Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.
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Capítulo 19:
Una eternidad
"Sentiré el miedo por ti
Lloraré tus lágrimas
Haré todo lo que pueda para hacerte sentir cómodo
Incluso si me caigo cuando no estés cerca
No te preocupes por mí…
(…) Y si me levanto, nos levantamos juntos
Cuando yo sonría, tú sonreirás
(…) Escalaré las montañas que enfrentas
Haré esto en tu lugar
Haría cualquier cosa para pasar por eso con tal de que tú no
(…) No te preocupes por mí…"
Miró la fotografía de Santa Mónica. No recordaba lo bien que se veía en aquellos años. Su sonrisa era genuina. Edward la sostenía con la playa detrás, mirándola con profundo amor, uno que aún no sabía que existía entre los dos.
Recordarlo le hacía enormemente feliz.
—¡Qué guapo! —exclamó su nieta, o bueno, bisnieta.
Era la más cercana. Le recordaba tanto a su "yo" del pasado. Rebelde, pero dulce, obstinada y tremendamente inocente.
—¿Y te extraña? Tu abuelo y tu padre sacaron sus hermosos ojos verdes. —Suspiró—. Mi sheriff —susurró, volviendo a llorar, extrañándolo.
Cuánto lo necesitaba.
Su nieta la abrazó y le besó los cabellos morados y canos, cobijándola y tranquilizándola, pero Isabella no dejaba de sentirse completamente sola sin él.
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—Edward —soltó, sollozando con tanto dolor que su garganta dolió ante los gritos que salían de su boca.
No quería un mundo sin él, no lo toleraba. ¡Iban a tener un bebé, maldita sea! ¿¡Por qué no podía quedarse a su lado!? ¿Por qué tenía… que pasar esto?
—Edward —insistió, besándole la frente.
A los segundos de aquel acontecimiento, las fuerzas policiales entraron al oculto lugar desconocido y apresaron tanto a Mike como a James, que estaban muy malheridos.
—¡Ayuda, por favor! —exclamó, mirando a los demás.
Varios se acercaron y auxiliaron a Edward, que aún no reaccionaba. Ella no quería dejarlo, no quería perderlo, ¡lo amaba y no podía aceptar que él…!
—Bella —jadeó, aún sin abrir sus ojos.
Ella intentó respirar, pero el llanto no se lo permitía. Tenía su mano puesta contra su abdomen para detener el sangrado.
—Estoy bien —afirmó, buscando su rostro con sus manos.
Él se abrió la camisa y mostró un chaleco antibalas. Bella pestañeó, paralizada.
—Solo son heridas leves, pero vaya que golpea fuerte, ¿eh?
Comenzó a reírse mientras Bella lo abrazaba, volviendo a llorar, esta vez con rotunda alegría.
—Te asusté, lo siento —susurró—. Al menos ya nadie va a hacerte daño. Temía venir tarde.
—Llegaste en el momento correcto —gemía Bella—. Te amo. Gracias por estar aquí, por…
—Yo también te amo —respondió, acercándola más para abrazarla.
Cuando Edward sintió su perfume, cerró sus ojos con paz y mucha tranquilidad. Estaba bien, su ladrona y su hijo no volverían a pasar por nada más.
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Edward estaba en la cama para recuperarse de las lesiones de su jugada heroica. Bella estaba a su lado, velando su sueño, mirando sus pestañas, su cabello, acariciando sus manos y luego su barbilla. No sabía de qué manera expresar lo feliz que estaba de ver que se encontraba bien.
—Oh, cariño, ¿por qué no vas a comer algo? —le preguntó Esme, entrando a la sala.
—Quiero seguir a su lado —respondió con una suave sonrisa—. No me atrevo a separarme de él.
La madre de Edward sonrió y se acercó.
—Mi esposo está haciendo todos los contactos con la fiscalía. No dejaremos que un imbécil como James le quite todo lo que ha logrado como sheriff. ¿Sabes que el periódico publicó la salvada heroica de Edward?
—Vaya… —dijo—. Pero… ¿sabes que yo soy…?
—Te aseguro que lo que importa es que le ha salvado la vida a una mujer que estaba secuestrada por un policía y uno de los narcotraficantes más grandes del condado. Lo demás no interesa, eres inocente, cariño —susurró, dándole un abrazo contenedor.
