Con el paso de los días por fin se asientan los humos de la pelea y pueden verse los resultados. Emilie logró escapar de la mansión junto con su hijo, Gabriel está enfrentando a la justicia, ya se saben varias identidades secretas y Marinette comienza a lidiar con las inesperadas secuelas de su maldición, pero tiene a Adrien junto a ella. Aun así, quedan cabos sueltos. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

ESTAMOS EN ÉPOCA DE PLAGA. EL CORONAVIRUS ENFERMA HORRIBLE Y LOS GRUPOS DE RIESGO SON MÁS VULNERABLES QUE NUNCA. NO HAY SUFICIENTES CAMAS EN LOS HOSPITALES NI VENTILADORES PARA TODOS. QUÉDENSE EN CASA, LÁVENSE LAS MANOS Y CUÍDENSE MUTUAMENTE.

Gabriel es un desgraciado que odio con toda mi alma y en este fic es más desgraciado que nunca y no me voy a cansar de decirlo

Y puede haber spoilers de la tercera temporada.


"BARRERA DEL SONIDO"

Capítulo 19: La calma que sigue…

Hospital de Asistencia Pública de Beaujon. París.

Días después. Lunes, 10:59 hrs.

Marinette seguía agotadísima, pero del lado positivo, desde el viernes que no tenía convulsiones. Sentía como si la hubiera atropellado un tren y le estaba costando horrores recuperar energías, pero estas regresaban de a poco y cada suspiro que tomaba se le hacía más fácil que el anterior. Sentía como se restablecía su salud con cada minuto que pasaba y esto tenía que reconocerlo. Cierto, la habían pasado por una licuadora, pero eso ya estaba quedando atrás.

Solo había un pequeño gran problema a su sanación, y eso eran las secuelas de haber cargado con la maldición: Chat Noir, al salvarla, al querer intercambiarse con ella de manera libre y voluntaria, había compartido con ella algo bastante más íntimo de lo esperado… Y no, contra todo pronóstico, no lo culpaba.


Flashback

—¡Ya te dije que No! La maldición se deshizo… pero… no fue gratis —Saule lo miró con amable gravedad. Sin querer mentirle—. Esto la lastimó en serio.

—¿A qué te refieres?

—Ladybug tendrá secuelas: un ataque de sombras siempre las deja. Puede que hayas compartido con ella más de lo que crees. Eso la va a afectar —Saule le puso una mano sobre el hombro— Lo que has protegido hoy es tu responsabilidad… ¿En serio estás dispuesto a lidiar con eso?

Fin del Flashback


Marinette estaba sordomuda. Había perdido por completo la capacidad de escuchar y hablar: sus oídos estaban irremediablemente dañados y sus cuerdas vocales… simplemente no funcionaban del todo. Los médicos estaban parados de pestañas, sin poder explicarse porqué una joven de catorce años, sana como ninguna, había empeorado tanto en un tiempo tan corto, incluso perdiendo completamente la capacidad de oír. Y no digamos que se iban a tragar muy fácil la explicación de una maldición.

De hecho en esos momentos estaba su pediatra y dos médicos más con ella en un costado de su habitación, un neurólogo y un neurocirujano, discutiendo sobre las imágenes que le habían sacado a Marinette, mientras Tom trataba de seguir muy atento a la conversación.

—¡Los daños en esta área en el cerebro se ven muy claros! Todo en un tiempo muy corto. En la imagen anterior no estaba así. ¿Cómo miércoles pasó esto?

—Sigo sin entender como empeoró tan rápido —protestó el pediatra— Marinette es mi pacientita hace años, ¡nada indicaba que le iba a pasar esto!

—Deberíamos abrir la cabeza para ver qué está mal —comentó el neurocirujano muy pensativo. El pediatra le dio un zape, y feliz le hubiera dado otro si el neurólogo no le hubiera trancado los brazos.

—¡¿Pero para qué le quieres abrir el cráneo?! ¡¿NO ha pasado por mucho ya?! Y si lo abrieras, ¡¿Con qué quieres comparar?!

—¡Basta caballeros!

—¡Era Una Sugerencia! Solo Para Ver Qué Está Mal Y…

—¡Para Eso Están Las Imágenes!

