Capítulo 31. Emboscada
Harry se despertó cuando la luz grisácea del amanecer entró por su ventana, amplificada y deslumbrante por reflejarse en la nieve blanca. Se sintió desubicado durante unos segundos hasta que se acordó, con tristeza, que seguía estando en Washington. Cerró los ojos y suspiró, intentando recordar qué día era y preguntándose por qué el cuerpo le dolía... Era como si el día anterior hubiese estado en un partido muy intenso donde se cayó de la escoba, o como si hubiera tenido una noche de sexo espectacular y...
Fue entonces cuando lo recordó.
Sobresaltado, se sentó y miró a la persona que lo acompañaba en la cama. Se llevó una mano a la boca para cubrir el gemido de fascinación y sorpresa que estuvo a punto de soltar cuando comprobó que, en efecto, era Draco Malfoy quien estaba profundamente dormido a su lado con las mantas cubriéndolo hasta la barbilla, hecho un ovillo como un niño pequeño, su cabello despeinado cubriéndole la frente y los párpados cerrados.
Era una visión angelical y Harry sintió que los ojos se le humedecían sólo por eso. De golpe, los recuerdos de todo lo vivido con Draco llenaron su mente. Se dejó caer sobre la almohada, incrédulo. Draco le había pedido que fueran novios. Draco le había dicho que lo amaba.
Después de la guerra y de haberlo intentado unos meses con Ginny, Harry nunca más había vuelto a tener una pareja estable. Al empezar su carrera como jugador profesional había dejado atrás cualquier intento de relación seria, especialmente porque nadie le entusiasmaba tanto como para que valiese la pena el esfuerzo.
Pero con Draco era otra historia.
Había algo con él que provocaba que Harry deseara desesperadamente estar lo más cerca posible, durante el mayor tiempo posible, compartir todo, formar parte, aferrarse y no dejar partir. Y justo ahora le alegraba haberse quedado momentáneamente desempleado pues eso significaba más tiempo libre para explorar aquella novedad de estar en una relación. No tenía idea de cuánto durarían juntos y, aunque sí le aterrorizaba un poco pensar en el futuro, también le entusiasmaba la idea de que quizá aquello fuera para siempre, ¿por qué no?
Después de todo y sumado a lo que Harry sentía por Draco, estaba el detalle de que éste era tío de Teddy y se llevaban de maravilla, al menos, recientemente. Draco era perfecto. Perfecto para Harry. Como nadie, como nunca.
Sonriendo, Harry se giró hacia Draco y lo abrazó bien apretado por encima de la manta. Draco emitió un gruñido, se acurrucó hacia él y suspiró. Harry cerró los ojos, feliz, y volvió a quedarse dormido.
Cuando despertó de nuevo, quizá un par de horas después, tenía a Draco más pegado a su cuerpo. El brazo con que lo sujetaba lo había pasado por debajo de la manta y ahora reposaba encima de la piel desnuda del otro. Draco estaba dándole la espalda, acurrucado de modo que sus cuerpos formaban una cuchara.
Eso fue lo primero de lo que Harry fue consciente. Lo segundo, fue la voz de Draco, ronca, soñolienta y divertida:
—Si haces esto aún estando dormido, quiero ver lo que eres capaz de hacer despierto.
Esas palabras lo despabilaron al instante. Elevó la cabeza sobre la almohada y se dio cuenta de que continuaba sujetando a Draco contra él y, como ambos estaban desnudos, Harry tenía su miembro, firme y pulsante, alojado a lo largo de la hendidura del trasero de Draco.
Estuvo a punto de saltar hacia atrás y pedir disculpas, pero una risita emitida por Draco y el recuerdo de que ahora eran novios, lo detuvieron. Relajó el cuerpo y en vez de alejarse, se apretó todavía más hacia el otro. Frotó su erección entre las nalgas del rubio y ambos gimieron.
—Draco.
—Buenos días, Harry —murmuró aquel. Harry no podía verle el rostro, pues Draco le daba la espalda y tenía la cabeza enterrada en una mullida almohada, pero aun así pudo escuchar una sonrisa en su tono de voz. Oh Dios, Draco era tan ardiente. Harry nunca había deseado a nadie con esa intensidad.
Gruñó y se restregó más contra él. La punta de su erección rozó la entrada de Draco y sintió la humedad todavía prevaleciente ahí a causa de sus actividades de la noche anterior. Saber que Draco continuaba lleno de él, mojado a causa de él, casi lo vuelve loco. Un calor insoportable le brotó desde las entrañas y le recorrió todo el cuerpo, acelerándole el pulso y nublándole la mente. Llevó una mano hasta las caderas de Draco y lo sostuvo fuerte de ahí mientras continuaba frotándose y le mordía el cuello.
