Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18
Recomiendo: Talk – November Lights
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Capítulo 19:
Lucha interior
"Quiero bailar, quiero cantar
Quiero hacerlo todo
(…) Quiero estar en absolutamente todo lo que eres
(…) Y estaré allí cuando todos nuestros sueños se hayan ido
Aferrándose a la casa adónde pertenecemos
Quita a los extraños que hablan mal
Seamos fuertes y claros
No hay secretos aquí
No mentiría para hacerte llorar…"
Edward pensó que se trataba de una broma o de una acusación totalmente falsa. ¿Su exesposo? ¿De qué mierda hablaba?
Bella se interpuso entre ambos con los ojos bañados en lágrimas. Sabía que esto solo iba a afectarle a su relación porque ¿qué le importaba a Jacob? ¿No estaba ya con esa insoportable de Lauren? ¿No estaba ya feliz de vivir con su adorado hijo a punto de nacer? ¿Por qué tenía que siempre buscar la manera de hacerle esto? ¡Rompía cada vez que podía con su felicidad!
—No puedes estar hablando en serio, de ser así Bella me lo habría… —Edward se quedó callada cuando vio que su Ojitos Marrones amenazaba con el llanto, culpable… muy culpable.
—Qué relación tan estupenda, se nota que te tiene mucha confianza —bramó Jacob, sardónico.
—¡Cállate, maldita sea! —le gritó ella—. ¿Por qué siempre tienes que buscar la manera de impedirme ser feliz? —gimió—. No te bastó con engañarme y reírte de mí cuando tenía mis crisis, no te bastó… —Respiró hondo entre lágrimas—. Ahora vienes a tratar mi relación de esta manera, cuando es la única que me ha hecho realmente feliz. —Se giró a mirar a Edward, pero él estaba tan enardecido que no lo reconoció.
—¿Eso hiciste? —preguntó, haciendo que Bella se corriera, poniéndola detrás de él—. ¿La engañaste? ¿Te burlaste de ella?
—No voy a hablar eso contigo, si me disculpas…
—No te disculpo ni mierda.
Bella abrió los ojos al escuchar lo grave que había sonado su voz.
—¿Eso hiciste, hijo de puta? ¿La engañaste?
Renée y Charlie salieron de casa para ver qué ocurría, mientras mantenían entretenidos a los mellizos en la televisión para que no fueran a darse cuenta de lo que estaba pasando.
—El asunto es entre…
—Di otra vez esa mierda y te hundiré la nariz hasta que esta toque tu pequeño cerebro.
Jacob comenzó a reírse de manera burlesca, lo que a Bella le dio tanta rabia que corrió a empujarlo. ¡Estaba harta de que siguiera riéndose de ella, como si sus sentimientos nunca hubieran tenido importancia! Edward la tomó desde la muñeca con suavidad, tirando de ella para que no se ensuciara las manos, si alguien debía hacerlo, entonces ese era él. El Dr. Cullen apretó el puño y sin esperar un segundo más, lo hundió en todo el rostro de Jacob Black. Fue un golpe tan duro que acabó haciéndolo caer al suelo mientras le sangraba la nariz de manera profusa.
—¡Sigue dándole! —gritó Charlie—. ¡Ahora con una patada! ¡O con la pala!
—Charlie, no —lo regañó Renée.
Edward sonrió con la rabia acumulada pero lo dejó quejarse en la tierra, devolviéndose hacia Bella, que lo miraba con sus inmensos ojos, asustadizos y adoloridos. Pero entonces, ella tomó su mano, la misma con la que había golpeado a Jacob y se dio cuenta de que estaba roja y muy dañada.
—¡Vuelve a acercarte a mi novia y ya no serán puñetazos! —acabó diciéndole.
—Pues ella fue mi esposa, sé quién es la mujer que tienes al lado.
Edward apresuró el paso y lo tomó desde el abrigo, sacudiéndolo.
—¡Puedo ser muy torpe y algunas veces digo cosas sin pensar, pero jamás confiaría en un hombre como tú! —le gritó—. A ella… A Bella la amo.
Lo dejó caer al suelo, haciendo que se golpeara fuertemente en la cabeza. Bella miró todo con mucho dolor y se puso delante de Edward.
—Cariño —gimió—, no debiste…
Él tragó, recordando que, a pesar de todo, se había enterado de la peor manera de algo tan importante para Bella.
La ignoró para poder respirar y entró con tanta ira a la casa de los Swan, que Bella corrió detrás para pedirle que hablaran, sin embargo, él intentaba seguir calmándose, acongojado por la cólera que no le permitía pensar con claridad. Nunca se acostumbraba a ella, no era una emoción que soliera sentir con frecuencia.
—Edward —suplicó Isabella, abrazándolo desde la cintura.
