El Viejo Hyuga y los Ancianos del Consejo se reúnen; los Rebeldes escapan

Tres muros se encontraban levantados después de 7 días de arduo trabajo. En el muro ubicado hacia la calle, Sasuke dejó un espacio para la entrada principal. Donde debería estar el cuarto muro, mirando hacia el Gran lago, Sasuke deseaba recrear el viejo puente donde le mostró a su padre que podía efectuar el jutsu gran Bola de Fuego. Tenía la certeza de que el viejo puente quedó enterrado en la tierra después de la devastación planetaria de Pain, el lago, por su parte, no tuvo obstáculos para recuperar su lugar habitual.

—Ya volvimos —anunció Naruto.

Las nueve manos que le proporcionaba el modo chakra de Kyubi traían varias maderas, detrás de él, Konohamaru arrastraba algunas. Naruto tenía el día libre al igual que él, pues Kakashi no le asignó ninguna misión de rango D, algunas de rango C pedían traslados fuera del país del Fuego. Sasuke aún no podía salir. Konohamaru llegó temprano al departamento de Naruto para pedirle ayuda con un jutsu especial, al saber que Sasuke no tenía alguna misión, Naruto le pidió al nieto del Hokage ayudarle a la construcción. Konohamaru accedió, curioso por acercarse a los límites de uno de los clanes más importantes de Konoha. Los muros le impresionaron, alguna vez de pequeño al jugar con Udón se acercó al lugar del crimen más atroz en la historia de Konoha.

Sólo recordaba haber visto el abanico y muchas tiras amarillas pidiéndole que se alejara de ahí.

—¿Qué haremos el día de hoy? —preguntó con entusiasmo.

—La casa principal.

En medio de un radio de 10 kilómetros, Naruto se asombró al darse cuenta de su pequeña posición en todo el vasto terreno.

—¡Increíble, podrías fundar aquí tu propia villa, Sasuke! Por allá una academia ninja y a lado una tienda de dulces y dangos. A la izquierda un pequeño puesto de Ichiraku Ramen y por ese otro lado tu propia torre Hokage.

—Una central de inteligencia —continuó Konohamaru—. Un hospital.

Ambos rieron. Sasuke cruzó los brazos y se imaginó cada palabra. Sin duda, tenía demasiado terreno a su disposición.

La casa que tenía en mente debía ser acogedora y con muchos pasillos y habitaciones. Un pasadizo secreto al sótano donde pondría un altar a su familia y los secretos de su clan. Un dojo principal, muchos árboles y un invernadero. Sasuke pensó en el anciano y en las muchas frutas y verduras que llevaba aquel día.

Pegaron tablas, cortaron, seleccionaron los clavos y midieron. Lograron armar la base principal antes de la hora de comer. Konohamaru llevaba tres Bentos, uno para cada quien. Sentado en medio de los dos chicos, Konohamaru se sentía protegido. Aun cuando la personalidad de Sasuke solía marcar un límite para dirigirse a él, tenía la intuición de que con un poco de tiempo y mucha presencia podría derrumbar esa muralla.

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La construcción de la casa principal les tomó catorce días por las actividades que tenían a diario. Sólo pudieron avanzar después de las seis de la tarde. Sakura se enteró al cuarto día, algo que Sasuke aún no quería que pasara. Su molestia, pero también su actitud animada, confirmaron porqué tanto tiempo calló. Naruto y Konohamaru siguieron en lo suyo mientras él escuchaba los reclamos de Sakura.

—¿Por qué no me habías dicho?

Sasuke no respondió. Sus brazos cruzados, sus piernas en una sola posición y su mirada hacia algún punto lejos de ella.

—¡Contesta! —urgió.

Sasuke aguardó un poco más de tiempo para esperar a que ella desistiera. Se repitió que seguía siendo un desgraciado, que no debería ser egoísta con Sakura. Se preguntó de qué sirvió haberle ofrecido una disculpa si su actitud no cambiaría. Y luego, su insistencia, su terquedad, Sasuke no se sentía a gusto con Sakura, ella deseaba estar en su piel y él, deseaba respirar. Su obsesión comenzaba a descontrolarse.

—Ya te lo he dicho, Sakura. No tengo interés en ti.

Eso ya no la sorprendió.

—Sólo quiero que me des una oportunidad. Que confíes en mí. ¿Por qué siempre pones una barrera entre tú y yo?

