-¡Por favor, Lai!- rogó a su esposo, abrazando a ese muchacho rubio al que a penas le llegaba al hombro -¿Puedo quedármelo?-

-No, Dea- respondió, cruzado de brazos -Es muy alto y estoy seguro de que crecerá un poco más- negó con cabeza - Además, seguramente que come como un animal- observó a ambos con el ceño fruncido, ya que parecían reacios a soltarse - Será muy difícil mantenerlo en casa-

-No digas tonterías. El dinero nunca nos hizo falta- refutó ella, acariciando los hermosos cabellos rubios que tocaban su mejilla - Sólo, míralo. Es adorable, con esos hermosos ojos azules y el carácter de un niño que se convertirá en un buen hombre- lo apartó de los hombros - Serás un buen hombre, Naruto-

-Gracias- la abrazó con fuerza - Así se debe sentir cuando te abraza una madre-

Susurró, pensando que no lo había oído. Descansó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos.

-Casi- mencionó ella, muy bajito -Pero es más bonito- besó su mejilla -Bien, como no puedo adoptarte...- lo aferró de la cintura con un brazo, mirando a su esposo que, era la tangente en la cuestión -Vas a quedarte así conmigo, por un ratito más-

-Dea, no es un niño. Deja de hablarle así- Sonrió. No había caso. La debilidad de ella, siempre fueron y serán, los niños desamparados -Es casi un hombre-

-No me importa, Lai- decir que Naruto estaba en la gloria, era poco. Su cara, lo decía todo -Ahora vamos a ir a comer ramen-

-Tengo cupones- enseñó tres papelitos en sus manos que sacó de un monedero con forma de sapo -Los iba a usar con Sakura y Sasuke, pero no creo que se ofendan por esto-

-Guárdalos, amigo- dijo él y le apretó un hombro con fuerza - Yo invito, vamos- giró sobre sus talones -Tú también puedes venir, Neji- invitó al ANBU frente a él -Quiero conocer más sobre el byakugan y los puntos de chacra-

-Claro, será un placer- aceptó, serio - Además, me encantaría que me cuentes sobre eso de ser un vidente milenario y controlar almas- conversaban entre ellos, empezando a caminar unos metros -¿Es lo único que puedes hacer?-

-¡Muy bien!- exclamó ella, emprendiendo su andar detrás de ellos -Si prometes comerte todo tu ramen, Naruto. Cómo recompensa, te llevaremos a comer pastel-

Fue lo último que oyeron, después de perder de vista al grupo.

-Juh, como si eso fuera necesario. Para ese inútil, eso es como un regalo- formuló el menor de los Uchihas, junto a su hermano -Itachi...- murmuró con asombro.

Sus ojos casi salen de sus cuencas, al observar en la misma dirección que él.

-Si, Sasuke- estaban petrificados -Eso es un caballo-

Un magnífico y espectacular corcel blanco. Corría a todo galope en dirección a ellos, con sus hermosos cascos siendo golpeados contra la orilla del río. Jamás habían visto uno de cerca, sólo en libros. Ya que al ser animales extremadamente caros y poco utilizados en su aldea, se los considera un lujo.

Ellos siempre, desde niños, habían soñado con tener un caballo o al menos, poder tocar uno.

-¡Hada!- gritó la muchacha a su lado, más que extasiada -¡Aleh, Hada! ¡Aleh!-

Tranquilizó al animal, tocando su cuello cuando llegó a ella.

-¿Es tuya, Gaia?-

Preguntó el ANBU con cautela, acercándose.

-No, claro que no- respondió -Ella es mi amiga, pero no me pertenece, Itachi-

-Es muy hermosa- afirmó su hermano - Aquí no hay caballos-

-¿Verdad que sí?- fijó su vista en ellos. Se veían asombrados -La salvé del maltrato de un soldado del reino de Gerd- comentó, para luego, besarle su enorme cabeza -Estaba enferma, pero el desgraciado, en vez de curarla o ayudarla, la golpeaba sin piedad- volver a recordar aquello, le hervía la sangre -Soy una alquimista hiladora de vidas, no podía permitir aquello. Así que, me enfrenté a él y con ayuda de Keilot, se la quité. Somos amigas desde entonces-

-Hiciste bien- volvió a hablar él -¿Podemos tocarla?-

Estaban nerviosos, pero aún así, querían estar cerca de ese animal.

