importante que los primeros dos. Así que, con mucho criterio, había tachado ambos números y arriba del que había pasado a ser segundo puso "1- Moretones" – El tema de los golpes de Juliana la preocupaba demasiado y no quería dejarlo pasar, de alguna manera tenía que hacer que la morena entendiera que esa práctica la iba a llevar a lastimarse cada vez más y además tenía a Valentina muerta de los nervios. Definitivamente ese tenía que ser el primer tema a tratar, Valentina se había asegurado de ponerle un "URGENTE" al lado de la oración.

Justo cuando había pensado seguir con la lista, Camila la llamó al teléfono para preguntarle cómo estaba la latina y la castaña se entretuvo en una larga discusión con la bailarina, seguida de una profunda emoción al contarle lo de su cita con Juliana y una enorme cantidad de planes o especulaciones acerca de su vestimenta a lo que Valentina sólo asentía. No era que no tomaba en cuenta el gusto de su amiga, pero ya tenía en su mente lo que quería para la cita apenas la palabra salió de su boca, quería una tranquila y cálida cena, en un lugar donde Juliana se sintiera cómoda y pudiera hablar con ella sin graciosas latinas, padres que aparecen, monjas que se metan, sin nadie. Solo quería que fueran Juliana y ella, nadie más. Irónico pensar en querer soledad y tranquilidad, que ahora estaba sentada en el sillón sin nadie interrumpiendo sus pensamientos, ni siquiera Juliana. En cuanto a la vestimenta, cuando en ese momento Valentina lo había pensado, no sabía que iba a usar, pero si sabía bien qué tipo de cosas usar, quería usar el vestido más corto, más escotado y más apretado que tenía. Quería la misma mirada intensa y enfocada que Juliana tiene cuando mira a sus dibujos, enfocada en ella. Quería el pene de Juliana duro de tan solo mirarla, quería que la chica la deseara como nunca deseó a nadie. En fin, quería que Juliana Valdez tuviera un orgasmo visual al verla y eso ya era suficiente pauta para encontrar la vestimenta adecuada. Look que posteriormente Valentina había logrado a la perfección con ese increíble vestido que poca suerte le trajo.

Como cuarto punto, y uno de los cuales había dado pelea en la cabeza de la castaña para llegar al primero, estaba el tema de Liah. Valentina había tenido todas las intenciones de asegurarle a Juliana que los encuentros de ella con la niña no corrían peligro en absoluto. Que la castaña se iba a asegurar de que Liah pasara tiempo en la casa de la morena sin tener que contar con que su padre o ella consiguieran la autorización de un juez. Siempre supo que entre la pequeña y la chica había algo especial, pero no fue hasta que las vio interactuar por dos días juntas que se dio cuenta, que Juliana y Liah compartían mucho más que lindos momentos, Juliana y Liah, compartían tristezas y decepciones. Ambas llevaban en sus corazones el dolor del rechazo, el dolor del abandono, y Valentina Carvajal no iba permitirlo por mucho tiempo más. Recordó que había escrito ese punto con tanta bronca que casi rompe la hoja cuando puso "4- Beth".

La lista había llegado a su fin, Valentina había pensado que para empezar iba a ser suficiente. Pero a la mañana siguiente, mientras estaba sentada en su oficina mirando a la pared, agarró la hoja y puso un título debajo del punto cuatro que decía "IMPORTANTE. TRATAR CON PRECAUCION" El título tenía doble subrayado y justo debajo de él la castaña había agregado dos puntos más. Los padres de Juliana era el cinco, y sobre este tema la empresaria no había pensado hacer mucho hincapié, solo quería tantear el terreno. El punto número seis era "la mudanza", Valentina quería que Juliana se fuera a vivir con ella y no iba aceptar un no como respuesta. Le había prometido a las hermanas Ana y Jane que iba a proteger a Juliana, y no lo podía hacer si vivían separadas y en ciudades opuestas. Aun así se había decidido a hablar sobre estos dos temas con cuidado, no quería que Juliana huyera de ella en la primera cita, estaba dispuesta a frenar estas dos ideas apenas viera a la morena removerse en forma incómoda. Nuevamente la ironía se hacía presente, la tatuadora había huido mucho antes de que Valentina pudiera nombrar alguna de estas cosas y lo había hecho por culpa de su agregado punto cinco.

Finalmente, y con el único objetivo de tener un recordatorio, la pelirroja había agregado un último punto -"7 Jesse y Jane" – Eran dos personas que le habían dejado muchos interrogantes a Valentina, y quería el opinión o tal vez la verdad de Juliana sobre ellos. Sin embargó también se había encargado de agregar entre paréntesis - "NO URGENTE" – tampoco era cuestión de pasarse la noche hablando de otras personas, lo que daría en este momento Valentina, para tenerla cerca y hablar de cualquier cosa, lo que daría para verla entrar por la puerta y escucharla hablar de sus tatuajes, de lo que sea.

Justo cuando Valentina había cerrado el paréntesis y decidido doblar la hoja y guardarla, se le había ocurrido algo importante. La castaña no había dudado en agarra un lápiz de color rojo y hacer un enorme círculo en el cual todos los puntos quedaran adentro del mismo. En rojo también había puesto la palabra "NOSOTRAS" unida al círculo mediante una flecha. Le pareció evidente a Valentina, que no podía hablar de todos estos temas con Juliana sin hacerle saber a la morena lo que ella sentía, era algo imposible de esquivar. Con una sonrisa en el rostro, con sus reglas puestas y aprendidas, había doblado y guardado su lista, era hora de que se fuera a su casa y se preparara para poner cada punto a prueba. Lástima que ni siquiera tuvo la oportunidad de decirle hola.

Miró la lista que tenía en su mano y con un fuerte tiró la rompió en varios pedacitos, era una lista inútil en este momento, inútil y obsoleta. Había sido reemplazada por una sola palabra, "AMOR". Juliana necesitaba amor, cariño, mimos, besos, abrazos y probablemente primero auxilios. Valentina quería darle todo eso y más, ella era y quería ser la única indicada para hacerlo y lo sabía. Con esa idea en la cabeza agarró su celular y llamó a Karen, su secretaria. La mujer atendió de inmediato y con una voz ronca, Valentina le dio un par de directivas y después de prometerle un jugoso aumento de sueldo logró que la mujer aceptara hacer lo que ella quería, tenía una idea y no podía esperar más. En realidad si tenía que esperar, tenía que esperar a que Juliana apareciera, suspiró hondo y se recostó nuevamente y con ese esperar en mente, el sueño la venció.

Horas más tardes

- ¿Qué carajo? – Al principio había pensado que era su celular el que la había despertado, y se levantó de inmediato a buscarlo para encontrarse que el aparato no había sonado – Mierda - Se quejó del dolor repentino que sintió en sus músculos, al parecer toda la mezcla entre la adrenalina por la cita no concretada, la tensión por la aparición de los padres de Juliana y la falta de sueño, le estaban pasando factura. Miró la hora en su celular y se dio cuenta que no había dormido poco como ella pensaba, ya eran las diez de la mañana. Desesperada y mucho más preocupada que en la noche empezó a revisar todas las habitaciones esperando encontrar a Juliana en algunas de ellas. Cuando volvió a la sala, sintió el mismo ruido que la había despertado. Miró para todos lados tratando de identificarlo, era un ruido familiar, ya lo había escuchado en alguna parte. Es muy parecido al que Lauren hace cuando está borracha y no puede embocar la llave en la puerta... - ¡LA PUERTA! – al mismo tiempo que corría hasta la entrada, el ruido se había calmado y fue reemplazado por un golpe en seco.

