Stiles no estaba preparado para lo que iba a ver cuando Helena le hizo llamar.

Aunque hubiera oído los gritos de Derek, y no le cupieran dudas de lo concienzuda que estaba siendo con la tortura, jamás imaginó encontrarse con tanta sangre.

Y es que no había prácticamente ni un centímetro de piel de Derek que no estuviera marcada o teñida de negro. Estaba claro que Helena no se había limitado a darle descargas eléctricas, y había empezado a utilizar las garras.

Al entrar en la estancia y encontrarse con un sanguinolento y prácticamente muerto Derek, en esos momentos inconsciente, tuvo que tragar saliva varias veces.

- No seas tímido, Stiles – le apremió la mujer, extendiendo la mano para que el chico acudiera junto a ella.

Stiles miró a su Alfa con temor, y recorrió la distancia que les separaba. Al llegar a su lado, pudiendo observar al hombre más de cerca, sintió cómo el corazón se le encogía al ver las marcas de la cara y torso, y la herida de la puñalada, cada vez más oscurecida. Ya había visto sangrar a Derek en más de una ocasión, pero nunca había sido como aquello.

Porque ahora el aspecto era el de algo que se estaba pudriendo. Similar a lo que vio una vez en el brazo del hombre, cuando apenas se conocían, pero que ahora era mucho, mucho peor. Sobre todo porque ahora, a causa de su olfato, también podía captar el desagradable olor a descomposición que procedía del hombre.

- No estés triste, mi Beta – oyó la voz de la mujer, quien colocó una mano sobre su hombro. Un gesto que hacía siempre que le tenía cerca, para asegurarse así de que le tenía controlado – Intentó matar a tu Alfa y alejarte de mí. Merece ser castigado.

Stiles sólo pudo asentir, porque aquella era la respuesta que estaba esperando su Alfa, y agachó la cabeza para no seguir contemplando aquella imagen.

Pero Helena no le concedió ni un segundo de descanso. En cuanto hubo apartado la vista, accionó la corriente y el grito de Derek Hale retumbó por las paredes. Stiles cerró los ojos, tratando de bloquear el sonido, pero sabía que era inútil.

Sobre todo porque sabía que lo que más quería ella era que Stiles lo viera. Que viera sufrir al que había sido su compañero, y que sobre todo Derek viera que Stiles le estaba mirando… Y que no estaba haciendo absolutamente nada para evitarle el dolor.

Y eso fue lo que tuvo que hacer. Mordiéndose la lengua, se atrevió a levantar la cabeza y miró a Derek a los ojos. No apartó la vista ni un instante, y trató de mantener una expresión seria todo el tiempo. Como si aquello no estuviera afectándole para nada, pese a que todos los presentes supieran que era mentira.

Por supuesto, Helena no iba a permitir que fuera tan fácil para ninguno de los dos.

Tras unos segundos interminables, cortó la corriente e incluso quitó los cables que había pegados a la piel de Derek. Y el hecho de que el hombre no reaccionara demostró lo débil que estaba, apenas consciente de lo que ocurría a su alrededor. Sólo era consciente de Stiles, al que no dejaba de mirar pese a que tenía los párpados prácticamente cerrados a causa del agotamiento.

- A qué estas esperando.

Stiles tardó en darse cuenta de que la mujer le estaba hablando a él, y se giró hacia ella, sin entender.

- Demuéstrame lo que sabes hacer.

- No… No entiendo.

- ¿No es evidente? – sonrió, y Stiles trató de frenar el escalofrío que sintió – Antes has hecho un buen trabajo, a juzgar por cómo me lo he encontrado – señaló a Derek - Pero ahora quiero verte hacerlo.

El chico se mojó los labios, indeciso sobre qué hacer ahora que no había ningún cable con el que pudiera darle las descargas eléctricas.

- Pero… No hay…

- Ya no hace falta, cielo – rió levemente – A estas alturas es imposible que se recupere de las heridas, aunque ya no tenga miles de voltios recorriendo ese bonito cuerpo – torció ligeramente el cuello, al mirar al hombre de arriba abajo – O lo que antes era un bonito cuerpo.

Y a Stiles no le estaba gustando nada el curso de aquella conversación. Porque intuía muy bien lo que Helena quería que hiciera.

Pero no sabía si sería capaz.