—¡BASTA! —exclamó Tom de pronto de un vozarrón, poniendo orden de manera instantánea. El pobre hombre se veía horriblemente angustiado—. Ya pasó, mi hija ya sufrió esos daños, luego ya estudiarán qué le pasó: lo que su madre y yo necesitamos saber es cómo ayudar a nuestra hija y cómo seguir a partir de ahora.

Los médicos parecieron calmarse un poco. Miraron hacia la camilla, en donde Marinette yacía muy tranquila, rodeada de tarjetas de sus compañeros, y muy apapachada por su mamá. Todos sintieron una puntada en el corazón, no les gustaba ver resultados así y menos cuando no sabían ni por donde comenzar a ayudar.

—Bueno, no ha tenido convulsiones desde la madrugada del viernes —comentó el neurólogo— Vamos a seguir observándola a ver qué tiene. Sobre la sordera…

—Marinette podría recibir un implante coclear, no lo dudo. Por fortuna sabe comunicarse por señas… Solo harán falta algunos ajustes —dijo pediatra mientras le daba unas palmadas de apoyo a Tom en la espalda.

—Y si sigue con convulsiones, hay justo una cirugía que podría…

—¡AAAARGH! ¡DEJA DE QUERER CORTAR A MI PACIENTITA! —bramó el pediatra.

—¡Pero Si Estabas Sugiriendo Un Implante Coclear Justo Ahora!

—¿Cuál Es Tu Fetiche Con Trepanar Cráneos?

—¡Es Una Opción!

—¡ARGH, NO CON MI PACIENTITA!

Sabine miró feo al grupo de hombres. El neurólogo trataba de atajar al pediatra, que harto de tanta sugerencia de cirugía de parte del neurocirujano había decidido hacerlo cambiar de opinión a las trompadas. El susodicho, por cierto, insistía en interponer la masa corporal de Tom entre él y el pediatra, lo que generaba una dinámica algo patética y tragicómica. Como la mujer los miró bien feo, Tom arreó como pudo a los tres médicos fuera de la habitación, en donde el pediatra siguió con sus intentos de machacar al neurocirujano, siendo detenido apenas por el neurólogo.

Claro… que tan buena decisión habrá sido esa, no lo sé, pues justo fuera descubrieron que el neurocirujano tenía todo listo para llevarse a Marinette al quirófano ni bien terminaran la reunión. Esta vez fue necesaria la ayuda de un residente que iba pasando y dos enfermeras para detener al pediatra y poner a salvo a su colega.

¡Y una cree que se portarían como adultos profesionales!

Sabine hizo un puchero y volvió a ver a su hija, quien le hizo algunas señales. Eso le rompió el alma… ella sabía señas, pero nunca al nivel de Marinette. ¿Cómo volvería a comunicarse con su hija con la misma claridad de antes? Claro, podría aprender el idioma en dos tiempos con tal de recuperar la comunicación, pero en lo que se tardaba en hacerlo seguramente su pequeña se iba a sentir muy sola. Tom estaba peor, pues apenas sabía unas cuantas señas y nada más… lo que estaba destrozando el corazón del panadero.

—Maman… dije… si acas… papa es… muy enojado… conmigo —insistió Marinette.

—Más lento amor… —pidió Sabine. Marinette reprimió un puchero y repitió las señales.

—¿Papa enojado conmigo? —preguntó Marinette con ojos llorosos.

Acostumbrarse a la nueva situación le iba a resultar más difícil de lo esperado. Marinette estaba segura de que esto iba a requerir de toda su fortaleza. No le estaba gustando estar tan desconectada del mundo, ni se había imaginado cuánto influían los sonidos en la vida. Era desquiciante estar sumida en tanto silencio, pero podía hacerlo. Solo necesitaba sentirse apoyada y en ese momento se sentía muy frágil. Sabine negó con la cabeza.

—Tu papa no… enojado. ¡Nunca! … ¡… te adora!... yo lo mismo. ¡Nunca… nojados… tigo!

Puede que Sabine no haya logrado transmitir a cabalidad el mensaje, pero Marinette lo comprendió y se impulsó hacia adelante para abrazar a su mamá. No escuchó cuando llamaron a la puerta, así como no escuchaba los intentos asesinos de su pediatra en el corredor (¡Vaya que tenía carácter el hombre!), pero Sabine sí. Cuando la mujer se volvió hacia la puerta, vio a Adrien, acompañado de su madre, los dos muy atentos.

