Capítulo 20

Creo que habría preferido encontrarme a Genghis Khan ante el mostrador antes que a Lissanna, aunque la verdad es que era difícil decantarse entre una horda de mongoles y ella, porque ambos eran terribles a su manera.

La afluencia de gente que vino a la hora de almorzar había pasado y ahora solo estaban los clientes que venían a beber café con los amigos. Fue un día muy ajetreado y Ruby estuvo distraída y traspapeló pedidos. No era propio de ella. Le pedí que sentara en una mesa a beber té, y después volvimos a estar ocupadas. Cuando le pregunté qué le pasaba, me echó con la mano.

Y en ese momento apareció Lissanna.

-Tenemos que hablar.

Llevaba el pelo recogido en una coleta y muy poco maquillaje. No desprendía nada de la elegancia de Los Ángeles. Si tuviera que describirla de alguna manera, diría que estaba sombría, resignada. Seguía teniendo el toque Lissanna de cualquier manera. Pero ¿qué demonios hacía aquí?

-Ruby, ¿te importa si me tomo el descanso ahora?

Jo había salido a reponer las estanterías. Ella acababa de volver de su descanso y dejaba paso al mío. Ruby asintió y lanzó a Lissanna una mirada asesina discreta. No sabía lo que le ocurría, pero mi jefa era una buena persona, independientemente de todo. Sabía reconocer a un monstruo marino devorahombres cuando lo veía.

Lissanna salió a la calle con la cabeza erguida y la seguí. Era un día de verano perfecto, con el cielo azul y despejado. Habría preferido que la naturaleza le hubiera regalado un temporal de lluvia en lo alto de su cabeza, pero no pudo ser.

Echó un vistazo al banco y se sentó en él.

-Jerall me ha llamado.

Me senté también, pero algo distante de ella. Y continuó:

-Se ve que tiene que pedir perdón a la gente como parte de su proceso de desintoxicación, aunque no se disculpó precisamente. Me sugirió que yo volviera a Portland y solucionara lo que había provocado entre Natsu y tú.

Se irguió con decisión, sin mirarme a los ojos.

-Las cosas no van bien entre Gajeel y Natsu – siguió -, y quiero a mi hermano. No quiero que se pelee con Natsu por mi culpa.

-¿Y qué pretendes que haga yo, Lissanna?

-Por mí, nada. Solo quiero que me escuches. Siempre he pensado que podría recuperarle cuando quisiera. Nunca se fue con otras, siempre volvía a mí, así que me confié. Yo era su único amor, independientemente de lo que hiciera. No dejó de tocar canciones sobre mí noche tras noche, de llevar nuestros pendientes y a pesar de que pasaban los años…

No estaba segura de querer seguir esa conversación, pero me aferré a las palabras. Necesitaba comprender toda la situación.

-Los artistas son muy sentimentales – maticé.

Se rió con un tono de burla.

-No tiene por qué significar nada. Por aquel entonces pensaba que se había acostumbrado a mí, que no le importaba una mierda. Desde luego, jamás recorrió varias ciudades para adaptarse a mí.

-¿Qué quieres decir?

-Ha escrito un nuevo disco, Lu. Dicen que las canciones son increíbles, que es lo mejor que ha hecho jamás. Lo lógico es que estuviera en el estudio dándoles forma, haciendo lo que le gusta… Sin embargo está aquí, grabándolas en un local situado unas calles más allá, porque estar cerca de ti le importa mucho más. Ha vendido la casa de Monterrey y se ha comprado otra aquí. Yo esperé años a que volviera, a que pudiera sacar tiempo para mí, pero contigo ha reorganizado toda su agenda en un abrir y cerrar de ojos.

-No sabía nada – contesté cadi en un murmuro, asombrada.

-Toda la banda está aquí. Están grabando en un sitio llamado Bent Basement.

-Me suena.

