Me encerré en el cuarto, sin saber qué hacer, o qué pensar.

Empecé a llorar, me sentía la más estúpida del infierno, por tercera vez.

La primera fue al enterarme en el bar de Rosie, la segunda fue al rescatarlo, y ahora esto.

Ahogada en un mar de lágrimas, decidí acostarme, hasta que el dulce sueño me venciera

Apenas dormí esa noche, y a rallar el alba, me levanté, me puse la ropa, y esperé al pie de la cama. Y como cabía de esperar, Lucifer aporreó la puerta, y abrí, lo encontré cara a cara.

-Bien, madrugadora. Sígueme querida.

Lo seguí en silencio, a través de los pasillos, de la mansión.

-Esto, querida Evelyn, es sólo una parte de lo que te espera. Sé que es duro el infierno, lo sé, pero tú, debes prepararte, para lo que te espera. Sé que eres fuerte, dura como una roca, por eso te elegí.

Se dio la vuelta, y cambiamos el lugar, era una habitación oscura, lúgubre, y de una niebla espesa.

- ¿Qué debo hacer, majestad?

-Tienes un dilema. Duro, intenso, y fuerte en tu interior. No puedes dejar que te manejen, al menos si estás a mi servicio, sabes, no esperaba que mi hija se tirara sobre Alastor, de veras.

No sé lo que sientes, porque no lo he sentido, tuve suerte con Lilith, pero tú, debes estar destrozada por dentro. Debes entender- Sacó su cetro con la manzana, y se apoyó sobre él- Que, al fin y al cabo, es su prometida, si, ha jugado sucio, pero es parte de demonio, ¿Sabes?

Me levanté, y eché un ojo a mi alrededor. Nada, no había nada.

- ¿Dónde estamos, señor? -

-En el limbo, pero hay una variación, de aquí no te puedo sacar.

- ¿Qué?- Me quedé sin voz.

-Así es, cariño. Debes hacerlo sola, cuando tu odio, tu rencor, se convierta en fuerza. Deja que te llene de su poder, pero no que te maneje.

- ¿Y cómo espera que lo haga?

-Tú sabrás- Dijo riéndose. - Eres tú, tu interior, y tu espíritu. Cuando veas, lo que eres capaz de hacer, lo que eres en realidad, saldrás de aquí. Puedes seguir llorando, lamentándote, o puedes, hacer que eso te haga más fuerte, Evelyn Magne. Por si te sirve de algo, no es imposible salir de aquí. Hubo alguien que lo hizo. Pero, para saber eso, debes saber cómo lo hizo.

- ¿Y cómo lo sabré?

-Haciéndolo tú, cariño. No Saldrás, porque si no, no serás capaz de soportar lo que se avecina, porque tu maestro yacerá con la heredera, ¿Me sigues? Y tu poder sería algo que se volvería en tu contra.

Me senté en el suelo, con la cabeza sobre las rodillas.

-Está bien, ¿Puedo estar sola, Majestad?

-Claro, Evelyn. Hasta pronto.

Desapareció, y ahí me quedé yo, en esa dimensión oscura, nebulosa, y muerta.

Caminé, por la estancia infinita, mientras pensaba en lo que Lucifer decía, era inevitable, si ayer estuvieron juntos, pronto se casarían y sería inevitable, que tuvieran hijos. Así que, podía hacer dos cosas, o admitir lo que pasaba, pasar página, o seguir así.

Lo malo, era lo que sentía por él.

Ya no era amor.

Era odio.

Indiferencia.

Repugnancia.

Asco.

Hostilidad.

Lástima.

¿Lástima? ¿Enserio? ¿Porqué? ¡Te había tomado el pelo, Evelyn! ¡Delante de todo el infierno! ¡Te ha dicho que te ama miles de veces, para luego follarse a la idiota de Charlie! ¡Está claro, para Alastor no fuiste más que un juguete!

-Pero ayer sus ojos decían lo contrario.

- ¡Y su aspecto! ¿Acaso no viste?

Me paré, agotada, y me tumbé bocarriba. Encendí el puro de mi chaqueta. Aspiré el humo, que fue tomando la forma de Alastor.

-Evy…te quiero…

-Vete a la mierda Alastor.

-Perdóname.

- ¿Qué te perdone? ¡Vete a la mierda, maldito hijo de puta!

La silueta seguía insistiendo, y acercándose a mí.

-Evelyn…por favor…

-¡VETE!-Le lancé el seax, y me giré, desesperada, las voces seguían en mi cabeza.

- "Me encanta…cuando me hablas…me encanta…cuando cazamos juntos…"

-No, a mí ya no. A mí ya no. Ya no. Ya no. "Qué pasa, si mis sueños no se hacen realidad… ¿Es mi vida, un gran error?" Me preguntaba a mí misma. Debería reconsiderar mis pasos, mis prioridades, reconsiderar mi existencia, mi vida, todo. Debería medir mis hechos, mis palabras, mis gestos, mis movimientos.

-Sólo quiero…Ser feliz.

"Exacto"

"Está en tu mano"

- ¿Quién habla? - Me desperté sobresaltada.