—¿Podemos pasar? Adrien insistía mucho en venir —Emilie se veía bastante mejor. Estaba usando ropas nuevas y apenas se le notaba un moretón en la quijada. Sabine dio un respingo y saltó sobre sus pies cuando los vio asomándose con timidez.

—¡Adrien! Claro, por favor. ¡Pasen!

Sabine no había estado muy atenta a las noticias por obvias razones, pero incluso ella se había enterado de lo ocurrido con la mamá de Adrien, al menos de pasada. ¡Era la comidilla de París! La misma noche en que Marinette tuvo esa horrible crisis en el hospital, en la mansión Agreste se había desatado un pequeño infierno. Lo que los medios estaban reportando que la famosa actriz Emilie Agreste, desaparecida hacía más de un año, había estado en realidad encerrada en una habitación blindada en la mansión. Su esposo, el famoso diseñador, la había encerrado ahí a propósito cuando la mujer, harta de los abusos del hombre, quiso dejarlo y llevarse al hijo de ambos con ella. ¡Y Emilie se habría quedado ahí encerrada por siempre de no ser por un descuido del hombre! Escapó de la habitación gracias a la ayuda de su guardaespaldas, tomó a su hijo y escapó de la mansión mientras el Gorila les cubría la huida, lo que no les había resultado nada fácil. Gabriel Agreste los había salido persiguiendo armado y apenas lograron evadirlo, hasta que se atravesaron con una patrulla, que los puso a salvo a los dos.

O eso era lo que la prensa estaba reportando. Sobre los sucesos que en verdad habían ocurrido, nada se decía.

Cuando la policía fue por Gabriel a la mansión, encontraron el lugar hecho un desastre, con un sector de la mansión inexplicablemente destruido. El diseñador estaba golpeado (seguro el Gorila le había dado un buen par de puñetazos) y armado. Se resistió al arresto y ahora estaba preso en lo que duraba la investigación. La prensa se estaba dando un festín a causa del estado de la casa y del culebrón que se había expuesto producto de este tele novelesco escape. Emilie había llamado a su hermana gemela, quien vivía en Londres, provocándole un mini infarto. Amélie había tomado rápidamente el tren a para viajar a París y así ayudar a su hermana y sobrino en esos difíciles momentos. La investigación judicial iba a durar un buen rato, pero ya Emilie había pedido el divorcio y comenzaba a recuperar sus activos.

Por supuesto que había mucho más de lo que decía la prensa, pero de momento los detalles más escabrosos se mantenían bajo reserva.

¡Todos en París comentaban la situación! Estaba a la par de las noticias relacionadas con el destino del colegio Françoise Dupont, el cual también había dado un giro inesperado: los documentos originales necesarios para proteger el establecimiento y autenticar su dominio habían llegado por medio de un informante anónimo a manos del juez Armand Dupont, bajo la premisa que la inmobiliaria había ordenado el robo de dichos papeles para poder quedarse con el terreno. El juez Dupont había ordenado el análisis para su autenticación y detenido de momento el desarrollo de dicho proyecto.

Todo parecía indicar que, en vista de los antecedentes, fallarían a favor del colegio.

Adrien corrió hasta Marinette, quien al verlo se tapó la cara y se puso a llorar. Perplejo, Adrien le buscó las manos y se las tomó en un intento de llamar su atención. Emilie se acercó a Sabine.

—Disculpe, madame. Soy Emilie Graham de Vanily, la mamá de Adrien —se presentó Emilie ya usando de nuevo su apellido de soltera. La única relación que quería tener con los Agreste era su niño, nadie más— Mi hijo me contó que este año ha estado asistiendo a clases, que Marinette es una de sus más queridas compañeras. También me dijo que usted le regala croissants ocasionalmente —Emilie suspiró honestamente apenada— Supe lo que pasó… Adrien moría por venir a verla.

—¡Madame! Qué bueno verla de regreso —la saludó Sabine con una mezcla de asombro y compostura— Adrien la echaba mucho de menos. ¡Lamento mucho que haya tenido que pasar por eso!

—Muchas gracias, y no te preocupes: ya todo quedó atrás, hay que remar hacia adelante a partir de ahora: Tengo a mi hijo y nuestra libertad. ¡Llámame Emilie por favor! —pidió la actriz mientras sentía que su ánimo se estabilizaba. ¡No la malentiendan! Ella misma estaba comenzando a procesar todo lo ocurrido y si bien estaba de muy buen ánimo, por momentos se sentía frágil. Aun así era un desafío del que no escapaba— Gracias por ser tan buena con mi hijo.

