Dedicado a KiKaLioncourty un gran agradecimiento por su ayuda.
Una mención para LuzAlvz y su sitio.
XXIII
Peter estaba fascinado con la ciudad, en realidad Edimburgo no difería de otras en las que hubiese estado pero la compañía de Logan y la complicidad en las travesuras de Laura lo tenían cautivado. Pronto se dio cuenta de que ese viaje era lo que había necesitado después del confinamiento para recuperarse. Estaba alegre y sonriente la mayor parte del tiempo. Pasaba las mañanas al aire libre divirtiéndose con Laura en el jardín de la casa mientras que Logan trabajaba, y cada tarde salían los tres de paseo. Recorrían tiendas si necesitaban comprar algún atuendo, o los Howlett enseñaban al joven lugares históricos de la ciudad y edificaciones importantes. Peter escuchaba y aprendía.
Una tarde cuando caminaban los tres hacia el carruaje para regresar, cada uno portando una caja redonda con un sombrero que Logan había comprado alegando que les serviría para la fiesta de disfraces de los Xavier el año siguiente, escucharon una voz femenina y alegre que llamó con un agudo: "¡Señor Howlett!"
El trío volteó y vio a Moira MacTaggert, que sonriente y divertida, les sacudía la mano bien alto para saludar a Logan desde la otra esquina. Estaba colgada del brazo de un caballero rubio, esbelto y elegante, de mirada enjuta y los labios fruncidos en actitud despectiva.
Logan se acercó a la pareja seguido de Peter y de su hija, más por cortesía que por alegría, ya que estaba cansado y deseaba regresar a su casa cuanto antes.
─Buenas tardes, señorita MacTaggert, buenas tardes, caballero ─ saludó al desconocido, quitándose el sombrero que llevaba y volviéndoselo a colocar, y presentó a los jóvenes ─. Él es Peter y ella es mi hija Laura.
─Buenas tardes ─ saludó la niña educadamente.
Peter imitó el gesto de Logan quitándose también el sombrero pero no se lo volvió a calzar y lo conservó en la mano, mientras miraba con gentileza a la dama y al hombre.
─Buenas tardes ─ contestó Moira sin perder la sonrisa, y con un orgullo que le saltaba por los poros, presentó a su acompañante ─. Él es el doctor Sebastian Shaw, mi prometido, nos comprometimos un mes atrás ─ y extendió la mano derecha para que vieran su costoso anillo y el diamante enorme encastrado en él.
─ ¡Vaya! ─ sonrió Logan con asombro ─. ¡Cuánto me alegro, señorita! Doctor, mis felicitaciones porque usted se comprometió con una verdadera dama.
Moira sonrió ante el cumplido y se sentía tan importante con el partido que había encontrado, que no pudo evitar seguir jactándose.
─El doctor Shaw es un prestigioso profesor de la Universidad de Oxford y el doctor Henry McCoy fue su alumno. ¿Sabe qué más, señor Howlett? McCoy lo admira tanto que le pidió ayuda para tratar a un paciente de identidad reservada, ¿no es así, amor?
─Así es ─ carraspeó Shaw con soberbia ─. La próxima semana me reuniré con él por un asunto médico. El doctor McCoy fue uno de mis alumnos más brillantes y tiene una mente privilegiada que debería estar nutriendo las de los educandos de Oxford, y no desperdiciada en esta ciudad.
Logan frunció el ceño y el rechazo hacia este personaje petulante y despectivo fue instantáneo.
─El doctor McCoy es amigo mío y sé que aquí se siente más feliz que enseñando a mentes brillantes en las aulas de Oxford.
─Por supuesto, cada uno elige su destino ─ respondió el médico con desdén y se volvió hacia su prometida ─. Bien, querida, has saludado ya a tus amigos. ¿Podría ahora regresarte a tu casa para regresar yo a la mía y seguir atendiendo mis asuntos?
Moira rio tontamente.
─ ¡Claro, amor! Pero no olvides que esta noche cenarás en casa con mi padre.
─Eso será mañana, estás confundiendo las fechas.