-Soy tú. Evelyn. Tu lado oculto en tu linaje tras milenios. Somos tú, y tú, somos nosotros. Somos aquellos que te dieron la vida, tu sangre, tu poder, tu ser. Sólo tú, fuiste la elegida, para ser la única, para ser Magne.

- ¿Qué puedo hacer?

-Sencillo, Querida, sólo sé tú. Tu interior bulle de energía, pero debes saber manejarla, no podrás, si dejas que te controle en vez de tú controlarla.

- ¿Cómo puedo hacerlo?

-Evelyn, cada generación tuya se hacía más débil, pero tú, no. La energía del infierno se centró, en darte ese poder, por eso estás aquí. Todos, tenemos nuestro alter ego, y este, es el tuyo.

Me miré reflejada en el suelo, brillante: Un ser, con ambas energías, oscura, cual noche, y ojos de azabache, y luminosa, cual estrella.

-Esa es tu aura. Dual, ésa es la clave de ti. De tu poder. Dualidad. Mal en el bien, Bien en el mal, pero ahora, es todo mal. Si no logras equilibrar, como hiciste con Harold, no podrás, jamás, ver la luz de otro día. Tú eres la que creas, y la que decide lo que hay en ti. No puedes controlar los actos de otros, pero sí los tuyos, Evelyn Magne.

Empecé a llorar. Estaba sola, y sola debía arreglar esta mierda. Debería pasar página, Alastor era pasado, pues ya Charlie había tomado su lugar por derecho, y yo, debía tomar el mío.

"Evelyn Magne…"

Tras haber llorado un rato, me di cuenta. Debía ser yo misma, ser fuerte. Que nadie melle mi espíritu, que nadie, ni nada, pueda conmigo.

Me levanté, blandiendo el seax.

- ¡SOY EVELYN MAGNE, ¡DESCIENDO DEL NOBLE LINAJE DE LOS MAGNE, NEFILIM, ¡GUARDIANA DEL INFIERNO, ¡CENTINELA, LA QUE LO VE TODO, ¡LA QUE OYE, ¡LA QUE NOTA, ¡YO, ¡SOY EVELYN, ¡NO ME ARREPIENTO DE MIS ACTOS, ¡NI DE MI CONSCIENCIA, ¡YO, ¡SOY LA ÚNICA, ¡LA PODEROSA MUJER QUE GUARDA EL SECRETO DE LOS CAÍDOS, YO, ¡TE GUARDO, ¡OH, ¡LUCIFER, SEÑOR DE LUZ Y OSCURIDAD!

-En ese momento, me desvanecí, y aparecí, en palacio, Me sujetaron, tenía un frío espantoso, tiritaba, mi vista, era borrosa, pero noté un abrazo cálido, pero fuerte, al mismo tiempo.

-Bienvenida, querida mía. Eres junto a mí, el único ser que ha salido de ahí.

"Lucifer"

Me senté en el suelo, y lo miré.

- ¿Qué es esa estancia, alteza? - Tiritaba, temblaba, demasiado para mi cuerpo.

-Pues al sitio donde fui a caer, pequeña. Los caídos van a la tierra, pero yo, fui allí, y tras siglos de lucha interna, salí glorioso, tú has tardado…un mes.

- ¿Un mes?- Ahí sí que temblaba, del shock.

-jojojo, calma, espera- Me tapó con su chaqueta, era más bondadoso de lo que parecía. Pero no en público, debía ser un tirano, porque así era el infierno.

-Gracias señor…- Su chaqueta olía a manzana, qué aroma tan suave…

-El tiempo allí pasa mucho más rápido que aquí, cielo. Yo estuve allí tiempo, largo, y aquí estoy, ahora dime, ¿Quién eres? - Me miró fijamente.

-Evelyn Magne, defensora de mi linaje- Le dije con firmeza.

-Bien, ¿Y qué vas a hacer?

-Ser una hija de perra con quien se atreva a molestarle.

Mis palabras hicieron que se echara a reír de tal manera que se sentó en el suelo junto a mí.

-Sin duda, buena respuesta, oye, querida.

- ¿Si, alteza?

-Ve, adecúate, y visita a la reina. Está preocupada por ti.

-A eso iré, en cuanto se me pase el tembleque, majestad.

-jajaja, sí, eso estaría bien. Cambia tu atuendo, pareces una matona de bar. He dispuesto para ti nuevo vestuario, al menos cuando estés ante mí, cariño, luego, ponte lo que quieras para el resto del tiempo.

-Odio que me digan cómo vestir…-Murmuré.

-Lo que odias, debe traerme sin cuidado, ¿Sabes por qué? - Me tomó de la cara.

-Porque sois el rey.

-Exacto, pequeña mía. Ahora, ve, y haz lo que te ordeno.

-Estupendo, ya voy, alteza.

Me levanté con esfuerzo, y me dirigí a mi habitación, tiritando, con la chaqueta de su majestad puesta.

Me metí al cuarto, y me duché, todo, todo por lo que había pasado, estaba a punto de irse con mi ducha, todo el estrés se fue, y me quedé en la ducha, apoyada en la pared, con el agua caliente relajando mis músculos. Cuando salí, abrí el armario, y me encontré el traje de chaqueta y pantalón, del corte mismo que su majestad: Blanco, con bordes morados, ribetes rojos, y botones rojos, y camisa dorada, con pantalón blanco, y detalles morados. La camisa con estampados de manzana. Miré la etiqueta.

