AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACION ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Veinte

Edward

Mi vuelo es largo e incómodo y odio estar fuera de contacto con Bella. En el momento en que las ruedas tocan el suelo, quito el modo avión del teléfono y le envió un mensaje. Es difícil escribir con el teclado en lugar de decir las palabras, pero lo hago, no sin un par de errores de ortografía, estoy seguro.

Me alegra descubrir que ella está en mi casa y más aún cuando me dice que está encerrada en mi habitación y que ha dormido en mi cama toda la noche. No pregunto por qué no se fue a su casa, aunque puedo imaginarlo, o dónde está Riley. No puedo ver una mierda en mi teléfono y es frustrante.

Siento que estoy en una carrera contra el tiempo para llegar a Bella. Mi vista se deteriora rápidamente y quiero pasar el mayor tiempo posible memorizando cada centímetro de ella. Marcus me recoge en el aeropuerto en su propio coche y me deja en casa justo a tiempo para mi habitual carrera matutina. No voy a necesitar el ejercicio hoy, sin embargo, voy a tener suficiente sin tener que levantarme de la cama.

Miro a la puerta de al lado, a la casa de Riley. Todo parece tranquilo, su camioneta está en la entrada, lo que no es propio de él, pero anoche estaba agitado, estoy seguro que se olvidó de ello.

En el porche, saco mi llave y la voy a deslizar por el ojo de la cerradura cuando la puerta se abre y Bella se arroja a mis brazos envolviendo sus piernas alrededor de mi cintura y acariciando su cara en mi cuello.

Podría acostumbrarme a esto.

—Mmm —gime ella y yo dejo caer mi bolso y deslizo mis manos bajo su flexible culo y la llevo dentro.

Alinea sus labios con mi oreja y me hace callar antes de alejarse y asentir hacia el sofá. Riley está durmiendo boca arriba con su arma en la mesa de café a su lado.

Asiento y cierro la puerta despacio dejando mi bolso en el porche.

Lo recogeré más tarde, de todos modos no hay nada de valor ahí.

Me quito los zapatos y los deslizo bajo las escaleras con el pie y la llevo a mi habitación sin despertar a su protector. Dentro cierro la puerta con el pestillo y hago lo que he estado deseando hacer durante casi dos semanas. Cubro su boca con la mía y le ahueco el culo con más fuerza presionando mi sólida polla contra su coño.

Ella gime en mi boca y la llevo directamente a la cama y la arrojo en el centro.

—Quítate la ropa. —Solo lleva un par de bragas de encaje blanco y una camisa con botones que ya está desabrochada, sin sujetador. Se encoge de hombros y se quita las bragas mientras me desnudo.

Este no es el momento para una hora de juegos previos; nos hemos extrañado durante nueve días. La necesito ahora, sin juegos, sin perversiones, sin preliminares.

Quiero estar dentro de ella haciéndola correrse una y otra vez hasta que hayamos recuperado el tiempo perdido. Necesito follarla, hacer el amor con ella, conectarme a un nivel que nunca he hecho con nadie más.

Cuando está desnuda, se tumba boca arriba, apoyada sobre sus codos y me arrastro hacia la cama como un animal salvaje con mi polla subiendo y bajando a lo largo de su piel caliente. Quiero sentirla a mí alrededor sin una barrera entre nosotros.

—¿Tomas la píldora? —Le pido que separe las rodillas con mis manos posicionándose entre ellas.

—Sí, y mi médico dijo que todas mis pruebas fueron negativas después de esa noche cuando…

Presiono mi largo dedo índice contra sus labios. No necesita explicarse más que eso, y estoy seguro que no quiero hablar de su tiempo perdido ahora mismo.

Ella deja de hablar y yo deslizo mi dedo entre sus gruesos labios y dentro de su boca y ella lo chupa mientras lo saco lentamente. Es tan jodidamente hermosa con su cabello desplegado en mi almohada y los picos de sus pezones rígidos y listos encima de sus suaves y perfectos pechos. Su piel brilla a la luz del sol de la mañana que entra por la ventana. Las motas de polvo flotan a través de la raya de sol que atraviesa su plano abdomen y su ojo derecho brilla como un cristal azul pálido mientras que el izquierdo está oscuro y lleno de lujuria.

