-LADY OSCAR NEWS DREAMS-

Arco II: "Identidad"

Capítulo XXVI: "Austria"

Las horas habían pasado, y la noche finalmente había caído. Oscar cabalgaba de regreso a la Mansión, contenta de saber que esa noche sería su primera velada junto a Fernanda como pareja, había terminado sus labores con anticipación para pasar por París antes de volver a su hogar, finalmente había tomado el valor para darle un regalo especial a la Princesa austriaca para demostrarle cuán profundo era su amor por ella.

Una vez estuvo en casa dejó su caballo en el establo y caminó rápidamente hacia la Mansión, subió las escaleras a toda prisa para seguir por el pasillo que daba hacia la habitación de Fernanda, justo al lado de la suya. Tocó a la puerta repetidamente, confundiéndose de que nadie abriera o respondiera.

-¿Fernanda, estás aquí? – Preguntó nuevamente confundida, tomó la perilla y abrió la puerta, notando que ni siquiera estaba atorada. - ¿Fer? – Repitió mientras revisaba la habitación con la vista, sorprendiéndose de ver al interior.

La habitación de Fernanda era reconocida por algo: siempre estaba en orden, una costumbre que sin duda había adquirido en Austria por educación de su madre, ya que solía ser ella misma quien la ordenara. Ahora se encontraba echa un desastre: las sábanas estaban en el suelo rasgadas, unas tijeras puntiagudas se encontraban en el suelo junto a ellas, el closet de la austriaca estaba revuelto en vestidos mal colgados y varias prendas tiradas, como si alguien hubiera buscado algo con prisa.

Un mal presentimiento se apoderó del interior de Oscar, quien comenzó a recorrer la Mansión de arriba a abajo en una búsqueda desesperada que le dijera dónde estaba Fernanda. Las mucamas no supieron darle razones, por lo que había comenzado a exasperarse aún más, se dirigió al jardín trasero una vez que había recorrido todo el edificio sin éxito alguno, notando cómo André lanzaba piedras a la fuente desde el árbol donde estaba recargado.

-¡André! – Exclamó Oscar caminando hacia él. - ¿No has visto a Fernanda? –

-No desde esta mañana. – Respondió antipático, algo que sorprendió a Oscar.

-¿Qué te sucede? – Preguntó Oscar sin entender su actitud. – Te noto…extraño. –

-¿Sabes algo? Me duele demasiado saber que confié en las personas equivocadas. – Dijo André sin dirigirle la mirada, lanzando nuevamente una piedra a la fuente. – Quisiera perdonarlas, pero no puedo…no puedo…me han lastimado demasiado. – Prosiguió apretando su puño contra su frente en un intento de retener su ira. – Se burlaron de mi amor, me engañaron de la manera más infame. –

-¿De qué estás hablando, André? No te entiendo. – Agregó Jarjayes confundida, acercándose a él.

-¡No mientas más, Oscar! ¡Lo sé todo! – Exclamó levantándose de golpe para mirarla fijamente con sus ojos filosos y llenos de rencor. - ¡¿Todavía tienes el cinismo de preguntarme?! –

-¡Es que no comprendo de qué demonios estás hablando! – Replicó Oscar sin comprender el comportamiento de su lacayo.

-El amante o, mejor dicho, LA AMANTE de mi prometida estuvo todo este tiempo bajo el mismo techo que yo, comiendo en la misma mesa, tomó mi mano… ¡La mano que yo le extendí como amigo! – Agregó con su vista fija en la Coronel, quien lo veía claramente nerviosa por el tono que había tomado la conversación. - ¿Por qué, Oscar? ¡¿Por qué lo hiciste?! –

-André, estás malinterpretando las cosas. – Dijo Jarjayes intentando tranquilizarlo, aun cuando ella misma se había tornado nerviosa por el tono de voz de Grandier. – Déjame hablar contigo. –

-Cállate, ¡cállate! – Exclamó golpeando con fuerza el tronco del árbol, causando que Oscar diera un pequeño salto por el estruendo del golpe. – Nunca…nunca había conocido una mujer peor que tú, no...si hay una, una ramera austriaca. –

-¡No te permito que hables así de ella! – Replicó Oscar dando un paso hacia él.