"Evelyn Magne. El centinela"

-Oooh, si, ropa personalizada- Estaba entusiasmada, en cuanto me la puse, se ajustó a mí, estilizando mi figura, tengo tripa, trasero, pero esto me hacía mejor figura, y las botas, o, exquisitas.

El sombrero fedora me quedaba como un guante, y me puse el anticristo que había sobre la mesilla, me puse las gafas rojas, y me dirigí al jardín, donde estaba la reina, alimentando a unos peces en el estanque. Eran enormes, con un aspecto algo aterrador, pero hermosos.

-Majestad, Evelyn Magne a su servicio. Me saqué el sombrero, y las gafas.

- ¡Querida Evelyn! ¿Cómo te encuentras?

-Bien alteza- me incliné respetuosamente, pero ella me levantó.

-Te ves muy elegante, querida. ¿Todo bien en el limbo?

-No hay comparación con la elegancia de la reina, y si, todo ha ido bien, por suerte para mi linaje.

-Empiezas a hablar con propiedad, querida. Me puso la mano sobre el hombro, y siguió dando de comer a las carpas.

-Escúchame, Evy.

Era raro que me llamara así. Pero me agradaba.

-Están corriendo rumores, de que yaces con Alastor. Sé que sientes mucho por él, y el por ti. Pero la reputación de mi hija, es lo primero para mí, ¿Comprendes?

-Si.

-Te encargarás de silenciar esos rumores, ve al Avernus y encárgate de poner fin a esos repugnantes rumores sobre mi hija, y sobre ti. El amor propio, Evelyn, es lo que debe ser tu soporte ahora mismo.

Tomé aire, y la miré.

-Amor propio, si, alteza. Con su permiso- Dije retirándome.

-Evelyn…

- ¿Sí, majestad? - Me di la vuelta.

-Harold está preocupado por ti. Le dije que estarías hoy allí.

-Gracias alteza, así será.

Me dirigí a la puerta, donde esperaba mi moto, arranqué, y abrí el portal, hacia el mundo de los vivos, ya era de noche, y era el momento idóneo, para arreglar todo.

-¡Vamos, hellraider!- Una vez más, mi conducción aterraba a los demás conductores, llegué al Avernus, derrapando, y quemando rueda, ante la mirada atónita de todos.

-Caballeros, buenas noches-

-buenas noches, señorita, Mimzy la espera.

-Gracias, que tengan buena noche.

Entré, y las miradas, se posaron en mí, cuando entré, Mimzy vino hacia mí.

-¡Evelyn!- Salió de la barra, y fue a mí, abrazándome

- ¡Mimzy querida!

- ¡Se te ve bien, cuéntame! Dicen que te has cargado a Val y a Velvet.

-Ajá.

- ¡Jo, Jo, Jo, ¡Esto hay que celebrarlo, chica! Puso un par de polvos de ángel dobles, y nos lo tomamos-

-¡Salud!

El subidón de la bebida nos hizo reír, y Mimzy salió a la carga.

- ¿Qué hay de Alastor? Dijeron que en el hotel…

-En el hotel nos saludamos, y ya está, él es el prometido de Charlie y yo su alumna, nada más, Mimzy.

- ¿Enserio?- Se quedó pálida.

-Así es, no me interesa Alastor, no es para mí. Ponme un 666, porfa.

-Claro, nena.

"Es ella, Evelyn…sí, dicen que metió fuego al edificio… ¿de verdad es ella?"

-Parece que tu presencia no pasa desapercibida, cariño.

-Desde luego, Mimzy.

- ¿Y ese modelito? Pareces Lucifer…

-Ya sabes cómo es el rey…

-Desde luego, pero es un encanto, duro a veces, pero un encanto, la verdad.

-Yo sé, que parece un tirano, pero es un gran rey-Le respondí.

-Exacto, si no fuera así, no tendría su encanto, eh ¿Evelyn?

Me quedé muda, lo vi pasando por la puerta…Porte distinguido, alto, engominado, aún la imagen suya sin camiseta, me choca. Los demonios lo miraban mal y lo abucheaban.

-Mierda… ¿Qué hace aquí Harold?

Que lo abuchearan me hirvió la sangre.

-¡BASTA, SILENCIO! ¿CON QUIÉN COÑO OS CRERÉIS QUE HABLÁIS?- Mi gritó los silenció.

"Él te pegó, Evelyn" "Lleva tiempo así" "Siempre hace fechorías"

Me puse delante de él, para protegerlo, y me echaron vodka a la cara, cuando me puse delante. Mi ropa nueva…

- ¡PARAD COÑO! ¿Sabéis que él ha sido quien me ha ayudado, ¿eh? ¿Sabéis que ha sido gracias a él que todo ha sido posible? ¿Cuántos de vosotros habéis hecho cosas peores? ¡Sois demonios, no ángeles! ¡Además, ya pasó todo, el medio, y yo le día, ya está, Harold Von Eldritch es servidor de los Magne, como yo, respetadlo!

-Todos se callaron, y noté la mano de Harold sobre mi hombro, tirando hacia mí.

-Gracias Evy. Todo un detalle, de tu parte, vamos a la barra, ¿sí?

