Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de camnz y fue beteada por Flame's Child.

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Al día siguiente Hermione despertó tensa, era un poco aterrador saber que en el camino entre ella y una nueva vida tal vez no había nada. Si Draco se enteraba, probablemente se enojaría. Menos mal que a ella no le importaba lo que él pensara, pero se sentía paranoica y eso la estaba haciendo mirar sobre su hombro, lo cual era ridículo, aunque también lo era maldecirla para que no se fuera.

Si todo lo demás fallaba, podría ir al Wizengamot para que la liberaran, pero no estaba segura de que la oirían. Probablemente estarían demasiado avergonzados desde el punto de vista político de que los sangre sucia tengan lazos con los de su tipo y que éstos sientan celos de ellos.

No, no tendría una oportunidad para defenderse. Sólo Dios sabe lo que haría si se enteraba, tal vez incluso la pondría bajo la maldición Imperio. Ella no podría dejarlo, él incluso la secuestraría, ¿quién lo detendría? Ciertamente no sentía que pudiera confiar en la amistad de Ron, en que se convirtiera en su gran defensor. No era probable.

Ella tomaría lo que él le ofrecía, pero no lo perdonaría. Si esto hubiera pasado hace unos años, ella no querría tener nada que ver con él, pero las cosas habían cambiado y si los sangre pura le ofrecían algo, no tendría reparos en aceptarlo. Al final, Ron era un sangre pura.

Hermione reconoció cuán cansada estaba. Quizás ella tampoco era capaz de ver más allá del estado de sangre. La esperanza de ponerle un fin a todo esto había comenzado a cobrar vida en ella y no podía extinguirla. Crecía a cada minuto, como su determinación.

Le dijo a Edna que estaba pensando en irse. Edna se negó a mostrarle nada más que apoyo, como si fuera el único camino hacia adelante. Tal vez lo era, porque Hermione por alguna razón, no podía ver ningún otro camino.

Si las cosas funcionaban, le pediría a Connie que vendiera todas sus cosas para apoyar a Edna. Connie podría obtener un buen precio por ello. Edna se quedaría en el apartamento, con las joyas que Draco le regaló y con una buena administración, podrían servirle durante unos buenos diez años.

La tentación de alejarse de todo picaba bajo su piel. Todo el dolor, humillación y tristeza. Sólo dejarlo todo atrás, comenzar de nuevo sin recuerdos de ese horrible lugar. En el brillante mundo muggle.

También olvidaría dónde estaban sus padres, perdidos en Australia sin saber que tenían una hija. Ese era el único inconveniente en el plan, tal vez nunca se reencontrarían. Por otra parte, nunca se le permitiría buscarlos si se quedaba ahí y su varita no podría manejar algo tan complejo como deshacer los hechizos de memoria.

Su mente estaba zumbando tratando de pensar qué hacer, tenía que haber alguna forma de evitar esto. Si sólo pudiera recibir un mensaje para ella misma. Quizás podría escribir algo en su brazo para decirle dónde estaban o una carta. El contacto directo como un búho estaba fuera de cuestión.

Un golpe en la puerta rompió sus meditaciones.

—Ron —dijo mientras abría la puerta.

—Traje un Rompe maldiciones —comentó Ron—. Ella no puede quedarse mucho tiempo.

Era la forma en que Ron le decía que esto le estaba costando una fortuna. Ella dejó entrar a Ron y a la anciana.

Esta no era una buena anciana como Edna. Esta era una vieja arpía. Realmente un modelo de los villanos de Disney. La nariz ganchuda y el cabello feo de la mujer hicieron que quisiera apartar su mano, pero ella le ofreció el saludo. La mujer no tomó la mano extendida de Hermione, obviamente no era una fan de las clases bajas.

—¿Esta es la chica? —preguntó la mujer a Ron.

—Sí —Ron respondió—. Ella dijo que le pusieron dos.

—Siéntate, niña —la mujer ordenó. Hermione vaciló cuando sacó su varita torcida. Todo sobre ella parecía lucir torcido.

La mujer la vio tratando de leer las huellas de la magia.

—Son poderosas —dijo la mujer—. Magia oscura. La varita está acostumbrada a la magia oscura.

Hermione sólo podía apretar los dientes ante la idea de la varita y los tipos de magia que realizaba.

—Uno es simple, pero poderoso. Una aversión a cierta ubicación.