-¡Yo le hablaba de amor! ¡Le suplicaba para que me volteara a ver! ¡¿Cómo pude ser tan ciego?! – Exclamó furioso mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. - ¡¿Cómo pude ser tan imbécil?! –

-¡André, cálmate y escúchame! – Ordenó Oscar tomándolo de los hombros. - ¡Ya sé que Fernanda terminó definitivamente contigo, pero te juro que yo no tuve nada que ver con ella mientras fue tu pareja! ¡Te lo juro! –

-¡No mientas, Oscar! ¡Todo lo que salga de tu boca son mentiras! – Replicó André empujándola con fuerza, haciéndola caer al suelo. - ¡Cada vez que ella estaba distanciada de mí tú estabas con ella! ¡Fernanda volvía a mis brazos para engatusarme y hacerme creer que me quería para que no sospechara de su maldita relación! –

-¡André, te estás pasando! ¡Estás difamando a Fernanda con mentiras que pueden perjudicarla! – Reprochó la joven levantándose del suelo. - ¡Como tu amo te exijo que te calmes y me escuches! –

-Si quieres echarme de tu casa, adelante, hazlo, no me importa. – Respondió André con la voz venenosa, llena de amargura y rencor, dio la vuelta dispuesto a irse, pero se detuvo pocos pasos después. – Por cierto, Fernanda también ha jugado contigo. –

-¿De qué estás hablando? – Preguntó Oscar confundida, sin entender el cambio de voz repentino del castaño.

-Fernanda acaba de acostarse conmigo hoy. – Respondió girándose a verla, notando cómo sus ojos se llenaban de un dolor profundo que reflejaba claramente que su corazón se estaba quebrando en pedazos. – Después del apasionado encuentro que tuvimos en la cama, se vistió y se fue de la Mansión con prisa, tal parece que no tuvo el valor de verte a la cara después de entregase a mí. –

-Estás mintiendo… - Murmuró Oscar al borde de las lágrimas, con la voz ahogada. – Es mentira, todo es mentira… -

-Tengo grabado el olor de su piel, el sabor de sus labios…nunca, nunca olvidaré el día que se entregó a mí. – Respondió André con una sonrisa sarcástica, mirando con deleite la expresión destrozada de Oscar. – Buenas noches, Oscar. – Agregó con burla, dejándola sola.

-No puede ser cierto…no puede… - Murmuró para sí misma, sintiendo que se desgarraba por dentro. – Fernanda, mi Fer no… -

[…]

Fernanda cabalgaba por las calles desoladas bajo el cielo nocturno de París buscando un refugio, su corazón estaba hecho pedazos al igual que su dignidad como mujer, sabía que no tenía el valor para volver a ver el rostro de Oscar, mucho menos de confesarle que André la había tomado por la fuerza…sentía muy dentro de ella que ya había causado mucho daño en la amistad profunda de aquellas dos personas, no quería romper ese lazo confesando lo que Grandier le había hecho, porque sabía que Jarjayes sería capaz de matarlo con sus propias manos.

Su mirada se fijó en Saint Blanc, sorprendiéndose de encontrarlo abierto a pesar de que en la Mansión de Fersen le habían dicho que Gilbert se había ido junto al sueco a su país. Dejó a su corcel en la puerta y entró con rapidez buscando a alguno de los hermanos de su mejor amigo, encontrándose en su lugar con una bella joven claramente mayor que ella, de cabello lacio de color marrón pálido con un largo hasta su cadera, sus ojos eran de un color verde esmeralda idéntico a los de Fernanda, algo que sin duda la sorprendió.

