Unos suaves pero profundos bostezos, escapaban constantemente de sus labios, sentía cruelmente que sus párpados le pesaban, no podía evitar sentirse sumamente cansado, no era peor que eso, estaba completamente exhausto. El insomnio era su maldición, con la que siempre le tocaba lidiar, para él era cotidiano solo dormir unas cuantas horas al día, siendo prisionero por sus desquicios nocturnos, en donde las pesadillas eran las encargadas de torturar su frágil mentalidad, una bendición para los atrapantes expedientes e innovadores casos paranormales, que sin duda lo capturaban, incentivando a que el mismo los resuelva, pero a su vez, era un tremendo castigo cuando llegaba la hora de dormir. Se obligaba de mil maneras distintas, encontrar el método perfecto para que pudiera entrar exitosamente en el letargo, siendo las pastillas su principal placebo para caer muerto por un rato, se volvió tan común para el consumirlas a diario, esos adictivos pero coloridas drogas, casi siendo igualadas por los dulces caramelos que saboreaba con fervor cuando solo era un niño pequeño.

Cerró sus ojos, imaginando esa infancia tan gratamente lejana, aún hoy difícilmente la recordaba, tenía lagunas mentales sobre ciertos acontecimientos que creyó haber vivido con sus padres, su corazón latía con fuerza, afirmando cuanto extrañaba cada momento feliz, divertido y cálido que paso junto a ellos, una sonrisa tan nostálgica apareció en su pálido rostro, echaba de menos los tiernos e amorosos brazos de su madre que lo abrazan en la noche, hasta la seguridad protectora que le brindaba su padre cuando las cosas se complicaban.. ¿Cómo fue que todo eso acabó? Una punzada certera lo hizo experimentar una sensación vomitiva, no era cuestión de arrepentirse o culparse por algo que probablemente no había hecho, nadie pudo culparlo, no tuvo nada que ver con eso.. ¿Verdad? La soledad tan hiriente que le tocó afrontar, no era nada a comparación de su deseo de morirse junto a ellos.. ¿Por que alguien ajeno salvo su miserable vida? No merecía respirar, la falsedad de su propia voluntad de amar, y el concepto de vivir estaban por los suelos, estaba rodeado por la hipocresía humanitaria, nadie llegaría entenderlo.. Estaba completamente solo pero...

"No estarás sufriendo solo, inmundo y patético humano."

Esa frase tan inusualmente atractiva, tranquilizó su inestable corazón, esas palabras desbordantes de un sentimiento similar, hasta podría asegurar que era como un dolor propio, casi devastador... Fue inesperado sentirse identificado con esa honesta mirada que le dio el de ojos violetas, indirectamente le extendió la mano, lo había notado.. ¡Pudo ver a través de él! En ese mismo instante retomo lo que creyó perdido, quiso darse la esperanza de que finalmente encontró a alguien con quien compartiría su tiempo y entablará una relación buena e interesante, en donde daría lo mejor para estabilizarse, para así afrontar los atroces planes que tenía este maléfico mundo para su persona... No mentiría, la peculiaridad actitud con la que actuaba su nueva amistad, era mucho más que interesante, al punto de verlo como un experimento divertido, notar cada gesto, acción o movimiento, podía aprender mucho sobre una persona con el siempre útil poder de observación, asegurándose las verdaderas intenciones que tenía el chico pelinegro, llevándose la sorpresa más grande de su vida era... Impulsivo pero sincero... ¿Cómo pudo encontrar a alguien tan raro pero especial como el?

- Buenos días hijo. -saludo con entusiasmo- ¡Hoy es un extraordinario día para la ciencia!

Una voz que resguardaba tanta emoción como alegría, fue quien lo alejó de sus profundos recuerdos, sintiendo como de una forma agradable el profesor Membrana despeinaba con cuidado sus alborotados cabellos, ese tacto tan gentil lo hizo tontamente sonreír, inconscientemente necesitaba algún pequeño gesto de cariño, a la vez que se arrepentía al causarle tantos problemas a su actual tutor, quien lo acogió para brindarle un futuro mejor, a expensas de lo que dirían sus hijos.. Movió su cabeza, ignorando cada lúgubre deducción o pensamiento, no era el momento para eso, tenía que hacer lo que siempre le salia bien: Fingir. De un momento a otro, cambió considerablemente su agotado semblante, siendo reemplazado por una mirada inocente acompañada de una tímida sonrisa, actuando como si tan solo estuviera avergonzado por la reciente acción paternal que le habían otorgado, a lo que solo produjo que el científico soltara una sonora risa, siendo fácilmente engañado por el castaño.

