Disclaimer: Ya saben, los personajes le pertenencen a JKR, lo demás, es mío, creado en un principio febril de mi juventud y añejado con los años.
Gracias por tu follow/Fav a Morcisempai
Procederé a contestar sus hermosos e increíbles Reviews:
AliTroubleMAker: Me reí mucho con tu comentario jajaja aún me da risa.Sí, Pansy no es mi fav, pero creo que hemos subvalorado a todos los Slytherin y no todos son malos o no porque sí. Todos tenemos nuestras razones. Te prometí alguna vezs lemmon, ya lo cumplí y quizá a partir de aquí en adelante sea así jojo qué bueno que te gustó, espero que éste también te guste. ¡Besos draconianos a distancia! PD. ¡Fuiste el review 60! ¡Yeii!
Fran: ¡Mi querida Fran! Pansy siempre será una perra, pero una perra pug jaja ¡me encantó eso! Ya por fin aquellos dos vieron las estrellitas juntos y no en una especie de sueño. ¡Lemmon a la orden! Yo también creo que todos deberían tener un mejor final, pero hay personas que están destinadas a no tenerlos... quizá. ¿Será un spoiler? no lo sabremos jojo! Te envío un gran abrazo y besos draconianos
Hadramine: Te prometo que seré la primera en darle una cachetada a Hermione si se porta mal, palabra de exploradora. Espero que disfrutes el próximo capítulo. Un abrazo y besos draconianos. ¿Creemos en la redención?
BombonKou: jeje me encanta que te haya encantado. Yo creo que todo Slytherin escuchó qué andaban haciendo esos dos. Te envío un beso draconiano.
NOTAS DE LA AUTORA: ¡Les traigo un nuevo capítulo y dos sorpresas!
La primer sorpresa es que estoy muy, muy emocionada, van a traducir "Naranjas en cuarentena" a ruso. ¡Me muero de la emoción! /Si no lo has leído y sigues en cuarentena, te invito a que pases y lo hagas/ O si ya saliste de ella, también./
La segunda sorpresa es mi autopromoción:
He estado trabajando en otro proyecto mas ligero y pequeño (no me maten si por eso me atrasé un poquito con AoDNS), inspirado en la película de Scott Pilgrim Vs The World, así que en las próximas semanas subiré un nuevo fic que trabajaré simultáneamente a este, mi hermoso y dramático bebé (AoDNS).
Mini adelanto directamente del borrador:
Draco Vs la liga de los estúpidos
Summary: Hermione tiene mala suerte con los chicos, ha intentado salir con varios y al final la evitan, con cara de pánico y excusándose, incluso uno se mudó de país. Si ella creyera en eso, diría que alguien la embrujó. Draco no la ha visto en año y medio; toda una vida para ambos. ¿Por qué de repente aparecen los siete perdedores que se han relacionado con ella y lo retan?
—Te ves bien —dijo él con aquella voz aterciopelada que guardaba para ella, aquella que tanto la había hecho estremecer en el pasado. Hermione tragó, deseando desaparecer en aquél preciso instante y que las piernas no le fallaran.
—Gracias —respondió la chica encogiéndose de hombros sin perder de vista lo interesante que eran sus zapatos—, tú también te ves bien.
Eso era un hecho pese a que Hermione había intentado por todos los medios fijar su mirada en sus lustrosos zapatos de piel de dragón antes que en su rostro, sabía que Malfoy siempre se vería bien con lo que fuera, desnudo, por ejemplo. No pienses en eso, por Merlín, se regañó.
—Ha pasado bastante tiempo —comentó Malfoy con calma—, no pensé encontrarte aquí.
Hermione levantó la vista, curiosa.
—Es la inauguración del bar de Ron, claro que estaría aquí —dijo con obviedad. La verdad es que se sentía estúpida y cobarde cuando se encontraba con Malfoy, que gracias a las barbas de Merlín, era poco frecuente. Malfoy cabeceó y tomó una bebida que apareció mágicamente en su mano, le dio un trago bastante profundo.
—A eso me refería, pensaba que estarías en la sala delicuescente de "Gryffindor" .
—"Delicuescente" —se burló Hermione sin poder evitar una sonrisa—, siempre usando palabras sofisticadas.
—Las uso con las personas inteligentes —comentó él con tranquilidad, se escuchaba tan dueño de sí—, aunque elegir a Weasley de pareja me hace dudar de ti.
—¡Oh, no!—interrumpió ella con una risita nerviosa—, no estamos juntos, o sea, quise decir, sí lo estamos… no, más bien… es la inauguración de mis amigos, eso quise decir, sí. No estamos juntos, pero sí somos amigos—balbuceó mirando sus zapatos de nuevo, cómo deseaba tener una bebida en ese momento para vaciarla de un trago y así justificar el arrojarse de cabeza por las escaleras.
Se quedaron en silencio mirando hacia otro lado, la música se mezclaba tanto de la puerta abierta por la que Malfoy había salido, como de la música del piso de abajo, creando una confusión sonora que no competía con el golpeteo de su propio corazón. Distraída por el entorno, Hermione se mordió los labios y arrastró la punta de su zapatilla por entre ellos, como creando una línea imaginaria, había metido las manos detrás de su espalda y los rizos escondían su expresión nerviosa, pero lo escuchó inhalar profundamente y Hermione se congeló.