-Disculpa… - Murmuró Fernanda tocando el hombro de la joven, quien volteó a verla mientras dejaba dos tazas de café en la mesa de una pareja. - ¿Se encuentran los Beaurielle? –

-No, lo siento, Gilbert se fue con su amo a Suecia, no sé cuándo regrese. – Respondió amablemente la chica, notando angustia en el rostro de Fernanda. – Disculpa que me meta, pero, ¿necesitas ayuda? –

-No…solo quiero un lugar donde pasar la noche… - Murmuró la austriaca desviando la mirada. – No tengo dónde quedarme… -

-Si te gusta la idea, puedes venir a mi casa. – Agregó la joven, ganando la mirada sorprendida de Fernanda. – No es muy grande, pero desde que mis padres fallecieron vivo sola, así que puedo hospedarte el tiempo que necesites. –

-¿De verdad harías eso por mí? – Preguntó Fernanda sorprendida de su amabilidad, la joven asintió. - ¿Por qué? No me conoces… -

-Porque Gilbert no es del tipo de persona que dejaría que cualquier persona entre en su casa, y si has venido a buscarlo con tanta angustia encima, es porque estabas segura de que él te recibiría en su casa sin dudarlo. – Respondió la castaña con una sonrisa, colocando suavemente su mano en el hombro de Fernanda. – Así que confío en ti. –

-Muchas gracias… - Dijo la rubia con cierto alivio en su voz. - ¿Cuál es tu nombre? –

-Anne. –Respondió la joven. - ¿Y el tuyo? –

-Fernanda… - Dijo la austriaca con una sonrisa, más tranquila. - ¿Necesitas que te ayude con algo? Se ve que tienes mucho trabajo, Anne. –

-Sí, he estado atendiendo Saint Blanc sola. – Agregó con una risita Anne. - ¿Me ayudarías a lavar los trastes que están en el fregadero por favor? No falta mucho para el cierre. –

-De acuerdo, yo lo hago. – Respondió Fernanda dirigiéndose a la cocina, con un alivio interior de haber conseguido dónde quedarse después de lo que había vivido ese día. Un dolor en su entrepierna la golpeaba con cada paso, pero había intentado soportarlo todo el tiempo, para ella era un castigo merecido por haber jugado con los sentimientos de André, y si él no podía ser feliz a partir de ese momento por su culpa, ella tampoco tenía el derecho de serlo.

[…]

Algunas horas habían pasado, eran las 3:30 de la madrugada. Fernanda se sorprendió de que, a pesar de que era modesta y relativamente pequeña, la casa de Anne era sorprendentemente más lujosa que la de Gilbert.

-Esta es mi casa, pasa. – Dijo Anne abriendo la puerta, dejando que Fernanda entrara detrás de ella. - ¿Necesitas que te preste algo de ropa para dormir? –

-Por favor, te lo agradecería mucho. – Respondió Fernanda girándose a verla. – No sé cómo podré pagar tanta amabilidad. –

-Tranquila, no tienes que pagarme nada, siéntete como si estuviera en tu casa. – Agregó con una sonrisa la castaña, dirigiéndose a la habitación. – Yo vivía en Arles originalmente, mis padres tenían una Hacienda allá, murieron hace unos diez años aproximadamente, enfermaron gravemente y su doctor no puedo hacer nada para salvarles. – Comenzó a explicar Anne mientras buscaba entre su ropa algo para la austriaca, quien la escuchaba atentamente desde atrás. – Me quedé con la Hacienda, pero con el aumento de los impuestos y las deudas del hospital me vi en la necesidad de poner la propiedad en venta, en Arles conocí a los hermanos de Gilbert, a Robin y a Marine, ellos me hablaron de su negocio aquí en París que habían tenido que cerrar cuando su madre enfermó y se mudaron allá, así que usé el dinero sobrante de la venta de mi Hacienda para comprar esta casa, hable con Gilbert y me dio total permiso para abrir nuevamente Saint Blanc. –

-Ya veo. – Murmuró Fernanda sorprendida de la historia de Anne, quien por alguna razón le transmitía una paz inmensa. - ¿No tienes hermanos o algún familiar? –

-Mi padre se separó de su familia desde pequeño, así que nunca llegué a conocerlos, mi madre era una extranjera, por lo que jamás conocí a sus familiares si es que había alguno. – Explicó Anne girándose a verla con una sonrisa. – Tengo dos hermanas: una mayor y una menor, pero ninguna de ellas vive en Francia, hace muchos años mis padres se vieron en una situación complicada, y mis hermanas terminaron viviendo en un país extranjero lejos de nosotros. –

-Lo lamento mucho, debe ser difícil no saber nada de ellas… - Murmuró Fernanda, sintiéndose un poco identificada con su situación: criada como la hija de una Reina Austriaca, de la cual comenzaba a dudar que realmente hubiera una relación sanguínea. - ¿Y sabes en qué país están? –

-Austria. – Respondió Anne, sentándose en el borde de la cama.

