Ya estoooooy aquiiiiiií… Cerrad las puertas y ventanas, esconded a los niños. ¡La loca de Cloe ha vuelto!
Después de varios años he vuelto, a ver que me deparará la suerte. Quizás estaba más guapa calladita en mi casa, quien sabe.
Ya sabéis a quien pertenece todo esto bla bla bla, J.K bla bla bla.
¡ATENCION!
LEER ANTES DE EMPEZAR EL FIC
Debido a algunos acontecimientos que no voy a nombrar XD me veo en la tesitura de aclarar ciertos puntos. Dichas aclaraciones serán universales para todas mis historias. ¿Y por qué? Pensaréis… Pues por una sencilla razón, porque si tengo que avisar antes de cada historia sus posibles advertencias estoy contando un spoiler. Véase, antes de un posible lemmon hay que avisar. ¿Y si mis lectores no cuentan con ello y quiero que sea una sorpresa? Pues se fastidia la cosa porque antes de cada capítulo hay que avisar de las posibles advertencias por si alguien no quiere leerlas.
Y a mí, enterarme por adelantado de lo que va a pasar (más allá del summary por supuesto) no me gusta.
Así que he decido poner una advertencia estándar en todos mis capítulos/fics. Para evitar posibles auto-spoilers.
¡AQUÍ VA!
(Como en los productos alimentarios)
Todos mis fics pueden contener trazas de:
-Personajes OoC. (Con personalidades distintas al libro o fuera de carácter)
-Historias fuera de contexto.
-Faltas de ortografía, gramática y léxico. (Obviamente no a propósito XD)
-Universos alternos.
-Exceso de azúcar en algunas escenas.
-Historias sin sentido y poco creíbles. (a veces queriendo y otras sin querer)
-Y Contenido para adultos:
-Insultos o vocabulario malsonante o soez.
-Violencia (lo dudo XD pero aviso por si acaso)
- Lemmon de cualquier tipo.
Además me atribuyo el derecho a revivir y matar a cualquier personaje que quiera y cuando quiera. Y cambiar las partes de los libros que mas me convengan. (Que para eso soy la Autora) XD
Bueno…
Esas son las advertencias.
Si no tienes problemas y decides seguir leyendo bienvenidos a mi mundo.
Pero si después de leer las advertencias hay alguna de esas cosas (sobre todo el contenido para adultos) que no te gusta o te puedan llegar a molestar o incomodar, por favor no sigas. Y si aun así decides seguir, tú mismo con tu mecanismo. Pero luego no quiero quejas sobre eso porque entonces… Solo entonces, es posible que me lo tome mal. XD.
FIN ACLARACIONES
Para los que se acuerden de mi (si es que todavía queda algun ) Bienvenidos de nuevo, ya sabéis cómo funciona la cosa.
Para el resto… Sed bienvenidos a mi mundo.
Severus
-¿Y bien?- Preguntó Snape impaciente cruzándose de brazos a la espera de que su mujer decidiera que era lo que quería hacer.
-No quiero seguir discutiendo.- Comentó con calma, cansada de aquel tema.
-No estamos discutiendo Granger.- Aclaró serio.
-Cualquiera lo diría.- Susurró la bruja cómo sí el Slytherin no estuviera delante.
-Lo he oído.
-Si no hubiera querido que lo oyeras lo hubiera pensado en lugar de decirlo en voz alta.- La joven dejó entrever una breve sonrisa divertida por un momento, pero después volvió de nuevo a la realidad.
-Puedes hacerlo. - Siseó arrastrando las palabras.-Sabes que puedes.- Aseguró Snape sin un ápice de entusiasmo, pero con toda la seguridad del mundo. Porque sabía que su mujer lo entendería. - No me engañas, te gustan los retos.
- No es cómo es tuviera decidiendo lo que desayuno por la mañana. Depende de lo que decida el futuro de muchos niños estará en mis manos, o en las nuestras.- Aclaró.- Esto no es sólo un reto, es una gran responsabilidad.- Comentó mientras se levantaba y se acercaba a mirar por la ventana. Estaba nevando fuera, la calle se veía preciosa.
-Cómo si no pudieras con ello. Así que dime…- Severus se acercó a ella y la obligó a mirarlo directamente a los ojos.- ¿Cuál es el verdadero problema?
- Te lo he dicho, es un puesto de mucha responsabilidad para alguien como yo.
-No vayas por ahí.- La cortó bruscamente,- sabes de sobra que serías capaz de dirigir el mismísimo Ministerio de Magia si quisieras, así que no me vengas con esas.- Recordó suavemente mientras sus ojos la examinan cómo cuando era su alumna.- Yo no soy uno de tus amigos, puede que a Potter le engañes. Pero a mí no…
Hermione abrió los ojos y le mantuvo la mirada. Ya no le intimidaba, pero seguía imponiendo respeto, y eso era algo que siempre iba a ser así.
-Así que dime, ¿cuál es el problema?- Snape no quería perder la paciencia, pero lo iba a decir si no le explicaba que demonios pasaba.
-¿Te has parado a pensar alguna vez en nosotros? Pero en serio.- Quiso saber la bruja mientras volvía al sofá donde había pasado toda la tarde descansando después de haberse acostado a las 8 de la mañana tras la fiesta de fin de año. Después cogió su taza de té y la mantuvo en las manos. El té estaba ya frío, pero el gesto la relajaba de todas formas.
-De que quieres hablar.- Aunque su tono era seco, no despectivo.
