- ¿Qué demonios…pasó aquí?

Cuando Senku abrió los ojos al amanecer y miró alrededor, al principio no reconoció dónde estaba. No era el centro de la aldea donde habían comido ese banquete y bebido alcohol, sino que aparentemente se habían trasladado al reino científico. Lo peor no fue eso, sino que se sintió muy "ligero", y con un poco de frío, y cuando se miró se horrorizó al ver que estaba semidesnudo. No recordaba haberse sacado la ropa, y el clima tampoco ameritaba para eso, quizás había sido alguna broma pesada de los demás cuando ya estaba demasiado ebrio para su propio bien. Pero en cuanto volvió a mirar a su lado, buscando la evidencia o el motivo de esa situación, se espantó con lo que vio: Él no era el único en paños menores…Ryusui y Taiju estaban no muy lejos de él, con sus lustrosos traseros tomando sol, y un poco más lejos estaban los demás, no en un estado tan patético como ellos, pero a la mayoría le faltaba al menos una prenda, ya sea la parte superior o la inferior. Lo curioso era que sólo eran los hombres jóvenes, no se veía ninguna de las chicas por ahí, aunque quizás era lo mejor para que no sean testigos de esa vergüenza. Minami y su cámara fotográfica podían ser su peor pesadilla.

Senku comenzó a levantarse, pero la cabeza le daba vueltas y se sentía horrible. Sí, había aprendido por primera vez lo que era una resaca, y una de las buenas, porque para colmo no se acordaba ni un milímetro de lo que había pasado para que llegaran a ese estado. Logró ponerse de pie, y arrastró sus pies hasta encontrar a alguno de dos hombres más confiables y en mejor estado aparente: Tsukasa y Ukyo. Al primero que vio fue al luchador, y aunque estaba con el torso descubierto, se lo veía dormido sentado contra una pared, en una pieza. El científico apenas le puso un dedo encima cuando se encontró con esos ojos marrones comenzando a enfocar en los de él.

- Oye, Tsukasa, despierta…tenemos un problema y te necesito. ¿Tienes idea de lo que pasó para que terminemos todos así? ¿Y por qué cambiamos de lugar?

- Senku –se levantó y miró alrededor, con una mueca en la cara– ¿no te acuerdas? Eso es raro en ti. Llegó en momento de la noche en que Kokuyo echó a todos los jóvenes, porque dijo que los mayores y los niños necesitaban descansar en paz. Lo otro…Juegos de bebida, y Ryusui propuso que el que ganaba, elegía qué ropa sacarle a otro. Traté de mantenerme al margen, pero él y Gen fueron muy insistentes.

- Sí, lo son… Ah, con que eso fue –suspiró aliviado, realmente había temido que las cosas se habían ido de las manos– bueno, no fue tan grave como pensaba. Aunque parece que Ryusui y Taiju perdieron muchas veces, y yo también.

- No…fueron los que más ganaron, en realidad, pero estaban empeñados en desnudarse, e incluso se eligieron a ellos mismos para sacarse la ropa. Tú fuiste su primer objetivo, obviamente, pero luego encontraron se concentraron en ellos. Y... Ryusui bailó.

- … ¿bailó?

- En ese momento estaban las mujeres presentes todavía. No sé qué tipo de vida llevaba antes de la petrificación, pero parece que estaba familiarizado con el descontrol y el ruido. Se sacaba la ropa mientras bailaba, y se la arrojaba a las chicas, que gritaban entusiasmadas. Como un…

- Ya entendí, no necesitas completar la frase, o vomitaré. ¿Qué demonios lo llevó a hacer todo eso? No tiene un milímetro de vergüenza, ese marinero.

- Recuerdo que dijo que era su primera decisión como padrino.

- ¿Y en qué momento se decidió que él lo sería?

- No lo recuerdas tampoco. Tú le dijiste que no te molesten más con eso, y que lo resuelvan con sus "juegos ridículos". Y lo hicieron…

- Oh no, por favor, no…–Senku se tapó los ojos con las manos. No le importaba lo de tener un padrino de bodas, y tampoco que fuese Ryusui en sí, pero diez billones por ciento seguro que no quería eso y de esa forma, y al parecer fue su responsabilidad.

- Deberíamos despertarlos. ¿Te encuentras bien?

- Sí, la cabeza me da vueltas todavía, pero buscaré hacer un brebaje asqueroso para estar mejor y poder trabajar. Fueron dos o tres copas, no tengo ni un milímetro de resistencia parece. Tú te ves perfectamente, te envidio.

- No tomé mucho alcohol, y lo puedo aguantar bien.

- No me extraña, diez billones de puntos para ti.

Poco a poco se acercaron a despertarlos a todos, Senku con mucha menos gentileza que Tsukasa, todavía estaba un poco indignado de lo cómo habían descontrolado todo. Agradecía a la vida que su futuro suegro no hubiera presenciado semejante vergüenza, pero no podía decir lo mismo por Kohaku…y todas las demás que presenciaron el espectáculo. No tenía problemas en que lo vieran con poca ropa, eso no le molestaba, pero de esa forma con tan poca dignidad…

Las caras de confusión y horror se repitieron en muchos, la de Kinro fue una obra de arte, y Taiju gritaba algo ininteligible de que no podría perdonarse de que Yuzuriha lo haya visto de esa forma. Por otro lado, Ryusui y Ginro se despertaron con una sonrisa, como si estuviesen completamente satisfechos con lo que hicieron. De hecho, el capitán se sentía realizado, afirmando que fue la mejor despedida de soltero que pudo haber, dadas las precarias condiciones del mundo de piedra, y que la recordaría por el resto de su vida. Y sólo le pareció poco caballero el recordar que las bellas mujeres presenciaron también esa parte de la fiesta, pero el lamento no le duró mucho. Se levantó como si no tuviera un mililitro de alcohol en sangre, a pura energía, anunciando a viva voz que tenía por delante muchos preparativos de los que preocuparse, como padrino de bodas.

Cuando estuvieron todos listos, Senku les dio un buen sermón de todo lo que tendrían que trabajar para limpiar y reponer los recursos utilizados en esa fiesta, y de que había sido absurdo lo que hicieron, pero luego arrastró consigo a Chrome (que estaba en un estado tan patético como el de él o peor) para hacer una gran cantidad de infusión para combatir la resaca. Senku mandó a algunos a buscar miel, hojas de menta y algún cítrico, aunque había otros ingredientes menos apetecibles que sugirió también. Mientras esperaba a que vuelvan, fue al centro de la aldea con cautela, quería ver cuál era la situación ahí.