Le parecía tan real su apoyo que le hizo recordar las veces que, sin quererlo, extrañaba a su abuela, pero también a su madre. Hacía mucho no pensaba en esta última, no de la manera en la que lo hacía ahora.
—No quiero que Edward pierda su lugar en el condado, ha hecho siempre cosas buenas por su pueblo —aseguró ella, acariciando su mano.
—Pero también le importas tú. Verás, cuando encontramos el verdadero amor, lo que más queremos es cuidar a esa persona, así a veces nos perjudique de alguna forma. En ocasiones, no estoy de acuerdo con eso, especialmente cuando somos las mujeres las que debemos hacer sacrificios mientras nos maltratan, pero en este caso, creo que el amor es puro, es correcto y es felicidad, para lo demás… mi hijo recibirá lo que merece, una mujer que lo adora y un pueblo que lo seguirá respetando.
Bella se sintió tranquila. Esperaba que su pueblo no olvidara todo lo bueno que hizo por ellos. Era un buen sheriff… si no, el mejor.
Cuando se quedaron a solas, Bella tomó la mano de Edward y se la acercó al vientre, a la espera de que despertara.
—Bella —la llamó, abriendo sus ojos con lentitud.
Ella le sonrió.
—Aquí estoy —afirmó.
—¿Nuestro hijo está bien?
—Mejor que nunca.
Acercó su mano a su ladrona y le acarició las mejillas con suavidad.
—Tenía tanto miedo —le confesó, jugando ahora con sus labios—. Por ti, por el bebé… —Suspiró—. Jasper me recordó que llevara el chaleco, supongo que no me importaba dar mi vida por ustedes.
Bella arqueó las cejas y se apoyó con suavidad en su pecho.
—Pero yo no quiero estar sin ti.
—Lo sé, lo siento, a veces tiendo a creer qué es lo mejor para ti y me equivoco. Perdóname.
—No me pidas perdón. —Sus ojos lloraron y se volvió a acomodar sobre él—. Eres mi héroe, siempre lo fuiste, desde el comienzo. A pesar de que soy una patea culos desde que estoy en las calles, a veces no es suficiente…
—Mi patea culos favorita —susurró, buscando sus labios para besarla.
Ella se rio y siguió a su lado, demasiado aliviada de verlo bien luego de tantos temores. La sensación que había tenido al verlo disparado no se comparaba con nada y de solo recordarla le daba escalofríos.
Edward recibió el alta unas horas más tarde. El fiscal esperaba para tener una larga conversación, por lo que Bella se alejó, muy temerosa. Los padres de este estaban a su lado, aguardando a que las cosas funcionaran.
—Me alegro saber que después de todo estás bien —dijo el hombre, palpando el hombro del sheriff.
—El chaleco me salvó la vida de alguna manera —respondió.
—Pues te felicito, todo esto saldrá en el periódico, es una excelente campaña, ¿eh?
Edward no estaba tan feliz. Parte de esa "campaña" era haber visto cómo querían asesinar a la mujer que amaba. No, no veía ventajas del asunto.
—Ella…
—Es inocente —afirmó.
El fiscal asintió.
—Confío en tu criterio, eres el sheriff y James se aprovechó del asunto. Es notorio cuáles eran sus deseos con respecto a la chica. Imagino cómo debe de sentirse en estos momentos.
—Requiero más tiempo para concluir la investigación, todo fue manchado por un oficial corrupto y necesito volver a armar las cosas para asegurar que los culpables fueron el oficial James y Newton.
—Estoy de acuerdo. Solo… tendrás compañía de nosotros para asegurar que todo el proceso sea prolijo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Se dieron la mano y finalmente se despidieron. Cuando Edward regresó con Bella, él le dio una sonrisa tranquilizadora y se abrazaron.
—Todo va a estar bien, nadie te llevará a ningún lado —le aseguró al oído.
Bella respiró hondo y pudo respirar con calma.
—Sabes que yo no lo permitiría, soy el sheriff, sigo estando yo al mando.
—Siempre estoy a salvo contigo.
—Nunca lo dudes.
—Tu trabajo…
—Nadie me quitará del cargo, tenlo por seguro —respondió—, solo espero poder despedirme de él como es debido, ya que veo muy difícil que pueda volver.