─ ¡Cierto! ─ rio la joven nerviosa ─. Adiós, señor Howlett, adiós, Peter, y adiós, Laura.
─Adiós ─ se despidieron Peter y la niña al unísono.
Logan respondió inclinando la cabeza al igual que Shaw, y se separaron.
Ya dentro del coche, el lobo refunfuñó diciendo que ese sujeto era tan soberbio que si saltaba de la altura de su propio ego se estrellaría; Laura rio con ganas, Peter también y le dio un beso para hacer que olvidara al prepotente doctor Shaw.
Cuando llegaron a la casa, Laura subió para probarse su sombrero frente al espejo de pie de su recámara, mientras que Logan y el joven se sentaron en una de las salas a esperar a que la mesa estuviera servida para cenar. Tomaron asiento en sillones enfrentados pero pronto Peter se levantó del suyo y fue a ubicarse en las rodillas de su amor, que lo recibió besándole en la boca intensamente. Entre los chasquidos, comenzaron a gruñir y el joven sintió un ardor en la entrepierna. Su pene aumentó y pudo percibir la dura erección en el lobo. Peter sentía que todo su cuerpo le demandaba ser penetrado, además, el ambiente era perfecto porque llevaban días disfrutando de jornadas idílicas, estaban solos y se deseaban. Logan sentía lo mismo: sabía que se había enamorado perdidamente del muchacho y solo necesitaban hacerse el amor para entregarse por completo. Sin embargo, Peter había sufrido una gran desilusión amorosa además de la pérdida de su bebé y no quería acelerarse.
Sin detener los besos, Peter consiguió ubicarse frente al lobo, apoyando los glúteos cerca de su sexo y enredándolo en un abrazo. De repente, separó los labios y lo miró. Titubeó, debatiéndose entre el deseo que lo abrasaba y la necesidad de tomarse un tiempo. Sí, él que se caracterizaba por ser impulsivo, no quería apresurarse. Había cometido ese error con Warren y aunque Logan era lo opuesto a ese engreído de rizos dorados, deseaba que su relación marchara a un paso más lento.
Logan lo observó cautivado con sus ojos de azabache y leyó en ellos la duda. Se mordió el labio porque le estaba costando horrores contenerse.
─Escucha, Peter ─ no lo llamó mocoso porque el joven decidido y sensual que tenía enfrente no merecía en ese momento tal apodo ─. Si sientes que esto va muy rápido, nos detendremos aquí, ¿te parece?
El muchacho bufó con una mezcla de frustración y cierto alivio, y se puso de pie porque no podía seguir sintiendo el roce de la erección de Logan y hablar al mismo tiempo.
─No sé qué me pasa ─ confesó, frotándose la nuca ─. Me gustas, ¡me gustas con locura! ─ enfatizó ─. Quiero hacerte el amor y no soy ningún virgen para tener miedo, aunque no es miedo sino ─ sopló ─… En realidad no sé qué me pasa.
Howlett lo miró intensamente. Estaba buscando concentrarse mientras luchaba por bajar su erección. Era necesario que hicieran un alto para discutir.
─Te pasaron muchas cosas ─ habló al fin ─. Demasiadas en un lapso corto y aunque la velocidad sea tu mutación, necesitas tiempo para procesarlas.
Peter se refregó la nariz con el puño.
─Pero me gustas, Logan ─ resopló.
Sonriendo, el lobo lo tomó de la mano para atraerlo hacia él. No lo empujó para que se sentara en sus rodillas porque su erección aumentaría, sino que lo mantuvo de pie a su lado.
─Estoy locamente enamorado de ti, Peter ─ confesó desde el alma ─. Lo nuestro marcha firme y seguro. Tal vez aun no sea el momento y tal vez necesites más tiempo para disfrutarlo. Te amo y como mi idea es tenerte a mi lado el resto de mi vida, no importa si es esta noche o dentro de cien años.
Peter sonrió aliviado y enternecido. Sus hoyuelos se dibujaron y rio, alegre y espontáneo. Logan lo abrazó con fuerza y le hizo lugar para que se sentara con él en el sillón, pegándolo a su cuerpo. Sus miembros ya no se rozaban y el calor que percibía uno junto al otro era agradable y acogedor. El joven cerró los ojos y dijo sin pensarlo, solo sintiéndolo.