—La pones tú.

Sasuke se alejó para que Sakura pudiese pensar. Quería que pensara, lo esperaba. La chica se quedó sin entender sus palabras. O lo queriendo entenderlas. Naruto observó cómo su amiga dejaba el lugar con mucha tranquilidad. Sintiéndose confundido.

Después de quince días, la casa principal se erigia imponente en el territorio. Sasuke echó un vistazo a cada habitación, a cada suelo y cada techo. Salió por la parte de atrás, bajó por las pequeñas escaleras y tocó el tatami. Su hogar se encontraba listo para habitar.

—¿Entonces qué? —preguntó Naruto con sus brazos detrás de su cabeza—. ¿Podré rentar una habitación?

Sasuke sonrió.

—Pensé en eso.

Naruto exclamó un sorprendido "oh".

—No creo que sea buena idea. Al menos no por ahora. Si Sakura lo sabe...

Naruto exhaló con pesadez.

—Debes entenderla —pidió—. Quiere estar cerca de ti.

Y yo quiero estar cerca de Hinata. Chasqueó la lengua con desánimo.

—¿Y tú? —le preguntó.

Naruto alzó ambos hombros para restarle importancia.

—Yo sólo quiero que sea feliz.

—¿Alguna vez has sido egoísta?

Naruto arqueó una ceja.

—No, querido amigo. Ese es tu puesto.

Sasuke rió.

—Pues ya viene siendo hora de que lo seas un poco. Sabes —continuó, mientras se revolvía su cabello—, siempre supe que Sakura debía estar contigo. Ambos son tan gritones.

Las mejillas de Naruto adquirieron el rojo de un tomate. Konohamaru se acercó a ellos después de darle un rodeo a la parte superior de la casa.

—¿Me perdí de algo?

—De bastante —respondió Sasuke.

Konohamaru intentó enterarse sobre cuál fue el motivo de que Naruto escondiera su sonrojo. El rubio se rehusó a contarle y huyó de sus preguntas al dar cinco vueltas alrededor de la casa. Sakura llegó a observar el arduo trabajo de ambos. Esta vez con calma, y sintiendo que había atravesado el límite con Sasuke, intentó por quinta vez, restablecer su relación. El consejo que hace tiempo le había dado Ino, debía ser aplicado si quería recuperar a Sasuke y ganárselo. Aunque para Sasuke no había nada que recuperar.

—Ha quedado perfecta.

Naruto la miró por sobre su hombro al igual que Konohamaru y ambos entornaron sus ojos hacia Sasuke. El Uchiha chasqueó la lengua con fastidio.

—Es hora de irnos.

Sakura bajó la mirada con desesperanza. Caminó junto a Naruto detrás de Sasuke y Konohamaru. El nieto del Hokage se atrevió a expresar sus dudas sobre el linaje del clan de Sasuke y éste le contó algunas anécdotas sobre lo que recordaba de su familia. Los breves entrenamientos con su hermano Itachi y la vez que le demostró a su padre ser un verdadero Uchiha. Konohamaru se sintió comprendido por Sasuke y le confío la presión que alguna vez sintió por ser el nieto del Hokage.

Dejaron a Konohamaru en la puerta de su casa y después a Sakura. La chica les deseó una buena noche. Antes de partir, Sakura le tomó de la mano, lo jaló hacia sí, le plantó un beso en la mejilla y le susurró una disculpa. Sasuke se detuvo con confusión, asintió con cuidado y alcanzó a Naruto.

Se mantuvo cabizbajo, con un torbellino en su estómago y muchos pensamientos chocando entre sí en medio de su cabeza. Sasuke se puso a su lado y le tocó el hombro. Le ofrecía una disculpa y le dejaba ver lo confuso que se sentía. Naruto entendía a Sakura, ella siempre profesó sentimientos hacia su amigo. Le pidió que lo trajera de vuelta. Mientras daban un paso tras otro, Naruto pensaba en Sakura y Sasuke en Hinata.

Se habían fijado en las personas incorrectas. Se habían adentrado en un triángulo perfecto y este, al aceptar sus sentimientos hacia Hinata, se convirtió en un cuadrado más cerrado. Sasuke quiso contarle, decirle que estaban iguales, compartirle la confusión que sentía cada día.

—Hay algo que...