—Pero…
—Tranquila. —Le besó la frente—. No me importa si es así, dejaría todo por ti.
El labio inferior de Isabella tembló.
—Ahora, debemos volver a casa, quiero que descanses —finalizó, abrazándola y volviéndose hacia sus padres.
—Te amo, sheriff —dijo ella.
—Y yo te amo a ti, Ladronzuela, y a nuestro pequeño. —Le acarició el vientre con cariño.
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Bella sentía que tocaban a su puerta y ella inmediatamente abrió sus ojos. Cuando vio la hora, se sorprendió de lo mucho que había dormido. Edward no estaba a su lado, así que se levantó y al caminar notó que había voces desde la sala. Al asomarse, su impresión fue tal que se quedó por varios segundos perpleja, mirando a sus padres, que no veía hacía más de cuatro años.
Charlie fue el primero que la notó y enseguida se levantó del sofá, mirándola con los ojos llorosos. Renée se dio cuenta de lo que sucedía y sin esperar mucho, acortó la distancia entre las dos, queriendo abrazarla.
—Bella —gimió, estrechándola con mucha necesidad, nostalgia y sí, con un llanto desgarrador desde el interior.
Amaba a su hija, la había buscado por años. ¿Cuánto había esperado encontrarla, aterrada de que fuera sin vida o irreconocible?
—¿Qué haces aquí? —susurró, mirándola a los ojos—. Es mejor que…
—Por favor, no nos eches de tu vida, ha sido demasiado tiempo, perdónanos, te lo suplico —sollozó la mujer, desesperada—. Estoy limpia desde que te marchaste…
—Cariño, despacio —le dijo Charlie, tomándole el hombro con suavidad—. Hija, para tu madre y yo ha sido demasiado difícil sobrellevar este tiempo sin ti. No sé de qué manera pedirte perdón, pero es algo que necesitamos hacer. Te amamos, Bella, lo hacemos desde el primer día que llegaste a nuestras vidas, sin ti ha sido difícil… —Su voz se quebró.
Bella miró hacia el suelo y Edward notó que estaba muy abrumada, por lo que se acercó, pasó su brazo por sus hombros y la abrazó para darle apoyo.
—Escúchalos —le susurró al oído—, los necesitas tanto como ellos a ti.
Ella asintió y le sonrió.
Miró a sus padres y solo se acercó a abrazarlos, sin pedir más explicación y sin esperar que siguieran pidiendo perdón, Bella tampoco quería seguir arrastrando el dolor del rencor, no con sus padres, ahora que iba a tener un bebé quería aprender de ellos, sobre todo de sus errores. Ya los había castigado suficiente y, con ello, se había acabado castigando a sí misma. Ya no era justo, necesitaba mejorar, y mejorar era perdonar.
—Gracias por buscarme —les susurró, separándose para mirarlos a ambos—. Sí los extrañé —confesó—. Tengo tantas cosas que decirles, cometí errores, hice cosas que no debí…
—No es necesario, Bella —le aclaró su madre, tomándole las manos—. Solo quiero a mi hija.
Ella sonrió y volvió a abrazarlos, sintiendo el comienzo de su sanación. Su hijo necesitaba venir en paz.
—Bella… Hay algo que necesitamos decirte antes que pase más tiempo —susurró Renée, inquieta.
Frunció el ceño.
—¿Qué pasa? —inquirió preocupada.
—Es tu abuela, cariño, está agonizando.
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Bella no creyó que iba a volver a Malibú de esta manera. Pensaba que lo haría con alegría, cargando a su hijo y con Edward, dispuesta a presentárselos a su abuela. Nada de eso iba a suceder. Mientras se encontraba en el avión, su sheriff la sostenía para que llorara, angustiada ante el tiempo que había pasado sin poder estar a su lado. Las horas pasaron y el vuelo le resultó una eternidad, la llegada se dio a eso de las siete de la tarde, por lo que el cielo ya estaba en completa oscuridad.
Ella estaba en silencio, recordando su infancia, su felicidad y la total añoranza de ver a su segunda madre. Se sintió ingenua al creer que esas cartas serían leídas por ella, que cada expresión y noticia iba a saberlas. Si tan solo hubiera esperado más tiempo, probablemente jamás la habría visto con vida…
Cerró sus ojos y Edward notó su dolor, por lo que la volvió a envolver, besando sus cabellos.