Apenas Valentina pudo abrir la puerta Juliana, que al parecer después de intentar abrir la puerta se había apoyado en la puerta, cayó literalmente en sus pies – Dios mío – la castaña se tapó la boca al ver la cara destrozada de la morena y se quedó mucho más tranquila cuando vio que Juliana la miraba boca abajo desde el piso – Lo... lo... yo... yo lo siento – le alcanzó a decir con su labio cortado. Al principio la castaña no sabía por qué la morena se estaba disculpando, pero después se acordó de la cita y una sonrisa se le dibujó en su rostro cuando vio la vestimenta que traía puesta la chica, bueno lo que quedaba de la vestimenta. La morena tenía puesto un pantalón de tela tweed de color gris neutral, una camisa blanca con un chaleco de la misma tela y color que el pantalón. Valentina dedujo que debería haber un saco por alguna parte pero no lo vio cerca de la lastimada chica – Es... - Juliana se agarró el labio en señal de dolor – Estás heddmowa – la exrubia entendió el piropo a la perfección y no pudo evitar pensar lo bien que se veían juntas y lo perfecto que combinaban ambos vestuarios, a pesar de que al pantalón de Juliana estaba rajado en ambas rodillas, su camisa estaba llena de salpicones de sangre y al chaleco le faltaban casi todos los botones y estaba descocido en uno de los hombros.

Al momento que Valentina vio que Juliana cerraba los ojos, se agachó como pudo para quedar a su altura – No te duermas – ordenó suavemente mientras acariciaba dulcemente los párpados de la chica. La tatuadora abrió los ojos y trató de mantenerlos así con mucho esfuerzo – No voy a poder entrarte yo sola, asique necesito que me ayudes un poquitito – le dijo sin detener las caricias - ¿Crees poder ayudarme? – le preguntó mientras inspeccionaba el daño de su rostro y deducía que había varias marcas que estaban ahí desde antes y no por la noche anterior.

Juliana asintió y trató de pararse solo para volver a caer – Espera cabecita dura – le dijo Valentina mientras agarraba un brazo de la chica y se lo ponía en su propio hombro – Ahora si vamos – le dijo autorizando a que ambas hicieran fuerza para levantarse.

- Auch – al parecer la morena había recibido en los costados también. Valentina sintió que el peso aumentaba a medida que caminaban hacia adentro del departamento.

- ¿Eso fue un quejido? – Le preguntó Valentina de forma graciosa – Pensé que te gustaba estar así, y por eso no deberías quejarte – le sonrió la exrubia haciendo fuerza.

La morena negó la pregunta y se hizo la valiente apretando sus dientes para no quejarse más. Valentina tuvo que aguantar la risa varias veces.

- Ya llegamos – le daba fuerza a la chica para que siguiera un poco más.

Apenas el rarisillón estuvo a la vista Juliana se dejó desplomar en el sin el consentimiento de la castaña.

Valentina se sentó en el pedacito de cama que sobraba de ese lado para estar cerca de Juliana y poder acariciar la espalda que tenía a su lado - ¿Te piensas ir a dormir sin despedirte? – Le recriminó en broma – Primero me dejas plantada y ahora ni siquiera me vas a acompañar a la puerta – bromeó.

Se arrepintió de hacer el chiste cuando sintió el sonar del cuello de la morena. Juliana había girado rápidamente su rostro – Despacito – la regaño Valentina mordiéndose el labio para no reírse por la forma en que Juliana se estaba aguantando de no quejarse. La ojiazul acarició el cuello de la morena – Un día de estos te vas a romper el cuello en pedacitos – le dijo esperando a que la morena acomodara su cuerpo también.

- No... yo... no... no...

- Ey... - Valentina la frenó – Tranquila, dime lo que quieras – la calmó.

Juliana fijó su mirada en ella y Valentina asumió que si no fuera porque la morena estaba acostada, también hubiera torcido su cabeza

- No... No quiero que te vayas – Con estás sencillas palabras la tatuadora había logrado que el ritmo del corazón de Valentina cambiara inmediatamente.

Valentina levantó su mano y con su dedo índice empezó a recorrer el rostro de Juliana. Delineó sus labios, su nariz, sus orejas, sus ojos y el contornó de su rostro para finalizar apoyando toda su palma en la mejilla de la chica. Adoró cuando sintió a Juliana entregarse al contacto con sus ojos cerrados –Juliana... Escúchame bien, no pienso moverme de aquí hasta que tú quieras que me vayas – le aseguró

La tatuadora abrió los ojos bien grandes sacándole una sonrisa a la empresaria - ¿Entendiste lo que dije? Dime que lo entendiste por favor – le insistió Valentina, quería estar segura de que la morena entendiera que no se iba a ir de su lado.

- ¿No... no te... Tu no te vas a ir? – le preguntó Juliana.

Valentina negó con su cabeza imitando a la morena y con una bella y simple sonrisa agregó – No. Salvo que me lo pidas claro – eso era importante de destacar.

Juliana agitó la cabeza con la mano de Valentina en la mejilla y no pudo evitar que sus ojos se cerraran nuevamente. Trató de luchar contra eso pero dos dedos impidieron que sus párpados se abrieran – Duerme – le ordenó Valentina – Cuando despiertes yo voy a estar aquí – le aseguró dejando un beso en su cabeza – Duerme – insistió.

Tarde noche en el departamento de Juliana.

- ¿Y si debía haber llamado a un médico Lo? – Valentina estaba sentada en una de las banquetas del desayunador en la cocina. Había elegido un punto estratégico del lugar y desde allí podía ver a la perfección el sillón cama. En una mano tenía su taza de café y en otra el celular. Llevaba bastante tiempo hablando con Lauren, le había contado todo lo de la noche anterior y había tenido que calmar a su amiga para que la latina desistiera de ir tras los padres de Juliana– Si ya sé que no se desmayó como la otra vez Lo, pero tengo miedo de que... - corrió el celular de su oído para evitar que los gritos de Lauren le perforaran el tímpano – De acuerdo, de acuerdo. Tienes razón. Ella no quiere que llamemos a los médicos, pero si no despierta en un par de horas lo voy a hacer – sorprendentemente Lauren estuvo de acuerdo – Si no te preocupes, Karen pasó por aquí a dejarme ropa, recuérdame que el lunes aumente su sueldo Lo... - la castaña estiró su cuello para darle una mirada a una quieta Juliana y giró los ojos ante lo que decía su amiga del otro lado de la línea – No, tu no le vas a aumentar el sueldo a tu secretaria... PORQUE NO LO. Si lo único que hace es mover el trasero en tu cara todo el día... Tampoco es para tanto – al parecer Lauren había dicho algo sobre el culo de su secretaria – Además esa tipa es una... - Algo se estaba moviendo en la sala – Lo me tengo que ir, no quiero que Juliana se despierte y no me vea. Se debe estar por despertar porque veo algo que se mueve... - un nuevo giro de ojos – No creo que sea el rarón Lo, y si fuera el – las chicas ya le habían dado una entidad al miembro de la morena – será bienvenido como cualquier parte de ella... Si Lo muy bienvenido... Si Lo me cuido – Si su madre escuchara a Lauren insistiendo para que Valentina usara protección la latina estaría en guerra con los dos señores Carvajal de por vida. Movimientos más seguidos alertaron a Valentina y sin importar lo que la latina estaba diciendo cerró su llamada, Lauren iba a entender, la castaña apuró el paso a la sala.

- Aquí estoy... tranquila... – llegó justo a tiempo para ver a la morena haciendo pucheros mientras sentada en la cama miraba a todos lados buscando a la castaña. Y si pensaba que Lauren era la única que la hacía girar los ojos tan seguido, era cuestión de ver la cara de la ex rubia cuando Juliana giró su cuello rápidamente. La vuelta de ojos se transformó en una risa inmediata cuando la morena estiró su cuello esperando a que Valentina acariciara la parte afectada.

- Empiezo a pensar que lo haces a propósito – le dijo acercándose a ella y sentándose a su lado para sobar el cuello suavemente.

Mientras hacia sus masajes no pudo evitar notar el erecto bulto de la morena. Los pantalones rotos que tenía puesto para la cita, nada podían hacer para detener la erección, Valentina sonrió orgullosa y trató de recordarle a su propio cuerpo que no era momento para desear nada que no podía tener, al menos por ahora – No te fuiste – la voz de Juliana la despabiló.

- Te lo dije – contestó frenando las caricias en el cuello de la chica.

Juliana torció despacio su cuello y se enfocó en Valentina abriendo apenas su boca. Miraba a la exrubia intensamente como tratando de encontrar el truco detrás de todo.