-¿Te has preguntado alguna vez a donde va este matrimonio?- Preguntó tranquilamente.- Y no, no es lo que piensas, no me estoy arrepintiendo.
- No he pensado nada.- Contestó con cierto deje mordaz.- Y no, no me lo he preguntado. A estas alturas de mi vida ya no planeo nada, lo que tenga que ser será.- Comentó dándole la espalda.
-Quizás tú no, pero yo si lo he pensado. No me gusta ir a ciegas.
-Te gusta tenerlo todo bajo control- Siseó el pocionista mirándola atentamente.
-A ti también.
-Sí. Pero de otra forma.- Confesó.- Háblame, dame mas información.- La apremió.
- ¿No crees que llevar esto los dos supondría un problema para nosotros? Nos ha costado llegar a donde estamos.- Explicó mirándolo a los ojos.- No quiero perderlo.- Confesó. Snape se le acercó, se agachó a donde estaba ella y la besó con algo de urgencia al principio, pero rápidamente se relajó. Convirtiendo en el beso en un roce sutil e imperceptible. No era un hombre de muchas palabras, así que esperaba que aquel gesto le hubiera servido cómo respuesta.
La respiración de Hermione estaba agitada, con las mejillas sonrosadas. Pensó por un momento que había funcionado su táctica. Pero en cuanto los efectos del beso pasaron, la mirada de su mujer había vuelto a ser inquisitiva; bufó exasperado. Pero trató de tener un poco mas de paciencia, sólo un poco más.
Tras cinco segundó resopló.
-No, no es ningún problema-. Espetó bruscamente, estaba claro que su táctica de tener paciencia no había funcionado.- Vamos Granger. Esto que tenemos tu y yo funciona. Trabajamos bien juntos.- Admitió. Su cara inexpresiva podía hacer pensar cualquier cosa.- Lo sabes.
- No hablo sólo de trabajo.- Soltó tranquila, aunque estaba claro que al decirlo se había quitado un peso de encima.- ¿Vamos a vivir en la escuela? ¿En mi casa? ¿En la tuya? Dijiste que ya veríamos cuando llegase el momento.
-¿Si no lo aclaramos no puedes decidirte sobre el puesto de Standford?- Inquirió alzando un ceja.- ¿Tan importante es?
-Para mi si.- Se defendió levantándose.
-Muy bien, pues si es tan importante.- El pocionista se acercó al mueble bar y se sirvió una copa.- Hagámoslo como es debido. ¿Qué se sabe de los puestos y que se sabe del resto? Analicemos las opciones.- Propuso. El hecho de que su marido hubiera hecho eso le daba seguridad, se sentía más a gusto lidiando con los problemas con la cabeza y no por instintos, corazonadas o impulsos. Por eso, a pesar de lo atípica que había sido su relación durante todos aquellos años, habían conseguido llevarse bien al final. Observó como su marido se cruzaba de brazos esperando una respuesta.
- Son puestos directivos, a jornada completa limitada. La dedicación los primeros meses va a ser completa incluyendo el inicio escolar, los puestos vienen con alojamiento en el castillo y con unos sueldos y recursos que de momento desconocemos pero que rondarían el doble de nuestro salario actual, si es que no se triplican. Eso se traduce en estabilidad económica. Así que disponemos ahora mismo de tres alojamientos disponibles, tú casa, la mía, y lo que podría proporcionar el colegio. Por otro lado está la opción de seguir en Hogwarts, me gustaba… Me gusta el trabajo.- Corrigió.- Pero tú…
-¿Yo qué? – Escupió. Pero sólo obtuvo como respuesta una ceja alzada por parte de su mujer. Cuando tenía algún gesto Slytherin… Bueno, que digamos que le gustaba, mucho.- Sabes de sobra que ser profesor no es el trabajo de mi vida, pero… Esto es diferente. Así que en lo que a mí respecta, mientras no tenga que soportar mocosos llorosos llenos de sustancias pegajosas, todo bien.
Había algo raro en Snape, estaba complaciente. Y su marido no era complaciente. Discutía las cosas, las destrozaba si pensaba que no eran las adecuadas. Pero no era complaciente.
-Vale, ya sabemos lo que opinas sobre el puesto. ¿Y con la casa?
-Yo no voy a prescindir de la mía, pero su ubicación resulta complicada. El castillo tendrá chimeneas, o nos podemos aparecer. Así que es sencillo. Por semana nos quedamos aquí, en tú casa y los fines de semana o festivos en la mía, sin magia ni repelentes niños correteando por ahí. – Comentó empezando a estar cansado de aquella conversación. De verdad no entendía como a Granger le costaba tanto aceptar semejante oferta. – ¡Merlín Granger! No sé cuál es el problema.- Masculló enfadado.- Es la oferta de trabajo de tú vida. No la rechaces.
-Vale… si, tienes razón. Acepto.
-Ya era hora.- Soltó impaciente mientras se tomaba la copa de whisky de golpe.
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Aquello se estaba complicando. Vale, al final había decidido complicarse siendo honestos.
Le gustaba complicarse, bueno…
Lo que realmente le gustaba eran los retos. No había podido resistirse. Es posible que con alguna duda al principio, lo reconocía. Pero ese tipo de dudas eran normales en asuntos tan importantes como aquellos.