Llegó a la casa de su abuela, un chalé inmenso pero acogedor frente al mar que la vio crecer. Cuando entró, vio a la antigua ama de llaves, que enseguida la reconoció. Tocó las paredes de la sala, tomó algunas de las fotografías y se quedó unos segundos disfrutando del característico aroma a galletas. Fue como volver a ser la pequeña Isabella.
Su abuela estaba en su habitación, siendo cuidada por su enfermera personal. Verla tan delgada le hizo sentir mucho dolor. Edward se quedó afuera, quería darle el espacio, por lo que ella entró para despedirse, parecía que no iba a irse hasta que ella estuviera ahí.
—Abuela —exclamó, sentándose a su lado.
La abuela Marie era una mujer sencilla, dulce, pero de fuerte carácter. Nunca dejaba su collar de perlas, incluso en la cama.
Cuando escuchó la voz de su nieta, la mujer la miró y sonrió, iluminando cada una de sus expresiones.
—Mi pequeña Bella, ¡estás aquí! —dijo. Estaba débil, pero hacía su esfuerzo.
—Lamento haber llegado tan tarde —susurró ella, acostándose con suavidad en su regazo.
—Nunca es tarde, cariño, ¿cómo va a serlo si tendrás un bebé y un hombre que te ama? —inquirió, sorprendiéndola—. El tiempo que te tomó llegar hasta aquí rindió sus frutos, ¿no lo ves?
—Leíste las cartas —musitó, emocionada y a punto de llorar.
Su abuela le acarició las mejillas y asintió.
—No pude responderte porque quería que estuvieras ahí, con tu familia, esa que decidiste formar, y bueno, porque ya como estoy me es muy difícil hacerlo. —Suspiró—. Estoy tan feliz de verte tan adulta, hermosa y capaz. Ahora puedo irme tranquila, sabiendo que eres la mujer que siempre soñé ver en ti.
El llanto de Bella aumentó y su abuela le quitó las lágrimas de la cara.
—Siempre estaré contigo, así como te acompañé estos cuatros años en los que no pudimos vernos.
—Quería estar contigo…
—Lo sé —la interrumpió—, pero debías crecer y aprender. Ahora que serás mamá y tendrás a un pequeñito, quiero que aprendas de los errores de tus padres. No somos perfectos, mas está en ti no caer en ellos con tu hijo. —Siguió sonriendo—. Eres grandiosa, cariño, siempre lo fuiste, dibuja, crea… Siempre has sido una artista, ahora tienes el momento ideal para continuar con tus sueños, no los dejes, ¡eres fantástica! Lo que hiciste en un pasado no puede continuar en el futuro. Y recuerda siempre, eres amada, eres querida, eres… nuestro gran tesoro junto a Hugo. —Su voz se quebró y sus ojos comenzaron a perderse—. Siempre estaré contigo, tesoro, cuando me necesites, ahí estaré. Te amo, cariño.
—Y yo a ti, abuela… Gracias por estar siempre conmigo. Solo… te necesito, quiero que veas en lo que me convertí, lo que haré a futuro… Quiero que conozcas a Edward, es un sheriff…
Ella rio.
—Qué buen gusto tiene mi nieta —aseguró, mirando ahora al techo—. Pero no necesito verlo para saberlo, así como tampoco necesito estar presente en el futuro, sé que todo lo lograrás, porque eres la chica más inteligente de este mundo. Nunca lo olvides.
Bella gimió cuando vio cómo su abuela se fue apagando poco a poco, hasta que finalmente murió en sus brazos. Ella se quedó abrazándola y besándola por varios minutos, queriendo un tiempo más a su lado, aunque fuera un segundo. Pero eso ya era imposible, porque la abuela Marie había decidido partir junto al pequeño Hugo, ahí, donde ella imaginaba que podrían seguir siendo completamente felices.
—Gracias por todo, abuela, por ti, por mí y por mi familia, haré realidad mis sueños —susurró, acariciando sus mejillas y besando por última vez su frente.
Al menos había podido llegar a Malibú como se lo prometió.
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Bella se levantó de la cama con muchos mareos. Era bastante temprano y seguía teniendo sueño a pesar de todas las horas que había dormido. Miró hacia abajo y vio su barriga, que era pequeña pero redonda. Ya tenía treinta semanas, lo que sin duda era más increíble de lo que ella podía pensar.
