Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Latidos
― Ese hijo de perra… ―siseé al ser retirado por la fuerza por unos estúpidos policías que me escoltaron a la entrada del edificio cuando quise irme a los golpes sobre Brandon.
Ajuste mi saco y anduve a paso firme al estacionamiento con Charlie, James, Jasper y papá siguiendo mis pasos. Debería de sentir un poco de paz al haber logrado que Caius Brandon quedase en la cárcel con una condena de 15 años por tentativa de homicidio agravado contra Bella y mis hijas. El que hubiese testigos oculares del acto tan ruin que realizó contra Bella fue lo que aceleró el proceso de sentencia, sin embargo, nada de eso me motivaba a una sonrisa porque el hecho de que Alice no resultara como coautor de los hechos me produjo suficiente rabia contra mi mismo.
― Tranquilo ―papá palmeó mi espalda― ya pasó todo, hijo. Estás completamente libre de esa familia.
Me detuve al abrir la puerta de la camioneta mirando por sobre el hombro de papá como Alice y su madre se alejaban con Tanya. En algún momento las mujeres miraron en nuestra dirección para seguir caminando con su cabeza inclinada hasta refugiarse en su coche.
Dejé un fuerte puñetazo sobre la carrocería color arena.
― Ella tuvo que ver con todo, papá. Lo planeó también bien para encontrarse inocente.
Jasper se acercó junto a James mientras Charlie se subió en el asiento copiloto abrochando su cinturón de seguridad con su triste mirada al frente.
― Olvídate de ella ―intervino mi hermano―, es tiempo de seguir con tu vida. Ahora por tus niñas, Edward. Ellas te necesitan más que cualquier problema que pueda ocurrir.
Sonreí levemente.
Oficialmente, era padre desde hace seis semanas.
― Edward ―miré a McCarty quien llegó a nosotros tendiendo un folder para mí― es el certificado de divorcio. El penthouse sigue siendo tuyo, logramos quitárselo para tus hijas. Siento no haber podido hacer mucho respecto a lo sucedido con…
Negué.
― Hiciste lo suficiente, McCarty.
Asintió, haciendo un ademán para hablar conmigo a solas. Caminé con él detrás de la camioneta, observando con atención el auto marrón dónde Alice estaba.
― ¿Qué sucede? ―indagué.
― Uley mordió el anzuelo y en estos momentos está siendo detenido por acoso sexual en contra de una de sus abogadas. Hay suficientes vídeos para que pase algunos años a la sombra.
Sacudí mi cabeza.
Esto era por Bella. Levanté mi rostro al cielo que hoy era gris oscuro por la lluvia que se aproximaba y llevé mis manos a mis bolsillos.
Otra buena noticia, al fin.
― Gracias… ―Le saludé con un fuerte apretón de mano.
― Mucha suerte, papá.
Sonreí ampliamente antes de darle un gran abrazo; McCarty dejó otra palmada en mi hombro volviendo de nuevo a la corte, le miré alejarse hacia el edificio.
Sabía con exactitud qué rumbo debía seguir y cuatro pequeños corazones estaban esperando por mi regreso, porqué tres horas lejos de ellas era mucho tiempo para mí.
― ¡Esto no se quedará así!
Me volví al escuchar la chirriante voz de Alice. Tenía sus brazos cruzados sobre su pecho mirándome con desprecio repiqueteando su tacón sobre el suelo. Había teñido su cabello a rubio dorado y lo traía más largo que de costumbre.
― Eres un maldito malagradecido que mordió la mano de quien le dio de comer. Aún te atreviste a meter a mi papá a la cárcel, ¡te odio Edward Cullen!
Estaba por apretar su brazo, sería capaz de apretar su cuello lentamente sin remordimiento. Me detuve, miré las distintas cámaras en el estacionamiento y supe que ella estaba buscando provocar, no le daría ese gusto.
― Fuiste, eres y serás la peor decisión que pude tener ―sonreí de lado―. Lo bueno que de los errores se aprende, querida.