─Yo también te amo.
Logan, emocionado, le besó la cabellera plateada. Aunque no se hubiesen hecho el amor, la tarde cerraba de una manera simplemente perfecta.
Minutos después, el señor Hyde avisó que la mesa estaba servida y cuando entraron en el comedor, vieron a Laura ya sentada y hurtando un panecito caliente.
…..
Charles había acogido a Kurt en su casa, le dio comida y un techo, pero se daba cuenta de que eso no era suficiente. El jovencito, que por su apariencia había sufrido discriminación, necesitaba salir adelante y aprender a valerse por sus propios medios. El Duque notaba lo entusiasmado que estaba el muchacho con las láminas de los libros y las habilidades artísticas que tenía para el dibujo. Por eso, una mañana, se presentó en la biblioteca cuando Kurt observaba concentrado las hojas de un bestiario.
─Buenos días, señor Duque ─ saludó el joven, rápidamente, mientras cerraba el libro para atenderlo.
─Buenos días ─ contestó Charles y se sentó frente a él en la larga mesa. Cruzó las manos sobre la tabla ─. ¿Cómo te encuentras?
─Bien, señor ─ respondió Kurt con respeto.
El Duque observó el libro cerrado.
─Tienes habilidad para dibujar, el regalo para Peter fue magnífico. ¿Te gustaría aprender a leer?
Kurt asintió con timidez y añadió.
─Siempre quise hacerlo porque es como la magia: poder entender lo que dice un libro a través de esos signos o cómo se llamen. Pero ─ suspiró ─, ¿quién me enseñaría? En esta casa es el primer lugar donde nadie me tiene miedo.
─Te entiendo ─ musitó Charles y con su poder, leyó la desazón del muchacho. Fue tan conmovedor, que se quitó una lágrima ─. Quiero ayudarte, Kurt, pero hasta no hacía mucho no sabía cómo hacerlo. Verás, con Erik tenemos un emprendimiento para proteger a otros mutantes que se encuentren solos y desamparados. Pronto vendrá una señora con un poder similar al mío, para ayudarnos. Trabajaremos juntos para poder contactar a los que nos necesiten y darles los medios para que busquen refugio en una casa mía en Irlanda, donde podrán vivir seguros y tranquilos.
─ ¿Usted quiere que yo viaje a esa casa también? ─ preguntó Kurt sin entender por completo la propuesta.
─En realidad lo que deseo es que tú te integres a nuestro proyecto y nos ayudes a esta señora, a mí y a Erik a llevar a los mutantes hasta esa casa.
Kurt se ruborizó y como su tono era azul, sus mejillas se volvieron violáceas.
─L… lo siento ─ tartamudeó, tenso y temeroso ─. No puedo, soy torpe… no sé leer… las personas me tienen miedo. ¡Nein!
Charles ahora percibió con más fuerza su desazón. Era desgarrador y suspiró profundo. Extendió el brazo a lo largo de la mesa para tomarle la mano. Kurt se estremeció bajo su toque y el Duque se la apretó para que no lo soltara.
─Tu poder es magnífico, jovencito. Sufriste mucho y por eso te muestras aprensivo y dudas de él, pero estás aprendiendo a controlarlo.
─ ¿En serio piensa que mi poder es magnífico? ─ preguntó Kurt incrédulo.
─Muchos darían lo que fuera por hacer lo que tú haces y no estoy exagerando ─ enfatizó Charles con determinación. Le apretó más la mano para trasmitirle seguridad ─. Eres una de las pocas personas que podría llevar a los mutantes que no tengan medios para hacerlo hasta esa casa en un parpadeo.
─ ¡Pero a veces mi poder no funciona! ─ objetó el joven frustrado.
El Duque sonrió con calma.
─Por eso quiero enseñarte a manejarlo. Suele pasar que nuestros poderes no nos responden cuando comienzan a manifestarse o también puede tratarse de un bloqueo que te hagas tú mismo sin darte cuenta, tal vez, porque temes el maravilloso don que tienes. Si me lo permites, más adelante, me gustaría entrar en tu mente para ver qué te está pasando y ayudarte.
