Capítulo 27

Katherine salió de la habitación de su hija, aun no asimilaba que Inuyasha y Sesshomaru eran medios hermanos si esto era verdad, iba a suceder una tragedia si esos dos jóvenes se enfrentaran a duela, tenía que informarle a Irasue sobre esto, ya que ella podría evitar que Sesshomaru se enfrentara con su hermano.

Pero cuando entró a su habitación la vio vacía, así que salió de ahí y la buscó por todas partes pero no tuvo éxito, así que esperaría hasta mañana para hablar con ella.

Mientras tanto, Inuyasha llegaba a casa molestó por la forma en que había aceptado ese duelo, ya que estaba en juego la vida de su hermano y la de él mismo, pero si no hubiera aceptado, Sesshomaru iba a estar sobre de él siempre, iba a ser como una sombra entre Kagome y él.

Entró y se encontró con su mejor amigo Koga, quien tenía una sonrisa en los labios.

― ¿Qué haces aquí tan tarde? – preguntó al mismo tiempo que se iban al despacho para hablar con más tranquilidad

―Amigo – le dio una palmadita en el hombro – Mi casi hermano, quiero compartir algo contigo

― ¿Y qué es? – preguntó arqueando una ceja

―Me caso con Ayame

Inuyasha lo felicitó y le dio un abrazo, pues Koga había pasado por muchas pruebas para conseguir el permiso del padre de esa joven para cortejarla e incluso prometerse con él.

―Felicidades hermano

Pero Koga no era tonto y sabía que su mejor amigo tenía algo, pues sus ojos dorados lo decían todo.

―A ti te pasa alga – comentó él ― ¿Le pasó algo a Kagome?

―No – Inuyasha negó – Todo está bien entre ella y yo, hoy aclaramos todo y volvimos a confirmar que somos el uno para el otro. Pero mi hermano tuvo que estropear todo y me orilló a aceptar el duelo

― ¿Qué? – Koga abrió los ojos sorprendido – No debiste hacerlo Inuyasha, es tu hermano

―Lo sé, pero tampoco puedo elegir entre la mujer de mi vida y mi hermano

―No, pues si, tienes razón. Pero aunque no lo quieras reconocer, Sesshomaru es tu hermano y quieras o no es tu familia

Inuyasha frunció el cejo ¿Cómo hablaba de familia, cuando la madre su hermano lo había rechazado y le negó el derecho de un apellido?

―Una familia que me negó lo único que pedía en este mundo

―Pero aun puedes pelear por eso, dile a Sesshomaru la verdad, dile que eres su medio hermano

―No – Inuyasha respondió tajante – Él tiene que darse cuenta por sí mismo – suspiró, ya no quería hablar más de ese tema, así que prefirió concentrase en el duelo que se realizaría mañana a medianoche – Por cierto, vas a ser mi padrino en el duelo

― ¿Ah voy a serlo, no me lo vas a pedir?

Inuyasha esbozó una sonrisa

―No te lo estoy pidiendo, te lo estoy confirmando

Koga esbozó una media sonrisa y asintió – De acuerdo ¿Cuándo se realizara?

―Mañana a medianoche

Al día siguiente, Katherine fue de nuevo en busca de Irasue para informarle de lo que estaba a punto de pasar y esta vez tuvo éxito en su búsqueda, pues la mujer se estaba terminando de arreglar.

―Por fin te encuentro – dijo cerrando la puerta tras su espalda

― ¿Qué pasó?

―Algo terrible esta por pasar – se acercó a ella y la miró por el espejo – Sesshomaru e Inuyasha se enfrentaran a duela esta media noche

Irasue al escuchar esa noticia se llevó una mano al corazón y se dejó caer más en su asiento. Su único hijo se iba a enfrentar con su medio hermano, sin duda todo esto era culpa de las hermanas Higurashi que lo habían enamorado y ambas cambiaron por Inuyasha.

De pronto sus ojos se tornaron rojos y miró con odio a la progenitora de esas dos arpías.