-¡¿Austria?! – Exclamó Fernanda sorprendida. - ¡Yo vengo de allá! –

-¿Eh? – Murmuró Anne sorprendida de aquellas palabras. - ¿Eres austriaca? –

-Sí, yo soy… - Sus palabras se quedaron incompletas cuando recordó quién era ella, y el posible impacto que tendría en aquella amable joven.

-¿Quién eres tú? – Preguntó Anne con ansia en su voz, como si aquellas palabras hubieran despertado en ella una necesidad potente. – Imposible…acaso tu…claro, tu nombre…eres… - Tartamudeó en shock, comenzando a relacionar las cosas. - ¡¿Eres la hermana de la Reina Marie Antoinette?! -

-Yo…sí. – Asintió lentamente Fernanda, sintiéndose nerviosa de la situación. – Por favor, no se lo digas a nadie. –

-Claro que no lo haría, no sabes las ganas que tenía de conocerte. – Respondió Anne con una sonrisa llena de emoción. – Dime algo, ¿Cecilie sigue trabajando en el Palacio de Schönbrunn? –

-¿Conoces a Cecilie? – Preguntó Fernanda sorprendida de aquellas palabras.

-¡Sí, es mi hermana mayor! – Respondió emocionada Anne, tomándola de las manos. - ¡Dime, ¿Cecilie sigue trabajando ahí?! –

-Sí, Cecilie ha sido mi dama de compañía desde que tengo memoria. – Asintió Fernanda, sorprendida de aquellas coincidencias. – Es imposible de creer que me he encontrado con la hermana menor de Cecilie, aunque… - Murmuró confundida, dirigiendo su mirada a Anne. – Dijiste que tenías dos hermanas en Austria, pero hasta donde sé Cecilie no tiene familia, por eso vivía en el Palacio. –

-¿No sabes nada? – Preguntó sorprendida de aquella revelación, su entusiasmo se apagó repentinamente mientras soltaba las manos de Fernanda y se sentaba en la cama. – Entonces… ¿Cecilie está sola? –

-Sí, lo siento…si tenías otra hermana, no sé nada de ella. – Respondió Fernanda, ligeramente afligida del cambio repentino de la castaña. – Quizá falleció antes de que yo naciera o poco después, porque hasta donde yo sé, Cecilie ha estado sola prácticamente desde siempre. –

-Ya veo… - Murmuró Anne con la voz ahogada, soltando un largo suspiro. – Al menos me tranquiliza saber que ella está bien, ¿sabes? Mis padres envejecieron muy rápido por la tristeza de haber tenido que abandonar a mis hermanas en Austria, pero nada podían hacer para evitarlo…su tristeza los llevó a enfermar, y quizá su culpa interna les impidió luchar con todas sus fuerzas para recuperarse, y simplemente fallecieron agotados por el dolor…me pregunto, ¿cuánta felicidad les habría traído el verte y escuchar todo esto que acabas de contarme? Creo que habrían salido adelante por ellas, por mis hermanas… -

-Tengo un amigo en Austria, Allen, al que le escribo cartas una vez al mes, si te parece bien, puedes escribirle una carta a Cecilie y yo con gusto haré que le llegue, ¿qué te parece? – Agregó Fernanda con una sutil sonrisa, sentándose al lado de Anne.

-Sí, me parece una buena idea. – Asintió Anne limpiando las lágrimas de sus ojos. – Gracias, Lady Fernanda. –

-Solo dime Fernanda. – Respondió la austriaca con una sonrisa.