Él cerró los ojos, recordando todo lo que había pasado. Bella nunca le contó algo tan íntimo e importante, jamás le confió una situación que, si bien no cambiaba la manera en la que iba a verla, sí cambiaba la manera en la que creía que importaba su relación. Si hubiera confiado en su persona, se lo habría dicho cuando le confesó todo lo relacionado con su antiguo matrimonio y la madre biológica de sus hijos.
—¿Me amas? —le preguntó, mirándola a los ojos.
—¡Claro que sí!
—Entonces, ¿por qué?
—Déjame decirte…
—Ahora no —susurró, soltándola con suavidad—. No quiero hacerte daño, estoy demasiado enojado.
Los hombros de Bella se encogieron y lo vio meterse al baño, dejándola con un nudo en la garganta. Sentía que se lo merecía, por haber sido una cobarde. Aun así, dolía como nada en el mundo. Sintió que sus padres se acercaban. Esme la abrazó y Charlie caminó hasta el baño para pedirle que salieran a charlar un rato pero Edward no quería, estaba enormemente dolido.
—Nunca va a perdonarme —le dijo a su madre, aguantándose el llanto.
Renée, por primera vez, no pudo responder, pues temía que aquello fuera así.
Bella corrió hasta la puerta y la tocó, como si pudiera cobijarlo a él.
—Edward, perdóname —suplicó—, de verdad… perdóname.
No tuvo respuesta.
Todo dolía, dolía de verdad.
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Bella tenía a los mellizos abrazados mientras fingía que todo estaba bien.
—¿Dónde está papi? —preguntó el siempre curioso de Noah.
Suspiró.
—Está… Necesita estar un momento solo.
—¿Pod qué?
—Porque… lo necesita.
—¿Está enojado? —inquirió Ava, ladeando la cabeza.
Ella prefirió no responder, además, Edward había salido del baño, por lo que Renée y Charlie se acercaron a los mellizos para distraerlos.
—¿Quién quiere ir a probar las galletas de la abuela Renée? —dijo ella.
—¡Yo! —respondieron los pequeños.
—Yo también —añadió Charlie.
—No, tú no —reprendió su esposa.
—Oh, no es justo.
—¡Te dispararon y estás con régimen!
Bella dejó de escucharlos y se quedó esperando a Edward, quien llevaba mucho tiempo con la mente en blanco, buscando disminuir el enojo y la decepción en sí mismo. Al verla, mantuvo la expresión serena, una que no decía mucho en realidad.
—Edward —susurró ella, sin saber si ir hacia adelante a por él o quedarse en su sitio.
—¿Alguna vez pensabas decírmelo?
El dolor en su voz fue difícil de tolerar para Bella.
—Entonces, ¿por qué no lo hiciste? Me enteré de esta forma y… —Se miró los nudillos adoloridos y ella ya no toleró la separación. Tomó sus manos y chasqueó la lengua—. Al menos pude enseñarle que el daño que te hizo tiene consecuencias.
—No lo hice porque… —Tragó—. Hay cosas que aún duelen…
—¿Lo sigues queriendo?
Ella frunció el ceño y negó de inmediato.
—¡Por supuesto que no! Te amo a ti —insistió—. ¿Por qué lo piensas? No tiene sentido.
—¡No lo sé! —vociferó y se sentó en el sofá, abrumado—. Dices que te duele.
El pecho de Bella vibró de emociones difíciles.
—Duele porque… porque me dañó muchísimo y… y… hablarlo es difícil, demasiado, es…
No podía seguir, tenía un nudo en la garganta.
—Sabes que siempre iba a escucharte, Bella, que nada haría que mi amor por ti cambie. Ahora siento que nunca confiaste en mí.
—Eso no es cierto —afirmó—. Te confiaría la vida, Edward.
Él estaba cabreado. Habría preferido cualquier cosa a enterarse de algo tan importante por la boca de ese cabrón. Claro que le dolía.
—¿No te di las suficientes razones para que me lo dijeras? ¿Creías que no iba a entenderte o…?
—¡Edward, estoy enferma! —gritó desesperada. Él se quedó en silencio—. ¡Estoy enferma y nadie quiere estar con alguien así!
Aquello había salido de una manera tan violenta que enseguida se arrepintió.
—Ese hombre está ligado a eso, decirte es más que difícil, es… No puedo controlar el miedo que me provoca abrir esa parte de mí para ti. —Lo miró, a punto de llorar—. No se trata de lo que tú me has dado, sino de lo que yo puedo soltar, es…
—Dímelo —suplicó, tomándome una de mis manos—. Te amo más de lo que imaginas, nada me alejaría de ti.
Bajó la mirada y asintió. Claro que iba a decírselo.
—Edward —lo llamó—. Sí, estuve casada por unos cuantos años con Jacob Black. Nos conocimos aquí, teníamos amigos en común y conocía varios aspectos de mí, como si enfermedad.
—¿Qué enfermedad? Me estás asustando, Bella…
—¿Nunca lo has notado? —inquirió—. Tengo miedo a ciertos números, colores, ordenes y direcciones.