- No te esfuerces en encontrar una razón para que lo haga, no me voy a ir – interrumpió la colorada – Es más... - la empresaria se paró del sillón cama – Tu y yo... tenemos una cita – finalizó logrando que la chica frunciera su ceño.

- ¿Tu... y yo... cita? ¿Tenemos... tenemos... ahora? – Juliana estaba confundida.

Valentina asintió – Claro. Una cita... Ahora – afirmó – Bueno ahora, ahora no. Primero nos tenemos que preparar ¿no te parece? - Valentina miró a la morena al mismo tiempo que la otra chica se miraba a ella misma. Juliana aún estaba en las condiciones que llegó de la paliza que había generado. La morena asintió a la pregunta de Valentina e intentó bajarse de la cama. La empresaria evitó el impulso. – No señorita, usted se queda acá mientras yo voy a preparar el baño – le dijo – Lo único que puede hacer es mirarme un poco cuando me alejo ¿De acuerdo? – el comentario hizo que la morena se sonrojara y agachara su cabeza inmediatamente. La empresaria se alejó riendo.

Un rato después

- ¿Todo bien? – Valentina llegó en forma de sorpresa por detrás de la chica y la hizo saltar. Apenas el baño estuvo listo, salió a buscar a Juliana y la encontró hablando sola, va en realidad sola no, la encontró hablando con su pene, y para Lauren más que sola eso hubiera sido una multitud. La tatuadora le rogaba, le pedía que se calmara, que bajara, que este no era momento para estar muy vivito y coleando arriba, pero al parecer el rarón no quería hacerle caso y Valentina decidió acercarse despacio hasta ella.

Juliana agarró su almohada y se cubrió rápidamente la entrepierna mientras asentía con fervor a la pregunta de Valentina.

La ex rubia se mordió el labio como mecanismo para no sonreír - ¿lista para el baño? - le hizo otra pregunta.

Juliana volvió a asentir y se paró con dolor del sillón, la paliza del día anterior había dejado secuelas en su cuerpo. La morena caminó hasta el baño y cuando entró empujó la puerta para cerrarla, se volteó rápidamente cuando no escuchó el ruido que suele hacer la puerta cuando se cierra y se encontró con una atenta Valentina Carvajal siguiendo sus pasos. Juliana se quedó quieta en su lugar, torció su cabeza y miró a la castaña con confusión.

Sonriente Valentina caminó adentrándose aún más en el baño - ¿Cómo te curas las heridas? – Le dijo hurgando en el botiquín - ¿Tienes desinfectante o alcohol? – No encontraba nada que le pudiera hacer útil y asumió que la chica guardaba esas cosas en otra parte. Como no tuvo respuesta a ninguna de las preguntas cerró el botiquín y miró a la morena que estaba en la misma pose que antes pero su mano rascaba su propio cuello en forma nerviosa.

- Juliana... dime que te curas las heridas – Valentina no quería ni pensarlo.

La morena agachó la cabeza avergonzada y solo se limitó a levantare de hombros y a murmurar – Desde... desde – con su mano hizo el gesto de poca estatura - Desde chiquitita que solo me... me las aguanto, estoy acostumbrada.

Valentina suspiró dejando que saliera una lágrima evaporada por su boca y caminó hasta la morena para agarrar una de sus manos lastimadas – Bueno, de ahora en más te las vamos a curar como lo hacían mis padres conmigo – la castaña no pudo evitar decir eso, pero a Juliana no pareció molestarle, al contrario, levantó su cabeza con curiosidad.

- ¿Tus padres? ¿Qué... qué... tú te lastimabas? – Esa pregunta la hizo con gesto de que esa idea no le gustaba nada - ¿Cómo... cómo lo hacían? – finalmente preguntó.

Valentina le sonrió – Bueno... por empezar me desinfectaban con cosas que yo misma me voy a encargar de comprarte, por ahora solo vamos a lavarte – le dijo – Y después besaban cada una de las partes afectadas para hacer que ya no doliera... ¿A ti te duel...

- MUCHO... muchisisisimo... un montón – dijo la morena rápidamente interrumpiendo a la otra chica.

Valentina levantó su ceja distrayendo a la tatuadora - ¿No estás simulando para recibir besos cierto? – le preguntó

Juliana agitó la cabeza con seguridad – Nooooo... Auch... duele, duele – se quejaba de la nada

La castaña le sonrió y besó sus nudillos lastimados haciendo que Juliana se quedara quieta de inmediato. Luego, sin quitarle la mirada de encima a Juliana, la castaña agarró el chaleco que estaba medio roto y sin botones y se lo quitó con suavidad. Una vez que el chaleco estuvo afuera, empezó a desprender uno por uno los botones de la manchada camisa – Primero sacamos una manga – dijo mientras tiraba de una de las mangas de la camisa – Y después la otra – hizo lo mismo con la que quedaba. Juliana quedaba frente a ella con un top y tenía un enorme moretón en el costado abdominal derecho, se puso en cuclillas y dejó varios besos sobre la piel de otros colores para después volver a pararse y mirar a la chica tratando de asegurarse de que estuviera bien con la idea de que ella la desvistiera, Juliana solo la miraba en su habitual pose y dedujo que la morena se iba a alejar apenas se sintiera incomoda, por ende iba a seguir hasta que eso sucediera.

Agachó su vista y se concentró de bajar los pantalones de la chica con cuidado. A esta altura la erección era prominente y con el gran tamaño de la tatuadora no quería hacer ningún tipo de daño con el cierre o por tirar fuerte. Bajó la ropa agachándose junto a ella y dejando varios besos en ambas lastimadas rodillas – Levanta un pie – le dijo desde el piso. Juliana hizo caso y así Valentina pudo empujar uno de los puños del pantalón. No hizo falta que pidiera por el otro, porque la tatuadora lo levantó sola, la castaña se levantó con una sonrisa – Muy bien – la felicitó Valentina. – El rostro va a llevar más tiempo, ¿tienes apuro? – preguntó por de forma graciosa.

Juliana agitó su cabeza en forma desesperada, si por ella fuera se pasaría la vida recibiendo los besos de Valentina.

La castaña se acercó aún más y la tomó del rostro, miró en profundidad las pupilas color chocolate de la tatuadora para después, poco a poco, ir dejando la huella de sus labios en las zonas afectadas. Un pequeño beso en ambos pómulos, otro en la barbilla, otro en su ojo derecho, uno más intenso en el moretón más grande que estaba al lado de su ojo izquierdo. Se acercó con cuidado a la boca de la chica y besó la comisura derecha de la misma. Volvió a mirar los ojos de Juliana y después de un suspiro tomó entre sus labios al labio inferior de la morena, lo dejó por varios segundos entre ellos, no había lengua, no había dientes, solo la protección que un par de rosados labios le daban a otro que pedía a gritos auxilio.

No fue hasta que Valentina sintió algo duro apoyándose en su propia pierna que cortó el beso curativo, miró hacia abajo, la parecer había otras zonas de Juliana pidiendo atención a gritos también. La ex rubia sonrió y miró a la morena avergonzarse - ¿Alguna otra parte lastimada? – No pudo evitar levantar su ceja cuando vio una pícara sonrisa dibujarse en la boca de la otra chica - ¿Estás pensando cochinadas Valdez? – bromeó avergonzándola. Juliana negó con su cabeza – Muy bien – la felicitó nuevamente dejando un beso en la mejilla.

– Ahora levanta los brazos para mí por favor – pidió amablemente y esperando a que Juliana se negara. Sorprendentemente Juliana le hizo caso y levantó sus brazos para que Valentina pudiera sacar tu top. La castaña quería mirar durante horas los pequeños y perfectos pechos de la morena, pero se decidió por lo contrario, no quería abusar de la confianza que le estaba dando, lo mejor iba a ser que siguiera por la última prenda que faltaba, los bóxer negros de Juliana.

Cuando la rubia puso sus manos en el elástico de la otra chica, inmediatamente sintió como dos manos morenas se lo impedían, Juliana agitaba su cabeza – No... no lo hagas, no... no tienes que hacerlo – dijo apenada.