Los papeles se acumulaban en aquella vieja mesa azul que había encontrado en el antiguo despacho del director. La joven se había llevado todos los bártulos y se había instalado sin embargo en un despacho algo más atípico encima del vestíbulo principal. De hecho no era un despacho, tenía más bien pinta de ser la sala de máquinas del viejo reloj de la torre. A sus espaldas se veía la estructura de madera que sujetaba la inmensa cristalera que decoraba la parte superior de la fachada del castillo. Así que el sitio le había parecido único. Su marido en cambio se había instalado cómo no, en las mazmorras al lado del laboratorio.
Las pilas de papeles que tenía sobre el escritorio temblaban con cada golpe que ejercían los constructores en el castillo. El edificio requería mucha magia, mucha paciencia y mucho trabajo, pero con poco más de un mes de trabajo ya hecho, los progresos eran notables. El techo ya estaba arreglado, la estructura asegurada, había trabajadores con la fontanería, con las puertas, con el jardín. Todo estaba en marcha.
Un golpe más fuerte tiró toda la pila de papeles al suelo. Cruzó su despacho y rápidamente acudió al lugar de los hechos, media docena de personas corrían despavoridas, habían encontrado un nido de duendecillos de Cornualles y cientos de ellos volaban cómo locos por el vestíbulo.
-¡Immobilus!- Gritó con fuerza mientras observaba a las criaturas flotar lentamente paralizadas. – Mucho mejor así.- Sonrió, de repente un pequeño mareo la sacudió y tuvo que sujetarse discretamente a uno de los postes que flanqueaban las escaleras.- ¿Todos bien?
-Sí, todos bien; perdone directora.- Se disculpó uno de los trabajadores mientras de golpe de varita se afanaba en crear una jaula para meterlos a todos dentro. Hermione sintió una nausea en la boca del estómago e hizo un gran esfuerzo para no vomitar. No debería haber comido aquellas galletas de chocolate con mantequilla de cacahuete y más sabiendo que la mantequilla de cacahuete estaba caducada.
Regresó a su oficina y trató de seguir trabajando pero las nauseas acudían a ella cada vez con más fuerza. Cogió varios informes que tenía por ahí y caminó hasta la enfermería que estaba a pocos metros de su despacho, ya que iba a preguntarle por sus nauseas, que la visita sirviera para algo más.
-¿Enfermera Salice? – Llamó la bruja haciéndose paso entre cajas y aparatos tapados con sabanas.- ¿Mary?
-Aquí estoy querida- Mencionó la mujer apareciendo detrás de unas cajas, la mujer era extremadamente baja, más que incluso Dana. Sus 80 años no se reflejaban en su personalidad juvenil. Mary Salice había sido su primera contratación oficial cómo miembro del nuevo personal, y la había reclutado nada más y nada menos que de la sección pediátrica del hospital San Mungo. Era entregada, amable y maternal con los niños, perfecta. Su traje de enfermera estaba reluciente a pesar de estar rodeada de andamios, cajas y polvo.
-Te he traído los informes que pides.- Le entregó la bruja con amabilidad.-¿Todo bien?
- Todo según lo previsto, acaban de llegar estas cajas de San Mungo, cortesía del señor Ministro.
-Perfecto.- Comentó feliz la castaña. Le gustaba que todo fuera según lo planeado.
-¿Necesita algo más querida?
-En realidad si.- Admitió.- ¿No tendrá por casualidad alguna poción para las nauseas?- Quiso saber la nueva directora.
-¿Se encuentra bien?
-No es nada. – Afirmó quitándole importancia.- Demasiado trabajo y demasiada comida basura en poco tiempo.- Bromeó levantando ligeramente la mano.- Mi estómago me está dando problemas, pero asumo toda la responsabilidad.-Se excusó sonriendo.
-¿Por qué no se tumba un rato?
-En realidad tengo un montón de cosas que atender.- Comentó con un poco de apremió. Tenía la agenda de ese día que echaba humo, por ejemplo el cumpleaños de Dana que se celebraba en… Miró su reloj, tenía trabajo que hacer y le quedaban dos horas hasta que empezara la fiesta y no podía llegar tarde, había mucha gente invitada.- De verdad tengo prisa.
-Sólo será un minuto.- Aconsejó maternalmente.- Así me aseguro que no hay nada raro.
-Está bien.- Consintió la joven mientras se tumbaba en una de las pocas camillas libres. La enfermera hizo unas comprobaciones rutinarias. Después sonrió.
-Pero hombre…- Se quejó aun con una gran sonrisa.- Estas cosas se avisan.- Explicó feliz.
-¿Avisar de que?
-Que va a ser.- Comentó Mary tranquilamente mientras hacía aparecer un botecito pequeño con un líquido morado.- Lo del embarazo.
-¿Qué embarazo?- La cara de la Gryffindor empalideció.
-¿Cómo que qué embarazo? El tuyo querida.- Explicó sonriendo.-No sabía que estabas en cinta. Que callado te lo tenías, felicidades.- La felicitó Salice mientras le ponía la poción en la mano.- Trata de relajarte un poco mas con el trabajo, no te exijas tanto y procura comer bien, que tienes ahora tienes que vigilar a alguien más.
El cerebro de la joven iba a toda velocidad, procesando todo. Ella no podía estar embarazada. ¡Vamos! Sólo se habían acostado un par de veces en navidades. Además, le había bajado el periodo cómo todos los meses…
Hermione se puso pálida, se tomó la medicación y salió corriendo de allí cómo si huyera de un basilisco. Se metió en su despacho y cogió la agenda que guardaba en uno de los cajones. Sus manos temblaban buscando fechas entre las paginas color beige hasta que encontró lo que buscaba, o no mas no encontró…
La última fecha era de principios de diciembre. No había nada en enero y estábamos ya casi a mediados de febrero.