Levantó la vista con cuidado y lo vio mirar su zapatilla verde con algo parecido a nostalgia dolorosa.
Se parecía mucho a la escena detrás de los invernaderos cuando se besaron por primera vez. Hermione llevaba uniforme en ese entonces y Malfoy su ropa de Quidditch, tan limpio y pulcro antes del partido, ella se lo había encontrado por "casualidad" antes de su puñetero partido y terminó diciéndole algo desagradable, ella, furiosa, lo confrontó y trazó una línea imaginaria entre ellos, cansada del constante acoso del rubio a lo largo de toda su estancia en Hogwarts, recordaba haberle gritado que él no debería cruzar la línea o se ensuciaría de su sangre sucia, pero él sólo la miró impávidamente y después la cruzó con una sonrisa y de un momento a otro, se estaban besando desordenadamente. Se separaron con los ojos abiertos y se fueron, jurándose nunca más hacerlo, pero ese primer beso fue sólo una pequeña bola de nieve en la pendiente de sus emociones. Cada vez se encontraban con mayor frecuencia "por error", discutían y pasaban a los besos, hasta que la discusión quedó fuera y sólo se besaban cuando podían. Todo empezó por una línea que él no debía cruzar.
Y ahora ella la estaba marcando inintencionalmente de nuevo.
Malfoy miró sus labios, luego sus ojos y nuevamente sus labios. Abrió la boca para decir algo, pero sólo salió un sonido ahogado. Bastante gracioso si Hermione no tuviera también un nudo en su garganta cuando él alzó una mano y le acomodó un rizo detrás de la oreja. Cerró involuntariamente los ojos al contacto.
—¡Hermione! —gritó una voz a espaldas de Malfoy. Los dos pegaron un brinco. Luna brincaba para dejarse ver a través del hombro de Malfoy. Éste alejó la mano de su cabello y la metió en sus bolsillos—. ¡Te he estado buscando!
Hermione se obligó a despegarse de la pared y rodear al chico guardándose de no tocarlo en el proceso. Él no se movió, sólo la observó maniobrar en el reducido espacio. Luna la tomó de la muñeca y tiró de ella hacia dentro. Se giró hacia Malfoy antes de desaparecer e hizo una mueca que intentó ser una sonrisa amistosa.
—Fue bueno encontrarte, Granger—cabeceó él y se dispuso a bajar.
—Quizá te vea más al rato —gritó ella en un impulso de idiotez. Malfoy parpadeó y luego asintió, bajando y perdiéndose en la muchedumbre.
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N/A: ¿Qué opinan?, ¿les emocionó?
Ahora ya sin más, los dejo con el siguiente capítulo, ¡disfrútenlo!
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Destrúyeme, Arréglame.
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23.—Destrúyeme o arréglame: nuestro secreto
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Draco entró al baño de chicas del segundo piso y miró hacia los retretes, una cabeza semi transparente se asomó y lanzó un chillido agudo.
—Hola, querido —dijo Myrtle la llorona con una gran sonrisa—. Te extrañé. Pensé que me habías olvidado.
Myrtle flotó frente a él y se recargó en el lavabo, con las piernas cruzadas, pestañeando con fuerza y un mohín malhumorado.
—Hola, Myrtle —saludó Draco con una gran sonrisa, inclinó su cabeza en un saludo caballeroso—. ¿Cómo has estado?
La fantasma sonrió, feliz de su preocupación y se acercó a él, poniendo sus brazos alrededor de sus hombros, como dos amantes a punto de besarse. El chico no hizo ademán de reconocer el escalofrío que lo atenazaba.
—Ahora que vienes, estoy mucho mejor, me siento más viva—susurró con su mejor imitación de voz grave, lo que fue desagradable con lo chillona que era por naturaleza. Draco soltó una risita sincera y se alejó, con las manos metidas en los bolsillos.
—Sé que no he venido en mucho tiempo y lo lamento, soy la persona más desconsiderada del universo —continuó con una voz encantadora y complaciente, la miró con una sonrisa galante y estiró las yemas de los dedos, como si quisiera tocarla—. Pero necesito ocupar el baño unos momentos— le lanzó una mirada dubitativa—, ¿crees que pueda estar solo unos momentos? —preguntó casi con timidez.
Myrtle hizo un mohín y lo miró, flotando a su lado, dejando que su túnica se levantara más allá de sus rodillas, enseñando sus piernas regordetas.
—¿Qué me darás a cambio de que me vaya de mi baño unas horas? —preguntó ella con media sonrisa.
—Un beso —contestó él mirándole los labios, casi inclinándose hacia ella. Era una fantasma, pero le encantaba comportarse como una chica viva. Plateadas manchas se posaron en sus mejillas—, sabes que quieres, Myrtle.
—Una hora y volveré por mi beso o no dejaré que tus compañeros se duchen con agua caliente lo que resta del año—chilló ella y se metió por un váter, desapareciendo.