Me tomó por la cintura, y lo dejé, qué demonios.

- ¡Joder, qué peste a vodka!

Harold sacó su pañuelo, y me limpió la ropa, silencioso, y relajado, parecía otro. Pasó el pañuelo por mi cara, suavemente.

-No te preocupes, Evy, se irá. Bueno, ¿Qué tal ha ido con Lucifer? Llevo un mes sin verte.

-Pues, he estado entrenándome con él.

-Me lo temía. A todo esto… ¿Qué pasa con Alastor?

-Que es el prometido de Charlie- Sonreí torcido mirándolo. Quería dejar claro, que no quería saber nada de Alastor.

Harold me miró, complacido, y tomó su bebida.

-Sabes…Evy…Me gustaría darte las gracias…-Se acercó a mí, tomándome de la barbilla.

-Harold…escúchame…no vayamos tan rápido…- Se acercaba más aún a mí.

-No haré nada que tu no quieras, no hay prisa…al menos, déjame…

Harold me besó, y por la manera de hacerlo, noté que llevaba tiempo queriendo hacerlo, porque metió lengua, pero se veía que se contenía.

-Me miró, con ternura, y con calma.

-Escúchame, mañana, en el estanque de palacio, a las 5 de la tarde, ¿vale?

-Vale…-Me quedé callada, mientras él se alejaba. –Harold, tu pañuelo…

-Quédatelo, cariño…es para ti…-Me regaló el pañuelo, que sostuve con las manos, guardándolo lentamente.

-Cariño, ese demonio, es un portento, parece otro, es de la realeza.

-Mimzy, me largo, necesito descansar, sabes.

- ¡Claro chica, cuídate!

Me largué en moto, y llegué a palacio, donde me dirigía a mi habitación, y me posé sobre mi cama, me saqué la ropa, y me tumbé, tomando el pañuelo entre mis manos. Lo olí, y me quedé dormida, hasta que, a la mañana siguiente, aporrearon mi puerta.

Abrí medio dormida. Era el rey.

-Majestad…-Dije medio dormida. Lucifer me tomó en brazos.

- ¡Ja, ja, ja! ¡Pequeña, eres genial! ¡Todos hablan de tu actuación ayer en el Avernus!

- ¿Qué actuación…?

- ¡Vamos, vamos, fierecilla, no te hagas la despistada! ¡Todos hablan de ti y el Barón, hablan de que os lleváis bien, así no habrá más rumores de ti con Alastor!

-Ay…si, eso es cierto, pero majestad, no era una actuación…

- ¿Qué? - Lucifer me soltó de repente. Puso mi mano en su hombro.

-Vino, y me ha citado hoy, no sé qué trama, pero me parece mejor idea que jugar a las escondidas, sabe.

Lucifer se apoyó en su cetro, sonriente, y se subió el sombrero.

-Vaya, vaya, ¿Así que, con el Barón, ¿eh? - Me miró de forma socarrona.

-Oh, no…sólo va a ser un paseo y ya, no quiero nada serio.

- ¡Ja! Ya. Y más conociendo a Harold. Estuvo a puntito de casarse con Charlie, pero por alguna razón, mi hija lo rechazó. Es un bueno partido, ¿Eh?

Me di la palmada en la frente yo misma, ¿Cómo me metía en estos líos?

-Ay, madre mía, una cosa, señor del infierno.

- ¿Sí, Evelyn? - Se apoyó en el cetro mirándome divertido.

-quiero que me ayude, a poder controlar este poder, a poder usarlo. Quiero ser algo más que una aprendiz, necesito crecer, ¿Me entiende? Estoy cansada de ser la perra guardiana.

Lucifer se reía con toda su alma, se apoyó en mi hombro.

-Querida, no eres una perra guardiana. ¿Sabes cómo lo sé?

Negué con la cabeza.

-Muy fácil. Porque si hago esto.

Tomó su bastón, y me estampó contra la pared, poniéndomelo en el cuello, apretaba con todas sus fuerzas, o eso creía yo, mientras me miraba con esa sonrisa que me helaba el aliento.

-Porque, si hago esto, mientras otros suplican por tu vida, tu resistes, como estás haciendo ahora, sin decir otra cosa que luchar, sin rendirte, y aun viéndome en mi forma, no huyes de mí, sino que me respetas…-Sus ojos tomaron ese rojo brillante, y un amarillo ardiente en el iris, mientras su expresión tomaba un matiz sombrío que me helaba la sangre.

-Tú sabes quién soy yo, y sabes quién es el otro que habita en mí. No huyes de mi compañía, si no que la aprecias, no temes a la muerte, porque la has mirado cara a cara, y has vuelto, no temes al miedo, porque sabes que soy yo, no eres una perra guardiana. Eres mi sombra, y mi sombra es el terror, el miedo, y lo desconocido. No entreno a perras, entreno a depredadoras, ahora, y siempre, porque soy…

-Más fuerte que los ejércitos del mundo…soy el cáncer en tus huesos, el padre de la mentira, quien te hace que no digas la verdad, soy la oscuridad, y la luz, el bien, y el mal más absoluto…-Me estaba quedando sin aire, pero tuve que hacer fuerza, porque iba a ahogarme, y la rabia me iba aumentando- Puse mis manos en el bastón.