―Todo esto es por culpa de Kikyo y Kagome – dijo mientras se levantaba de su lugar y se giraba para estar frente a frente con Katherine – Primero esa zorra de Kikyo, que ilusionó a mi hijo mientras se revolcaba a sus espaldas con ese infeliz. Después Kagome, que solo lo humilla cada vez que puede, no es ni santa ni pura como ella misma cree. Pero claro, todo se debe a la educación que les da la madre

Katherine no pudo soportar más tanta humillación y terminó por soltarle una cachetada a la mujer que estaba en frente de ella, una madre hacia todo por defender a sus hijos incluso de matar si se daba la oportunidad.

―No vuelvas hablar así de ellas y menos de Kikyo, ella está muerta como para poder defenderse. Te recuerdo que la única culpable de todo eres tú. Si en un principio hubieras reconocido a Inuyasha como hijo de tu marido, nada de esto habría pasado. Incluso puede que el destino de esos jóvenes hubiera sido distinto, así que la única que hay que culpar eres tú

La madre de Sesshomaru la vio sorprendida, ¿cómo era posible que estuviera enterada del secreto que tan celosamente guardaba?

― ¿Cómo sabes que ése bastardo es hijo de mi marido?

―No hace falta adivinar, tu gran odio hacía él, tus humillaciones constantes. Además la que terminó por confesármelo todo fue Kagome. Pero te recuerdo, si Sesshomaru muere, no culpes a mis hijas, cúlpate a ti misma – giró sobre sus talones dispuesta a marcharse de la habitación pero se detuvo cuando escuchó hablar a Irasue

―Quiero que en este instante se larguen de mi casa

Katherine giró sobre sus talones – No te preocupes por eso, de todos modos no pensaba permanecer más tiempo en un lugar donde mi familia y yo no somos bienvenidos – y sin decir nada se marchó dejando sola a Irasue

Irasue se paseó por toda la habitación hasta que Renkotsu entró.

― ¿Me mandó a llamar?

―Así es – ella asintió – Escucha con atención, a media noche mi hijo Sesshomaru e Inuyasha se van a enfrentar a duelo – avanzó hacia él – Tu deber es encargarte de que Inuyasha caiga muerto, debes hacer que mi hijo no falle en ese tiro

― ¿Pero si escuchan la detonación de otra arma?

―Nadie sabrá que fuiste tú si sales huyendo después de haberlo matado ¿Queda claro?

Renkotsu se pasó la lengua por los labios y esbozó una media sonrisa.

―Si señora, se hará como usted se diga

―Bien ahora retírate

La noche había caído, aunque su madre le había dicho que preparara sus cosas para irse de la casa de los Taisho, Kagome decidió visitar la tumba de su hermana, ya que no sabía cuándo volvería estar ahí.

Dejó una rosa blanca sobre la lápida de su hermana, habían pasado tantas cosas entre ellas el amor que sentían por el mismo hombre había hecho que el odio las separara, bueno, más bien el odio que sentía Kikyo hacia ella.

Alguien avanzó hacia ella con pasos sigilosos, Kagome sintió el aire frio sobre su piel desnuda y un escalofrió le recorrió toda la piel.

―Así te quería encontrar – dijo una voz familiar para ella – Sola

Kagome al escuchar esa voz, abrió los ojos como platos, se levantó del suelo, su corazón se aceleró al mil por hora, su respiración se agitó y un profundo miedo la invadió, al principio pensó que era una ilusión, que la figura de esa mujer era el espíritu de su hermana que un no había conseguido llegar a la luz, pero no, estaba equivocada pues ese "espíritu" respiraba muy bien.

―Tú…―dijo antes de que se le cortara la voz ―…No puedes ser tú…

Kikyo esbozó una media sonrisa, pues era obvio que su hermana esperaba ese tipo de reacción.

―No soy un espíritu hermana. Soy de carne hueso – avanzó hacía ella, miró la lápida y esbozó una sonrisa irónica apareció en sus labios – "Amada y querida esposa" por favor que ridículo

Kagome seguía sin poder decir ni una sola palabra, estaba tan conmocionada como para decir algo.

― ¿No vas a decir algo hermanita? – Preguntó Kikyo – Era obvio que no esperabas mi regreso tan pronto

―Kikyo – y de pronto la abrazó, todo porque le nacía hacerlo, estaba feliz de que su hermana estuviera viva sin duda era un milagro, las lágrimas comenzaban a brotar, pero era evidente que Kikyo tenía algo preparado y eso se veía en sus ojos – Nuestra madre va a estar feliz al saber que no estás muerta

Kikyo la tomó de los brazos con mucha fuerza – Oh y prefiero que lo siga creyendo, así para cuando acabe contigo nadie sepa quién es la responsable de tu muerte

― ¿Q―qué…?