- Adelante, Beta. Clávale tus garras.

Stiles tembló, y esta vez no pudo disimularlo.

Y como había temido, aquella no era la respuesta que su Alfa había esperado.

Dando un par de zancadas, la mujer llegó a su lado y, agarrándole del cuello, le levantó por encima de su cabeza como si no pesara nada.

- Es que no me has oído, Beta – rugió, con sus ojos rojos brillando de un modo que, no entendía cómo, Stiles sólo podía describir como pura maldad – Te he ordenado que le claves las garras.

Stiles se sintió sobrecogido. Y no sólo por el hecho de que no pudiera respirar en esos momentos, a causa de una garra que impedía pasar el aire, y que incluso se estaba clavando en su piel. También era porque, al tener a su Alfa tan cerca de él, tocándole incluso, estaba sintiendo toda su fuerza.

Hasta entonces sabía que ella era poderosa. Pero ahora tenía la sensación de que toda esa energía le estaba quemando por dentro, a través de unos ojos a los que no podía dejar de mirar y que le ordenaban que obedeciera su orden.

- Hazlo.

No fue Helena la que habló esta vez. Ella sabía que no era necesario repetir la orden, pues el temor que había en los ojos de su Beta, era prueba suficiente de que le obedecería sí o sí.

El que habló esta vez, con una voz tan apagada que era increíble que hubiera podido pronunciar una sola palabra, fue Derek Hale.

Helena soltó a Stiles. Y mientras el chico se quedó en el suelo, luchando por recuperar el aire, la mujer llegó junto al hombre y le miró con curiosidad.

- Y cuando pensaba que ya no podías ser más patético – susurró antes de centrarse de nuevo a su Beta – Stiles.

La voz de Helena sonó antinatural.

Había hablado sin apenas levantar la voz. Y sin embargo aquellas seis letras reverberaron por las cuatro paredes de la estancia, logrando que incluso Stiles las sintiera dentro de él. Porque en el fondo procedían de él. Procedían de la mujer de la que ahora formaba parte, quisiera o no.

Stiles no lo dudó cuando, poniéndose en pie, sacó las garras y se acercó a Derek. Y cuando llegó a su lado, viendo el dolor reflejado en los claros ojos del hombre, le clavó una garra en el costado.

Derek no gritó de dolor. Al menos, no lo hizo como había hecho hasta ahora. En vez de ello, soltó un leve quejido que en seguida quedó ahogado a causa de la sangre que empezó a brotar de su boca.

Un quejido que era muy similar al que en esos momentos estaba soltando Stiles, mientras sacaba las garras para clavarlas una y otra vez. Como si fuera él quien estuviera sufriendo aquel agonizante dolor. Y a medida que la sangre brotaba del cuerpo del hombre, diminutas lágrimas se escapaban de los ojos del chico al ser incapaz de parar.

Porque no podía parar.

Porque no dependía de él.

Finalmente, fue Helena quien puso fin al ataque. Le bastó colocar una mano sobre el hombro de Stiles, y el chico paró en el acto. Su respiración era agitada cuando por fin apartó sus uñas manchadas de sangre, y trató de no mirarlas mientras tragaba una y otra vez, luchando por frenar las nauseas que estaba sintiendo en esos momentos, y que sabía no le gustarían para nada a su Alfa.

- Buen trabajo – le reconfortó la mujer. Como si diera por hecho que la desolación que en esos momentos estaba sintiendo Stiles era porque pensaba que su Alfa no se sentía orgullosa de él – Puede que necesites tiempo para actuar… Pero he de reconocer que, cuando te pones a ello, eres el más sanguinario de todos.

El chico cerró los ojos unos segundos, sintiendo aquellas palabras como si fueran puñaladas, y esperó a que Helena le dijera que podía retirarse.

Porque ya no quería estar más tiempo allí.

Quería esconderse en un agujero y esperar a que todo acabara. Que todo terminara, y que lo hiciera sin contar con él, porque ahora mismo ni siquiera se sentía un ser humano.

Pero a estas alturas, tendría que haber comprendido que aquello era soñar.

Y que cuando uno creía que había visto la crueldad de Helena, ella siempre era capaz de ir un paso más adelante.

