DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.

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¡Hooola de nuevo!

Muchas gracias por vuestro apoyo al capítulo anterior. Sois maravillosas y estáis teniendo mucha paciencia con los ritmos de actualización por lo que aun os quiero dar más las gracias.

Este capítulo no iba a ser así, ni mucho menos un EPOV, pero me puse a escribirlo y así salió. Es casi como un outtake pero estoy contenta con él, así que aquí se queda. Espero que os guste la sorpresa de meteros en la mente de nuestro chico ;)

Sin más, os dejo con Edward.

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SOMOS UN EQUIPO

EPOV

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Me desperté agotado y extremadamente complacido, pero sobretodo feliz. Finalmente estaba con la mujer que quería estar, de verdad. No por comodidad ni por motivos puramente sexuales. Bella me llenaba en todos los aspectos de mi vida. Era realmente jodido pensar que hasta los treinta y seis no había descubierto que todo lo que siempre pensé que era una creación fruto de la imaginación de la gente realmente existía. Podías sentirte más completo con alguien a tu lado, alguien que te amaba y retaba intelectualmente, con el que compartir tus grandes momentos y tus debilidades… Alguien que, simplemente, te hacía mejor.

Extrañé no sentirla cerca.

¿Dónde estaba Bella? Ella siempre dormía aferrada a mi pecho.

Caí en ese instante en el silencio que me envolvía. Miré el reloj que marcaba casi las doce del mediodía recordando que Bella hacía demasiado rato que se había escurrido de mis brazos para ir al lavabo. Me había vuelto a dormir y el cansancio había hecho que no me diera cuenta que Bella no había regresado a la cama.

Busqué mis pantalones entre la maraña de ropa esparcida por el suelo.

La segunda señal, aparte del perturbador silencio, de que algo no iba bien era que ni el vestido ni los zapatos de Bella estaban por ningún lado.

Comencé a sentir pinchazos en mi sien.

¡Joder, no me podía estar pasando esto a mí!

No tendría que haberme dormido, no después de lo de anoche.

Estaba buscando mi teléfono cuando vi la caja del regalo de Bella encima de la mesa con una nota al lado.

"Mi amor,

Me ha llamado Anthony para vernos. No le he podido decir que no, ya sabes que necesito respuestas y cerrar este capítulo de mi vida por mí misma. Sé que te vas a enfadar pero compréndeme, por favor. Te dejo la llave de casa, nuestra casa, espérame.

Y aunque ya estarás preocupado, no lo hagas. Sé cuidar de mi misma y prometo que si algo no me da buena espina te llamaré.

No olvides que te quiero y que me quieres hasta cuando te llevo la contraria.

Bella.

PD: Puedes quedarte con los cajones que quieras de mi armario ;)"

Me tuve que sostener a la mesa por la mezcla de impotencia y enfado que me recorría todo el cuerpo. Bella estaba acostumbrada a ser independiente y solucionar sus problemas sola y eso sumado a la bondad que se empeñaba en atribuirle a las intenciones del imbécil de su hermano no le hacía ver con claridad la peligrosidad de la situación.

Tomé aire intentando pensar con claridad.

Necesitaba ver toda la situación en perspectiva antes de actuar. Había demasiadas personalidades volátiles en juego para meter la pata, incluida la mía.

Llamé a Bella. Necesitaba intentarlo. No sabía a qué hora se había marchado y si seguía con ese infeliz.

No me contestó. Tampoco me sorprendió aunque mi preocupación aumentó.

Llamé a Emmet.

-Joder tío ¿no deberías estar durmiendo? – se quejó a modo de saludo. Escuchaba ruidos de cacharros, seguramente estaba en la cocina. Esperaba que no estuviera haciendo nada que pusiera en peligro su integridad física porque la noticia que iba a darle no iba a gustarle.

-Bella está con su hermano. – vomité sin previo aviso y aunque siempre que veía a Emmet y Bella juntos no podía evitar sentir celos, esta vez me sentí bien de compartir con él mis temores.