- Quiero hacerlo – le dijo Valentina muy segura, aun así Juliana no retiró su agarre – Por favor Juls... déjame. Prometo que solo voy a sacártelo, mis ojos van a estar con los tuyos todo el tiempo – El tono de voz era mortal, las manos de la tatuadora se aflojaron inmediatamente permitiéndole a la castaña sacar la última prenda. Tal cual lo prometió, tal cual lo hizo. Sus ojos no habían dejado de mirar a Juliana, bajó el bóxer hasta las piernas y luego la morena misma se encargó de dejarlo a un costado.

- Bien – dijo Valentina– Ahora solo falto yo – los ojos de Juliana se abrieron aun más grandes si eso era posible.

- ¿Tu... faltas tu? ¿Tu... tu... tu...

- No pretenderás que vaya a nuestra sucia toda mugrienta ¿O si? – Era una pequeña mentirita piadosa, porque Valentina ya se había bañado apenas su secretaria había pasado por casa de Juliana a dejarle un poco de ropa y un juego de llaves muy importantes para la cita, pero eso Juliana no tenía por qué saberlo.

Sin vergüenza alguna, la ojiazul agarró su remera y tiró de ella, cuando su visión quedó libre nuevamente, vio que la tatuadora había tapado sus ojos con una de sus manos, le pareció gracioso el gesto y además aprovechó para espiar la desnudez de la chica. Cosa que se arrepintió de hacer apenas evaluó el tamaño de lo que tenía enfrente, a Valentina no le daban los cálculos.

Agitó su cabeza y desprendió su pantalón para quedarse en ropa interior. Cuando quiso darse cuenta vio que Juliana había abierto los dedos de la mano para poder ver - ¿Acaso estás espiándome Valdez? – la tatuadora cerró rápido la abertura y agitó la cabeza mientras Valentina se deshacía de su brasier – Así me gusta – no le importaba que Juliana mirara en realidad, pero le parecía divertido molestarla un poco.

Una vez que se quito sus bragas, agarró la mano que tapaba el rostro de Juliana– Vamos, antes de que se enfríe el agua – le dijo tirando de ella - ¿Qué pasa? – Se dio cuenta del gesto de dolor de la chica y pensó que era uno de sus golpes - ¿Dónde te duele? – le preguntó inocentemente.

Juliana se puso nerviosa – Es mejor que... Que... tu... que tu... es mejor que tu te bañes primero – le dijo tapándose su pene con sus manos y con la cabeza agacha

La castaña se dio cuenta del problema – Juliana... mírame – ordenó obteniendo una negativa. La empresaria suspiró y se acercó al oído de la morena - ¿Crees poder aguantar conmigo en la bañera? Yo muero por bañarme contigo – le dijo en un susurro.

Silencio fue lo que tuvo a Valentina a la deriva hasta que vio la cabeza de la chica moverse asintiendo a su pregunta. Sin más demora, la ex rubia tomó de la mano a la chica y esperó a que se sentara en la bañera para después ella colocarse a su espalda. La castaña se acomodó apoyando su cabeza en la pared – Quiero que te recuestes sobre mí – ordenó abriendo sus piernas para dejar el lugar. Agarró los hombros tensos de la tatuadora y tiró de ellos hasta que la cabeza de Juliana quedó descansando en el hombro de Valentina, aun así necesitaba más contacto - ¿Puedes hacerte contra mí por favor? – le pidió. Luego de unos segundos sintió como la parte baja de Juliana hacía un delicioso contacto con su centro y sus erectos pezones hacían fuerza parados de la otra chica. De más está decir que el mecanismo de morderse los labios estaba activándose. Como gesto de aprobación y como excusa para buscar contacto, la ex rubia dejó un beso en la accesible frente de la chica – Esto es un sueño hecho realidad para mi – le dijo disfrutando de la sonrisa de la morena.

Ambas se entregaron al silencio del cálido baño que solo se rompía por el ruido que las caricias de Valentina hacían en la piel de la morena. Con sus manos iba y venía por todos los brazos de la otra chica y de vez en cuando dejaba un que otro beso en alguna parte del rostro de la tatuadora.

- Estuvieron aquí – Juliana habló sorprendiendo a Valentina– Los señores, que dicen ser mis padres – terminó la ida haciendo que el corazón de Valentina se moviera un ritmo más rápido. La única intención de este baño, era que Juliana pudiera relajarse y además compartir un momento así, la castaña no esperaba una charla.

- Lo se – confesó – Me preocupé porque no llegabas y cuando vine a buscarte había una ambulancia esperando a tu pad... - los músculos tensos de Juliana la frenaron – A Luciano– cambió – Le diste un buen golpe – quería aliviar un poco.

- ¿Crees, crees que... tu crees que lo sean? – Valentina paró con las caricias para enfocar toda su energía en esta respuesta.

- Yo creo que si – la verdad ante todo – Parecen muy convencidos – agregó para dar otro argumento.

- Me ofrecieron dinero– la morena iba soltado ideas sueltas

- Lo se – parecían las únicas dos palabras que sabía – Saben que se equivocaron – no quería ser la abogada de los tipos, pero si quería que Juliana tuviera las opciones que nunca tuvo.

- La mujer dice que... ellos dicen que, que...

- Tranquila – Valentina besó la frente de la chica.

- Dicen que... que los echaron de su casa cuando se enteraron que iban a tener un hijo – al parecer la morena había escuchado las explicaciones – Y que estaban perdidos sin saber qué hacer, sin plata y esas cosas. Que creían que me dejaban en buena manos – Valentina solo podía asentir a las explicaciones que ella también había escuchado.

El silencio les ganó de vuelta hasta que Valentina lo rompió - ¿Y tu qué piensas? – iba a aprovechar lo parlanchín que estaba Juliana. Acompañó la pregunta con caricias alentadoras.

Los hombros de Juliana se levantaron y por un momento la ex rubia pensó que se había terminado la conversación. La voz de la tatuadora le indicó que ese no era el caso - Yo no me acuerdo de esa gente, yo solo sé lo que me decían en los hogares. Al parecer esa familia de las que ellos hablan, no pudo con la idea de mi... mi...

- De tu hermoso pene Juliana– la interrumpió Valentina– Tienes que estar orgullosa de él y de ti misma como lo estoy yo – agregó obligando a que la morena torciera el cuello hacia arriba para mirarla.

- Pero ellos no sabían si yo era niño o niña y bueno, decidieron dejarme por ahí – fin de una etapa – Después solo recuerdo cosas malas de las cuales no me gusta acordarme – Valentina retomaba las caricias – A veces... a veces nos hacían ir a robar o nos usaban para pedir dinero y yo no quería, entonces era cuando venía lo peor – los temblores de Juliana eran los temblores de Valentina– Me inyectaban cosas que... que... no se bien que era... y yo me sentía bien, yo quería hacer lo que me mandaban y no sentía culpa – La morena se acurrucó en Valentina y la castaña puso sus brazos en ella – Cuando era más grande, un día tuve suerte y me agarró la policía – el relato continuaba y las lágrima de Valentina se confundían con el agua de la bañera – Me metieron en un hogar con muchos niños más, y había... había... había... - la empresaria besó a la chica transmitiéndole tranquilidad – Había una mujer muy buena. Me trataba mejor que a las otras niñas, hasta que descubrió que yo era distinta y... y empezó a llevarme a dormir con ella y a tocarme en... en... y yo me sentía mal, porque no me gustaba pero a la vez me hacía sentir bien, hasta que un día hicimos otra cosas, cosas distintas – Valentina sabía a lo que se refería, la mujer había hecho que Juliana perdiera su virginidad – Ya no me gustaban tanto, me hacía sentir sucia – la morena agitó su cabeza – No me gustaba – agregó – Y me escapé, pero siempre me encontraban y cada vez que lo hacían era peor, ella era peor – a esta altura Valentina no podía disimular su tristeza – Un día le dije que le iba a contar todo a la directora del hogar, y me golpeó, y por suerte terminé en el hospital – A la ex rubia no le había gustado nada escuchar lo que Juliana entendía por tener suerte – Le conté todo a un doctor y no volví a ver a la mujer nunca más. Ese día me llevaron al hogar de la hermana Ana. Pero yo tenía miedo, miedo que me volviera a pasar lo mismo y me escapé. Conocí a Shanw ese día – Una sonrisa entre tanta tristeza para Valentina, la castaña dejó otro beso en la frente de la morena – La hermana Ana y Jane me encontraron todas las veces que me escapé – le dijo – Cada vez que lo hacían, la hermana Ana se alegraba de verme, mientras que Jane me regañaba sin parar. Todo terminaba en los rezos que tenía que hacer de penitencia para la Hermana Ana y en trabajar varios días en el negocio de Jane para compensarla – hubo una pausa.

