Capítulo 32

Los días iban pasando y el malhumor de Riddle no hicieron nada más que empeorar. Riddle se pasaba el día encerrado en su biblioteca, sin querer ver a nadie, ni siquiera a sus lacayos, y centrado en sus negocios para así poder olvidar de sus preocupaciones y sobre todo de ella.

Después de varios días, todavía maldecía al recordar la mañana en la que se despertó y descubrió entre sus brazos a Mariene. Él no se acordaba de nada de lo que había pasado aquella noche, solo se había encerrado en la biblioteca a beber para poder olvidar de Hermione. Mariene le había asegurado que había pasado una noche maravillosa y él, muy enfadado, se negó a creerla.

—Puedo garantizar que no ha pasado nada entre nosotros. Ni totalmente ebrio volvería a tener algún tipo de relación contigo, mucho menos sexual.

—Ha sido una noche estupenda y llena de pasión. Aún sé me eriza la piel al recordar todas las palabras que me susurrabas mientras me hacías el amor. Me ha hecho sentir muy especial, mi señor.

—¡Cállate! —Ordenó este—. Vete de mi casa estúpida y no se te ocurra volver a visitarme. Tú ya no eres bien recibida en mi hogar.

Mariene había intentado convencerlo fingiendo sentirse dolida, pero Riddle estaba tan aturdido que no quería saber nada de ella.

Por más que él intentaba entender que nunca tendría nada más entre ellos, ella parecía no aceptarlo. Feliz por haber logrado su propósito, Mariene se marchó, prometió en silencio que volverían a un verso. "Muy pronto."

Por otro lado, por más que trató de buscar una explicación lógica, no logró entender el cambio tan radical que se había producido en la actitud de Hermione y cuyo era lo que realmente le hizo enloquecer. Sabía que tenía algo más que no le había contado, pero Hermione fue tan tajante en su decisión que Riddle había decidido no seguir intencionado. Él era muy paciente, pero como toda persona, también tenía su orgullo. Ahora su único objetivo era sacar de su corazón a Hermione, más aún después de escuchar los rumores que apuntaban a la próxima boda entre el idiota de Malfoy y la mujer a la que amaba.

La noche siguiente de Hermione regresó a su casa y tras haber decidido aceptar casarse con Malfoy, recibió una visita que ella le molestó enormemente.

Malfoy fue invitado por la familia para una cena en su hogar, en el cual decidieron sí se celebraría la boda entre él y Hermione y de ser así, todos los detalles del enlace. Sara se sorprendió mucho cuando supo la noticia y no dudaron en apartar a Hermione de los hombres para que estas les diera una explicación. Ella pensó no hablar de la conversación que tuvo esa mañana con su padre en la biblioteca y se limitó a decir qué decisión era lo mejor para todos, incluida ella. Aunque en el fondo de su corazón, sabía que sería el principio de una vida de infelicidad. Un escalofrío registraba su cuerpo cada vez que recordaba las palabras de Riddle, cuando éste le detenía sus sospechas de que Malfoy maltrataba y mato a las otras. No podría negar que le aterraba la idea de casarse con aquel hombre, pero debería hacerlo.

En cambio, Malfoy se complica excesivamente dichoso. No amaba a la mujer pues su corazón pertenecía a Eris la tenía retenida en la casita del bosque, pero aquel enlace con Hermione, terminaba de destruir a su enemigo Riddle y por ese motivo, simplemente la pena dejar un lado sus sentimientos. Malfoy y el Sr. Tarner decidieron que el enlace se produciría en tres semanas y Hermione asintió resignada, intentando controlar las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.

Cuando aquella noche llegó a la soledad de su habitación, Hermione estuvo como su mundo volcará a caerse encima de ella para aplastarla por completo. Esa sensación la había sentido en varias ocasiones desde la tradición de su ex esposo, pero en aquel momento, el sentimiento se había triplicado. La decisión que acababa de tomar era mucho más dolorosa y peligrosa que todas las demás. Su vida estaba en juego y sus principios de casarse por amor, habían sido destruidos de un plumazo.