-Satanás es mi señor, y nada me falta…Lucifer es mi mentor, y a nada temo…Dije apretando los dientes.

Lucifer, dejó escapar a Satanás, por unos segundos, y me miró.

-Eres, una perfecta hija, para mí. Hoy, irás con El Barón, y no temas ser tú misma. No juegues conmigo, como Charlie hizo. Tú, eres distinta. Eres la protectora de los Magne. ¿Entendido?

Asentí con la cabeza.

- ¿Qué eres, pequeña fierecilla? - Se pegó a mi cara, con esos dientes afilados, mientras la serpiente de su sombrero empezaba a despertar.

- ¡Soy la protectora de los Magne, centinela de mi linaje y guardiana del infierno, sierva de mi señor de Luz y oscuridad! - La serpiente, de su sombrero, de repente, me picó.

- ¡AY! ¿por qué ha hecho eso, mi señora?- Sabía que Lilith manejaba esa serpiente.

Satanás, me miró, y apretó aún más el bastón.

- ¡Silencio, te acaba de dar el regalo más grande que se puede hacer a un ser! ¡Ahora, arréglate, preséntate ante tu señora, y se lo agradecerás!

-A sus órdenes, señor- Dije, con el dolor de la picadura.

-Estupendo…-Se acercó, y me olió la piel- Estás asimilando bien todo…pasó su lengua, bífida, no me di cuenta hasta ahora, por la picadura, me puso el pelo de punta- Respiré hondo, nerviosa, pero apreté el bastón. Me estaba asfixiando, literalmente.

- ¿Qué pasa, querida, demasiado excitante para ti?

Lo miré, aterrada, pero con cierta fascinación, la verdad, no había ser más hermoso que Luxfer

-No tienes idea…de lo que es capaz de hacer el infierno con alguien tan inocente como tú…no censuro el deseo carnal…pero por suerte para mí, Lilith lo satisface con creces…no te culparé si te desahogas con el barón…pero no te acerques más a Alastor…es de mi hija…-Su aliento, cálido, me hizo temblar, porque el tono de su voz era ronco, y profundo.

-No quiero nada más de ese bastardo… ¡Que se lo quede la princesa! - Apreté el bastón, y empujé, con tanta fuerza, que logré separarlo unos centímetros de mi cuello, para tomar aire.

-Así me gusta…amor propio, fierecilla, y rectitud, aunque, ahora, es tu maestro… ¿Qué harás, ¿eh?

-Mi maestro es el señor de luz y oscuridad- Dije con rabia, mirándolo a la cara.

- ¿Así que quieres que sea tu maestro, ¿eh?

Asentí con la cabeza.

-Estupendo, seré tu maestro, pero si veo- Volvió a apretar su bastón contra mí- Que metes la pata, tendré que castigarte, ¿Me oyes?

-Decidme algo que no sepa, majestad.

-Así me gusta, chica lista…-Me soltó, y pude respirar, tosiendo.

-Ahora, adecúate. Ponte presentable, y ve ante mi señora Lilith.

-Evelyn Magne a su servicio- Me incliné y me metí en mi cuarto, donde me duché. Me temblaban las piernas. Joder con Satanás.

La picadura, me dolía, y me notaba rara. Me puse el conjunto del armario, y fui al salón del trono, donde estaba Lilith, mirando por la ventana.

-Señora, me requeríais, y aquí estoy-

-Evelyn, a mis oídos, ha llegado el rumor, de que Seviathán intenta cortejarte.

-Tal parece, mi reina.

-Bien. Eso es buena señal, nada te impide verte con él, pero recuerda tu misión, limpia el nombre de mi hija.

-No he de olvidarla, mi señora, me pondré con eso, enseguida.

-Bien, los medios, se hacen eco de rumores que dañan a Charlie, y ahora, que empieza a despertar su lado demoníaco, no quiero que lo estropeen, el hotel, aunque disparatado, es una idea buena, reduce la carga del infierno, y mi hija, se refugia allí, es territorio neutral, sabes.

-Entiendo. Esa cadena odiosa, al parecer- Dije.

-Exacto. Ve, y preséntate como la guardiana de los Magne. Usa los medios necesarios, para que limpien el nombre de los Magne. Esa presentadora repugnante se atrevió a demasiado ya.

-Evelyn Magne a su servicio- Besé el sello real, y me fui.

Pasé por los jardines, y Sombrita me vio.

- ¡Sombrita, mi niña! La tomé en mis brazos, ¡Cómo había crecido! - ¿Qué andas haciendo, eh golfa? - Se dejaba acariciar el vientre, y se estiraba. Noche, se acercó.

-Hola cariño…pasé la otra mano por su cabeza, y me mordió jugando. No sabéis la mordida tan poderosa, que tienen estos animales.

- ¡Ay! ¿Me muerdes? - dije pasando su mano entre sus orejas. De repente. Noche se erizó, y se puso a la defensiva, gruñendo. Era él.

-Calma, noche. Calma.

-Evelyn, cariño, deja que te explique.

-No tiene que explicarse, Mr. A. es su prometida.

