La noche nos había atrapado. Las luces de la ambulancia ya estaban muy lejos, apenas se escuchaba la sirena.

-Va a estar bien, ya lo veras -dijo Mara abrazándose a mí. Había intentado ser fuerte por ella, pero ya no podía más. Me abracé a Mara y las lágrimas comenzaron a caer con fuerza.

Mi madre estaba allí también abrazándome.

Matt y el supervisor están guiando a los agentes del laboratorio para que buscaran todo tipo de pistas.

-Cath -dice Matt.

-Hemos encontrado varías fibras, hemos cogido huellas, las llevaremos al laboratorio y veremos quien ha entrado a tu casa y que ha pasado.

-Vale, gracias -dije entre lágrimas -en ese momento recordé algo-. Toma, esto lo tenía Loba al lado de la boca, imagino que se lo arrancaría al que entró antes de que… -no podía decirlo.

Metimos el trozo de tela en una bolsa de pruebas y los del laboratorio se marcharon con todas las pruebas.

-No te preocupes, conseguiremos saber quién ha entrado -dijo Matt-. Descartaremos tus huellas.

-Si y también las de…

-¡CATH! -gritaron mi nombre.

Desde el final de la calle un choco venia corriendo. Llevaba el traje del trabajo. Cuando llegó hasta mí me abrazó.

-¡Estás bien! Acabo de enterarme -me cogió la cara con las dos manos y me miró de arriba abajo buscando alguna magulladura.

-Si, sí, estoy bien no me ha pasado nada. Pero han disparado a Loba -dije con muchas lágrimas en los ojos.

Él simplemente me abrazó con mucho énfasis. Entonces se percató de la gente que había al lado.

-Hola señora Williams -saludó a mi madre.

-Hola Josh -respondió mi madre.

-Mara, que alegría de verte, aunque sea en estas condiciones.

-Lo mismo digo.

-¿Qué ha pasado?

-Cuando he llegado a casa estaba todo tirado por el suelo, he mirado por toda la casa, pero no encontrado nada. Hasta que Loba ha labrado y la he encontrado en el suelo sangrando. Se la han llevado a operarla.

-Venga, vamos a verla -dijo Josh.

-Id, nosotros nos quedamos terminando. Loba te necesita -dijo Mara sonriendo. Me abrazó. Nos marchamos en el coche de Josh hasta el veterinario donde estaban operando a Loba.

Estuvimos en la sala de espera durante horas, no sabíamos nada, no nos decían nada. Hasta que el cirujano salió.

-Bien, hemos conseguido extraer la bala. Hemos tenido varias dificultades ya que se ha alojado muy cerca del hueso. Había perdido mucha sangre y también tenía algún hematoma seguramente debido a un fuerte golpe -explicó el veterinario.

-¿Pero está bien? -pregunté agobiada por lo que me pudiera decir.

-Se recuperará, es una perra muy fuerte. Ahora está descansando, podrás verla en un rato, aunque no te preocupes si no se despierta, está muy sedada y sabiendo lo hiperactiva que es querría levantarse.

-Si -dije riéndome- seguramente querría salir corriendo.

-Bien, os llamaremos cuando podáis verla.

-Gracias.

Estuvimos esperando varios minutos más. Pero cuando ya podíamos entrar Josh recibió una llamada importante y tuvo que marcharse corriendo.

-Lo siento, pero es muy urgente, es de la oficina.

-Tranquilo, cogeré un taxi después, gracias por haberme acompañado.

-Te llamo cuando termine -me dio un tierno beso y se marchó corriendo.

Yo entré a la habitación en donde descansaba Loba, aún durmiendo. Tenia las patas traseras vendadas, estaba llena de sondas. Pero se la veía tranquila y descansaba. Estuve con ella todo el tiempo que me dejaron. Pero volvería al día siguiente a estar con ella hasta que se pudiera venir a casa conmigo. Después me marché a casa a recoger todo lo que habían destrozado. Entré. Mara estaba todavía allí y Matt también.

-Hola… -dijo Mara con voz suave mientras recogía los cristales del suelo con una escoba-. ¿Cómo está?

-Descansando. La bala le ha llegado muy cerca del hueso y me han dicho que perdió mucha sangre, pero que se va a recuperar.

-Eso es genial. ¿Por qué no estás con ella?