Draco borró su sonrisa y permitió que un escalofrío lo recorriera, examinó brevemente los lavabos y se paró frente a uno con una pequeña serpiente tallada justo arriba del grifo, evitó mirar su reflejo mientras siseaba:
—Assiett.
Los lavabos crujieron con un golpe sordo y se abrieron en una pequeña escalinata de caracol, tragó saliva una vez más y comenzó el descenso con fría calma. Los lavabos regresaron a su forma circular unos minutos después.
En la oscuridad de las cañerías, Draco pudo vislumbrar vestigios de una explosión pasada, así como huesos de animales, piel de serpiente seca y partes de un tesoro desperdigado. Siguió andando tal cual le habían indicado, más allá de la luz y la seguridad del colegio. Sintió una barrera vibrar y se detuvo, alzó la mano y tocó con precaución. Sintió su marca palpitar; había magia oscura ahí, vestigios sí, pero muy profundos. Levantó el antebrazo izquierdo y la barrera pareció debilitarse, atravesó la mano y un aire gélido lo atenazó, soltó una exclamación.
—Estamos pasando el lago negro, aquí arriba hay dementores— extendió su mano hacia un lado, a tientas—, dame la mano o las alarmas sonarán.
Una pequeña mano apareció de la nada y él la tomó. Su calidez lo reconfortó mientras alzaba la varita y avanzaban. Se detuvo unos pasos más allá de la barrera. Nada ocurrió. Tragó saliva visiblemente aliviado y siguió su camino.
La pequeña mano se aferraba a la suya con fuerza, le transmitía un poco de su valentía, de su tranquilidad, de su determinación. Se dejó contagiar de aquellos sentimientos y empujó el temor hacia abajo, hacia el pozo sin fondo de sus sentimientos.
Se detuvo abruptamente unos metros más allá.
Contuvo el aliento y agachó la cabeza casi con reverencia. Hermione apareció a su lado, se había quitado la capa invisible y miraba sobre el hombro de Draco. Abrió muchos los ojos y por reflejo, lo miró a él. Se veía más pálido de lo común, la presencia de los dementores lo afectaba más que a ella, sin duda alguna, fortalecida por los meses en que había llevado el guardapelo en su pecho. Pero en el fondo, sabía que la expresión incognoscible de Draco se debía a la Cámara de Salazar Slytherin que se alzaba frente a sus ojos, soberbia, gélida, imponente.
Lo escuchó dejar salir un suspiro de admiración mientras soltaba la mano de ella y avanzaba casi con reverencia hacia el esqueleto del basilisco del gran Salazar Slytherin.
Hermione se mantuvo al margen, unos pasos detrás, dándole espacio para admirar algo con lo que todos los Slytherin habrían soñado. Se sentía incómoda, era cierto, estando tan cerca del esqueleto del basilisco que la había petrificado años atrás. Aún en sus momentos de debilidad, veía sus ojos rojos y fieros mirarla por el espejo, aún recordaba el miedo atenazante de su pecho mientras patéticamente pensaba que sus amigos jamás sabrían a qué se refería la cámara secreta. Ella ya lo había resuelto, pero era demasiado tarde, el basilisco la había encontrado. Respiró hondo y se controló, era un miedo infantil el que había desarrollado después de eso, pese saber que Harry había matado al animal, aún a veces, mientras salía tarde de la biblioteca, un miedo se hundía en ella y temía mirar hacia atrás y encontrarse al basilisco.
Vio a Draco posar su mano sobre la enorme cabeza del basilisco, por un momento su anillo con la M pareció brillar, codicioso. Vio sus manos acariciar la cabeza con reverencia, lo vio arrodillarse frente al basilisco. Su cabeza platinada se agachó.
Vaya escena, pensó Hermione mientras miraba el panorama completo.
El piso de mármol negro, las figuras de serpientes a lo largo de la sala, el remate de la gran cabeza de Salazar Slytherin reflejándose en el espejo de agua, su mascota fiel reducida a huesos a sus pies y Draco arrodillado en medio, casi rezando. El auto proclamado príncipe de las serpientes, hijo único y heredero de la gran casa Malfoy, el último masculino de los Black, perteneciente a los sagrados veintiocho, de rancio abolengo e historia de purista, el mortífago más joven de la historia. Estaba agachado, con el cabello cubriéndole los ojos, frente al último vestigio de Salazar Slytherin, con las manos hacia el frente, arrodillado.
¡CRACK!
Hermione brincó ante el sonido saliendo de su ensimismamiento. Miró a su alrededor, asustada, el sonido retumbó por toda la sala. Con el corazón acelerado, dio un paso al frente al tiempo que Draco se giraba con una gran sonrisa en su rostro y dos colmillos alargados en sus brazos.
—Pobre Salazar —comentó Draco mientras se ponía de pie y avanzaba hacia Hermione—, que uno de aquellos que eligió para su casa, le rompa el esqueleto a su mascota.
La chica parpadeó mientras entendía qué acababa de pasar; Draco no estaba rindiéndole tributo, había arrancado los colmillos sin miramiento. Una ola de alivio lo invadió y se sintió ridícula por pensar tantas cosas sin sentido.