Al parecer, ya sea porque había sido una fiesta en su honor, y él era el líder de la aldea, no se encontró con caras juzgadoras o de reproche, a lo sumo alguna sonrisa disimulada cuando pasaban a su lado. Se cruzó en el camino con Kokuyo, que lo saludó animado y preguntando cómo había terminado todo, con lo cual no se había enterado de nada, mejor así. Respiró aliviado al ver que no hubo daños colaterales más allá de la dignidad de todos, aunque lo que más le interesaba era saber la opinión de su futura esposa. Volvió a su choza, y justo Ruri salía de allí. Lo saludó con una tímida sonrisa, aunque estaba extrañamente sonrojada y apuró el paso inmediatamente. Demonios, estaba seguro que algo había pasado, aunque Ruri parecía bastante dulce e inocente y capaz sólo le había escandalizado un poco la situación. Pero cuando entró a la choza, se encontró una extraña mirada en Kohaku: Le sonreía un poco, pero esa sonrisa no le llegaba a los ojos. Inmediatamente le recorrió un escalofrío por la espalda.

- Hola. ¿Cómo amaneciste, Senku?

- Horrible, pero lo peor es que Tsukasa tuvo que ponerme al tanto de todo, no entiendo cómo no recordaba nada…al menos no desde que estábamos comenzando a beber y comer en la aldea –definitivamente parecía que Kohaku estaba conteniendo su mal humor.

- Ya veo. Bueno, fue bastante…animada la fiesta de anoche, aunque no vi que pusieras mucha resistencia.

- Vamos leona, tampoco tenía mucha opción, pero no es mi estilo ese tipo de fiestas, ya les dije un par de palabras a esos traidores, y les di una cantidad de trabajo infernal para que compensen hasta pasado mañana, que será la boda…–la miró con un poco de duda y nerviosismo– sigue habiendo boda, ¿verdad?

- ¿De verdad me estás preguntando eso? –Kohaku levantó una ceja.

- No sé…Diez billones por ciento seguro que tienes algo que decirme. No tengo idea si hice algo incorrecto, pero te puedo asegurar que si lo hice no fue adrede, estaba con una proporción ridícula de alcohol en sangre, no pensaba claramente.

- Me alegra saber que entonces no te confundiste a Ruri conmigo adrede –lo miró con una sonrisa sarcástica. Una sonrisa que lo heló en el lugar.

- ¿Qué? ¿A qué te refieres? –Toda la sangre abandonó su cara. Ah, con razón Ruri se sonrojó al verlo y salió corriendo… ¿qué demonios hizo?

- Bueno, te le acercaste por atrás y le dijiste que le quedaba muy bien el pelo lacio y suave, y que "diez billones por ciento seguro" te generaba sensaciones indecentes que no tendrías problema en demostrárselas cuando estén solos.

Oh…sí que la había arruinado. Aunque para él era más que evidente que eso estaba destinado a Kohaku…Maldición, ¿tan alcoholizado estaba como para no notar que no era la leona? Sí, las dos eran rubias, tenían una figura y cara similar, y un vestido azul…pero hasta ahí llegaban las similitudes.

- Por tu cara veo que ni te enteraste, y pareces arrepentido, y realmente me pareció que estabas completamente fuera de ti para decir eso, pero eso no quita el momento que le hiciste a pasar a ella…ni a mí. Pero salvo que quieras cambiar de novia y volverte a casar con Ruri, sí, sigue habiendo boda.

- Kohaku…–se le acercó lentamente– Lo lamento mucho, no tengo palabras para explicarlo… aunque te agradezco que confíes en mí, pero no tienes tampoco que dudarlo nunca. Te prometo no volver a tomar alcohol para no hacer ese tipo de estupideces nunca más.

- Oh, no hagas ese tipo de promesas, fue divertida la noche excepto por ese momento –ella se le acercó a él ahora, más decidida y con una mirada entre desafiante y una sonrisa misteriosa, y le susurró al oído– Pero te perdono si me prometes que harás lo que le dijiste a Ruri…conmigo.

- Cuando quieras –Senku abrió mucho los ojos al escuchar eso, pero en cuanto apoyó sus manos en la cintura de ella para comenzar a cumplir su promesa, la rubia se las sacó y se alejó.

- Nunca te dije que quería que lo hagas ahora. De hecho, vas a guardarte eso para nuestra noche de bodas, ya que no me tocarás un pelo hasta entonces. Y puedes dormir en la choza de Chrome hasta entonces. Hasta luego.

La vio salir erguida y orgullosa, sin mirarlo ni una vez más. Estaba MUY molesta todavía, pero el científico la había sacado demasiado barata para lo que había hecho. Y no le molestaban para nada las condiciones, era un castigo justo…y tenía tiempo de sobra para pensar su reconciliación. Volvió con los demás, y le contó la situación a Chrome, ya que tendría que alojarlo, pero procuró que nadie más escuche, o lo molestarían de por vida con eso si se enteraban.

Los próximos dos días pasaron con relativa normalidad, con la excepción de que Senku apenas si se cruzó con Kohaku, y que siempre se veía a alguien correteando con algún decorado o comentando con emoción que cada vez faltaba menos. Al menos Ryusui se había tranquilizado y no había hecho ninguna otra estupidez, más bien se comportaba más correctamente que nunca. Se había decidido que la boda comenzaría justo antes del atardecer, y se extendería hasta finalizar con el banquete nocturno.

Y finalmente el día llegó. Senku estaba bastante tranquilo, aunque lo único que todavía lo tenía nervioso era el hecho de que se sentía raro no hablar ni ver a su próxima futura esposa por esos días, y teniendo en cuenta lo que había pasado. Se lo merecía completamente, pero no podía evitar ese sabor amargo de que se dieran de esa forma. Sin embargo, en algún punto de su cerebro pensaba que Kohaku estaba disfrutando secretamente con eso…ya se lo haría pagar, de una forma que ella jamás olvidaría, y esperaba redimirse con eso. Ryusui le había traído la ropa hecha por Yuzuriha para ambos, pero ella se había asegurado que nadie la viera antes, así sería una completa sorpresa. Lo único que sabían era que tanto la ropa como la ceremonia iban a ser una combinación de los dos "mundos", así que el científico daba ya por sentado que su ropa sería la tradicional del mundo moderno. De todas formas, en cuanto abrieron las bolsas con los trajes, se quedaron los dos boquiabiertos…Yuzuriha se había esmerado, era magnífico.

Se vistieron los dos al mismo tiempo, pero Ryusui, mucho más acostumbrado a vestirse con ese tipo de ropa formal, lo hizo rápidamente y luego ayudó a Senku a acomodar los detalles. El peliverde había pedido al viejo Kaseki un espejo grande, regalo para Kohaku para que pudiera verse a sí misma al prepararse, pero el artesano terminó haciendo uno más para él. Así que cuando los dos jóvenes se miraron en el espejo, silbaron simultáneamente antes de lucir una sonrisa de confianza que hubiera provocado una combustión espontánea en el acto de cualquiera que los observara. El traje de Senku, que más bien era un chaqué, consistía de una levita negra bien entallada (que quedaría abierta) de una lana satinada, del mismo color que el pantalón perfectamente ajustado a su cuerpo, un chaleco de un color gris claro casi perlado, una camisa blanca y por último una corbata negra ancha, pero que Ryusui le había hecho un nudo pequeño, dándole así más impacto. Lucía sencillamente impresionante, hasta él tenía que admitir que estaba gratamente sorprendido de cómo se veía esa ropa incluso en un flacucho como él. El capitán, aunque tenía un porte impecable naturalmente, también estaba muy atractivo, pero el de él era un esmoquin más tradicional, aunque de los mismos colores que Senku, a excepción de que su corbata era de un azul marino profundo, muy adecuado para él.