-Pero cariño…yo…te quiero a ti…

-No me llame más así. Escúcheme. No se puede estar así, de escondidas, y, por qué vamos a engañarnos, hacen mejor pareja ustedes dos, Alastor, vi cómo mira a Charlie. No tiene que darme disculpas ni explicaciones. Será mejor dejas las cosas como están, Alastor.

Alastor sonrió, y pareció comprender. Se llevó la mano a la espalda.

-Bien, cariño, si es tu decisión, habrá que respetarla.

-Así es. Sé que le gusta Charlie, estamos conectados, no lo olvide. No puedo decir otra cosa que gracias, y que jamás, olvidaré lo que hizo por mí. Me dio una identidad cuando tenía otra cosa, me dio el amor propio, me hizo quien soy: y no lo olvidaré, si alguna vez, requiere de mis servicios, recuerde quien soy.

-No lo olvidaré, Evelyn- Besó mi mano, cortésmente. Le di a Sombrita. – Cuídela cuando yo no esté. Es una buscona, que adora su compañía.

-Por supuesto, Evelyn. Gracias por ser tan extraordinaria.

-A usted. Evelyn Magne, a su servicio- Me incliné respetuosamente, y crucé la verja.

Arranqué la moto, haciendo un estruendo de mil demonios.

- ¡Vamos Hellraider!

Por el camino, iba atropellando pecadores, no me daban pena, ¿Por qué me la iban a dar? Las pocas lágrimas que me salieron de mi despedida de mi maestro, se las llevó el viento en mi cara debido a la velocidad a la que iba. Frené en seco, ante la sede del canal, y llegué a la puerta. Un guarda me frenó el paso.

- ¡Alto! ¡No se aceptan visitas!

-Soy la guardiana de los Magne.

- ¡Lárgate de aquí, nada de bromas!

Me harté, y le di un golpe en el estómago, que lo dejó sin aire, y lo aparté con el pie.

Subí en el ascensor, y me fui pasando por los pasillos, dispuesta a todo, me estaban hartando esos rumores. Los empleados, se quedaban sin habla al verme entrar, había cambiado mi vestimenta al entrar en la típica de la cacería.

-Apartad- Accedí al estudio, y allí estaba la presentadora, fumando y tomando café, con el copresentador.

- ¿Eres la que lleva esto?

- ¿Y quién eres tú, ¿eh? ¡Seguridad! ¡Echad a esta zorra de aquí!

Antes de que llegaran los gorilas, los despaché con un par de tajos de mi seax.

-Bien, a lo que iba. Vas a dejar de difundir esos bulos sobre Alastor y la princesa, ¿Entendido?

- ¿Quién te crees que eres?

-La guardiana de los Magne-La señalé con el seax. Pero en lugar de intimidarse, sacó sus extremidades de Mantis religiosa, y me atacó, rozándome la chaqueta.

- ¡Mi chaqueta nueva! - con un movimiento rápido, la puse contra la pared, y ella clavó sus afilados extremos en mi espalda, pero me daba igual, el dolor, me daba poder, la tomé del cuello, y puse el filo contra el cuello.

-El dolor es algo magnífico, ¿Verdad? - Al verme que no me afectaba, se quedó pálida

- ¿Qué es lo que quieres?

-Repito: Vas a dejar de difundir bulos sobre Alastor el Overlord y sobre su majestad Charlie, ¿Entendido? Hablarás sobre la boda, y con todo el respeto a la princesa y su prometido, ¿Queda claro?

-Si… ¡Y ahora suéltame, loca desquiciada!

La golpeé con todas mis fuerzas, en la cara.

-Ahí tienes un regalo, para que te acuerdes. La solté, mientras se retorcía de dolor. Me encendí el puro, y la miré con asco.

-Si vas a fumar, que sea con estilo. Espero las noticias de la noche. Cuidadito si no quieres correr la misma suerte que los dos Vs.

Me fui, con el dolor sangrante de la espalda, arranqué la moto, y me fui a palacio.

Con la tontería, se me olvidó la hora, llegué a la puerta, y justo cuando aparqué, Vi una extraordinaria Limusina de color verdoso, y un individuo bajarse. Oh, mierda. Lo olvidé.

-Llegas tarde.

-Perdón, Señor Von Eldritch…La reina me encargó un asunto…

-Bueno, si es así, la reina es la superiora del infierno. Estamos a sus órdenes…Bueno, ¿Subes, querida?

-Oh, Si, por supuesto…-Dije algo tímida- Con permiso.

Al girarme para entrar, me detuvo, sosteniéndome del brazo.

-¡Para, para, para! ¿qué demonios es esto?- Las heridas lo alarmaron.

-Ah, esto…gajes del oficio, Barón.

- ¿Y Vas así tan tranquila? ¡Espera aquí, mujer, no puedes ir así!

Entró en palacio y salió con Charlie. Oh, mierda, no me apetecía verla, pero bueno.

-Evelyn…yo, lo de ayer.

-No te disculpes, es tu prometido, ¿No?

-Ejem, cambiando de tema, Charlie, querida, ¿Puedes curarla? - Harold me giró.

- ¡Evy por favor, ten más cuidado!

-Son gajes del oficio, ya lo dije.

-Te curaré, aguarda.

Unos segundos, y ya me curó, era alucinante el poder de Charlie.

-Gracias, Charlie, Evy, vámonos.