-¿¡Qué?! – preguntó con la voz filosa haciéndose el silencio. - ¡¿Como coño ha pasado eso?! – Se enfadó mientras se quejaba de la testarudez de Bella. No podía estar más de acuerdo con él.

-¡Yo que sé! – admití frustrado. – Solo me ha dejado una nota explicándome que la ha llamado y que la espere en casa. – expliqué arrugando la nota en mis manos.

-Deberías haberle explicado qué sucede para que fuera consciente de la situación. – me dijo Emmet, sorprendentemente sin reproche en su voz.

Anoche había sido un infierno.

Me había sentido tan desbordado intentando controlar la situación que por un momento temí que mi cabeza fuera a explotar por toda la tensión que estaba soportando.

Desde que el hermano de Bella había vuelto a dar señales de vida había contratado a un equipo de seguridad para que vigilaran que ese indeseable no se acercaba a Bella. Me gustaría pensar que esta era otra de las veces en las que ese innombrable quería dinero pero sabía que no era así. Las circunstancias habían cambiado y eso hacía que todo lo demás lo hiciera también. Anthony no se había acercado a su hermana, se había acercado a la presidenta de Swan's Networks por mucho que Bella quisiera creer en su inocencia. Si su corazón fuera la explicación de sus acciones se hubiera puesto en contacto con ella muchos años antes. No era casualidad que lo hiciera ahora que todo el imperio de Charlie estaba en sus manos.

Con su aparición de anoche lo confirmó.

Mi equipo de seguridad me informó que lo habían pillado intentando colarse en la fiesta. Iba vestido para la ocasión y con una invitación que no sé cómo demonios había conseguido. No era una falsificación sino una real. Anthony se negó a marcharse hasta que no pudiera hablar con Bella así que mi equipo me llamó. Si algo tenían claro es que bajo ninguna circunstancia ese hombre debía respirar el mismo aire que Bella.

Bella bailaba, a salvo, en los brazos de Emmet. Ese grandullón estaba al tanto de todo desde el principio. Bella sospechaba de mi imparcialidad respecto a su hermano así que necesitaba un aliado y nadie mejor que Emmet para esa misión.

Vacié de un trago el contenido de mi copa y me dirigí a dónde me esperaba Anthony. Me negaba a pensar en él como el hermano de Bella, no merecía ni compartir espacio con ella, mucho menos compartir ningún parentesco. Me importaba una mierda la genética.

-Tú no eres mi hermanita… - fue lo primero que dijo el imbécil al verme llegar. Sentí tanto asco al referirse a Bella de esa manera que quise partirle la cara.

Seguridad lo había llevado a una discreta sala con un par de sillones. Estaba alejado del lugar en el que se celebraba la fiesta evitando miradas furtivas de curiosos.

-Vamos a aclarar un par de cosas… - dije cogiendo aire. – La primera, se necesita más que compartir ADN para merecer llamar a alguien hermano – puntualicé sentándome en el sillón que quedaba frente de él - y la segunda, olvídate de ver a Bella, de hablar con ella, de que tus sucias manos pongan sus garras sobre ella. Nunca va a pasar. En la vida. – dije intentando controlar la bilis que me subía por la garganta.

Nunca me había gustado y desde que vi a Bella temblando cada vez que miraba su foto en el diario menos. Me acabó confesando que se parecía mucho a su padre y no quise mencionarle que su cuerpo parecía tener memoria y ojalá le hiciera más caso a esos instintos que pocas veces le habían fallado.

-Eso me lo debería decir ella… ¿O acaso es muda…? – ironizó poniéndome entre las cuerdas.

Debía mantenerme firme. Anthony jugaba con ventaja esta partida. A él no le importaba Bella, solo quería sacar crédito de nosotros, en cambio para mí, ella era mi vida.