—Es impresionante, cabe decir —lo escuchó decir—, pero es demasiado hasta para mí. Raya en el mal gusto.
Hermione soltó una risita y sacó de los bolsillos de su túnica un cofre, lo puso en el piso y tomó un colmillo que le ofrecía el chico.
—Pensé que soñabas con una cámara con tu cara enorme al centro, es bueno saber que no es así.
Draco soltó una risita burlona y le dio un ligero beso en la mejilla, apenas una caricia.
—Bueno, sí lo haría, pero eso sólo porque mi rostro es muy bello.
La castaña puso los ojos en blanco y sonrió, lo miró con cuidado, se veía más pálido de lo común y el aire estaba muy frío, absorbiendo las energías positivas, drenándolo. Sería mejor darse prisa.
—Abriré el cofre y debemos clavarle esto a la diadema —dijo Hermione—, debemos estar atentos y no caer en sus provocaciones. Supongo que hay que despertarlo con pársel.
—Intentará matarnos, ¿cierto? —preguntó Draco muy a la ligera. Ella asintió—, sí, yo también haría eso. Si fuera una parte de alma, intentaría matar a quien quiere acabar conmigo.
Hermione bajó su colmillo y lo miró, atónita.
—¿Sabes qué es esto?
Draco puso los ojos en blanco y miró al techo.
—El Señor Oscuro me pidió que eliminara todos los libros que hablaran sobre horrocruxes, sumé dos más dos, no es tan difícil —dijo él mientras apuntaba al cofre con su varita—, lo haré yo. Me lo debe ese bastardo.
Hermione estaba demasiado consternada para decir nada más, así que sólo asintió y abrió el cofre.
—Assiett —siseó el chico mientras el cofre se abría y revelaba la espléndida diadema de Rowena Ravenclaw. El horrocrux vibró mientras Hermione corría e intentaba contenerlo, sin embargo, el fragmento de alma se materializó y la empujó lejos, hacia uno de los charcos de agua, enredándola y manteniéndola inmóvil, intentó gritar, pero un chorro de agua le cayó en el rostro, ahogándola.
De pronto el mundo estaba en silencio y lo que parecía una masa oscura y líquida, serpenteó por el suelo hacia Malfoy.
La escuchó sisear, el siseo de la muerte se dirigía hacia él arrastrándose en una masa oscura.
Malfoy tomó el colmillo en su mano y la varita en el otro, los asió con fuerza mientras la masa se levantaba, como un humanoide y dijo con voz trémula, todavía formando su bosquejo de humanidad:
—¿Pero qué haces, hijo? —siseó la gélida e impersonal voz, retumbando como eco por todo el recinto. Una Narcisa más alta, más pálida y mortal se alzaba frente a él, más despreciable y más oscura, sus ojos estaban ocultos por una sombra. Le vio torcer los labios en un frío rictus de asco mientras se acercaba hacia él—. Éste no eres tú, tú eres un cobarde venido a menos, el único hijo para mi desgracia, el que me puso al borde de la muerta y me privó de tener más niños, una niña, es lo que quería tener para dejar de arrugar la nariz en tu presencia, eres como la mierda eterna en mi vida; presente y asquerosa. Inevitable.
Draco se encogió ante las palabras mientras intentaba ignorarlas y concentrarse, pero la Narcisa-horrocrux lo abofeteó y le sacó sangre, derrumbándolo contra el suelo. Soltó una risita gélida y se inclinó ligeramente sobre él, pisándole la mano derecha. Sus dedos crujieron lastimeramente sobre el pie demasiado pesado de la cosa.
—Eres tan asqueroso, Draco —siseó con una voz sumamente dulce, una que jamás había escuchado—. Estoy tan cansada de vivir atada a la mansión Malfoy por tu culpa. Todo es tu culpa, has fallado una y otra y otra vez hasta que tu padre se ha vuelto en mi contra. Eres un niño mimado, lleno de resentimiento y estupidez, eres una vergüenza, poco hijo, poco hombre, poco mago. Siempre superado por la sangre sucia, siempre en segundo lugar— Con una fuerza inhumana, enredó sus dedos en el cuello del chico y lo levantó sobre las puntas de sus pies, ahorcándolo con apenas una mano, su varita cayó al piso—. Eres tan cobarde que no pudiste matar a Dumbledore aunque de eso dependía mi vida, menos podrás matar a maman. ¡Cobarde!
Narcisa sonrió, era una sonrisa viperina, carente de emoción mientras sus dedos se retorcían en su cuello, Draco la miró al rostro, desconcertado y adolorido, confundido, obcecado y entonces vio sus ojos, negros como la oscuridad, vacíos y muertos, como de serpiente.
Ella no era su maman.
Su maman tenía los ojos azul eléctrico, como un cielo despejado, bondadosos y llenos de vida debajo del velo de los años y el estilo de vida.
Cerró los ojos y recobró el dominio de sí, separó sus emociones y envió el miedo y el dolor al pozo, lejos de su objetivo, enfocándose.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, aferró el colmillo y silenció el hecho que alguien parecido a su madre lo estaba asfixiando. Hermione estaba sumergida en un charco de agua, gritando y lanzando hechizos inútiles, mientras él era engullido por aquello que había tomado la forma de su madre.