-La hora de visitas se ha acabado pero mañana volveré a estar con ella. El médico tiene mi número por si se despierta. Mañana la llevaré su peluche, para tenga un olor reconocido.

-Bien -dijo con una voz suave y dándome un gran abrazo. Miré toda la casa, la mayoría de las cosas ya estaban recogidas.

-Gracias por ayudarme a recoger -dije.

-No tienes que darlas. Matt está arriba fue él el que empezó a recoger.

-No teníais que haberos molestado.

-Si, ya lo creo que si -dijo Matt apareciendo en ese momento en la sala-. Tu me ayudaste cuando Mara estaba en peligro, es lo mínimo que podíamos hacer, además, somos una familia, si los Assassin´s no nos cuidamos entre nosotros, ¿Quién lo hará?

-Gracias -le abracé con mucha fuerza.

Tras terminar de limpiar, ya era demasiado tarde, tanto que el sol había empezado a aparecer en el horizonte.

-Iros, no habéis dormido en toda la noche y hoy es vuestro día libre -dije.

-No te voy a dejar sola después de lo que ha pasado -dijo Mara.

-Estoy bien, no me ha pasado nada. Además, no se han llevado nada, no volverán.

-Bien, pero Llámame con lo que sea, aunque necesites un donnut -dijo ella sonriendo.

-Vale, lo haré.

-Te quiero.

-Te quiero.

Nos abrazamos y entonces ellos se marcharon.

Subí a la habitación. La cama estaba hecha y la ropa de nuevo en el armario, como si nada hubiera pasado. Pero al entrar noté que algo no estaba bien. La busqué por todos lados, pero no lo encontré. No estaba la gorra de policía de David, la que siempre tenía en su lado de la cama. Tenía una suela de bota sobre ella, seguramente se la llevarían para analizarla. Solo esperaba que me la devolvieran después.

Me tumbé un poco en la cama. No podía dormir, tenía demasiadas cosas en la cabeza y no entendía quien habría podido hacer algo así.

El despertador sonó. Me desperté rápidamente. Por un segundo, solo por un segundo, pensé que todo había sido una estúpida pesadilla. Pero cuando no vi la gorra supe que sí había sido real. Bajé al salón. Puse la cafetera y me di una ducha mientras se hacía el café. Al salir me cogí una taza de café caliente. Mientras tomaba pequeños sorbos de café caminé hasta el despacho. La sangre de Loba ya no estaba. Y todo estaba tal como debería de estar, incluido el ordenador y la foto de la estantería. Lo único distinto de esa habitación era el cristal, que no estaba. En su lugar había un contrachapado.

Cuando llegó la hora me cambié, cogí el coche y me marché al trabajo. Necesitaba despejarme y no pensar en la noche anterior.

Al llegar…

-¿¡Cath!?

-Buenos días supervisor.

-¿Qué estás haciendo aquí? -me quedé pensativa, no sabía por que lo preguntaba-. Vete a casa -ordenó.

-No, necesito trabajar.

-¡Catherine Kalendra Williams! marchate a casa -ordenó.

-¿Como sabes…? -dije sin entender…

-¡Marchate! -ordenó de nuevo. Él volvió a la sala de reuniones.

Al final volví a coger el coche. Pero tuve una intuición que no sabía como saldría… así que pensé rápidamente. después me marché a casa.

Desde que llegué a casa me puse a seguir con la investigación que empecé en el salón. Pero nada. No encontraba nada de nada. Así que decidí irme a ver a mi madre, hoy la pastelería cerraba así que me fui a su casa, necesitaba un poco de amor de madre.

Al llegar mi madre estaba tomando un café en la mesa de la cocina, y en sus manos tenía lo que parecía ser un álbum de fotos, bastante antiguo, nunca lo había visto. Tenía marcas de haberle quitado el polvo.

-Mamá -dije al entrar, ya que no se había percatado de mi presencia. Miraba las fotos muy concentrada, casi con añoranza.

-¡HOLA CARIÑO! -dijo con mucha sorpresa. Dejé el álbum encima de la mesa, se levantó y me abrazó con mucha fuerza -¿Cómo estás? -me preguntó con sus manos puestas en mi cara.

-Estoy bien mamá.

-¿Y Loba?