-Si eres tan estúpida como para dejarle ir, te mereces pasarlo mal mucho tiempo – dijo y me miró como si hubiera pasado por esa experiencia de primera mano -. Bueno. Eso es todo lo que tenía que decirte.

Después se levantó y desapareció entre la multitud como si nunca hubiera estado sentada a mi lado.

Así que Natsu estaba grabando en Portland. Me dijo que estaba trabajando en el nuevo disco, pero nunca imaginé que se refiriera a grabar aquí, literalmente. A comprarse una casa.

Dios mío.

Me levanté y caminé en dirección contraria a Lissanna. Paseé sin rumbo, intentando recapacitar sobre lo que hacía, dándole a mi cerebro un momento para reaccionar. Después lo di por perdido y corrí, esquivando a los peatones y las mesas de las cafeterías, automóviles y a todo lo que se interpusiera en mi camino. Mis botas Doc Martens me llevaban cada vez más lejos y más rápido.

0o0o0

Encontré el Bent Basement un par de manzanas más abajo, entre una cervecería y una tienda de ropa. La modesta puerta verde estaba abierta. En los altavoces sonaba un todopoderoso solo de guitarra eléctrica, por las habitaciones pintadas de color oscuro. Vi a Sting sentado en el sofá, leyendo una revista. Por primera vez no llevaba puesto el traje negro, sino unos pantalones sueltos y una camisa hawaiana de mangas cortas.

-¡Señora Dragneel! – me saludó, sonriente.

-Hola, Sting – contesté jadeando, intentando recuperar el aliento -. Que bien te veo.

Me guiñó un ojo.

-El señor Dragneel está en las cabinas de sonido ahora mismo. Si entra por esa puerta, podrá observar la grabación.

-Gracias, Sting. Me alegro de verte de nuevo.

La gruesa puerta llevaba hasta la mesa de sonido. Un hombre que no conocía la manejaba con unos auriculares puestos. El dispositivo era mucho más avanzado que el de Monterrey. Vi a Natsu tocar la guitarra con los ojos cerrados a través de la ventana, inmerso en la música. Él también llevaba auriculares.

-Hola – dijo Jerall en voz baja.

No me había dado cuenta de que los otros miembros del grupo estaban detrás de mí, esperando su turno.

-Hola, Jerall.

Me dirigió una sonrisa forzada.

-Me alegra verte aquí – me dijo.

-Gracias.

No sabía cómo proceder respecto a la desintoxicación. ¿Debería preguntarle por su salud o evitar el tema?

-Y… gracias por llamar a Lissanna – añadí.

-Fue a hablar contigo, ¿No? Me alegro. Es lo mínimo que podía hacer. Y lamento nuestros encuentros previos, Lu. No estaba donde tenía que estar. Espero que podamos dejar todo eso atrás.

Una vez limpio de drogas, el parecido con Natsu era mucho más evidente, pero sus ojos eran marrones, su pelo y su sonrisa eran distintas. No me provocaba el mismo sentimiento que mi marido. Nadie podría hacerlo, ni de aquí a cincuenta años. Por primera vez podía admitirlo, e incluso me sentaba bien.

Jerall esperó pacientemente a que yo dijera algo. Al ver que no respondí, continuó hablando.

-Nunca había tenido una cuñada.

-Ni yo un cuñado.

-¿Ah, no? Pues los cuñados resultamos muy útiles para todo tipo de cosas, ya verás.

Sonreí y él me devolvió la sonrisa, mucho más relajada esta vez.

Gajeel estaba sentado en la esquina de un sofá de cuero negro, hablando con Gray, que me saludó con un gesto de la cabeza. Se lo devolví. Gajeel me dirigió una mirada algo tensa. A pesar de lo grande e imponente que resultaba, hoy parecía tener más miedo de mí que yo de él. Le saludé y me devolvió el saludo con una sonrisa. Después de hablar con Lissanna, podía entender un poco mejor por qué actuó así aquella noche. Nunca seríamos grandes amigos, pero nos llevaríamos bien por Natsu.