El doctor tragó, recordando varios de esos episodios. Él era un hombre algo distraído y a pesar de que había visto aquellas cosas, no les daba la importancia que merecía, lo olvidaba y pasaban a segundo plano, porque para Edward, eran aspectos de ella que simplemente le habían hecho enamorarse. Se sintió culpable por pasarlos por alto.
—Todo comenzó cuando cumplí dieciocho y… —Suspiró—. Detonó cuando sufrí la pérdida de mi segunda madre, mi querida abuela Gladys. Su muerte fue tan dolorosa y dejó un vacío tan grande que comencé a sufrir ansiedad. No lloraba con frecuencia, mi madre estaba tan triste que quería ser fuerte por ella. Papá era muy sensible y eran muy amigos, por lo que solo quedaba yo para sostenerlos. Esa ansiedad creció cuando entré a la universidad y dejé de tener amigos, cuando me alejé de mi familia… Me sentía tan sola, Edward —gimió—. Perdía el control, no tenía nada con lo cual aferrarme y la presión de los parciales no ayudaban en nada. Temía que todo se fuera a caer pronto, por lo que comencé a crear rutinas, a generar orden, a evitar acciones, números, colores… Por extraño que parezca, cuando creaba aquello, sentía seguridad, que todo iba a mejorar y progresivamente desarrollé un trastorno obsesivo compulsivo que me mantenía tan tensa que apenas dormía. La primera persona que estuvo ahí fue…
—Jacob —interrumpió.
Asintió.
—Él estudiaba en la misma universidad y nos veíamos con frecuencia, por lo que era mi único cable a tierra. Como si hubiera sido suficiente. —Rio con desgana—. Mis padres comenzaron a notar lo que me sucedía. Explotaba, lloraba a desgarros, tenía crisis de pánico, ataques de con gritos, quería morirme… —Suspiró hondo—. De verdad quería morirme. Era tan terrible vivir con eso, Edward, demoraba horas en alistarme en la mañana, en acostarme, en lavar mis dientes, en… —Se limpió las mejillas—. Creí que lo mejor era suicidarme. Apenas tenía diecinueve y ya no quería eso. Perdí el deseo de vivir, de tener mi carrera, de continuar mis sueños y tener hijos, un amor… Siempre fui romántica pero realista. Estaba perdiendo todo.
Edward la escuchaba y el nudo en su garganta era difícil de sostener. Imaginarla en aquel entonces lo ponía tan triste que quería devolver el tiempo, meterse ahí y ayudarla.
—Jacob me acompañó pero siempre le restaba importancia a mi enfermedad. Se molestaba cuando no podía levantarme de la cama y sentía que tenía razón, que era mi culpa. Nos hicimos novios y me aferré a la tonta idea de que solo eso me ayudaría a surgir. Ahora, recordando todo, siento que fui muy tonta, ¿sabes? ¿Un hombre haciéndote surgir? Es ridículo, ¡esa es mi labor!
—Estabas sola, Bella, no te culparía por pensar en ese estado de vulnerabilidad.
—Sí, estaba vulnerable. Creo que Jacob se daba cuenta del poder que tenía conmigo. Necesitaba cariño, entendimiento, y él me lo daba, pero ¿era genuino? Claro que no. —Hizo una pausa y luego prosiguió—. Fui a terapia un montón de veces, estuve con diferentes medicamentos, hasta que di con uno que me acompañó por algunos años. Finalmente, terminé la universidad y Jacob aprovechó la oportunidad de pedirme que me casara con él. Te mentiría si dijera que acepté por completo amor, porque en realidad lo hice por ceguera, porque sentía que nadie… —Su voz se quebró—. Sentía que Jacob sería el único hombre que aceptaría a una mujer así.
—Pronto te diste cuenta de que él no era el correcto, ¿no?
Bella asintió.
—Pero demoré demasiado en hacer algo al respecto —afirmó—. Él era un hombre respetado, tenía dinero, un imperio, por lo que pronto dejé de hacer lo que me gustaba y acabé siendo el mueble de la casa. Demasiado triste, pero lo acepté. Jacob apenas hablaba conmigo, estaba sola todo el tiempo. Las únicas veces que él y yo… —Apretó los labios—. Las veces que mejor nos comunicábamos era cuando quería tener un hijo. —Edward se tensó—. Parecía que lo único que le importaba era eso. También te mentiría si dijera que era fascinante estar con él. Dios, es… Me avergüenza tanto decirlo.
Él la acercó y Bella pudo sentirse más en paz ante su sinceridad.
—No era suficiente. No lograba quedar embarazada. Y cuando ocurría, yo… tuve abortos… —Apretó los labios una vez más—. No soy una mujer que pueda procrear. —Su voz se quebró—. Por más que lo intente. —Miró a Edward a los ojos y él por un momento estuvo a punto de llorar junto a ella—. Aquello hizo estragos en mí, lo que más quería era poder disfrutar de ellos y… era imposible. Jacob comenzó a culparme, no se acercaba a mí y culpaba a mis medicinas para el trastorno. ¿Sabes qué hice? Las dejé. Fue el peor error de mi vida.