― Te deseo toda la infelicidad del mundo.
― Hasta nunca, Alice.
― ¡Ojalá te pudras en el infierno!
La dejé ahí, chillando.
Subí a la camioneta poniendo en marcha el motor, miré por el retrovisor el rostro de todos; ellos sabían que había cruzado palabras con Alice, incluso aun se escuchaban los gritos, a lo que agradecí mentalmente que nadie hiciesen preguntas al respecto.
Llevaba semanas rememorando la misma conversación para hallar un maldito error de ella, uno solo...
― Quizás no es suficiente el penthouse. Estoy muy bien asesorada y sé que puede obtener más que un simple departamento de lujo, me gustaría tener algún tipo de compensación monetaria por daños psicológicos a mi persona debido a estos tres años contigo.
Eché hacia atrás mi espalda hasta quedar recargado del acoginable respaldo, pasé una mano por mi desordenado pelo. Alice no llevaba ni diez minutos en la oficina y ya no soportaba su presencia.
― Esto no es un juego ―gruñí―, ¿quieres el penthouse o no?
― Está bien ―resopló.
― Se puede saber por qué el repentino cambio.
Alice sonrió complacida acercándose a la mesa de escritorio. No esperaba su llegada temprano, por tal motivo cuando fue anunciada por la secretaria, no daba crédito que la señora impuntualidad hubiese llegado vestida como si fuera a un desfile de modas y una hora antes de lo acordado.
― ¿Quieres que te siga rogando? ―guiñó su ojo coquetamente― no me tientes, querido.
Pude darme cuenta que su vista estaba sobre los diferentes documentos de la mesa. Irguió más su cuello exponiendo una sonrisa de satisfacción. Desde luego que no deseaba volver a verla en mi vida, simplemente era extraño que de un día para otro, ella cambiase de opinión. Alice estaba acostumbrada a salirse siempre con la suya, ¿a qué se debía su gran cambio?
― Antes de cualquier otro movimiento, primero debe firmar el divorcio, ¿no? ―interpuso James. Estaba aquí desde temprano diciendo que no confiaba en absoluto en Alice, tomando la decisión de estar presente en la oficina, lo cual le permití para su propia paz mental.
― Por única vez le doy la razón al desagradable de tu amigo. Después de la firma, seré la dueña absoluta del penthouse, es decir ¿puedo venderlo?
― Primero firma la disolución ―pedí al tiempo que le ofrecí un bolígrafo.
Ella meditó mirando entre el papel y yo, sus ojos se volvieron estrechos y pude percibir todo el odio que existía en su mirada. Arrebató el artículo negro de mi mano dejando impresa su firma en cada una de las formas necesarias que nos concedía nuestra libertad.
James volteó a mirarme y sonrió.
Me removí en mi asiento, no sabía si por la emoción o porque el timbre del teléfono interrumpió el silencio de la habitación.
Siempre se quedaría esa duda existente en mí; si ella fue realmente cómplice de su padre.
-0-
Caminé a toda prisa por el largo pasillo; algunas enfermeras se rieron sin pronunciar una palabra. Al parecer se habían acostumbrado a mí.
Vestí la necesaria ropa quirúrgica por completo y cubrí mi boca antes de entrar en la habitación con paredes celeste. Ellas seguían usando incubadoras, también seguían ganando peso después de seis semanas de nacidas.
Mis bebés eran pequeñas de una piel frágil y color rosa. Las cuatro habían sido alimentadas por sonda porque aún no sabían succionar, eran tan distintas que sabía identificar a cada una. Hoy tres de ellas sabían alimentarse directamente del seno que se había convertido en su primer gran desafío; no, lo correcto es su segundo desafío, el primero fue sobrevivir mientras sufrieron ese traumante episodio en el vientre de su madre.
