Personajes de Naoko Takeuchi.
Cuando abrí los ojos, mi cabeza todavía seguía recargada en el pecho de Seiya. Apenas me había movido en toda la noche e increíblemente me sentía muy descansada. Miré el reloj en la pared y me di cuenta de que eran casi las once de la mañana, ¿habíamos dormido tanto tiempo? Ni siquiera me había dado cuenta. Sentí una punzada en la panza y llevé mi mano hasta mi vientre.
-Buenos días, dormilona.-dijo Seiya en voz baja.
-¿Yo?-respondí.- Tú también sigues aquí.
-Había despertado hace rato, pero dormías tan plácidamente que no me atreví a despertarte. Así que volví a dormir.
Levanté la cabeza y mi mirada se encontró con la suya. Seiya sonreía y me sonrojé sin darme cuenta. Él me ayudó a recargarme en la cabecera y nos quedamos en silencio durante algunos minutos. Ambos sentados en la cama sin decir nada, aunque pude notar su mirada sobre mí.
-Creo que tenemos que hablar.-dijo él finalmente.- Sobre ayer…
-Yo… no…
Pero no pude terminar de hablar porque él tomó mi rostro entre sus manos y me obligó a mirarlo antes de plantar sus labios sobre los míos. Cuando nos separamos, él sonrió y me soltó.
-Lo siento.-dijo.- No pude evitarlo. Y bueno… yo… quiero saber por qué te pusiste celosa.
-No me puse celosa.-respondí cruzándome de brazos.
-¿Y qué fue todo eso?-dijo él acercándose un poco más a mí.
-No sé de qué hablas…
Podía sentir el cuerpo de Seiya junto al mío. El calor que emanaba de él me hacía sentir inquieta y sentí cómo el corazón comenzaba a latirme rápidamente. Él pasó una de sus manos por mi cabello y lo acarició con lentitud. Pude sentir su respiración en mi cuello e intenté alejarme, pero no logré moverme demasiado.
-Mira…-dije tratando de distraerme.- No sé qué fue lo que me sucedió ayer… quizá… quizá solo fue el embarazo.
-¿Le vas a echar la culpa al embarazo?-dijo él riendo.
Lo miré y cuando nuestros ojos se encontraron de pronto todos los recuerdos del pasado vinieron a mí. Recordé la primera vez que lo vi, el día que llegué al restaurante a pedir trabajo. Pude recordar perfectamente cómo me sentí asombrada por lo guapo que me parecía, pero también el miedo que sentía de estar cerca de él. Recordé cómo con el tiempo comencé a admirarlo por todo lo que sabía y por todo lo que era capaz de hacer, y fue en ese momento que soñé por primera vez en convertirme en chef. Gracias a él, gracias a su trabajo y a lo que me inspiraba.
Recordé la primera vez que tuve que cocinar junto a él, el equipo que hicimos y cómo me abrazó. Recordé sus lecciones, su compañía y cómo poco a poco terminé enamorada de él. Recordé cuando me llevó al cine por primera vez, cómo me dejó dormir en su cama cuando no tenía a donde ir. Recordé cuando nos besamos por primera vez, cuando hicimos el amor por primera vez… También había sido mi primera vez en la vida. Sin darme cuenta, algunas lágrimas resbalaron por mis mejillas mientras nos mirábamos a los ojos en silencio.
-Serena…-dijo él limpiándome las lágrimas con su mano.- ¿Qué sucede? Dije algo o…
-No.-lo interrumpí.- No es nada, es solo que… no sé… de pronto, al mirarte a los ojos yo… recordé muchísimas cosas. Es una tontería pero… de pronto recordé todos los momentos lindos que pasamos juntos en el pasado y me dieron ganas de llorar…
Él sonrió y tomó mis manos entre las suyas.
-La pasamos muy bien, ¿no? Aunque… la verdad, sigo sintiéndome mal por haberte tratado mal antes. Yo… no me di cuenta de lo increíble que eras hasta tiempo después.
-Bueno, eso ya quedó en el pasado, y ya habíamos hablado al respecto.-respondí.- Creo que solo necesitabas conocerme para cambiar de opinión.
-Sin duda alguna solo necesitaba conocerte más para darme cuenta de que eres lo mejor que existe en este mundo.-me dijo apretando mis manos.
Mis mejillas se sonrojaron y desvié la mirada.