- ¿Por qué dejaste de escaparte? – le pareció oportuno preguntar.

- Un día volví a prisión por pintar una pared – Valentina sabía esa anécdota – Y cuando las mellizas me fueron a buscar la hermana Ana estaba llorando... sus lágrimas eran... Eran... no se, sus lágrimas tenían sinceridad, confianza, verdad. Decidí probar y me quedé –contó – Me echaron del colegio apenas le pegué en la cara a un estúpido chico que maltrataba a su novia, y nunca más volví a estudiar. Jane se enojó muchísimo y me puso a trabajar con ella, hasta que cumplí los dieciocho, según un papel del estado y me fui de viaje – fin de la historia y vuelta del silencio.

Valentina esperó, algo tenía que venir y cerrara el tema, y así fue – Todo... todo... siempre pensaba en ellos – confesó Juliana– No había un día en que no lo hiciera. Pensaba en quienes podrían ser, me imaginaba sus caras, sus profesiones, sus hobbys, pensaba en su vida. Solía caminar de noche por Broadway pensando que alguno de los actores eran mis padres – contó la morena – Pero nunca me pregunté porque me habían abandonado, siempre supuse que era por lo que soy...

- Y ahora sabes que no es así – Valentina terminó la idea volviendo a hacer que Juliana la mirara – Le pedí a... a... esos señores que te dejaran tranquila y les dije que si querían decirte algo, que lo hicieran por carta, que yo me iba a encargar de que la leyeras – sintió los músculos de Juliana tensarse de nuevo – No te voy a obligar Juls, solo quiero que las guardes, o que me las des para que yo te las guarde y cuando te sientas lista, si alguna vez quieres, las podemos leer juntas. O las lees solas – se apresuró a decir – Solo quiero que tengas opciones – le aseguró Valentina.

Juliana hizo su cabeza hacia atrás en una posición incómoda de manera que pudiera ver aún más a la Castaña– Quiero... quiero...

- Dímelo tranquila – le dio un toquecito con su dedo en los labios.

- Quiero un beso – le dijo simplemente.

La empresaria sonrió ante la exigencia y agarró las dos orejas de Juliana para concretar el pedido. La posición no era la mejor, pero aun así sus labios se encontraron por varios segundos y un poquito más también.

- ¿Conforme? – le preguntó. Juliana asintió con una tonta sonrisa – Bien, ahora déjame que te lave así podemos irnos a nuestra cita de una vez por todas – Le dijo Valentina simulando un enfado.

La morena se rio y dejó que Valentina enjabonara su cuerpo parte por parte, bueno excepto su pene del cual, por mala suerte, se tuvo que encargar ella misma. Después ambas se enjuagaron y minutos después ya estaban afuera de la bañera.

- Nos vemos en la sala – La castaña se metió en su viejo cuarto para cambiarse y dejó que Juliana hiciera lo suyo en su lugar. Al fin la cita parecía que iba a llegar.

Un rato después

Juliana ya estaba en la sala esperando a Valentina. Como su vestimenta elegida para la primera cita que nunca se concretó, se había dañado, había tenido que optar por un simple pantalón de vestir negro, muy bien acompañado por una camisa rosa, estaba sencilla pero muy elegante. Lo único en que no se tomó la molestia de ponerse, fue la corbata. La tenía en su mano esperando a que Valentina le permitiera no usarla.

- Ya estoy lista – La castaña había hecho que Karen le trajera un corto vestido plateado, con un prominente escote y un cierre plateado que estaba en la parte de adelante. Sus tacones eran rosas y combinaban a la perfección con la camisa de la morena. Por el gesto de la morena supo que lucía espectacular, la chica se había quedado con la boca abierta mirándola sin pena - ¿Estoy bien? Porque tú estás extremadamente guapa – le dijo

Juliana solo pudo asentir – Estas... estas... wow– balbuceo – Ese... ese vestido es muy pero muy chiquitito... muy pero muy – no sabía si le gustaba la idea para su beneficio o la odiaba pensando en que fuera donde fueran iba a tener que compartir a la castaña.

Valentina caminó hasta ella – Mientras más chiquito, más fácil sale – le susurró sacándole la corbata de su mano y haciendo que su boca se abriera aún más. La empresaria colocó la corbata alrededor del cuello de la chica y logró que Juliana se despabilara.

- ¿Tengo que usarla? – preguntó haciendo uso de su mejor puchero. Su labio inferior resaltaba por sobre el otro.

Valentina aguantó sus ganas de mordérselo y con solo lo repasó con su dedo – No me hagas pucheros, ahora se dé donde los aprendió Liah– le reprochó mientras ya estaba haciendo el nudo de la prenda – Además me gusta cómo te queda puesta, me gusta ser yo quien lo haga y me gusta ser yo quien te la saque – fin de la explicación y fin del nudo. Apoyó sus manos en el abdomen de Juliana y se quedó mirándola, aun no podía creer todo lo que había pasado en poco más de un día. Tenía tantas ganas de agarrarla y envolverla en sus brazos, de darle besos y acariciarla que lo mejor iba a ser que se fueran si quería terminar de una vez por todas con la famosa primera cita, que a esta altura ya no servía para lo que había sido inventada.

- ¿Nos vamos? – le dijo agarrándole la mano – Vamos a tener que tomarnos un taxi, porque Karen se llevó mi coche – Se lamentó, a esta hora conseguir un taxi en esa zona era una odisea.

- Podemos... si quieres... ir en el mío... si quieres – comentó Juliana en el pasillo.

Valentina asintió insegura, no era que le molestara el camión de helados, solo que no estaba segura de que pasara por el techo del estacionamiento del lugar a donde iban, aun así caminó de la mano de Juliana hasta la cochera del edificio.

Cuando llegaron al subsuelo Valentina pudo ver al coche de helados estacionado en su lugar. También pudo reconocer varios autos que ya había visto estacionados y que en todo el tiempo que vivió en ese departamento no pudo saber a quienes pertenecían. Al lado del camioncito había un BMW serie 1 blanco, Valentina lo identificó a la perfección porque era el mismo auto, pero en diferente color que tenía su padre y del cual el hombre estaba enamorado según palabras de su madre. Al lado de ese, había un BMW X6 de color negro, y a la ex rubia le extraño que le perteneciera a alguien de ese edificio, era un coche muy caro para estar allí. Un Jeep Wrangler rojo y negro apareció en su vista y la sorprendió aún más. ¿Cómo no había visto estos autos antes? Ese Jeep, no solo que era caro, sino que los hacían por encargo, alguien está haciendo cosas raras en el edificio fue la conclusión de la castaña. El resto de los autos eran normales o al menos no le llamaban la atención y solo una parte de la hilera de enfrente, tenía varios coches cubiertos que Valentina no pudo identificar. Apretó la mano de Juliana y tiró de ella para dirigirse al camioncito pero la morena no se movió de su lugar. Valentina la miró.

- ¿En... en... que coche quieres ir? – le preguntó

Valentina frunció el ceño, no entendía la pregunta - ¿Cómo que en que coche? En el camión de helados por supuesto – para ella no había otra opción.

La morena la miró confundida y al final solo se levantó de hombros, lo que Valentina quiere, Valentina lo tiene después de todo. Esta vez fue Juliana la que tiró de la mano de la otra y no la movió. La morena miró a Valentina.

- Juliana... - Algo del gesto de la chica no le había cerrado - ¿Cuándo me preguntaste en que coche quieres ir? ¿Qué quisiste decir? – preguntó.

La morena soltó la mano de Valentina y puso ambas manos en su espalda mientras torcía su cuello y se balanceaba en sus tobillos – Yo... yo... hay otros... tengo otros autos si quieres – ofreció nerviosa.

Valentina miró la cochera tratando de adivinar cuál era el de Juliana– Bueno dime cual es – ordenó curiosa.