― Hola, Daphne ―metí mi mano cubierta por un guante de látex por el orificio de la incubadora para acariciar su pequeña extremidad. Ella fue la primera en nacer, era quien tenía mayor peso y estatura, mi niña grande y sin pelo―. Me han dicho que hoy has llorado mucho, ¿qué sucede contigo? Creo que estás lista para más onzas de leche, eso debe ser, cariño.
Un quejido muy quedito me hizo mirar al lado, junto a su hermana estaba mi otra pequeña que parecía requerir mi atención.
― Eileen… debes esperar tu turno, cariño ―susurré, abrió un poco sus ojos y los cerró de inmediato volviendo a dormir para tirar largos chillidos a los pocos minutos―. Señorita, usted es muy mandona.
Fui a su lado. Entonces supe que debía cambiar su pañal. Eileen era mi chica demandante, lo bueno, que en estas semanas me había vuelto casi un experto en cambiar un pañal, estaba listo para ir a unas jodidas olimpiadas y seguro ganaría hasta con los ojos cerrados, mamá y Renee me entrenaron muy bien. Lo supe porque cuando el pañal fue cambiado por uno limpio, ella volvió a dormir tan profundamente.
Me volví al lado opuesto.
― Bebé Arienne ―pronuncie el nombre de mi tercera hija, una pequeña regordeta de cortos centímetros de largo. Ella tenía un poco de pelo rojizo con su rostro redondo era adorable con esos labios rellenitos. En estas semanas habíamos descubierto que mientras estuviese satisfecha Arienne podía dormir lo suficiente como ahora lo estaba como sus manitos hechas puño a los lados de su cabeza―. Dulces sueños, princesa ―pasé mi pulgar por su calentada mejilla.
Y luego estaba mi pequeñita Grace que dormía junto a ella.
Acaricié con sumo cuidado su rostro; siendo la última en nacer era más baja de peso y corta; de las cuatro era quien menos lloraba.
― Papá está aquí ―susurré tragando el nudo en mi garganta, dolía tanto ver su diminuto cuerpo conectado a cables, limpié rápidamente con mi antebrazo la solitaria lágrima que salió de mi ojo derecho. Ella envolvió mi meñique con sus diminutos dedos, sus párpados estaban cerrados mientras la canula seguía conectada a su pequeña nariz― debes ser muy fuerte, Grace.
Deslice mi dedo muy suavemente por la escasa mata de cabello oscuro. Era una preciosa miniatura idéntica a su madre. A decir verdad, las cuatro eran hermosas en todo sentido, eran perfectas y eran mías, mis princesas.
El pediatra nos mencionó más de una ocasión dado a que Grace no aumentaba de peso existía mayor probabilidad que se quedara internada por tiempo extendido en el hospital. Por este motivo nosotros seguíamos ayudando en lo que pudiéramos para hacerla avanzar.
― Llegaste.
Escuché la suave voz tras de mí. Ella envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y enterró su rostro en mi espalda.
― ¿Cómo te sientes? ―murmuré, volviéndome a ella simulando un beso por su frente por largo tiempo, la mascarilla impedía nuestro contacto piel a piel.
Bella suspiró.
Se veía sana, radiante y hermosa.
La maternidad le sentaba de la mejor manera.
Perfilé el contorno de su delicado rostro con la punta de mi dedo enfundado en el molesto guante, haciéndole sonreír.
― Me siento muy bien.
― ¿Has seguido derramando leche?
Su rostro se calentó entre mis manos, asintiendo.
― Edward, siempre quieres saberlo todo ―me riñó, dejando un pellizco en mi costado.
― ¿Tiene algo de malo?
― Eres muy curioso ―encogió sus hombros.
Volví a besar su frente, esta vez de forma rápida. La acomode bajo mi barbilla y la apreté a mi cuerpo, echaba de menos su barriga.
Últimamente tenía la necesidad de tenerla en mis brazos. Habíamos pasado por experiencias agridulces en las últimas semanas, que no quería dejarla ni un solo momento. Tenía miedo a perderla y el solo pensamiento dolía profundo en mi interior.