Draco siseó y se arqueó contra él. Harry lo sintió removerse para acercarse más, echando el culo hacia atrás, buscándolo. Impaciente, Draco se quitó las mantas de encima y abrió las piernas.
Aferró la mano con la que Harry le sujetaba la cadera y entrelazó sus dedos con él.
—Harry... —suplicó, y Harry jamás podría haberse hecho del rogar.
—Oh dios, oh dios —mascullaba Harry mientras cerraba los ojos bien apretados y se empujaba hacia delante. Estaba comenzando a preocuparse un poco, preguntándose si acaso no tendría que reaplicar el encantamiento para dilatar y preparar a Draco y no lastimarlo, pero la punta de su miembro comenzó a introducirse con facilidad hacia el interior resbaloso de Draco, mojado de lubricante y de su propio semen, y Harry se olvidó de todo pensamiento coherente.
Draco emitió un sonido gutural mientras estrujaba los dedos de Harry y empujaba las caderas hacia atrás, movimiento que ocasionó que Harry entrara completamente en él de un solo golpe. El cuerpo de Harry se vio dominado por escalofríos de la cabeza a los pies, todos sus músculos completamente tensos, y apretó a Draco contra él. Apoyó la frente sudorosa contra la suave nuca de Draco, sintió su cabello sedoso haciéndole cosquillas, aspiró su aroma al cual estaba volviéndose adicto con rapidez. Movió las caderas hacia atrás, saliéndose de Draco, y empujando hacia delante otra vez, fuerte. El interior de Draco era como nada que hubiese sentido antes: caliente como el infierno, apretado como torniquete, empapado, resbaladizo, anteriormente llenado por él mismo. Podría ser que él fuera quien se estuviese follando a Draco, pero era Draco quien lo estaba tomando a él. Draco lo absorbía, lo reclamaba, lo exigía suyo, y Harry se entregó gustoso a tan dulce demanda.
Los sonidos que brotaron de las bocas de ambos magos pronto llenaron el anteriormente silencioso ambiente, sumados a los ruidos húmedos de sus cuerpos acoplándose, golpeándose, compenetrándose. Harry, incapaz de creer todavía en su buena suerte, estaba gimoteando de placer mientras entraba y salía de Draco con un ritmo estable, profundo y no demasiado rápido que parecía complacer a los dos al menos por el momento.
Draco torció el cuello para mirar a Harry por encima de su hombro, y Harry se apresuró a alcanzar su rostro con el suyo: lo besó en la boca, sofocando los gemidos de ambos entre sus labios y lenguas ansiosas. Mordió el labio inferior de Draco mientras soltaba su cadera para llevar esa mano hacia la pierna superior del rubio. Le aferró el muslo tan duro que seguramente le dejaría moretones, y Draco gimoteó contra su boca mientras Harry le ayudaba a abrirse todavía más para él. Harry empujó la pierna de Draco hasta doblársela, acercándosela a su pecho, ayudándole a sostenerla ahí mientras comenzaba a embestir cada vez más duro.
Draco usó la mano que Harry acababa de soltarle para comenzar a acariciarse su erección. Harry gimoteó cuando lo vio hacer eso, necesitando meterse más profundo en él, más... Comenzó a entrar y salir de él con fuerza y rapidez, incapaz de ir lento, completamente perdido en las sensaciones, completamente loco de amor y deseo. Necesitaba culminar, necesitaba volver a llenar a Draco, necesitaba sentirlo estremecerse entre sus brazos mientras se corría a causa de él, verlo desfallecer, verlo hacerse pedazos, rubio precioso y siempre tan estoico, y Harry necesitaba…
Oh Dios, necesitaba…
Draco dejó de besarlo y echó la cabeza hacia un lado, enterrándola en la almohada.
—Ahí, ahí, oh joder, no pares, Harry, te lo suplico, no pares…
Enardecido, Harry le mordió el hombro y lo penetró mucho más rápido, intentando no perder el ángulo que parecía estremecer a Draco con cada golpe. De pronto, Draco se mordió los labios para ahogar un grito y comenzó a eyacular. Harry abrió los ojos y, por encima del hombro de Draco, alcanzó a mirar su erección arrojar hilos espesos de color perla que empaparon la cama delante del rubio, que mojaron su estómago e incluso alcanzaron a salpicar algunas gotas hacia el rostro de Harry.