―Solo voy a terminar lo que no nunca inicie…que es quitarte de mi camino, tú que eres como una piedra en mi camino – sacó un pañuelo y se lo colocó en la nariz, Kagome forcejaba pero sus intentos fueron inútiles y poco a poco se fue debilitando – No te preocupes, Inuyasha tendrá quien lo consuele tras tu muerte

Inuyasha y Koga habían acudido media hora antes del encuentro, él tenía pensado hablar con su hermano y hacerlo entrar en razón, pero cuando lo vio llegar y bajar de su caballo supo que no iba ser nada fácil.

―Aún estamos a tiempo de arrepentirnos – dijo su hermano acercándose a él y al juez que llevaba las pistolas en una caja de madera

― ¿Y dejar que me llamen cobarde? No – respondió tomando una pistola ― ¿No vas a tomar una?

Inuyasha de mala gana tomó la pistola que faltaba, para decidir quién iba a disparar primero, el juez sacó una moneda, Inuyasha eligió cruz y Sesshomaru cara, Inuyasha tenía tan buena suerte que le tocó disparar primero.

Se colocaron espalda con espalda y avanzaban un paso al mismo tiempo que el juez contaba, al finalizar el conteo giraron al mismo tiempo sobre sus talones.

Inuyasha era un experto con el arma donde ponía el ojo metía la bala, era lo que siempre le decía Koga, pero en esta ocasión deseaba no tener buen tiro, alzó la mano para apuntarle a su hermano con el arma, desvió un poco la pistola a su objetivo, cerró los ojos y disparó.

―Fallaste – dijo Sesshomaru haciendo lo mismo y apuntando la pistola hacia él – Yo no fallaré

Inuyasha volvió a cerrar los ojos, minutos antes de su encuentro le había dado una carta a Koga con instrucciones de dejársela a Kagome, por si algo pasaba. Escuchó el disparo y la bala pasó centímetro de su cabeza, incluso escuchó con la velocidad en la que iba la bala.

Era su turno de nuevo y para acabar con ese absurdo duelo, apuntó hacia el hombro derecho de su hermano y disparó.

Sesshomaru al sentir que la bala había rozado su hombro soltó la pistola y se llevó la mano al hombro. El juez se acercó a él para inspeccionar la herida al mismo tiempo que lo hacia Inuyasha.

―El duelo no puede seguir – dijo el juez al ver la herida de Sesshomaru – Se da por concluido el duelo

―Claro que si puedo – dijo Sesshomaru pasando la pistola a su otra mano

―Será mejor dejarlo así – comentó Inuyasha – No estás en condiciones

―Eres un maldito. Lo has hecho a propósito – Sesshomaru estaba molesto – Pero te juro que la próxima vez te mato

―No habrá próxima vez Sesshomaru – dijo Inuyasha – Porque no pienso aceptar otro duelo entre nosotros

Renkotsu estaba escondido tras unos arbustos, apuntando hacia su objetivo, pero bajó la pistola al ver que un jinete se acercaba hacia ellos, era el hermano de Kagome y Kikyo.

― ¿Qué haces aquí, Miroku? – preguntó Inuyasha

Miroku bajó del caballo y se acercó a ellos.

―Inuyasha tienes que venir conmigo – dijo preocupado

― ¿Qué pasó? – le preguntó sabía que algo malo había pasado y tenía que ver con Kagome – Kagome ha desaparecido

― ¿Qué? ¿Cómo?

―No lo sé – él se encogió de brazos – La última vez que la vieron había ido a la tumba de Kikyo y no regresó. Inuyasha debemos buscarla

Sesshomaru se había olvidado se su dolor y se unió a ellos.

― ¿Cuánto tiempo lleva desaparecida? – preguntó olvidándose de lo que había pasado minutos antes

―Media hora

―No puede estar lejos – comentó Inuyasha – La persona que se la pudo haber llevado probablemente la llevó a un lugar cercano, no sé puede arriesgar tanto. Nos dividiremos, Tú – señaló a Miroku – Iras con Koga, y yo la buscare por otro lado

Los hombres se subieron a sus caballos, Inuyasha arrancó a todo galope y fue seguido por su medio hermano.