Una vez listos, chocaron las manos con una sonrisa de victoria, y fueron directamente al centro de la aldea, donde pronto comenzaría todo. Toda la aldea y los amigos del mundo moderno ya estaban ahí, y ahí se dieron cuenta de que todos estaban vestidos para la ocasión: Los aldeanos tenían unas ropas similares a los que ellos usaban, pero con una apariencia más formal porque los hombres tenían encima una yukata corta, mientras que las mujeres de todas las edades tenían un vestido largos pero al cuerpo, parecido al que usaba Ruri normalmente. Por otro lado, los pocos hombres del mundo moderno vestían un traje sencillo negro con una camisa blanca, mientras que Yuzuriha, Nikki, Minami y Mirai tenían vestidos también largos pero un poco más osados y sueltos, a pedido de la periodista. Cuando los invitados registraron que Senku había llegado, al principio se hizo un silencio de tan sorprendidos que estaban con la impecable apariencia del científico, y a los pocos segundos un "oooooh" de admiración se replicó como una ola. Yuzuriha corrió hacia su amigo gritando de emoción, y lo abrazó fuertemente.

- ¡Wow Senku, te ves muy atractivo! Y me encanta la sonrisa con que lo luces esta vez, siempre pareces fastidiado al usar este tipo de ropa.

- Hiciste un gran trabajo Yuzuriha, conmigo y con todos, diez billones de puntos para ti. Y tengo que decirte que me gusta mucho, esperemos que a mi novia también le guste.

- No lo dudo ni un segundo. Espero que también te guste el vestido que le hice a ella, está más que preciosa. ¡Oh, tenemos que prepararnos!

Yuzuriha guió a Senku y a Ryusui al centro de la aldea, donde había un arco de madera labrada, que daban la ilusión de ser dos trozos de madera entrelazados, de los que salía también una tela traslúcida con unas adorables flores silvestres y coloridas incrustadas. En el piso habían pintado algo que parecía una estrella, pero de siete puntas, y le indicó al científico que se pare justo encima, aunque dejando lugar para Kohaku luego. Los aldeanos se colocaron automáticamente en un gran círculo alrededor del arco, y los demás los imitaron y se mezclaron entre ellos. Sólo faltaban Kokuyo y Ruri, que seguramente estarían viniendo con Kohaku. Esos minutos fueron interminables para Senku, que ya comenzaba a moverse un poco ansioso. De pronto se estaba volviendo muy intenso y muy real, y cayó en cuenta que estaba por casarse en la próxima hora. Casarse. Él, que se había cansado de decir que no le interesaba el romance, y que las relaciones amorosas eran problemáticas, por lo que las había evitado a puro desinterés durante toda su vida. Pero de pronto todo empezó a cambiar casi demasiado rápido, y fue él quien de pronto le propuso matrimonio a Kohaku. De no creer.

Ensimismado en esos pensamientos estaba cuando de pronto empezó a escuchar una suave melodía de flauta, acompañada por un rasgueo como de una guitarra. Al principio le costó ubicar la fuente del sonido, pero unos segundos después escuchó que venía del interior de la choza que habitaba Ruri con su padre. Del interior de ésta salió primero la sacerdotisa, con un impoluto vestido largo color crema, y un finísimo chal blanquecino que le cubría los hombros y caía casi hasta el piso. En sus manos sostenía una tela larga, del ancho de la palma de una mano extendida, y comenzó a bajar las escaleras. Cuando llegó a la base, el círculo se abrió, dejándola pasar, pero quedó abierto, listo para recibir a los últimos que faltaban.

Y finalmente se asomó, del brazo de su padre, la novia. Si bien todavía estaba un poco lejos para verla bien, Senku abrió los ojos enormemente, y su boca cayó abierta también. No era una leona, era una reina. Agradeció mentalmente a Yuzuriha por hacerle un vestido precioso pero sencillo. Mientras sonaba la dulce música, padre e hija bajaban lentamente, hasta que llegaron a la base y entraron en el círculo. Así como con Senku, al principio se escuchó una inspiración colectiva de sorpresa y emoción, y luego se escuchó el coro de un maravillado "ooooh", mientras Kokuyo le soltaba el brazo y la dejaba caminar majestuosamente hasta llegar al lado de Senku. El detalle más sorprendente era que Kohaku tenía el pelo lacio, como cuando fueron a la isla, y estaba adornado con una corona de unas delicadas flores rosadas y blancas, del mismo color que el hermoso y delicado ramo de flores que tenía entre sus dos manos. El vestido, para sorpresa de todos, era de un blanco sedoso, pero totalmente entallado a su cuerpo, y solamente se soltaba debajo de las rodillas, para terminar en una muy corta cola, perfecta para moverse con comodidad. El escote era una V profunda pero elegante, y aunque el vestido no tenía mangas, desde los hombros caían unas delicadas plumas. Cuando estaba lo suficientemente cerca de su novio y se giró para colocarse frente a él, todos pudieron apreciar que ese increíble vestido tenía la espalda casi descubierta, pero que se unía en forma de una V debajo de su cintura para continuar hacia abajo. Para Senku, decir que estaba preciosa le estaba quedando corto, así como que era una reina. No tenía palabras para describirla, pero trató de controlar el nudo que se le hizo en la garganta o no podría hablar. No estaba seguro de merecer a la diosa que estaba frente a él, pero se juró a sí mismo que iba a hacer lo posible para hacerlo.

- Hola Senku. Tanto tiempo –le sonrió con picardía, disfrutando de la expresión que tenía en su rostro.

- Hola.

- ¿Sólo "hola"? Es inusual que te quedes sin palabras. Te ves muy atractivo con esa ropa, me gusta… ¿Me veo bien? Nunca usé algo como esto, no me puedo mover mucho.

- Sí –Aunque quisiera, no podía extender sus monosilábicas respuestas, en cambio la rubia parecía muy tranquila y charlatana. Por no decir que sentía que sus mejillas ardían, y seguro era visible para cualquiera a kilómetros a la redonda.

Antes de que Kohaku pudiera reírse o protestar de su escueta respuesta, Ruri se colocó en frente de ellos, e inmediatamente cesaron todos los murmullos. Miró con una dulce sonrisa a la pareja, saludó a Senku con una inclinación, y les preguntó si estaban listos, a lo cual ellos asintieron, y Kohaku le pasó su pequeño ramo a su padre, que se había colocado a la par de Ryusui, pero del lado de ella.

