Capítulo 19
Dos días después de nuestra "declaración" en el ascensor, les comunicamos a todos nuestro compromiso en la comida familiar en la mansión de los Cullen. Abrazos de Esme y Carlisle, gritos de alegría por parte de Alice y gruñidos por parte de Emmett… hasta llegó a mascullarle al oído a Edward algo parecido a "un dedo por cada lágrima" llevándose un zape por parte de Rose que resonó en todo el comedor.
Todos habían aceptado la noticia muy bien, la verdad es que no era para menos, solo era necesario ver nuestras sonrisas de felicidad para saber que una boda no sería un error en nuestro caso. En ese momento me lamentaba terriblemente el haber hecho a Edward esperar por mi "sí" demasiado tiempo, pero después llegué a la conclusión de que si algo te cuesta el doble de esfuerzo, cuando lo consigues lo valoras más… esperaba que Edward pensase igual.
Charlie fue otro cantar, después de ponerse completamente blanco, después de cambiar a rojo… morado… y finalmente se quedó mudo mirándonos con una cara que no reflejaba sus sentimientos. Salimos de mi antigua casa con una sensación agridulce, Charlie no se había enfadado en exceso, pero tampoco se había ilusionado, lo que me daba a entender que le había decepcionado, que quizás esperaba una negativa hacia de Edward de mi parte… pero ya estaba hecho, no iba a negarme a mi felicidad cuanto la estaba tocando con la punta de los dedos. Así mi padre no estuviese de acuerdo con ello, con el tiempo entendería que estaba haciendo lo correcto.
Y ahora estaba allí, en mi despacho. Un par de días después de nuestra comida en casa de los Cullen estaba mirando fijamente la tableta de mis anticonceptivos con la angustia y la duda pintada en mi cara. Sobraba uno. Hoy era el día que tenía que comenzar a tomar las pastillitas azules en lugar de las amarillas, y cuál es mi sorpresa que al mirar en mi bolso… ¡llevaba un día de retraso!
Estaba haciendo memoria, estrujándome las neuronas, obligando a mi cerebro a trabajar por encima de sus posibilidades intentando recordar el día exacto que me olvidé de tomar mi dosis diaria de hormonas. Llamándome estúpida mentalmente por olvidarme de hacer algo tan importante y trascendental. ¿Cómo podía ser tan despistada? Llevaba años tomando esas maltitas píldoras… ¿Por qué se me tuvo que olvidar una?
Pero no podía estar embarazada… ¿cierto? Tendría que notar algún síntoma… un cambio en mi cuerpo, algo extraño. Y yo estaba perfectamente, como siempre. Solo un poco más cansada de lo habitual por el exceso de trabajo… con un poco más de sueño por el estrés… tenía más hambre de lo habitual por el estrés también… mis pechos eran más grandes porque estaba a punto de tener el periodo… y esta mañana había vomitado la cena porque la comida china de anoche me sentó fatal… seguro que le habían puesto algo raro al arroz.
Me quedé pensando en las posibilidades… y mi cara perdió todo el color… ¿cómo había podido ser tan estúpida? ¡Todos esos síntomas eran de embarazo! Eso o una enfermedad terminal… que esperaba no fuese el caso. Mis manos comenzaron a temblar y la tableta de pastillas que tenía en mis manos cayó al suelo. ¿Y ahora que hacía? Podía tomarme la pastilla que me quedaba y los cinco placebos y esperar a ver qué pasaba… pero serían seis días demasiado largos… o, lo más lógico sería ir a una farmacia o un supermercado y comprarme un test de embarazo para salir de dudas. Sí, la última opción era la más acertada.
Me puse en pie dispuesta a ir a la farmacia del otro lado de la calle para acabar con todo, pero en cuanto caminé un paso para coger mi bolso la puerta se abrió de golpe y mi muy hiperactiva amiga Alice entró en mi despacho como una exhalación.
— ¡Hola Bella! —saludó efusivamente— ¿A dónde vas?
— A… a… a tomar un café —contesté algo aturdida.