Abrió los ojos y se enfocó en la realidad; había demasiado ruido a su alrededor, pero sus sentidos estaban embotados. Lanzó una patada hacia abajo y golpeó a "la cosa" mientras aflojaba su agarre. Cayó sobre su tobillo izquierdo que hizo un gran sonido de fractura, pero no importó, lanzándose hacia adelante, como el buscador que era, tomó la diadema entre sus manos e intentó clavarle el colmillo a la piedra preciosa del centro. Tomó impulso, pero el dolor en su pie se intensificó, "la cosa" lo había agarrado del tobillo y lo retorcía. Sintió cómo se separaba el hueso de su sitio, un alarido salió de su pecho, la vista se le nubló mientras "la cosa" retorcía y presionaba. Unos dedos largos y esqueléticos tocaron su piel, se sentían babosos y muertos, como los de un dementor. Con el otro pie se giró y soltó una patada que lo impulsó un poco más lejos. Arrastrándose y arrojando el dolor y miedo por el pozo, tomó el colmillo y lo clavó en el centro.
Pero entonces un grito desgarrador llenó la sala, lo golpeó como una ola de furia y dolor que lo hizo derrumbarse. Magia oscura goteando por las paredes, ahogándolo, tragándose lo poco de humanidad que le quedaba… Era más fácil rendirse y ser absorbido por aquello que luchar.
Draco
Draco
Draco
La cosa que lo asfixiaba se había ido y el aire llegó a sus pulmones. Unas manos cálidas acariciaban su frente y cepillaban su cabello, alejándolo de sus ojos. Abrió los ojos y se encontró con que estaba recostado en el regazo de Hermione. Ella lo miraba desde arriba, sus ojos miel lo recorrían y verificaban. La boca le supo dulce, tragó con fuerza: Chocolate.
Entonces el entorno se dibujó a su alrededor. Había una nutria plateada corriendo en círculos elegantes en torno a ellos, aún aferraba el colmillo en una mano y la otra estaba laxa. Intentó incorporarse, pero el cuerpo le dolió. Gimió y se dejó caer.
—Todo está bien —susurró Hermione mientras le acariciaba el rostro, estaba delineando sus pómulos con un dedo cálido cuando él decidió volver a abrir los ojos—. He pedido ayuda, pronto vendrán. Procura no moverte.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Draco, conmocionado. Intentó mirar más allá, pero sólo veía oscuridad y la nutria plateada iluminándolos. Ella aferraba la varita de él en su mano (la varita de su madre, en realidad) y le sonreía—, ¿dónde estamos?
—Logré sacarte de la cámara —respondió Hermione—, cuando destruiste el horrocrux, la cámara se vino abajo y apenas pude movernos de ahí… al parecer estamos en una zona bastante alejada del lago negro, así que las salvaguardas no llegaron hasta allí, el agua comenzó a entrar por las grietas y los dementores se abalanzaron sobre nosotros… Pero ya estás dentro, no pasa nada —susurró la chica de nuevo, acariciándole con suavidad. Tenía una sonrisa en los labios, pero no llegaba a sus ojos. Draco se puso en alerta.
—¿Qué hiciste, Hermione?, ¿qué está pasando? —preguntó, no. Exigió Draco, mientras se arrastraba y procuraba sentarse en una pared frente a ella. Tenía los dedos del brazo derecho entumecidos, pero curados. El pie era otro cantar. Intentó no mirarlo, en aquella posición extraña y retorcida lo haría vomitar. Hermione lo dejó moverse y le sonrió con suavidad. Demasiada suavidad.
—Intenté hacer lo mismo que tú sobre poner tu marca para pasar las guardas de Hogwarts, pero algo cambió. No sé explicarlo, pero creo que es peligroso que me acerque… Estaba dentro, entonces técnicamente no pasaba nada, pero ahora he salido y quiero volver a entrar. Es un presentimiento…
Draco la miró con los ojos abiertos, empujando el dolor hacia afuera, lejos de él. Intentó aclarar sus pensamientos, pero se le antojaban vagos y muy lejanos.
—El horrocrux se ensañó más contigo de lo que he visto antes —comentó Hermione mientras giraba la varita de él en sus dedos, pensativa—. Quizá era el poder de los dementores varios metros arriba lo que lo hizo más poderoso…
—No cambies el tema —la interrumpió Draco con brusquedad—, ¿qué está ocurriendo, Hermione?
Hermione lo miró y sonrió de nuevo. Aquella sonrisa.
—Me tengo que ir, Draco —finalmente dijo. Se estaba despidiendo. Un frío dolor atravesó su corazón, apenas unas horas y se iba de nuevo, se alejaba a un destino incierto, lejos de él—. No puedo regresar a Hogwarts, ya he cumplido mi misión, ahora debo ir a otro lado y seguir con los que restan.
Draco tragó con dificultad, era más fácil abandonarse al dolor físico que lo hacía sentir vivo que al dolor que estaba experimentando en su interior, frío y lleno de soledad. Era mejor ser práctico y frío, impersonal. Separar las cosas.
—¿Qué son los que restan? —preguntó con frialdad.
