Tomoyo y Touya se marcharon a dormir un poco antes de empezar con sus trabajos, los tres vampiros corrieron hasta un gran edificio.
Bajaron por la rampa y Meiling abrió la enorme puerta de metal del garaje.
Volvió a cerrarla cuando su primo y Sakura ya habían entrado, quedándose todo completamente a oscuras.
Pero ahora Sakura podía verlo todo como si hubiera luz.
-Los vampiros veis genial- murmuró, asombrada.
El enorme garaje de tres plantas del edificio había sido reforzado con paredes, los vampiros habían construido habitaciones por todas las plantas.
Algunas tenían puertas y otras no.
Siguió a los dos primos y, antes de que pudiera preguntar, Syaoran se lo aclaró.
-Las habitaciones sin puerta significan que cualquier vampiro puede entrar y unirse a lo que estén haciendo dentro. Las que tienen puerta quiere decir que no se aceptan invitados-.
-¿Unirse a lo que están haciendo?- repitió Sakura, confundida.
Entonces se dio cuenta de que se escuchaban algunos sonidos, algo que parecían gruñidos o gemidos.
Al pasar por una de esas habitaciones sin puerta, se acercó un poco para mirar dentro y descubrió a cuatro vampiros teniendo sexo entre ellos.
Retrocedió en silencio, espantada.
Miró a Hiro, por suerte él seguía durmiendo en sus brazos como si nada.
-A la mayoría le gusta pasar así el tiempo hasta que se pone el sol- dijo Meiling sin dejar de caminar.
Llegaron a una habitación con puerta y la abrieron.
Dentro había dos sillones, una mesa, muchísimos libros y algunos juegos de mesa.
Sakura cerró la puerta y observó la habitación.
-Tendremos que buscar un sillón para ti esta tarde- murmuró Meiling, dejándose caer en uno de ellos.
Syaoran se acercó a una de las estanterías y cogió un libro.
-Vosotros... ¿también hacíais eso por las mañanas? ¿Orgías?- preguntó Sakura con voz temblorosa.
Meiling chasqueó la lengua, molesta.
-A mí nunca me ha gustado compartir- gruñó.
Sakura miró a Syaoran, que estaba apoyado en la pared leyendo su libro.
-Yo sí lo he hecho alguna vez... aunque no me resulta muy interesante, prefiero leer- dijo él.
Sakura entrecerró sus ojos rojos.
-No me mires así, desde que te vi esa noche no he estado con nadie que no seas tú- añadió Syaoran.
-De todas formas da igual, sigo sin querer estar cerca de ti- gruñó ella con desprecio.
Sakura suspiró y se acercó al sillón que quedaba libre, dejando ahí a Hiro.
El pequeño se removió un poco pero siguió durmiendo.
-¿Es normal que duerma tanto?- preguntó a Meiling.
-Pues claro, piensa en todo lo que está creciendo. Syaoran también dormía casi todo el día- respondió ella.
Sakura se sentó apoyando la espalda en el sillón y cerró los ojos.
Los primos vampiros ni se movían, solo se escuchaba el ruido de las hojas del libro de Syaoran cuando pasaba de página.
Un rato más tarde, Sakura se puso de pie.
-Me aburre estar aquí sin hacer nada-.
Meiling abrió los ojos.
-Para eso están los libros, hay sobre todo lo que quieras. También podemos jugar al ajedrez-.
Sakura bufó.
-Necesito moverme-.
-Tardarás un poco en acostumbrarte a esto, lo mejor es aprovechar para descansar mientras el sol está fuera- murmuró Syaoran sin apartar la vista de su libro.
Ella puso los ojos en blanco y se acercó a la puerta.
-Voy a dar una vuelta, hay vampiros por ahí con los que podré hablar y así me entretendré un rato- dijo antes de salir.
Sakura se acercó a un grupo de vampiros que estaba junto a otra puerta charlando.
Cuando estuvo junto a ellos le ofrecieron una bolsa de sangre que estaban compartiendo pero ella la rechazó, no necesitaría volver a comer hasta algunos días más tarde.
Se quedó con ellos un rato preguntándoles como habían sido sus primeros meses de vida como vampiros, hasta que alguien le puso una mano en su hombro.
Sakura dio media vuelta y se encontró con los ojos rasgados de Yue.
-Así que es verdad lo que todos dicen... te has convertido en una vampira- murmuró el chico de pelo blanco.
-Sí, hace un par de días- contestó ella.
Yue la recorrió de arriba a abajo con la mirada.
-Pues te sienta muy bien la inmortalidad- dijo con una sonrisa.
Sakura respondió a su sonrisa.
-Gracias, aunque yo no quería que esto pasara-.
-Es mejor que estar muerta- contestó Yue.