Fue más de lo que éste pudo soportar. Cerró los ojos, gimió y sacó la lengua para lamer las minúsculas gotas del semen de Draco que habían caído cerca de su rostro. Aferró la nalga de Draco con todas sus fuerzas y arremetió una, dos y unas pocas veces más, profundo, duro, oh joder tan adentro, tan caliente, y Draco apretándose a su alrededor en movimientos espasmódicos, y sin poder contenerse más, y mientras Draco se relajaba y gemía entre sus brazos, Harry se derramó abundante en el interior del cuerpo del rubio.
Draco lo acompañó en su orgasmo frotándose contra él, ofreciéndose, empujándose y gimiendo al unísono. Harry lloriqueó y se empujó y se negó a que aquello terminara así de rápido, no era justo, tendría que durar más, tendría que… era perfecto, era ardiente, era lo más erótico que había experimentado en toda su vida y mira que con su historial de amoríos tanto con hombres como con mujeres, eso ya era bastante decir.
Pero todo finalizó y Harry dejó de moverse. Jadeando ruidosamente, soltó con delicadeza la pierna de Draco, estiró el brazo para alcanzar la manta y volvió a cubrirlo, todo sin separar sus cuerpos, sin salir de él. Draco, quien también estaba respirando agitado y cuyo corazón Harry podía sentir latir contra su pecho, soltó una risa ahogada de satisfacción y tomó la mano de Harry con la suya. Entrelazaron sus dedos.
—Eso fue… increíble —dijo Harry con la boca seca. Quería decir más, mucho más, pero temía sonar demasiado cursi a los oídos de su flamante novio.
Draco movió la cabeza, asintiendo.
—Lo sé —respondió con voz ahogada y, si Harry no lo conociera mejor, llena de sentimiento.
Se quedaron así, sin decir más, durante bastante rato, simplemente ocupados en recuperar el aliento.
Harry estuvo a punto de quedarse dormido, pero entonces recordó que Teddy, Andrómeda y la madre de Draco los esperaban en Texas, y ese pensamiento lo hizo preocuparse porque también se acordó que Enescu, quien había demostrado ser tan peligroso como idiota, todavía continuaba en fuga.
Y pensar en Enescu lo hizo acordarse de lo sucedido en el bosque encantado de los kikapú y en las cosas que Draco le había dicho en medio de su estado febril.
—Draco…
—¿Mm?
—¿Quién es Eltanin?
Harry podía jurar que Draco había estado a punto de saltar de la cama ante la mención de aquel nombre, pero se había contenido a tiempo. Con todo su cuerpo en tensión y sin girar la cara hacia Harry, le preguntó con un hilo de voz que intentaba sonar calmo:
—¿Cómo…? Quiero decir, ¿en dónde escuchaste ese nombre?
Harry frunció el ceño. La simple y llana curiosidad que había sentido por saber quién era esa persona, ahora se había transformado en recelo gracias a la actitud sospechosa de Draco. ¿Sería alguien a quien había amado? ¿Quizá alguien que murió? ¿Algún hijo fuera del matrimonio que había tenido con una mujer con la que no pudo casarse?
Apretando los labios, Harry levantó su mano y conjuró un accio no verbal para atraer a su varita. Ésta llegó volando, Harry la atrapó y procedió a ejecutar algunos encantamientos para limpiarlos a él y a Draco. Un tanto reacio, finalmente se separó de su novio y se incorporó hasta quedar sentado en el borde de la cama.
—Lo mencionaste en la cabaña de los kikapú, la noche que tuviste fiebre por el ataque del piasa —respondió en voz baja, dándole la espalda a Draco—. No dijiste nada más, sólo eso. Ese nombre, sin contexto. Dijiste algo como "tú y yo... y Eltanin". —Atrás de él, Draco se había quedado muy quieto y silencioso, y Harry sintió que el corazón se le hundía en el pecho. Seguramente sí se trataba de alguien muy importante en su vida, y le lastimó que Draco no le tuviese confianza como para contárselo—. Si acaso… —comenzó a decir al ver que Draco no respondía—… Si acaso se trata de un hijo tuyo, quiero que sepas que yo no tengo ningún pro…
—¡¿Por qué piensas que se trata de un hijo mío?! —preguntó Draco muy alterado, poniéndose repentinamente de pie—. ¡Dime la verdad, Harry! ¿Te conté algo más?
Harry se giró a verlo, azorado de su reacción. Negó con la cabeza.