Edward estaba sosteniéndose ante la rabia. Le costaba dimensionar todo sin romper en ira.
—El trastorno empeoró, porque sumado a ello, Jacob me culpaba por mi enfermedad. Era el hazmerreír junto con una amiga en común, Lauren. Eran colegas de la oficina y solía estar de acuerdo con él. —Suspiró—. La imposibilidad de tener hijos aumentaba y nada hacía efecto. Jacob se negaba a ir al médico, el ego masculino era más fuerte. Junto a la ansiedad, comencé a deprimirme, estaba siempre sola, él seguía mofándose y mirando en menos cada síntoma en mí. Pasaba afuera, llegaba tarde… Era obvio, ¿no? Fue hace un año y algo más, cuando llegó el fin.
—¿Qué ocurrió? —preguntó él, nuevamente aguantando la rabia y el rencor por ese hombre.
—Encontré a Jacob con Lauren, teniendo sexo en mi cama.
—Hijo de… —Apretó los dientes.
—Acepté lo obvio. Él jamás me amó. No puedes amar y engañar, no puedes amar y mofarte de una enfermedad. No puedes amar e imponer tus ideas sobre el otro. Lo dejé, sabiendo que perdería todo, aunque en realidad, ¿qué era mío? Absolutamente nada, era el miedo de Jacob. En el divorcio, efectivamente perdí todo, lo único que tenía era la tienda de disfraces, un lugar al que nadie iba pero me ligaba a mi abuela. Volví a Forks, queriendo formar una vida de nuevo y… —Sonrió—. Te encontré a ti.
Edward intentaba no sucumbir al odio por aquel hombre, salir de casa y buscarlo para volver a golpearlo. Bella la necesitaba y él debía estar para ella, a pesar de que seguía dolido por cómo se dieron las cosas.
—Te mentiría si dijera que es fácil para mí hablar de esto, porque no lo es. Hablarte de Jacob era hablarte también de mi enfermedad y… me da vergüenza que pienses que soy una loca, que no puedo controlarlo…
—Jamás pensaría eso, Ojitos, nunca —interrumpió él, abrazándola.
Cuando la cobijó, se sintió tan bien y abrigada que el llanto dejó de ser tan fuerte e intenso.
—Supongo que temía que reaccionaras igual que Jacob. A veces solía reírse de mi enfermedad, consideraba que toda mejora estaba en mi cabeza, que era yo quien decidía estar bien…
—Hijo de puta —gruñó, muy tenso.
—Sé la clase de hombre que eres, solo tenía miedo. —Su barbilla tiritó, mirándolo a los ojos—. Es desnudarme completamente para ti. Ahora lo sabes todo, y perdóname, de verdad perdóname.
Él suspiró y juntó su frente con la suya, sintiendo el pesar de sus palabras. Era una mujer herida, ¿cómo culparla? Solo tenía tanto dolor de haberse enterado así, de no haber podido golpearlo mucho más, de no haber tenido la información correcta para poder destruirlo… Sentía que Bella lo había dejado vacío y no quería enojarse con ella.
—Claro que te perdono —musitó, acariciándole las mejillas—. Solo… estoy dolido. Me habría gustado saberlo antes.
Bella arqueó sus cejas y lo abrazó más.
—No quiero tener que ocultarte más.
—No lo hagas nunca más.
Negó.
Edward tenía un nudo en la garganta de tan solo imaginar el infierno que debió vivir con un hombre que jamás tomó en serio la realidad de su enfermedad. Y no solo eso, la usó para poder tener un hijo, sumiéndola en el sufrimiento.
—Quizá te parezca que no tener hijos haga de mí…
—¿Crees que por eso dejaré de amarte? —le preguntó con seriedad—. Te mentiría si dijera que la idea de no poder tener uno contigo no me quiebra… —Su voz se rompió y a Bella le escocieron sus ojos—. Es algo que siempre sueño contigo, pero el que no se pueda no hará que deje de amarte, desearte, querer protegerte y tenerte conmigo todos los días de mi vida.
—Lo siento, lo siento mucho —gimió.
—No lo sientas —pidió, queriendo ser fuerte por ella—. Tenemos dos pequeños ya.
Le besó los cabellos y siguió abrazándola, mientras Bella dejaba ir las últimas lágrimas de aquel sueño que, sin duda, nunca iba a cumplir.
—Ava y Noah te aman como si siempre los hubieras tenido contigo, y yo te amo como la mujer que eres, dulce, preciosa y única en el mundo. No dejaré de hacerlo nunca, recuérdalo.
—Eres el mejor del mundo, Dr. Torpe —susurró, besándole las mejillas.
Él cerró sus ojos y hundió sus dedos en su cabello.
—Necesito tiempo, ¿sí?
Arqueó las cejas.
—¿De mí?