-¿Qué quieres? ¿Más dinero? – pregunté reconduciendo la conversación a algo menos emocional que Bella. –

Si pensaba que me iba a doblegar a su voluntad se iba a llevar una decepción. Había visto y callado durante años como Charlie en mayor o menor medida cedía a sus chantajes pero ahora que ya no estaba aquí eso iba a cambiar.

-Quizás… Supongo que alguien que nunca ha pasado penurias no puede entender lo que significa no tener nada. – dijo intentando dar a su discurso algo de credibilidad. Una pena que no podía venderme humo. –

-Puedes tener dignidad y ponerte a trabajar. – le interrumpí dejándole claro que podía ahorrase el sentimentalismo barato conmigo. – Y sobretodo lo puedes conseguir sin amenazar a quien llamas tu hermana y por la que jamás te has preocupado. – añadí.

-No la he amenazado. – puntualizó y aunque sabía que en la práctica era verdad su simple presencia lo hacía. Psicológicamente desestabilizaba a Bella trayéndole recuerdos de una vida que dejó atrás y no podía acallar la voz que me alarmaba que también corría peligro su integridad.

-Sé que estás en contacto con tu padre. – anuncié revelando alguna de mis cartas. Un breve gesto de sorpresa cubrió su rostro pero lo controló rápidamente. – No te molestes en contarme milongas, me dan igual las razones. Te quiero lejos de Bella. No me fio de ti ni del drogadicto maltratador de tu padre. – escupí temblando por dentro.

Desde el día que había llegado a mi mesa el informe de seguimiento de Anthony y supe que había visitado esporádicamente a su padre en la cárcel quise llevarme a Bella lejos de todo. En cambio ella había decidido que lo mejor era que no fuera a su casa por si la puñetera prensa rosa nos hacía alguna foto juntos. Si algo estaba cultivando con Bella era mi paciencia. Había estado a punto de cancelar la fiesta de esta noche en varias ocasiones pero, una vez más, era algo que no estaba en mi mano y requeriría de demasiadas explicaciones el que Bella hubiera aceptado hacerlo. Si se había negado en rotundo que viniéramos juntos no puedo ni imaginarme lo que tendría que haber inventado para que cancelara la gran cena de presentación de Swan's Netwoks.

-Tengo entendido que es una mujer a la que le gusta tomar sus propias decisiones… - me retó poniéndose de pie. –

-Lo es. – asentí imitándolo no sin antes pedirle al jefe de seguridad algo que llevaba siempre encima. – Aquí tienes. Está firmado por ella como podrás comprobar. – le dije estampándole el sobre con la denuncia que habíamos interpuesto en su pecho.

No habíamos tenido suerte encontrándolo en su domicilio para. Sin duda estaba evitando el recibo de la certificación oficial de los juzgados.

Anthony la abrió y la leyó atentamente.

-Tiene garras. Está bien… será más divertido. – contestó con un tono que me puso la piel de gallina.

No quería que Bella fuera un juego para él mucho menos con su manera de hablar de ella.

Temblé atemorizado porque algo pudiera sucederle.

-Acércate a ella y será lo último que hagas en libertad. – le dije controlando las ganas de romperle la cara de un puñetazo. – Acércate a ella y tendrás que hacerle compañía a tu padre en la celda. – sentencié antes de darme la vuelta no sin hacerle una seña al jefe de seguridad para que lo acompañara a la salida.

-¿Estás seguro que ella haría lo mismo? –chilló sin rendirse. Supongo que era de los que morían matando.

Aunque apreté la mandíbula intentando alejar los pensamientos negativos no le permití que supiera que había ganado la partida con esa pregunta.

-¿Edward? – me llamó Emmet. - ¿Qué vas a hacer? – preguntó devolviéndome a la realidad.

-Preguntaré en el hotel y si no saben nada iré a casa y la esperaré. – anuncié intentando confiar en Bella. Esperando que su capacidad de leer a la personas no la abandonara en el momento más importante de su vida.

-La llamaré. Si me entero de algo te digo. Rosie está conmigo le preguntaré por si sabe algo. – respondió. Por su voz notaba que estaba preocupado por las noticias.