Sentirse libre había sido parte de una profunda reflexión interna. No solo lo era porque no tenía cargos en su contra, sino porque ya no dudaba de sí misma, ya no sentía que era simplemente ella y nadie más. Ahora tenía una familia.
Miró la costa de Malibú, sonriendo ante la bondad de la casa de su infancia, lugar que su querida abuela le cedió con el fin de que ahí cumpliera parte de sus sueños. La extrañaba como nadie, pero era un duelo que llevaría consigo.
Mientras contemplaba el horizonte en medio de sus vacaciones, apoyada en el balcón mientras canturreaba, acariciando a su pequeño, una mano curiosa le rodeó las caderas. A ella se le unieron sus labios, que se acomodaron en su cuello en una sonrisa divina.
—Ya despertaste —le dijo su sheriff, disfrutando de su aroma.
Ella sonrió y se acomodó en su calor, tan enamorada como siempre. O mucho más.
—Tengo un loco en el vientre, es imposible que quiera hacerlo por más de tres horas seguidas.
—Creo que se parece un poco a mí.
—Oh, de eso estoy totalmente segura. —Se rio y dio la vuelta para mirarlo.
Edward le acarició las mejillas y luego el vientre, disfrutando de su hijo y de su gran amor. Su ladrona, tan hermosa como nunca, le había robado el corazón y nunca iba a devolvérselo, eso ya lo sabía.
—Ha sido un largo camino junto a ti, pero también está recién comenzando. —Sonrió al sentir los movimientos de su hijo—. Quiero estar contigo en lo que viene, prométeme que así será.
Ella sonrió y se apegó a su pecho.
—Jamás haría lo contrario, sheriff.
Edward suspiró, le besó la coronilla y luego los labios.
A los segundos, sonó el timbre. Ambos se rieron.
—¡Ay, adoro la playa! —exclamaba Alice, tomándole la corbata a su nuevo gran amor, Jasper.
Él simplemente la miraba usar su escotado vestido, disfrutando de las bondades de su belleza. Estaba loco por ella.
—¡Sorpresa! —dijeron ambos—. ¡Vacaciones en pareja!
Mientras ellos se acomodaban en la casa, el teléfono comenzó a sonar, por lo que Bella se acercó para responder. Cuando recibió la noticia, se tuvo que sujetar un momento de la pared ante la impresión.
—¿Qué ocurre, cariño? —preguntó Edward, frunciendo el ceño—. ¿Pasa algo con el bebé? ¿Te duele?
Ella negó, colgó y respiró hondo.
—Edward —dijo, creando tensión—. Eres nuevamente el sheriff del condado.
Él pestañeó y se quedó unos segundos pasmado. ¿Nuevamente? ¿O sea que… la gente había decidido que lo querían en el cargo otra vez?
—¡No puedo creerlo! —vociferó Jasper mientras Alice sonreía de alegría.
—Vaya —fue lo único que salió de sus labios—, ellos creen en mí.
Bella se rio y asintió.
—Tanto como yo creo en ti.
Edward corrió hasta su ladrona y la envolvió en sus brazos, alegre, realizado y sintiendo que todo el recorrido tenía su merecido.
—Eres todo lo que el condado necesita.
—¿Aún si convivo con la ladrona de mi corazón?
—Aún si convives con la ladrona de tu corazón.
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Caminaron por la orilla de la playa, alejándose de Alice y Jasper, que solían ser aún más apasionados que ellos. Recorrieron un par de metros tomados de la mano, disfrutando de la noticia.
—¿Sabes algo?
Ella se giró a mirarlo.
—Nunca tuve tanto miedo como aquella vez en la que vi a Mike a punto de dañarte —musitó, volviendo a recordar—. No se asemejaba a nada, quería… Iba a darlo todo por ti.
—Edward…
—Ahí descubrí que no quiero una vida sin ti, que cada paso que quiero dar en este mundo, lo quiero contigo. —Le besó la mano y frenó frente a las olas—. Nunca será suficiente, aunque pasen los años, se vea el transcurso del tiempo en nuestra piel, en nuestra personalidad y en nuestros hijos. Te quiero feliz, quiero que tengas el hogar que mereces, conmigo, con nuestro pequeño y en mis brazos. Prometo hacerte la mujer más afortunada del mundo, porque te amo, Bella, te amo como jamás amaré a nadie.