Lo primero que hizo fue asegurarse de que Derek seguía consciente, y que tenía los ojos abiertos. Algo que, dada la cantidad de sangre cubriendo su cara, era difícil de ver en ocasiones.

Una vez estuvo conforme con el estado de su prisionero, Helena llamó a Stiles con un levísimo movimiento de sus dedos, y le obligó a colocarse frente a él.

Apenas quedó a diez centímetros de distancia.

Stiles podía oír perfectamente el latido irregular de Derek. Su respiración entrecortada. El modo en que todo su cuerpo protestaba cada vez que sus pulmones se llenaban o el corazón bombeaba la sangre.

Y todo ese dolor también estaba reflejado en aquellos ojos que habían perdido toda la fuerza que un día tuvieron. Porque hacía mucho que sus ojos habían dejado de brillar con ese tono rojizo.

Por el contrario, ahora sus ojos claros y de un color indefinible, mostraban dolor, cansancio y tristeza...

Pero ahora que podía verle tan de cerca, Stiles creyó captar algo más.

Un brillo característico que no era nada común en Derek Hale, pero que él había sido capaz de ver en más de una ocasión. Porque era un brillo que sólo salía a la luz cuando estaban a solas y Derek se permitía ser un simple hombre. Sin nada de responsabilidades, o problemas, o luchas. Simplemente, un hombre que también quería ser feliz. Que quería ser amado.

Aquel era un brillo que Stiles sabía que no había estado ahí, hasta que él no apareció en la vida de Derek.

Lo sabía porque fue el propio Derek quien se lo dijo un millón de veces. El que se lo demostró otro millón de veces más, mostrando una gratitud, casi adoración hacia él, que a veces llegaba a ser sobrecogedora; pues no estaba ni mucho menos acostumbrado a ser tratado de ese modo. Pero Derek nunca había sentido reparos en mostrarse así de vulnerable con él. Pues había sido Stiles quien le había salvado.

La primera vez que se lo dijo, Stiles creyó que era una broma. Primero porque Derek no dejaba de ser el Alfa y era imposible que necesitara ser salvado; y segundo porque el último que podría salvarle era un saco de huesos y piel como era Stiles Stilinski.

Pero Derek lo tenía claro. Y entre besos, aquella primera vez, y muchas otras después, le explicó que lo que había salvado era su corazón. Porque gracias a él, su corazón volvía a latir como nunca creyó que podría hacerlo, y que le estaría eternamente agradecido por ello.

Cuando Stiles fue consciente de que ese brillo particular también estaba allí, junto al dolor, el cansancio y la tristeza, sintió que se quedaba sin aire.

Porque no tenía ningún sentido.

No podía ser que en ese momento, prácticamente muerto y habiendo sido herido por el único chico en el que realmente confiaba, Derek siguiera mirándole con todo el amor del mundo. Como si le diera lo mismo lo que le estuviera haciendo.

Como si ya le hubiera perdonado por hacerlo.

Las ganas que tenía Stiles de recorrer aquellos centímetros, abrazarle con fuerza y susurrarle que le quería, eran tan fuertes que tuvo que abogar a toda su fuerza de voluntad para no hacerlo. Incluso se clavó las uñas en la piel, obligándose a centrarse en su propio dolor y no en el de Derek.

- Has visto cómo te mira, Stiles – susurró la mujer con aquella voz tan suave, tan dulce, y tan repugnante – Con cuanto amor.

Stiles asintió.

No responder no era una opción.

- Seguro que ahora entiendes por qué tenías que ser tú al que mordiera – el chico volvió a asentir – Sólo tú podías lograr que él estuviera así. Tan roto por dentro, sabiendo que todo esto se lo está haciendo el chiquillo del que está enamorado.

- Te perdono.

Apenas se le entendió.

Derek tenía los labios tan resecos que apenas podía abrirlos, y su voz era mucho más grave de lo que jamás había oído.

Y la gratitud que sintió Stiles en esos momentos, al oírle decir lo último que esperaba oír del hombre al que había torturado; sólo era equiparable al odio que sentía por sí mismo.

- Por supuesto, Derek. Los dos sabemos que Stiles no quiere hacer realmente esto, ¿verdad? – cogió entonces una de las manos del chico y, apretándola, le obligó a sacar las garras - Pero eso no significa que no vaya a dejar de hacerlo.

Isaac y Boyd fueron los primeros en entrar.