- Aldea Ishigami, amigos del mundo moderno, nos reunimos hoy aquí frente a los dioses para celebrar el matrimonio de Senku Ishigami, líder de esta aldea, y Kohaku, hija del ex-líder y querida hermana mía. Los presentamos a los dioses en las siete direcciones de la vida: la energía cósmica, la madre tierra, los cuatro vientos y el interior del corazón. Les pedimos a los futuros esposos que entrelacen sus manos, para así poder cubrirlas con el manto bendecido por los dioses.

Ambos entrelazaron sus dedos, y eso ya calmó un poco a Senku, aunque todavía sentía su corazón latir hasta en sus oídos. Ruri envolvió entonces sus manos un par de veces con ese suave y precioso manto, y colocó las manos de ella encima.

- Este acto simboliza la promesa espiritual de la unión de esta pareja frente a los dioses y la naturaleza. Todos aquí son testigos de esta promesa, así como lo fueron de la vida y las experiencias que los novios vivieron juntos antes de llegar a este importante momento en sus vidas. Ahora ellos nos honrarán con sus promesas, que les pido que las guarden en su corazón, así como lo harán ellos mismos. Kohaku, ¿te gustaría comenzar?

- Senku, no es casual la forma en que nos conocimos, ni lo es lo rápido que nos llegamos a amar una vez que nos dimos cuenta de lo que sentíamos el uno por el otro. Y así es que hoy estamos aquí juntos, mientras nos comprometemos a ser compañeros de vida. Voy a admitir que nunca pensé que me casaría tan pronto, así como tampoco pensé que lo haría con tanta felicidad. Aunque de cierta forma, desde que te conocí, supe que nuestras vidas estarían ligadas por mucho tiempo. Te admiré, te seguí, y fuimos aliados, colegas, amigos…hasta que un día sentimos algo más. Y de enamorados pasamos a ser novios, y ahora de novios a esposos. Desde hoy, mi "yo" se convierte en nosotros, y puedo prometerte que mi amor por ti no tiene condiciones, ni final, y lo quiero todo contigo, por el resto de mi vida. Lucharé por ti, te defenderé, te protegeré, y uniremos nuestras fuerzas de todas las formas posibles para hacer posible nuestro futuro, nuestro sueño. Te amo, y quiero que estemos juntos por siempre.

- Kohaku…mi leona –Kohaku soltó una suave risa, pero lo miró con los ojos brillantes– Te amo, de una manera inexplicable e ilógica. Admito que no tengo ningún argumento racional para fundamentar lo que siento por ti, pero en este tiempo aprendí que se eso se trata el amor, algo que descubrí contigo. No tengo forma empírica de prometerte amor eterno, pero lo que sí puedo hacer es encargarme de que sepas y sientas que te amo cada uno de los días de nuestra vida juntos. Quiero que recuerdes todas y cada una de las promesas que te he hecho, daré lo mejor de mí día a día por cumplirlas, en nombre de la ciencia, y a pesar de las dificultades que nos depare el futuro. Pero quiero que sepas que no hay otra persona viva en este mundo que me importe y que ame más que a ti, que te protegeré de todo lo que esté a mi alcance mortal, y si no buscaré la forma de crearlo para cumplir mi palabra, porque no puedo ni quiero concebir un mundo sin ti. Entre la piedra y la ciencia, haremos nuestro camino de la mano, y quizás un día, espero, podamos compartirlo con otra personita especial para nosotros, y le mostraremos orgullosos lo que alcanzamos para darle la mejor vida posible. Te prometo todo eso, y por si te queda alguna duda, te aseguro en unos diez billones por ciento que eres la única mujer de mi vida, y que te amo y te amaré con todo lo que tengo, y todo lo que soy.

Los ojos de Senku, que ya brillaban cuando escuchó las palabras de Kohaku, se fueron humedeciendo con sus propias palabras, pero logró controlarse. Sin embargo, ella no pudo evitar dejar caer algunas lágrimas de emoción sobre su rostro, en especial cuando escuchó la indirecta de que algún día esperaba que tuviesen un hijo. Al científico no le importó mucho si había un protocolo que seguir en ese momento, pero como tenían las manos atadas y no podía abrazarla, se inclinó para darle un tierno beso en los labios, el cual ella correspondió. Cuando se separaron, Senku apoyó su frente contra la de ella, y se miraron unos segundos con los ojos entrecerrados, y Ruri se salió un poco del rol formal de sacerdotisa para poner una expresión que gritaba que se estaba muriendo de ternura de ver esa escena, así como más de uno de los del círculo. Kokuyo soltaba lágrimas sin vergüenza alguna, demasiado realizado y feliz por su hija como para hacerse el duro ahora. La pareja volvió a su posición normal, y miró a Ruri para que continúe. Retiró el manto que envolvía las manos de ellos, y se lo pasó a Turquoise que se acercó con una reverencia para recibirlo.

- Ahora para finalizar procederemos con el ritual de las velas. Jasper, por favor.

El hombre se acercó con una cajita de madera, y se las ofreció para que ellos tomen una cada uno, a Ruri le ofreció una y luego otra notoriamente más grande, y luego fue de uno en uno hacia todos los invitados para que agarraran la suya. Tomó una para él, y luego se volvió a acercar a donde estaban los novios, con un cuenco que tenía unas maderitas ardiendo.

- Los futuros esposos encenderán sus velas, que representan sus vidas individuales, y luego las dos juntas encenderán la vela principal, y así se iniciará una nueva llama que simboliza la vida en común que está a punto de empezar para ellos. Papá, Ryusui, ustedes encenderán sus velas a partir de esta nueva llama, y pasarán ese fuego a los demás, para mostrarles a los dioses que todos apoyaremos esta unión.

Senku y Kohaku acercaron sus velas al fuego, y una vez encendidas, pasaron la llama juntos a la vela grande que sostenía Ruri en una mano. Ella encendió la suya que tenía en su otra mano, y luego Kokuyo y Ryusui hicieron lo indicado. Para cuando se terminaron de encender todas las velas, era una imagen mágica cómo se mezclaba ese círculo de suaves llamas con los colores del atardecer. Ruri extendió su brazo al cielo, alzando la vela principal, y luego le siguieron en orden la de los novios, la de ella, su padre y el marinero, y luego todas las demás al mismo tiempo.

- Los dioses y la madre naturaleza son testigos de esta nueva unión, que todos acompañamos en nuestros corazones y nuestros mejores deseos. Y a través de mi deber como sacerdotisa, los presento ante ustedes a partir de este momento como marido y mujer, mientras el amor dure.

