La respiración se entrecortaba. La desesperación hacia eco de su corazón.
La culpa...
El motivo principal por el cual debía actuar rápidamente.
—Kanky, él fue asaltado y está en el hospital... —las palabras de Temari sonaron tan dolorosas como preocupantes.
Matsuri necesitaba verlo y comprobar que él se encontraba bien.
Corría por los pasillos del hospital, chocando con la gente que se encontraban en la sala de espera.
—Habitación 100...—murmuraba. Se sentía agitada.
Frenó y trató de recuperar el aliento.
Estaba a unos metros de llegar.
Apoyó sus manos en las rodillas y exhaló.
Quería llorar, pero su cuerpo no le permitía tal acción.
Al levantar la vista, una escena la dejó perpleja.
Frente a sus ojos, Gaara hablaba con una joven que le sonreía y acomodaba su cabello a cada instante.
Ella acariciaba sus hombros, él no parecía molestarle.
—¿Quién rayos...? —inquirió y cuando estuvo a punto de acercarse, fue detenida por Temari.
Volteó y notó el enfado en el rostro de su amiga.
—¿Acaso sos una niña para salir corriendo así? ¡ESTAMOS EN UN HOSPITAL! —refunfuñaba.
La castaña se disculpó y regresó la vista hacia el menor de los hermanos Sabaku No.
Para su sorpresa, se encontraba solo, así que la tranquilidad había vuelto.
Temari y ella se acercaron hasta él. La rubia lo abrazó y Matsuri se limitó a observar.
Gaara abrió los ojos y notó el sonrojo de la joven.
Al separarse de su hermana, se acercó a la chica y depositó un sutil beso en la mejilla.
Temari, en su papel de espectadora, esbozó una ligera sonrisa y volteó para impedir que alguno de ellos notara que estaba disfrutando de su encuentro.
—¿Cómo se encuentra Kankuro? —inquirió Temari con preocupación.
—Afortunadamente fue más leve de lo que podrían suponer—expresó el pelirrojo, soltando un pesado suspiro.
—Necesito que nos relates a detalle. No quisiera ver a mi hermano en tan deplorable estado... —ironizó y Gaara prosiguió con su discurso.
—Por lo que me han dicho los médicos, fue asaltado y debido al forcejeo, acabó golpeado contra la acera—suspiró y acomodó su cabello.
—¿Podremos verlo? —inquirió la castaña.
—Estaba esperando que llegara Tem, sólo no creí que vos también vendrías, Matsu—respondió avergonzado.
Ella desvió la mirada y colocó un mechón de su pelo detrás de la oreja.
Realmente, la presencia de Gaara la ponía demasiado nerviosa.
—No perdamos el tiempo y entremos... —Temari sujetó la manga de su hermano e ingresaron a la sala.
Matsuri se sentó y dejó caer su cabeza hacia atrás.
—Kanky, gracias al cielo que estás bien...
—¡¡QUE NO!! —refunfuñaba el pelirrojo al negarse a alimentar a Kankuro.
Temari reía a carcajadas y podía notar que su hermano, pese a tener algunas magulladuras y vendajes, se encontraba en buen estado anímico.
—De verdad, Kanky. Estoy muy feliz de verte así... —Temari se sentó en los pies de la camilla y acariciaba las piernas de su hermano.
—Creo que fue suerte... —ironizó —Ese día conocí la suerte tal como es.
Tanto Gaara como Temari estaban desconcertados por las palabras de Kankuro.
—Iré a comprar algo. En un rato vuelvo... —expresó Gaara y se retiró, dejando a los dos hermanos a solas.
La rubia suspiró y observó detenidamente a Kankuro. Recordó lo que Matsuri le había contado y notaba cuánto podría haberle afectado.
Si bien esas magulladuras serían causadas por el asalto, él hubiese preferido golpearse a sí mismo para evitar el sufrimiento de Matsuri.
—¿Estás bien, Tem? —inquirió con preocupación, tomando la mano de la rubia.
No, realmente se sentía muy mal.
Acababa de cerrar la novela con Shikamaru; estaba desorientada en el plano amoroso y necesitaba apoyo emocional.
Pero el estado de salud de su hermano era mucho más importante y no dejaría que su decepción amorosa opacara la preocupación por Kankuro.
—Mejor que vos, eso es un hecho —bromeó y Kankuro esbozó una falsa sonrisa.
Sabía que, fuera lo que fuese, Temari saldría adelante. Aunque era evidente que ella estaba triste.
Cuando la tranquilidad y el silencio reinaban en la habitación, esta había sido irrumpida por la visita de una muchacha castaña.
Se arrojó contra el cuerpo de Kankuro. Él se quejó y ella se alejó, disculpándose por dicha acción impulsiva.
Matsuri lloraba de alegría, ya que él se encontraba mejor de lo que imaginó.