Juliana le dio la espalda y le señaló al BMW que era igual al de su padre – Ese – le dijo sorprendiendo a Valentina– Y ese – señaló al otro BMW negro – Y ese – también el Jeep era de ella parece – Los otros están dormiditos en su camita – señaló los dos autos que estaban tapados y que Valentina no había podido ver – Si quieres te los muestro... -caminó hasta el primer coche tapado y le sacó con cuidado la funda, un Audi q3 plateado se asomó. Después caminó hasta el otro auto y lo destapó dejando ver un Mercedes Brabus descapotable negro neón. La morena parecía una vendedora de autos mostrando coches. Cuando todos estuvieron en exhibición, Juliana volvió cerca de una inquieta Valentina y se puso en su habitual pose - ¿Cuál... cual... en cuál quieres... - antes de que pudiera terminar la castaña la había agarrado de los hombros.

- Juliana... - le dijo con voz dura – Te voy a hacer una pregunta y quiero que me la contestes ¿Estás metida en algo raro como decía Lauren? ¿Vendes drogas? ¿Traficas órganos? Necesito que me lo digas Juliana, dímelo – la desafió con la mirada.

La tatuadora frunció su ceño y se separó rápidamente de Valentina, un gesto que hizo que la ex rubia se arrepintiera de su arrebato – Perdóname – se disculpó la castaña- Es solo que... - buscaba las palabras y se dio cuenta que lo mejor era preguntarle - ¿Todos son tuyos? – miró a los autos.

Juliana asintió con su cabeza.

- ¿Cómo... cómo... - los papeles habían cambiado.

Sin relajar su gesto la tatuadora entendió la duda de Valentina– Con mi dinero – le dijo en seco – Algunos son regalos de personas a las que les gustó mucho mi trabajo – agregó mirando el Jeep primero y al Mercedes después.

La castaña caminó hasta ella y Juliana se movió alejándose – Espera... - la frenó Valentina– Perdóname. Lo siento – insistió – No quise asustarte, es solo que... bueno, no pensaba que los negocios de tatuajes manejaran tanto dinero – claramente había una parte de los negocios que se le había escapado y que pensaba investigar cuanto antes. Juliana se quedó sin responder y la empresaria habló – Por favor Juliana, no me condenes por un error – le pidió con razón – Yo no sabía, y estoy segura de que Lauren se va a morir cuando lo sepa – ansiaba ver la reacción de su amiga – Camila tampoco...

- Camila los usaba para ir a sus clases – le informó un poco más relajada.

Valentina giró sus ojos, por supuesto que la bailarina sabía y no se los decía – Bueno pero yo no – se defendió - Y prometo controlarme un poco más cada vez que me sorprenda algo de ti – presentía que había millones de cosas más – pero no me alejes por favor. No me alejes cuando lo único que quiero es que me acerques y me tengas junto a ti – le dijo con voz temblorosa.

Juliana la miró por unos segundos hasta que ella misma caminó hasta la castaña para tomarla de la mano - ¿Elegiste? – le preguntó.

Valentina asintió – El camioncito de helados siempre va a ser mi preferido – le dijo tirando de la otra chica hacia el camión.

Rato después – Edificio de trabajo de Valentina

- Esto es... estamos... es tu...

- Es mi oficina si – le aseguró Valentina– Acá vamos a tener nuestra primera cita – le aseguró con una sonrisa besando la mano de Juliana.

Juliana la miraba confundida asique Valentina decidió tomar las riendas en el asunto y caminó con ella hasta la puerta de su propia oficina, antes de abrir miró a la morena - ¿Sabes que es lo que más celosa me pone de ti? – le preguntó generando expectativa. Juliana negó y le dio paso a Valentina para que siguiera hablando – Me pone muy celosa, cuando dibujas o pintas o tatúas, tienes una mirada que jamás he visto que hallas dirigido a mí – rió un poco cuando la morena se puso en pose – Tienes ese fuego en tus ojos, esa pasión, esa cara de idea que me encanta, pero a su vez me pone muy celosa porque quisiera ser yo la que despierta eso en ti. No me gusta no ser tu centro de atención. Quiero que me mires todo el tiempo, quiero ser todo para ti – se estaba confesando – Por eso estoy dispuesta a compartirte, si no puedo ser tu primera pasión, quiero ser la segunda, y hoy, ahora tú vas a ser la encargada de presentarnos – agregó abriendo por fin la puerta.

La morena miraba a Valentina sin entender nada, hasta que la exrubia llamó su atención apretando su mano. Juliana miró adentro de la oficina y vio que en la pared de enfrente del escritorio de Valentina habían puesto una tela protectora en el piso, había varias cajas con aerosoles, brochas de pintura, tarros de pintura, una pequeña escalera y varias cosas más. Juliana le dio la espalda a su cita para mirar vacía pared.

La castaña caminó hasta ella y rodeó sus brazos para abrazarla por la espalda. Apoyó su barbilla en el hombro de Juliana– Tú me vas a mostrar tu pasión, nos vas a presentar, y nos vas a unir – agregó la exrubia – Quiero que en esta pared hagas lo que quieras, lo que sientas, lo que sea. Quiero regalarte una parte de mí – señaló su oficina, el lugar principal de sus negocios – y quiero que compartas la tuya conmigo – le dijo.

Juliana se giró para mirar a la ex rubia intensamente -¿Quieres que... Tu quieres que yo... yo... que haga un dibujo y que lo pinte en... aqui? – quería asegurarse.

Valentina asintió – Esa pared es toda tuya. Quiero que sea lo primero que vea apenas entre aquí – le dijo recibiendo con verdadero agrado el rostro de la chica sobre su cuello - ¿Tienes una idea avestrucito cierto? Lo pude ver en tu cara – el rostro de Juliana no ocultaba nada. La morena asintió en su cuello y Valentina hizo fuerzas para separarla – Bien – le dijo acariciándola – Manos a la obra entonces – agarró una de las manos de la morena y le arremangó el puño de la camisa. Hizo lo mismo con la otra manga mientras Juliana miraba su lienzo intensamente – Listo ¡A trabajar! – no pasaron muchos segundo hasta que vio a Juliana agarrando su primera lata de aerosol.

La empresaria caminó hasta la mesa pequeña que estaba frente a su preciado sillón y vio que Karen había dejado toda la comida que ella pidió y varias botellas de bebida. La castaña se sirvió una copa de champagne y picoteó varios granos de uva para después estirarse en el sillón a ver a Juliana desplegar su magia.

Al principio Valentina no supo qué dirección Juliana había tomado, ella solo podía distinguir rayones y varios colores, pero cuando la morena le fue dando forma, la castaña se iba sorprendiendo cada vez más de su habilidad, podía entender a la perfección de lo que hablaban Shawn, Camila y hasta el mismo currículo de la morena acerca del talento de la chica. Se levantó del sillón y se apoyó en su escritorio, después de todo esa era la visión directa que iba a tener del dibujo. No pudo evitar reírse, ni agitar la cabeza con las ocurrencias de Juliana, en la pared resaltaba una mujer castaña con rayos rubios de prominentes curvas y ojos azulinos con un pequeño vestido sobre ella y unos altos tacones en sus pies. Según lo poco que había aprendido de Juliana en cuanto a esas cosas, pudo distinguir el estilo de la nueva escuela sobre el dibujo en la pared, la mujer dibujada era muy sexy, pero su vestido corto y sus ojos saltones le daban un aire caricaturesco. La morena había agregado las gafas que le había visto usar a Valentina en su oficina en color negro, y la empresaria no pudo dejar de preguntarse como había hecho Juliana para que la ceja levantada de la mujer del dibujo resaltara por encima de los anteojos. De la boca de la chica salían notables notas musicales y Valentina pudo distinguir varias figuras mucho más pequeñas, que simulaban ser personas, que formaban una fila y parecían hipnotizados por la voz de la mujer. Valentina rió cuando notó una de las personas estampadas en un árbol que la morena había puesto, por seguir una de las notas musicales que salían de la boca del dibujo principal. Otra de las personas dibujadas se había alcanzado a colgar de una de las notas y colgaba en el aire junto a ella. Otra figura había caído en una especie de lago y flotaba agarrado a una corchea y así había varias por todos lados. La castaña sonrió al notar la semejanza del dibujo con el famoso cuento del "Flautista de Hamelin" y se preguntó si la morena sabía que ese era su cuento preferido cuando era pequeña. La pared estaba hermosa y llena de hermosos detalles.