—Tenemos que hacer algo por ellos, mi amor —le había dicho Sara a Dolohov cuando había tenido esa noche—. No podemos permitir que Hermione se case con Malfoy. Sé que ella no lo ama.

—Si Hermione ha decidido casarse con él, su motivo tendrá algo pensativo, savia el daño que estaba causando a su señor.

—Tú y yo sabemos que Hermione y Riddle tenían algo por el otro. Ellos son los que tienen que estar juntos.

—Lo siento cariño, pero discrepo en eso. Si tu amiga hubiera amado al Sr. Riddle, habría aceptado ser su esposa, en cambio, lo rechazó sin darle una razón aparente. Riddle ya no es el mismo hombre que conocía, ha cambiado desde que conoció a Hermione ...

Sara le prometió a Dolohov que intenta hablar con su amiga para que le contacte el motivo real que le había hecho rechazar al Sr. Riddle. Ella conocía a su amiga y estaba convencida de que no estaba negada al enlace sin un motivo realmente importante.

El Auror Nelson, que era un hombre muy profesional y odiaba que se quedaran cabos sueltos, sabía que, en relación a aquel dúo de condes, del Sr. Riddle y el Sr. Malfoy, había un asunto grave sin resolver. Su curiosidad y afán por llegar al final de todo lo especificado con él e inmediatamente, fue visitar al Sr. Riddle.

—Buenos días. Volvemos a vernos —saludó el Auro a la elfina.

¿Qué puedo ayudar?

—Necesito hablar con el Sr. Riddle, si es tan amable, ¿puedes pedir permiso para recibirme?

La elfina asintió y fue directo a la biblioteca donde Riddle llevó días encerrado. En un principio, se negó a abrir la puerta, pero cuando la elfina, desde el otro lado de la puerta, le informó que era el auror, le ordenó que lo hiciera pasar.

Rápidamente se colocó bien el cuello de la camisa y se puso la chaqueta. Estaba muy intrigado por la visita del auror. Tras servirle una copa de vino y ofrecerle asiento, el hombre fue directo al tema que los preocupaba.

-, en primer lugar, debo pedirle disculpas nuevamente por haberlo retenido sin ser usted culpable —Riddle asintió—. Por otra parte, él está pensando mucho en algo que está relacionado con usted. Un tema del que escuché hablar con el Sr. de Tarner cuando este fue a visitarlo al calabozo.

—Continúe, por favor —exigió impaciente Riddle.

—Necesito que me cuente todo sobre esa sospecha suya que apunta a que el Sr. Malfoy es el culpable de las muertes de sus esposas.

No tengo pruebas y por ese motivo, prefiero no hablar de ello.

—Le puedo asegurar que, si después tienen ser ser falsas, no levantaremos cargos contra usted. Puede hablar tranquilamente, necesito saberlo para poder ayudar.

Riddle se perdió de su silla y comenzó a caminar por la biblioteca, no era tonto y él savia que era una gran oportunidad si ponía los Aurores de su parte. Por lo menos no fisgonearían sus otros planos. Intentando pensar bien qué le debes contar al detective. Finalmente vio la luz al final del túnel.

Riddle le dio todos los detalles que conoció del matrimonio con una de las chicas y Sr. Malfoy y recordó, el último día que viola la vida, justo un día antes de que muriera. En ese momento fue cuando comenzó a sospechar.

—Hace unos días me encontré por casualidad a Eris, la chica que conoció a la mujer fallecida. Ella prometió ayudarme a desenmascarar a Malfoy porque ella sabe más de lo que dice. Creo que tiene miedo y por eso no quiere colaborar.

¿Dónde podemos encontrar a esa mujer? —Preguntó el auror cada vez más convencido de que el Sr. Riddle tuvo razón.