—Es solo… Aún estoy dolido, todavía me debato muchas cosas. Solo, no quiero hacerte daño, ¿sabes? No me lo perdonaría. Ya lo hice una vez, cuando dije cosas estúpidas debido a la presión y… —Suspiró.
Bella también sintió dolor, porque no le gustaba la idea de estar lejos de él, pero la respetaba. Le debía un espacio, tener la posibilidad de pensar en todo lo que había sucedido. Había sido su culpa y tenía que asumir que él iba a estar así de dolido por un buen tiempo.
—Ahora, déjame curarte los puños, mira cómo han quedado —señaló ella, separándose para mirárselos.
—No es nada… ¡Auch!
—¿Lo ves? No debiste hacer eso.
—¿Qué? ¿Golpearlo?
—Pues claro, ¿qué pretendías?
—Romperle la nariz.
Bella le dio una mirada reprobatoria.
—No me gusta cuando actúas así —musitó.
—No creo que estemos en el momento correcto para comenzar a pedir actitudes que no podemos dar —murmuró.
A ella le dolió tanto aquello que se calló y siguió curando sus puños, limpiándole las heridas con un poco de agua tibia para sacar los restos de sangre.
Los pequeños salieron del escondite junto a los abuelos Swan y de inmediato fueron a por ellos, queriendo ver qué pasaba. Cuando notaron los golpes en las manos de su papá, se preocuparon y se subieron a su cuerpo.
—¿Qué pasó, papi? —preguntó Noah, mirándolo.
Él suspiró de forma entrecortada y simplemente le besó los cabellos.
—Solo tuve un pequeño percance, pero ya pasará. ¿Todo bien con los abuelos Swan?
Asintieron.
—Comimos galletas —le contó.
—Oh, eso es fascinante. Entonces están listos para volver a casa. A papá le duele un poco la cabeza y necesita descansar —dijo, lo que a los mellizos no les sentó del todo bien.
—Hay que hacerle caso a papá, ¿sí? —añadió Bella, agachándose para tomar a Ava de sus brazos mientras Noah lo hacía de Edward—. Ya pronto vendrán a ver a los abuelos.
—¿Te quedarás acá? —preguntó su padre, mirando con timidez. No quería estropear la situación sin saber qué habían terminado por hablar.
—Si ella acepta venir con nosotros, entonces se vendrá a casa, conmigo y con los pequeños —añadió Edward en voz baja.
Aún se veía triste y algo callado, por lo que Bella por ningún motivo iba a dejar que se marcharan. Quería que las cosas funcionaran, que Edward perdonara su estúpida manera de abordar la situación.
—Sí —respondió—. Buscaré algo de ropa, quiero estar con ellos. Vendremos pronto, papá.
Renée acudió con su hija a guardar algo de ropa y en medio de aquello, le fue imposible resistirse a saber qué había pasado.
—Fue culpa mía, mamá. Tengo miedo de que las cosas entre ambos no vuelvan a ser como antes…
—No digas eso —suplicó su madre, acariciándole el cabello—. Edward te ama tanto.
—Ese es el problema. No le demostré confianza y eso es suficiente para romperlo.
Ella suspiró.
—Demuéstrale todo lo que eres capaz de hacer por él, y recuerda, nunca más vuelvas a callarte por miedo. Ese hombre se merece el cielo y por eso está en tu vida. —Le besó la frente y siguió ayudándole a empacar unas cuantas cosas.
Mientras, Charlie silbaba mientras se tocaba la barriga, mirando a Edward de reojo.
—Si quiere decirme algo, hágalo, Charlie.
—Eh, yo… —Carraspeó—. ¿Todo bien con mi hija?
—¿Quiere saber si estoy enojada con ella? Pues no, difícilmente puedo enojarme con Bella, sigue siendo mi Ojitos Marrones.
—Lo sé, hijo, pero los hombres enamorados somos estúpidos.
—Y yo lo soy por ella, solo estoy dolido. Espero se me acabe el sentimiento. También siento un grado de frustración, me habría gustado poder darle más que un solo puñetazo a ese… imbécil.
Charlie le dio una palmada en la espalda mientras los mellizos jugaban con la gorra de policía.
—Te dije que le dieras con la pala.
—Lo habría hecho, la verdad.
El padre de Bella suspiró.
—¿Sabes algo? La manera en que vi a mi hija jamás se ha comparado a como la veo contigo, por eso suelo ser como soy contigo —confió. Edward lo miró, muy intrigado—. Llegaste para arrebatarle el corazón a mi pequeño caramelito, sé que una vez que apareciste en su vida, la perdí, ya no es mi hijita, es toda una mujer y tú estás aquí para amarla y cuidarla. Jacob me la destrozó, le quitó autoestima, fuerzas y vitalidad, tú le has bridado todo y por eso sé que no quiero que te vayas de su vida.
Edward sonrió.
—Aquí tiene a Manos Largas, solo necesito recuperarme.
