Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.

Capitulo 26. LLAMARLE O NO LLAMARLE


Todo el fin de semana me la pasé mirando aquel número sin decidirme a enviarle un mensaje, un whats o siquiera hacerle una llamada. No sabía cómo iniciar "Hola Viktor, soy Yuuri, envíame los números que me dijiste" sería algo neutral sin ninguna pretensión amistosa ni nada comprometedor.

Estuve tentado sin embargo no lo hice. No hasta que necesite contactarlo o él lo haga primero. Sólo me anotó su número, no intentó averiguar el mío ni realizó una llamada a su celular para dejar grabado mi contacto.

Debo dejar de pensar en eso, no he salido de casa, no he visto a Yoon Bum ni a nadie de la clase de psicoprofilaxis, lo bueno es que terminé las cenefas y las guirnaldas pero Isabella me ha llamado para pedirme que le adorne la mesa donde va a colocar los aperitivos. También voy a tener que ir a una librería a buscar un cuaderno grande para el libro de firmas.

Llené la solicitud para pasar mi celo en el hospital y la dejé en mesa de partes como Viktor me indicó, ojalá el celo no se me adelante, es el primero que pasaré sin supresores, inhibidores de feromonas o cualquier otro fármaco para aliviar síntomas u olores. Tendré que comprar muchos frascos de desodorantes de ambiente.

Decidí estar en una habitación personal, papá me dijo que es lo mejor, pues si bien estaría con otros omegas en una compartida, nunca se sabe quién irá a visitarlos. Incluso puedo incomodar a otros pacientes. Mejor aislado como si estuviera en cuarentena.

Martes nuevamente, tengo mi cita quincenal con la doctora bruja, no tengo idea porque Kenjirou insiste en estar allí para coquetearle a Anya.

—¿Cómo les va a los papitos?— nos saludó ella con aquella sonrisa de yeso.

—A mí me va muy bien, gracias pero Minami no tiene hijos— le sonreí antes de sentarme. Si ella iba a ser hipócrita yo también. Bueno en caso que ella esté fingiendo porque ni eso tengo claro, mis hormonas maternas me tienen de una emoción a otra como en feria.

—Vamos a ver cuánto ha crecido vuestro cachorrito— continuó la obstetra rusa sin siquiera prestar atención de lo que le dije.

Me pesó, midió mi barriga, tomó mi presión arterial sin dejar de sonreír. ¿No le dolerán los músculos faciales?

—¿Alguna molestia o dolor? ¿Sangrado, flujo?

—No. Se me hincharon los pies el otro día pero luego bajó.

—Quizás está ingiriendo demasiada sal, procure comer las cosas casi insípidas, está por entrar al tercer trimestre y no queremos sustos. ¿Sigue tomando las vitaminas y los suplementos?

—Estoy comiendo saludablemente, gracias. Aún sigo tomando mi suplemento para omegas. Quería preguntarle qué puedo hacer porque mi cachorro patea mucho, parece que se divierte torturando esta costilla— le mostré.

—Es normal que un cachorrito sano y fuerte esté inquieto. Ahora ya escucha, percibe vagamente el exterior, debe estar muy feliz con la familia que tiene— me dio una mirada tan tierna que casi vomito. No es normal que alguien sonría tanto.

—Pero me duele— insistí.

—Yuuri, todas las madres se quejan que sus hijos les han pateado, la mía decía que le pateaba la vejiga y una vez...— metió las narices Kenjirou

—¿Lo ve? Debe ser hereditario, es un cachorro fuerte como su padre— murmuró la bruja, pensé en Viktor y tuve que darle la razón, era muy bueno en deportes, nunca vi a alguien hacer los pasamanos de seis metros sin descansar, tal vez porque en Rusia la su clase de deportes era más exigente que las nuestras.

Terminé la consulta muy rápido y salimos apenas a los 15 minutos.

—Qué eficiente es esa doctora— murmuró Kenjirou.

—No lo sé, no me dijo cómo hacer para aliviar las patadas, tal vez hacer algunos movimientos o masajes...

—Creo que debes aguantar como una buena madre— bromeó mi amigo ganándose un coscorrón de mi parte.

—Un día de estos me romperá una costilla, en verdad me duelen cada días más sus patadas.

—Pregúntale a Yuuko, ella tuvo tres cachorras salvajes juntas— bromeó.

—Le llamaré, no recuerdo que mamá jamás me haya dicho que yo le pateaba tan fuerte.