—¡No! Sólo… No lo sé, Draco. Sólo lo supuse. Quizá porque esa misma noche Mahkate me contó que tú le habías llamado "hijo" a tu patronus, y…
—¿La serpiente te dijo eso? —Draco se veía aterrorizado y Harry no entendía por qué—. ¡Está loca, yo jamás…!
El ruido de la chimenea encendiéndose interrumpió a Draco. El apartamento era lo suficientemente pequeño para que, a pesar de que la chimenea estaba en la sala, se alcanzara a escuchar hasta donde estaban ellos y aun con la puerta cerrada. Una voz femenina los llamó:
—¿Harry? ¿Malfoy? ¿Todavía están ahí?
Era Hermione. Harry miró hacia Draco. Realmente quería continuar con esa conversación, no para averiguar quién era ese tal Eltanin, sino para saber por qué Draco reaccionaba de aquella manera ante su sola mención. Él, que casi nunca se alteraba por nada, parecía haber perdido los estribos y lo único que había conseguido era convencer a Harry de que esa persona misteriosa era alguien sumamente importante en su vida. O había sido. Harry volvió a apretar los labios y suspiró.
—¿Podemos… podemos continuar hablando de esto después? —le preguntó a Draco con voz suave, mirándolo a los ojos con intensidad, intentando decirle que fuera lo que fuera, él entendería.
Draco, un tanto más relajado, asintió con la cabeza. Harry tomó sus pantalones del suelo, se los puso y así, sin nada más, abrió la puerta y salió a la sala para ver qué novedades les tenía Hermione.
Draco, quien había tenido tiempo para tranquilizarse mientras Harry terminaba de charlar con su amiga vía chimenea, aprovechó para meterse a la ducha y pensar en la metida de pata que acababa de dar.
Era obvio que Harry no había estado enterado de ningún detalle acerca del "vistazo" y que su pregunta había sido bastante inocente, pero Draco, como idiota (Merlín santo, ¿se le pegaría eso de los Gryffindor?), había entrado en pánico y se había puesto en evidencia él solito. Ahora, estaba casi seguro de que Harry no descansaría hasta averiguarlo todo porque conocía lo entrometido que éste podía llegar a ser cuando sospechaba que algo no marchaba bien.
Bajo el chorro de agua caliente de la ducha, Draco suspiró y trató de relajarse. No le demoró mucho tiempo tomar la resolución de que, en cuanto terminaran con Enescu y sus asuntos ahí en América, le contaría a Harry toda la verdad. Algo le decía que Harry le creería. No estaba seguro de por qué, pero era un presentimiento bastante fuerte. Lo único que tenía que hacer era esperar por el momento perfecto, y...
En eso estaba cuando la puerta del baño se abrió y Harry, otra vez desnudo, entró al pequeño espacio lleno de vapor. Se miraron a los ojos a través de las puertas de cristal de la ducha.
—Me preguntaba si… si querrías compañía ahí dentro —murmuró Harry con picardía, sonriendo de lado. Draco sintió que el corazón se le aceleraba de pura expectación. También se sintió muy aliviado de que Harry no insistiera en saber de Eltanin.
Asintió, mirándolo con intensidad. Abrió la puerta de cristal para permitirle pasar.
Harry y él se ducharon, claro está, pero no sin antes besarse mucho y acariciarse con movimientos lentos y suaves, manos llenas de jabón y espuma, sus miembros endurecidos de deseo, conduciéndose mutuamente hacia un orgasmo que se sintió, por alguna razón, extremadamente dulce y lleno de disculpas y promesas implícitas.
Draco se había corrido mientras Harry lo sostenía firme entre sus brazos, consciente de que nunca antes se había sentido más apoyado, protegido y seguro como en ese momento, y aquello era tan hermoso como abrumador.
El amor que le tenía a Harry le estremecía cada fibra de su ser con necesidad y anhelo, y aunque eso lo aterrorizaba, se consolaba en el hecho de que estaba casi convencido de que aquel sentimiento ya era totalmente correspondido.
Mientras se vestían, Harry le resumió la conversación con Granger. Ésta le había informado que ya tenía en su poder el cuenco mágico de Draco, y que ella y Ron habían llegado a la conclusión de que lo mejor sería llevárselo hasta Estados Unidos en persona.
Draco se sorprendió bastante.
—¿Van a venir? ¿Los dos?
Harry estaba muy alegre. Era obvio que saber que pronto vería a sus dos insufribles compinches lo ponía de muy buen humor.