-No hay de qué, Harold, ¡Pasároslo bien!

Charlie despareció y me quedé a solas con Harold.

-Oh…esa ropa…

-No hay problema, Barón-Chasqueé los dedos, y mi ropa cambió a una nueva, Chaqueta burdeos, camisa lila, y pantalón negro.

-Así estás mejor, vamos, Evelyn- Me puso el brazo, y me metió en la limusina.

-A todo esto, Evy, ¿Qué quiso decir Charlie con lo de perdóname? Se apoyó en el respaldo de los asientos de la limusina.

-Pues…

Le explicó todo, y la cara de él era un poema.

-Bueno, como dijiste, son prometidos, y ya está. Míralo por el lado bueno, eres soltera ahora. ¿Quieres tomar algo, preciosa?

-Lo más fuerte que tengas, Harold.

-Como gustes- sacó un licor negro, y le prendió fuego-No es un fallen ángel, ni un polvo de ángel, pero te gustara.

Al beberlo, noté una sensación extraña, de subidón, pero de algo raro, que me puso el bello de punta.

- ¿Qué lleva? Está exquisito, Harold.

-Pues, lo mismo que un 666, pero lleva sangre y veneno de serpiente.

-Interesante- Bebí de nuevo- Hoy la serpiente de la reina me ha picado- Le mostré la marca de los colmillos.

- ¿Enserio? ¡Eso quiere decir que te aceptan como una de su sangre, Evelyn, eres parte de la realeza!

-No me jodas…-Me quedé en blanco, mirándolo.

-¡Sí, ahora puedes ir conmigo a donde quieras!-Me tomó de las manos ilusionado-

- ¡Wow, wow, calma, chico! - quité su mano, iba demasiado deprisa.

-Perdona, querida, me he ilusionado, mira, donde vamos, te encantará.

La limusina se paró, y abrió la puerta. Era un lugar apartado del bosque.

-wow…qué bonito...-Miré a mi alrededor, y salí del vehículo.

- ¡A que sí, ven te enseñaré lo mejor!

Me arrastró a donde no había nadie, ni llegaba ningún coche, era una cascada, que daba paso a una charca con aguas cristalinas.

- ¿Te gusta? -

-Es bestial…Harold.

-Ven, Evy-Me tomó del brazo, y con un chasquido, hizo aparecer un mantel precioso, donde sentarnos, y sacó un par de cervezas.

- ¿Haces esto con todas las que ligas? -Dije simpática.

-No seas así, Evy. Aquí vengo solo, esto es de mi familia. Hace años que no tengo nada con ninguna. Charlie me hizo daño, y a ti ayer.

Me abrió la cerveza, y bebí.

-Tienes razón, pero te tomaba por un capullo insensible, Harold- Bebí mirándolo.

-Evelyn, bajo mis hombros tengo mucha presión, y por eso no maduraba. Pero desde que tú llegaste…-me pasó la mano por la cara- Todo cambió…fuiste la primera…en retarme…

-Harold…por ahora, no quiero nada…pero el rey me dijo, que puedo hacer lo que quiera…

-Y lo que quieras vamos a hacer…veía como me mirabas, cuando íbamos por las cloacas…-Se acercó a mi cara.

Tenía razón, podríamos hacer lo que quisiéramos. Ni era necesario ir de pastelazos como Alastor, ni ir de amantes a escondidas. Me puse sobre él.

- ¿Y si…lo pasamos bien un rato, y dejamos que todo fluya? -Dije.

-Pues dejemos que todo fluya, cariño. Adelante, soy todo tuyo, Evelyn.

Esa frase, fue como un chispazo que prendió la pólvora. Me tiré a besarlo, maldita sea. Me separé.

- ¿Lengua bífida?- Me llevé las manos a la boca.

-Sí, querida, ¿Ves? - Sacó la lengua, y la movió, cual serpiente.

Volví a besarlo, y usó su lengua, qué resultado daba, ¡Señor del infierno! Me sacó la camisa, y el sostén.

-Estás llena de marcas, Evy…me encanta…se incorporó a lamer mi piel, pasando la lengua, por mis marcas recientes, de la espalda, me tomó por la barbilla, y lamió mi cuello, ante mis gemidos, llevó su mano a mis senos, pellizcando, y me dio la vuelta, tumbándome sobre el mantel. Sus afilados dientes, mordían mis pezones, haciendo arquear mi espalda, jugaba conmigo, viendo mis reacciones.

…Harold…

-Eso…di mi nombre…

Cuando iba a reponerme, me abrió las piernas, y metió su lengua en mi intimidad. Grité tan fuerte, que me tuve que tapar la boca yo misma, porque iba a gritar como una loca. Su cálida lengua se introdujo en mí, succionando mi clítoris.

-Harold…sigue…por favor…

Sabía lo que hacía, y lo disfrutaba. ¡Ni Alastor en un millón de años con esa lengua bífida y esa práctica, lograrían hacerme gemir como lo estaba haciendo Harold!

Lo tomé por los cabellos, acariciándolo, animándolo a que siguiera. Levanté mis caderas, y parece que le gustó, porque me clavó las uñas. Iba a llegar a mi orgasmo, pero se frenó.

-Querida, ¿Estás preparada?

