Disclaimer: NADA EN ESTA HISTORIA ME PERTENECE. La trama es de Jaid Black, yo solo la estoy adaptando con algunos personajes de la saga de STEPHENIE MEYER.


La nueva ropa de la emperatriz

Capítulo 19

"¡Olvídalo!" Anunció Bella arrastrando las palabras. "¡Yo no voy a ninguna parte contigo, idiota!"

Edward intentó controlar su temperamento mientras que su nee' ka lo desafiaba una y otra vez, ni menos que ante una cámara llena de gente. "Bella", gruñó, un músculo de su mejilla temblaba, "Hablaremos de nuestros problemas en casa. Ahora vendrás conmigo para que no haya derramamiento de sangre".

"No". Bella cruzó sus brazos debajo de sus senos y movió las cejas desafiándolo. "Death, aquí presente dice que yo me puedo quedar con él". Ella le dio unas palmaditas al enorme hombre suavemente encima de su brillosa cabeza, un acto que provocó un gruñido de aprobación del gigante de dos metros y medio. "Él es bueeennoo" dijo arrastrando la palabra "…para mí. A él le preocupan mis… eh…"

"Sentimientos", le suplió Death.

"Así es", anunció Bella, con la barbilla en un ángulo obstinado. "A él le importan mis sentimientos". Durante una serie de hipo, ella estudió el maldito tic en la mandíbula de su esposo, notó el tamaño lúgubre de sus fosas nasales dilatadas, pero decidió que no le importaba. "Death jamás me enviaría a la cama de otro hombre".

Edward se ruborizó ante los sonidos de Jake, Gio y Mik que jadearon ofendidos. "Ella habla de ser calmada", oyó a Kil murmurar como explicación.

"Bella", dijo Edward entre dientes, dejando pausas entre las palabras de manera uniforme, "Te doy un minuto para que vengas a mí, de lo contrario iré a ti". Sacudió la cabeza y sonrió sin humor. "No será lindo si te tengo que llevar, eso lo puedo asegurar".

Glok y Hod sacaron alguna clase de armas, del tipo que Bella nunca había visto. Eran largas, negras y pulcras, y tenían un vibrante color fosforescente que las recorrían. "Bonnita", anunció ella, mientras pasaba sus dedos sobre el cañón del arma de Glok.

Los guerreros tomaron represalias de inmediato, sacándoles sus armas a los hombres que ayudaban a Bella. Kil apuntó su vista directamente a la calavera en la frente de Death. "Si te preocupas por tu amigo, Bella", murmuró él, "Evitaras que él muera esta salida de la luna".

Ese anuncio le dio a Bella un escalofrío que le corrió por la columna vertebral, y la puso un poco sobria. Ella no sabía qué hacer. Estaba borracha, emocional y sabia poco más del hecho de que no quería acercarse a la prisión del palacio. "¡No puedo vivir contigo, Edward!" gritó ella, con esperanza de desviar la atención de Kil sobre Death. "Déjame en paz. Vete. ¿Me oyes?" Chilló ella. "¡Vete!"

Edward la escucho muy claro. Sintió que cada palabra traspasaba sus corazones. Sus rasgos permanecían impasibles, pero como un animal malherido, hizo un pequeño sonido agonizante desde el fondo de su garganta.

"Tu nee' ka está borrachina", le recordó Kil en voz baja, su arma aun apuntando a Death. "No escuches sus palabras, hermano".

"¡No dejes que estos hombres te asusten!" gruñó un forajido al lado de Hod, mientras apuntaba su zykif a Kil. "Los superamos en número".

Más rápido de lo que Bella pensó era posible, Kil sacó una segunda arma de sus pantalones de cuero y sin siquiera quitar sus ojos de Death, la mandó dando vueltas al otro lado de la cámara hasta que dio en su blanco. El fugitivo soltó su arma y agarró su cuello, muerto antes de caer en el suelo.

La mano de Bella se disparó a su garganta mientras jadeaba. Ella no lo podía creer. Estaba demasiado aturdida para creerlo. Un hombre había muerto por ayudarla.

Bella miró a la cara al gigante que se había hecho su amigo, el mismo hombre que la apartó del peligro y la quiso por quién era, y supo que ella no podía hacer nada para poner en peligro su vida. Alzando la palma de una mano, ella se rindió, las lágrimas corrían por sus mejillas. "Tú ganas, ¡maldito seas! ¡Como siempre! ¡Iré contigo!"