—Tienes más rabia que dolor y eso es comprensible. Cuando mi hija llegó sin nada, adolorida y devastada, me odié y estuve días tan molesto por no haber sido capaz de ir a sacarle los dientes de una patada. Incluso me enojé con ella, ya sabes, por no decirme lo que pasaba. Luego entendí que su proceso es mucho más lento. Bella se encierra en sí misma. Pero, si te soy completamente sincero, es mucho más feliz desde que le mostraste un amor diferente.
—Y por eso me odia —quiso bromear Edward.
Charlie sonrió.
—Sí, Manos Largas. Ya me arrebataste a mi pequeñita, ¿qué más puedo hacer? Eres un buen hombre.
Dejaron de hablar, pues Bella y Renée venían bajando con un bolso con ropa. Edward aprovechó de sacar su llave para encender el coche y al salir, Bella sintió que se le apretaba la garganta.
—Ya se le pasará, cariño —le recordó su madre.
Los mellizos se despidieron de sus abuelos y se fueron de la mano con Bella, quien ayudó a subir a uno de ellos al coche mientras Edward lo hacía con el otro. En el momento en que ella subió, miró a su doctor de perfil, pero no se atrevió a perturbarlo. Él requería su espacio.
Llegaron a casa a eso de las siete de la tarde y los mellizos ya estaban profundamente dormidos. Edward iba a acostarlos, pero Bella pidió hacerlo, instándole a que se fuera a dormir. Les puso el mameluco y los tapó con cuidado, mirando con cariño sus caritas dulces y suaves. Una vez que les besó las mejillas y se fue a la habitación, vio a Edward boca abajo, intentando dormir. Bella se mordió el labio inferior y se quitó el abrigo, para después hacerlo con su blusa y sus pantalones. Se subió a la cama y luego a él, tocando su espalda fuerte y sus hombros duros.
—¿Estás muy cansado? —le preguntó al oído.
Edward abrió sus ojos y suspiró, dándose la vuelta para mirarla. Ella lo encarceló con sus manos a la altura de su cabeza, mirándolo con dulzura.
—Perdóname —insistió.
—Ya lo hice.
—Pero estás tan…
—Solo necesitaba tiempo.
—De verdad lo siento.
Le besó la frente y finalmente se abrazaron. Edward lo hizo con tanta fuerza, que los huesos frágiles y menudos de ella parecían comprimidos por sus brazos.
—Te demostraré cuánto te amo desde ahora en adelante, mucho más de lo que ya llevo haciéndolo, te lo juro —le dijo ella.
—Eres un peligro, Bella. Nunca puedo resistirme a ti.
Le besó la frente.
—Pero quiero verlo, ya sabes, lo que eres capaz de hacer.
—Mucho más de lo que imaginas.
—Te pediría un masaje, pero con tenerte medio desnuda sobre mí ya comienzo a ver que algo crece y estoy tan cansado que no puedo hacer algo al respecto —susurró con los ojos entrecerrados.
Bella sonrió y se alejó.
—Prométeme que mañana lo harás —le dijo al oído.
—Prometido.
Se puso uno de los pijamas que había en el armario y al darse la vuelta lo vio bocarriba, durmiendo plácidamente con una media erección en sus pantalones de pijama. Mañana algo iba a doler.
—Siento haberte hecho daño —susurró, acostándose a su lado y tapándolo hasta la mitad del pecho—. Solo me resta seguir demostrándote cuánto te amo.
Se acomodó sobre él, apagó la luz y cerró sus ojos, disfrutando la vida junto a su Dr. Torpe.
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Bella se había levantado muy temprano en la mañana y se había dispuesto a hacerle un desayuno contundente a su comarca de hambrientos. Edward apareció a eso de las ocho, sorprendido ante el aroma delicioso que expelía de la cocina.
—Buenos días —le dijo, sacando el café de la cafetera—. Mi doctor favorito ya está listo para iniciar el día.
—Vaya, qué buen despertar —afirmó, dándole un beso en los labios—. Aunque a esta altura se me está antojando otra cosa. —Le dio la vuelta y se pegó a sus nalgas, oliéndole el cuello.
Bella quería decirle que no era el momento correcto, pero otra voz lo prefirió así.
—Vaya manera de despertar, cariño —dijo su madre.
Él abrió los ojos de sopetón y se dio la vuelta, mirando a sus padres, que estaban en la mesa del fondo junto a los mellizos.
—Deja en paz a esa chica, por Dios —añadió Carlisle.
—¿Qué haces con mami? —preguntó Ava—. Padeces un pedito.
Edward se sentó junto a ellos con las mejillas sonrojadas y prefirió beberse el café.
—¿Por qué un perrito, cariño? —le preguntó Bella, terminando el desayuno.
—Poque el pedito del vecino se ponía sobe la pedita de ella y así hiciedon bebés. ¿Así hadán bebés, mami?
Edward cerró los ojos mientras Bella se ponía la mano en la frente. Carlisle y Esme no dejaban de reír.
—Olviden lo que vieron con esos perros y conmigo, ¿bien? —ordenó su padre.