Senku abrazó a Kohaku por la cintura y la atrajo hacia él, y así ambos se acercaron para darse el beso que oficialmente sellaba su matrimonio, mucho más apasionado que el anterior, y todos comenzaron a aplaudir, silbar y gritar de emoción para festejar. Luego, cada uno hizo un huequito en la tierra que tenían bajo sus pies, y enterraron la base de la vela, para que se consumiera y apagara naturalmente.

Poco a poco, todos los amigos y aldeanos se fueron acercando a felicitar personalmente al nuevo matrimonio, y se deshacían en elogios de lo hermoso que había sido esa especial ceremonia, además de lo guapos que se veían ellos. Luego de los saludos, comenzó el banquete, magistralmente preparado por Françoise, como era de esperar. Pero antes de que empiecen a comer y tomar, Kokuyo acercó dos copitas de sake a Senku y Kohaku, y les dijo que tenían que brindar y beberla en tres sorbos, explicando que cada uno correspondía al cuerpo, al corazón y al espíritu. Así lo hicieron, y luego de otra tumultuosa ronda de aplausos y festejos, comenzaron finalmente a comer y beber. Después de beber esa copa de brindis obligada, Senku rechazó todas las veces que intentaron rellenársela. La realidad era que tenía ganas de irse en ese mismo instante de allí con Kohaku, pero todavía tenían que hacer un poco de tiempo y llenarse un poco el estómago, al menos como cortesía y agradecimiento al gran esfuerzo que hizo la francesa en preparar todas esas delicias. Pero nadie dijo que no podía divertirse, así que mientras ella tomaba un vaso de jugo, él acercó sus labios al oído de ella para susurrarle.

- Espero que estés lista, no puedo aguantar para cumplir mi promesa de redimirme por el otro día… digo, no será casualidad que luces el pelo lacio por nada, ¿no? Mis ideas indecentes están muy presentes.

Kohaku se ahogó un poco con la bebida que estaba tragando, y miró a Senku con los ojos muy abiertos, adorablemente sonrojada.

- ¿Qué? Tú fuiste la de la idea, espero que no se te haya olvidado. Maldición…no te sonrojes así, no voy a poder controlarme. No te preocupes, nadie escuchó. Y, de todas formas, todos se hacen una idea de lo que vamos a hacer, es nuestra noche de bodas ¿no, señora Ishigami?

- No, es verdad –se repuso de su breve momento de vergüenza, sonrió con picardía y lo tomó de la mano, antes de decir en un tono que alcanzaran a escuchar los que estaban cerca– Disculpen, Ruri, papá, amigos… sigan festejando en nuestro nombre, por favor, pero Senku y yo nos retiraremos. Muchas gracias por todo, fue precioso y estamos muy felices y agradecidos.

Senku se quedó con la boca abierta ante lo directa que fue, pero más le sorprendió que en vez de avergonzarse, los que escucharon eso soltaron silbidos y gritos de apoyo, e incluso vio con casi horror que Kokuyo alzaba su copa hacia ellos, con una mirada muy significativa hacia Senku, como diciendo "haz las cosas bien, chico". Empezaron caminando con tranquilidad, todavía tomados de la mano, pero cuando ya no estaban al alcance de la vista de los demás, Kohaku miró con una enorme sonrisa de picardía al científico, y echó a correr con él, casi arrastrándolo al principio, hasta que logró acomodar su carrera a la de ella y llegaron a la choza. Pero antes de entrar, Senku la soltó, y apoyó sus manos en las rodillas para recuperar un poco de aire. Había algo que tenía que hacer, pero ella seguramente no lo sabía, y lo miraba entre burlona y con curiosidad. Cuando se volvió a levantar, apoyó una mano en la espalda de ella, y preparándose mentalmente e inspirando profundo, se agachó un poco para bajar su otra mano hasta sus piernas, y antes de que ella se diera cuenta lo que pretendía la levantó entre sus brazos. Era la segunda vez que lo hacía, y no le era nada fácil con su fuerza de pulga, pero sólo necesitaba poder aguantar hasta cruzar la choza. Ignoró la pregunta de Kohaku de para qué hacía eso, y se apuró a cruzar el umbral de la puerta, aunque lo pensó mejor y decidió soltarla directamente en la cama.

- ¿Para qué hiciste eso? ¿Alguna costumbre de tu…?

Pero no la dejó siquiera terminar, además de que la respuesta era demasiado obvia, cuando se echó sobre ella y la besó con la pasión de dos días de contenerse. No quería ir muy rápido, pero al menos necesitaba hacer eso para dejarle bien en claro lo que tenía en mente para ellos esa noche. Kohaku quiso rodearlo con sus piernas, pero se dio cuenta que el molesto vestido era demasiado estrecho para eso, y salvo que se lo levante o se lo saque, no tendría mucha libertad de movimiento. Pero Senku rió suavemente al darse cuenta de su frustración, y le susurró con una voz muy grave y juguetona.

- ¿Por qué el apuro, leona? Tenemos toda la noche…y parece que por el momento estás a mi merced, aunque tranquila, pienso atenderte muy bien como disculpas por lo del otro día, y demostrarte que no hay otra mujer que quiera tocar que no seas tú.

- Sen…ku –dioses, sólo con esa frase ya le había provocado que su interior se vuelva líquido ardiente, todas las veces que él había dicho algo parecido, habían sido noches memorables. Lo único que dudaba era si iba a poder soportar esa dulce tortura que la esperaba.

- Sólo que siento que tengo demasiadas capas de ropa, y necesitaré tu ayuda, porque ya tengo demasiado calor y todavía no empezamos. ¿Me ayudas?

Asintiendo ligeramente, hipnotizada por esos ojos carmín que eran puro fuego controlado, se sentó junto a él en el colchón, y comenzó a sacarle el largo saco por los hombros. Pero él no pensaba quedarse quieto, así que acercó su torso al pecho de ella, aunque tenía sus brazos restringidos, y giró levemente su cabeza para besarle con una suavidad muy provocadora un lado del cuello. Kohaku soltó un jadeo y se aferró a la tela de las mangas de él, pero trató de continuar, lo que más quería era sacarle todo de una buena vez en realidad. Cuando liberó sus brazos, arrojó con muy poca delicadeza la prenda lo más lejos que pudo, escuchando otra vez esa suave risa contra su cuello, que le provocó un estremecimiento de pies a cabeza. Luego pensó en sacarle esa prenda que llamaban "chaleco", que le quedaba demasiado bien y sólo verlo le provocaba un tirón en la parte baja de su cuerpo. No tenía mangas, pero sí tuvo que desabrochar la fila de botones que estaban a la altura del abdomen. Los tentadores besos de Senku se convirtieron en provocadores mordiscos, que ya la hacían gemir sin pudor, pero luego él pasaba su lengua por el mismo lugar como si se estuviese disculpando por la ligera sensación de dolor que le provocaban los dientes al cerrarse sobre su piel.