-Claro que sí- los invitó a que la acariciaran -Eres una chica buena, ¿verdad, Hada?- habló al caballo.

-Hermano, su pelo es muy suave-

-Si, Sasuke- sonrió. Estaban maravillados.

Una idea más que descabellada, atravesó por la mente de esa alquimista de ojos avellana. Cruzó miradas con su esposo para compartir ese pensamiento. Sólo bastó que sonriera, para darle ánimos a que lo hiciera.

-Saben...- apretó sus labios. Las palabras querían salir de su boca, pero no sabía cómo -Ella no puede venir conmigo a casa. Es un animal muy grande y yo vivo en Ciudad Central, casi no hay espacio allí para que pueda estar cómoda y correr por ahí...- los hermanos detuvieron toda actividad y miraron con atención hacia ella -Me preguntaba si...- tocó sus dedos índices con cautela, esperaba que dijeran que si -¿Podrían cuidar de ella para procurar que crezca sana y feliz?-

Tragaron grueso. No podía ser cierto. ¿Les estaban regalando un caballo? Los Uchihas eran personas de gatos, no de caballos. Pero siempre había una primera vez.

-Será un honor cuidar de ella- indicó el mayor de los dos -Muchas gracias, Gaia-

-Prometo que será feliz dentro del clan Uchiha-

-No lo dudo, Sasuke- se acercó a la yegua -Bueno, Hada. Creo que este es el adiós- la abrazó con fuerza, sintiendo su respiración -Te prometí que estarías bien y que serías feliz- cerró sus ojos con fuerza para no llorar -Gracias por todo, amiga. Te voy a extrañar- se separó, limpiando una pequeña lágrima de su mejilla - Cuídala bien, Itachi-

-Lo haré- le estrechó la mano con fuerza -Gracias otra vez- sonrió, inclinando la cabeza -Vamos a casa, Sasuke. Tengo que hablar con padre-

-Si, esto no será fácil para él. Pero no daremos nuestro brazo a torcer-

Emprendieron camino a casa, acompañados ahora, de un fiel y hermoso corcel.

-Estoy orgulloso de tí- rodeó sus hombros con un brazo -Hiciste lo correcto-

-Lo sé, ella será feliz-

No pudo evitarlo, rompió en llanto. Ellas se habían ayudado en los peores momentos, cuando las rodeo la oscuridad. Se necesitaban mutuamente, pero una vez curadas, llegó el momento de continuar.

-Bien, cazador- el señor Kakashi llegó a ellos, juntó con los demás - Aquí tienes el mapa para perderse y no encontrar el valle del fin- le entregó un pergamino.

-Esto es estúpido- su hija se lo quitó de las manos, lo abrió y lo leyó -Somos cazadores, videntes y un amo de dragones, ¿Cómo pretendes eso?-

-Eso no importa, Ivi- formuló su prima -Lo importante es regresar a casa- miró al líder con ellos -¿Qué es ese lugar?-

-No estoy muy seguro- extrajo un pequeño libro de su bolsillo -Pero según antiguos manuscritos, es la llave que abre las puertas a otros mundos- buscó una hoja en particular - Sólo tienen que dar un salto de fe- comenzó a irse -Por cierto, tengan cuidado con los mercenarios- los despidió levantando una mano, dándoles la espalda -Vamonos, Sakura- ella inclinó la cabeza y se fue con él.

-¿Mercenarios?- cuestionó el amo de dragones, al escucharlo.

-Si, los Akatsuki- respondió su novia, jugando con su lobito. Todos la miraron sin comprender -Bueno, eso es lo que me dijo Rin- levantó sus hombros sin más que decir.

-Bueno, ¿Quién tiene hambre?-

Preguntó la alquimista a todos, sin darle importancia al asunto. Ella levantó la mano junto con su hija y su sobrina.

-Yo también tengo hambre- acotó la pequeña ninfa -¿Qué quieren comer?-

-Ramen- respondieron a coro las tres.