Luego de disfrutar del desayuno, Edward se quedó hablando con su padre mientras Esme se acercaba a Bella, que le limpiaba las mejillas sucias a los mellizos.
—¿Todo va bien? —preguntó ella, poniendo sus manos en sus hombros.
Ella se giro y le sonrió con timidez.
—Ya se lo dije —murmuró en respuesta.
La mujer suspiró y sonrió.
—Eso es maravilloso, Bella.
—Se ha enojado. La situación no se dio muy bien.
—Mi hijo no está enojado, está dolido, y a pesar de todo eso es capaz de buscarte sin mirar a su alrededor. —Rio, recordando el incidente—. Tienes que comenzar la terapia.
Ella se mordió el labio.
—Lo haré.
—¿Te parece si vas mañana a mi consulta?
La rápida idea de asistir al psiquiatra la intimidó mucho.
—Edward puede esperarte afuera.
—Lo haré, aunque me cuesta mucho.
—Lo sé. —Le dio un abrazo—. Pero debes tener medicamentos y psicoterapia. Estaré esperándote, ¿de acuerdo?
—Gracias, Esme —respondió.
Cuando ella se alejó con los mellizos, Bella respiró hondo y miró al techo, sabiendo que debía enfrentar por primera vez lo que sería su mayor terror: la terapia.
Miró su teléfono y se dio cuenta de que Alice ya la estaba esperando en la tienda de disfraces para que le ayudara a ordenar los nuevos trajecitos que habían llegado para la nueva venta. Todo iba tan bien que Bella y su amiga estaban recibiendo un buen dinero.
Edward debía ir a una reunión con la jefatura del hospital, o sea su padre, por lo que ella se llevaría a los mellizos a dar un paseo a la tienda, su lugar favorito. Él mismo los llevó hasta el lugar, prometiendo volver en menos de tres horas.
—Dime qué voy a hacer ahora —preguntaba Rosalie, seguramente a una ocupada y agotada Alice.
Su rubia amiga parecía un papagayo.
—¿Qué ocurre ahora? —inquirió, instando a los mellizos a que fueran a jugar hacia adelante.
—¿Puedes creer que esta babosa sigue acostándose con el tonto de tu cuñado? Solo quiere hacerlo sufrir —señaló Alice con su pulgar a Rose, que resoplaba, moviéndose el flequillo.
—Oye, cuéntame eso.
—¡Estoy harta!
—¿De qué? —preguntó.
—De acostarme con él.
Bella se rio.
—¿Qué? Si ya no quieres entonces deja de ilusionar a su pobre pene y olvídalo. ¡Problema resuelto! —respondió Bella, quitándole importancia.
—Es que no es tan fácil.
—Es que no es tan fácil —la remedó Alice—. ¡Reconoce que el zopenco te encanta!
Rose se quedó en silencio y las demás se largaron a reír.
—Eso no es verdad…
—¿Entonces?
—Es que… —Suspiró, tocándose las puntas del rubio cabello—. Es…
—¿No será que te has enamorado de él? —le preguntó Bella, cruzada de brazos.
—¿Yo? ¡¿Cómo crees?! Es… ¡inaudito!
Iba a replicarle que estaba mintiendo, pero el grito ensordecedor de los mellizos le puso los pelos de punta. Ambos se acercaron a ella corriendo mientras lloriqueaban de terror.
—¿Qué pasa? —les preguntó, alejándolos un poco y agachándose para abrazarlos.
—El… monstuo —dijo Noah, sollozando.
—¿Qué monstruo? ¡Tranquilos, estoy aquí! —insistió—. ¿Quieren que vaya a ver con ustedes? Les prometo que no hay monstruos por ahí.
Los tomó a cada uno de la mano y se fue caminando con ellos hacia el fondo, donde se encontraban los disfraces de adultos y de terror más grotesco. El lugar no parecía muy diferente, salvo porque Alice, al parecer, había decidido poner en exhibición con un feo maniquí, el que parecía ser un disfraz espantapájaros muy feo.
—No es un monstruo —les corrigió entre risas—. Es solo un muñeco muy grande, ¿lo ven?
—Se padecen mucho al monstuo que la amiga de papi tenía en casa —dijo Ava, agarrada de ella.
Bella frunció el ceño.
—¿Qué amiga? —preguntó, alejándolos un poco para que la miraran a los ojos.
Los dos se miraron y comenzaron a llorar.
—Ella… la amiga de papi que estaba con nosotos en el bosque —afirmó Noah—. Nos tomó cuando estábamos contigo, mami, y nos dijo que si gitábamos el monstuo iba a buscadnos.
A Bella se le aceleró el corazón.
Esa era Kate.
—Fue en la playa, ¿no? Cuando los perdí.
Los dos asintieron.
—Ella nos llevó hacia un bosque muy feo, ahí estaba el monstuo. Dijo que eda amiga de papi y que si papi sabía lo que pasaba, el monstuo iba a comérselo, y yo no quiedo que se coman a papi —gimió Ava—. Ahoda lo hadá podque te lo contamos, mami, y si lo hacemos él va a venid.