-Oye…-dijo rompiendo el silencio.- Yo… no quiero presionarte, ni nada de eso. Solo quiero que sepas lo que siento. No quiero quedarme callado, no quiero reprimir nada. Me encantó dormir contigo… me encantó tenerte entre mis brazos toda la noche y poderte sentir tan cerca.
Lo miré y sonreí.
-Creo que… yo también dormí bien.
-¿Sabes qué haría este día mejor?-dijo él.- Un buen desayuno, y sé que debes tener mucha hambre.
-Me leíste la mente.-respondí.
Seiya y yo preparamos el desayuno juntos en la cocina. Después de un largo rato de comer y platicar, nos despedimos y cada quien siguió con sus cosas. Decidí que ese día me quedaría a descansar en casa y así fue. Me pasé el día viendo películas y comiendo.
Algunos días después, me dirigí a mi sesión con Yuriko. Nos saludamos cordialmente y me invitó a tomar asiento. Le relaté lo que había sucedido en las últimas semanas, sobre todo lo que había pasado en el cumpleaños de Seiya. Ella me observaba en silencio mientras yo hablaba y cuando terminé de hablar, sonrió.
-Me parece que esto es un gran avance.-dijo Yuriko sin dejar de mirarme.- Parece que estás dejando salir tus verdaderos sentimientos.
-¿Verdaderos sentimientos?-dije confundida.
-Así es.-respondió.- Durante la sesión pasada llegamos a la conclusión de que es evidente que tienes fuertes sentimientos por Seiya, pero ahora puedo decir con toda seguridad que esos sentimientos siempre han estado ahí, nunca se fueron. Seiya es una persona a la cual siempre has admirado, incluso mucho antes de conocerlo o siquiera hablar con él. Fue tu primer amor, la persona que te enseñó lo que realmente significaba el amor. No creo que hayas dejado de quererlo en ningún momento.
-Pero… ¿Y Darien?-dije yo.- Yo me enamoré de Darien, profundamente.
-Eso también es cierto. Lo que hay que entender aquí es que te enamoraste de ambos. De diferente manera, por supuesto. Y un amor no tiene por qué eliminar el otro.
-¿Se puede amar a dos personas?-dije confundida.
-El amor se manifiesta de muchas maneras, Serena, y sí, es posible amar a dos personas. Pero como te digo, el amor que sientes por Seiya sin duda es muy diferente al que sentías por Darien. El amor de Darien fue mucho más maduro, y llegó a tu vida en un momento sumamente difícil. Darien te impulsó a crecer, a ser mejor, a valerte por ti misma y a alcanzar todo lo que querías y necesitabas. Seiya, por otro lado, va por el mismo camino que tú. Ambos van aprendiendo juntos, el uno no puede avanzar sin el otro. Y eso también es algo muy importante.
-Ya veo…-respondí después de meditar esas palabras.- Yo quiero a Seiya… mucho. Y ahora entiendo que quizá… junto a él voy a seguir creciendo. También entiendo que Darien fue y será el gran amor de mi vida. Estoy segura de que no podría estar con Seiya si no hubiera aprendido todo lo que aprendí de Darien.
-Exacto.-dijo Yuriko.- Y Darien así lo hubiera querido. Incluso te lo dejó escrito en una carta hermosa.
Platicamos durante un largo rato más y al terminar la sesión, me despedí de ella. A decir verdad, me sentía mucho más tranquila ahora. Podía darme cuenta de que la culpa por estar cerca de Seiya comenzaba a desaparecer. Pensé en Darien durante todo el camino de regreso al departamento. Sentía un enorme nudo en la garganta, pues lo extrañaba demasiado.
Al entrar al departamento miré todo a mi alrededor. Todo estaba exactamente igual que cuando Darien aun estaba aquí. Todo me recordaba a él, pero luego me di cuenta de que no importaba si los muebles o las decoraciones eran las mismas o nuevas, pues de cualquier forma yo lo recordaría cada día. Los meses habían pasado demasiado rápido y al mismo tiempo con lentitud.
Caminé hasta el cuarto y abrí el closet. Todas las cosas de Darien seguían ahí, intactas. Toqué su ropa con cuidado y sentí las telas y las texturas. Pude imaginarlo perfectamente con cada una de esas prendas, pues yo misma las había elegido para él. Comencé a sacar todo y a dejarlo sobre la cama con cuidado. Ni siquiera me di cuenta cuando comencé a llorar.