-De acuerdo. – Apoyó Anne devolviéndole la sonrisa. – Toma, ponte esto para que duermas, la cama no es muy grande, pero creo que ambas cabemos a la perfección. –

-Sí, gracias. – Respondió Fernanda tomando el camisón sencillo color azul celeste que la joven le había dado.

-Te dejo para que te vistas. – Agregó Anne saliendo de la habitación, dándole privacidad a Fernanda para que se desvistiera sin problemas.

-"Qué pequeño es el mundo…acabo de conocer a la hermana de Cecilie de la que desconocía totalmente su existencia, ahora sé un poco más de ella…" – Pensó Fernanda mientras se cambiaba con cuidado, tratando de lo lastimar más la zona de su entrepierna. – "¿Qué habrá sido de su hermana menor? ¿Habrá muerto en Austria? Quizá por eso me sobreprotegía demasiado…si de alguna manera le recordaba a esa pequeña que perdió…y yo que siempre fui muy dura con ella, creo que debo pedirle perdón." –

[…]

Había pasado más de un mes desde que Fernanda había abandonado la Mansión Jarjayes sin aviso alguno. Oscar se había mantenido en una búsqueda silenciosa sin éxito alguno, negándose rotundamente a informar de la desaparición de la austriaca a la Guardia Imperial, no quería preocupar a Marie Antoinette con aquella noticia por la simple razón de que no quería explicar el motivo por la que creía que había abandonado el hogar que por tantos años habían compartido.

Para la familia Jarjayes había sido un shock total que Fernanda no solo hubiera roto su compromiso con André, sino que incluso había desaparecido sin dejar rastro. Pero su ausencia había sido rápidamente cubierta cuando una joven inquilina había llegado buscando venganza contra una noble, confundiéndola con la madre de Oscar: Emilie. La hija menor de la familia había decidido acogerla para ayudarla a convertirse en toda una dama, con el fin de que esa chica lograra entrar en Versalles para reconocer a la asesina de su madre.

Fernanda, por otro lado, había logrado adaptarse al estilo de vida de Anne, convirtiéndose en una camarera más de Saint Blanc, facilitando el trabajo de aquella joven que tan amablemente la había hospedado en su casa. Su amistad se había fortalecido con gran rapidez, gracias a las anécdotas que la austriaca compartía con su nueva amiga, quien la escuchaba con entusiasmo cada noche después de una larga jornada de trabajo.

Era una fría noche de principios de diciembre, Anne se había quedado a cerrar el local mientras que había mandado a Fernanda a descansar después de que sufriera un desmayo repentino en el trabajo. La austriaca había comenzado a sentir malestares en los últimos días, un miedo interno se apoderó de ella, le preocupaba la sola idea de que su enfermedad causada por aquél veneno años atrás estuviera volviendo a afectarla por el desgaste que el estrés de los últimos meses le había causado, por lo que tomó su caballo y se dirigió al hospital más cercano para atenderse lo antes posible.

Fernanda yacía en espera de que el doctor regresara con su diagnóstico, sus dedos tamboreaban en la cama donde estaba recostada con nerviosismo, su respiración agitada la hacía sentir que el aire le faltaba, pero trató de mantenerse tranquila, siendo positiva en que solo sería el cansancio y no había signos de que su enfermedad hubiera vuelto. El doctor finalmente regresó a la habitación y la miró fijamente, aumentando los nervios que ya sentía.

-¿Todo está bien, doctor? – Preguntó Fernanda, sentándose en la cama, con su mirada fija en el hombre frente a él.

-Todo está muy bien, señorita. – Respondió el hombre con una sonrisa, haciendo que la austriaca soltara un suspiro. – Los síntomas que me describe son normales, nada que una buena alimentación y algo de reposo no curen. –

-Me alegro. – Murmuró Fernanda con alivio en su voz. – Eso significa que no hay nada de qué preocuparme. –

-Solo de no hacer movimientos bruscos, no querrá dañar a su bebé. – Agregó el hombre viéndola fijamente con una sonrisa, sorprendiéndose de ver cómo la mirada de Fernanda cambiaba a una petrificada, incrédula, aterrada.