— ¡Genial! Te acompaño —canturreó alegre.
Salimos del despacho y nos metimos en la cafetería de la planta baja del edificio. Por mi cabeza pasaban mil y una estrategias para deshacerme de Alice e ir a la farmacia a comprar lo que necesitaba, pero ella no dejaba de parlotear haciendo que mis pensamientos no vagasen tranquilamente y por lo tanto no se me ocurría nada lo suficiente bueno para que ella me creyese y me dejase ir sola.
— ¿Qué van a tomar? —no preguntó Tyler, el camarero.
— Un capuccino —dijo Alice sin dudar.
— Yo otr… un cacao —rectifiqué… si estaba embarazada iba a cortar drásticamente mi ingesta de cafeína… era suficiente con un hiperactivo en la familia.
— ¿Un cacao? —preguntó Alice enarcando una ceja —Tú nunca tomas cacao.
— Hoy me apetece —contesté en un murmullo desviando la mirada… Alice tenía el poder de hacerme confesar hasta las veces que me hacía cepillado los dientes… y ese trago quería pasarlo sola… fuese lo que fuese.
— ¿Estás bien? —me preguntó después de varios minutos en silencio, en los que solo ella hablaba.
— Sí, sí… no te preocupes —contesté con una sonrisa forzada.
— ¿Seguro? —volvió a preguntar.
— Sí, sí, Alice… estoy bien.
— ¿Necesitas contarme algo? —¡maldita enana! ¿Tiene un radar para saber cuándo alguien tiene problemas?
— No, no… no es necesario —desvié la mirada a mi taza de cacao... intacta por cierto.
— ¿Seguro que estás bien? —volvió a preguntar visiblemente preocupada.
— Sí, sí… no te preocupes… de verdad. No pasa nada —intenté tranquilizarla.
— Y si no te pasa nada… ¿por qué no dejas de repetir el primer monosílabo cuando contestas? —dijo cruzándose de brazos.
— No, no… yo no hago eso —y me quedé petrificada mirando a mi amiga de reojo.
Ella me dedicó una mirada de desaprobación… ya sabía que le estaba ocultando algo. Me puse en pie bruscamente y cogí mi bolso dispuesta a irme y dejarla allí, si pasaba un segundo más a su lado acabaría contándole todo, y la primera persona que tenía que saberlo después de mí tendría que ser Edward, no Alice, la que se lo contaría a toda la familia en cuanto me diese la vuelta.
— Me voy Alice… tengo que hacer algo antes de volver a la oficina —dije atropelladamente.
— ¿El qué? —preguntó inclinándose sobre la mesa… mirándome fijamente.
— Ir a la farmacia —las palabras abandonaron mi boca precipitadamente… ¿pero por qué le había dio la verdad? ¡Estúpida Bella, estúpida!
— ¿A qué vas a la farmacia? —volvió a preguntar demasiado seria para mi gusto…
Se lo olía… podía apostar a que la enana adivina ya se imaginaba algo parecido, por eso había venido justo ese día a visitarme, por eso me estaba mirando cómo si me hubiese salido un tercer ojo en la frente. "O quizás solo está preocupada porque tu comportamiento es extremadamente raro" dijo mi conciencia… a la que obligué a callarse con un gruñido. Piensa rápido Bella… una excusa convincente para Alice.
— Voy a comprar mis pastillas anticonceptivas… ya sabes, para no tener un susto —dije palmeando mi vientre e internamente llamándome los peores insultos que conocía por ser tan estúpida.
— Te acompaño —dijo poniéndose en pie de un salto.
— ¡No! —grité, a lo que ella dio un salto hacia atrás y casi tira a un camarero que pasaba a su lado en ese momento— La chica que atiende en el mostrador viste fatal… y tendré que volver a esa farmacia… así que si me avergüenzas explicándole las últimas tendencias de Vogue, no podré volver a mirarle a la cara sin avergonzarme —en parte era verdad… las gafas que se ponía esa chica debían de tener veinte años como poco.
— Está bien —dijo con renuencia— iré a ver a mi primo… no tardes y ten cuidado al cruzar la calle.