La estaba torturando, con mucho amor y pasión, pero era una verdadera tortura resistir esas atenciones y no ceder a arrancarle su ropa y ella su vestido, para calmar esa necesidad que ya punzaba con fuerza en cada parte de su ser. ¿Con tan poco ya se ponía así? Ese maldito la tenía en la palma de su mano, ya la conocía demasiado bien. Pero ella no pensaba quedarse atrás, también podía hacer lo suyo para volverlo loco. Movió su cabeza para alejarse de esa boca peligrosa, y lo besó casi con brusquedad, mientras tanteaba con sus manos para abrirle los molestos botones sin mirar. El científico soltó un gruñido de aprobación, y ella tiró de su labio inferior con los dientes, para después besarlo exactamente ahí a modo de disculpa, tal como él hizo con ella. Ambos se sonrieron porque sabían que estaban jugando, lo que no sabían era quién se rendiría primero al deseo. Finalmente le desabrochó los primeros botones, pero ella también quería jugar con fuego, así que apenas terminó con el último, siguió bajando su mano para rozarle descaradamente la entrepierna. Oyó a Senku inspirar bruscamente, y vio cómo la miraba mientras negaba con la cabeza, con una sonrisa maliciosa en los labios.

- Señora Ishigami, eso es jugar sucio.

- Señor Ishigami, nunca dije que jugaría limpio. Como si fuese a quedarme inocente y quieta mientras tú "me atiendes muy bien" como prometiste. No es como las primeras veces, yo también tengo mis trucos ya.

- Si así inauguramos nuestro matrimonio, creo que por lo único que vamos a tener que preocuparnos es por no quedarnos sin condones. Pero eso será más adelante, tengo un buen stock por el momento.

- Y deja de decirme "señora Ishigami", no te haces una idea lo que me hace sentir cada vez que lo dices con ese tono.

- Gracias por la información…me alegro que mi apellido te excite tanto. Quizás de ahora en adelante use ese, en lugar de "leona".

- No juegues con fuego, Senku…

Pero él si quería jugar con fuego, y gustosamente quería quemarse con ella. Esa joven, esa mujer, siempre lograba sorprenderlo y sacarlo de su elemento, y últimamente no le molestaba en lo absoluto, de hecho, comenzaba a considerarse un poco masoquista porque cada vez le gustaba más que eso suceda. Sacó la delicada corona de flores de la cabeza de ella, y la lanzó con cuidado sobre una mesita que tenía cerca. Enterró una de sus manos en el ahora sedoso pelo de ella, y le tiró un poco para obligarla a levantar su cara hacia él, y así poder besarla profundamente. Su otra mano libre la apoyó en la espalda desnuda de ella, y la bajó hasta el borde del vestido, tanteando si tenía algún botón que aflojar, pero no lo encontró, y maldijo para sus adentros. O sea que cuando le sacara el vestido, la dejaría completamente desnuda de una vez. Entonces tendría que ser más creativo con el proceso.

Kohaku le terminó de sacar el chaleco y lo arrojó sin cuidado tal como el saco. Quería ir por la camisa ahora, pero se encontró con esa prenda en el cuello larga y extraña, que no sabía cómo sacar. Tiró de ella, pero no hizo más que arrastrar a Senku bruscamente, y él tuvo que dejar de acariciarla para detener sus torpes intentos de sacarle la corbata, o terminaría ahogándolo. Le mostró cómo aflojar el nudo, y que era como un lazo que se podía achicar y agrandar, lo cual le dio un par de ideas muy poco inocentes para usar otra vez, ya que esa noche no tenía tanta paciencia para jugar lentamente. Podía deshacer el nudo, pero no sabía cómo atarlo nuevamente, así que lo agrandó hasta poder sacárselo por la cabeza, ignorando el comentario de él de que hubiera más fácil la otra forma. No sabía si él quería que lo desvista más, ahora estaban casi iguales en cuanto a capas de ropa, sólo que él tenía la ventaja de que podía sacarse la camisa o el pantalón por separado. Pero justo cuando ella le estaba comenzando a abrir los botones del cuello, él le agarró las muñecas y la empujó contra el colchón, sosteniéndole las manos por arriba de su cabeza, restringiéndola.

Senku acercó sus labios a la base del cuello de ella, bajó por la clavícula y continuó con un sendero de besos húmedos a lo largo de todo el profundo escote de su ahora esposa. Cada tanto volvía a subir rápidamente para besarle o mordisquearle el otro lado del cuello que no había atendido antes, y después apoyó su boca sobre los pechos de ella, por encima de esa tela blanca impoluta y tan suave. No tenía sujetador, así que seguro sería bastante sensible si él la rozaba ahí con sus dientes. Kohaku gruñó por lo bajo cuando lo sintió que la acariciaba de esa forma, y al ser un contacto menos directo, era más provocador y no sentía ni una pizca de dolor, pero sí todo el calor que le provocaba la acción. Odiaba cuando él la restringía así, ya que no podía hacer mucho, y menos ahora que sus piernas estaban limitadas por el largo y ajustado vestido. Por un segundo le soltó las manos, pero sólo fue para voltearla boca abajo, y aunque esta vez le dejó las manos libres, se acostó sobre ella aprisionándola con su cuerpo. Bueno, no es como si fuese muy pesado tampoco, pero era la acción dominante de él lo que la mantenía en su lugar, y que él estaba apoyando contra ella cada milímetro de su anatomía.

Pero el científico quería sentir su piel en contacto con la de ella, al menos la parte superior, así que se sentó sobre ella y rápidamente desabrochó los botones, algo que podía hacer muy fácilmente, al contrario de Kohaku, por la infinidad de camisas que se desabrochó de cuando las usaba en el mundo moderno. En un par de segundos ya la había abierto completamente, y también se la sacó, mientras la rubia miraba admirando la velocidad y facilidad con que se la sacó. Se volvió a recostar sobre ella, disfrutando esta vez el cálido contacto de sus pieles, lo cual era un alivio para la necesidad que ya sentía. Ella soltó un ronroneo de satisfacción, y levantó su mano para acariciarle la cara, que ya tenía junto a su cuello nuevamente. Adoraba esa sensación caliente de tenerlo respirándole en el cuello, escuchar sus suaves jadeos de placer le provocaban un tirón indescriptible que conectaba directamente con su intimidad. Pero él tenía planeado ahora atender cada centímetro de piel al descubierto de esa preciosa espalda casi desnuda, y no perdió un segundo en besar y apoyar su cálida lengua ahí, y en especial le encantaba hacer eso con el huequito que se formaba dónde estaba la columna de ella. Deslizó un par de dedos a lo largo de esa zona, con una delicadeza enloquecedora, para después hacer lo mismo con sus labios. Amaba cada centímetro de esa mujer, y pensaba demostrárselo de todas las formas que pudiera, de ahora en adelante, aunque no fuese algo nuevo para él. A la vez que acariciaba también su cintura cuando su mano quedaba libre, empujaba de una forma muy sensual sus caderas contra el trasero de ella, en un movimiento que estaba volviendo un poco locos a los dos, ya que ambos deseaban sentir eso mismo, pero sin esa molesta ropa de por medio.