― ¿Qué haces aquí? – le preguntó al verlo a su lado

―No voy a dejarte todo el mérito – respondió él – Además vas a necesitar ayuda y dudo que tú solo puedas

Inuyasha esbozó una media sonrisa y ambos cabalgaron en busca de Kagome.

Sin darse cuenta de que alguien los seguía.

Kagome comenzó abrir los ojos, estaba en una cabaña hecha cenizas, sentía que la cabeza le iba a explotar, vio a su captor o en ese caso a su captora, Kiko estaba frente a ella dándole la espalda, mientras miraba la luz de la luna.

―Kikyo…―dijo débilmente

―Veo que has despertado – giró sobre sus talones y se acercó a ella – Te aconsejo que vayas despidiéndote de todo hermana, porque a partir de esta noche lo volverás a ver la luz del otro día

― ¿Qué pretendes hacer?

―Matarte – respondió ella sin ninguna nota de pena – Y quedarme con Inuyasha

―No lo hagas – ella negó – Aun puedes ser feliz con Sesshomaru

―Pero no es a Sesshomaru a quien quiero. Es a Inuyasha, ese hombre que me arrebataste, ese hombre que fue mío en un principio

―Lo perdiste por tu ambición

―Pero estoy dispuesta a recuperarlo, claro que para eso tengo que matarte primero

Se apartó de ella y respiró la leña quemada.

―Qué ironía – dijo esbozando una media sonrisa – Se supone que esta iba ser mi tumba y ahora será la tuya

― ¿Cómo es que sobreviviste? Cuando nos avisaron de tu muerte habían dicho que encontraron solo tu anillo de bodas

―Sabía que alguien quería verme muerta, alguien me rescató, pero antes de eso me había quitado el anillo para hacerles creer que había muerta. ¿Y adivina quien quería muerte? – Preguntó y Kagome negó – La misma mujer que abandonó a Inuyasha a su suerte…Irasue Taisho, creo que ella será mi próxima víctima una vez que termine contigo

― ¿Qué piensas hacer con Inuyasha y Sesshomaru?

―Con Sesshomaru nada, porque Inuyasha lo matara por mí en ese duelo, y una vez que lo haya hecho pienso recuperar su amor

―Pero él no te ama, me ama a mí

―Si te amara tanto como tú dices estaría aquí – soltó una carcajada – Pero no está, nadie esta Kagome – sacó una pistola y la apuntó hacia su hermana – Nadie vino a salvarte hoy. Tu vida está en mis manos y no pienso salvarte…despídete

Kagome cerró con fuerza los ojos, así era como iba a terminar, asesinada por su hermana y sin volver a ver al hombre que amaba.

―Kikyo suelta esa arma!

De pronto se escuchó la voz de un hombre, Kagome abrió los ojos y ahí estaba el amor de su vida y a lado de él su hermano.

Kikyo se dio la vuelta y cuando los vio retrocedió unos pasos hasta estar al lado de su hermana.

―Vaya, vaya, vaya. Miren lo que tenemos aquí, si son ni nada más ni nada menos que dueto de T…

―Cállate – ordenó Inuyasha pues sabía a donde quería llegar

―¿Cómo es que estas viva? – preguntó Sesshomaru al verla

―Es solo suerte cariño – ella le guiñó un ojo ― ¿Así que no se mataron entre ustedes dos? ¡Que habrían sentido si ambos hubieran matado a su hermano?

―Kikyo ya basta – volvió a decir Inuyasha al mismo tiempo que bajaba del caballo

―¿Cómo qué hermano? – preguntó Sesshomaru confundido

―Ah veo que eres el único que no se ha enterado – comentó Kikyo, pues sabía que la verdad iba a salir de su boca y quería disfrutar del momento – Amor hay muchas cosas que te siguen ocultando…¿Sabes que tienes un hermano ilegitimo? – Lo vio arquear una ceja y Kikyo asintió – Así es, tu madre te lo ha estado ocultando durante toda tu vida ¿Y adivina quién es? – Kiko vio que Inuyasha se acercaba y para detenerlo apuntó hacia la cabeza de Kagome – SI das un paso más juro que la mato

―Es tu hermana – dijo Inuyasha

―¿Tú habrías matado a tu hermano? – Miró a ambos hombres, Sesshomaru parecía estar entendiéndolo todo – Cariño, tu medio hermano es el hombre que está a lado tuyo, el mismo hombre al que retaste a duelo y el mismo hombre que te quitó el amor de dos mujeres…Inuyasha, el demonio blanco

―¿Qué? – estaba aún más que sorprendido, volteó a ver a Inuyasha ― ¿Es verdad lo que dice ella?