"¿Estás segura pequeña baya de fuego?" preguntó Death con calma, no dispuesto a dejar que Bella se fuera sin pelear salvo que fuera su propia decisión.

"No", gruñó Edward con los dientes apretados, "llames a mi nee' ka con ese nombre".

Death no le prestó atención al Gran Rey. Toda su atención estaba en Bella.

"Estoy segura", le dijo Bella en voz baja. "Por favor ponme en el piso. Yo no pagaría tu cariño de esta manera". Ella le hizo un gesto a los guerreros, enfatizando lo que dijo.

"Nosotros pelearemos porque usted, si lo deseas", dijo Hod. "No se vaya si es sólo por pensar en nosotros".

"Sí", secundó Glok.

"No". Bella negó con la cabeza. Primero dándole un vistazo a Edward y luego a Kil, se dio cuenta quiénes serían los ganadores de esta escaramuza, pese el número a favor del equipo contrario. Encontrando primero la mirada de su esposo y luego la de su cuñado, ella dijo en un siseo, "Ambos son despiadados".

Edward se estremeció por dentro, pero no hizo ningún movimiento para corregirla. En cuanto incumbía a Bella, él era despiadado. Observó con sombría satisfacción cómo ella se deslizaba del hombro de Death y se ponía de pie.

Bella marchó estoicamente hasta el otro lado de la cantina, sin detenerse para hablar con ninguno de los guerreros hasta que se dio cuenta de Jake. Ella se quedó boquiabierta de sorpresa de verlo a él ahí. Sin creerlo, contuvo el aliento.

"Su Majestad", comenzó a decir Jake, evidentemente disgustado por pensar que la había traicionado.

Bella alzó la palma de la mano. "¿Qué recibiste por esto?"

La mirada de Jake cayó al piso de la cantina. "Su Majestad por favor", murmuró él.

"¿Qué...", gritó, "…recibiste?"

"Cinco Kefas y dos sirvientas obligadas".

Bella se enjugó la lágrima que caía de su ojo. "Bueno", dijo temblorosamente, "felicidades". Girando sobre sus talones, salió de la cantina.

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Bella se fue a sus recámaras, evitando a Edward fuera de sus suites por tres salidas de luna llena. Originalmente, su plan había sido encerrarse adentro y, como una mártir de una novela trágica, dejarse morir violenta y morbosamente cuando su collar matrimonial la estrangulara por la falta de reabastecimiento de la fuerza de vida de Edward.

Cuando ella despertó viva la mañana siguiente también, Bella se dio cuenta que el cabrón de dos corazones había mentido sobre eso también. Furiosa, ella se quedó en sus recámaras otros dos días, rehusando dejar entrar a cualquiera, incluyendo a Kate.

A la salida de la tercera luna de su exilio de auto-encerramiento en las suites reales, Bella agarró una botella de alcohol ilegal y salió para sentarse en el balcón. Jake había pasado de contrabando el matpow ilegal a sus recámaras mientras ella dormía, junto con una nota de disculpa rogándole que lo perdonara.

Luciendo una qi' ka morada transparente, se dejó caer en un catre afuera en el balcón y se acostó hacia atrás para ver brillar la brillante luna verde. Se sorprendió un poco cuando, unos minutos después, Kil se dejó caer del techo y aterrizó dos pies delante de ella.

"¿Qué quieres?" gritó ella, frunciéndole el ceño con enojo. "¿No ves que estoy ocupada?"

Kil alzó una ceja presuntuosa. "¿Haciendo qué? ¿Bebiendo matpow que se garantiza que carcomerá por tus paredes estomacales?"

"Si yo lo quiero", respondió petulantemente, sabiendo que sonaba como una niña, pero sin importarle.

"Te portas como una niña consentida, para nada como una Emperatriz". Bella arqueó una ceja del color de bayas de fuego. "¿Está Edward muerto?"

"No".

"Entonces vete a la mierda. No te tengo que rendirte cuentas".

La boca de Kil se abrió de la indignación. Por varios minutos, estaba demasiado aturdido para responder. Finalmente, echó la cabeza hacia atrás y se echó a reír.

"¡Eso se suponía que fuera un insulto, idiota!" gritó Bella, ofendida. Ella se sentó recta en el catre reclinable con un carraspeo de desaprobación, mientras ponía una almohada detrás de su espalda como apoyo.