- No seas tan tímido, muchacho. -pidió dándole palmaditas en la espalda- Sabes muy bien que esta es tu casa. -aclaro con seguridad.

- Lo sé, se lo agradezco mucho profesor. -asintió con una media sonrisa- Es solo que aun estoy un poco adormilado, es todo.

- Muy bien, esta noche trata de dormir más temprano, jovencito. -ordenó tomando el hombro del contrario- Te necesito completamente renovado para los siguientes días, quiero que trabajes en un nuevo proyecto conmigo. -explicó con euforia- ¡La ciencia real es la solución a todo mal!

- Por supuesto, será un honor trabajar con usted. -afirmo con falso interés- Ademas sera una excelente oportunidad para aprender y mejorar mis habilidades manejando la tecnología experimental.

- Magnifico, estoy orgulloso de tu disposición a querer superarte. -informo alejándose un poco- Debo irme ahora, hijo. -aviso retirándose de la sala- Estaré en los laboratorios Membrana.. ¡La ciencia real no se hace sola!

- Esta bien. -se despidió haciendo un gesto con su mano- Te veo en la noche, supongo. -murmuró encaminadose a la cocina- Por ahora, será mejor que desayune algo..

Bostezo un par de veces, caminando con bastante pesadez, su cuerpo le exigía con urgencia consumir un poco de café, más que una adicción la consideraba una necesidad, siempre le había gustado el aroma cautivante de los granos de café, ni hablar del sabor embriagante que tenía el mismo, casi siempre lo consumía con algo dulce, pero esto poco a poco lo fue dejando a un lado cuando sus investigaciones paranormales eran importantes, limitando su tiempo a tan solo varias tazas apresuradas al día. Solo tardó unos pocos segundos en atravesar la sala, rodeando la entrada y llegar finalmente a la cocina, encontrándose de frente con la espalda de su "hermanastro", que al parecer estaba tarareando y cantando una vieja canción, mientras que preparaba cuidadosamente algo que pudiera comer.

- Y no es como si yo fuera de los que dicen mentiras~ -empezó a cantar, recordando con rapidez la letra- Viajó en el tiempo a detenerme, rompió Marte y creyó vencerme~

A estas alturas ya debía odiarlo, sin esperarlo se puso a divagar, no conocía casi absolutamente nada de él, solo que había desaparecido por uno tiempo, como si la mismísima Tierra se lo hubiese tragado, hasta al punto de darlo por muerto.. ¿Por que se fue? Muchas teorías rondaron por su cabeza, pero ninguna era realmente óptima para esas situaciones, no consiguió entender qué fue exactamente lo que lo hizo volver, más aún porque tenía ese inconsciente apego a intentar retomar su antigua vida, a sus ojos era un berrinche infantil cargado de remordimientos. Encogió sus hombros, no le importaba en absoluto, por ahora solo debía aparentar ser otro más en la casa, y no llamar la atención.

- Buenos días, Dib. -saludo en forma amigable- Vaya, eso debió doler. -comentó mirando de reojo sus vendajes- ¿Estas bien?

- No tienes ni idea... -susurro tomando entre sus manos una caja de cereal- Como podrás apreciar sigo con vida, así que eso debería contestar tu pregunta. -gruño sentándose en la mesa.

- Podría tratarse de un fantasma caníbal.. -bromeo tomando una taza de la alacena- Buscando devorar a una inocente e singular familia, para saciar sus mórbidos deseos de carne.

- Tsk. -chasqueo su lengua, fastidiado- Si fuera un fantasma estaría cubierto de ectoplasma, no tendría un cuerpo físico y mucho menos podría estar hablando aquí contigo. -explicó sirviendo el cereal en un plato- Y nunca devoraría a mi propia familia.

- La locura puede llegar a cambiarte por completo, tonto cabezón. -aseguró sirviendo con cuidado su café- Al perderte a ti mismo, eres capaz de las cosas más ruines, crueles y perversas. -sonríe agarrando la taza, sentándose al lado del de lentes- Solo que siendo un fantasma sería mucho más divertido.

- Sigo respirando, así que detente. -señaló agregando la leche, mezclándolo un poco- Ademas, no me gusta la idea de devorar personas, sería algo asqueroso. -agrego empezando a comer.

- Que lastima.. -hablo dándole un sorbo a su café- Ugh.. Amargo.. -susurro haciendo una mueca. Entonces.. ¿No devorarías a Zim? -se burló con picardía.

- U-Ugh.. cof..cof.. -comenzó a toser repetidamente- T-Tu.. -lo miro con desprecio- ¿Qué diablos-?