¡Mierda!
Por su mente pasó en un segundo toda su vida, toda su situación. Pasó de estar pálida, a preocuparse, asustarse, entrar en pánico y finalmente sonreír. Sonreír cómo una estúpida completamente feliz. Hubiera dado pequeño saltitos de alegría pero no hubiera quedado muy maduro. ¡Aquello era tan inesperado! Pero no imposible. ¿Cómo no se la había ocurrido pensarlo? ¿Cómo había ignorado el hecho de que si no tomaba precauciones eso podía ocurrir?
Pero después se acordó de que tenía marido y que no pasaba.
Y eso era bueno pero también era malo. Severus Snape.
Un nudo se instaló en la boca de su estómago.
¿Qué iba a pensar Severus? Sabía que no era amigo de los niños. Era como si le dieran alergia. Y sin embargo había criado a Lumi perfectamente. Era un padre cuidadoso que se preocupaba. No era tan antisocial y gruñón como quería hacía creer…
Bueno, si lo era. Pero era una de las mejores personas que había conocido en su vida y tenía la suerte de estar casada con él. Volvió a sonreír. Estaba nerviosa, eso había sido tan inesperado. Un montón de sentimientos encontrados se instalaron de nuevo en la boca de su estómago. Cogió sus cosas y desapareció con un pop.
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-¡Hermione!- gritó Draco asustado.- No puedes aparecerte aquí así de golpe sin avisar.- La regañó, aunque automáticamente en su cara se instaló una gran sonrisa socarrona, muy al estilo Malfoy.- Señora Wilcox, esto es para usted, no para su marido.- La advirtió.- Dos al día, durante una semana, y si no lo hace me enteraré.- Tras decir eso la señora asintió y salió por la puerta.- ¿A qué debo el placer de tu visita?- Preguntó.
-Necesito un favor.
-¿Ahora? Si nos vamos a ver en poco más de una hora.- Comentó mirando su reloj.
-Es que es urgente.- Dijo impaciente.
-Muy bien.- Draco la miró suspicaz sin saber a qué venía la prisa. Movió la varita y por la puerta apareció una jovencita morena y muy estilizada.
-¿Me llamó doctor Malfoy?
-No me pase más pacientes hasta que se lo diga, si es urgente los deriva a Abernacy. ¿Entendido?- Ordenó. La joven asintió y se fue.
-¿Nueva? – Preguntó Hermione con cierta sonrisa pícara.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque te mira cómo si fueras comestible.- Comentó divertida mientras se sentaba en su escritorio.- Lo cual significa que aún no te la has tirado.
-Muy observadora.
-Eres fácil de leer Malfoy,- explicó riendo suavemente.
-¿A qué se debe tú visita?
-Creo que estoy embarazada.
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Hermione caminó por las baldosas polvorientas y algo rotas de Standford. Seguía estando nerviosa, pero la felicidad no podía quitársela del pecho. Apretó con fuerza el sobre que le había dado Malfoy con la confirmación. Quería enseñársela a Severus.
Había hablado largo y tendido con Draco. Por supuesto que iba a tenerlo, y por supuesto que tenía algo de miedo en decírselo a Severus. Nunca habían hablado de hijos porque esa situación estaba directamente fuera de la ecuación. Pero Draco le había asegurado que no tenía nada que temer. Y tenía razón. Ese hombre podía resultar difícil de tratar en algunos temas, pero para otros… Cogió aire y sonrió. No tenía nada de qué preocuparse. O sí, dependiendo de cómo se viera, la maternidad era eso, preocuparse por alguien por encima de uno mismo.
Se acercó lentamente a la zona de laboratorio. Estaba todo lleno de polvo y cachivaches, cómo casi todo el castillo. Parecía zona de guerra, pero al menos ya no había agujeros en las paredes, era un gran avance. Buscó a su marido por las mazmorras, eran bastante grandes a decir verdad. La última semana se la había pasado acondicionando una sala cómo gabinete para ingredientes. Quizás se encontraba ahí, a los pocos metros le asombró escuchar un par de voces… Algún trabajador quizás.
-¿En qué momento se le ocurrió hacerlo realidad?- La voz de su marido llegó a sus oídos como un murmullo. Uno cargado de amargura, exactamente qué igual que el tono que usaba cuando daba clases. Hermione se detuvo a pocos metros del gabinete.
-Lo siento Severus, al final resultó ser buena idea.- Se disculpó el otro. ¿Aquel era el ministro de Magia?
-Este no era el trato. Yo me casaba con Granger y usted me daba la gestión de pociones del Ministerio.- Masculló con rabia. Odiaba que le engañasen.
-Lo sé, pero ha resultado ser un proyecto viable y muy interesante, no podíamos desperdiciar semejante oportunidad.- Explicó el ministro.- No ha conseguido la gestión del Ministerio, pero lo he compensado con esto.- Susurró despacio.-Tiene total acceso a los recursos del Ministerio, presupuesto ilimitado y total autonomía para realizar las investigaciones que desee.
-No era el trato.
-No lo era, pero también se supone que debería haberse casado antes, y no lo cumplió.- Le encaró serio.- Así que estamos en paz.
-¿No entiendo que ganaba usted con este matrimonio?
- Eso es asunto mío.- Informó con firmeza. Hermione no podía cree que era lo que estaba escuchando. No quería creerlo.- Usted consiguió lo que quería y yo también. Si algún día quiere volver a hacer negocios. Sólo tiene que avisar.