El solo de guitarra se detuvo. Me di la vuelta y vi a Natsu mirándome mientras se quitaba los auriculares. Se descolgó la guitarra y se dirigió hacia la puerta.

-Hola. ¿Todo bien?

-Sí. ¿Podemos hablar?

-Claro – contestó, entrando en la cabina y dejándome paso -. Será solo un momento, Jack.

El hombre de los controles asintió y toqueteó unos botones. Apagó los micrófonos, supongo. No parecía muy molesto por la interrupción. Había instrumentos y micrófonos por todas partes, el lugar era un caos organizado. Fuimos a la esquina, lejos de la vista de los demás.

-Lissanna ha venido a verme.

Natsu estaba de pie frente a mí, bloqueando todo lo demás. Apoyé la espalda contra la pared y lo miré, todavía intentando recuperar el aliento. Mi corazón se había intentado ralentizar desde la carrera, pero ahora, con él cara a cara, había vuelto a acelerarse.

-¿Lissanna?

-No te preocupes, no pasa nada. Me sorprendió, quería arreglar las cosas. Fue muy amable.

-¿Sobre qué?

-Sobre nosotras dos. Sobre vosotros dos y sobre nosotros dos. Me hizo reflexionar sobre algunas cosas. ¿Tienes algo que hacer esta noche?

Se le abrieron los ojos de sorpresa.

-No. ¿Quieres hacer algo?

-Sí – contesté -. Te he echado de menos esta mañana cuando he visto que habías desaparecido. Te eché mucho de menos el mes pasado, creo que no te lo he dicho nunca.

Respiró con dificultad.

-No… no me lo has dicho. Yo también te he echado de menos. Lo siento, no pude quedarme esta mañana.

-Otra vez será.

-Claro que sí. Te prometo que teníamos que empezar a trabajar temprano. Si no, me habría despertado a tu lado. Nada me apetecía más en ese momento. Pero, viste la nota, ¿no?

-Sí, pero no me dijiste que estabais grabando aquí.

-Teníamos otras cosas más importantes de las que hablar, pensé que podía esperar.

-Sí, tienes razón.

Me quedé mirando a la pared intentando poner en orden mis pensamientos.

-Lu, entonces ¿esta noche…?

-Voy a cenar con mis padres. Yo…

-¿Estoy invitado?

Asentí.

-Muy bien. Estupendo.

-¿Te has comprado una casa en Portland?

-Un apartamento de tres dormitorios un par de manzanas más abajo. Lo busqué cerca de tu trabajo y no muy lejos de la facultad… por si acaso. ¿Quieres verlo?

-Guau – contesté. Cambié de tema para evitar emocionarme demasiado -. Ah, veo muy bien a Jerall.

Sonrió y me rodeó la cabeza con las manos.

-Sí, le va muy bien. A todos nos ha venido bien este cambio de aires. Se ve que no era el único que deseaba romper con toda la mierda de Los Ángeles. Estamos tocando mejor que en años, nos centramos de nuevo en lo importante.

-Eso es fantástico.

-¿Qué te ha dicho Lissanna, cariño?

-Hemos hablado sobre ti, sobre vosotros.

-Sí, eso ya me lo has dicho.

-Supongo que aún intento sacar sentido de todo esto.

Asintió despacio y se inclinó hacia mí hasta que casi juntamos las narices. Adoraba la perfecta intimidad del momento, el sutil roce de su aliento en mi cara. Nunca dejé de necesitar sentirle cerca, por mucho que intentara negarlo. El amor y el mal de amores te vuelven increíblemente estúpida, incluso desesperada. Te dices cosas para intentar superarlo, pero solo se trata de eso.

-Muy bien. ¿Puedo ayudarte con algo más? – me dijo.

-No, solo quería comprobar que estabas aquí de verdad.

-Lo estoy.

-Sí.

-Eso no va a cambiar, Lucy.