—Es un buen muchacho… siempre le saca una sonrisa a mi hija —Sabine se aguantó un sollozo —También creo que se guardan muchos sentimientos— Añadió sabihonda y a todas luces muy preocupada por su hija. Emilie bajó los hombros: comprendía perfectamente el sentimiento.

—¿Cómo está Marinette? Adrien me contó… que no ha estado bien— Emilie le tomó las manos a Sabine—. ¿Hay algo que podamos hacer?

—Recuperándose, aunque hay secuelas. Mi Marinette tuvo una crisis espantosa el viernes por causa de una fiebre fulminante… eso le produjo varios daños neurológicos, los doctores apenas están empezando a clarificarlo todo. ¡Está… sorda! No puede escuchar nada… tampoco puede hablar bien…

Emilie dio un respingo del susto. ¡Eso no se lo esperaba! Nadie ni siquiera había insinuado aquello. Sabine se limpió los ojos con el revés de las manos, y fue evidente que esa información todavía no se hacía pública. Como madre que era no pudo evitar temblar de preocupación y miedo. Emilie miró de reojo hacia su hijo, quien seguía tomado de las manos con Marinette, y volvió a mirar a Sabine. Se mordió el labio.

"¡Por supuesto!" Pensó con bastante pesadez. "… la chica que salvó al soldado era alérgica, y le traspasó esa alergia al soldado cuando lo salvó. Y ese niño obtuvo el asma de su padre cuando éste lo salvó de la sombra… Marinette… se volvió sorda, porque Adrien la salvó."

—¡Apenas sé señas! ¿Cómo voy a hablar bien con mi pequeña? —continuó Sabine— Y el mundo afuera es tan cruel… No dudo que mi hija puede con el desafío, pero como madre me asusta tanto. ¡Esto tiene que ser mi culpa!

—No lo es. ¡Esto pasó nada más! No es tu culpa —dijo Emilie con firmeza. Entonces comenzó a usar señas al mismo tiempo—. Te voy a ayudar con las señas, ¡no es difícil! Lo mismo a tu esposo. Vas a ver que en poco tiempo estarán hablando de nuevo con su hija, madame.

—Sabine —dijo la mujer entre pucheros—. Llámame Sabine, Emilie —La mujer, señaló con los ojos a los muchachos— ¿Te dijo Adrien que él y mi hija se tienen muchos sentimientos?

Emilie sonrió de costado y con disimulo les dirigió la mirada.

Marinette y Adrien estaban metidos en una extraña burbuja desde que sus madres se habían puesto a conversar. Desde que se habían tomado de las manos, no dejaban de mirarse de hito en hito y no querían soltarse ni por error. ¡Es que algo extrañísimo y mágico había ocurrido! Ni bien se tomaron de las manos, comenzaron a escucharse uno al otro dentro de sus propias mentes.

—¡No puedo creerlo! ¡¿En verdad eres tú?! ¡Esa es tu voz!

—¡Sí es tu voz! ¿No es mi imaginación? O sea, no es que no quiera que sea tu voz, pero… ¿Cómo sé que no estoy hablando conmigo mismo?

—¿y si me estoy volviendo loca y en verdad es Una conversación conmigo misma y no tu voz?

—No es que me pueda hacer una pregunta, porque me sabría la respuesta y… ¡Marinette!

—Si esta voz es tuya, entonces si te pido que hagas algo, lo harás, ¿verdad? Porque si estuviera en mi cabeza no lo harías.

—Tiene sentido, mon coeur. ¡Mira! Te voy a soltar y me voy a tapar el ojo derecho.

—Yo pondré una mano sobre mi cabeza.

Sosteniendo la respiración, los muchachos se soltaron y tal como habían dicho, Adrien se tapó el ojo derecho y Marinette se puso una mano sobre la cabeza. De la sorpresa dieron un brinco y comenzaron a decirse mil cosas, pero no parecieron obtener respuesta. La voz del otro ya no la escuchaban. Eso los descorazonó… hasta que Marinette volvió a hacer señas.