-Gracias. – respondí sinceramente. – Y Emmet… Felicidades, es una gran mujer. – le dije refiriéndome a Rose.

-Lo mismo digo. – devolvió algo más ligero. – Supongo que no hemos escogido a las menos cabezotas pero qué le vamos a hacer el amor es así. – concluyó haciéndome reír a pesar de la preocupación.

Rose y Bella eran un equipo duro.

Finalicé la llamada confiando que si Emmet se enteraba de alguna cosa me lo diría. Tardé poco en ducharme y recoger nuestras cosas.

En el hotel no sabían nada de Bella. La habían visto marcharse sobre las nueve y media de la mañana aún con sus ropas de gala, cosa que no me extrañó al no tener más ropa aquí. Cuando llegué al apartamento de Bella estaba todo en silencio.

Me dirigí a la cocina, necesitaba un café muy cargado.

Un post it verde en medio de la nevera llamó mi atención. Me acerqué para ver que era otra nota de Bella.

"Bienvenido a casa, mi amor.

Sigues preocupado y enfadado, lo sé, pero recuerda que te quiero y así me escogió tu corazón. En la nevera hay un sándwich ;) B"

Testaruda.

Intenté olvidarme de las preocupaciones que me asaltaban entreteniéndome con parte de la mudanza a la que yo mismo me había visto sometido.

Esta semana lejos de Bella, aparte de consumirme por el miedo de que le pasara alguna cosa, me había hecho darme cuenta que la necesitaba a mi lado. Que los pocos días que habíamos pasado juntos en Nueva York, y al volver a la ciudad, habían calado en mí y habían creado una necesidad. Bella era mi hogar.

Abrí mis maletas y comencé a poner la ropa en los cajones y armario de Bella. Había sido un poco pretencioso por mi parte llevar las maletas al hotel pero estaba dispuesto a acabar con ese desatino, por suerte para mí, Bella se adelantó con su declaración cortando mis miedos de alguna excusa en forma de huida, tan típica de ella.

El sonido de un mensaje entrante rompió mis recuerdos. Eran casi las tres de la tarde. Había conseguido distraerme durante más tiempo del que pensaba inicialmente.

"¿Puedes venir a buscarme? Estoy en casa de papá."

Llamé a Bella mientras recogía mi cartera y llaves del coche.

-Estoy bien Edward... – intentó calmarme pero su voz sollozante la delataba. –

-Bella dime la verdad. – le exigí intentando controlar mi temperamento. Iba a encargarme de arruinarle la vida a ese imbécil.

-Estoy triste y preocupada y tengo miedo pero solo necesito que estés conmigo. Solo eso. – dijo, esta vez sin poder controlar su llanto. Corrí hasta el coche intentando acortar los segundos para llegar a su lado. –

-Estoy saliendo Bella. No tardo en llegar. – anuncié intentando que eso le diera un poco de paz.

-Tenías razón Edward… Siempre has tenido razón. – lloraba nerviosa haciéndome temer lo peor.

-¿Te ha hecho algo ese malnacido? – pregunté apretando el volante con mis puños.

-Edward te lo explico cuando llegues… No quiero que te pongas nervioso cuando conduces. – intentó relajarme evitando la respuesta. – Pero estoy bien… te lo aseguro. – me dijo sorbiendo su nariz.

-Llego en diez minutos. – le aseguré apretando el acelerador.

Intenté centrarme en la carretera, no quería causar ningún accidente. Mi mente era un hervidero de preocupación por Bella y planes para acabar con Anthony.

Llegué a casa de Charlie. Envié un mensaje a Emmet antes de salir del coche para hacerle saber que Bella había aparecido. Omití su estado.

Inspiré profundamente un par de veces antes de cruzar el umbral de la casa de los Swans. Sospechaba con temor que Bella había venido aquí buscando ser protegida. Esta casa había sido su fortaleza y ahora querría que lo volviera a ser.