-Sí, ya lo entiendo. A veces puede costar asimilar estas cosas. No estaba segura después de todo lo que sucedió, ¿sabes? Pero aún te quiero. De verdad.

-Lo sé, cariño. ¿Cuándo vas a volver a mí?

-Ha sido todo muy duro, ¿sabes? La última vez que te separaste de mí me destrozó.

Asintió con tristeza.

-Creo que es lo peor que me ha pasado jamás – admitió.

-Tuve que irme, pero… en cierto modo deseaba herirte tanto como tú a mí. No quiero volver a ser vengativa nunca más.

-Te dije cosas terribles aquella noche. Los dos nos hicimos mucho daño. Tendremos que perdonarnos y dejarlo pasar.

-No habrás escrito una canción sobre ello, ¿no?

Apartó la vista.

-¡Natsu, no! ¡No puedes! Aquella noche fue terrible.

-En una escala del uno al diez, ¿cuánto te molestaría exactamente? Vamos, Lu…

-¿En esa escala el uno es el divorcio?

Se acercó más a mí, apenas había espacio entre nosotros ahora. A este ritmo no iba a recuperar el aliento en la vida.

-No – contestó con la voz muy suave -. Ni siquiera te acuerdas de cuando nos casamos, así que el divorcio, la anulación o lo que sea no existe. Nunca sucedió. Les pedí a los abogados que estuvieran ocupados todo el mes mientras yo solucionaba las cosas. ¿Se me olvidó decírtelo?

-Sí, eso parece – contesté. No pude evitar sonreír -. Entonces, dime, ¿qué es el uno?

-El uno es esto: vivir separados y pasarlo mal sin el otro.

-Eso es horrible.

-Lo sé.

-¿Y esa canción es de las principales o vas a meterla por ahí y a esperar que nadie se de cuenta? Será una cara b o algo así, ¿no? Fuera de la lista y oculta al final…

-Digamos que hemos hablado sobre elegir el nombre de una de las canciones para titular el nuevo disco.

-Una de ellas… ¿Cuánto de ese nuevo disco que he escuchado va sobre nosotros?

-Lu, te quiero.

-Natsu… - insistí.

Intenté mantener el tono enfadado, pero no funcionó. No tenía fuerzas para ser dura con él.

-¿Confías en mí? – dijo -. Necesito que vuelvas a hacerlo. No solamente en las canciones. Ver tanta preocupación en tus ojos continuamente me está matando.

-Lo sé. Poco a poco. Ya aprenderé a llevarme bien con las canciones, en serio. La música forma parte de ti y es un gran cumplido que sientas tanto por mí. Estaba bromeando.

-Lo sé. Y no todas hablan sobre corazones rotos.

-¿No?

-No.

-Qué bien, me alegro.

-Mmm…

Me humedecí los labios y siguió mi gesto con la mirada. Esperé a que acortara la distancia entre ambos y me besara, pero no lo hizo, y yo tampoco. Por alguna razón era mejor no precipitar las cosas. Debía ser perfecto. Todo arreglado entre los dos, sin nadie en la habitación de al lado. Sin embargo, podría haberme pasado todo el día así, pegada a él, escuchando su voz, pero Ruby se estaría preguntando qué demonios me había pasado y además tenía que hacer un pequeño recado antes de regresar al trabajo.

-Será mejor que vuelva a la cafetería.

-Vale. ¿A qué hora te recojo esta noche?

-¿A las siete?

-Perfecto – contestó, pero una sombra le oscureció el rostro -. ¿Crees que le gustaré a tus padres?

Tomé un suspiro y lo solté, dándome la vuelta.

-No lo sé, pero me da igual. ¡A mí me encantas!

-¿Sí?

Asentí y salí por la puerta. Las rodillas me temblaban.

-¡Y eso es todo lo que importa! – exclamé por el pasillo.

¿Y? ¿Qué os pareció? ¿Merezco un review? :)