—Síp. Hermione dice que va a resultar mucho más fácil y rápido que ellos mismos lo traigan usando un traslador trasatlántico. No te preocupes por el cuenco, estará a buen resguardo. Hermione tiene una bolsa en la que puede ocultarlo, nadie en la aduana se lo encontrará. —Miró con cariño el reloj de pulsera que Draco le había mandado reparar y añadió—: Su traslador llegará en un par de horas a San Antonio. Tenemos tiempo para almorzar con los demás en el rancho mientras esperamos.
Terminaron de arreglarse, buscaron a la Negra y Harry los desapareció a los tres de regreso a Texas.
Se aparecieron en la sala de estar de la casa del rancho. La serpiente de nuevo pareció enojarse y, siseando con furia, se alejó a ocultarse debajo de un sofá. Harry miró a Draco a los ojos, le sonrió un poco y le ofreció una mano.
Draco entendió. Le correspondió la sonrisa y, sin decir palabra, se la aceptó y lo apretó firmemente.
Así, sin soltarse, ambos se dirigieron al salón comedor donde ya estaban las dos señoras y Teddy almorzando. Éstos los vieron entrar agarrados de la mano, muy pegados el uno al otro, y eso fue todo lo que necesitaron para saber con certeza qué era lo que estaba sucediendo ahí.
Andrómeda puso los ojos en blanco, negó con la cabeza y sonrió; Teddy pegó un brinco y gritó "¡Por fin son novios de verdad!"; y Narcisa los miró con el ceño fruncido y un gesto inquisitivo. Draco la miró a los ojos e intentó decirle que sí, que ellos dos tendrían una larga charla "madre/hijo" después, cuando todo estuviese más tranquilo. Narcisa pareció ceder: suspiró, se encogió de hombros y procedió a llamar a los elfos para pedirles que sirvieran dos platos más.
La madre de Draco era un hueso duro de roer cuando se trataba de asegurar la felicidad de su hijito. Se pasó todo el almuerzo interrogando duramente a Harry acerca de cada detalle de lo que había hecho y vivido durante los últimos años, de cuánto dinero tenía en el banco y qué propiedades estaban a su nombre, así como su estado de salud en general. Harry, todo sonrojado y torpe, intentaba parecer encantador y educado a los ojos de su suegra. Le respondió a todo con la mayor sinceridad y amabilidad que Draco nunca le había visto emplear en nadie.
—Y, ¿qué opinión le merecen los niños, señor Potter? —cuestionó Narcisa mientras sorbía su taza de té y los elfos les mandaban el postre.
Harry abrió mucho los ojos y miró hacia Teddy.
—Pues… La verdad es que me encantan. Usted lo sabe, Teddy es como un hijo para mí, y los niños de la familia Weasley también me son muy queridos. ¿Por qué… por qué lo pregunta?
Narcisa no respondió. Sólo sonrió ampliamente y miró hacia Draco de reojo. El brillo en los ojos azules de su madre le dio a entender su aprobación. Entonces, Narcisa suspiró con gran drama, como si estuviera muy sufrida y resignada, y volvió a dirigirse a Harry:
—Estoy obligada a advertirle, señor Potter, que cualquier daño físico, mental o emocional que usted le haga a mi hijo, no le será perdonado. Ya no, no por mí. Ándese con cuidado, porque cualquier perjuicio le será cobrado con creces —finalizó Narcisa con una sonrisa enorme.
Harry sólo abrió mucho los ojos y no dijo nada.
Draco no podía parar de sonreír y le parecía increíble poder sentirse así de dichoso. Era asombroso porque, apenas hacía menos de una semana, había creído que jamás tendría nada de eso.
Miró a todas y cada una de las personas sentadas ante esa mesa, quienes, ajenos a sus pensamientos, departían alegremente entre ellos. Draco apretó los labios y luchó para pasar un nudo que se le había formado en la garganta. Claro que ahí le faltaban Lucius y Eltanin, pero… Sabía, estaba casi seguro, que al menos Eltanin pronto estaría ahí.
Mi familia, pensó con tanto orgullo que creyó que el pecho le explotaría.
Teddy, quien se había aburrido mucho sin ellos ahí en el rancho, les suplicó que le permitieran acompañarlos a San Antonio para recoger a Weasley y a Granger en la estación de trasladores del aeropuerto. Decidieron irse en la camioneta alquilada y, justo antes de que se llegara el momento de partir, un elfo avisó a Draco que tenía una llamada telefónica.
Era el empresario del Grupo Cenfuel, quien exigió saber si Draco les compraría el pozo, sí o no.