—Nagini y una copa.
—Deduzco que la copa es lo que sigue, ¿no? —preguntó, enfocándose en el dolor de su tobillo. Aguzó el oído, había pasos a la lejanía. Hermione asintió e intentó sonreír.
—Después iremos por Nagini.
—¿Por qué tú? —no se pudo contener. El dolor lo ayudaba a estar enojado y en control—, ¿por qué te mandan a ti sola aquí y ellos deben esperarte?, ¿dónde quedó el divide y vencerás?
Ella se quedó callada, mirando a sus manos con la varita.
—Me necesitan… Aún no sabemos cómo llegar a Nagini.
—Yo también te necesito, a salvo, conmigo —siseó Draco, repentinamente enfadado—. Quédate conmigo, ellos pueden arreglarse solos, han dependido demasiado de ti todos estos años. Es demasiado.
Hermione lo miró con aquella suavidad, lo miraba insistentemente, como si quisiera guardar cada rasgo para la posteridad.
—Nunca es demasiado si la vida de todos depende de una sola persona —contestó ella—. No puedo dejar a Harry solo.
Draco desvió la mirada y asintió, rindiéndose.
—Me gustaría decirte algo como "vete, entonces", pero si lo hago, sé que probablemente me arrepienta de ello, desperdiciando nuestro tiempo hablando de San Potter.
Hermione entonces se acercó y lo besó, pese al dolor, sus labios eran bálsamo que aliviaba el nudo de su alma, le daba calidez a su futuro gris y lo embriagaba de coraje y valentía.
—Déjame a Nagini —dijo con voz jadeante Draco antes de volver a besarla. Dejó que sus manos recorrieran el interior de su blusa y se perdieran en sus rizos. Le mordisqueó el cuello y aspiró su aroma, intentando guardarlo para siempre. Le tomó un rato darse cuenta que ella no le seguía el beso. Se había quedado estática frente a él, lo miraba con los ojos abiertos.
—¿Qué?
—Yo mataré a Nagini —dijo Draco tomando su rostro entre sus manos y atrayéndola hacia sí—. Te prometo que la mataré, Hermione y entonces, podrás dejarlos e ir conmigo.
Hermione se mordió el labio, dudosa y negó con la cabeza. Puso sus manos en sus hombros y se separó.
—No. Es demasiado.
—No, Hermione—la contradijo él—. Nunca es demasiado si la vida de todos depende de una sola persona. Déjame ayudarte.
La chica negó con la cabeza y una mirada de terror puro pasó por sus ojos.
—Te van a matar. Tú mismo lo dijiste… Quien tú sabes te quiere muerto.
—Entonces será una buena manera de morir, serpiente por serpiente —bromeó él. Ella abrió los ojos, horrorizada. Las lágrimas se arremolinaron en sus ojos.
—No.
Draco le limpió la mejilla con un dedo y le besó ahí, apenas un toque.
—Me he equivocado mucho, Hermione. Siempre hay opciones y la he cagado. Siempre me has mirado, has intentado arreglarme una y otra vez y yo lo destruyo sin miramientos. Estoy cansado de hacer lo que me dicen que debo hacer.
Hermione tragó con dificultad, parpadeando para que las lágrimas no fluyeran de sus ojos.
—Soy la opción más viable, la menos espectacular. Déjame arreglar mis errores— acarició su rostro con ternura—, no te destruiré de nuevo.
Pasos cercanos. Murmullos de voces.
—Nos veremos donde siempre cuando todo esto acabe —dijo ella con fiereza. Se besaron con urgencia. Lenguas enredándose, succión de labios, deseos no dichos, sentimientos encontrados, promesas mudas—. La mataremos juntos, te lo prometo. Espérame.
Draco asintió, complaciente y la tomó de la mano mientras ella se ponía de pie, deteniéndola.
—Esto es tuyo —le dijo mientras le entregaba el collar plateado. Hermione lo tomó entre sus dedos y asintió. Pero Draco no la dejó ir—. Dame mi varita para abrirlo.
Hermione miró hacia su mano, aún llevaba la varita de él. Se la entregó, confundida. Draco presionó la punta con el collar y éste se abrió. Tomó la palma de su mano y la puso debajo del collar, algo resbaló por la abertura. Algo largo que se fue haciendo más y más alargado conforme iba cayendo; su varita.
La chica soltó una exclamación.
—Veintisiete punto tres centímetros, madera de vid y núcleo de fibra de corazón de dragón, flexible y buena para encantamientos —dijo con solemnidad Draco mientras se la entregaba. Hermione aún sorprendida, la tomó y el contacto fue cálido en las puntas de sus dedos, como una caricia de un viejo amigo—. Bellatrix quería usarla como venganza porque se llevaron la de ella, sin embargo, la varita le quemó la mano, bastante leal.
Hermione sonrió y la observó, mientras una cálida sensación la invadía. Nunca se lo iba a admitir a Harry sobre todo porque ella le insistió que la varita no hacía al mago, sin embargo, había extrañado terriblemente a su varita, todo era mejor, más potente y certero con su varita que con la del carroñero que usaba. Draco sonreía, la miraba con la cabeza ladeada y ella no lo pudo evitar, lo besó con fuerza que se convirtió en desesperación.