Kohaku no podía ahora más que apretar sus manos contra la tela que cubría el colchón, como la única forma que tenía de controlarse. Pero después pensó que no tenía por qué hacerlo en realidad, y un poco de pelea no vendría nada mal para equilibrar un poco las atenciones que se daban, así que hizo un poco de fuerza para levantarse, y logró luego girarse para colocarse ella encima de él, quedando cara a cara. Se lanzó a besarlo salvajemente, mientras con sus manos recorría el cuello de él, y luego bajó una para moverla por el torso y el abdomen de él, mientras se apoyaba con su codo y su otra mano cerca de la cabeza del científico. Bajó sus labios para recorrer también su cuello, eso era algo que siempre le robaba algunos gemidos y gruñidos, en especial cuando ella lo hacía con brusquedad. Como ya tenía el camino despejado, comenzó a bajar lentamente, aunque dedicándose con igual detalle que él había hecho anteriormente por cubrir con sus labios, dientes y lengua cada centímetro de esa suave piel caliente. Le encantaba sentir esos músculos que tenía tan delineados, que a pesar de ser flaco se notaba que igual los tenía, tanto trabajo manual infernal en ese "mundo de piedra" como él lo llamaba, había rendido sus frutos. Pero eventualmente llegó a esa tentadora zona en la que los huesos de sus caderas y su vientre formaban esa atractiva "V" que terminaba en su entrepierna, zona que todavía estaba cubierta por ropa, pero que estaba muy evidentemente tensa por su notable excitación.

No tenía sentido demorar eso más, así que le abrió el pantalón y se lo bajó, y el científico incluso la ayudó sin hacerle ningún chiste por su impaciencia, más bien lo contrario. Le hacía gracia que, por primera vez, ella era la que todavía estaba bastante vestida, mientras que él estaba ya prácticamente desnudo, pero venía bien para variar. Ella pensaba bajarlo sólo lo necesario, pero el que ahora estaba molesto con su restricción de ropa a medias era él, así que se levantó del colchón rápidamente para sacarse los pantalones por completo, y ya estaba tan ansioso y excitado que también bajó la última prenda que impedía su completa desnudez. Kohaku jadeó ante la intensa mirada de deseo vio cuando sus ojos oscuros se conectaron, y los de él prácticamente le suplicaban, así que se acomodó para ocuparse directamente del miembro de su amado. Pensaba ser delicada y juguetona, pero el ronco gemido que escuchó cuando apoyó sus labios y su lengua contra él la hicieron cambiar de opinión con mucha rapidez, la ponían a cien cuando los escuchaba, y lo único que quería era sacarle más de esos adictivos sonidos del fondo de su garganta, eran puro deseo. Pero después de un minuto de complacerlo con bastante intensidad, disminuyó su ritmo a apenas roces y tentadoras caricias, a las que agregó su mano para recorrer cada milímetro de su intimidad, recordando perfectamente esa vieja "clase de anatomía" que él le había dado hacía varios meses, y por supuesto su experiencia de qué era lo que más le gustaba a él particularmente. No había nada mejor que cuando alcanzaba a ver su rostro completamente sonrojado, con sus ojos cerrados y su boca entreabierta en silenciosos gemidos de placer, o cuando se mordía el labio inferior para contener esos dulces sonidos, lo cual era una lástima para ella, porque verdaderamente disfrutaba de escucharlo expresar su satisfacción.

Pero así como sabía hacerlo deshacerse de gusto, sabía ya cuándo parar, así que cuando terminó de acariciar su muy sensitivo miembro, se fue alejando, hasta que se sentó sobre él. Senku la miraba con los ojos entreabiertos, mientras respiraba agitadamente, y ahora fue ella la que sintió que tenía demasiada ropa puesta. Como no había otra forma de sacarse el vestido, comenzó a levantarlo desde abajo, pero Senku logró sentarse con rapidez y detenerle las manos.

- No…déjame hacerlo a mí. Vengo deseando sacarte ese vestido con mis propias manos hace un buen rato.

Claro que con el peliverde nunca nada era tan sencillo como sonaba. Lo vio moverse para estar cómodamente sentado, luego la subió a su regazo, y mientras colocaba sus manos a cada lado de su cuerpo y comenzaba a levantar el vestido muy lentamente, iba depositando sus cariñosos y a la vez apasionados besos en cada milímetro de piel que descubría. En realidad, el vestido era demasiado largo para controlarlo él solo con comodidad, así que ella lo ayudó a sostener la tela que iba separando de su cuerpo, mientras él se dedicaba a acariciarla y besarla. Kohaku temblaba ligeramente, o más bien se estremecía, cuando él deslizaba sus manos de forma experta por cada curva de su cuerpo, y cada beso y cada vez que apoyaba su lengua, parecía que lo hacía con reverencia y adoración. Era tan ardiente como emocionante, porque era como si él le estuviese expresando su amor con cada mínima caricia, y eso la desarmaba completamente, no entendía cómo podía ser tan dulce y tan apasionado al mismo tiempo, y esa era una característica de él, ya que ella nunca pudo hacerlo de la misma forma, aunque lo amara con la misma dedicación e intensidad que él a ella. Finalmente, la sedosa tela descubrió sus pechos, y Senku soltó un murmullo de aprobación mientras los comenzaba a torturar con mucha delicadeza con el borde de sus dientes, para después hacer el mismo recorrido con la punta de su lengua.

El científico sabía que ella era particularmente sensible en esa parte de su anatomía, así que le dedicaba todo para derretirla de placer. Pero pensó que no debía ser cómodo sostener ese largo vestido para Kohaku, así que tampoco quiso abusar y la ayudó a liberarse totalmente de esa bellísima prenda, y quedando así completamente desnuda ante sus ojos. Le había sorprendido y sobre-excitado antes ver que no llevaba puesta ropa interior, pero supuso que era para que el vestido le quedara mejor siguiendo las curvas naturales de su cuerpo. La abrazó y la atrajo hacia él, ahora sí pudiendo dedicarse con más comodidad a recorrer su tersa y deliciosa piel, y hacerla gemir de una forma que siempre lo volvía loco. Como científico dedicado y enamorado que era, a esta altura sabía y recordaba perfectamente cómo usar toda su boca y sus manos en sincronía para llevarla al límite, así que mientras la rodeaba con una mano y besaba con pasión sus pechos, bajó la otra mano para acariciar directamente su centro de placer. Kohaku se abrazó con fuerza a su espalda, y lo arañó un poco en el proceso, gesto que él tomó para aumentar la intensidad de sus caricias. Siempre le había gustado esa posición, porque así estaban muy cerca uno del otro, y podían sentirse completamente con facilidad. Cuando ella instintivamente movió sus caderas acompañando los movimientos de los dedos de él, Senku aprovechó para ser un poquito más brusco y comenzó a mordisquear y lamer sus ya muy duros y sensibles pezones. Disfrutaba más que nada ese momento en que ella comenzaba a descontrolarse bajo sus atenciones, pero esa noche quería que sea especialmente intensa para ella, así que dejó de acariciarla cuando la sintió comenzar a moverse erráticamente.