Bella arqueó las cejas y lo besó, cerrando sus ojos ante las emociones que sentía estando a su lado. Claro que quería cada momento a su lado, tal como él, porque era su hogar, su familia y su compañero, el que estaría con ella para siempre.
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Isabella miraba a la misma playa con la nostalgia de aquellos momentos, sintiendo la angustia de su ausencia. No podía evitarlo, esos años que llevaban juntos nunca parecían suficientes. Era inevitable que quisiera llorar, sobre todo cuando ya no había nadie en su habitación.
—Edward —susurró, bajando la mirada hacia su brazalete, el que llevaba ahí más de cinco décadas.
—¡Ya sé que no debo correr! —gruñó una voz desde el fondo.
Bella levantó las cejas, corrió su cabello, se cerró la bata y bajó de la cama.
—Ah, claro, lo dices como si no hubiera sido sheriff por tantos años —añadió.
—Papá, ya basta de gruñir…
—¿Bella? ¿Cariño? ¿Dónde estás, mi ladrona?
El corazón de ella comenzó a latir con fuerza y en cuanto abrió la puerta, se encontró con su sheriff, guapo como siempre aunque tuviera ya noventa y un años. Era un divino hombre, del que no dejaría de enamorarse más y más.
—¡Edward! —exclamó, poniéndose una mano en el pecho.
Él la buscó con sus desgatados ojos verdes y le abrió los brazos con una inmensa sonrisa. Bella corrió como si fuera la misma chica de veintidós y lo abrazó con todas sus fuerzas, ocultando su rostro en su pecho, oliendo ese perfume que llevaba a su lado tanto tiempo.
—Te extrañé tanto —dijo ella, poniéndose a llorar.
Nunca estaban mucho tiempo separados, era difícil para ambos estar en esa posición, como si el tiempo se detuviera.
—Y yo, cariño —respondió Edward, acariciándole las mejillas—. Si hubiera sabido que ir con Jasper a esa reunión de amigos en Los Ángeles tardaría tanto tiempo, no te habría dejado aquí, menos con este resfriado. Alice también te extrañó.
Ella sonrió.
—¿Le diste mis saludos?
—Como siempre. Solo espera que el próximo año no estés pasando por otro resfriado o no iré, te lo prometo.
Bella suspiró y lo besó, sintiendo lo mismo de siempre, un estremecimiento en el vientre y el calor desde la punta de los pies hasta la cabeza.
—Da un paseo conmigo —le dijo.
—Siempre —respondió él.
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Ellos miraban cómo jugaban sus bisnietos, sus nietos y sus hijos, cerca de la casa de su querida abuela Marie, en el gran espacio de la arena. Era un lugar lleno de recuerdos. Edward le tomaba la mano y se la besaba, mirando sus anillos y el brazalete. A ratos rememoraban algunos momentos divertidos, pero también los más pícaros, llenos de pasión y romance.
—No soporto mucho tiempo sin ti —le dijo Edward, acariciándole su cabello de sirena.
Ella le regaló una sonrisa dulce y luego le guiñó un ojo.
—Bueno, la que pasaba llorando y extrañándote era yo.
—Oh, cielo, no quiero volver a hacerlo. El tiempo es tan frágil ahora, yo ya estoy viejo…
—Y yo también. Sabes que partiré contigo cuando Dios lo quiera.
Edward sonrió.
—¿Al menos pintaste algo? Dime que sí, porque varios quieren tus cuadros.
Bella acabó carcajeando.
—No puedo cuando estoy triste.
—Oh, bueno, ahora estoy aquí y ya no me marcharé.
Se detuvieron abrazados, mirando el horizonte y disfrutándose ambos.
—Es increíble, ¿no? Un sheriff se enamoró perdidamente de su ladrona. Cualquiera diría que es un caos.
—¿Y no lo fue?
Edward carcajeó.
—Lo fue, pero lo volvería a vivir mil veces. Esta es una historia que nuestros hijos, nietos y bisnietos deben saber.
—Oh, vamos, sheriff, ¡ya se lo hemos contado cientos de veces!
—Y seguirá siendo así, porque mi corazón ha sido tuyo desde el primer momento —afirmó Edward, tirando de su barbilla.