No supe exactamente cuánto tiempo duré guardando sus cosas en cajas. El tiempo pasaba tan lento que ni siquiera me di cuenta cuando oscureció. Amy llegó al departamento pasadas las 8 de la noche. Me ayudó a llevar las cajas al portero, quien se encargaría de ellas, y regresamos al departamento. Amy me abrazó fuertemente durante mucho tiempo. Mientras nos encontrábamos en la cama abrazadas, me dejé llevar por el llanto y sin darnos cuenta nos quedamos dormidas.
A la mañana siguiente, cuando abrí los ojos me sentía inexplicablemente más ligera. Parecía que me hubieran quitado un enorme peso de los hombros. Amy y yo fuimos a desayunar y luego ella tuvo que irse al hospital.
El tiempo pasaba con rapidez, o eso me parecía a mí. Serena y yo no habíamos llegado a ningún acuerdo, tampoco habíamos hablado sobre nosotros y yo no quería presionarla. Su embarazo era cada vez más notorio y ella se cansaba cada vez más. A pesar de todo, pasábamos demasiado tiempo juntos. Era como un acuerdo silencioso entre los dos. Yo la visitaba, ella me visitaba a mí. A veces nos quedábamos dormidos juntos, a veces salíamos a caminar. El bebé crecía rápidamente y yo me sentía cada vez más ansioso al respecto.
Entre más pasaban los días, más sentía la necesidad de estar con ella. No quería parecer desesperado, pero cuando no estaba a su lado me sentía vacío. No dejaba de pensar en ella o en el bebé que llevaba dentro, yo mismo creía que era algo muy ridículo de mi parte.
Ese día decidí recoger a Serena en su restaurante. La doctora había dicho que ya no debía moverse tanto y mucho menos ir a trabajar, pero Serena insistía en ir al restaurante. Tenía prohibido manejar, por lo que yo procuraba llevarla y recogerla cuando me era posible. Cuando llegué al restaurante, Serena se encontraba charlando con Hiromi, la capitana de meseros. Cuando me vio, se despidió de ella y comenzó a caminar hasta el auto. Sin embargo, noté que Serena se tambaleaba un poco y se detenía de pronto. La vi tocarse la panza con desesperación y me di cuenta de que algo estaba mal.
Salí rápidamente del auto y corrí hasta ella. La tomé por los hombros y ella me miró con lágrimas en los ojos.
-Creo que llegó el momento.-logró decir.
En ese momento todo desapareció a mi alrededor. Ayudé a Serena a meterse al auto y mientras me dirigía al hospital, le llamé a Amy y Taiki para que prepararan todo. Serena no dejaba de quejarse y de llorar. Yo trataba de calmarla, pero los dos estábamos demasiado asustados.
-Seiya… me duele… tengo miedo… tengo mucho miedo…
-Yo estoy contigo.-dije tomando su mano.- Todo saldrá bien.
Cuando llegamos al hospital, Amy y Taiki ya nos estaban esperando. Subieron a Serena a una camilla y se la llevaron. Amy iba con ella y yo sentí un nudo en el estómago.
-Seiya… ¡Seiya!-gritó Serena.- No me dejes… no me dejes…
Amy me miró preocupada y luego habló con la doctora. Después me pidió que fuera con ellas.
-La doctora nos dio permiso para que estés con ella.-me dijo Amy.- No podemos estar todos dentro, yo me quedaré afuera con Taiki.
-Pero…
-Anda.-dijo sonriendo.- Serena no quiere que la dejes sola.
Me hicieron ponerme el atuendo adecuado para entrar al quirófano y mientras tanto las enfermeras preparaban a Serena. Me pidieron que me quedara junto a ella y Serena tomó mi mano fuertemente.
-El bebé ya comenzó a asomarse.-dijo la doctora.- Comencemos de una vez.
Los siguientes 37 minutos fueron eternos. Serena gritaba, pujaba y me apretaba la mano. Yo no podía hacer absolutamente nada más que sostener su mano y decirle que todo iba a salir bien. Me sentía igual o más asustado que ella porque no lograba comprender lo que estaba sucediendo.
De pronto todo a mi alrededor se paralizó cuando escuché su llanto por primera vez. La doctora sostenía al bebé entre sus brazos y Serena se encontraba exhausta. El bebé lloraba desesperadamente y yo me quedé petrificado durante algunos instantes. Una enfermera tomó al bebé y se lo llevó para poder limpiarlo. Al cabo de un rato, la enfermera regresó y le entregó el bebé a Serena.