-No, gracias. Ya he tenido más que suficiente, si no le importa me gustaría no volver a mencionar esto nunca más.- Le amenazó el Slytherin.
La bruja se dio cuenta de que la iban a pillar, quería irse de ahí. Retrocedió un poco pero tropezó con varios calderos haciendo ruido. Los susodichos se callaron.
¡Mierda!…
Ahora sabían que estaba ahí. Quiso marcharse pero no le dio tiempo, se oyó un plop y Severus apareció veloz junto a ella. Las lágrimas de la bruja resbalaron hasta su mejilla nada más verlo, automáticamente se llevó las manos a su vientre.
-¿Cuánto llevas ahí?
-El suficiente.- Respondió tratando de no llorar mas. Pero no estaba triste, estaba enfadada por haberse dejado engañar por ese hombre. ¿Cómo se había podido dejar embaucar de esa forma? Se sentía estúpida. Se dio media vuelta, sólo quería largarse de allí.
-¡No! Espera.- Snape se acercó a ella cogiéndola del brazo.- Déjame explicártelo...
-Nada de lo que pueda explicarme arreglará esto, profesor Snape.- Escupió con dolor. Snape ardía de rabia por dentro. ¡Aquello no debía ser así!
-¿Profesor Snape? Sigo siendo Severus.- Le recordó con rabia mientras notaba como la bilis recorría su garganta. Todo eso era por su culpa.
-Ya no; acaba de perder ese derecho.- Advirtió apretando los puños con fuerza. Se secó las lágrimas de los ojos. No se iba a permitir llorar por él.
-Por favor. Déjame explicarme.- Su voz sonó lejana, casi cómo triste. Pero Hermione no se iba a dejar embaucar más, se había tragado todas las palabras bonitas de Snape, todos sus gestos. Estaba claro que no había perdido su toque de actor, que ilusa había sido. Todas sus conversaciones que habían tenido sobre la confianza, su inseguridad. Todo había sido una treta. Algo en su interior le decía que tenía que haber una explicación, que lo escuchara. Su corazón quería creer que había una razonable explicación y que le dejara contárselo. Pero su cerebro decía todo lo contrario y cómo lamentablemente siempre que había seguido a su corazón había salido mal herida, esta vez no iba a ser así.
Se había acabado la mujer confiada, a partir de ahora tenía que cuidarse mucho más. Tenía que cuidarse por dos. Y aunque su corazón estaba destrozado, se obligó a recomponerse.
-No le voy a creer diga lo que diga.- Soltó con asco, mirándolo por primera vez a los ojos.- Pero si quiere perder el tiempo. Tiene dos minutos.- Soltó agarrando la varita con intención de usarla si hiciera falta.
-Hermione…
-Señorita Granger para usted.- Siseó mirándolo con asco. Snape lo notó, notó el rencor en su mirada, el asco impregnando cada palabra que decía. Y la entendía, el mismo se sentía despreciable en ese momento.
-Está bien.- Snape levantó las manos en señal de paz. – Señorita Granger, quiero confesarle algo.
-¿El qué?- Preguntó. Aunque hacía un buen rato que había decido no hacerle caso.
-Nunca se lo he dicho.
-¿A si?- Preguntó con ironía.- ¿Que es lo que nunca me ha dicho? ¿Qué se casó conmigo por una orden? – La ironía le rezumaba por los poros. Incluso se le escapó una pequeña sonrisa sádica.
-Cuando la vi me enamoré de usted.
-No me haga reír.
-No es mi intención.- Masculló arrastrando las palabras. Parecía que lo decía con sinceridad, pero Hermione ya no se fiaba de él- Cuando desperté en la enfermería aquel 2 de mayo…
-No se ría más de mí.
-No lo hago.
-¿No?
-Lo digo en serio.- Siseó serio.- Pensé que era la mujer más increíble que había tenido el placer de conocer.- Comentó lentamente casi dándole un aire nostálgico y dramático, aunque ese no era el plan.- Se que he sido un egoísta y la he traicionado, pero se lo digo de verdad.
-No, eso no es cierto.
-Lo es.
-¡No puede decirme que estaba enamorado de mi y luego mentirme!- Le gritó con rabia.- ¿Qué necesidad tenía de decirme que me amaba? Ya me tenía donde quería.
-Porque de verdad la quiero.
-¿Si?- Preguntó con diversión. Una risa carente de vida inundó el lugar.
-Sí.
-Pero lo nuestro no era amor.
-No se engañe, sabe que en el fondo si lo es.
-Y sin embargo… Ahí está teniendo que sacrificarse, no se preocupe que no tendrá que hacerlo más.
-Déjeme explicarme.
-Ha tenido dos minutos y no lo ha hecho.- La bruja se quitó el anillo, se acercó a su falso marido y le estampó el anillo contra el pecho.-Métaselo por donde le quepa.
.-.-.-.-.-.-.-.-.
Hermione se apareció a las afueras del pueblo, todo para que Dana no sospechase nada. Ella seguía siendo muggle. Así que aprovechó para serenarse, lo iba a necesitar a partir de ahora; pero se le notaba que ocurría algo, tenía los ojos hinchados y su mirada estaba opaca. Debería sentirse feliz por saber que iba a tener un bebé, y en lugar de eso, en ese preciso momento era incapaz de sentir la mas ínfima brizna de felicidad. Ella que había ido con toda la ilusión del mundo hablar con él y…
¿No se cansaba de que ese hombre la decepcionara?