—Ese es el problema señor. Ese mismo día quedé en encontrarme con la mujer para que ella me contara todo lo que sabía. Aquella noche no pude acudir al encuentro pues me quedé dormido y la verdad no lo entiendo, yo no tuve sueño. A la mañana siguiente, al despertarme caí en la cuenta de que no había ido e inmediatamente fui a aquel lugar, con la esperanza de encontrar a la mujer o alguna nota que me lleve hasta ella.

¿Habia algo? —Preguntó el auror asimilando todo el testimonio.

—En una roca encontró su capa manchada de sangre.

¿Qué hizo con la capa? —Preguntó mirándole a los ojos directamente.

Riddle se disculpó con el auror y subió a su dormitorio, donde había guardado la prenda el armario. De nuevo en la biblioteca, Riddle se entregó al detective para que la examinara.

—La guardia pensando en algún día podría ser de utilidad. ¿Usted cree que puede estar muerta? —Preguntó Riddle fingiendo nerviosismo.

—Es muy probable que alguien la haya matado para silenciarla. No se preocupe, llegaremos hasta el final del asunto. De momento, me llevo la capa.

Cuando se hubo marchado.

Riddle intentó que era el momento de actuar, no podía esperar a que el ministerio se encargara porque todo esto podría afectar a sus futuros aviones. Riddle eligió uno de sus lacayos y le dio una orden.

—Se convertirá en la sombra de Malfoy. Debe seguirlo a todas partes sin que le descubra. Después regrese y cuénteme todo lo que investigue. ¿Me ha entendido? —El hombre asintió—. Cuente con una jugosa recompensa por su servicio. Y ahora marche.

La mejor del callejón Diagón había sido avisada para que viajara a la mansión Tarner inmediatamente y se encargara del vestido de novia de Hermione. Aquella tarde la futura novia estaba rodeada de las mujeres más importantes de su vida, su madre su amiga Sara y Abril. En comparación con el resto de novias, que se siente pletóricas y radiantes ante su eminente boda, Hermione estaba cabizbaja y sin ganas de preparar el evento. Si fuera a casar con Riddle, todo sería diferente. Estaría disfrutando de aquel momento. En cambio, la boda era con Malfoy y eso, la conversión en un verdadero suplicio.

Todas las acompañantes le intentaban aconsejar en el tipo de vestido que debería llevar, los adornos que mejor le quedaban a aquel tono blanco roto que había elegido su madre y si le quedaba mejor el pelo suelto, con rizos o un bonito recogido. Pero todas ellas se contagiaron rápidamente de la pasividad y tristeza que mostraba a Hermione en todo momento.

—Cariño, ¿estás segura de casarte? —Preguntó su Sara en un susurro casi mudo—. Porque si no es así, te vuelvo a ayudar a escapar —bromeó para que su amiga se relajara.

—Es lo mejor Sara.

—Sabes lo que pienso de ese hombre y creo que te estas equivocando, pero tengo mucho afecto y todas las decisiones que tomes, serán respetadas por mí.

Hermione asintió y abrazó a su amiga intentando controlar sus lágrimas. Ella también sabía que aquella boda era un error. El más grande de todos los que había cometido en su vida. Pero cada vez que miraba a su madre, se disipaban todas las dudas. Nadie más volvería a criticar a la mujer a la que adoraba como a ninguna.

Malfoy aprovechó que aquella tarde no podría visitar a su prometida, para ir a la cabaña del bosque a ver cómo se vio Eris, sin ser consciente que, desde hace varios días, un par de ojos se convirtieron en su sombra silenciosa. Llevaba un par de días sin ir y la verdad era la echaba de menos. El médico le había asegurado que el estado de Eris era favorable, apenas tenía fiebre y la herida estaba comenzando a cicatrizar. Para que no se escapara, Malfoy les había pedido a sus elfos que la ataran a la cama. No podría correr más riesgos.

—¿Cómo estas estas, querida — pidieron Malfoy con la voz más dulce que él hubiera usado nunca?

—¡Te detesto! No sabes cómo deseo que te pudras en el infierno —gritó encolerizado intentando hacer fuerza para soltarse las manos.