Draco no pudo evitarlo: soltó una carcajada burlesca ante el aparato telefónico que dejó al otro hombre helado y muy serio. Cuando terminó de reír, Draco le explicó que no sólo no iba a comprar el pozo, sino que estaba preparando junto con un despacho de abogados la demanda para demostrar que habían adquirido aquella propiedad con métodos fraudulentos. Le juró que iba a conseguir devolvérselo a sus legítimos dueños y que iba a asegurarse de que a Grupo Cenfuel le cayera todo el peso de la Ley. El empresario sólo tuvo tiempo de murmurar algo que sonó a "Se va a arrepentir de esto, Malfoy" y colgó el teléfono. Draco, quien no tenía intención de permitir que nada ni nadie le quitara ni un gramo de la felicidad y tranquilidad que sentía en ese momento, se reunió con Teddy y Harry afuera del rancho y se olvidó de aquella llamada casi enseguida.
—¿Nos vamos? —les dijo con una gran sonrisa. Los tres abordaron la camioneta, Harry al volante y, después de asegurarse de que todos se habían colocado su cinturón, Harry condujo lento y tranquilo hasta la ciudad.
Draco aprovechó el tiempo para hacer unas cuantas llamadas a través de un teléfono móvil de última generación que estaba a su disposición en la camioneta. Se cercioró de encontrar al mejor bufete de abogados para el caso y, cuando estuvo finalmente satisfecho, acordó verlos aquella misma tarde para entregarles documentos y su adelanto monetario.
La mirada llena de orgullo y cariño que Harry le dirigía era la mejor recompensa para aquel acto estúpidamente generoso, pero agradeció que Harry no se pusiera empalagoso con el tema y lo dejara pasar sin decir nada.
Ambos iban tan distraídos, ocupados en sus cosas y en ellos mismos, que ninguno notó los autos de lujo con vidrios ahumados que los estaban siguiendo desde que habían salido del rancho.
Teddy estuvo particularmente feliz de ver a Granger y a Weasley cuando éstos finalmente salieron de la plataforma de llegadas internacionales de trasladores, la cual estaba oculta justo junto a la puerta de llegadas de los vuelos muggles. El niño se les echó encima y Weasley lo abrazó cariñosamente, dándole un par de vueltas mientras Harry se acercaba hasta Granger, le daba un abrazo y un beso y le ayudaba con una pequeña maleta de aspecto muggle.
Draco se acercó cautelosamente, no deseando interrumpir. No obstante su discreción, en cuanto Granger lo descubrió detrás de Harry, se abalanzó sobre él. No lo abrazó ni lo besó, pero le tendió una mano y lo saludó con bastante efusividad, sonriéndole con toda su despeinada humanidad. Draco arqueó las cejas, un tanto sorprendido pero a la vez bastante halagado y contento. Si había algo que echaba de menos del "vistazo", después de Eltanin y su padre, claro está, era la amistad que había compartido con Granger.
—Malfoy, hola, ¿cómo estás? —jadeó ella sin aliento, como si hubiesen venido corriendo.
—Perfectamente bien, gracias —respondió Draco. Se giró entonces hacia Weasley, quien, con Teddy en brazos, lo observaba con recelo—. ¿Qué hay, Weasley?
Weasley lo miró entrecerrando los ojos. Teddy soltó risitas y el pelirrojo lo bajó.
—Pues nada, Malfoy. Aquí, en medio de este infierno yanqui, sin deberla ni temerla, gracias a tu pretendiente demente que intentó matar a mi mejor amigo. Dos veces.
—Ron —masculló Harry en tono de advertencia.
Granger le dio un codazo a su marido.
—Me ofrecí a pagarte estas vacaciones y tú aceptaste, deja de renegar —le dijo ella—. Voy a comprarte toda la comida que quieras, ahora sé buen chico. —Miró hacia Draco—. ¿Supongo que iremos a tu casa alquilada, Malfoy?
Draco no podía parar de sonreír. Se dio cuenta de que una de las ventajas de estar en una relación con Harry, era el poder molestar a Weasley.
—Así es. Si son tan amables de acompañarnos… Es por aquí.
Harry y él los dirigieron hacia el ascensor que subía al estacionamiento. Llegaron ante las relucientes puertas metálicas y Harry permitió que Teddy oprimiera los botones. Esperaron en medio de un silencio incómodo que fue roto por Granger.
—Y… ¿cómo han estado? Se ven contentos, a pesar de todo.
Harry miró hacia otro lado, fingiendo demencia. Fue Draco quien respondió:
—Oh, estamos muy bien, gracias por preguntar. Especialmente yo, Granger. Estoy estrenando novio, un mago guapísimo que además es estrella de quidditch. Ya te imaginarás lo feliz que estoy… Empezamos nuestra relación justo anoche y fue... —Quería decir algo muchísimo más pornográfico sólo para molestarlos, pero para su mala suerte, Teddy estaba ahí presente, así que tuvo que dejarlo hasta ahí.