Serena lo miró e inmediatamente comenzó a llorar. Lo sostuvo entre sus brazos con muchísimo cuidado y no dejaba de sonreír. Nunca había visto esa sonrisa en ella, ni tampoco esa mirada. De pronto me pareció que era lo más hermoso que había visto en mi vida. La imagen de Serena sosteniendo a su bebé y mirándolo con tanto amor me derretía el alma.
-Es él.-dijo Serena.- Está aquí conmigo.
Ella me miró y no dejaba de llorar ni de sonreír.
-Es mi bebé…
-Lo es.-dije sonriendo.- Es tu bebé…
-Gracias.-me dijo.- Gracias por estar conmigo…
Le di un beso en la frente y ella sonrió. Regresó su vista al bebé. No podía dejar de mirarlo ni de acariciar su pequeña cabeza.
No lograba encontrar las palabras exactas para describir lo que sentía en ese momento. La emoción y la felicidad me invadían. Apenas podía creer que estaba sosteniendo a mi bebé entre mis brazos. Era tan pequeño, tan frágil, tan perfecto… era todo lo que siempre había imaginado. Mi corazón latía rápidamente y sentía que todo daba vueltas a mi alrededor.
-Darien…-dije acariciando su pequeña cabeza.- Ese es tu nombre.-susurré.
Miré a Seiya y noté que un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas. No hubiera podido hacerlo sin él, no hubiera podido hacerlo sola.
-Parece que le gustó su nombre.-dijo Seiya.
Tomé su mano con cuidado y la acerqué hasta el pequeño Darien. El bebé tomó uno de sus dedos instintivamente y lo apretó. Seiya parecía sorprendido e incrédulo ante lo que veía. La enfermera me indicó que me despidiera del bebé, ya que ambos teníamos que descansar y le di un beso en la frente.
No recuerdo muy bien lo que pasó después, pero sé que también tuve que despedirme de Seiya. Tampoco supe cuántas horas pasaron, pero cuando abrí los ojos me encontraba en una habitación del hospital. Tardé unos momentos en acostumbrarme a la luz y me di cuenta de que no me encontraba sola. Noté que Seiya se encontraba cerca de la ventana de pie, y también noté que tenía entre sus brazos al pequeño Darien. Me quedé en silencio durante un rato mirándolos. Seiya hacía ruidos extraños mientras lo miraba y sonreí con dificultad.
-Serena.-dijo Seiya de pronto.- Despertaste.
Él se acercó a mí y me dejó cargar al bebé. Sonreí inmediatamente en cuanto lo tuve en mis brazos. Era tan pequeño que no podía con la ternura que me provocaba. Seiya se sentó en el sillón junto a la cama y me miró.
-Lo trajeron hace rato.-dijo rompiendo el silencio.- dijo la doctora que todo está muy bien. Mide 55 centímetros y pesa 3 kilos. Un niño bastante sano. Tú has estado durmiendo desde ayer.
-¿Desde ayer?-dije sorprendida.
-Sí, pero dijo la doctora que estás muy bien. Llamaré a la enfermera para que te traiga algo de comer.
Seiya salió de la habitación y entró Amy. Saludó al bebé y luego a mí. Platicamos durante un rato y luego también llegaron Lita y Mina. Todas estaban emocionados por conocer al pequeño Darien. Se peleaban por él, lo cargaban, le tomaban fotos y reían con él. La enfermera me trajo comida y traté de comer lo que pude.
-Seiya debe de estar muy cansado.-dijo Amy.- No durmió en toda la noche.
-¿Por qué?-pregunté confundida.
-Se quedó justo aquí desde que llegaron al hospital.
-Pero… ¿no regresó a su casa?
-No.-dijo Mina.- No se ha separado de ti desde ayer.-sonrió.
-Le dije que fuera a comer algo y dormir, que nosotras nos quedaríamos contigo todo el día.-dijo Amy.- Aunque no creo que me haga mucho caso.
Los siguientes días fueron muy extraños. Tanto el bebé como yo nos estábamos conociendo. Él dormía mucho, yo casi no podía dormir. Salí del hospital tres días después de que Darien nació. Seiya insistió en quedarse conmigo durante esos días. Las chicas me visitaron todos los días y me regalaron muchas cosas. Seiya me llevó al departamento y me ayudó a dormir al bebé. Yo me di un baño y me recosté un momento. Ni siquiera me di cuenta cuando me quedé profundamente dormida.