El silencio inundaba la gran casa de Charlie y Bella. Algo poco usual. Antes de que Bella llegara a la vida de Charlie siempre podías escuchar música sonando, daba igual la hora a la que vinieras. Con los años, cuando empecé a trabajar con él y nuestro trató se volvió más cercano y menos paternal, me confesó que la música le permitía ahogar los recuerdos de su difunta esposa… Cuando Bella llegó a su vida está gran casa nunca más estuvo en silencio, Bella y Alice se encargaron de llenarla de vida.

Escuché un golpe que provenía del despacho de Charlie.

Me dirigí hasta allí para encontrar a Bella rodeada de papeles. Estaba subida en cuatro grandes libros que había apilado en forma de alzador. Se tambaleó al intentar coger una carpeta del fondo de la gran estantería. Solo a ella podría pensar que algo tan precario la sostendría.

Corrí hasta ella cazando su pequeño cuerpo justo cuando uno de los libros salía disparado sucumbiendo a la fuerza que Bella les estaba sometido.

-Te tengo. – le dije ahogando el chillido de Bella.

-Edward. – susurró antes de girarse y apretarme en sus brazos. Había salido disparada en cuanto sus pies tocaron el suelo.

Nos mantuve así mientras observaba el desorden creado en este lugar que para ella era poco más que un santuario.

¿Qué estaría buscando? ¿Qué había cambiado desde que me había llamado llorando? No había tardado más de quince minutos en llegar.

-Lo siento, lo siento, lo siento. – murmuró contra mi pecho.

La separé lentamente para observarla. Retiré un mechón que caía despeinado por su cara. Me recordaba tanto a la niña asustadiza que llegó a casa de mis padres que un escalofrío me recorrió. Iba a matar a ese engendro por volver a poner el miedo en sus preciosos ojos.

-Shhh…Tranquila. – intenté tranquilizarla mientras acariciaba su suave piel. Estaba roja, igual que sus ojos, y se apreciaba el camino que habían dejado las lágrimas. - ¿Te ha hecho algo? – pregunté muerto de miedo por su respuesta.

-No. – aseguró después de respirar profundamente lo que no me dejó muy tranquilo. – Había maldad en su mirada, Edward…. Tendría que haberte hecho caso. – admitió resguardándose en mi pecho.

Intenté serenarme antes de hablar. Bella necesitaba calma y seguridad, no a alguien que estaba a punto de cruzarse toda la ciudad hasta dar con el malnacido de su hermano biológico para dejarle las cosas bien claras.

-Pequeña, escúchame. – le pedí separándola de mi. – No lo conocías y era normal que pensaras que sus actos eran consecuencia de su vida… No te castigues. – la consolé porque en este momento lo único que me preocupaba era ella.

-Soy una idiota por pensar bien de él, ¿verdad? – me miró con un puchero en sus preciosos labios.

-Eres un ser humano que cree en la bondad de la gente. No lo dejes de hacer te hace ser especial. - le dije sincero. Que Bella después de todo lo que había pasado en la vida fuera capaz de ver la cara inocente de la vida merecía ser cuidado y apreciado.

-Si tú lo dices… - añadió arrepentida haciéndome sentir mal por toda la presión a la que la había sometido estos días. En ningún momento oculté mi opinión sobre las intenciones de Anthony y eso seguramente la había hecho juzgarse más duramente.

-Eh...escúchame… - volví a reclamar su atención. – Somos un equipo, a partir de ahora yo me dedico a sospechar de la gente y tú a defenderlos. Te salió bien con Carl y Ernest. – la animé y esta vez conseguí robarle una sonrisa que, aunque leve, me servía.

-Ahora explícame qué es todo esto. – Le pedí después de compartir un abrazo intentando que pudiera arrogar algo de luz a este despropósito.

-Puedo creerme que papá pretendiera caer en su chantaje para impedir que algo me dañara pero lo que no me cuadra es que no guardara ningún informe o algún documento sobre él. Charlie era inteligente y nadie jugaba con él, mucho menos si yo estaba por medio. Estoy buscando esos documentos. Estoy segura que aquí hay algo. – me explicó con determinación.