—Ya no te escucho en mi mente…

—Yo tampoco… —Adrien hizo un puchero. Cuando vio que Marinette le estiraba una mano, la tomó con cariño— Me hubiera gustado escucharte más en…

—¡Adrien! —exclamó Marinette, cosa que el muchacho escuchó con mucha claridad en su mente. Ambos se quedaron viendo las manos, estupefactos y con el corazón a mil.

Y comenzaron a probar… por lo visto, solo mientras mantenían el contacto de piel podían escucharse uno al otro dentro de sus cabezas con suma claridad. Esto les subió el ánimo por las nubes a los dos. Entrelazaron los dedos y comenzaron a contarse grosso modo todo lo que les había ocurrido los últimos días, regocijándose en la inesperada intimidad que ahora compartían. Marinette se enteró de lo ocurrido después de que la dejaron en el hospital, sorprendiéndose en nuevos niveles cuando Adrien le contó que su padre era Papillón y que había mantenido a su madre en coma en aquél relicario. Que había buscado los miraculous de la creación y la destrucción para revivirla sin memorias y luego como Emilie había escapado de la mansión, que ella era el Hada Madrina y como se había auto akumatizado para salir. Luego le contó qué había pasado con él después que la dejara en su cama del hospital y cómo había pasado los últimos tres días.

Entonces fue el turno de Marinette, quien le contó lo sucedido con ella después que Chat Noir saltara por la ventana: el cómo las enfermeras comenzaron a correr como pollos sin cabeza cuando la encontraron convulsionando y desconectada de todos los aparatos (culparon a las convulsiones y a sus delirios provocados por la fiebre), de lo grave que había estado, de cómo los médicos habían ordenado mil exámenes y de lo cansada que estaba, pero ya con mil ganas de volver a su vida…

… no le dijo de inmediato que… estaba sorda.

—¿Recuerdas la inmensidad blanca, mon coeur?

—Sí… Vi todo lo que pasó, lo recuerdo bien. No podía moverme ni nada, pero sí vi a ese… héroe.

—Dijo que la maldición estaba anulada. No te vas a morir…

—Pero dijo que iba a quedar con secuelas…

Marinette hizo un puchero y bajó la cabeza. Preocupado, Adrien estiró la mano y levantó su mentón, mirándola con ojos grandes y llenos de preocupación, mientras la animaba a contarle cuáles eran las secuelas. La chica se limpió una lágrima.

—Estoy sorda… y tampoco puedo hablar: mis cuerdas vocales duelen mucho cuando lo intetno —confesó con temor. Adrien se puso pálido por la culpa y la soltó de golpe, sintiéndose muy culpable. Marinette tuvo que recurrir a las señas— ¡NI SE TE OCURRA! NO fue tu culpa… ¡NO lo fue! Estoy viva, gracias a ti tengo otra oportunidad… solo… solo me va a costar acostumbrarme.

Adrien se sintió rata. De alguna manera se culpó por la sordera de Marinette. ¿Quizás no habría actuado con la suficiente celeridad? ¿O era a esto a lo que Saule se refería cuando le dijo que debía hacerse responsable de lo que había rescatado? Marinette comenzó entonces a reclamarle con señas que no se culpara, que no tenía como controlarlo y que gracias a él seguía viva, con una nueva oportunidad por delante.

—… además, si tú eres Chat Noir, yo puedo seguir siendo Ladybug —Marinette le estiró las manos, como rogándole que se las tomara. Adrien así lo hizo y de nuevo establecieron la conexión mental— No… me será fácil, pero… saldré adelante.

—Yo me quedo contigo, mon coeur. Cada paso del camino. ¡No te dejaré sola!

—¿Aunque pase el tiempo?

—Aunque sigamos caminos separados —Adrien le besó los nudillos— No creo que eso pase, pero no te dejaré sola. Te amo ma princesse

—Y yo a ti, mon minou

Emilie tocó el hombro de Adrien y ambos muchachos se concentraron en sus madres. Sabine se acercó a Marinette y la prodigó a caricias.

—¿Qué tanto se miran ustedes dos? —preguntó Emilie con algo de travesura.

—¡Nada! ¿Qué acaso no puedo mirar a mi novia? —preguntó Adrien con mucha seguridad de pronto, sonriendo como gato que acaba de culpar al perro, a sabiendas que su madre traducía en voz alta todo lo que decía. Se sentía muy culpable, pero ¡su lady le había dicho que lo amaba! ¡Lo Amaba! Eso lo tenía por encima de la luna.