No obstante, arqueó las cejas en un gesto lascivo y soltó un suspiro de satisfacción que no dejaron lugar a dudas. Tal como lo imaginó, Harry se sonrojó mientras lo miraba a los ojos como si no pudiera creer que estuviera diciendo eso.
—Oh —fue lo que Granger dijo, comprendiendo al instante. También pareció enrojecer un poco y abrió mucho los ojos con sorpresa—. Oh. Pues… ¡Felicidades! Me alegro por ambos.
Ella miró hacia Harry como diciéndole "Tienes muchas explicaciones que darme, Harry Potter". Weasley, como siempre, tardó más en entender.
—¿Por ambos? —Miró a Harry y quizá la expresión elocuentemente culpable de éste terminó por explicarle—. Oh no, Harry, no. ¿Por qué? —gimió con angustia—. ¿Por qué él?
—Eh…
—Oh, en serio nos encanta estar aquí con ustedes —dijo de pronto Granger, tomando a su marido del brazo y alejándolo de Draco y de Harry. El ascensor abrió sus puertas en ese momento y todos entraron en él. De nuevo, fue Teddy quien apretó los botones requeridos—. Realmente necesitaba un par de días libres, así que Ron y yo hablamos de esto y decidimos aprovechar para venir a echarles una mano con la localización de este mago…
—Hermione, deja de hablar en plural —intervino Weasley con fastidio, pero su mujer lo ignoró.
—... porque además, creímos que venir en persona sería el modo más rápido y seguro de hacerles llegar el cuenco Ysbïwr.
—El cuenco… ¿Isbaier? —preguntó Harry con el ceño fruncido—. ¿Qué significa eso?
—No me preguntes a mí, compañero —respondió Weasley poniendo los ojos en blanco—. Desde anoche, Hermione no ha hecho otra cosa que investigar de eso y de hablarme al respecto hasta que me mareó y dejé de comprender las palabras que estaba diciendo. Te juro que soñé con cuencos mágicos vestidos con gabardina que espían gente.
Granger y Draco les dieron una mirada condescendiente a Harry y a Weasley. Draco sonrió y observó a Granger con admiración.
—Veo que hiciste tu tarea, Granger. Tengo que reconocerlo, no esperaba menos de ti.
Granger se esponjó como pavo real. Se echó el cabello para atrás al mismo tiempo que las puertas del ascensor se abrían y el pequeño grupo salía a un solitario y oscuro estacionamiento.
Se dirigieron hacia donde Harry había dejado la camioneta; sus pasos resonaban con fuerza en medio de aquel silencio. Draco y Granger iban al frente, caminando uno junto al otro porque Granger acababa de sacar un libro de aspecto antiguo de su bolso y estaba mostrándoselo a Draco. Harry y Weasley iban atrás tirando de las maletas y Teddy iba en medio de ellos dos.
Justo antes de que Granger y Weasley llegaran al aeropuerto, Draco le había comprado a Teddy una caja con una docena de donas y el niño estaba dándose un banquete con ellas en ese preciso momento.
—¿Me das una, Teddy? —masculló Weasley con la boca llena de saliva—. Ese es mucho pan dulce para ti solito. Déjame compartir la diabetes contigo.
—En cuanto miré el cuenco que me entregó tu secretaria, qué bruja tan agradable, por cierto —iba diciéndole Granger a Draco—, supe lo que era. Me fui directo a la biblioteca del Ministerio y saqué este libro prestado… Viene información bastante interesante que quizá pueda ayudarnos. De ninguna manera estoy insinuando que no sepas usar el cuenco, sólo creí que entre más supiéramos de él, mejor. Especialmente porque es… ya sabes… magia oscura.
Draco tomó el libro que Granger le ofrecía y leyó el título. Artefactos y reliquias celtas de la Britania Prerromana que han prevalecido hasta nuestros días. Sonrió mucho; no podía negar que esa manera tan maniática de ser de Hermione Granger le hacía mucha gracia. A él nunca le había dado por investigar acerca de los pormenores de su cuenco. Había sido herencia de su padre (quien era bien conocido por su afición a coleccionar artefactos de magia negra) y, como conocía bien el modo de hacerlo funcionar, no había sentido la necesidad de buscar información adicional.
—¿En dónde lo traes?