Kil cogió la botella de alcohol ilegal del piso al lado de Bella y tomó un largo trago. Suspirando lujuriosamente, se pasó el brazo por su boca y sonrió. "Lo sé". Dejándose caer en el catre al lado de Bella, él bromeó, "Creo que te calmé demasiado bien si me hablas con tanta falta de respeto".

Ella resopló a eso de forma poco femenina.

Estuvieron callados por un largo rato hasta que Kil por fin rompió el silencio. "Lo estás lastimando, Bella".

Ella se estremeció, pero rehusó a bajar los guantes. "¿Y qué hay de mí?" preguntó ella. "Ah, olvídalo, mis sentimientos no importan. Se me olvidó". Ella agarró la botella de alcohol ilegal de Kil y bebió un sorbo.

"Por supuesto que importan", le discutió Kil, agarrando otra vez la botella a la primera oportunidad. "Pero tú no lo dejas que se te acerque para que te dé sus disculpas".

"¿Él quiere pedir disculpas?" preguntó ella, con esperanza de no parecer demasiado curiosa.

"Sí". Kil bebió un trago de la botella y luego se la pasó otra vez a Bella. "Él ha estado frecuentando mis recámaras durante tres salidas de luna, cerca de llevarme a la locura". Rodando los ojos, él continuó. "El hombre se castiga a sí mismo, rechazando hasta su placer".

"Disculpa. ¿Qué?"

"Él no lleva a ninguna Kefa al baño, rehusando liberar su fuerza de vida".

A Bella le disgustaba lo bien que eso la hacía sentir. Ella frunció el ceño cuando en cambio quería sonreír. "¿Y sin ninguna sirvienta obligada?"

"¡No!" negó Kil, evidentemente insultado, "¡El hombre está unido a ti!" Sacudió su cabeza. "Yo tengo diez sirvientas lujuriosas y descaradas que esperan su transferencia a sus nuevos amos- sin mencionar a la siempre lista Myn- que suplica a cada hora para que Edward le dé su gozo de mujer". Él movió su cabeza otra vez. "Mi hermano a penas se da cuenta de su presencia, mucho menos les responde".

"¿En serio?" Le preguntó Bella en voz baja, con esperanzas.

"Sí, en serio".

Ellos se sentaron en silencio por un rato o dos hasta que Bella suspiró, haciendo un gesto hacia Kil. "¿Por qué viniste aquí?" preguntó ella sencillamente.

"Porque yo amo a mi hermano", contestó Kil sin vacilar, "Y porque mi hermano te ama". Él inclinó su cabeza hacia ella, observando su expresión. "¿Crees lo contrario?" Cuando Bella se encogió de hombros, él la empujó a que revelara más. "¿Por qué crees eso?"

Bella inhaló profundamente, echando su cabeza hacia atrás y mirando a la luna verde que colgaba bajo. "De donde yo vengo, un hombre enamorado jamás dejaría a su hermano que hiciera lo que tú me has hecho a mí. Jamás".

"¿Y crees que a Edward no le dolió?"

"¿Le dolió?"

"Sí". Kil movió una mano por el aire. "Él cumplió con su deber, aunque lo hirió en trocitos por dentro, sin saber qué era lo que yo estaba haciendo aquí contigo. Sí, es contra las leyes de sucesión que un esposo menor le introduzca su vara a la nee' ka de su hermano, pero ¿no crees que hay quienes lo harían de todas formas, atrapados en el frenesí del calmar?"

Los labios de Kil se torcieron en un gruñido, retorciendo su cicatriz amenazadoramente. "¿Crees que mi hermano estaba en el entrenamiento, pasando un buen día?" Gruñó él. "Él se dio a las botellas, así de molesto estaba".

Bella se mordió el labio. "Entonces, en primer lugar, ¿por qué permitirlo, insistir en ello?"

"Es la ley sagrada".

"És un Emperador, un Gran Rey. Él puede cambiar la ley".

Kil sacudió la cabeza. "No. ¿Cómo puedo hacerte entender?" Respirando profundamente y murmurando algo sobre las nociones de los primitivos de la primera dimensión, él empezó otra vez. "A pesar de la búsqueda de placer de Tryston, también somos personas inmersas en la tradición, algunas tan antiguas que nosotros no nos acordamos cuándo o dónde comenzaron. Las leyes de sucesión están entre esas tradiciones antiguas. Lo que tú, Bella, has comparado con una bofetada en la cara, era la misma tradición que Edward usó para demostrar su cariño por ti".