Kohaku lo miró con una expresión de protesta, pero su esposo le sonrió con malicia y la sostuvo de la cintura, para lentamente inclinarse hasta apoyarla en el colchón, y él colocarse entre sus piernas. Pero había prometido dedicarse muy bien a complacerla, y todavía faltaba algo más antes del ansiado momento de sentirse adentro de ella. Esta vez, en vez de moverse para atrás y recostarse él también en el colchón, se sentó y la agarró de las piernas, y se las levantó hasta apoyarlas en sus hombros, obligándola a que sus caderas se alcen hacia él y no al revés. Esa posición era algo nueva y distinta para ella, y la hacían sentirse mucho más expuesta que nunca, así que no pudo evitar sonrojarse furiosamente y correrle la mirada. Senku se tuvo que inclinar un poco de todas formas, pero disfrutaba de deslizar sus manos hasta sostenerla de su hermoso trasero, y sin más demora se dedicó a robarle gemidos, jadeos y algunos casi contenidos gritos a su reina, devorando su intimidad con un ritmo casi desesperado, aunque siempre se detenía en el momento justo en que sentía que el cuerpo de ella se comenzaba a entumecer. En un momento Kohaku soltó un insulto muy poco agraciado, pero eso no le importó ni un milímetro porque sabía que todo valdría la pena más adelante.

Pero ya había sido demasiada provocación, y ambos necesitaban más ya, así que bajó sus fuertes piernas de sus hombros, y la apoyó con cuidado en el colchón, mientras iba a buscar y colocarse uno de los condones mientras ella se recuperaba. Poco más de un minuto después, Senku volvió a acercarse a ella, y aprovechó para dejarla en esa posición mientras él se volvía a colocar sobre ella y entre sus piernas, sólo que esta vez casi se recostó sobre ella, apoyándose sobre un codo para mayor comodidad.

- Ahora sí, vamos al plato principal…aunque por cómo estamos los dos me parece que va a terminar siendo el postre directamente.

- ¿De verdad vas a hacer comparaciones de comida ahora?

- ¿Y por qué no? –se acercó a su oído para susurrarle con una voz lasciva– Estabas muy rica.

- Maldito… ¿cómo puedes…? –No importaba todas las veces que estuvieron juntos antes, Kohaku nunca podía superar que él dijera esas cosas tan pervertidas como si nada, mientras que ella se ponía roja como un tomate de la vergüenza. No tenía problemas en el acto al cual se refería, pero decir cosas tan atrevidas era algo que todavía no podía, al contrario de él.

- ¿Y sabes qué más, señora Ishigami?

- No sé si puedo soportar más esas cosas que di…

- Te amo

- Oh…– Tampoco se acostumbraba a eso, a escucharlo decirle que la amaba. Quizás era porque no pasaba tan seguido, él era más de acciones que de palabras, entonces realmente atesoraba cada vez que escuchaba esas dulces palabras de su boca, y más aún cuando las susurraba con un tono muy suave– Yo también, Senku…te amo mucho, tanto que es ilógico.

- Oye, no me robes mi línea. Bueno, podemos empezar a compartirla.

Acercó la mano que tenía cerca de la cara de ella para acariciarle la mejilla con cariño, mientras la miraba a los ojos y le sonreía suavemente, disfrutando sólo de esa vista hermosa que eran sus ojos aguamarina, sus finos y bellos rasgos, y la expresión de amor que también emanaba de ella. Se acercó lentamente para besarla con suavidad, una, dos, tres veces, y al tiempo que profundizaba su beso con su lengua, entraba también en ella, y ambos ahogaron un gemido de placer en la boca del otro. Kohaku colgó sus brazos por encima de sus hombros, mientras que él deslizó sus manos poco a poco para abrazar su espalda y su cintura, acercándola lo más que podía a él. No quería apurarse, quería disfrutar cada segundo y cada sensación de esa conexión que tenía con ella, y sus movimientos eran lentos y profundos, para que ambos absorbieran esa mágica sensación que era unirse y fundirse el uno en el otro. Sabía que esa forma de hacer el amor siempre la llevaba casi a las lágrimas a la rubia, pero sentía que quería hacerlo así, porque también les llenaba el corazón de plenitud. A pesar de que los minutos pasaban, aunque no tenía la percepción del tiempo en ese momento, él mantenía implacable ese ritmo cadencioso, y no dejaban de besarse y acariciarse, o murmurarse palabras de amor, hasta que el placer que venía construyendo en Kohaku comenzó a desbordarse. A pesar de eso, no quiso aumentar la velocidad, sino que solamente lo hizo con mayor intensidad y aumentó el contacto entre ellos, no dejando que se filtre ni una molécula de aire entre sus cuerpos. Un minuto después, ella se abrazó con todas sus fuerzas al cuerpo de él, así como él hizo con ella, cuando su cuerpo se tensó y tembló intensamente contra el de él, lo cual aprovechó para dejarse ir también, aunque nunca había tenido un orgasmo tan potente y tan sereno al mismo tiempo.

Se quedaron así abrazados y conectados por un largo rato, negándose a soltarse y romper ese momento, aunque se acostaron de lado para no incomodarse con el peso. Kohaku estiró una mano para acariciarle el pelo con suavidad, y Senku soltó un sonido de puro contento, hasta que tan relajado estaba que a los pocos minutos se quedó dormido en sus brazos. Ella le sonrió dulcemente, aunque él no pudiera ya verlo, adoraba ver esa expresión pacífica que él tenía en el rostro cuando dormía tan tranquilo. Era muy tentador quedarse dormida así, así que se acomodó un poco para recostarse sobre el pecho de él, escuchando y sintiendo latir su corazón, y se dejó también llevar por el sueño, mientras recordaba lo maravilloso que había sido ese día, y que a partir de ese día serían marido y mujer seguramente por el resto de sus vidas.

Buenaaaaaas! Oficialmente el capítulo más largo que escribí nunca jaja, pero lo ameritaba, no quería cortar el capítulo, ni escatimar los detalles en este momento único y especial para ambos. Así que espero que lo hayan disfrutado mucho y no se hayan cansado jeje, me llevó un montón de tiempo pensar y escribir todo esta vez. Me encantaría saber qué pensaron de la boda, bah, y de todo jaja, pasaron muchas cosas. Hasta el próximo capítulo, besoooos!