—¡Qué buen recibimiento, mi amor! Yo también te he echado de menos.

Malfoy se acercó a la mujer, aflojándose el nudo de la corbata y con una gran sonrisa en el rostro, se envió sobre la cama y controla su boca a los carnosos labios de la mujer. La chica movía la cabeza de un lado a otro para evitar que él la besara, mientras que lo maldecía con todo el odio de su corazón. Malfoy agarró la cara de la mujer entre sus manos con fuerza y la obligó a detener sus movimientos, posó sus labios en los de ella y le regaló un tórrido beso. Una arcada se apoderó del cuerpo de la mujer y con toda la rabia que guardaba en su interior, aprovechó que la lengua del desgraciado se adentraba en su boca para atraparla con sus dientes. Malfoy se retiró rápidamente, se llevó la mano a la boca y descubrió un hilo de sangre saliendo de ella.

—¡Maldita zorra! —Exclamó con el rostro desencajado por el dolor, dándole una bofetada.

—Ahora sí cariño, yo también te he echado de menos éxito ella con ironía y una sonrisa de satisfacción.

—Mi señor ... —el elcacayo de Riddle interrumpió la reunión con uno de sus mortifagos—. ¡Lo tenemos! Sé dónde tiene escondida a la mujer.

—¿Cómo dados? ¡Explíquemelo todo!

¿De qué mujer habla, mi señor? —Preguntó Dolohov totalmente confundido.

—De Eris. Mandado a uno de mis seguidores a seguir al desgraciado de Malfoy día y noche —le respondió casi sin mirarlo—. ¡Dime, dónde está! —Ordenó.

—Hace un par de horas Malfoy ha salido de la mansión Malfoy para dirigirse a la casa de un médico. Tras una reunión de media hora, y lo siguió hasta el bosque. Al principio pensaba que había descubierto y que estaba tendiendo una trampa.

Ante mis ojos apareció en la lejanía, semi oculta por los árboles, una pequeña casa de madera. Malfoy ha entrado en el interior de la cabaña.

¿Y cómo sabes qué está allí, Eris?

—Me asomó por la ventana trasera con cuidado y vio a una mujer atada a una cama, discutiendo con él. Creo que es ella, pero no estoy completamente seguro porque nunca antes la había visto. Pero si no fuera de ella, tiene una muestra de una mujer.

Riddle comenzó a pasearse por la biblioteca, intentando pensar en su siguiente movimiento. No podría correr el riesgo de ser descubierto y tampoco podría poner en peligro la vida de la mujer. Debía actuar con cautela.

¿Y ahora qué vas a hacer mi señor? —Preguntó Dolohov—. Si el departamento de aurores llega a enterarse. Tendremos un problema, mi señor.

—Esto es una cosa mía y yo seré quien desenmascare a ese malnacido. ¡Al precio que sea! ¡Lo juro!

Dolohov habían intentado por todos los medios que su señor razonara, para que no fuera de la casa del bosque. Si Malfoy se encontró descubierto por su peor enemigo, no le temblaría el pulso a la hora de matarlo. Dolohov quiso acompañar a su señor, pero este se negó rotundamente. Tenía una cuenta pendiente con Malfoy y sé la paga pagar sin poner en riesgo a sus mortifagos, sin otro papel más importante que atender.

En lo único que no pudo rechazar la ayuda fue con uno de sus mortifagos, pues solo él sabía el lugar exacto donde estaba la cabaña dichosa. Nervioso, pero a la vez entusiasmado, Riddle siguió a su mortifago hasta aquel bosque. Era realmente de noche y agradecíamos que habría luna llena y les iluminara el camino.

—Bien hecho, Bas serás recompensado. Ya puede regresar — ordenó con rotundidad.

—Pero señor, es peligro ...

—Obedece la orden —le interrumpió Riddle—. Si el plan no funciona ... ya sabes lo que tenéis que hacer.

CONTUNIARA ...