-¿D-Dijo…be-be…bé…? – Tartamudeó en shock, incapaz de procesar aquellas palabras. – Yo… ¿Yo…estoy…? –

-Así es señorita, felicidades, tal parece que tiene aproximadamente unas 6 semanas de embarazo. – Respondió el doctor con tranquilidad. – Ya puede volver a casa, le sugiero que hable con su pareja lo antes posible, estoy seguro de que se pondrá feliz de recibir esta noticia, con su permiso. – Agregó antes de salir de la habitación, dejándola sola.

-No puede ser… - Murmuró Fernanda sintiendo que su sangre se helaba, su mirada se perdió en el infinito, podía sentir cómo los latidos de su corazón se hacían más lentos, estaba segura de que en cualquier momento caería inconsciente nuevamente por la sorpresa nada agradable que acababa de recibir. – Voy a tener un bebé…un bebé…de André… - Murmuró para sí misma, incapaz de creer en lo que estaba pasando, su mano tocó inconscientemente su vientre, como si buscara desesperada sentir aquella vida que estaba formándose en su interior. - ¿Qué voy a hacer…? –

[…]

Era de madrugada, Anne finalmente había regresado a casa después de un largo día de trabajo, se había acostumbrado a la ayuda de Fernanda que el haber estado atendiendo sola el local le había costado más trabajo de lo usual, pero estaba satisfecha de haberlo logrado. Se dirigió rápidamente hacia la habitación para asegurarse de que la austriaca estuviera mejor después de su desmayo en la tarde, sorprendiéndose de verla frente al espejo con su camisón puesto y una pequeña frazada negra encima, su mirada reflejaba profunda melancolía mientras aferraba a su pecho con fuerza un collar dorado.

-¿Cómo te sientes, Fernanda? – Preguntó Anne acercándose a ella. - ¿Estás mejor? –

-Anne, tengo que confesarte algo. – Agregó Fernanda girándose hacia ella, sin levantar la vista ni apartar aquél collar de su pecho. – Yo…me voy a ir. –

-¿Te irás? ¿A dónde? – Preguntó angustiada la joven, sin entender lo que sucedía. - ¿Por qué te vas? ¿Acaso ya no estás cómoda conmigo? –

Fernanda negó lentamente. – No es eso, Anne, es solo que no quiero darte más problemas. – Respondió Fernanda levantando la mirada.

-¡Por supuesto que no me causas problemas! ¡Al contrario! – Negó Anne acercándose a ella, tratando de entender lo que pasaba. - ¡Me gusta tenerte conmigo! ¡Hace mucho tiempo que no había alguien que quisiera tanto cerca de mí! –

-Anne, estoy embarazada. – Interrumpió Fernanda, sorprendiendo a la joven. - ¿Sabes cómo dañaría la imagen de mi hermana cuando se sepa que estoy esperando un hijo de un hombre que no es mi esposo? Ni siquiera es un noble…y nunca me casaría con él, no podría hacerlo… -

-Entonces… ¿A dónde planeas irte? – Preguntó angustiada y temerosa de la respuesta.

-A Austria. – Respondió Fernanda con seriedad, caminando hacia Anne para tomarle las manos. – Gracias por aceptarme en tu casa, gracias por haberme cuidado todo este tiempo, jamás olvidaré tu bondad y te prometo que le hablaré de ti a Cecilie, veré la posibilidad de ayudarla a comunicarse contigo. – Explicó con una sonrisa, intentando tranquilizar a la joven.

-¿Cuándo te irás? – Preguntó Anne apretando el agarre de sus manos.

-Partiré mañana temprano. – Respondió Fernanda con una sonrisa. – Gracias por todo, Anne. –

-Fernanda… - Murmuró entre lágrimas, abrazándola con fuerza. – Mucha suerte, Fernanda… -

-Gracias… - Murmuró la austriaca correspondiendo el abrazo. – "Mañana…veré a Oscar…" –

[…]

La mañana había llegado, Fernanda se encontraba en la puerta de la Mansión Jarjayes envuelta en nervios de estar nuevamente en ese lugar, un temor se apoderó de su cuerpo al pensar en que podría encontrarse con André, había decidido no hablar sobre su embarazo con nadie, ni siquiera con el padre de su hijo, sabía que de esa manera nadie la detendría de irse y, sobre todo, que no afectaría a la imagen pública de Marie con semejante deshonra.