-Tal vez... aún no estoy segura. Al menos puedo controlar mis ganas de sangre-.
Yue abrió mucho los ojos, sorprendido.
-¿Lo dices en serio? Es la primera vez que escucho algo así-.
Sakura asintió.
-Soy capaz de estar cerca de los humanos sin hacerles daño, puedo resistirme- respondió ella en voz baja.
Yue levantó una ceja y puso sus dos manos en los hombros de Sakura.
-Y el resto de los impulsos... ¿también eres capaz de resistirlos?- preguntó mientras bajaba sus manos por los brazos de Sakura.
Ella frunció el ceño.
-¿Qué haces?- preguntó.
-Ahora no eres humana... ya hablamos de que los vampiros no tienen relaciones monógomas. Si te apetece, podríamos pasar un rato juntos. ¿Has probado ya el sexo siendo vampira?-.
Sakura se tensó al escuchar sus palabras, ahora se daba cuenta de la necesidad que sentía por dentro.
Yue sonrió.
-Por tu reacción veo que no- dijo con voz traviesa.
Sakura levantó una ceja.
-Me dijiste que yo ya no era interesante-.
Yue alzó las dos cejas.
-Ahora vuelves a serlo, también eres diferente siendo vampira- murmuró en voz baja cogiendo las dos manos de Sakura.
Sakura escuchó un pequeño gruñido en la lejanía.
Al mirar, vio que Syaoran estaba apoyado en la puerta de su habitación, con los brazos cruzados y sus ojos rojos llenos de furia fijos en ella.
Yue siguió su mirada y miró al vampiro con desdén.
-Si quieres estar conmigo él no podrá impedirlo- dijo volviendo a mirarla.
Sakura sonrió al ver que Syaoran estaba tan celoso... tal vez podría vengarse un poco de él.
Soltó una de sus manos del agarre de Yue y la subió hasta su pelo plateado, acariciándole un mechón suavemente.
-Hoy mejor no... pero tal vez otro día-.
Yue se tensó al escucharla, no esperaba esa respuesta.
-Ven cuando quieras, mi habitación es esa- dijo, señalando una de las que no tenía puerta.
-Pero si voy no quiero que haya más vampiros- respondió Sakura, poniéndose seria.
Yue asintió.
-No pensaba compartirte- murmuró antes de besar la mano de Sakura y marcharse.
Sakura suspiró, toda su piel se había erizado con ese simple beso.
Empezaba a entender lo de que los vampiros lo sentían todo con mucha más intensidad.
Una parte de ella deseaba haberse tirado sobre Yue, pero pudo controlarla.
Le costaba mucho más ignorar las ganas de lanzarse a por Syaoran, llevaba dos días reprimiendo ese impulso.
Caminó hacia la habitación de los dos primos, cuando iba a pasar por la puerta un brazo de Syaoran se lo impidió.
-¿Lo que has dicho iba en serio?- preguntó él, aún tenía los ojos rojos.
Sakura frunció el ceño.
-¿Estabas escuchando?-.
-Los vampiros lo escuchamos todo, ya deberías saberlo- gruñó él.
Sakura se encogió de hombros.
-Pues no lo sé... la verdad es que el cuerpo ahora me pide cosas que antes no quería-.
Syaoran la miró y apretó los puños.
-¿Y todo eso que me decías de que solo querías estar conmigo?¿Ya lo has olvidado?- preguntó con voz dura.
Sakura apartó la mirada.
-La Sakura que tú conocías murió, ahora no soy la misma de antes. Me siento diferente- murmuró apartando el brazo del chico para poder pasar.
Vio que Hiro seguía durmiendo y Meiling estaba en el sillón con los ojos cerrados, pero Sakura sabía que ella lo estaba escuchando todo.
La pequeña sonrisa que curvaba sus labios se lo decía, ella también se estaba divirtiendo.
Sakura reprimió la risa y se giró para mirar a Syaoran, que seguía en la puerta.
Él la estaba observando con una mezcla de dolor y rabia en su rostro.
Aunque su corazón ya no latía, Sakura sintió que se rompía un poco al ver a Syaoran así.
Suspiró y se sentó de nuevo junto a Hiro, aguantando las ganas de correr hacía el chico vampiro y besarlo sin parar hasta el atardecer.
Syaoran gruñó y se marchó dando un portazo.
Meiling abrió los ojos.
-¿Vas a hacer que sufra mucho?- preguntó en voz baja.
Sakura sonrió.
-Un poco, se lo merece por haberme transformado sin decírmelo y por no querer a Hiro desde el principio-.
-Está bien, pero ten cuidado con lo que haces. Si te acuestas con Yue mi primo no te lo perdonará nunca-.
Sakura frunció el ceño y miró a Meiling a los ojos.