—¡Vaya, qué seguridad! —exclamó Sabine más tranquila, siendo traducida a su vez por Emilie. La mujer miró a su hija—. Esto no me lo habías dicho, cariño ¿Ya estás de novia con Adrien? —Marinette no podía ocultar su enorme sonrisa y cansado entusiasmo. Respondió a su madre con sus propias señas.

—Dice "Me acabo de enterar, pero sí… Adrien es mi novio ahora" —Tradujo Emilie con una sonrisa— Mayor razón para llamarnos por el nombre, ¿no lo crees, Sabine?

—Adrien… —llamó de pronto Marinette, señalando a Emilie, con la voz terriblemente anquilosada, antes de revertir a las señas— Me vas a tener que contar la historia de tu maman con más detalles —Entonces la chica se volvió hacia su suegra, quien en todo momento traducía las señas de Marinette— Claro, si a usted no le molesta. ¡Un gusto conocerla, madame! Me alegra mucho que haya vuelto.

—A mí también, cariño.

En eso, la pelea en el pasillo pareció calmarse y Tom regresó a la habitación arrastrando al pediatra de un ala, quien seguía gritándole insultos al neurocirujano, que por supuesto estaba escondido detrás de una enfermera que tenía el aspecto de Tronchatoro. ¡Por Dios ese hombre qué genio que tenía! Entonces Emilie carraspeó y llamó la atención de su hijo.

—Hora de irnos, mi amor. Mañana puedes venir de nuevo. Despídete de Marinette.

Lo primero que hizo Adrien fue tomarle las manos y besárselas.

—Tikki sigue conmigo —aprovechó para decirle por la conexión mental— Le contaré como estás, también veré si le puedo enseñar algunas señas, y la traeré en cuanto pueda… ¡Vas a salir pronto de aquí!

—¡Dile que la extraño mucho! Y eso espero. También quiero salir de aquí.

Ambos se soltaron algo a regañadientes y se separaron. Sabine los acompañó a la puerta, en donde Emilie aprovechó para presentarse con Tom y despedirse. Marinette seguía sintiéndose horriblemente agotada, pero ahora estaba mucho más animada. Tenía un futuro muy difícil por delante, pero ¡lo tenía! Y Adrien dijo que estaría con ella.

El mundo como que de pronto se había tornado más… amable. ¡Podía enfrentarlo sin problemas!


Colegio Françoise Dupont

Día siguiente. Recreo. 9:12

Nino dejó el teléfono a un lado. Acababa de cortar la videollamada con Adrien, con quien por fin había logrado comunicarse después de tantos días. Todos los demás lo miraban con atención, esperando a ver qué novedades podía contarle. ¿Acaso no habían estado todos ahí, escuchando la conversación? ¡Bah!

—¿Y bien? —preguntó Alix— ¡Escúpelo!

—¿Cómo está Adrien? ¿Su mamá? —preguntó Alya.

—¡Ridículo! Gabriel Agreste es totalmente ridículo —gruñó Chloé con los brazos cruzados— Mi maman dice que no le extraña, el tipo siempre fue raro.

—¿Pero al punto de mantener a su esposa encerrada tanto tiempo? ¡Eso es psicopatía de libro! —comentó Juleka.

—No me sorprende —dijo Nathaniel, quien tenía a Chloé rodeada por el brazo. De hecho la chica estaba apoyada en él— Nunca vi que ese hombre tratara bien a Adrien.

—Sin mencionar que también le pegaba, por mucho que Adrien lo ocultase —gruñó Nino. El muchacho suspiró— ¡Esto es de no creer!

—¿Pero él está bien? —preguntó Kim.

—¿Vvvvolvvvvvver-r-rá a ccccckkccla-cla-cla-clases?

—¿Te contó por qué no ha venido? —preguntó Iván.

—¿Ya sabe que no nos cierran? —preguntó Rosie.

—Sí. De hecho se animó un montón cuando supo que el colegio estaba medio salvado —dijo Nino, quien no perdió tiempo en levantar las manos en alto—. Me dijo que estaba bien. Él y su maman están con su tía Amelie, en un departamento que la familia Graham tiene cerca de Trocadéro.

—¿No estuvieron en el hotel de tu papá, Chloé? —preguntó Alya.

—Solo una noche, del sábado al domingo. De ahí se fueron con la tía de Adrien.