—Debo ir a buscar a Gaara. Luego volveré—palmeó el hombro de su amiga y se retiró.
Matsuri secó sus lágrimas y tomó las manos del Sabaku No.
—Guardá tus lágrimas para mi funeral, Matsu... —bromeó y recibió un sutil golpe en el brazo.
—¡No hagas bromas así, idiota! —refunfuñaba Matsuri, entre sollozos.
—Lo siento, Matsu. No pude evitarlo y así me dejaron. Pude hacer más, pero creo que ya había perdido mi dignidad al enfrentarme a tres al mismo tiempo —se lamentaba.
En esa ocasión, hablaba enserio. Si bien, todo lo que Kankuro decía podía ser broma, esa confesión no lo era.
—Eso es por querer correr cuando aún no sabías ni caminar... —se sentó a su lado y tomó el pote de gelatina. Lo abrió, sacó un poco con la cuchara de plástico y se lo acercó —Ahora decí ahh...
Kankuro, desconcertado y avergonzado por la propuesta, accedió a la petición de Matsuri.
Degustó el postre y sonrió.
—Gracias, Matsu...
Ella sonreía.
Finalmente, aquella relación comenzaba a restablecerse.
—Perdón, con permiso—una voz femenina se sumaba a la habitación.
—¡No creí que volvería a verte! —exclamó alegremente.
Matsuri volteó para ver de quién se trataba y su sorpresa fue mayor al notar la presencia de aquella misteriosa chica.
—No quería interrumpir, si quieren vuelvo en otro... —justificaba la chica al ver la expresión furiosa de Matsuri.
—Adelante. Ella no será un problema entre nosotros —bromeaba refiriéndose a Matsuri. Ella lo miró y notó una expresión de confianza que antes había conocido.
Kankuro se había impuesto olvidarla y el primer paso era volver a reconocer su amistad de larga data.
Matsuri estaba algo desconcertada, pero consideraba que era la mejor manera de dejar ese amor imposible atrás.
Suspiró y sintió un gran alivio al pensar que fue oportuno haberle confesado a Kankuro que su único y verdadero amor era su hermano Gaara.
—Soy Tenten, un gusto —exclamó la chica y extendió su mano.
Con cierta desconfianza, la castaña respondió al gesto y esbozó una sutil sonrisa.
—Matsuri —respondió.
Después de presentarse, Tenten se dirigió a Kankuro. Estaba realmente preocupada por las magulladuras que presentaba y le acarició sus mejillas.
—¿Seguro que te encontrás bien? —preguntó con preocupación.
—Sí, muñeca. No creas que esos delincuentes se librarían de mí... —Matsuri comenzó a reír.
Ambos la miraron porque percibieron algo extraño en su risa. Esta no era porque el comentario le pareció gracioso, sino que estaba nerviosa.
¿Tenten era así de efusiva con todos los hombres o sólo con los hermanos Sabaku No?
—Quería agradecerte por haber intercedido anoche. No debiste hacerlo...
—No podía permitir que tres tipejos se aprovecharan de vos...
Matsuri se sentía excluida de aquella conversación. Sabía que sobraba y sin que se dieran cuenta, salió de la habitación y se encontró con Gaara.
Ambos cruzaron miradas, aunque la de Matsuri no era nada agradable.
—¿Pasó algo, Matsu? —el pelirrojo se acercó a la joven y ella se ruborizó.
—Nada. Creí que sería mejor dejarlos solos... —respondió molesta.
—Supongo que Tenten tenía mucho para agradecerle a mi hermano tonto— rascaba su nuca.
En aquel instante, Matsuri se bloqueó en dos preguntas: ¿Él conocía a Tenten y por eso existía tal grado dd confianza? ¿Quién era esa mujer que aparecía en la vida de los Sabaku No, despertando sentimientos negativos en Matsuri?
Con una molestia rotunda, Fugaku se encontraba en su estudio junto a su esposa Mikoto.
Caminaba de un lado y otro, vociferando y tomando varios vasos de whisky, uno detrás de otro.
Sentada con una elegancia inigualable, Mikoto masajeaba su entrecejo.
Al igual que Fugaku, ella estaba inquieta por lo que Itachi fuera a hacer o decir en la dichosa reunión improvisada.
—De nada servirá que actúes así, Fugaku—espetó con severidad. El Uchiha volteó a verla con desdén.
Si había algo que aborrecía en su vida, era que alguien se metiera en sus negocios.
Esperaba esa actitud de Sasuke, mas no de Itachi.
—¿Qué tiene en mente nuestro hijo, Mikoto? —inquirió. La mujer se encogió de hombros.
En el salón principal, tanto los misteriosos hombres como los hermanos Uchiha se encontraban enfrentados.
El que tendría la palabra sería Itachi, así que sólo esperaban que él comenzara su discurso.