─ ¿Podría usted hacer eso? ─ se ilusionó y maravilló el muchacho.
─Quiero intentarlo más adelante. ¿Aceptas?
Kurt asintió, esta vez con seguridad. Charles percibió que el joven se había tranquilizado y estaba entusiasmado con el ofrecimiento. Esto lo reconfortó. Lo despidió para que siguiera observando las láminas y antes de irse, añadió.
─Por cierto, cuando te mencioné lo de aprender a leer, me refería a que uno de los proyectos que tenemos con Erik para ese hogar, es que además de dar refugio, sea una casa donde los mutantes puedan adquirir conocimientos que les sean útiles por si deben regresar a la sociedad. Queremos que aprendan a leer aquellos que como tú lo deseen.
─ ¡Eso sería ─ suspiró Kurt buscando la palabra adecuada ─… sería un sueño, Lord Xavier!
─Ya te he dicho que me llames Charles ─ le recordó el Duque condescendiente ─. Me alegra saber que podremos contar contigo.
─Si usted me ayuda a controlar mi poder…
─Te prometí que así lo haría ─ le aseguró Charles y salió de la biblioteca.
Al quedarse nuevamente solo, el joven abrió el libro para seguir observando las imágenes. Sin embargo, sus ojos se posaban una y otra vez en las letras, anhelando que llegase pronto el momento en que pudiera descifrarlas.
…..
Charles había ordenado que se preparasen dos aposentos en la casa para la llegada de Emma y de su hijo. También le explicó a su madre sobre las visitas para que las recibiera junto con él pero se guardó de contarle del plan. No desconfiaba de ella pero sabía que Sharon se preocuparía inútilmente así que pensó que la pondría al tanto más adelante cuando el éxito fuese inminente. Erik tenía una fe ciega en la habilidad de Emma Frost y estaba convencido de que con ella los mutantes no correrían peligro alguno cuando viajasen pero Charles le advirtió que se guardaría sus recelos hasta conocerla.
Dos días después de que recibieran la carta, acabado el té de las cinco, un paje anunció que un carruaje se aproximaba a la casa.
Charles, Erik y Sharon salieron. Oyeron los cascos de caballos aproximándose a paso firme y constante, y no tardaron en divisar el coche atravesando la avenida. Era oscuro, como los que se rentaban en las ciudades, y en el compartimento superior llevaba amarrados con cadenas dos baúles de viaje y algunas cajas. Los corceles se detuvieron frente a las escaleras de la entrada. Los tres anfitriones bajaron para recibir a los visitantes, junto con un paje que los acompañó para abrir la puerta del vehículo. Primero descendió una dama de la edad de Magneto, rubia y delgada, que escondía la mitad de su rostro detrás del velo de un sombrero elegante. Ya en tierra firme, alzó el tul y reveló un semblante grave, que mutó en una sonrisa al reconocer a Erik. Se besaron alegres en ambas mejillas y Magneto la presentó:
─Ella es la señora Emma Frost, viuda de Cassidy.
─Bienvenida, señora ─ saludó Charles y se inclinó con cuidado por el vientre para besarle la mano enguantada que ella le extendía ─. Soy Charles Xavier, el Duque de Westchester. Espero que haya tenido un viaje tranquilo y que encuentre confortables las habitaciones de la casa.
─Gracias, Lord Xavier ─ respondió Emma ─. Es un honor conocerlo.
─El honor es mío.
El Duque deseaba leerla pero se contuvo porque si era telépata como él, captaría su intromisión. Prefirió, en cambio, bloquearse porque comenzaba a sentir celos, que le parecían incorrectos para un educado señor británico, y ella sí podría percibirlos.
Emma depositó los ojos en su vientre crecido y reconoció enseguida su estado. Erik, que no podía más de orgullo, abrazó a su amante de la cintura, notó que el paje que los había acompañado se había retirado a buscar a un compañero para bajar los baúles y cajas, y que el cochero estaba distraído atendiendo los animales, y explicó.