Bella era jodidamente brillante.

A pesar de toda la tristeza que sentía era capaz de analizar la situación y llegar a una conclusión que nadie había llegado hasta ahora. ¡Por supuesto que Charlie tenía un AS en la manga! Desde la primera vez que cedió al primer chantaje supo que era algo que no acabaría, así que seguramente, para proteger a Bella en el caso que ese impresentable decidiera comenzar a jugar sucio, tendría algo que poder usar para defenderse. Solo teníamos que encontrarlo.

-¿Qué vas a hacer con esos papeles si es que existen? – pregunté queriendo saber qué había ideado esa mente extraordinaria que tenía.

-Lo voy a llevar a los juzgados. A él y a mi padre biológico. – anunció dejándome helado.

-¿Tú padre biológico? – mi voz salió afilada de miedo. Mi mente estaba creando mil estrategias para alejar a Bella de todos esos desalmados y ella solo hacía que acercarse más y más.

-Según Anthony le está chantajeando y es por eso que está haciendo todo esto. – me explicó volviendo a rebuscar entre los papeles.

La observé con admiración.

Cargaba con un pasado horrible sobre sus espaldas. Hoy se había derrumbado pero ahora volvía a estar dispuesta a luchar.

-Bella…- le dije deteniéndola en su afán de rebuscar por todos los cajones. Tiré de ella para que quedara sentada en el asiento de Charlie. – Anthony se coló en la fiesta. – le confesé porque tenía que saberlo. Seguramente se enterara tarde o temprano y quería que lo hiciera por mí. –

-¿Cómo? ¿Y por qué no me enteré? – preguntó más curiosa que confundida. –

-Me encargué yo porque no quería que estuviera cerca de ti. No me fiaba de él. –expliqué. Bella no discutió nada, se limitó a asentir pensativa.

-¿Cómo se coló en la fiesta? – Preguntó retomando la conversación después de un breve silencio.

-Llevaba invitación. – expliqué dejándola tan sorprendida como yo estuve. –

-¿Era verdadera? – inquirió de nuevo.

Cabeceé confirmando.

-Quizás alguien de nuestra empresa le esté ayudándolo… - susurró en lo que era más un pensamiento en voz alta que una conversación conmigo.

-¿Sospechas de alguien? –interrumpí haciéndola saltar. Sin dudas no estaba compartiendo esa hipótesis conmigo.

-¿Yo? No… ¿De quién iba a sospechar? ¿Lo haces tú? – cuestionó muy rápido, incluso nerviosa.

Negué con la cabeza sabiendo que me ocultaba algo. Desde que comencé a compartir más tiempo con ella y a conocerla mejor me había dado cuenta que una de las cosas que más caracterizaba a Bella era su incapacidad para mentir. Lo hacía fatal, incluso peor que Alice. Era extraño como nuestro poco trato no me había permitido ser consciente de algo tan flagrante.

Y ahora lo estaba haciendo.

No iba a apretarla más. No era su mejor momento, pero conseguiría las respuestas a todas las dudas. No servía da nada que cada uno luchara con Anthony por su cuenta. Necesitábamos ser un equipo.

- James ha cruzado mi mente… No me fio de él cuanto se trata de ti. – gruñí haciéndola reír.

-Aun me acuerdo lo enfadado que viniste a mi casa cuando aparecieron las fotos en la discoteca. – recordó sin prestarme mucha atención.

Quizás si hubiese estado más pendiente a mis reacciones me hubiese dado cuenta mucho antes de lo que sentía por Bella. No era normal que unas simples fotos me provocaran todo lo que hicieron.

-Tienes demasiada afición a no contestar al teléfono en situaciones de emergencia. – repliqué sin afectarla. – Estoy preocupado. – confesé mis miedos levantándole el rostro.