- ¡Saca a la serpiente!

Bajó el cierre de su pantalón, y apartó la ropa interior.

Joder. Qué shock. Era la más grande que había visto hasta ahora. Grande, más de 20 cm, gruesa, y con escamas…Esto iba a ser divertido, y muy placentero.

-Qué te parece… ¿Por qué no juegas con ella?

Se acercó, y lo tomé en mis manos, no había que estimular mucho, porque ya estaba dura. Besé la punta, y pasé la lengua por la longitud, metiéndola entre las escamas, saboreando el líquido pre seminal, que brotaba, me la metí en la boca, y succioné por unos minutos, él aprovechó para tomarme de la cabeza, marcando el ritmo, y lo disfruté, sujetándome de sus muslos fuertes, y tersos, me separé para tomar airé, se sujetó el pene, y me lo pasó por los labios.

-Sabía que te gustaría- Me golpeaba con el suavemente en la cara. ¿Vamos al siguiente paso?

-Te estoy esperando- Dije sonriente.

Se recostó, y sacó unos condones.

-No, no, eso no, quiero sentirla toda, ¿Entiendes? Además, hay otros métodos.

-Cierto, así me gusta, pues ponte, tú misma. Se recostó.

Me armé de valor, y me empalé contra la polla de Harold. Sus escamas, y su grosor enorme. Me costó trabajo, que entrara, pero estaba lubricada y algo hizo.

-¡MMMphhh! Con un valiente empujón, entró toda, y pude empezar a moverme, poco a poco, mientras él, me sujetaba por las caderas.

-Si...Eres la primera que no usa condón… ¿Te gusta mi textura? Pues es sólo para ti.

Fuimos aumentando el ritmo, los dos, sus escamas, me producían un placer inmenso, era muchísimo mejor que la de Alastor, además, era mejor que un condón con estrías, mejor que cualquier otra cosa que jamás hubiera imaginado.

-Evelyn…me encanta cómo eres…sigue…

Me movía más rápido, notaba que íbamos a llegar al orgasmo, pero me frenó. Se separó de mí, y me puso a cuatro patas.

-Vamos al gran final, Evy.

Metió todo de un golpe, y silenció mi grito con su mano, se pegó a mí.

-Vamos, querida, sé que te gusta.

Empezó a moverse contra mí, como una locomotora, sin frenar, sin descanso. Sin parada, sudábamos y gemíamos como bestias. El, arañó mi espalda con sus garras, y tiró de mi cabello, para tenerme pegada contra él, a su merced, lo sujeté por el pelo, mientras él, mordía mi hombro.

-Di mi nombre…Evelyn, Di mi nombre…y te haré llegar al cielo…

Me Tomó por los brazos, forzando la postura, mientras seguía bombeando detrás de mí. Estaba cerca de correrme, y lo hice, gimiendo su nombre.

-¡Si, ¡Si, Harold, ¡Si, dame más, si, si!

Con unas cuantas embestidas salvajes, que acompañaron palmadas en mi trasero, y con el pegado a mi cuerpo, susurraba.

- ¡Te daré lo que me pidas, sigue así, di mi nombre, Evelyn!

- ¡Harold, sigue! ¡no puedo más! - lo dije porque me había terminado.

-¡Aaaarrrrggghh!- se vino dentro de mí, su miembro, palpitaba, mientras descargaba su semilla en mí, que escurría por mis muslos, mientras yo gemía recuperándome del orgasmo.

-Has sido, extraordinaria. Ni la princesa del infierno te llega a los pies- Me besó suavemente.

Se retiró de mí, y me tapó, con una colcha suave y fina que hizo aparecer. Se puso a mi lado, tapado por la cintura.

-Toma cielo- Chasqueó los dedos y me dio una caja de pastillas- Estas son las mejores del infierno. Jamás fallan- Me tomé la pastilla, junto un vaso de agua que él me dio.

-Ha sido, brutal…Harold, eres increíble- Lo besé, y me correspondió, con otro beso, y con caricias.

-Pero oye, ¿Y el brebaje?

- ¿Qué brebaje? - Dijo extrañado.

-Pues, el que se toma después del sexo…Alastor me daba uno después de cada sesión.

Seviathán se puso pálido. Su color verdoso pasó a pálido.

- ¿Uno verde, pegajoso, y con un sabor asquerosamente amargo?

-Ajá.

-Se incorporó. ¿cuántas veces lo tomaste? - Me sujetó de los hombros.

- ¿Qué sucede, Harold?

-Responde a mi pregunta, Evelyn. ¿Cuántos?

-Pues, bastantes, ¿Por qué? - Me estás asustando, Harold.

Harold se tumbó, tapándose la cara- Qué hijo de la gran puta. Esos brebajes esterilizantes. Son anti natalidad.

- ¿Qué? - se me paró el pecho, lo juro.

Seviathán me miró fijamente, y me tomó por los hombros con firmeza.

-Pase lo que pase, estaré contigo, Evelyn. No voy a darte la espalda, pero cálmate, ¿ok?

-De acuerdo, Harold, me calmaré, lo prometo. Sé que no fallarás, ¿Pero ¿qué pasa? - Dije aterrada.

-Evelyn, probablemente, no puedas tener descendencia. Estás estéril.