─Charles y yo estamos esperando un hijo ─ la sonrisa no le cabía en el rostro.
Emma felicitó con genuina alegría a la pareja hasta que observó a Sharon a quien no había saludado aun. Charles hizo rápidamente las presentaciones.
─Muchas gracias por recibirme, Lady Xavier ─ expresó la recién llegada.
Sharon le besó la mejilla cordialmente.
─El placer es nuestro.
De repente, Emma hizo un mohín, como si algo la disgustara y divirtiera a la vez. Volteó la cabeza hacia el coche y ordenó.
─Sean, ya es hora de que salgas, cariño ─ se volvió hacia sus anfitriones, sonriendo ─. Lo siento, es mi hijo. Es tímido y le cuesta saludar a extraños hasta que los conoce, entonces se vuelve locuaz y divertido, pero hay que darle su tiempo. Sean, sal por favor.
De la puerta abierta asomó un muchacho tan joven como Peter, de tez pálida, el rostro lleno de pecas y cabello rojizo y ondulado. Estudió a los presentes con atención hasta que se cruzó con la mirada expectante de su madre. Entonces, bajó y saludó a cada uno con respeto.
Una vez hechas las presentaciones y concluidos los saludos, Charles invitó a los recién llegados a entrar en la casa, mientras que los pajes bajaban el equipaje para que el coche partiese de regreso a Curloss.
Emma ingresó en la residencia y estudió el espléndido vestíbulo al tiempo que se quitaba los guantes. Sean se ubicó detrás de ella y observaba a su alrededor con asombro. Conocían otras mansiones, de hecho, antes de llegar a Curloss se habían detenido en la casa de los Worthington, pero Westchester transmitía una calidez de la que carecían otras edificaciones señoriales. Madre e hijo percibieron la misma sensación acogedora que había sentido Erik cuando entró por primera vez con Peter en brazos. De pronto, Sean se dio cuenta de que no había visto aun a su amigo. Pensó que tal vez su padre lo había dejado en la casa de algún acólito y se desilusionó porque no se cruzaban desde hacía dos años.
Como si adivinara lo que el muchacho estaba pensando, Erik le comentó al pasar.
─Peter se encuentra ahora en Edimburgo pero regresará mañana.
─ ¡Uf! ¡Qué bien! ─ se alegró el joven.
Como el horario del té había concluido, Sharon guio a los invitados hacia una sala para que degustaran de un breve aperitivo para que se relajaran y subieran más tarde a sus habitaciones cuando el equipaje estuviera listo en ellas.
Mientras que Emma y su hijo siguieron a Lady Xavier hasta la sala convenida, Erik tomó a su amante de la cintura y le murmuró con complicidad.
─ ¿Ya se te evaporaron los celos, amor?
Charles suspiró. Una parte de él, aquella que le reclamaba comportarse como el Duque que era, se sentía miserable por abrigar esos celos pero la otra, la del hombre enamorado apasionadamente, le demostraba que era normal y hasta necesario sentirlos. Aunque Emma no había dado indicios preocupantes y al saludar a Erik había demostrado la amistad que los unía, Charles aún se sentía inquieto.
Erik intuyó lo que pasaba. Riendo, lo besó en la boca porque estaban solos y alejados de cualquier mirada indiscreta. El Duque se relajó instantáneamente y se dirigieron a la sala a acompañar a su madre con los invitados. Antes de entrar, Charles notó la presencia de Kurt cerca de allí. El joven no se atrevía a aproximarse a los visitantes por cautela y estaba escondido detrás de la puerta de una de las habitaciones cercanas. El Duque se colocó el índice sobre la sien para concentrarse y hablarle mentalmente.
"Entiendo tu miedo, Kurt, y aunque es aconsejable que seas tan precavido con los extraños, estas personas son mutantes como nosotros, que viajaron desde muy lejos para poner en marcha la idea que te comenté."
"¿Ellos son los que quieren ayudar a la gente como yo?," le transmitió su duda el joven.
"Son ellos mismos," confirmó Charles y volteó en dirección a la puerta alejada, desde donde el muchacho se escondía. "Quisiera que te conozcan, que pueda presentarte y más adelante platicaríamos del proyecto todos juntos."