-Yo también. – se sinceró con brillo en los ojos. – Pero tenemos que continuar adelante. Edward una vez te pedí que estuvieras a mi lado y me sostuvieras cuando yo no pudiese. Me está constando ser fuerte… pero cuando te veo todo se aclara. – dijo con un hilo de voz. –

A Bella no le gustaba parecer vulnerable ni mostrar sus miedos si lo estaba haciendo era porque realmente lo necesitaba y confiaba en mí para sostenerla. No pensaba fallarle. Hacía meses me había hecho esa promesa.

- Lo conseguiremos. – aseguró devolviéndome a la realidad antes de besarme con delicadeza.

-Lo haremos pequeña. – afirmé. Éramos un equipo, ahora más que nunca. – Ahora vamos a ver si Charlie escondía alguna carta ganadora aquí.

No encontramos nada.

Por más que rebuscamos no había nada con el nombre de Anthony. Pero entre mi memoria y alguna agenda de contactos habíamos recabado algunas personas a las que recurrir en búsqueda de información, gente con la que Charlie solía trabajar cuando se trataba asuntos un tanto al margen de la ley.

-Mañana haré una comida con toda la familia, - anunció cuando estábamos tumbados en la cama. Menos de veinticuatro horas y qué diferente se sentían nuestros abrazos. – Quiero que todos sepan de la situación con Anthony. No quiero que les pueda chantajear con nada. Todos iremos a una en el caso que intente coaccionar a alguien más. – explicó demostrándome cuanto había cambiado su mente después de esta mañana.

No había querido apretarla. Sabía que estaba digiriendo todo lo que había pasado. Seguramente mañana se sintiera con más fuerzas para explicarlo todo. Ahora solo quería sostenerla y consolarla. Ayudarla a volver a recuperar su esencia y su fuerza.

-Me parece una gran idea. – la apoyé mientras se acomodaba más fuerte en mi pecho.

-Edward…- comenzó en tono dubitativo.

-Dime. – contesté seguro aunque tanto secretismo estaba haciendo que mi mente estuviera a punto de explotar. No sabía cuánto más podría soportar dándole espacio. Necesitaba saber, necesitaba controlar la situación para no volverme loco pensando en todo lo que le podría pasar.

-Creo que será mejor que nos mudemos aquí. – expuso, poco a poco, midiendo sus palabras. Ésta no era una decisión tomada a la ligera.

Cogí aire y cambié nuestra postura. Me tumbé en la cama junto a ella para que nuestras miradas se encontraran. Necesitaba leer a Bella de todas las formas posibles, llegar a la información que callaba.

-¿Por qué? – pregunté suavemente. No quería asustarla pero necesitaba respuestas.

-Esta casa y la urbanización son más seguras. – contestó.

-Te ha amenazado. – afirmé. No había caso en negarlo. Ese imbécil funcionaba así, daba igual quién tuviera delante. Por supuesto no había desaprovechado la ocasión con Bella cuando seguramente se había negado a lo que le hubiera pedido. Bella siempre había marcado el chantaje como una gran línea roja.

Asintió.

Sentí hervir mi sangre.

-Nos mudaremos aquí. No te pasará nada mi amor. Te lo prometo. – le dije antes de acunarla en mis brazos a los que se aferró hasta que se quedó dormida.

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[**]

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NA:

Como vemos Edward también tiene algún que otro plan oculto y al parecer está haciendo un extraño dúo con Emmet. Y, al parecer, también estaba en lo cierto todo este tiempo sobre Anthony. ¿Alguna sorprendida en la sala?

Espero que os haya gustado… Como siempre pasa en esta historia faltan cabos pero hay pistas por la historia. Veremos si cuando sepamos la versión de Bella nos cuadra todo un poco más.

PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: El próximo capítulo está bastante adelantado… Obviamente tiene mucha relación con este y han salido casi juntos… así que espero no tardar mucho en acabarlo y subirlo lo antes posible.

¡Muchos saludos!

Nos leemos en el próximo ;)