—Tal vez el cachorro es muy grande. ¿Cuándo te hiciste esa cosa, esa inseminación, te dieron un catálogo o algo así?

—¿Catálogo de qué?— pregunté confundido.

—De los donadores de esperma, claro. ¿Cómo es? ¿Te ponen un catálogo con el tipo de razas de las que quieres tu bebé o todos eran japoneses? ¿Viene con fotos?— preguntó muy interesado. ¿Cómo rayos iba yo a saber?

—Ah sí— dije muy seguro. —Pero yo no quise mirarlo, preferí que sea al azar— le seguí la corriente sintiendo una punzada de pena por mentirle tan descaradamente.

—¿Cómo cuando compro mis boletos para el lotto? A veces no me decido por los números y le digo a la vendedora que quiero una jugada al azar y la máquina decide los números por mí.

—Exactamente así— estaba empezando a sentir calor en el rostro. Katsuki, te vas a ir al infierno de los mentirosos.

—¡Entonces no sabes cómo va a ser tu cachorro! ¡Cool! Pero seguramente se parecerá a ti, va a ser un niño muy bonito.

—Gracias— no podía con la conciencia, tal vez debería confiarle el origen de mi bebé pero eso sería dar una larga explicación no sólo de los hechos sino de las razones que me llevaron a cometer la locura de ir hasta Rusia para seducir a Viktor. Rogaba a Kami-Sama que Kenjirou tuviera razón y mi cachorro sea igual a mí.

—Tengo clases de psicoprofilaxis hasta las diez— dije pensando en qué haría casi hora y media para matar el rato.

—¿Paso a recogerte al medio día? Debo ir por algunas herramientas y a buscar piezas.

—Está bien, solo espero no volver a salir llorando de la clase— suspiré al recordar que en las dos últimas reuniones eché lágrimas.

—Pero los panzones son muy llorones, mi primo se la pasó echando lágrima los 8 meses y cuando nació el cachorrito suspiraba a cada rato, a veces se quedaba como si no respirara...— dijo recordando.

—Eso es un espasmo de sollozo ¡tonto! Deben llevarlo al médico, no es porque el omega lloró mucho— le dije molesto.

—Rayos, le diré a mi primo que traiga al hospital a su cachorrito, es que la abuela le dijo que es porque lloró mucho— me sorprende a veces como es que hemos llegado al siglo 21 y hay gente que sigue creyendo cuentos de abuelas. Aunque mamá contaba unos muy bonitos, de todas maneras no tendré problemas con mi cachorro en los primeros meses, conozco un pediatra estupendo. Sonreí como bobo para darme cuenta que mi amigo ya se había marchado, creo que se despidió, ni le presté atención por estar pensando en rusos guapos.

—Hola Iuuuuri— escuché canturrear mi nombre cuando estaba sentado en una salita, leyendo un folleto sobre las enfermedades respiratorias en recién nacidos. ¡Esa voz! Es el obstetra de la tarde.

—Hola— le salude con la mano. Me guiñó un ojo y siguió su camino. Ese hombre me da escalofríos, parece tan descarado y sinvergüenza. ¿Cómo puede ser el mejor amigo de Viktor?

Ahora que recuerdo a Viktor... ¿Será prudente escribirle o llamarle? Ya pasaron 5 días desde que me dio su número ¿Él estará esperando que me comunique?

No Yuuri, sé fuerte, solo en caso de necesitarlo, hoy veré a Bum y todo va a estar bien, voy a hacerle conversación y convencerlo de que debe buscar ayuda.

Entré al salón de psicoprofilaxis, Celestino no vino, según la practicante que le ayuda a veces, pidió permiso porque tuvo una emergencia familiar. Ella nos dio la sesión de ejercicios pero solo eso, no se atrevió a llevar la charla, con lo complicados que somos. Pero Bum no apareció, quizás algo le ha pasado. ¿Cómo saberlo? Tengo que ser valiente por él y vencer mi miedo a comunicarme con mi ex... digo con Viktor.

Respiré hondo, busqué en contactos la letra V y seleccioné su número. Solo debía presionar con mi dedo en el ícono de llamada y...

"Viktor, soy Yuuri, hoy Bum no vino a clases de psicoprofilaxis, estoy preocupado" es lo único que me atreví a escribir en un mensaje. No soy capaz de iniciar una llamada, no aún.