─De acuerdo ─ aceptó Kurt en voz alta.
Erik giró asombrado hacia la puerta y los dos vieron salir al joven con timidez. Con sus ojos enormes observó a Charles, y este le asintió para darle confianza. Se acercó a la pareja y los tres juntos entraron en la sala, donde ya Sharon había invitado a Emma y a Sean a sentarse para relajarse con un sencillo aperitivo.
Kurt se detuvo cerca del umbral para estudiar a los recién llegados con aprensión. Sean, que desde pequeño se había rodeado de toda clase de mutantes, lo saludó con un murmullo, ya que era tímido como él, y siguió comiendo un bocadillo. Su madre, en cambio, dibujó una sonrisa de oreja a oreja y se acercó al muchacho cerúleo con los brazos extendidos. Lo tomó de las manos sin dejar de sonreír.
─ Buenas tardes, jovencito ─ dijo con una voz tranquila y suave ─. Mi nombre es Emma Cassidy Frost y puedes decirme Emma ─ lo leyó y suspiró a sentir su desdichada vida ─. Sufriste mucho pero estamos aquí para ayudarte.
Charles respiró con alivio, no solo porque notaba la relajación de Kurt sino porque se daba cuenta de que Emma tenía un carisma especial para consolar a los mutantes y se interesaba genuinamente por ellos. Erik no se había equivocado al elegirla.
Kurt sonrió a la dama.
─Gracias ─ respondió y Sharon, Magneto y Charles se sorprendieron de que no se expresara en alemán.
Sean terminó su bocadillo y se acercó a su madre para saludar al joven con un apretón de manos. Era retraído pero no olvidaba sus buenos modales.
Kurt se sintió a gusto y Sharon lo invitó a servirse la comida.
Emma se aproximó discretamente a Erik para murmurarle.
─Leí cómo ayudaron a este muchacho meses atrás. Es maravilloso lo que hicieron por él y conocí la plática que sostuvo con Charles ayer. Es un proyecto altruista el que tienen y estoy admirada de la generosidad del Duque, aunque no sé si refugiar a los mutantes en una casa en Irlanda sea factible a largo plazo.
─ ¿Por qué?
─Bueno ─ respondió ella y suspiró por sus dudas ─. La patrulla anti mutante es incansable y lo sabes. Por más precavidos y herméticos que seamos, si alguna vez llegan a oídos de algunos de los oficiales los rumores de ese sitio, lo cercarían y sería una masacre para nuestra gente.
─Ahí es donde cuenta la influencia de Charles, Emma.
La dama quedó sorprendida.
─ ¿Quieres decir que no solo va a donar una casa? ¿Quieres decir que va a comprometerse a ayudarnos?
─ ¿Eso te asombra?
─Es un aristócrata al que los plebeyos le importamos poco y nada.
Erik le sonrió, enseñándole su dentadura perfecta.
─Charles no es como los otros nobles que hemos conocido, Emma. Es más generoso aún que Lord Worthington. Confía en mí y verás que puede ser la solución para nuestra gente.
Emma sopló. Después de tantos años de lucha, no se atrevía a abrigar tamaña esperanza.
─Confiaré en ti.
….
Horas después, cuando ya los visitantes pudieron descansar y asearse, se sirvió la cena. El tópico de la mesa fue la expectativa por la criatura que venía en camino. Cuando Emma preguntó cuánto faltaba, ambos padres respondieron al mismo tiempo: "cuatro meses," y cayeron en la cuenta de que el nacimiento estaba demasiado cerca. Charles comentó que había aceptado el ofrecimiento de Hank para que un médico mutante que había sido su profesor lo asistiera. Emma quiso saber el nombre del especialista pero Charles todavía no lo conocía. Erik hizo un comentario sarcástico demostrando su renuencia y Sharon cerró la conversación recordando a la pareja que la semana siguiente comenzarían con los preparativos para la nursery para cambiar de tema.
Terminada la cena, Charles y Erik le propusieron a Emma y a Kurt reunirse a solas. Los invitaron a dirigirse a la sala donde la pareja solía jugar al ajedrez, y se asombraron al notar que la dama llamaba a su hijo para que los acompañara. Mientras se sentaban los cinco alrededor de la mesita donde estaba ubicado el tablero, ella explicó.