-No voy a hacer eso, todo lo que he dicho era para molestar a Syaoran-.
-¿Y el deseo qué? Tienes que estar que te mueres de ganas- susurró Meiling.
Sakura resopló.
-Puedo soportarlo unos días más... creo-.
Meiling volvió a sonreír mientras colocaba la mesa entre los dos sillones.
-Más te vale o Yue morirá a manos de Syaoran... venga, intenta ganarme- dijo, colocando un tablero de ajedrez en la mesa.
Sakura se incorporó y levantó lentamente a Hiro, colocándolo en su regazo.
-Seguro que no voy a poder, llevarás muchos años jugando al ajedrez-.
Meiling levantó una ceja.
-Ni te lo imaginas- respondió, moviendo uno de los peones blancos.
Los días pasaron, por las noches Sakura participaba en las patrullas de vampiros que recorrían las afueras de la ciudad de Tokio, vigilando que no hubiera ningún tipo de peligro cerca.
Siempre llevaba su arco y su espada encima, cosa que extrañaba mucho al resto de vampiros.
Cuando no estaba haciendo eso se quedaba en el apartamento que compartía con Syaoran, aunque seguía sin dejar entrar al vampiro.
Él ya ni lo intentaba, no había vuelto a hablar con Sakura desde que escuchó su conversación con Yue.
Y sentía que le hervía la sangre cada vez que la veía hablando con él, que era casi todos los días.
Meiling intentaba tranquilizarlo pero ya no servía de nada, Syaoran estaba medio decidido a matar a Yue.
Si se enteraba de que se había acostado con Sakura lo haría sin dudar, disfrutaría arrancándole el corazón con sus propias manos.
Durante el día, Sakura se quedaba con Meiling en el enorme garaje de ese edificio, pero Syaoran se marchaba a la cueva para estar solo.
Se negaba a arriesgarse a ver a Sakura cerca de Yue, no quería ni pensar en que ella de verdad fuera a buscar a ese vampiro a su cuarto para estar con él.
Un jueves, cuando se puso el sol, Sakura y Meiling salieron a las calles de Tokio junto al resto de vampiros.
Yue dejó una caricia en el rostro de Sakura antes de perderse junto a los demás, esa noche le tocaba hacer guardia.
Ella sintió que Meiling le tiraba de la ropa.
Al girarse vio que Syaoran estaba en una esquina, mirándola con odio.
En menos de un pestañeo lo tenía frente a ella, a solo unos centímetros.
-Vete- gruñó él mirando a su prima.
Meiling puso los ojos en blanco y se marchó a toda velocidad en busca de Tomoyo, dejándolos solos.
Syaoran esperó hasta que no quedó ningún vampiro cerca y miró a Sakura, clavando sus ojos rojos en ella.
-Te has acostado con él, ¿verdad?- preguntó con la voz rabiosa.
Sakura frunció el ceño y sujetó mejor a Hiro, que estaba despierto y se removía entre sus brazos.
-¿Y qué si lo he hecho?-.
Syaoran apretó más los puños, sus ojos parecían ser de fuego líquido.
-Contesta- gruñó entre dientes.
Sakura resopló y apartó la mirada.
-No... aún no-.
-¿Aún?¿Entonces piensas hacerlo?- preguntó el vampiro alzando una ceja.
Sakura se encogió de hombros.
-Tal vez... cada vez tengo mas ganas de sexo y no sé cuánto más aguantaré-.
-No juegues conmigo, Sakura. Si de verdad lo haces me perderás para siempre... y Yue se quedará sin cabeza- dijo Syaoran con voz grave.
Bajó la vista hasta los ojos verdes de Hiro y sonrió al ver que el pequeño lo estaba observando.
-Todavía no te he aceptado como su padre- gruñó Sakura.
Syaoran volvió a mirarla con ojos rabiosos.
-Pues lo soy, quieras o no. Eso no podrás cambiarlo, quiero estar con él y ya no aguanto más-.
Acercó los brazos para cogerlo, Sakura dio unos pasos atrás pero finalmente permitió que lo hiciera.
Syaoran lo levantó hasta que sus ojos quedaron a la altura de los de Hiro.
-Siento haber intentado matarte, si hubiera sabido que iba a conseguir que tu madre no muriera y se convirtiera en una vampira nunca lo habría hecho- susurró.
Hiro sonrió y tocó la cara de Syaoran con sus manos.
-¿Me perdonas?- preguntó el vampiro ladeando la cabeza.
Hiro soltó una risotada y agarró a Syaoran del pelo para poder acercarse a abrazarlo.
Syaoran cerró los ojos y lo abrazó con ternura.
-Al menos uno de los dos me perdona- murmuró volviendo a abrirlos y mirando a Sakura.