—¿Se los dijo ella? —inquirió con un nudo en la garganta.
Ambos asintieron.
Bella no pudo contener el horror, estaba sin aire, tan ahogada que comenzó a jadear.
Kate se los había llevado, esa mujer…
Se lo iba a pagar, lo juraba por sus pequeños.
Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. ¿Qué me dicen de cómo Edward hizo picadillos a Jacob? Claro que se lo merecía. Lo malo fue que Bella quería decir la verdad, pero su miedo fue más fuerte. Ahora le tocó ver a Edward herido y vaya que sí, es doloroso. Bella tiene muchos miedos, lo digo por experiencia propia, y es que este personaje me resulta enormemente especial. Tener un trastorno de este calibre es... difícil. Hasta hace poco, desarrollé una crisis y esas crisis a veces nos hacen ver la realidad de una manera distinta. En Bella pongo muchas aristas que son parte de mí, y como les dije la otra vez, es super complejo para mí porque me da miedo que me juzguen, porque lo han hecho y de todas las cosas que pueden tocar en una persona, las enfermedades son siempre un punto muy débil. En los siguientes capítulos iré mostrando más cómo son las vivencias de una mujer con TOC, pero también cómo es que este mejora mediante el tratamiento, el acompañamiento y el cariño de quienes te rodean. Edward está dolido, posiblemente eso lo persiga un poco, pero es un hombre increíble que entiende por qué, no juzga. Ahora, Bella prometió que le demostraría todo su amor desde ahora en adelante, más de lo que ya lo hace, y les juro que se viene muy lindo pero también divertido. ¡Los pequeños han hablado! ¡Esto estará bomba! Salió la leona que Bella lleva dentro. ¿Qué creen que hará con esta furia desatada? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Agradezco los comentarios de Pam Malfoy Black, ale173, PatyMC, LadyRedScarlet, SeguidoradeChile, BreezeCullenSwan, Andre22twi, Pancardo, Miss Cinnamon, Belli swan dwyer, sheep0294, ariyasy, Tereyasha Mooz, Vero Morales, Vanina Iliana, ELIZABETH, Liliana Macias, almacullenmasen, NoeLiia, LuAnKa,Coni, selenne88, Robaddict18, Tata XOXO, catableu, Noriitha, GabySS501, Fallen Dark Angel 07, patymdn, llucena928, Twilightsecretlove, Rero96, CCar, rjnavajas, Gis Cullen, Esal, Liz Vidal, kathenayala, Beth, viridianaconticruz, freedom2604, rosycanul10, Brenda Cullenn, DanitLuna, barbya95, calia19, Yoliki, Srita Cullen brandon, Johanna22, Mayraargo25, Elmi, Bell Cullen Hall, eli music love, Pameva, tulgarita, cavendano13, lauritacullenswan, Abigail, carlita16, Joa Castillo, ang3lpop, Car Cullen Stewart Pattinson, AnabellaCS, krisr0405, stella mio, valentinadelafuente, Valentina Paez, Cris, maricarmen92, Nat Cullen, debynoe12, aliceforever85, Valevalverde57, NarMaVeg, josalq, Diana, Kamile PattzCullen, twilightter, AndreaSL, kaja0507, LicetSalvatore, morenita88, Jenni98isa, maribel hernandez cullen, Luisa huiniguir, Tecupi, Milacaceres11039, FlorVillu, lalyrobsten, beakis, martuu341, KRISS95, JossBel Masen, adrianacarrera114, alejandra1987, Bere, Gladys Nilda, piligm, michicullen, LucyGomez, morales13roxy, BellsCullen8, saraipineda44, Santa, Chiqui, Covet, LoreVab, Dominic Muoz Leiva, esme575, katyta94, Claribel Cabrera, EMMA, SeguidoradeChile, Alisaness Cullen, MaleCullen, Elizabeth Marie Cullen, Beastyle, Flor Santana, Veronica, anakarinasomoza, Adriu, Mela Masen, terewee, CeCiegarcia, Alexia Lopez, MariaL8, Fernanda javiera, Diana Hurtarte, VeroG, Bella Nympha, lunadragneel15, Jocelyn, NaNYs SANZ, Ceci Machin, somas, Damaris14, Fernanda21, camilitha cullen, ManitoIzquierdaxd, Dulce Carolina, fernyyuki, monik, liduvina, Charlotte Masen Cullen, Angelus285, jupy, keith86, Aidee Bells, Javiera Alarcon Orellana, Markeniris, Ella Rose McCarty, Salve-el-atun, cary, Mar91, Maca Ugarte Diaz y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, esta historia tiene una parte importante de quién soy y el que dejen su comentario y cariño en ella es como un incentivo para seguir amando lo que tengo dentro, de verdad se los agradezco mucho
Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá
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Cariños para todas
Baisers!