—Regresaré y la mataremos —dijo Hermione fervientemente.
Más pasos, muy ruidosos.
Draco asintió y la besó por última vez, en esta ocasión, la soltó y la miró ponerse de pie. Ella sacó algo del bolsillo de su túnica y se lo entregó. Un galeón de oro y un sickle de plata.
—Dale el sickle a ellos —dijo Hermione—. Y el galeón es para ti. Regresaré por él… Por ti.
—¿Hermione? —la llamó por última vez—, que sea nuestro secreto.
Draco intentó decir algo más, pero ella dio la vuelta y echó a correr, sus pisadas perdiéndose con las otras que resonaban a sus espaldas. La nutria se quedó con él, sentada a su lado, tranquilamente. Draco no perdió de vista a Hermione hasta que ella desapareció en la oscuridad.
Luego, una luz cegadora.
Neville apareció a su lado, se veía salvaje con el cabello largo y la barba de días creciendo. Miró a todos lados y después al suelo, donde Draco se encontraba recostado. Intentó mirarlo con arrogancia, pero el dolor lo embargó de nuevo.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Longbottom con una mueca—. Pudiste llamarle a tus amigos los morti…
Se interrumpió cuando la nutria flotó frente a Draco, enroscándose a su alrededor.
—¿Hermione?
Draco asintió, estaba sudando frío, se percató.
—Se acaba de ir.
Le mostró la diadema estrellada y el sickle de plata. Neville fue un poema de expresiones mientras lo miraba, gratamente sorprendido.
—Yo lo destruí —explicó Draco—, pero esa cosa me rompió el tobillo, creo. Hermione se acaba de marchar para reunirse con Potter y Weasley.
Neville frunció los labios mientras la nutria se esfumaba. Quedándose ambos en la luz azulada de la varita. Se miraron unos segundos y después el chico se inclinó para ayudarlo a ponerse de pie. Draco gimió levemente.
—Entonces estamos del mismo lado —dijo Neville con un titubeo mientras Draco le pasaba un brazo por los hombros.
—Supongo.
.
.
Habían pasado varios días desde la última vez que vio a Hermione, estaba en la enfermería. Su pie había resultado en múltiples fracturas expuestas que habían comenzado a soldar solas, así que la señora Pomfrey tuvo que volverlo a romper para que se curase. Todos los días miraba la moneda con fervor, esperando algo. Miraba a la ventana, hacia los jardines del castillo, pero no había nada. Tranquilidad absoluta.
Incluso Snape se había marchado del castillo sin llamarlo. La marca le había quemado sólo una ocasión, pero no más. Apenas un ardor, nada que lo comprometiera de verdad. No habían llegado cartas para él, ni una noticia de su padre, Amycus o Alecto. Apenas una nota al margen de El Profeta diciendo que Alecto había desaparecido. Nada de Amycus o los hombres lobos del norte.
Demasiada tranquilidad para quien está acostumbrado al caos.
Al día siguiente de estar en la enfermería, entraron Theo y Blaise. Se limitaron a preguntas sencillas, nada que los comprometiese en un futuro. Apenas un "sí" y varios "no".
Después lo dejaron en paz. Nada de Gryffindors metiendo sus narices.
La enfermería por fin estaba vacía de niños pequeños torturados.
Calma.
Absolutamente nada.
Pomfrey lo dejó ir aquella mañana, prometiéndole que tendría cuidado, nada de montar en escoba o practicar saltos mortales. Draco se rió por lo bajo, no había quidditch en los últimos tiempos ni energía suficiente para realizar maniobras de brincos, sin embargo, al chico le pareció más una forma de sacarlo de ahí antes de tiempo. Porque aunque él se consideraba "inofensivo" con su varita decomisada y durmiendo la mayor parte del día, la enfermera tuvo que realizarle un chequeo sin camisa y sus ojos se toparon con su marca tenebrosa. Ella palideció y no volvió a mirarlo a los ojos, crudamente consciente de que él no era de los buenos.
Aquellos días, sin embargo, se dedicó a trazar planes sobre cómo matar a la serpiente. Él sólo.
Sólo tenía diecisiete, pero ya había torturado a cientos.
Sólo tenía diecisiete, pero sabía más de magia oscura que todos los alumnos del castillo juntos. Sólo era un chico, pero ya tenía sobre sus hombros la carga de los errores de sus padres y una marca que llevaría a lo largo del tiempo. Y si en un futuro, Potter y compañía ganaban, él sería una paria. Y si él perdía, sería una paria oscura, también. Nunca iba a ganar. Él no estaba destinado a quedarse con la chica, el futuro, los galardones y el reconocimiento. Su historia jamás sería un final feliz. Jamás. Siglos de herencia maldita que lo perseguían y se las cobraban todas juntas.
Vagó por el castillo, aún le dolía el pie, pero prefería estar fuera, cojeando, que bajo la atenta mirada de la enfermera, quien a cada ademán rápido por su parte, la provocaba a llevarse la mano al bolsillo y aferrar su varita. Lo hacía sentir tan despreciable. Triste, solo.