Diez minutos después estaba entrando en el ascensor con aquella maldita caja en mi bolso… una caja que parecía pesar dos toneladas… parecía imposible que ese pequeño palito dentro de una pequeña cajita de cartón pesase tanto como el anillo único del señor oscuro. Llegué a la oficina y me dejé caer pesadamente en el sillón. Había llegado la hora de la verdad… ¿y ahora que hacía? ¿Esperaba hasta llegar a casa o lo hacía en el baño de la oficina? Miré el reloj y todavía faltaban cinco horas para que pudiese irme a casa… ¡demasiado tiempo! Me volvería loca si tenía que esperar todas esas horas estando en ascuas.
Me debatí durante varios minutos frente a la puerta que comunicaba mi despacho con el de Edward. ¿Debía decírselo antes o después de hacerme es test? Podía escuchar como él y Alice charlaban animadamente… si se lo dijese antes tendría que esperar a que ese pequeño duende se fuese para poder hacerme el test… y para eso podría faltar una hora como poco. No podría esperar tanto.
Salí del despacho aferrada a mi bolso como si fuese lo único que podía mantenerme en pie… y casi lo era, porque mis piernas temblaban tanto que me sorprendía a mí misma de no estar ya en el suelo.
— ¿Bella estás bien? —di un salto y casi tiro un ficus que había al lado de la mesa de Ángela.
— Sí, sí... no te preocupes —otra vez lo monosílabos repetidos… tranquilízate Bella… tranquilízate.
Entré en el baño y me metí en uno de los cubículos individuales… abrí el bolso apresuradamente haciendo que parte de su contenido se desparramase por el suelo. Después de meter todo abruptamente en el interior del bolso agarré la caja con las manos demasiado temblorosas… temía que volvería caerme algo como continuase temblando así.
Mis manos temblaban demasiado sujetando con dificultad el prospecto, mis ojos penas podían descifrar las diminutas letras con las instrucciones de uso. Respiré hondo un par de veces para tranquilizarme… cuando conseguí descifrar las instrucciones rompí el envoltorio de plástico y saqué al pequeño aparatito… lo sujetaba con solo dos dedos como si fuese un arma de destrucción masiva o una granada a punto de explotar.
Como pude, haciendo malabarismos para no caerme del retrete, dejé que la punta del palito se humedeciese de lo que tenía que humedecerse… ¿no podía haber un modo más asqueroso de hacer eso? Los diez minutos de espera se me hicieron eternos, no dejaba de dar vueltas en el pequeño cubículo como un león enjaulado mirando de reojo aquel palito amenazándolo mentalmente para que no diese positivo.
Unos golpes en la puerta me sobresaltaron y casi acabo con las uñas clavadas en el techo por el susto… ¿es que nadie sabe que no se debe molestar a una mujer cuando está esperando para saber si está embarazada o no? Bufé y maldije entre dientes, acordándome de toda la familia de la persona que estuviese al otro lado.
— ¡Está ocupado joder! —grité.
La alarma del móvil sonó indicándome que el tiempo de espera ya había acabado, y el resto del mundo dejó de existir para mí. Agarré el palito con el indicador hacia abajo. Respiré hondo un par de veces para tranquilizarme, o intentarlo al menos ya que no funcionó. Y lo giré mientras me repetía mentalmente "dos rayitas sí, una rayita no" resoplé con fuerza y lo miré.
Una rayita…
Dos rayitas…
Positivo…
El palito marcaba positivo…
Estaba embarazada…
Estaba embarazada….