Cogió aire y se acercó al pub, veía el ajetreo de la gente. Había amigos, estaba Lumi, Draco, Harry…
El primero en verla fue Draco, al momento sabía que algo ocurría; la conocía demasiado bien. La cogió del brazo apartándola de todos llevándola a la trastienda. En cuanto estuvieron solos, la bruja se echó a llorar. Se había prometido no hacerlo, pero las circunstancias la abrumaron. Malfoy sólo supo hacer lo que estaba acostumbrado con Granger, abrazarla y hacerle sentir bien.
-Todo saldrá bien, solucionaremos esto, ya verás.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Severus apretó los puños con rabia y todo lo de la habitación estalló. Hermione se merecía una explicación mejor. No se merecía aquello, iba a hablar con ella, necesitaba explicárselo. Y sabía dónde podría encontrarla.
.-.-.-.-.-.-.-.-
La situación se le había ido de las manos, había llegado al pub, estaba abrazada a Draco y lo siguiente que recordaba es ver a Draco hablar con los demás. Vio a Lumi acercarse para consolarla, y a Dana. Pero todo estaba entre una especie de neblina. Malfoy le había dado algo para relajarla. Y ahora sentía que su cuerpo flotaba y le costaba enfocar la mente. Se dispersaba muy fácil. Oía a Draco hablar con Lumi y con Harry. Palabras cómo boda, embarazo, mentiras…
Pero cuando trataba de escuchar las palabras se desvanecían.
-Será mejor si la llevamos a su casa y que descanse.- Sugirió Lumi.
-Su casa no, no es la mejor idea que quede sola; llévala a la mía.- Aconsejó el rubio.- En su condición es lo mejor.- Lumi asintió.- Yo iré en un rato.
-Yo te ayudo.- Se apresuró a ofrecerse Potter. Su mejor amigo se acercó a la bruja y la cogió en brazos. Hermione no se resistió, estaba en una nube.- Será cuestión de 2 minutos.
- Kensington Palace Green, número 5. Londres.- Le dijo a Potter para que supiera donde ir. Lumi lo sabía, pero Lumi no podía aparecerse.- Chelsea sabrá que hacer.
Harry y Lumi asintieron.
- Ahora volvemos.- Comentó el moreno dejando que Lumi se cogiera a él.
Se aparecieron justo en el jardín trasero. Lumi se acercó a la puerta trasera de la cocina.
-¡Chelsea!- Llamó la joven. La elfina se les apareció rápidamente.
-Señorita Lumi.- Gritó entusiasmada.- Y la señorita Hermione.
-Necesitamos ayuda.- La elfina asintió y chascó los dedos. Al momento Hermione se notó caer sobre una cama y notó la cabeza tocar la almohada suavemente… No debería haber ido, ahora todos estaban preocupados por ella y no podía evitar sentirse mal por ello. Que no debería; pero no podía evitar la culpabilidad.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Quería arreglar las cosas. Quería hacerlo mejor.
-¿Dónde está?- Preguntó. Pero nada más llegar se dio cuenta de que no iba a ser fácil. Lo recibieron miradas de odio y de decepción, y su semblante cambio. Había ido con intención de aclararlo todo, pero estaba claro que los allí presentes no tenían la misma intención que él.
Sabía de sobra que no le iban a dar la oportunidad de hacerlo y estaban en su derecho. No tenía ninguna oportunidad así que se obligó a poner su cara de frialdad y en cuestión de segundos construyó otra vez un enorme muro alrededor de él. Si no iban a dejar que se explicase no tenía sentir mostrar vulnerabilidad. Era lo último que necesitaba en ese momento. Su famosa máscara de frialdad cubrió su rostro mientras enterraba cualquier posible sentimiento que pudiera albergar.
Se reprochaba a si mismo muchos errores en su vida, y este iba a ser uno de los más grandes. Tenía razón, quizás nunca deberían haberse casado en primer lugar. Había sido un error desde el principio. Debía haber tenido más sentido común. Nunca debía haberse dejado llevar por sentimentalismos baratos y promesas estúpidas y llegar a donde había llegado. Pero no iba a volver a pasar. Porque no lo iba a permitir.
- No te interesa y no deberías haber venido.- Advirtió Draco, quiso continuar hablando, pero lo interrumpieron.
-Te has comportado como un tirano. No quiero ser partícipe de esto; me has decepcionado.- Susurró Dana con un hilo de voz. - Me has decepcionado…- Repitió dotando a sus palabras de un profundo dolor.
-Ya somos dos.- Respondió con indiferencia, sus ojos opacos parecían haberse quedado sin vida.
La anciana salió del local no pudiendo ser partícipe de aquella desgarradora situación. Snape alzó su mirada, observando la situación, la mirada de asco de Potter no le supuso ningún problema, ya estaba más que acostumbrado; independientemente de que lo que le pudiera decir le importaba más bien poco.
-¿Deme una razón para no matarle?- Preguntó Harry con ira. Sin embargo su voz calmada le recordó a uno de los seres más despreciables y crueles del mundo. Potter alzó la mano con rapidez y sin siquiera usar varita lanzó a Severus contra la pared y lo mantuvo ahí con odio apretando la mano mientras veía cómo el hombre se esforzaba en respirar.
-Vamos…- Instó Snape retándolo.- Vamos.- Escupió con asco, en cierto modo tenía la esperanza de que Potter acabara de una vez con su patética existencia. Podía hacerlo, no iba a resistirse. Pero siendo honestos, a estas alturas de su vida dudaba que fuera capaz de ser un adversario para él. Ese estúpido mocoso con gafas era el mago más poderoso que conocía. Así que bien; mejor para él. Así su muerte no sería tan patética después de todo. Pero el jefe de Aurores no tenía tal intención, bajó la mano y desapareció de allí dejando un pequeño remolino de niebla.