—Me dijo que se iban a quedar hasta que les devolvieran un departamento de propiedad de Emilie Agreste. Van a esperar que se vayan los arrendatarios, por lo que fácil van a estar como un mes o dos con la tía.

—¿Ppppppero vvvvolvvvvvver-r-rá a ccccckkccla-cla-cla-clases?

—Sí Max. Vuelve mañana de hecho. Quiere recuperar rutina lo antes posible. ¡Han sido días muy difíciles para el pobre!

—¿Les extraña? —preguntó Juleka— O sea, Gabriel Agreste es un monstruo.

—Y encima lo que le pasó a Marinette… —comentó Alya.

Todos suspiraron apenados. Incluso Bubbles dejó escapar un gemido acorde a los ánimos. Se habían enterado de lo ocurrido con la muchacha el mismo lunes, al menos de manera oficial, pues Alya incluso se había enterado antes. Ya sabían de las secuelas que tendría su compañera y estaban muy apenados por ella. Asimismo, se habían enterado de que algo había pasado entre Marinette y Adrien el día anterior, así que por ese lado estaban muy contentos por la pareja. Y no, no había sido chisme: Marinette le contó por whatsapp a Alya y Adrien por el mismo medio a Nino. Aun así no dejaba de ser una situación muy triste. Chloé resopló hastiada.

—¡Aish! ¡Tropa de Exagerados! La panadera va a estar bien. ¡Claro que va a estar medio bajoneada los primeros días! Pero esa es de las que aguantan de todo. ¡Va a estar bien! —protestó con vehemencia. Nathaniel la besó en la mejilla.

—¡Tienes razón mon abelie! Además ahora no nos van a cerrar, vamos a poder seguir apoyando a Marinette como siempre.

—¡Y vaya que lo va a necesitar! —reconoció Kim. El muchacho sonrió divertido—. Aunque sospecho que Adrien hará que Marinette esté de lo más cómoda.

—¡Ojalá!

El grupo rió de buena gana. En ese momento sonó el timbre y tuvieron que volver a sus quehaceres, pero con las últimas novedades era bien poco lo que podían concentrarse. Al menos ya estaban más tranquilos y con más certezas respecto del futuro. Todavía no era tiempo de dejar el alero de Françoise Dupont, y aprovecharían todo el tiempo que pudieran hasta que tuvieran que volar con sus propias alas.

Adrien volvió a clases al día siguiente, y rápidamente se puso al día, tanto con los apuntes como sus amigos. Todos los días iba a visitar a Marinette al hospital, tanto como Adrien o como Chat Noir, incluso llevando a Tikki con él. La kwami estaba muerta de la aprensión, pero sorprendió a Marinette al mostrarle que estaba aprendiendo lenguaje de señas (Plagg le estaba enseñando). Sus padres también estaban mejorando mucho y cada día que pasaba se acostumbraban un poco más. De esa guisa pasaron dos semanas y por fin llegó la hora que la muchacha volviera a clases.

Marinette no volvió a tener convulsiones, y recuperó en parte el uso de sus cuerdas vocales gracias a la ayuda de un fonoaudiólogo. Eso sí, estaba sorda como una tapia, por lo que al respecto no le quedaba de otra que resignarse y aceptar finalmente que eso no iba a cambiar. Recuperó a Tikki el día que salió del hospital, y ahí estaba, dos semanas después en el colegio, frente a su salón, siendo recibida por todos sus compañeros con pancartas. Lila era la única con cara de haber mordido un ajo, pero eso era normal en ella.

—¿Estará bien, Monsieur Damocles? —preguntó Sabine mientras veía el recibimiento de su hija.

—¿Nos llamará por cualquier cosa? —añadió Tom aprensivo.

—¡Pierdan cuidado ustedes dos! —Les tranquilizó el director con mucha amabilidad— Marinette es una chica estupenda, y estará muy contenida entre sus compañeros. Y saben que aquí es el mejor lugar donde podría estar: tendrá todas las herramientas para aprender a enfrentarse al mundo. ¡Pierdan cuidado!

—Sí, pero estuvo tan malita…

—¡Mi pequeña!

Monsieur Damocles meneó la cabeza. Entendía la preocupación de los padres, pero también la importancia de dejar que un hijo aprendiera a desenvolverse solo.

—¡Estará estupendo! Síganme: continuemos nuestra conversación en mi oficina. Hay mucho de lo que tenemos que hablar.