Los días pasaban y Seiya no se despegaba ni de mi lado ni del pequeño Darien. Entre los dos aprendíamos mucho sobre él. Aprendimos que necesitaba comer cada tres horas, que dormía mucho, que mientras tuviera la panza llena no causaba problemas. Ninguno de los dos logró dormir bien durante ese tiempo. Yo le pedía a Seiya que se fuera a su casa, pero parecía no querer despegarse de él. Las chicas venían a visitarme y me ayudaban con el bebé. Cuando ellas estaban aquí, Seiya aprovechaba para ir a su departamento y a los restaurantes. Yo no entendía por qué él no se iba de mi lado, pero era una gran ayuda y era reconfortante.
El bebé me recordaba muchísimo a Darien. Tenía sus mismos ojos y cuando su pequeña mirada se encontraba con la mía, era como mirar los ojos de su padre. Cuando nadie me veía lloraba en silencio. Me hubiera gustado disfrutar de esto con él. Sabía perfectamente que Darien hubiera sido muy feliz de cargar a este niño.
Las semanas pasaban y el bebé parecía crecer rápidamente. Seiya era de gran ayuda y parecía no querer despegarse del niño. Yo no podía ignorar que verlo con el bebé me hacía sentir mucha calma y tranquilidad. Cuando él estaba cerca, no me sentía para nada sola. Conforme iba pasando el tiempo, tuve que pedirle a Seiya que no se preocupara tanto. Tenía que aprender a estar sola con mi bebé y no podía arrebatarle su vida a Seiya. Él no pareció estar muy de acuerdo, pero accedió. A pesar de eso, venía casi todos los días a verlo.
El amor que sentía por el bebé parecía no tener fin. Me hacía increíblemente feliz tenerlo entre mis brazos, darle de comer o dormirlo. Cada minuto con él era un momento sumamente preciado para mí. Cada vez que lo miraba sentía ganas de estar con él para siempre. No podía creer que sintiera tanto amor por una criatura tan pequeña.
Cuando el pequeño Darien cumplió tres meses, Seiya llegó al departamento con un regalo. Tomó al bebé entre sus brazos y lo ayudó a dormir. Lo acostó en la cuna y luego se dirigió a la cocina para preparar algo de cenar. Yo me dediqué a observarlo en silencio y él no dejaba de mirarme mientras cocinaba.
-¿Por qué me miras tanto?-le dije rompiendo el silencio.- ¿Hay algo que quieras decirme?
-De hecho sí.-sonrió.- Qué bueno que lo mencionas.
-¿Ah sí? Pues dime…
Dejó de hacer lo que estaba haciendo y se acercó a la barra desayunadora. Se recargó y me miró directo a los ojos.
-Serena… yo… quiero formar una familia contigo.
Me quedé totalmente sorprendida por lo que escuchaba. Lo miré en silencio y no podía dejar de darle vueltas a lo que acababa de decirme. Después de un largo rato logré abrir la boca.
-Pero… Seiya…
-No tienes que decidirlo ahora si no quieres.-siguió diciendo.- Pero quiero que sepas que quiero estar contigo, y que quiero formar una familia.
-¿No te importa que el pequeño Darien no sea tu hijo?-dije sin pensarlo.
Seiya sonrió y me acarició la mejilla.
-No me importa en lo absoluto.
Sentí cómo me sonrojaba y sonreí.
-Yo… tengo que pensarlo.-respondí.- Es pronto y…
No pude terminar de hablar porque Seiya tomó mi rostro entre sus manos y me besó. Cuando nos separamos, él seguía sonriendo.
-Eso es suficiente para mí.
-Eres un tonto.
Seiya no pudo responder porque en ese momento se escuchó el llanto del bebé. Sonrió, me dio un beso en la mejilla y corrió a la habitación del bebé. Suspiré profundamente y cerré los ojos durante un rato. ¿Una familia con Seiya? No estaba segura, todo era muy confuso y al mismo tiempo también sonaba como algo bueno. ¿Me atrevería a aceptar algo así? ¿Realmente estaba preparada para eso?
Era algo que no podía responder todavía, pero sin duda mi corazón latía con fuerza cada vez que pensaba en Seiya Kou.
¡Hola! Ya estamos a tan solo dos capítulos del gran final. Muchas gracias por seguir leyendo.