El cuerpo de Severus cayó al suelo, sus rodillas chocaron contra el pavimento del local, pero su orgullo era más fuerte y rápidamente se puso en pie. Trató de respirar, intentando llenar sus pulmones de oxígeno. Aunque si su vida ya no merecía la pena, mejor si dejaba de respirar. Así seguro que solucionaba todos los problemas. Harry desapareció escaleras arriba.
-Te dije que si le hacías algo lo lamentarías.- Se acercó a él con la varita en mano y todo el porte que le otorgaban sus genes.- Y los Malfoy siempre cumplimos nuestra promesa.
-¿Te has visto?- Comentó avergonzada de lo que su padre había llegado a hacer.- Después de todo lo que me has enseñado, después de todo…- Lumi agachó la cabeza.- No sé quién eres.- Masculló dolida.- Enhorabuena, por fin has conseguido lo que siempre has querido.- Hizo una pausa y lo miró con lagrimas en los ojos.- Estar solo.- Después salió de ahí.
Uno a uno los comentarios de las personas que mas apreciaba en aquel mundo cargaban contra él sin piedad.
Snape le dirigió una mirada profunda, cargada de un extraño sentimiento de culpa. Lumi, la inesperada hija que apareció en su vida cuando no quería, ni lo merecía; pero que a pesar de todo lo que había hecho, a pesar de cómo la había criado (siendo consciente de que aunque la amara con todo su ser) su frialdad, su cercanía, podía haber sido infinitamente mejor. A pesar de todo eso, nunca se había alejado de él. Pero lo más importante…
Jamás de los jamases lo había mirado cómo lo hacía ahora. No iba a fingir que no le dolía, siendo Lumi una de las personas más nobles y desinteresadas que conocía, la que nunca lo juzgaba no importara lo que hiciera. Ahora se había ido por la puerta dejando tras de sí la sensación de desagrado y vergüenza hacia su persona. Se le encogió más el corazón.
Y por supuesto se lo merecía. Pero eso no lo hacía más fácil, sabía que no debía, pero hizo lo que mejor sabía hacer, hizo lo que su apellido le dictaba que estaba destinado a ser. Un cruel y bastardo cabrón, aún con el corazón encogido, en su rostro apareció un gesto olvidado, y una mirada lejana. La misma que usaba cuando no era nadie, ni tenía a nadie. La que aprendió a usar cuando la marca tenebrosa en su brazo significaba algo para él.
Severus Snape, el villano, déspota e inhumano Severus Snape pugnaba por salir.
-Jamás pensé que fueras capaz de algo así padrino.- La pose altanera de Malfoy y la cara de asco era bien visibles, no se estaba molestando lo más mínimo en ocultarlo.- Quizás te importe una mierda lo que has hecho, pero has perdido más de lo que te imaginas. ¿Por qué sabes qué?- Draco hizo una pose y se le acercó.- Hermione está embarazada.- Los ojos de Snape centellearon.- Pero seguro que te da igual, pero no te preocupes padrino.- Esto último lo escupió casi cómo un insulto.- No te necesita, nos tiene a nosotros.
Se acercó a Snape hasta que sus torsos se tocaron.
-Eres patético.- Escupió con asco. Después despareció.
Su rostro empalideció y sus ojos se opacaron. ¿Hermione embarazada? Su garganta se secó y una extraña sensación oprimió su pecho. ¿Iba a ser padre?
Pero eso tenía que darle igual, ¿no? Es decir ¿No era lo que siempre había deseado? ¿Que nadie se metiera en su vida? ¿Estar solo? Pues perfecto… Lo había conseguido. Ya podía disfrutar de su mierda de vida solo. Draco tenía razón, era la persona más patética que conocía. Era penoso.
Así que miró a su alrededor y se despidió sabiendo que no quería irse. Se despidió porque aunque no quisiera, eso era lo que había que hacer, lo mejor. Hermione y su hijo o hija, no necesitaban a alguien cómo él en sus vidas. Iban a estar mucho mejor sin él.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- Algún tiempo después .-.-.-.-.-.-
Llevaba demasiado tiempo esperando este momento, demasiado tiempo alejado de todo y de todos. Pero también había sido mucho tiempo el que había necesitado para perdonarse por lo que había hecho. Porque por mucho que Hermione lo hubiera hecho y lo hubiera perdonado hacía mucho; él aún no estaba listo.
Y había requerido mucho tiempo y esfuerzo curarse a sí mismo. Se merecía lo que había pasado. Y durante mucho tiempo, demasiado… Se había obligado a sufrir la penitencia que se había impuesto.
Muchos eran los que habían intentado hablar con él a lo largo de todo ese tiempo. Los primeros meses habían sido complicados para todos. Pero cómo solían decir los muggles, el tiempo lo cura todo, y la verdad siempre sale a la luz. Había podido aclarar las cosas, y todo había vuelto a su cauce.
Las explicaciones y las disculpas habían sido amargas y le había costado volver a recuperar la confianza perdida. Su comportamiento no tenía justificación. Había usado a Hermione para conseguir su dichoso puesto. La había manipulado y usado.
Pero había algo en lo que no había mentido.