─Sean no hizo el viaje conmigo hasta aquí porque no tuviera con quién dejarlo. Es un adulto que puede valerse por sus propios medios, pero le pedí que me acompañase porque le estoy enseñando a trabajar con nosotros. Es un joven voluntarioso que quiere defender nuestra causa. ¿Peter no te está ayudando?
Charles notó la insinuación en el tono. Volteó hacia su amante que, impávido, respondió con rapidez.
─Peter no está interesado, al menos no aun.
Emma rio divertida.
─ ¡Por favor, Erik! ─ era la única de sus acólitos que conocía su identidad pero lo llamaba por su nombre de pila por el grado de confianza que se tenían ─. Siempre lo has sobreprotegido, ya te lo remarqué varias veces, pero te comprendo. Quieres mantenerlo alejado del peligro porque temes perderlo, y por eso prefieres no exponerlo y que no participe de nuestra causa.
─No es así ─ refutó Magneto con firmeza ─. Pienso que para trabajar con la dedicación con la que nos entregamos nosotros, necesitamos estar decididos y no veo esa convicción en Peter.
─Está bien ─ aceptó la dama en tono conciliatorio ─. Aunque no olvides que leo mentes.
Charles intervino, educado y directo.
─Erik es un padre ejemplar y un mutante dedicado en cuerpo y alma a la causa, que conoce a su hijo lo suficiente para entender qué es lo mejor para él en este momento.
─Por supuesto ─ acordó Emma cordialmente y sonrió ─. Bien, ¿qué plan tienen?
Erik y Charles se dispusieron a contarles del proyecto: utilizando la conexión con los acólitos con que Magneto contaba, trazarían una logística para encontrar mutantes que necesitaran ayuda. Una vez localizados, los reunirían para llevarlos a Irlanda. Contaban con Emma para que los guiara del continente hacia la isla, y más adelante también desde el Nuevo Mundo, y Kurt ayudaría con su mutación a algunos que no tuvieran los medios para llegar. No sería una operación sencilla pero Charles estaba dispuesto a usar su influencia en la Corte y hasta a valerse de su mutación para convencer a gente poderosa de ser necesario.
Emma los escuchó con prudencia. El Duque no necesitó leerla para percibir su descreimiento.
─Suponiendo que influyas en la Corte, cosa de la que no dudo ─ argumentó la dama ─, y que con la logística con la que contamos reunamos a un número interesante de mutantes, ¿cómo los trasladaríamos hasta Irlanda sin contratiempos? La patrulla es cautelosa, tiene espías, y estaría al acecho constante, yo no podría guiarlos sola y sería peligroso para todos. Además, esa casa, ¿cómo sé que es segura para ellos?
─Yo no podré visitar la Corte al menos hasta dentro de medio año ─ respondió Charles, y la comprendía porque él también era realista ─. La casa en Irlanda perteneció a un tío de mi madre y es propiedad privada. Por mi posición, no puede ser invadida ni aun por la patrulla anti mutante. Hace un par de semanas envié a profesionales para que revisen las instalaciones y realicen pequeñas tareas si es que las necesita. Puedo asegurarte que dentro de dos meses, si no es antes, estará habitable. Con Erik pensamos que los mutantes que allí vivan, se valgan por sus propios medios para cocinar y limpiarla porque no queremos personas ajenas que puedan delatarlos. Con una carta a los pueblos cercanos, puedo ordenar que se abastezca la casa semanalmente con provisiones y ninguno de ellos tendrá necesidad de salir. Es un terreno inmenso que más adelante les permitirá tener huertas, criaderos y hasta ganado.
─ ¿Cómo llegarían los mutantes hasta ella? ─ interrogó la dama.
Erik sacó del bolsillo de su saco varios sobres lacrados.