Estaba en el piso inferior cuando escuchó un estruendo en el Gran Patio.
El corazón le dio un vuelco.
Maullidos de gato a su alrededor.
Gritos.
Los dementores se abalanzaron hacia el Gran Patio.
Oscuridad.
Niños corriendo hacia todas partes.
Gritos.
No eran maullidos, era la alarma de queda. La alarma Anti-Potter.
Las sombras de los chicos se alargaron mientras se abalanzaban fuera del patio, huyendo.
Draco intentó correr contra la marabunta. Se apeó a codazos y algún hechizo leve.
Hacía calor y el brillo del exterior lo perturbó.
Olía a azufre y había gritos de agonía.
Más alarmas sonando.
No era calor ni el sol, era fuego.
Draco echó a correr y se detuvo justo cuando el péndulo del Gran Reloj salía de su sitio y se estrellaba en la puerta del Gran Comedor. Arrojó un hechizo de protección contra un niño que había tropezado. Lo puso de pie de un salto y lo empujó hacia dentro del comedor. Más fuego, llamaradas saliendo, rompiendo las bisagras de las puertas. Se arrastró por un pasillo cercano y rompió la pared, atravesándola con una bombarda. Vio a McGonagall y Flitwick correr por el otro pasillo hacia el origen del fuego. Los niños seguían corriendo, despavoridos. Draco se agachó y tiró de un joven de un Huffie. El chico chilló cuando vio que era Draco, se arrastró lejos de él. Draco lo dejó ir e intentó acercarse al fuego. Entonces la visión se aclaró.
Todo era humo y cenizas. Escuchó un rugido.
Levantó la vista y su mandíbula se abrió.
Un Ironbelly Ucraniano se mecía en precario equilibrio sobre el techo del Gran Patio. Las gárgolas estaban derramadas a sus pies. El Ironbelly era albino, parcialmente ciego y con cadenas y diversas marcas en todo su cuerpo. Imponente. Entonces tres figuras se alzaron de su lomo. Hermione entre ellas.
El oxígeno se le fue del cerebro mientras la veía descender con torpeza del lomo del dragón. Vio al pelirrojo Weasley tenderle la mano y sujetarla de la cintura mientras ella resbalaba. Hermione sonrió y entonces Potter se deslizó a su lado. Los tres estaban cubiertos de humo, sangre y quemadoras. Pero estaba viva. Viva y había regresado.
Flitwick y McGonagall estaban acercándose, se quedaron quietos mientras identificaban a los chicos.
Entonces sintió varios maleficios levantarse, aunque varios mortífagos yacían tirados ya en el patio gracias al fuego del dragón, aún quedaban algunos por ahí. Draco sintió que la marca le quemaba y con los ojos asustados, buscó a su alrededor.
Levantó la varita y apuntó. En ese momento McGonagalla se giró hacia él y vio cómo su varita se alzaba hacia el hombro de ella. La profesora abrió los ojos, impactada. Pero Draco no se inmutó y arrojó su maleficio, que dio al mortífago detrás de ella que se desplomó e implosionó. La maestra se giró y miró hacia la masa que quedaba del mortífago y a él, impresionada. McGonagall se recuperó del momento y negó con la cabeza. El dragón soltó un gruñido y desplegó sus alas. La atención regresó al trío.
Weasley se bajó de un salto del techo y ayudó a Hermione. Harry descendió por los escombros y miró a su alrededor. Parecían confundidos.
Draco se mantuvo alejado mientras los chicos que antes huían, ahora se aglomeraban para ver a Harry Potter regresar. Pero Potter parecía preocupado, se acercó a la jefa de su casa e intercambiaron susurros. Weasley miraba a su alrededor con un gesto entre petulante y serio. Entonces sus miradas se encontraron. Hermione relajó el ceño al encontrarlo entre toda la multitud y corrió hacia él. Draco se mantuvo quieto en su sitio y negó imperceptiblemente con la cabeza. Ella se detuvo, confundida.
Que sea nuestro secreto, había dicho él y ella captó el significado en ese momento.
—Él viene hacia acá —dijo Potter—. Viene a Hogwarts.
Un murmullo y terror se invocó a su alrededor. En la confusión, con la marca quemándole en el antebrazo, Draco tomó la decisión.
Era la decisión correcta, se dijo.
Dio media vuelta y se encontró con Theo, llevaba una máscara plateada y una capa oscura bajo el brazo, ladeó la cabeza, interrogante y el chico se encogió de hombros.
—Si vamos a hacerlo, hagámoslo bien —dijo el chico con media sonrisa.
—Es bueno tenerte a un lado —susurró Draco mientras salían a los terrenos del colegio.
—Alguien tiene que arreglar lo que los demás ensucian —comentó Theo con ligereza—, arreglar o destruir, elijo lo primero.
Draco suspiró y se fue, sin mirar atrás.
Sin mirarla.
Había un trabajo que hacer y él lo haría.
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¿Qué les ha parecido? Ojalá les haya gustado este capítulo, les envío un gran abrazo.
Gracias por sus reviews, favs y follows, alegran mi día.
Besos draconianos,
Paola
