Al abandonar la sala Marie hizo chocar las puertas principales de la rabia con que las abrió.

Dentro, los únicos que quedaban, todos ellos del Cuerpo de Exploración, se miraron los unos a los otros, en silencio, pero por razones completamente distintas: Mike y Hange tuvieron una conversación silenciosa en la que convinieron que aquella mujer estaba completamente loca y que era fantástico que Erwin se hubiera alejado de ella a tiempo. Los integrantes del cuerpo especial del Capitán Levi suspiraron aliviados porque por fin todo hubiera acabado. El Comandante Erwin permaneció en el mismo sitio en el que había vivido la hora más terrorífica de toda su vida, debiendo cerrar los ojos y respirar profundamente para calmar el furioso latido de su corazón. Y Levi…

Levi todavía no sabía cómo reaccionar.

Habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, debiendo presenciarlas sin poder hacer absolutamente nada para remediarlo y solo ahora empezaba a ser consciente de todas las consecuencias de lo ocurrido: Erwin se había desecho del Comandante Nile y además consiguiendo mantener intacta su reputación. Y aunque ahora todo el mundo sabía lo que él había hecho en el pasado…

Una simple mirada a sus compañeros le dejó claro que nada había cambiado entre ellos. El temor a que le rechazaran al descubrir la clase de hombre que era en realidad desapareció tan pronto como vio que no albergaban nada de ese desagrado, incluso miedo al comprender que habían trabajado codo con codo con un asesino. Con el que para muchos no era más que una rata de las cloacas.

En lugar de ello, tanto sus compañeros como los mocosos a los que capitaneaba y a los que había empezado a coger cariño le miraban con orgullo. Tanto hacia él como hacia ellos mismos porque lo habían vuelto a hacer: el Cuerpo de Exploración había salido victorioso del objetivo que se había propuesto.

Ser el centro de todas esas miradas de orgullo, junto a las que también distinguió algunas de compañerismo e incluso cariño, hizo que Levi perdiera la poca calma que había conseguido mantener. Sobrecogido por esos sentimientos dirigidos hacia él, sus piernas temblaron hasta el punto de que cayó de rodillas.

Esa fue la señal para que todos se movieran a la vez. Hange, Mike y los soldados del cuerpo especial abandonaron la sala para regresar al cuartel, con Hange prometiendo que más tarde quedarían para celebrar la victoria.

Por su parte Erwin, tras felicitar a todos por el buen trabajo que habían hecho, avanzó hacia su Capitán. Este seguía de rodillas, todavía temblando, por lo que no le importó poner una rodilla en el suelo para estar a su misma altura.

- ¿Estás bien?

Levi estaba lejos de estar bien. Frente a él tenía a Erwin, al alcance de su mano después de tres días en los que no había podido verle siquiera. Y le estaba mirando con tal gratitud y cariño, tan lejos de esa seriedad e incluso desagrado que había recibido en los últimos días, que por fin sentía que estaba junto al hombre al que había prometido unirse. Un pacto que no había hecho sino adquirir más connotaciones con el paso de los años.

Que además Erwin estuviera de rodillas frente a él, en una repetición del instante en que se conocieron en la Ciudad Subterránea y quiso ponerse a su altura para proponerle otro pacto, estaba consiguiendo que Levi deseara reir, gritar y llorar… Todavía no tenía muy claro en qué orden.

Y a todas esas sensaciones se unían al miedo y la humillación que le habían atenazado durante el juicio y de los que todavía no había podido desprenderse.

Todo ello estaba consiguiendo que su pecho protestara de dolor. Aquello era demasiado para un solo hombre, por mucho que ese hombre fuera el Capitán Levi.

Pero Levi también tenía preguntas. Muchas. Y tras semanas acumulándose, poder tener ahora solo para él al único hombre que podía ofrecerle todas las respuestas, era algo que no podía desaprovechar. Además de que esa era la manera más efectiva para alejar la sobrecarga de sentimientos que, estaba seguro, una vez dejara libres no sabría cómo parar.