—El Ministerio —Hermione ofreció.

—Será suficientemente simple de eliminar —la mujer dijo y Hermione tuvo un poco de esperanza—. El otro es un hechizo de rastreo.

Hermione asintió. Eso tenía sentido.

—La varita puede saber dónde estás en todo momento.

—¿Puedes quitarlo? —Ron preguntó.

—Por supuesto que puedo, muchacho —la mujer chasqueó, obviamente molesta por ser cuestionada.

La mujer comenzó.

—Espere —Hermione dijo—. ¿Lo sabrá?

—¿Sabrá qué? —la mujer preguntó.

—Que los han quitado.

—Él será capaz de saberlo de inmediato.

—Entonces vendrá aquí —Hermione dijo mientras intercambiaba miradas con Ron—. Debemos irnos.

—Nos apareceré tan pronto como los quiten.

—Él sabrá a dónde voy. Me seguirá al Ministerio.

—Entonces tenemos que evitarlo.

—¿Estás lista? —la mujer preguntó.

—Espere —Hermione dijo—. Necesito un minuto.

—Hermione —Ron hizo una mueca.

Hermione corrió a su habitación y revisó las cajas con las cosas de Harry. Ella recordó una pila de cartas. Tenía la sensación de que había visto una postal allí. Ella se la había enviado desde Gibraltar un verano a su casa en Privet Drive.

Después de revolver todo frenéticamente, la encontró. Detallaba todo su verano. Agarró su varita mágica y limpió el sello postal, luego escribió una nota rápida en la parte inferior: "Pero yo y mis padres preferimos Adelaide".

—Aquí, Ron —murmuró ella—. Debes enviar esto por correo. Hay un buzón muggle en Godric's Hollow. Tu padre debe saber dónde encontrarlo. Envía este mensaje Ron, es muy importante.

Ron asintió y se guardó la tarjeta postal en el bolsillo.

Hermione se sentó frente a la vieja bruja y se puso a trabajar.

—Hay algunas cajas en el dormitorio, Ron. Son las cosas de Harry. Entrégaselas a Ginny, ¿de acuerdo?

Ron asintió de nuevo.

—¿Dónde las obtuviste?

—¡Silencio! —ordenó la vieja bruja.

Le tomó unos diez minutos, pero Hermione sintió que el hechizo de seguimiento se iba con un pequeño estallido dentro de ella.

—Ahora él lo sabe —indicó la anciana—. Espero el pago para el final de la semana —le dijo aRon, volteándose.

—Por supuesto —contestó Ron y tomó la mano de Hermione. Se aparecieron lejos.

Aparecieron de nuevo en una hermosa casa estilo sangre pura.

—Esta es mi casa —Ron comentó.

—Oh —no se parecía en nada a él. Ella nunca podría haber adivinado que él vivía allí.

—Él podría venir aquí —aseguró Ron.

—Afortunadamente él está demasiado ocupado tratando de atraparme en el Ministerio —Hermione dijo—. Pero él podría venir aquí. Debemos movernos rápidamente.

—Puedo dejarlo inconsciente, supongo —ofreció Ron. Hermione podía decir que Ron no estaba tan emocionado por pelear con Draco. Ella lo entendía, podía imaginar que Draco estaría enfadado por tal cosa y definitivamente le guardaría rencor.

—Tal vez sería mejor si nos tomamos con calma esto. Pasar desapercibidos —Hermione dijo.

—¿Cómo? —preguntó Ron—. ¿Con un disfraz?

—¿Tienes poción multijugos?

—No, no es el tipo de cosas que guardo en la casa —contestó Ron.

—Deberíamos haber pensado en eso. Esto es demasiado apresurado.

—Pero creo que todavía tengo algunos de los caramelos feos de George y Fred —reflexionó Ron.

—¿Caramelos feos?

—Era algo en lo que estaban trabajando. Te vuelve horriblemente feo. Nunca lo lanzaron, porque no podían resolver los efectos secundarios.

—¿Efectos secundarios? —Hermione preguntó sospechosamente.

—Pica mucho —Ron dijo—. Pero te verás tan fea, que Draco no querría tener nada que ver contigo, aunque supiera que eres tú. Es lo mejor que tengo.

—Bien, hagámoslo —Hermione aceptó. Ella podría manejar un poco de picazón.