Dentro del salón, Marinette, fresca como lechuga y la adrenalina en las nubes, miró a la profesora Bustier armándose de valor. Le entregó el informe del médico que detallaba su diagnóstico y sus medicinas con más facilidad que la vez anterior. Caline le sonrió y le dio unas palmaditas en la cabeza a manera de apoyo.

—¡Bienvenida de regreso Marinette! Te echamos mucho de menos.

—¡Menos yo! —gritó Lila desde el fondo del salón.

—Pero los demás sí. —Por obvias razones, Caline no tradujo lo dicho por Lila—. ¿Lista para regresar a tu puesto? Creo que Alya lo tiene reluciente de limpio.

—¡No hay gérmenes, te lo aseguro, chica! ¡Limpié!

Marinette miró brevemente a su salón. Todos de verdad se veían muy contentos con su regreso. Iba a ser difícil, pero era un desafío que la entusiasmaba.

Detuvo su mirada por un instante en Adrien, quien le guiñó un ojo y sopló un beso. Eso la hizo enrojecerse un montón.

—¿Algo que decir, Marinette?

—¡Sí! —logró vocalizar. La chica se volvió al salón, pero recurrió a las señas— ¡Me alegra estar de regreso! Los eché de menos, pero aquí estoy… solo pido paciencia, ya me reintegraré y será como siempre.

Todos levantaron los brazos y comenzaron a agitar las palmas.

¡Podía hacer esto!

Continuará

Por

Misao-CG

Publicado el jueves 16 de abril de 2020


¡NO HAY ADELANTO DEL PRÓXIMO CAPÍTULO!

Es el último.

Lo que me recuerda, ¿Fueron a leer Bas les Masques de Abby Lockhart1?


Notas finales: Me olvidé poner algo en la brújula cultural anterior, así que ahora lo rectifico. Ahora, con respecto al gesto que tuvieron los compañeros de Marinette al final (levantar las manos y agitar las palmas)… pues así es como aplauden los sordos (o eso dicen). Como ven, las consecuencias de la maldición de Marinette sí fue quedar sorda, pero en compensación adquirió una preciosa habilidad que solo va a compartir con Adrien. Y creo que se van a guardar el secreto. ¿Cómo los sigue tratando la cuarentena? Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, estoy aprendiendo esto del uso del guion de diálogo y salí más cabeza dura de lo esperado, así que un poco de paciencia en lo que aprendo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL:

Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados.

Trepanación: Es una práctica médica que consiste en agujerear el cráneo. Es considerada como una de las técnicas quirúrgicas más antiguas que se conocen, siendo practicada en varias partes del mundo en épocas prehistóricas; incluso en la actualidad aún hay culturas "primitivas" que la practican. Antiguamente se realizaba con el objetivo de eliminar enfermedades consideradas de origen cerebral, mientras que en la actualidad se emplea como acceso quirúrgico en algunas operaciones de neurocirugía, como es el caso de tumores cerebrales o para tratar el hematoma subdural cuando cursan con hipertensión intracraneal.

Monstruo de Amstetten: Mote que se le dio al arquitecto austríaco Josef Fritzl (quien contaba con 74 años cuando se descubrieron los hechos), también llamado el Monstruo de Amstetten, por los crímenes perpetrados por él, de los que fueron víctimas su hija Elisabeth Fritzl (nacida el 6 de abril de 1966) y los siete hijos/nietos que tuvo con ella. Josef los mantuvo encerrados en un sótano durante un total de 24 años (desde 1984 hasta 2008). Este es el denominado Caso Fritzl, cuyos delitos comenzaron con el abuso sexual de Elisabeth desde la edad de 11 años y continuaron a lo largo de todo el cautiverio en que la mantuvo, durante el cual dio a luz a siete hijos, dos de ellos gemelos, uno de los cuales murió poco después de nacer y fue incinerado por su propio progenitor.

Según informó la policía de Austria, Josef mantuvo aislada a su hija Elisabeth desde que tenía 18 años en un zulo del sótano del edificio residencial de dos pisos donde él mismo vivía con su esposa Rosemarie (con quien también tuvo siete hijos), en Amstetten, localidad de Austria. Esto salió a la luz cuando la hija/nieta mayor del hombre tuvo que ser atendida de urgencia en el hospital local y se encontró una nota en su bolsillo pidiendo ayuda.