Cuando las noches llegaban todo seguía siendo complicado para nosotros; el llegar a casa sin nuestras hijas era la sensación más amarga que podíamos experimentar. También estaba el hecho que después del alta, ocurrida dos semanas después del parto. Bella empezó a padecer pesadillas, despertaba gritando y asustada, tenía que abrazarla fuerte hasta que el sueño volviera abordarla.
Cerré mis párpados.
No quería volver al fatídico momento en donde pasó todo. Me negaba a hacerlo, ambos, nos seguíamos negando a volver a ese punto, era un tema difícil de digerir y del cual huíamos por alguna razón. El hecho de casi perderla seguía haciendo mella en mí.
Solo podía concentrarme en ellas, en qué estaban conmigo y se convirtieron en mi razón de existir.
«Seis semanas más.»
Era el tiempo restante que las cuatrillizas necesitaban para completar su tiempo de gestación en el hospital.
Les miré en sus incubadoras; las cuatro dormían quedamente.
Eran los seres más hermosos que mis ojos habían visto jamás.
― Espero que Grace pueda alcanzar a sus hermanas ―comentó Bella, aún encerrada en mis brazos― no me gustaría que se quedase atrás, quiero que las cuatro avancen siempre iguales.
― Debemos tener mucha paciencia, mi vida. Estoy positivo que ella lo hará en su momento, mi chica es valiente ―besé los cabellos de Bella― es igual a ti.
― Gracias, Edward, por no soltar mi mano en estos momentos. Has sido mi ancla y ellas mi fortaleza.
Bella se soltó de mi abrazo caminando a las incubadoras. Podía pasar horas y días enteros contemplando a las niñas, nunca le importó que estuviese recién operada, era fuerte para soportar el dolor que la herida en el lado derecho de su vientre bajo provocaba. Había sido tenaz para recuperarse tan fácil después de lo que vivió, así como también para ignorar las curiosas miradas cuando iba al pasillo de UCIN y las personas ponían más atención a su rostro amoratado.
Conocía a Bella la fuerte que todos sabían que era y también conocía a la temerosa que por las noches se deshacía en gritos y llanto a causa del maldito de Caius.
La enfermera entró sonriendo interrumpiendo mis cavilaciones. Empezó a hacer sus anotaciones; era tiempo de realizar el método canguro que Bella y Grace practicaban cada día.
Ayudé a mi Bella a sentarse en el sofá mecedora, ella misma descubrió su torso mostrando sus senos libres de ropa, no podía existir nada morboso en mi mirada más que absoluto amor reflejado hacía ellas, al ser testigo de la dedicación con que sus brazos abiertos esperaban con anhelo y la forma tierna en que envolvía el diminuto cuerpo de Grace. Nuestra bebé se quedó tan quieta con su cabecita reposando sobre los latidos del corazón de su madre. Era la manera mas efectiva de hacerla sentir que seguía viviendo dentro y segura, porque ella aún no estaba preparada para enfrentarse al mundo.
Y nosotros estábamos más que listos para vivir con ellas.
¡Hola! Bueno, ¡les presento a las pulgas! Ahora ya conocen sus nombres. Recuerden que pasaron seis semanas desde su nacimiento.
Les agradezco cada favorito, alerta y reviews que me dejan. Ustedes me motivan a seguir escribiendo.
A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Elizabeth Marie Cullen, LittlePieceOfMyMind, Lily, Jade, Vanesa, Suiza19, Cristel Lpez, PaolaValencia, whit cullen, Flor Mcarty, Antonella Masen, Ximena, Knathz: espero retomar esa historia en cuanto termine esta. cavendano13, Vanina Iliana, Marxtin, Nancygov, Lidia, Lili Cullen-Swan, Dulce Carolina, torrespera172, Lizdayanna, Diannita Robles, Rocio, marieisahale, mrs puff, Ana, Pameva y comentarios Guest.
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