Epílogo

El crepúsculo era una hora mágica.

Los niños estarían afuera, correteando descalzos por los senderos y llenando el aire con sus risas y chillidos mientras su madre vigilaba a la más pequeña, un diablillo de pelo negro azulado de andares tambaleantes y un pícaro brillo en sus ojos azules, que encontraba gran placer en arrancar las flores del jardín apenas su madre acababa de plantarlas.

Naruto subió hasta su dormitorio para dejar su espada antes de reunirse con ellos en sus juegos pero, como hacía siempre, se detuvo unos instantes frente a la ventana para echar una mirada más allá de la muralla.

Apenas fueron derribadas las ruinas habían brotado los primeros brezos, y ahora la pradera estallaba en vívidos y gloriosos colores, un tributo adecuado, en opinión de su esposa, para el hombre que había desaparecido tiempo atrás.

El aroma de la miel se mezclaba con el sonido de las risas;

Señor, ¡qué alegría estar en casa!

FIN

La historia es de Julie Garwood y se llama "La boda"