Encolerizado y nervioso, Sasuke esperaba que su hermano se dignara a hablar y expresar lo que su mente estaba planeando. Era cuestión de leer entre líneas y seguirle la corriente.
—Bien. Dado que mi padre tuvo la desconsideración de no presentarlos como debiera, me gustaría escuchar un poco más acerca de ustedes. Quiénes son, cuáles son sus propósitos y cómo podría llevarlo a cabo.
Sasuke chasqueó la lengua.
Él se encontraba sentado junto a Itachi y éste oyó esa sutil queja.
Sin que los demás lo notaran, movió su pie y empujó el del Uchiha menor para captar su atención.
Cuando sus miradas se cruzaron, Itachi guiñó, dándole la seguridad a Sasuke para continuar con el show.
—Como hemos hablado con el señor Uchiha, somos Urc. Corp. una compañía de energía eléctrica y acabamos de asociarnos con Uchiha Corp. —carraspeó y continuó —Hace un mes inauguramos una planta en Kumo y necesitamos personal capacitado para llevar adelante esa sede. Si bien, cualquiera de mis empleados podría desarrollarlo a la perfección, sería muy conveniente que un Uchiha estuviera al frente de ello.
Itachi sonrió, cruzó las piernas y estiró sus brazos sobre el respaldo del sofá.
—Por ese motivo, suponen que mi hermano no está capacitado para el trabajo, sólo por su imagen...
—En realidad, nosotros... —quiso acotar el hombre, pero fue interrumpido por Itachi.
—¡Sasuke! —captó la atención de su hermano menor —¿Por qué no le contás el motivo por el cual nuestro padre no desea hacerse cargo de esa planta en Kumo?
Los rostros de los misteriosos hombres denotaban sorpresa y curiosidad.
No tenían fe en Sasuke y su prejuicio se acrecentaba al verlo con aquellas prendas "inapropiadas" para un hombre de negocios.
—Llevar adelante una planta proveedora de energía eléctrica no resulta nada sencillo. Existen protocolos que se deben cumplir a rajatabla y normas que sus empleados deben cumplir para que se pueda llevar a cabo una labor tan pesada.
Los hombres escuchaban atentamente a Sasuke, lo cual daba un punto a favor.
—Sin embargo, si desde la administración, estas normas son infringidas... —se levantó del sofá y se acercó a los empresarios —¿Ustedes creen que podrá salir adelante?
Enmudecidos, se limitaban a observar al menor de los Uchiha.
—Nuestro padre ha sido señalado como un vil corrupto, pero sus delitos fueron tan bien elaborados, que jamás pudieron hallar pruebas —enarcó una ceja —¿Acaso piensan que su riqueza se incrementó con su trabajo? —chasqueó la lengua y movía su índice, negando dicha pregunta —Lamento que hayan confiado en nuestro padre, un hombre elegante que se expresa del modo más correcto posible, amable y convincente.
Itachi se levantó del sofá y se ubicó al lado de su hermano.
—¿Aún siguen pensando que mi hermano no está capacitado para el trabajo sólo por su imagen? —acotó Itachi —Lamento tanto decepcionarlos, pero la apariencia es el mejor disfraz de un estafador...
Satisfecho, Sasuke agradeció a su hermano por haberle dado la oportunidad de expresar lo que siempre quiso acerca de su padre.
Era un hecho, Fugaku no toleraba a Sasuke, ni Sasuke lo soportaba y él.
La tormenta aún no cesaba.
Sakura había vuelto a su casa.
Si bien estaba preocupada por Temari, ella se encontraba bien ya que pasaría la noche en el hospital.
Estaba a punto de irse a dormir, cuando escuchó el timbre de su casa.
Ella lo había olvidado por completo.
No, Kakashi de lo había hecho olvidar a propósito.
—Feliz cumpleaños atrasado... —Sasuke lucía realmente sexy para Sakura.
Eso era innegable.
—Adelante... —el azabache traía una botella de champagne y un regalo.
Se los dio a la pelirrosa y, dentro del paquete, había una caja.
—Si no lo abrís, no sabrás qué hay dentro—espetó el Uchiha ante la actitud dubitativa de Sakura.
La pelirrosa abrió la caja y se encontró con algunos extraños objetos dentro.
Volteó a ver al Uchiha y él, con determinación, besó a la Haruno.
Ella respondió a él y fue quitándole la campera de cuero.
Sus besos eran algo torpes y mucho más apasionados que de costumbre.
—Esta noche te demostraré quién es el mejor... —susurró, poniendo nerviosa a la pelirrosa.
Existía un código implícito. Sakura sabía que Sasuke tenía una amante.
Ahora, el Uchiha sabe que la Haruno tiene encuentros secretos con su ex y eso lo vuelve loco.
¿Sasuke o Kakashi? ¿Acaso se trataba de una competencia entre egos masculinos?