Ron regresó después de unos minutos con un par de caramelos en la mano.

—Toma uno y mantén otro en caso de que el efecto desaparezca demasiado rápido. Había olvidado que tenía esto —Ron dijo con una leve pero sombría sonrisa mientras obviamente recordaba algún momento del pasado—. Te voy a extrañar.

Hermione estaba segura de que Ron estaba hablando de algo más. Ella había olvidado que él también había perdido prácticamente todo. Su familia fue diezmada.

—Espera —indicó Ron, cuando Hermione estaba a punto de meter el caramelo en su boca—. ¿Él reconocerá tu ropa?

—Podría hacerlo —Hermione reconoció.

—Vuelvo enseguida —dijo Ron y se fue.

Regresó con un vestido sobre su brazo. Un vestido de sirviente.

—¿Tienes sirvientes? —Hermione indagó, incrédula.

—No, la madre de Pansy sí.

Hermione se puso el vestido y tragó el caramelo, el cual era tan incómodo como la poción multijugos.

Ella podía deducir por la expresión de Ron que funcionaron.

—¿Lista? —Ron preguntó.

Hermione asintió.

—Espera. Tengo que escribirle una nota a Connie. ¿Puedes enviársela?

Ron asintió mientras ella le escribía a Connie una rápida nota en la que le pedía que por favor vendiera todas sus cosas para darle el dinero a Edna, que se despidiera por ella de sus amigos más queridos y le deseaba las mejores esperanzas para el futuro. Hubiera sido más elocuente, pero no tenía tiempo. Era hora de irse.

Ron la apareció en uno de los callejones laterales del Ministerio.

—Vete antes de que te descubran —Hermione dijo.

—Mione...

—Ve, Ron —ordenó Hermione. Ella no quería comenzar a llorar y por mucho que estuviera enojada con Ron, todavía era difícil despedirse de él, porque eso significaría que todo terminaría.

Él no se iría sin un abrazo y la abrazó con fuerza.

—Sé feliz, Hermione —él clamó con su voz un poco temblorosa.

—Lo seré —le aseguró—. Ahora vete o el efecto del caramelo se acabará. ¡Oh, Dios mío! Estoy ansiosa.

Su piel prácticamente ardía, pero no le importó porque distraía su mente del hecho de que se estaba alejando de su vida y de una persona que había sido su amigo más íntimo. La distraía de los buenos recuerdos.

Oyó la aparición de Ron detrás de ella cuando se volvió para salir a la calle principal. No le llevó mucho tiempo ver al grupo de Draco. Obviamente había traído refuerzos, pero nadie se dio cuenta de ella. Le picaba tanto la piel que apenas podía caminar recta. Le tomó todo su poder de concentración el poner un pie delante del otro.

Ella tranquilamente pasó por delante de todos. Era un día ocupado y había muchas personas, lo cual servía para su escape. Ella llegó al Ministerio. Draco estaba en el vestíbulo, de pie en el medio, mirando a la multitud. Él estaba enfadado, ella podía verlo.

Su corazón se paralizó en su pecho mientras sus ojos la examinaban. Ella pensó por un segundo que el efecto del caramelo había terminado, pero él hizo una expresión de disgusto antes de apartar su mirada. Ella se movió lentamente a través del vestíbulo. Crabbe y Nott también estaban allí. Ninguno de ellos la reconoció.

Podía sentir la presencia de Draco como electricidad en el espacio. Se quedó allí, erguido y alto, mirando a la multitud con atención. Se preguntó qué haría si la atrapaba y una parte perversa de ella quería averiguarlo. Quería que la atrapara, quería que tomara las decisiones por ella.

Pero sabía en sus huesos que nunca existiría un futuro para ella allí, elegirlo sería una opción tonta. Él la lastimaría una y otra vez. La cantidad de dolor superaría con creces cualquier ganancia. No lo podía negar más, ella ardía por su toque. Aunque gracias a Merlín, la comezón del caramelo era tan grande que no podía pensar en nada más que la intensa incomodidad.

Sin incidentes, ella llegó al ascensor. Tuvo que parpadear para contener las lágrimas cuando la puerta del ascensor se cerró. Eso era todo, estaba haciendo esto. Si hubieran estado destinados a estar juntos, él la habría atrapado, la hubiera visto, pero no lo hizo.

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Fin Capitulo Veintidós

Naoko Ichigo