Tocó a la puerta y en pocos segundos esta fue abierta por una joven de cabello rubio que lucía un vestido rosa de manga larga, ambas se miraron sorprendidas, reconociéndose al instante.

-¡¿Rosalie?! – Exclamó Fernanda, reconociendo a la joven parisina.

-¿Lady Fernanda? – Agregó Rosalie, sorprendida de verla ahí. – Monsieur Oscar la ha estado buscando desde hace unas semanas, ¿dónde había estado? –

-Yo…espera, ¿qué haces tú aquí? – Preguntó Fernanda sin entender la presencia de Rosalie. – Hasta donde recuerdo, eras una simple campesina parisina… -

-Yo la traje a vivir aquí. – Interrumpió una voz que llamó la atención de ambas jóvenes, quienes se giraron al interior de la Mansión para ver a Oscar, que bajaba usando su uniforme de Coronel. – Vaya, finalmente te dignaste a aparecer. –

-Oscar… - Murmuró Fernanda nerviosa, entrando a la Mansión. – Necesito hablar contigo, por favor… -

-Rosalie, dile a André que se adelante a Versalles, que lo alcanzaré más tarde, no le des más detalles. – Ordenó Oscar girándose a ver a Fernanda.

-Sí, Monsieur Oscar. – Respondió Rosalie saliendo en dirección a las caballerizas, dejándolas a solas.

-¿Qué quieres? – Preguntó secamente Oscar mirando fijamente a Fernanda.

-Lamento haberme ido sin decirte nada…pero estaba tan angustiada con tantas cosas que pasaron que no podía permanecer un minuto más aquí. – Comenzó a explicar Fernanda con la mirada baja, sintiéndose repentinamente fuera de lugar.

-Eres una sínica, si vienes a verme la cara otra vez, déjame decirte que estás muy mal. – Interrumpió Oscar con dureza, sorprendiendo a la austriaca.

-¿De qué estás hablando? – Preguntó Fernanda sin entender el motivo por que Oscar estuviera tan fría con ella. – Entiendo que estés enojada porque me fui sin decirte nada, pero Oscar…vine a hablar contigo porque te amo, y necesito… -

-¿Cómo te atreves a decir eso? – La interrumpió Jarjayes nuevamente, comenzando a enfurecerse. - ¡¿Hasta dónde llega tu descaro?! –

-Es que no entiendo a qué te refieres, Oscar… - Repitió Fernanda, comenzando a angustiarse por su reacción.

-¡Ya sé que te acostaste con André como si fueras una cualquiera! – Exclamó Oscar molesta, sorprendiendo a Fernanda.

-¡No, estás equivocada, Oscar! – Trató de explicar Fernanda, pero fue silenciada por el fuerte golpe que Oscar dio a la pared.

-André me contó todo, cómo te entregaste a él después de jurarme amor, ¡te burlaste de mí! – Interrumpió Oscar mirándola fijamente.

-¡Escúchame, lo que André te haya dicho no es del todo verdad! Yo… ¡Yo no soy tan culpable como piensas! ¡A la que amo es a ti! – Exclamó Fernanda intentando tranquilizarla.

-Si por lo menos admitieras tu culpa… - Agregó Jarjayes mirándola fijamente con dureza, con frialdad.

-¡No tengo porque aceptar un pecado que no cometí! – Exclamó la austriaca sintiéndose juzgada.

-Y yo no tengo porque aceptar a una prostituta. – Respondió Oscar con dureza, dejando en shock a Fernanda con aquellas palabras. – Así que hazme un favor y vete de mi casa, vete de mi vida…llévate a tu amante si eso quieres, no me importa lo que una mujer como tu haga. –

-Dijiste que me amabas… ¿Por qué me haces esto…? – Cuestionó dolida, con lágrimas en los ojos.