¿Me molesta? Naruto le miró con interés. Sasuke negó con la cabeza. Era demasiado tonto.

—Me gusta una chica.

—¿De verdad? —preguntó incrédulo—. ¿Quién es?

Tragó saliva y volvió a negar. Naruto asintió, entendía que Sasuke solía reservarse demasiadas cosas y apreciaba aquellas que le compartía. Esperaría.

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La piedra le mostraba el nombre que siempre estaría grabada en ella, como un recuerdo que perduraría a través del tiempo hasta que la lluvia, el viento o la tierra lograran borrarlo. El Viejo Hyuga mantenía su rostro cabizbajo mientras sus ojos seguían el contorno de cada letra y del símbolo de la hoja. Su nieto: Neji Hyuga, su cuerpo se mantenía debajo de él, seguramente ya en su estado de putrefacción. El genio de la familia Hyuga, el sobresaliente de la rama secundaria. Al conocerlo, el viejo estuvo seguro de que, de haber nacido en la rama principal, su liderazgo habría sido uno de los mejores, después de él, claro estaba. Sin embargo, el destino dictó que debía estar al margen y se lamentó profundamente de aquello.

Tanto talento desperdiciado. El joven murió cumpliendo su deber al cuidar de la heredera. Después de la charla con su nieta, consideró sus palabras como una forma de hacer que el clan Hyuga renaciera más poderoso, pero tenía miedo. Los procesos de cambio por lo general eran lentos y el clan no debía tener la guardia baja. El Byakugan seguía siendo el Kekkei Genkkai con más ninjas detrás de él. Un descuido, por mínimo que sea, resultaría en una catástrofe para su familia.

Hanabi era la ideal para el puesto. Parecía que las reglas se volteaban hacia él con mucha burla. Él que siempre pensó en lo que era mejor para todos. Le costaba demasiado pensar que su nieta tenía razón, pero en dado caso de que Hanabi liderara al clan, ¿qué sería de Hinata? ¿Le impondrán el sello? El pájaro enjaulado era crucial para resguardar los secretos del Byakugan si la portadora era secuestrada. Debía imponérsele.

Pensó en Hiashi, su hijo. Recordó a Hizashi. ¿Alguien lo culparía de la muerte de su otro hijo? Tal vez Neji lo hizo alguna vez, antes de conocer que su padre había tomado la decisión de sacrificarse por Hiashi. Su odio a la rama principal, su odio hacia Hinata y su discurso sobre el destino infundado en ambas ramas.

El que nace para peón, se queda como peón. ¿Eso era lo que sus reglas transmitían?

—Aquí está, Hyuga.

Los dos ancianos caminaban los últimos pasos hacia él. Se preguntó qué tanto lo habrían buscado en el cementerio de Konoha, con demasiadas piedras con sus diversos nombres, demasiado bajas para sus estaturas. Su mensaje llegó esa tarde con un ANBU esperándole en el muro oeste, sobre una rama de un gran roble. La naturaleza solía impresionarle muy a menudo, más aquella que tenía demasiado tiempo prosperando en la aldea. El viejo Hyuga hizo una reverencia a ambos.

—Tenemos noticias para usted —Koharu apretó el paso con decisión—. Su nieta se ha estado viendo con Sasuke Uchiha.

El viejo Hyuga no demostró sorpresa alguna. De conocer esa noticia en poco o mucho tiempo, no dudó en salir de su arrugada boca una vez que lo vio. Al tener conocimiento de sus encuentros, Koharu se escandalizó demasiado. No tenía necesidad de persuadir a Homura para que este le mandara un mensaje urgente al viejo Hyuga. La situación comenzaba a salirse de las manos, cada vez se confirmaba la posible confabulación de los dos críos para destituirlos de sus cargos.

Tal vez, el plan para asesinarlos se llevaría a cabo en cualquier momento.

—Ya lo sabía —susurró Koharu con incredulidad.

El viejo Hyuga acomodó sus ropajes con parsimonia. Delante de él, los viejos lo observaban con enfado y miedo. Ya lo sabía. ¿Desde cuándo? ¿Poco o mucho tiempo? ¿Cuál era el plan ahora?

—Esto es serio.

Y lo era. Se alejó un poco de la tumba de su nieto, lo suficiente para hacerle una reverencia a su alma, susurró algunas cosas y se acercó a Homura.

—Dejen de preocuparse.