Siguiendo el rastro de un olor desconocido, recorrieron el pasillo hasta entrar una de las estancias de los sótanos. Lo hicieron en silencio, intentando coger desprevenido a quien quiera que fuese que estaba allí.

Y estaba claro que lo habían conseguido: Al fondo de la estancia uno de los Betas de Helena estaba de espaldas a ellos, sentado en una silla y leyendo.

Sonriendo para sí, viendo que todo iba a ser mucho más fácil de lo que creían, se acercaron sigilosamente al chico.

Justo cuando el chico cerró el libro y se puso en pie.

- Os estábamos esperando – dijo el Beta sin dignarse a darse la vuelta para hablarles a la cara.

- ¿En serio? – preguntó Isaac, todo ironía - No lo parece.

- ¿Tú crees? – fue otro chico el que habló esta vez. El mismo que en ese momento se terminaba de colocar detrás de Boyd, con una de sus garras apretando la garganta del chico.

Isaac ya estaba cogiendo impulso para atacarle… cuando notó la mano de otro Beta aferrándose a su garganta, y de otro más colocando una garra sobre su hombro.

¿Cómo demonios se habían acercado tanto sin haberles oído?

- Mierda.

Afortunadamente, la posibilidad de que todo fuera una trampa y que les estuvieran esperando, era una que habían tenido muy en cuenta.

Bueno, eso no era del todo cierto… Porque fue sólo gracias a lo pesada que se puso Allison, (la única que pensó que podría ocurrir aquello) y que al final consiguió convencer a Scott, que tuvieron en cuenta esa posibilidad.

Y por ello finalmente decidieron no entrar todos a la vez, esperando a que la manada rival moviera ficha antes.

Y menos mal que habían hecho caso a Allison... Porque de lo contrario, ahora estarían en graves apuros.

Ver aparecer a Scott, junto a Jackson y Erica, ya transformados, consiguió que los nervios de Isaac disminuyeran un poco. Sobre todo cuando detrás de ellos estaba Allison con el arco ya preparado y una flecha apuntando a la cabeza del Beta que le tenía sujeto.

- Eres una humana – preguntó el chico al verla. Y pese a que no aflojó su agarre, sí que pareció dudar.

- No me digas – sonrió con ironía la única humana presente.

- Qué haces con ellos – quiso saber entonces el primer Beta que habían encontrado. Era el único de todos ellos que no estaba transformado, con lo que se veían perfectamente sus rasgos humanos. Y sus ojos claros y rasgos hacía que se pareciera un poco a Isaac… Aunque menos espeluznante que él - Eres su comida.

Allison sonrió, tensando incluso un poco más el arco.

- No en este pueblo, amigo.

Entonces el tiempo pareció detenerse.

Llegado a este punto, sólo bastaba que alguien diera el primer paso para que todos actuaran. Podía ser la flecha de Allison, un rugido de Scott antes de atacar o, peor aún, una garra clavándose en la garganta de Boyd y Isaac. Y pese a que la perspectiva de enfrentarse a una manada de Betas especialmente poderosos no era una muy atractiva, sabían que tenían que hacerles frente si querían rescatar a Stiles y Derek.

Al final no ocurrió nada de aquello.

Porque lo que ocurrió fue que el último Beta que había hablado, y el único que seguía en su forma humana, miró con cautela a los otros tres miembros de su manada. Permanecieron un par de segundos así, como teniendo una muda conversación que nadie más entendía, más que nada porque no tenían ni idea de lo que podían estar hablando.

El Beta movió la cabeza entonces, asintiendo, y en el acto los otros dos Betas se separaron de sus enemigos.

Delante de un grupo de hombres lobo que no tenían ni idea de lo que estaba pasando.

- ¿Qué posibilidades tenéis de vencer a Helena?

- Cómo - preguntó Scott, indeciso.

- Lo que has oído… Sois cinco hombres lobo y una humana. Supongo que tendréis un plan.

- Este es el plan – susurró Isaac con superioridad – Y de momento está saliendo bien.

- El habernos cogidos desprevenidos no significa nada – respondió con el mismo tono de voz – Si ese es vuestro plan, ya podéis daros por muertos. Así que responder la pregunta, ¿qué vais a hacer y qué posibilidades tenéis de vencerla?