-Amaba a la mujer que creía que eras, pero al fin se cayó la venda de mis ojos, y la persona que está frente a mí…la verdadera tú… - Murmuró acercándose a ella, con su voz llena de amargura y rencor. – Me da asco. –

-Oscar… - Murmuró sin poder creerlo, sentía que su mundo se venía abajo sin poder evitarlo. – No puedo creer que me digas eso…dices que una cualquiera como yo te da asco, ¿y tienes a Rosalie viviendo bajo tu techo después de que se te ofreció? –

-Rosalie tiene más clase que tú, ella no es una despreciable mentirosa como tú. – Respondió con amargura, dando dos pasos hacia atrás. – Así que te pido que no la insultes, no tienes la cara para hacerlo. –

-¿La trajiste a vivir aquí para reemplazarme? ¿O simplemente querías algo para hacerme sentir como si fuera lo peor que te hubiera pasado en la vida? – Preguntó Fernanda dolida, sintiendo que todo lo que salía de la boca de Oscar era con el único fin de lastimarla. - ¿Quieres vengarte de mí "traición" haciéndome exactamente lo mismo con Rosalie? ¿Es eso? –

-Ella no merece ser insultada de esa manera. – Respondió Oscar con voz suave, pero venenosa. – Así que hazme un favor y vete, no me quites más el tiempo. – Agregó pasando de lado, dispuesta a irse.

-Oscar. – La llamó Fernanda con voz suave, limpiando sus lágrimas y soltando un suspiro profundo. – Solo quiero decirte que estoy por partir a Austria, me han pasado tantas cosas que siento que lo mejor es cerrar este ciclo en mi vida regresando a mi hogar…así que puedes sentirte feliz, porque no planeo regresar nunca. – Prosiguió dando la vuelta para salir de la Mansión, pasando justo al lado de Oscar. – De corazón…te deseo la felicidad que nunca pude darte, pero ten esto por seguro, yo jamás voy a poder ser feliz…porque dejo mi corazón en esta casa, en ti, Oscar. – Agregó girándose a verla con una sonrisa agria. – Y Oscar…perdónate, porque estoy que me has dicho, esto que me hiciste…yo jamás te lo voy a perdonar. – Finalizó regresando hacia donde su corcel la esperaba, comenzando a cabalgar lejos de la Mansión.

Oscar se quedó parada en la entrada viéndola partir, un dolor en su corazón la golpeó repentinamente y sus ojos se llenaron de gruesas lágrimas que comenzaron a resbalar por sus mejillas, cayó de rodillas al suelo sin poder controlarse, sentía que su alma y su corazón partían junto a Fernanda sin que pudiera evitarlo.

Fernanda cabalgaba hacia la frontera dispuesta a salir de Francia lo antes posible, cada segundo que pasaba la lastimaba aún más, sabía que era imposible para ella ser feliz, sobretodo, ahora que llevaba en su interior un bebé que sería el recordatorio continuo del día en que André le robó su inocencia, del día en que perdió todo lo que amaba.

Mi juventud murió ese día, no me quedaba ninguna atadora en Francia, o eso creía yo…nunca imaginé que haberme ido sería el inicio de la perdición de mi hermana, pero era algo imposible de adivinar…solo sabía que las respuestas que necesitaba encontrar, que las pistas de mi verdadera identidad estaban en el único lugar donde había comenzado todo: Austria.


¡YAHALLO! xHimemikoYukix aquí~

¡Ha llegado una nueva actualización de esta historia! Bueno, Fernanda al final decidió regresar a Austria... ¿Qué sucederá entre André y Oscar ahora que Fernanda se ha ido? ¿Fernanda decidirá tener al bebé o buscará deshacerse de él? ¿Finalmente Marie Teresa le contará la verdad sobre si realmente es su hija o no? ¡Los estaré leyendo en los comentarios!

¡Dudas, comentarios y demás son recibidos en los reviews y respondidos en la siguiente actualización!

¡NOS LEEMOS!