─En cada uno de ellos hay suficiente dinero para comprar pasajes, hospedaje y trámites para circular libremente ─ explicó ─. Eso es solo una pequeña parte de la donación que Charles hará para financiar la empresa. En cuanto al viaje en sí, cuento con que tú sabrás guiarlos, Emma, y por supuesto que desde aquí nosotros y Lord Worthigton desde Londres, te ayudaremos.
La dama rompió con cuidado algunos de los sellos para observar su interior y quedó maravillada de la cantidad de dinero que había allí.
─Eres una persona muy generosa, Charles ─ observó Emma con entusiasmo ─. Esto solventará varios viajes y me comprometo a ayudar en la logística para conseguir que nuestros hermanos lleguen hasta esa casa, sanos y salvos, aunque les advierto que existirán riesgos.
─Allí es donde interviene Kurt Wagner ─ añadió el Duque y todos voltearon hacia el joven, que tímido, bajo la mirada ─. Con su mutación, puede ayudar a que los que tengan dificultades, lleguen pronto, y aunque todavía no maneja su poder con destreza, le prometí que lo ayudaría a controlarlo.
Kurt alzó finalmente la vista y asintió. Emma leyó la determinación que tenía para cumplir con el trabajo, y le sonrió condescendiente.
Sean hasta ese momento se había mantenido callado al lado de su madre, con las piernas y brazos cruzados en actitud defensiva. No se sentía amenazado ni por Charles ni por Erik, ni menos aun por Kurt, pero era tímido y tomaba esta pose cuando había más de dos personas cerca. De repente, alzó la mano como si tuviese que pedir permiso para hablar.
─Yo puedo ayudar a proteger a los mutantes en el viaje. En este último tiempo, aprendí a controlar mi poder y nos sería de gran ayuda.
─Gracias, Sean, es bueno tenerte en el equipo ─ lo aceptó Erik.
─Me gustaría que me llamaran Banshee cuando hablamos de ayudar a nuestros hermanos.
Emma lo miró con indulgencia. Erik y Charles aceptaron su pedido asintiendo.
Kurt se quedó callado mientras pensaba que él también podría contar con algún apodo entre los mutantes.
Como el Duque no olvidaba el largo viaje que habían hecho los invitados y que debían descansar, les propuso seguir con la plática por la mañana y cada uno se retiró a sus aposentos.
…..
Erik y Charles se metieron en la cama al mismo tiempo. El Duque se veía más relajado que otras veces y su amante intuyó que se debía a que los celos se le habían pasado. Sin hacer comentarios, Erik se acostó boca arriba y lo empujó con suavidad para que yaciera sobre su pecho. Le envolvió cariñosamente la espalda con un brazo y usó la mano del otro para acariciarle la barriga. La criatura estaba quieta pero podía sentir su forma a través de la piel. Esto lo hizo sonreír.
─Solo cuatro meses ─ suspiró Charles y se acurrucó contra su pecho ─. El tiempo pasa demasiado rápido.
─ ¿Estás ansioso? ─ sonrió Erik.
─Demasiado ─ admitió, lo que hizo que su amante se inclinara para besarlo.
Comenzaron a darse besos rápidos con chasquidos. Pronto el Duque rodó despacio en el colchón con cuidado por el vientre, y quedó ubicado boca arriba. Erik se acostó de lado y le envolvió la cintura con ambos brazos sin cortar los besos. Cuando se separaron, Magneto le alzó la bata hasta el pecho para desnudarle la barriga y apoyar los labios contra ella. Charles cerró los ojos y sonrió. Se sentía feliz y aliviado después de conocer finalmente a la misteriosa amiga de su amante. También alegre porque el proyecto marchaba como lo habían planeado. Habría que hacer algunos ajustes, compartir sugerencias con Emma, y en poco tiempo, su casa irlandesa podría recibir a los primeros mutantes.
Erik separó los labios del vientre para alzar la vista hacia Charles y sonreírle. El Duque anudó las manos a través del cuello de Magneto para atraerlo hacia él. Erik se apoyó contra su cuerpo con extremo cuidado, usando los codos y las rodillas para quedar en cuatro y no aplastarle el estómago. Se besaron otra vez y confiados en un futuro prometedor y el presente estupendo que estaban viviendo, se amaron esa noche con dulzura y ardor.
…..