—Y llevo arrestada felizmente por más de cincuenta años.
Él sonrió con ese encanto que nadie iba a quitarle y la besó, tal como el primer día, porque el amor no se disipaba, no se iba, no mermaba, era único y sabían que así sería para toda la eternidad.
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FIN
Buenos días, les traigo el último capítulo de esta historia. Quiero agradecer enormemente el apoyo que me han dado. Escribir a este Edward sheriff y a esta Bella que comenzó como una ladrona, me hizo pasar por mil cosas a la vez, principalmente porque al comienzo fui acusada de manera injusta de haber plagiado una historia que no conocía y que por supuesto, no había leído jamás; fue triste, porque apenas era el prólogo, no decía más que unas cuantas palabras, sin comenzar siquiera. Aún así, muchas estuvieron presentes, le dieron una oportunidad sabiendo que yo jamás iba a cometer algo como eso, porque sabemos de donde viene esa carga tan grande de malos actos. Finalmente, pude mostrarles que lo que hago, lo hago siempre con todo mi cariño, con entrega, pensando en ustedes, en mí, en lo que amo y queriendo dar mensajes positivos hacia ustedes, todo lo que sale es de mi cabeza, no necesito hacer esas cosas. Gracias infinitas por leer, dejar sus impresiones y su cariño, gracias por acompañar a estos personajes tan fuertes, con un viaje constante entre el pasado y el futuro. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Agradezco los comentarios de BellsCullen8, CazaDragones, LuAnKa, Ferny, Pancardo, BreezeCullenSwan, ariyasy, Beli swan dwyer, lunadragneel15, SeguidoradeChile, Nicole 19961, stella mio, rjnavajas, Fernanda Javiera, rosycanul10, Pam Malfoy Black, Kamile Pattz Cullen, Fallen Dark Angel 07, selenne88, AnabellaCS, Santa, Pameva, fernyyuki, Josi, blueorchid02, Mela Masen, Vanina Iliana, Valevalverde57, krisr0405, cavendano13, iza, CCar, morales13roxy, ELIZABETH, freedom2604, Reva4, A Karina s g, Luisa Huiniguir, Keith86, morenita88, Liliana Macias, Tata XOXO, alyssag19, Noritha, Tereyasha Mooz, Ivette marmolejo, indii93, Rero96, ale173, Johanna22, joabruno, JMMA, Veronica, Lau Rivera, Kathlen Ayala, Brenda Cullenn, Liz Vidal, sheep0294, Coni, Lore 562, almacullenmasen, Esal, monze urie, Eli mMsen, calia19, patymdn, viridianaconticruz, Maribel hernandez Cullen, Valentina Paez, anaiza18, debynoe12, Gladys Nilda, saraipineda44, Srita Cullen brandon, Wenday 14, Melany, MariaL8, alejandra1987, NarMaVeg, Miranda24, beakis, Cris, Adrianacarrera, GabySS501, Heart on Winter, Flor Santana, jupy, luisita, Dominic Muoz Leiva, camilitha Cullen, Majo, Lys92, Valentinadelafuente, esme575, Andre22twi, LoreVab, piligm, Ceci Machin, ELLIana11, jroblesgaravito96, miop, Bell Cullen Hall, Erika, Bealnum, Elizabeth Marie Cullen, somas, ManitoIzquierdaxd, DanitLuna, Robaddict18, Milacaceres11039, Aidee Bells, Naara Selene, Smedina, Joa Castillo, Anilu Belikov, damaris14, dana masen Cullen, Claribel cabrera, bbluelilas, FlorVlillu, Ilucena928, twilightter, Nancygov, Jocelyn, Yoliki, LUZ C C, Rose hernandez, Mayraargo25, Hanna D L, nydiac10, isabellacullens swan, barbya95, LizMaratzza, BellaNympha, Desiblack, YessyVL13, Gibel, carlita16, Salve el atun, catableu, claribel cabrera 585, lauritacullenswan, Fernanda21, lucylucy, jenni317, Gan, Markeniris, Adrianacarrera, Rose Hernandez, Angelus285, Jackie rys, AndreaSL y Guest, espero volver a leerlas en lo que viene, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que tiene su cariño, su entusiasmo, de verdad muchas gracias
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