Iba a tener un bebé de Edward…
Me quedé paralizada varios minutos con el palito en la mano, mirándolo fijamente, intentando hacerme a la idea de que dentro de mí ya había una personita… ¿qué dirá Edward sobre eso? Comencé a temblar de nuevo… ¿y si no quería al bebé? Llevé mis manos a mi vientre instintivamente intentando proteger a mi bebé de mis propios pensamientos… mi bebé… era mi bebé… iba a tener un bebé…
Dos enormes lágrimas abandonaron mis ojos y rodaron por mis mejillas cayendo luego al suelo. Volví a mirar el palito como si no creyese todavía que lo ponía era cierto… tendría un bebé… con Edward. Metí el palito en el bolsillo de mi pantalón y cogí mi bolso saliendo del baño a toda velocidad. Entré en mi despacho y tiré el bolso al sofá y caminado a zancadas llegué hasta la puerta del despacho de Edward. Escuché a través de la puerta y ya no se oía la voz de Alice.
Agarré el pomo con fuerza y me quedé petrificada… ¿cómo debía decírselo? Además que no sabía el día exacto que me había olvidado de tomar la dichosa pildorita. Fui hasta mi sillón y me senté apoyando los codos en la mesa y la cabeza en las manos… miré al suelo y vi otra vez la tableta de mis pastillas. Comencé a hacer memoria una vez más, intentando recordar día a día lo que había hecho el último mes, y… ¡oh! El día de la mudanza… entre el viaje en avión, la cena con la familia y después el baño que me regaló Edward olvidé totalmente tomarme la pastillita… ¡estúpida Bella! ¡Para una cosa importante que tienes que hacer… te olvidas!
Suspiré y me espatarré en el sillón… ya estaba hecho, no tenía nada de lo que lamentarme. Ya estaba embarazada y no había vuelta atrás… un aborto no era opción, y deshacerme luego de ese bebé dándolo en adopción tampoco, era una parte mí, ¡una parte de Edward! Había sido creado con amor, no podía desentenderme de él y hacer como si no existiese. Y entonces se me ocurrió el modo perfecto de darle la noticia a Edward, solo esperaba que él se la tomase bien, me había dicho que quería tener hijos… pero algún día. ¿Sería hoy ese día?
Me puse en pie y salí hacia el despacho de Edward, la oficina estaba casi desierta porque todos habían salido aprovechando su hora de comer. Entré en el despacho sin llamar y lo vi con la nariz hundida en unos papeles, levantó la cabeza y me miró sonriendo.
— Hola cariño… ¿cómo estás? —dijo poniéndose en pie y caminando hacia mí— Alice me dijo que estabas un poco rara.
Sonreí nerviosamente.
— Estoy bien… ¿has acabado? —pregunté.
— Dame un minuto que revise eses contratos y nos vamos a comer… —dijo con una sonrisa.
Asentí y me senté en el sofá de su oficina. Tenía los brazos cruzados y mi zapato repiqueteaba insistentemente contra el suelo… sí, estaba nerviosa… ¿acaso no era algo normal en mi situación? No todos los días le dices a tu prometido que estás embarazada… y menos cuando ni si quiera tenéis fecha para la boda… mi ceño se frunció y mi ánimo cayó por los suelos… boda… si finalmente nos casábamos tendría que ser pronto… me negaba rotundamente a esperar a que el bebé naciese, y tampoco quería hacerlo con un bombo con el que apenas me viese los pies.
— ¿eEstás bien? —la voz de Edward me sacó de mis pensamientos y lo miré asustada.
— Sí, sí… no te preocupes —otra vez los monosílabos repetidos.
No me creyó, obviamente, nadie me conocía tan bien como él... dejó los papeles sobre la mesa y poniéndose en pie estuvo a mi lado en un segundo.
— ¿Qué es lo que te preocupa? —preguntó con el ceño fruncido.
Suspiré y lo tomé de la mano con fuerza, mi bolsillo comenzó a pesar como lo hizo mi bolso minutos antes, el palito me estaba volviendo loca. Lo arrastré hasta el ascensor y lo metí en él de un empujón. Me miró extrañado sin dejar de arrugar su ceño. Presioné un botón al azar y el ascensor comenzó a moverse.
— Bella… ¿qué pasa? —preguntó después de unos segundos.
Pulsé el botón que detenía el ascensor y este se detuvo con un movimiento brusco.
— ¿Qué haces? —preguntó asustado. Sin más sus ojos brillaron inexplicablemente y sus labios surcaron una sonrisa torcida— ¿Vas a violarme? —preguntó sin perder la sonrisa.