- Pff.. Hahahah.. -comenzó a reírse a carcajadas- No te mueras aun, hermanito. -bromeo dándole unos fuertes golpes en la espalda- Aunque si lo haces, le daré tu cabeza a Zim como trofeo. -mencionó intentando calmar su risa.

- ¡P-Por Mercurio! -exclamó alejándose del de ojeras- ¡¿Estas loco?! ¡¿Como puedes decir algo como eso?!

- ¿Ah? -balbuceo sin mirarlo- Eres demasiado aburrido, esa actitud tuya es tan monótona e predecible.. -afirmó agregándole azúcar a su bebida.

- Acabas de decir que ibas a decapitarme.. ¿Lo sabes, no? -mencionó controlando su respiración.

- Dib, eso se lo llama "humor negro". -corrigió alzando una ceja- Dudo que alguien quiera matarte, pero no es mi problema. -encogió sus hombros- Tampoco me importa.

- No confió en ti. -aseguro con severidad, levantándose de la mesa.

- Siento exactamente lo mismo por ti. -sonrió dándole un ligero sorbo al café.

Una electrizante tensión los rodeó completamente a ambos, el ambiente estaba tan ridículamente pesado, fácilmente podría cortarse con cualquier pequeño sonido, sin poder evitarlo sus miradas chocaban con tanto fervor, buscando burlonamente un desafío exasperante, impulsado por cualquier tipo de pretexto, para sí comenzar una pelea entre ellos... No era novedad que el resentimiento escondido por diversas razones, los estaba tentando, un egocentrismo certero los estaban incentivando a sacar lo peor uno del otro, a este punto creían que todo estaba permitido pero.. ¿A qué costo?

La necesidad de respuestas carcomía por dentro al de lentes, debía ponerle de algún modo un fin a todo esto, se había convencido que recuperaría la confianza enigmática del irken, pero antes debía tratar de descubrir las intenciones ocultas sobre la misteriosa persona que tenía justo en frente.

- ¿Qué quieres de Zim? -hablo confrontándolo con la mirada- Me gustaría entender qué planes lo incluyen, y saber que ideas duermen debajo de ese estrepitoso cabello tuyo.

- No te metas con mi fabuloso cabello, Dib. -refuto con una media sonrisa- ¿Acaso yo señale la gigantesca y pesada cabeza que tienes ahí? -se burló entre risas.

- ¡Por pie grande! -gritó con frustración- ¡NO ESTOY CABEZÓN!

- Sabes Dib. -ignoro sus palabras, dejando la taza a un lado- Hagamos un pequeño intercambio. -propuso levantándose de su sitio.

- ¿De qué rayos hablas? -insistió poniéndose instintivamente en guardia- Habla fuerte y claro.

- Intercambio de información. -respondió moviendo sus manos- Voy a contestar cualquier pregunta que quieras hacerme y tu deberás contestar una mía. -explica con simpleza- ¿Que piensas?

- ¿Cómo puedo asegurarme de que dirás la verdad? -cuestiono analizando al castaño.

- No ganaría absolutamente nada mintiéndote. -bostezo profundamente- Tampoco te estoy obligando, Dib. -aclaro estirándose un poco- Solo estoy aburrido.

- Como sea. -se cruzó de brazos- ¿Que es exactamente lo que quieres saber?

Una pequeña pero bien disimulada sonrisa, se formó en los labios del de ojos azules, su pequeño juego mental, había funcionado, por lo que solo le quedaba analizar y deducir cada una de sus expresiones tanto faciales y corporales, básicamente los humanos eran un libro abierto cuando se trataba de la comunicación no verbal, admitían mucho más con una acción que con sus propias palabras. Sin embargo, sospechaba que el de gabardina negra no sería un caso sencillo, por lo que esta oportunidad de enfrentarlo de manera sorpresiva, jugaba a su favor, se acercó a paso lento hasta su "hermanastro", tratando de averiguar lo que rondaba en su mente, disfrutando en cierto modo la confusión que transmitía con su mirada, proyectaba tantas emociones conjuntas que era mucho más complejo de lo que se llegó imaginar.

- ¡Mary! ¡Mary!

Antes de que el castaño con ojeras pudiera emitir palabra alguna, dentro de la cocina hizo aparición un pequeño e hiperactivo niño, interrumpiendo con brusquedad la conversación malsana que estaban a punto de empezar, simplemente ese infante con raros visores en su cabeza, entro a la sala entre lloriqueos y quejidos, claramente consternado aferrándose con insistencia a la pierna izquierda del chico gótico, el cual estaba mucho más que sorprendido y confundido.

- ¡Mary! ¡El amo necesita ayuda!