- ¿Desde cuándo sabías lo de Nile?

Que Levi preguntara con curiosidad, sin nada de reproche, hizo que Erwin asintiera con una levísima sonrisa, conforme con dejar las muestras de afecto para más tarde; esas que estaba deseando darle a su Capitán hasta el punto de que las manos y los labios le quemaban porque todavía no le había tocado ni besado.

- Hasta hace dos días que no tuve las pruebas definitivas para poder acusarle.

- ¿Por qué no me dijiste nada? –Que de nuevo preguntara con nada más que curiosidad ayudó a que Erwin se desprendiera de parte del peso que llevaba cargando desde hacía meses.

- Al principio no tuve muy claro lo que pretendía. Si intentaría volver a matarme u optaría por desprestigiarme. Entonces dijo algo que me sorprendió. Durante la expedición te llamó "rata de las cloacas", justo antes de ir a por el titán. En ese instante comprendí que también estaba detrás de ti. Que había descubierto parte de tu pasado y que no sería extraño que quisiera usarlo para desprestigiarte a ti también –paró un segundo en su relato, apretando con tanta fuerza el puño que los nudillos se volvieron blancos-. Por aquel entonces ya tenía mis sospechas de su relación con las actividades ilegales de los comerciantes. Así que dejé que se concentrara en ti para dejar vía libre a que mis propios espías hicieran lo mismo con él.

- Armin –murmuró, recordando al soldado que en el juicio le entregó las pruebas de la traición de Nile.

- Con la ayuda de Jean. Esos chicos son más sigilosos de lo que nadie cree –dijo con orgullo-. Mientras tanto, lo único que tenía que hacer era colaborar con él y asegurarme de su supervivencia, daba igual todos los desprecios que nos hiciera. Necesitaba que todo el mundo viera que le ayudaba para que luego mi acusación no fuera vista como algo personal. Además, estaba convencido de que algunos de sus hombres no aceptaban su comportamiento, como finalmente ocurrió. Confiaba en que, viendo cómo actuaba yo y cómo lo hacía él, les ayudaría a decidir correctamente y no les importara traicionar a su propio Comandante.

Levi apretó los labios, concentrado, tratando de atesorar toda la información que estaba recibiendo de golpe. La cabeza le dolía solo de pensar en el juego de espías que se había desarrollado delante de sus narices. No era de extrañar que, pese a estar acostumbrado a moverse entre las sombras y jugar al contraespionaje, a Erwin se le viera especialmente cansado. Dirigir toda esa operación había tenido que ser una auténtica pesadilla.

- Pero ¿por qué de repente Nile quiso destruirme a mí?

- ¿No es evidente? –mostró una sonrisa triste-. Él siempre quiso acabar conmigo. Y cuando vio que no podía hacerlo acusándome a mí optó por ir a por lo que más quería.

Levi abrió los ojos de par en par. Lo primero que pensó fue que definitivamente Erwin estaba al borde de sus fuerzas, pues si no jamás habría permitido que algo así saliera de su boca: la confirmación de que albergaba unos sentimientos hacia él que iban mucho más allá del sexo. Algo que a estas alturas ya tenían claro los dos pero que nunca habían dejado que se viera por medio de palabras. Las palabras eran permanentes; los actos más directos pero también más sutiles.

Lo segundo que pensó fue que ahora le tocaba a él corresponderle, diciendo en voz alta lo que los dos ya sabían.

Pero seguía habiendo demasiadas emociones juntas. Demasiados miedos que estaban ahí, listos para convertirle de nuevo en ese muchacho perdido que ahora todos sabían que era.

- Todo lo que se ha dicho de mí… -murmuró.

- Lo siento –Erwin habló con el mismo tono afectado-. Era un precio a pagar. Aunque no contaba con tu consentimiento para hacer público parte de tu pasado, pensé que si jugaba bien mis cartas no solo conseguiría acabar con Nile. También podría limpiar tu nombre definitivamente. Que no tuvieras que seguir escondiendo tu pasado por miedo a que otros lo usaran en tu contra.