—¿Le ha parecido una broma, verdad?

Los puños de la vieja temblaban de impotencia. Homura la tomó de su brazo y lo apretó. El viejo Hyuga negó para después decirles:

—Sasuke Uchiha está en mis manos.

Desapareció de su vista, dejando una nube de humo en su lugar. Koharu intentó preguntarle a qué se refería con lo último.

—¿Cuánto tiempo, Homura? ¿Y por qué no hizo algo para evitar que su nieta se viera con ese criminal? ¿Acaso... Acaso ya no le importa su clan?

Homura no tenía respuesta. Ambos miraron hacia la tierra, la piedra con el nombre de Hyuga Neji.

¿Qué debían hacer antes las nuevas muestras de innovación que comenzaban a brotar en la aldea escondida entre las Hojas? Muchos tuvieron el sueño de cambiar las reglas, algunos otros la deseaban y sólo pocos comenzaban a llevarlas a cabo. En medio de la noche, los ancianos rememoraron la ambición de poder de Danzō Shimura y la muerte del clan Uchiha.

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El guardia daba el rondín habitual de su turno. Jugaba con su pequeño tantō mientras observaba el interior de cada celda. Tres o cuatro rebeldes la compartían, todos le miraron hasta perderlo de vista. El joven de piel morena vestía el habitual uniforme shinobi de la aldea escondida entre la Nube, su cabello pelirrojo caí en una trenza hasta debajo de los codos. Shirui dio una vuelta al haberse detenido. A lo lejos antorchas alumbraban los barrotes y las sombras creadas escondían las miradas de los rebeldes. Shirui cambió su tantō a su mano izquierda, mientras caminaba cerca de las celdas, su tantō golpeaba con cada barrote.

Escuchó susurros y se detuvo. En la prisión de la aldea escondida entre la Nube, se respiraba un ambiente de tranquilidad. Después de encerrar a los Rebeldes, estos mantenían un buen comportamiento. A Shirui le parecía extraño. Se acercó a la orilla y se recargó en el barandal que marcaba el límite. Hacía abajo podía ver débilmente a su compañero Kamoi caminar hacia la derecha, iluminado por las antorchas, Shirui entrecerró los ojos al perder a su compañero de vista. Al llegar a la otra antorcha pudo observarlo mejor. La prisión tenía forma circular con varios nivel hacia abajo, en la parte superior siete shinobi cuidaban los alrededores de la única entrada y salida.

Shirui caminó un poco más en el piso rocoso, volvió a cambiar su tantō a su mano derecha y dio un par de golpecitos a un barrote. Dentro, tres pares de ojos le miraron. Las pupilas relucían con la poca luz. A juzgar por la silueta de los pies dibujados por las sombras, Shirui pudo imaginarse que los tres hombres estaban sentados sobre las dos camas de piedra inferiores. De ellos provino el susurro. Shirui se alejó.

—¡AGH!

Se acercó rápidamente al barandal. Shirui buscó a su compañero en la oscuridad.

—¿Kamoi? No te veo.

—¡Shi-ggghhh!

Shirui caminó con frenesí a otro punto y descubrió que varias antorchas habían sido apagadas. Se asomó hacia arriba con el presentimiento de que algo malo iba a pasar.

—¡Dariu! ¡Dariu!

El hombre de cabello blanco se asomó. No pudo observar su rostro.

—¿Qué sucede?

—Algo le pasó a Kamoi. Las antorchas están apagadas.

El hombre no hizo ruido alguno, se mantenía en la misma posición. Espero siete largos y terribles segundos. Pudo observar como su cabello se movía ante el movimiento de su rostro. Miraba a todos lados.

—Voy a bajar.

Shirui asintió. Un golpe detrás, con demasiada fuerza, tiró por completo los barrotes de la celda. El fierro cayó en su espalda y lo aplastó contra el barandal. Shirui gritó de sorpresa y dolor. Cada celda se vio liberada con la misma técnica. Shirui trató de quitarse el peso de encima, pero alguien le ayudó, un par de manos tomaron su trenza, sus brazos y lo inmovilizaron. Nadie le dijo nada, un grito súbito y vio a Dariu caer.

—Maldita sea —gimoteó.

Los tipos le jalaron de su trenza, su rostro quedó mirando al techo rocoso. Sintió el filo de su tantō en su cuello antes de caer.

Muerto.