Granger sonrió mucho y señaló el mismo bolso de cuentas de donde había sacado el libro, el cual era tan pequeño que ni siquiera el libro mismo habría cabido en él. Draco arqueó una ceja.
—¿Encantamiento de extensión? —le preguntó.
—E indetectable, que es lo mejor —respondió ella muy orgullosa—. Ahora, déjame contarte: estuve buscando en el libro y aunque no encontré un cuenco exactamente idéntico al tuyo, sí leí acerca de…
Todo pasó en menos de un par de segundos. Draco, quien continuaba observando el bolso de cuentas de color lila que Granger traía colgado del hombro, de pronto notó un pequeño punto de luz de color rojo justo sobre el pecho de la bruja, exactamente a la altura de su corazón. Abrió mucho los ojos, dándose cuenta de inmediato de lo que eso significaba: no era un versado en la cultura muggle, pero sí había visto las películas suficientes como para recordar que esa luz era el preludio de…
—¡Cuidado! —gritó, al tiempo que tomaba a Granger de los hombros para empujarla hacia un lado—. ¡Harry, CUIDA A TEDDY! ¡Nos están a…!
No obstante, no alcanzó a empujarla. Algo le golpeó en la parte trasera del hombro izquierdo al tiempo que se escuchaba una detonación. El golpe fue tan duro que lo tiró encima de Granger y ambos cayeron hasta el suelo mugroso del estacionamiento. Ella gritó, se incorporó hasta quedar sentada y lo abrazó por alguna razón, sosteniéndolo.
Fue como si el tiempo se detuviera y Draco comenzara a ver y a escuchar en cámara lenta. Podía oír a Harry y a Weasley gritar cosas, pero no entendía palabra de lo que decían.
Granger, sin soltar a Draco, sacó su varita con rapidez asombrosa. Él mismo intentó moverse para sacar la suya y contraatacar a quien fuera que los estaba emboscando, pero entonces se dio cuenta de que sus brazos no le respondían. Y no sólo los brazos: sentía el cuerpo entero cada vez más débil y cansado. Comenzó a desvanecerse entre los brazos y las piernas abiertas de Granger, quien lo miraba con los ojos muy abiertos y un gesto de terror.
Draco no entendía qué le había pasado. ¿Lo habían hechizado y por eso no podía moverse?
Algo caliente y húmedo empezó a escurrirle por la espalda, como si le hubiesen echado encima una taza de té. Con esfuerzo, alzó la cabeza y vio a Granger, a Weasley y a Harry lanzando hechizos hacia alguien delante de ellos.
Weasley se arrojó hasta quedar a su lado y conjuró un escudo protector. Harry se veía furioso: tenía a Teddy oculto tras su espalda y, entre hechizo y hechizo, miraba hacia Draco con los ojos llenos de temor. Draco pudo darse cuenta de que aquellos tres habían convocado encantamientos de protección tan fuertes a su alrededor que las balas que les estaban tirando rebotaban o se desvanecían sin más.
Oh cielos, pensó. Balas. Eso es.
Un ardor insoportable comenzó a quemarle justo en el punto donde lo habían "golpeado". Fue cuando Draco ató cabos y se dio cuenta de que lo que había sucedido era que él había recibido un disparo que, aparentemente, había sido para Granger, aunque no entendía por qué.
—Joder —masculló al tiempo que terminaba de derrumbarse encima de ella. El mundo estaba volviéndose cada vez más oscuro y silencioso. El dolor era cada vez peor.
Entre brumas, Draco escuchó a Harry gritar su nombre. Eso lo hizo abrir los ojos y voltear hacia donde el moreno estaba de pie. Parecía que la batalla había terminado: ninguno de los tres estaban disparando hechizos ya, aunque todos se veían muy asustados. Harry dio un paso hacia donde estaba Draco y, justo en ese instante, Emil Enescu se materializó detrás de él.
Ante el inmenso horror de Draco, Enescu aferró a un indefenso Teddy, rodeándolo del cuello con un brazo y cubriéndole la boca con una de sus manos. El niño se retorció, pero no pudo escapar.
Draco quiso gritar y señalar hacia ahí, pero no podía hacerlo. Su cuerpo, sencillamente, no le respondía.
Enescu le dirigió a Draco una mirada llena de odio y burla, apretó a Teddy hasta arrancarle un grito sofocado de pánico y, justo cuando Harry y Weasley se giraban hacia él, se desapareció llevándose a Teddy consigo.
La caja de donas cayó sobre el piso del estacionamiento con un ruido sordo y, para Draco, todo se oscureció por más que luchó por evitarlo.