La amaba, la amaba con todo su oscuro, Slytherin y frío corazón. Nunca le había mentido en eso. Y en el fondo Hermione lo sabía, y quizás eso había ayudado a que un tiempo después lo perdonase. O al menos suponía que había sido eso, porque que ambos sabían que había ciertas cosas que no se podían fingir.
A todo su rencor y penitencia generado por haber traicionado su confianza, había que sumarle algo más.
Su hijo, al que no conocía. Le había costado darse cuenta de que apartarse de sus caminos les había hecho más mal que bien. Haber seguido adelante con aquella estupidez de poner tierra de por medio en lugar de dar la cara le había apartado de su hijo y de su mujer. No había estado ahí con ellos, en su embarazo, su nacimiento, sus cumpleaños… Y aunque hubiera aprendido a curarse las heridas, haberlos abandonado (porque así era cómo se sentía) era algo que nunca se perdonaría, podría ser feliz, recuperar su vida. Pero jamás se perdonaría eso; aunque Hermione ya lo hubiera hecho, aunque lo hubiera perdonado hace tiempo. Aunque su hija Lumi también lo hubiera hecho. Y Dana y Draco y Potter…
El no podría.
Pero ya no tenía sentido la espera. Ya se había castigado suficiente y no sólo él. Ahora castigaba a otros al mantenerse en la distancia.
Su corazón se retorció en su pecho quemándolo vivo. Toda la rabia acumulada en su cuerpo lo estaba pudriendo desde hacía 1188 días. Es decir:
3 años, 7 meses, 20 días y… unas 13 horas. Una punzada de culpabilidad en su pecho le hizo cambiar el semblante poniendo un rictus de dolor. Cuanto le dolía todo el daño que había hecho. Se acercó al jardín deslizándose, con el paso de los años su apariencia de murciélago era una de esas cosas que nunca habían cambiado, lo único constante en su vida. Pero eso podía cambiar.
Quería decir algo en cuanto la vio. Por primera en todo su vida lo tenía todo extremadamente claro. Llevaba años ensayándolo en su cabeza. Quería decirle tantas cosas. Tenía tanto por lo que disculparse otra vez y lo iba a hacer, porque su orgullo de mierda lo había apartado de la primera persona que lo había amado por ser él. Notó cómo le cogía la mano y no pudo evitar la sorpresa, al instante reconoció su piel y su tacto, no había olvidado ni un centímetro de su cuerpo, cómo si el tiempo no hubiera pasado.
-Ven- susurró Hermione con amor mientras le otorgaba la sonrisa más sincera y honesta que hubiera visto jamás. Ella también había sufrido, también había estado esperando con paciencia todo ese tiempo y por fin había llegado. Severus hizo el gesto de intentar hablar, pero la bruja negó suavemente la cabeza mientras le apretaba sutilmente la mano. Estaba ahí, solo importaba eso, el amor de su vida había vuelto a su lado, no quería más explicaciones, no quería más dolor. Todo había quedado más que aclarado, y ahora era cosa del pasado. No hacía falta, de verdad que no.
Ambos habían esperado ese momento desde hacía mucho tiempo.
Demasiado…
El hombre la siguió unos metros por el jardín, no lo recordaba así. Caminaron unos metros hasta dar con lo que estaban buscando. Después le apretó un poco más la mano a su marido y sonrió.
- ¡Severus! Ven aquí cariño.- Llamó a su hijo con ternura. Un niño de tres años de pelo negro rizado y ojos ámbar soltó los juguetes con los que estaba y se acercó corriendo con una gran sonrisa en los labios.
Los ojos del hombre ardieron y una lágrima se escapó de ellos. No había llorado desde el 2 de Mayo de 1998 en la casa de los gritos, desde que supo que no le quedaba más tiempo. Pero esta vez no lloraba por perder la vida.
Si no por haberla recuperando…
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-FIN.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ahora sí, no es un simulacro. Por fin esto se acabó. ¿Vosotros también os encontráis raros? Cuando dije que tenía el final, es que lo tenía. Y no me tenía sentido alargar esto mas.
Antes de continuar tengo algunas cosas que contar, agradecimientos, explicaciones y despedida. Podéis leerlo todo, nada, o ir a la parte que deseéis, para no resultar más pesada de lo que ya soy.
Agradecimientos: Dar las gracias a todos aquellos que me habéis seguido desde el principio. A los que me habéis seguido una parte, y a los que estabais de pasada. Gracias por esta aventura de 5 años, donde habéis tenido la paciencia más infinita del mundo. Donde habéis estado a mi lado; mes tras mes y año tras año.
Gracias de todo corazón.
Explicaciones: O más bien una explicación de por qué no voy a dar explicaciones (válgame la redundancia). No está hecho al azar y me gustaría que supierais el porqué. Quizás penséis que dejo muchas cosas en el aire, que faltan datos o información. O parece acabado con prisas y metido un final a presión. Pero no, aunque no lo creáis este final eran dos capítulos más largos qué este, pero reduje escenas e información. Y os diré por qué; porqué por primera vez me gustaría dejar cosas así, no todo debe ser contado, porque hay veces que no es necesario. A veces las cosas suceden cómo este capítulo y que cada cual piense lo que quiera. La cuestión es, cuando el amor es fuerte, hay cosas en las no necesitas explicaciones al final. Y siento las ñoñerías, pero es lo que opino.
Despedida: No es un adiós, sólo un hasta que nos volvamos a leer. Mi cabeza seguirá llena de proyectos hasta el día que me muera. Y yo voy a seguir por aquí para quien me quiera leer.
Saludos de Cloe.