- ¿Te gusta? – Estaba tan hundida en su pintura que no se percató de que Juliana ya había terminado y esperaba su evaluación.

Valentina se sentó en su escritorio y abrió las piernas para que Juliana se metiera entre ellas. La morena entendió y se colocó de espaldas para mirar a la pared – Estoy enamorada de ella – le contestó Valentina.

- Tu padre... el... el me contó que te leía este cuento todas las noches y yo... yo... le dije que fue el primero que la Hermana Ana me regaló – ambas coincidían. Valentina dejó un beso en la cabeza de la morena – Siempre te imaginé como el flautista – siguió Juliana– Tu... tu... nos tienes a todos hipnotizados – agregó haciendo reir a Valentina.

- ¿Te tengo hipnotizada? – preguntó

Juliana asintió con fervor – Desde el primer día – contestó.

Valentina obligó a que la morena se diera vuelta y la mirara – Pues para mi este cuento es al revés – le dijo – Para mí esta vez, la ratita hipnotizó al flautista – le dijo mirando a sus ojos.

Esta vez fue Juliana la que cerró la distancia para atrapar la boca de Valentina entres la suya, no pidió permiso ni exigió un beso. Simplemente lo hizo. La castaña aprovechó para enredar sus piernas en la cintura de la tatuadora y empujarla más hacia ella mientras llevaba ambas manos a la cabeza de Juliana para enredarlas en su cabello. Lo que Juliana estaba haciendo en su boca y con su lengua le estaba sacando todo tipo de sonidos y el enorme bulto que rozaba en su centro la estaba llevando a una desesperación que no tenía vuelta atrás.

Como pudo agarró el rostro de la morena y la obligó a separarse de ella. Dos ojos color miel la miraban suplicándole por más – Quiero ser tuya – le salió sin restricción alguna – Quiero entregarme a ti y que te entregues a mí – le dijo con total sinceridad.

Valentina oyó el ruido de cristal roto apenas Juliana se abalanzó hacia ella empujándola más adentro de su propio escritorio. Rumbo al cementerio de adornos rotos iba el pisa papeles que le regaló alguno de sus amigos. La morena se apoderó de su boca nuevamente, Valentina le sujetó la cabeza y la devoró a ella también. Al penetrarlo con la lengua, oyó el gemido ronco que brotó en la garganta de la otra chica y sintió vibraciones que le llegaron como ondas y le erizaron la piel.

Por segunda vez Valentina sintió como se separaban – Dios mío Juliana – suplicó agitada pero quieta, con la cabeza echada hacia atrás, mientras que permitía que la morena le mordiese y le lamiera el cuello mientras le bajaba el cierre delantero de su vestido. Soltó un gemido largo y doliente y se aferró nuevamente al cabello de la tatuadora cuando la boca de la otra chica se cerró en torno a un pezón que resaltaba bajo el vestido, y luego al otro.

- Por favor – suplicó, casi sin aire – Por favor, Juliana. Vamos al sillón – le dijo como pudo y sin entender que había pasado con su tímida avestrucito.

La morena se separó de ella rápidamente sin quitar las manos de sus piernas. En un ataque de timidez repentino Valentina se acomodó el vestido y su cabello. Los pezones humedecidos le palpitaban. Quería bajarse del escritorio, pero las manos de Juliana le apretaban las rodillas, y luego trepaban y le subían el vestido por sus muslos provocando que la castaña apretara sus puños y mordiera sus labios – Juliana... vamos al sillón por favor – insistió con mayor desesperación.

Sin demora alguna la morena la alzó cerrando una de la dudas que Valentina tenía entorno a la fuerza de la chica y como hacía Juliana para pasarla todas las mañanas a su cuarto – A la ex rubia no le quedó otra que aferrarse a la chica y rodear sus piernas por la cintura para facilitarle la carga. Sintió el pene duro de Juliana sobre ella y cerró los ojos escondiendo su rosto en su cuello, los papeles se habían invertido, inspiró su embriagador perfume y delineó la mandíbula de la tatuadora con suaves besos. Juliana la depositó en el sillón como si estuviera maniobrando a alguien de cristal y se quedó mirándola, de repente la morena empezó a retroceder como si hubiera despertado de algún hechizo o poción mágica. Cuando se topó la pequeña mesa, Valentina se apresuró a reincorporarse e ir hacia ella y envolverla en un fuerte abrazo – tranquila – había percibido el pánico en ella

- Estoy... tengo... tengo miedo –le confesó la morena – Pero tengo... quiero hacerlo... - aseguró

- Lo vamos a hacer - Dejó un beso en el cuello de Juliana– Somos solo tú y yo, vamos a ir despacio ¿Si? – le dijo con calma

- Quiero que seas mia y quiero ser tuya – Juliana volvió a hablar.

- Muero por ser tuya – aseguró Valentina besándole los labios.

Por segunda vez esa noche, Juliana la tomó en brazos y la llevó hasta el sillón. No la sentó, si no que la dejó parada al lado del mueble. Juliana levantó sus brazos y esperó. Valentina entendió a la perfección lo que quería, y empezó a desvestirla igual que lo había hecho en el baño. Estuvo a punto de deshacerse del bóxer que evidenciaba la erección de la morena, pero decidió esperar y desvestirse ella primero. Fue a garrar el cierre de su vestido cuando una mano morena se lo impidió, Valentina no dudó en dejar que Juliana fuera quien se encargara de desnudarla. Valentina sintió un cosquilleo en su abdomen cuando Juliana bajaba su cierre y se deshacía del vestido. La morena se volvió a abrazar a Valentina y la castaña sentía a Juliana pegada sobre ella

- Quería... quería sentir tu piel contra la mia – le dijo Juliana - ¿A ti... a ti... te gusta sentirme? – le preguntó dubitativa – Estás hermosa – agregó.

La empresaria sonrió y besó nuevamente el otro cuello – Tu piel contra la mia es lo más hermoso que he sentido en mucho tiempo – le aseguró Valentina– Me he estado preparando para ti, desde ayer, que planeaba la cita, pensaba en el conjunto de ropa interior que me iba a poner, e imaginaba tu cara viéndome y deseándome...

- Te deseo – interrumpió Juliana sin dudar. Su voz vibraba de la ansiedad – Mucho – agregó. Sus labios vagaban por la cara de Valentina y sus manos le abarcaban la espalda y la cintura. La visión de los pezones erectos transparentados bajo el tul del sujetador la tentaban, la atraían, la volvían loca.

- Quiero... quiero... - miró el sujetador de Valentina

- Quitamelo– la castaña adivinó sus intenciones y se rió.

Se calló de pronto, cuando sintió como los dedos de la morena trabajaban en su espalda para arrebatarle una de sus últimas prendas. El deseo la inundaba – Quiero que pegues tu pecho al mío – le dijo a Juliana– Y que me sientas en tus pezones - agregó sintiendo como la morena seguía sus órdenes. Valentina la miró y la descubrió con los ojos cerrados y la boca entreabierta por donde escapaba un jadeo. Quería hacerla feliz. Extendió la mano y le acarició la mandíbula y le metió el dedo índice en la boca, que Juliana succionó con entusiasmo al tiempo que le sujetaba su trasero y se lo apretaba. Valentina dio un respingo de sorpresa. Y volvió a relajarse con lo fascinante que encontraba la sensación de los pezones de Juliana rozando contra los suyos, que se habían vuelto sensibles, con la piel tirante; había algo de dolor también, como cuando tenía mucho frío.