Bella puso sus ojos en blanco, sin creerlo por un momento.

Kil la agarró por su mentón, con las fosas nasales dilatadas. "No", dijo en voz baja "hagas eso". Él hizo un suave movimiento de caricia en sus mejillas para suavizar la ferocidad de sus palabras, luego la soltó. "Estoy hablando muy en serio", dijo él mientras se acomodaba otra vez en el catre.

"¿Cómo así?" preguntó en voz baja, sintiéndose un poco compungida.

"Cuando una mujer es una nee' ka para el mayor de un linaje, pero ya no tiene un guerrero que la dirija, sea ese hombre un esposo o un hijo, ella puede ser dada a otro como una sirvienta obligada o peor, para proteger el linaje de la infiltración de la semilla de otro rey. Puede que no estés de acuerdo con la ley, pero sigue siendo la ley y ni un Gran Rey la puede cambiar".

Kil sostuvo la mirada de Bella, obligándola a que lo escuchara. "Las leyes de sucesión previenen que eso suceda".

"¿Y el calmar?" preguntó en voz baja.

"Es como un guerrero demuestra que se preocupa más por la felicidad de su Compañera Sagrada que de la suya. Es como un hombre le muestra a su nee' ka que ella jamás tendrá que temer por su futuro si algo le sucediera, porque sería cuidada y muy querida".

Bella se mordió el labio. Ella lo mordisqueó por un momento. "Entiendo".

Se sentó en silencio por un rato, luego, tomando la decisión de cambiar de tema, le preguntó a Kil sobre lo qué había sucedido en Pika's Place. "¿Fue necesario matar a ese hombre?" inquirió ella mientras estudiaba el piso.

"Sí".

Su cabeza se levantó de un tirón. "¿Por qué?"

"Él no era como los demás ahí. Lo reconocí de inmediato como un insurrecto, con quien tropecé mientras estuve en Tron".

Bella asintió con la cabeza. Ella inclinó la botella de alcohol ilegal en sus labios y bebió profundamente. Suspirando, contempló el asunto por un momento prolongado. "Está bien. Iré a él".

"Bien". Kil le dio unas palmaditas en la rodilla, luego se puso en pie, extendiéndole la mano para levantarla. "Y algo más".

"¿Sí?"

Kil la miró de arriba abajo. "No dije nada esta salida de la luna debido a tu ignorancia de nuestra forma de vida, pero ahora que has sido informada, espero que honres tus deberes".

Bella se ruborizó, sabiendo que él se refería a quitarse la qi' ka mientras estuviera a solas con él. Ella asintió con la cabeza lentamente, cediendo. "Está bien". Ella sacudió su cabeza. "Pero yo no veo la diferencia", dijo en un murmullo. "Las malditas cosas son transparentes".

Kil sonrió sin pedir disculpas. "Planeo asegurarme de que mi hermano viva una vida larga y placentera. ¿Me negarías la pequeña recompensa que yo puedo reclamar por ley?"

Bella sacudió su cabeza y sonrió. "¿Te puedo hacer una pregunta? Sólo una por curiosidad".

"Sí".

"¿Qué sucedería si Edward muriera y tú ya hubieras reclamado una Compañera Sagrada? ¿Seríamos ambas tu esposa?" preguntó con fría formalidad.

Kil sacudió su cabeza lentamente, encontrando su mirada. "Yo no puedo empezar a buscar una nee' ka, si en verdad es que tengo una por ahí, hasta que tu engendres un heredero. Si Edward muriera, tu collar matrimonial nos uniría para siempre cuando nos uniéramos. De alguna manera el destino lo sabría y, por místico que sea, cualquier posible nee' ka que yo pudiera haber reclamado de otra manera encontraría una verdadera pareja con otro".

"Guau", Bella dijo exhalando, "¡Qué extraño!"

Kil se encogió de hombros descuidadamente "Para ti quizá; no para nosotros".

Ella asintió con la cabeza, luego respiró profundo. "Voy a ir a buscar a Edward". Le sonrió, vacilante. "Gracias, Kil".

Él asintió con la cabeza, luego giró sobre sus talones y se fue por donde había venido.


Hola! Me alegra que el capitulo anterior les gustara y me dejaran sus comentarios, espero este también les guste.

No esperaba actualizar tan pronto, pero no estuvo tan pesada esta semana y tuve un poco mas de tiempo.

Gracias a todas por continuar leyendo esta historia.