Ella levanta sus manos hacia mi pecho, tanteando, viendo lo que le voy a permitir.

—Esta vez no hay reglas, sólo tú y yo, nena.

Deslizo mi dedo por su mentón entre sus pechos y sobre su tembloroso ombligo hasta que lo deslizo dentro de los pliegues empapados de su coño.

Gimo con aprecio, todo esto y ella es locamente receptiva también. No me la merezco. Aparto ese pensamiento y deslizo dos dedos y luego tres hacia dentro y los curvo para acariciar su sensible punto G.

—Has estado pensando en mí, ¿verdad?

—Sí. —Sus manos se deslizan hacia abajo explorando mi abdomen, las sigue con sus ojos.

—¿Te tocaste mientras esperabas? —Sus ojos se alzan para encontrarse con los míos. Mi tono es acusatorio, pero realmente no me importa un carajo si ella se corrió sin mí si estaba en mi cama pensando en que era mi polla la que la complacía.

—Sí.

Me encanta que sea honesta.

—¿Te has corrido?

Duda y se muerde el labio, insegura de cómo responder. Saco los dedos y rodeo su clítoris para eximirla de culpa.

—Está bien si lo hiciste. Nos hemos echado de menos, pero desde ahora guarda tus orgasmos para mí, ¿entiendes?

Asiente. Me coloco sobre ella y entro profundamente, manteniendo la posición. Dejo caer la barbilla sobre el pecho y gimoteo. Su aroma se eleva en el aire mientras se hunde en el colchón bajo mi peso y estoy ebrio con la combinación de vainilla y fresias.

—Es como si estuvieras hecha para mí. Joder, Bella, te sientes tan bien. —Sus manos se deslizan alrededor de mi culo y envuelve sus piernas alrededor de mi cintura clavando sus talones en la parte baja de mi espalda.

No habla mucho durante el sexo. Creo que prefiere dejar que su cuerpo hable y no hay manera que me queje de eso.

Me deslizo y comienzo un ritmo lento y penetrante. Quiero besarla pero quiero mirarla más. Quiero ver su cara cada vez que se corra hasta que no pueda verla más.

Quiero que esa imagen arda en mi memoria tan profundamente que, incluso cuando esté ciego, la vea desmoronarse en mis brazos.

Sus suaves pechos rozan mi pecho con cada empuje hasta que me levanto y deslizo sus piernas sobre mis hombros para ir más profundo. Sus brazos vuelan hacia los costados y agarra las sábanas arqueándose hacia mí y yo acelero el ritmo golpeando su dulce coño.

No voy a correr una maratón esta mañana. Esto es más bien una carrera de cincuenta metros. Me pongo de rodillas y profundizo tanto en su caliente sexo que grita, curvando sus dedos alrededor de mis bíceps y clavando sus uñas en mi carne.

Observo cómo sus músculos faciales se retuercen y ella alterna entre separar sus labios y morder el interior hasta que aprieta la mandíbula y sus ojos vuelven a rodar en su cabeza.

Las señales de su inminente orgasmo me estimulan y me encuentra empuje con empuje usando mis brazos como palanca hasta que las paredes de su sexo convulsionan alrededor de mi hinchada erección. Ella gimotea y jadea pequeñas respiraciones como si se estuviera ahogando en deseo, es un hermoso sonido sensual que me empuja al límite con ella.

Me hundo por última vez y me pierdo en la sensación de correrme sin que nada nos separe. Nunca he tenido relaciones sin condón, nunca. Todo sobre el sexo con Bella es diferente. Mejor, más intenso, pero la idea de que una parte de mí se ha convertido en parte de ella es subyugante.

El sexo nunca será el mismo después de Bella. Si ella no puede aceptar mi inminente ceguera, estoy arruinado para todas las demás mujeres. Nadie estará a la altura de ella. Es mi mujer perfecta. Es mi Emperatriz. Es mi Reina.