- Tenemos Lycium* – anunció Scott entonces. Como si ese fuera todo el plan.

El Beta de Helena le observó en silencio durante unos segundos, los ojos muy abiertos.

- Cómo sé que dices la verdad.

- Fácil. Sólo tienes que oír cualquier de nuestros latidos.

El Beta volvió a guardar silencio, pero en esta ocasión para concentrarse.

Uno a uno, fue diferenciando los latidos de todos los presentes, sintiéndose más tranquilo a medida que iban pasando la prueba.

Cuando terminó de confirmar que decían la verdad, volvió a tener una muda conversación con sus compañeros de manada.

Sonrió entonces a Scott de un modo totalmente distinto a cómo lo había hecho hasta ahora.

- Nos rendimos

Hubo un silencio de casi diez segundos.

Porque aquello tenía que ser una broma.

¿Verdad?

- ¿Qué? – Scott fue el primero en recuperar la voz.

- Estás sordo o qué. Ha dicho que nos rendimos – habló esta vez el Beta que, hasta hacía un minuto, parecía tener muchas ganas de arrancarle la garganta a Isaac. Pero entonces levantó las manos al tiempo que las garras desaparecían y sus rasgos se convertían en los de un adolescente corriente.

- Y tú eres idiota si crees que vamos a caer en ese truco tan ridículo – increpó Scott, que no había hecho sino acercarse un poco más a unos, en apariencia, indefensos adolescentes.

- No es ningún truco, créeme – el chico se colocó de rodillas delante de Scott, y miró a una Allison que no había bajado su arco – Espero que en esa mochila tengas algo más aparte de flechas. Algo con lo que podáis sujetarnos.

La morena miró a sus compañeros de reojo antes de centrarse de nuevo en sus… ¿enemigos? ¿Prisioneros?

- Esto no tiene ningún sentido.

- En serio. ¿Por qué confiáis tan poco en vosotros mismos? – Se quejó Jackson entonces, con tono exasperado, al tiempo que se acercaba al Beta que seguía arrodillado. Sin dudarlo un segundo, le dio un puñetazo que consiguió tirarle al suelo – Somos más y más fuertes que ellos. Lo normal es que se quieran rendir.

- Te equivocas – susurró el Beta caído, con una nada apropiada sonrisa en los labios… Más que nada porque se suponía que estaba en clara desventaja. Pero entonces el chico se puso en pie en un segundo, y al segundo siguiente tenía a Jackson sujeto por la garganta, las garras de nuevo fuera – Si quisiéramos, podríamos haceros picadillo en cuestión de segundos – lentamente, separó la mano del cuello de Jackson, permitiéndole respirar – Pero estamos cansados de todo esto.

Scott observó a los Betas, percatándose entonces de la mirada triste que había en los cuatro pares de ojos.

- Estáis abandonando a vuestra Alfa.

- No – negó enseguida, dirigiéndose al que parecía ser el jefe de los Betas de la manada de Derek Hale - Estamos huyendo de ella – miró de nuevo a Allison – Y antes de que ella se dé cuenta de lo que estamos haciendo, será mejor que nos dejéis KO con ese acónito que huelo desde aquí. Porque créeme, Helena puede aparecer en cualquier momento. Y en cuanto nos ordene que os matemos, no vamos a tener más remedio que obedecerla.

Los adolescentes de Beacon Hill se miraron de nuevo los unos a los otros, indecisos. Aquello no tenía ningún sentido.

De acuerdo, todo indicaba que estaba ocurriendo justo lo que parecía que estaba ocurriendo… Pero seguía sin tener ningún sentido.

- ¡A qué esperáis! – gritó el Beta moreno, y el que tenía unas facciones más duras que las de los demás - ¿A que lo pidamos por favor? Atarnos de una vez.

- Haced lo que dice.

La voz de Chris Argent sonó firme detrás del grupo. A su lado, un Deaton que no tenía aspecto de veterinario al estar vestido de cuero negro de pies a cabeza, estaba terminando de llenar las balas en el cargador de su revolver.

- ¿Les habéis encontrado? – pregunto Allison a su padre.

- Están en la última sala, al final del sótano. Nosotros entraremos primero – miró entonces a Scott, asegurándose de que estaban de acuerdo con el plan – Sólo tenéis que seguir los gritos.