- Supongo que tuvimos suerte de que además el Padre Nick viera a Nile con esos niños…

- No lo hizo –le interrumpió Erwin. Al hacerlo parecía un poco menos serio, más alegre, lo que le hizo parecer mucho más joven-. No conseguí pruebas de su implicación en mi intento de asesinato, pero sabía que al Padre Nick solo le preocupa la seguridad de los muros. Y que, pese a haber colaborado en un principio con Nile para intentar acabar conmigo, en el fondo temía el excesivo poder que estaba acumulando en la Capital. Así que le propuse que me ayudara a deshacernos de un enemigo común, simplemente diciendo que le había visto con esos niños.

- Pero si ya tenías pruebas de la implicación de Nile en el comercio ilegal, ¿para qué firmar otro acuerdo con Nick solo para añadir un cargo más?

El Comandante se puso un poco más serio. Igual a como hizo cuando Mike le preguntó exactamente lo mismo.

- Lo de la acusación de fraude fue cumpliendo con mi labor como Comandante. Lo del cargo extra de asesinato… eso fue algo personal.

- Vaya. Sí que le odias.

- En realidad nunca me importó lo que hacía. Siempre he aceptado que hay gente incapaz de pensar en nada más que sus propios intereses. –Apretó un poco más el puño, desesperado por tocar a Levi. Pero todavía se le veía convulso por lo ocurrido y no podía quitarle esa decisión de sus manos. Tenía que ser él quien le diera permiso-. Pero atreverse a denunciarte y a humillarte delante de la corte militar solo para intentar desprestigiarme… Eso no iba a pasarlo por alto.

Levi se perdió en el azul de los ojos de Erwin, desbordantes de esa fuerza que siempre le había caracterizado. Su nuez subió y bajó al tragar con dificultad y el Comandante tuvo que hacer un esfuerzo titánico para no besar su cuello y luego hacer lo mismo con el resto de su cuerpo.

- No sé qué decir –dijo Levi cuando recuperó la voz.

- No hace falta que digas nada. Tus actos ya han hablado por sí solos: esperaste al juicio. No intentaste escapar.

- Pensé en hacerlo…

- Pero no lo hiciste.

- No. Me dijiste que confiara en ti.

El Comandante Erwin Smith estuvo a punto de desmoronarse. Lo que no habían conseguido los titanes, la crueldad de los hombres, sus manos manchadas con la sangre de sus soldados o las noches en vela tratando de dar con la estrategia más adecuada, lo estaba consiguiendo el hombre que seguía arrodillado frente a él. El hombre más fuerte e íntegro que jamás conocería en su vida y que había decidido confiar en él solo porque él se lo había pedido.

Erwin jamás se había sentido tan pletórico e indefenso a la vez. Lo primero porque no podía pedir más en la vida, y lo segundo porque justo tener esa confianza por parte de Levi le demostraba que haría lo que fuera por ese hombre; incluso entregar su vida si él se lo pidiera.

Consciente de que si seguía así haría algo de lo que más tarde se arrepentiría, pues los nervios todavía estaban a flor de piel, optó por darse un tiempo de descanso. Los dos necesitaban terminar de recuperarse del estrago emocional de los últimos días.

- Volvamos al cuartel –dijo, poniéndose en pie y tendiéndole una mano para ayudar a Levi a hacer lo mismo-. Tendrás ganas de limpiarte de toda la suciedad de los calabozos.

Levi tardó unos segundos en aceptar la enorme mano del Comandante. La observó con excesivo interés como para tratarse de una simple mano, pues en aquel gesto había demasiado implícito. Y los dos lo sabían.

- Qué bien me conoces, Comandante Erwin Smith –replicó con fingido sarcasmo.

Erwin tiró de la mano de Levi hasta que le tuvo de pie. En ese instante, los dos frente a frente en un lugar de la importancia del tribunal militar y después de lo que habían logrado, el Comandante jamás se había sentido tan pequeño.

Y jamás imaginó que sentirse así fuera tan gratificante.

- Es lo justo, Capitán Levi Ackerman.