Juliana cerró la mano en torno al seno de Valentina, bajó la cabeza y se metió el pezón en la boca. A su vez, ajustó el brazo en torno a la espalda de la ex rubia para evitar que se moviera. Valentina se sujetó a los hombros de Juliana y respiró tratando de bajar su agitación. Sus labios que succionaban y su lengua que giraba en torno a la aréola la volvían loca. Sintió que nada la había preparado para esa experiencia, la de hacer el amor con deseo. Su cuerpo se agitaba en el brazo implacable de la morena, y de su garganta emergían grititos que no lograba ahogar por mucho que la avergonzaran. Necesitaba que le chupase el otro pezón, que calmase el dolor. Como si leyese su mente, Juliana la colocó de espaldas y le dio gusto. Valentina se arqueó y echó la cabeza hacia atrás, enloquecida de placer, de confusión por la experiencia que estaba demostrando la morena, de miedo por el tamaño del bulto palpitante que sentía detrás de ella, y de alegría. El latido feroz que nacía entre sus piernas y que terminaba en su ombligo se profundizó cuando la tatuadora cargó su peso sobre ella. Los párpados de Valentina se abrieron abruptamente. Sintió a Juliana temblar más que nunca y giró inmediatamente para enfrentarla.

- Juliana– la llamó, y se contemplaron durante unos segundos antes de que Valentina se fuera sobre la boca de la morena. Se besaron, locas de pasión, fundidas en un abrazo que no parecía ser suficiente – No tengas miedo por favor, no tenga miedo amor mío. Te suplico, que no tengas miedo conmigo – poco importaba en ese momento palabras dichas.

Juliana agitó su cabeza en negativa – No... no... - se alejó de Valentina dejando a la ex rubia preocupada hasta que vio como Juliana se deshacía de sus bóxer, se había alejado solo para terminar de desvestirse.

Valentina no pudo evitar que el pánico se apoderara de ella apenas vio como el pene de Juliana saltó erguido y muy grande. Por primera vez estaba enfrente de algo con lo que no sabía tratar. Se dejó caer en el sillón preocupada – Eso no va a entrar en mi Juliana– le dijo.

La morena no dijo nada, solo caminó hasta Valentina y se puso de rodillas, nuevamente los roles cambiaban y ahora era Juliana la que pedía que la ex rubia no tuviera miedo. Valentina pudo percibir la punta del pene clavándose en una de sus piernas – No te asustes. Me saqué los boxers porque no soportaba la presión. Pero si no quieres está bien – le aseguró.

- Si quiero... mucho quiero – le aseguró – Pero... no se si pueda hacerlo. No se si pueda hacerlo bien – agregó sintiéndose nuevamente virgen.

Juliana sonrió divertida – Estás haciéndolo muy bien. Pero puede ser nuestra primera vez ¿Cierto? Podemos... podemos equivocarnos. O al menos así lo veo yo – le dijo agachando su cabeza – Yo soy la que debería tener miedo. No quiero equivocarme contigo – habló.

- ¿Por qué no conmigo? – le preguntó la castaña más tranquila

- Tengo miedo a decepcionarte, a hacerte doler. No lo soportaría. Tu eres tan mujer, tan dama, tan sexy y tan delicada a la vez, y yo tan... tan... tan bestia, tan monstruo...

- Juliana... no digas eso – la frenó Valentina– Tu eres lo más perfecto que he visto en mi vida, eres lo más único que tengo – volvió a las caricias – Quiero que nos sintamos cómodas en la presencia de la otra, y que nos permitamos equivocarnos cuando sea necesario.

- Tú no te vas a equivocar en nada, lo se – le dijo Juliana con seguridad.

Valentina sonrió y beso la boca de la chica - ¡Qué responsabilidad me has dado! Ahora soy yo la que no quiere decepcionarte – jugó con su ceja haciendo reir a la otra chica, ambas rieron hasta que sus miradas se encargaron de extinguir esa risa.

Los ojos de Valentina habían perdido su azul natural para volverse casi oscuros. Miraba a Juliana y a su vez la morena la contemplaba a ella con fijeza, sin pestañear. Juliana estaba seria y Valentina sabía que iba a pasar lo inevitable. La ex rubia se quedó quieta en el sillón mientras la tatuadora se deshacía de sus bragas de tul negro. Juliana frunció el entrecejo, y agudizó la vista, Valentina no tenía vello, estaba completamente depilada. Pasó la mano sin detenerse ante el suspiro de Valentina. Le dibujó el contorno con sus dedos. La morena sonrió y siguió con su examen. Le acarició los antebrazos y los muslos.

- No... no tenes... no tenes vellos, ni uno – le dijo con una voz que parecía disfrutar de esa característica de Valentina. Sin aviso previo, Juliana hundió su cara en su entrepierna. Valentina se contorsionó y gimió hundiendo sus dedos en la cabellera de Juliana.

La morena actuaba como si estuviera loca por el deseo, su boca devoraba el clítoris de Valentina, su lengua lo lamía. Y las respuestas que estaba dando la castaña la ponían peor. La penetró con un dedo y pudo percibir la humedad en ella. Los músculos de su vagina se contrajeron y apretaron el dedo de una manera sorprendente. Juliana estaba disfrutando de este juego, pero su pene latía, sus testículos estaban pesados y su boca estaba seca. El deseo que Valentina le despertaba era como todo lo que la castaña despertaba en ella: descontrolado, irracional, desmedido. Se ubicó sobre ella y miró a Valentina para que abriera sus piernas pero la castaña se negó – Tienes que usar condón – le dijo.

El puchero de la morena no pasó desapercibido por la empresaria – No me hagas pucheros. No tomo pastillas y no quiero que mi madre muera de felicidad – tenía que contarle a Juliana lo del regalo sorpresa que su madre le había enviado.

- No me gusta – le dijo Juliana aun con su labio afuera.

- Bueno, después lo veremos - le dijo Valentina– Anda, ve ahora a buscar en mi cartera un preservativo – era eso o ambas explotaban en el momento. Valentina vio como Juliana hizo lo pedido y en menos de un segundo ya estaba de vuelta en el mismo lugar. La morena rasgó el envoltorio con los dientes y se lo puso con habilidad. La ex rubia se obligó a recordar hablar con Juliana de sus experiencias anteriores, pero por ahora había otra cosa que pedía su atención. Abrió las piernas y dejó que Juliana se acercara mientras ella se abrazaba al cuello de la morena - Ve despacio – le dijo, no estaba segura de lo que podía pasar, Juliana era muy grande. La morena no separó la vista de Valentina mientras la penetraba. Era tan delicada, tan estrecha. Ese pensamiento la volvía loca y le costaba reprimirse.

- ¿Estás bien? – le preguntó. Ella asintió no segura de la respuesta – Trata de relajarte. Puede doler un poco, pero me tienes que dejar entrar y permitirme darte placer – hablaba con experiencia – Por favor, déjame entrar estoy desesperada – insistió.

Valentina cerró los ojos imaginándose a esa parte de Juliana deslizándose dentro de su húmeda y necesitada vagina. La castaña sonrió y le envolvió la espalda con sus piernas. Juliana liberó el aliento con ruido y se hundió hasta que no quedó un centímetro de su pene fuera de Valentina. Segundos después sintió a Valentina acabar de placer, el tamaño de Juliana había hecho que la ex rubia se viniera en la primera penetración. La morena se detuvo y endureció su cuerpo, resistiendo su propia ola de placer.

- ¡Dios!... eso fue... - las olas del orgasmo le seguían pegando – Dios... Estás muy dentro de mi, y eres enorme – le dijo con la poca respiración que le quedaba. Apenas el orgasmo la dejó volvió a hablar – Sigue... hazme el amor Juliana... cógeme con ganas – ya no tenía miedo, ahora solo quería entregarse a la morena y hacerla feliz.

- Dios... - con la autorización de la chica, Juliana extendió los brazos para balancearse sobre ella y penetrarla varias veces, a diferentes ritmos hasta que volvieron a gozar y el placer las dejó exhausta.

De modo inconsciente, Valentina le clavó las uñas en la espalda, sorprendida al descubrir a la morena en esa intimidad en la que Juliana se mostraba dominante y brusca, al mismo tiempo que vulnerable y entregada. Los gritos roncos de Juliana la impresionaron, sus embistes la sacudieron, su mueca de dolor la impresionó. La morena se desplomó sobre ella, aliviada y Valentina se aferró a su cuello.

- Eres mía – le dijo Valentina.

- Lo soy tanto como tu me perteneces a mí – dijo Juliana.