Bufé y me crucé de brazos.
— Tengo que decirte algo —susurré mirando al suelo.
— ¿Y para eso me encierras en un ascensor? —pregunto divertido.
— Es un lugar importante en nuestras vidas… ¿no? —pregunté alzando mi mano izquierda y señalando mi anillo de compromiso con la derecha.
— Cierto… a ver… ¿qué pasa? —preguntó abrazándome.
Me deshice de su abrazo y di dos pasos atrás mirándolo a los ojos.
— ¿Recuerdas el día que llegamos a Seattle? —le pregunté, él asintió con una sonrisa— ¿Recuerdas el baño que nos dimos… y todo lo que pasó después?
Su sonrisa se ensanchó y volvió a abrazarme.
— ¿Cómo voy a olvidarlo? —susurró en mi oído besando mi cuello.
Cerré los ojos y aparté su cara un poco… si continuaba besándome así no podría concentrarme en lo que tenía que decirle.
— Ese día olvidé tomar mi pastilla —dije en un susurro.
— ¿Cuál es el problema? —preguntó confundido.
Volví a alejarme dos pasos y lo miré de nuevo a los ojos.
— Estoy embarazada, Edward —susurré.
Se quedó estático, apenas parpadeaba, su boca estaba ligeramente abierta y me miraba fijamente. Suspiré y me recargué en la pared tapando mi rostro con ambas manos… las lágrimas inundaron mis ojos… sabía que la idea no le gustaría… tenía que ser algo planeado, en lo que los dos estuviésemos de acuerdo, no algo tan… de repente. Sentí la manos de Edward en mi cintura y después sus brazos rodeándome, apoyé la cabeza en su pecho y continué llorando. Después de un tiempo, no sé exactamente cuánto, Edward me apartó y mirándome a los ojos secó mis lágrimas con sus dedos.
— ¿No te gusta la idea? —preguntó en un susurro.
— ¿Por qué lo preguntas? —pregunté en un susurro.
— Estás llorando… no quiero que algo te haga triste.
— Lo siento… —musité— tendría que haber sido más responsable… ¡soy tan estúpida! Ahora estoy embarazada por olvidarme de una maldita pastilla… —sorbí por la nariz y miré a Edward a los ojos, no supe descifrar su expresión, por lo que seguí hablando—. No quiero que te sientas obligado a nada… no tendrás que hacerte cargo del bebé si no quieres, entiendo que para ti sea algo que no planeabas y decidas hacerte a un lado, yo no quiero que…
— Para, para, para… —me detuvo poniendo un dedo sobre mis labios— ¿Me estás diciendo que vas a tener a nuestro bebé?
— Por su puesto… aunque no haya sido algo meditado yo lo quiero… es parte de nosotros y no podría deshacerme de él —contesté sin dudarlo.
Sonrió con fuerza y me besó. Y su pregunta de segundos antes comenzó a repetirse en mi mente "¿Me estás diciendo que vas a tener a "nuestro" bebé?"
Nuestro…
— Me haces el hombre más feliz del mundo —murmuró antes de volver a besarme.
Devolví su beso y luego me aparté para mirarle a los ojos.
— ¿Tú… tú… quieres…? —no me dejó terminar la frase y volvió a besarme.
— Por supuesto que quiero… me haces tremendamente feliz… —confesó mirándome a los ojos— te amo, te amo más de lo que imaginé que podría querer a alguien… y ahora me vas a dar el mejor regalo del mundo. Gracias.
Volvió a besarme y después se dejó caer de rodillas frente a mí, me abrazó por la cintura y pegó su cabeza a mi vientre. Después de unos segundos levantó un poco mi blusa y comenzó a besarme la tripa.
— Hola bebé —susurró contra mi piel— papá y mamá te aman muchísimo… así que tienes que crecer sano y fuerte… te esperamos bebé.
Las lágrimas no dejaban de descender por mis mejillas… ¿podría alguien ser más feliz que yo?