Inuyasha no tenía que seguir ocultando más la verdad, así que asintió.

―Si, por primera vez ella dice la verdad

―¡Y por qué demonios no me lo habías dicho! – Dijo molesto – No, no, me niego aceptarlo

―Aunque no quieras aceptarlo. Tú y yo llevamos la misma sangre

―Ah que hermoso es el rencuentro entre hermanos – comentó Kikyo esbozando una sonrisa – Lastima que se tenga que ver empañado por la muerte de Kagome

―Kikyo déjala ir – dijo Inuyasha al ver a la mujer que ama

―No – ella negó – Debe morir, ella se metió entre tú y yo su castigo es la muerte

―No Kikyo – respondió Inuyasha – Kagome no es culpable de nada. Yo te amaba pero me dejaste por Sesshomaru, era verdad que en un principio busque venganza y cuando se presentó la oportunidad de casarme con Kagome supe que ese sería la mejor forma de vengarme de ti, pero entonces ocurrió, me enamoré de ella como un loco, la amo

―Mientes, me sigues amando…¿Acaso se te olvida las noches que me tomaste entre tus brazos después de que me casé con tu hermano?

―Eso no es verdad – dijo él, se volteó a ver a su hermano – Te juro que después de que te casaste con ella jamás la toque

Sesshomaru estaba pasando por varias etapas, confusión, negación, odio, resentimiento, su madre le había negado el derecho de tener a su hermano, ella había sido la culpable de que esas cuatro vidas se cruzaran de manera violenta, no tendrían que pasar por esto si en un principio ella hubiera reconocido a Inuyasha. Probablemente Kikyo lo hubiese amado, mientras que Inuyasha y Kagome serían igual de felices que ellos.

Inuyasha se sorprendió al verlo asentir.

―Por primera vez estoy comenzando a creerte – volteó a ver a su todavía esposa – Sera mejor que guardes esa arma y dejes en libertad a Kagome, te prometo que las cosas serán diferentes a partir de este momento, seguiremos como si nada hubiese pasado, comenzaremos desde cero – cada palabra que daba aprovechaba para acercarse a ella, extendió su mano hacia Kikyo – Seré el esposo que siempre habías deseado

Kikyo se sentía bochornosa y mejor salió huyendo de ahí, pero Sesshomaru fue tras ella. Kikyo se había introducido hacia el bosque y Sesshomaru la detuvo.

―¿Qué pasa, Kikyo? – le preguntó Sesshomaru acariciándole el antebrazo ― ¿Por qué sales huyendo de esa manera? ¿No te gustaron mis palabras?

Kikyo cerró los ojos y comenzó a llorar, era la primera vez que lo escuchaba hablar como hombre, giró sobre sus talones y lo vio, y si, su apariencia había cambiado, se veía como todo un hombre, como el tipo que ella siempre había soñado, se parecía a su hermano.

―¿Cómo puedes hablarme así después de lo que te he hecho? – Preguntó ella –No merezco tu perdón, ni el de mi familia, ni el de Inuyasha y mucho menos el de mi hermana. Les he causado tanto daño y más a ti

Sesshomaru tomó las manos de Kikyo y las besó –Todos merecemos una segunda oportunidad y tú y yo nos la debemos

Kiko esbozó una débil sonrisa y Sesshomaru aprovechó para tomarla de la cintura y besarla, el beso había sido potente y posesivo que incluso había dejado a Kikyo sin aliento.

―¿Entonces? – dijo Sesshomaru interrumpiendo el beso ― ¿Qué dices?

Kikyo miró más allá y vio a un hombre apuntando en dirección a ellos, en dirección hacia Sesshomaru.

―Cuidado!

Se escuchó un disparo y todo lo demás había quedado en silencio, las palabras pronunciadas se las había llevado el viento….