-En el hospital, parece que se va a recuperar, pero no ha despertado -dije con lágrimas esperando en los ojos para caer.

-Es fuerte, ya veras como antes de que te des cuenta volverá a correr en el jardín.

-Eso espero -dije con una ligera sonrisa.

-¿Qué haces? -dije entrando en la cocina.

-Nada, recordando viejos tiempos.

Las dos nos sentamos, mi madre preparó un café para las dos y mientras hablábamos. Le conté como me iban las cosas con Josh, intenté sonsacarla algo de las flores en la pastelería, pero no me quiso decir nada. Entonces sonó el teléfono. Se levantó y marchó a cogerlo al salón. Aproveché en ese momento para mirar el álbum, el saber por que lo guardaba con tanto ahínco.

Empecé a pasar las páginas, pero lo que había eran reuniones de amigos, reconocí a mi madre, aunque las fotos eran de hacía 20-25 años. Sonreía al ver a mi madre tan feliz. En un momento prensé que mi padre podría estar entre ellos. Nunca lo conocí. Murió cuando solo tenia unas semanas de vida. Encontré varias fotos. Les hice una foto. Pronto era el cumpleaños de mi madre y quería darle una sorpresa. Sabía que había años que no veía a esas personas y seguro que le hacía ilusión verlas, y yo quería volver a verla sonreír de esa manera. Cogí varias de ellas. Una con un grupo muy numeroso de amigos y otras con las que estaba con un hombre. Aunque esa misma persona estaba en una foto grupal, la mirada de mi madre y la mirada de esa persona me decía que eran algo más que amigos. Así que podía ser dos cosas, un antiguo amor, o mi padre, ya que las fechas coincidían con mi concepción.

Tras un par de horas más me marché. Me habían llamado del veterinario. Loba estaba empezando a despertarse. Salí rápidamente de la casa de mi madre. Cuando llegué aparqué en la puerta, cogí el peluche que había metido esa misma mañana en el coche y entré a la clínica. Esperé en la sala de espera. Minutos después dos médicos trajeron en brazos a Loba. Aun estaba muy grogui. Me senté Enel suelo con ella. Ella me reconoció. Como podía empezó a lamerme la mano con ternura, y la nariz cuando me acercaba a ella. No pude aguantar las ganas de llorar. Estuve todo lo que pude con ella, todo lo que me dejaron. Después se la volvieron a meter para dentro, junto con su oso de peluche y una camiseta mía. El médico me dijo que todo iba según lo previsto, que respondía muy bien a los analgésicos y a todo. Había pasado la noche muy bien. Pero aun tenía que quedarse varios días allí para observar la evolución, pero podría volver al día siguiente y todos los días que ella estuviera allí.

Volví al coche y en ese momento Josh llamó. Tenía que quedarse en el trabajo, un asunto muy importante que no podía esperar. Pero al día siguiente iría y me invitaría a cenar fuera. Al colgar se me puso una sonrisa tonta en el rostro. Tener una relación de esa manera después de casi 6 años que se murió David era raro para mí, pero me empezaba a gustar.

Cuando estaba camino a casa, volvió a sonarme el teléfono.

-Cath, siento molestarte a estas horas, pero necesitamos que vengas a la fundación.

-¿Qué sucede?

-Necesitamos que entres en el animus -dijo el supervisor desde el otro lado del teléfono-. Cuando vengas te lo explicaré todo. Pero te necesitamos con urgencia.

Apenas 20 min después ya estaba en la Fundación.

-Catherine, perdona por hacerte venir a estar horas de la noche, pero esto puede suponer un gran avance para nosotros -dijo el supervisor entrando en la sala. Otra mujer iba con ella.

La mujer no era muy alta, mas bien menuda, de 1.60 cm mas o menos. Tenía el pelo moreno y los ojos café. Era muy delgada y vestía de manera que imponía. Con unos vaqueros negros ajustados, una camisola y una chupa de cuero negra, y unas botas militares. Algo tenía esa cara que me sonaba de algún sitio, en algún sitio la había visto, pero de otra manera.

-Bien, antes de hacer las presentaciones pertinentes, esto es lo que tenemos entre manos -en la gran pantalla empezaron a aparecer imágenes, eran imágenes, o por lo menos lo parecían, del mismo chico que me habían mostrado hacía un año en el anterior edificio-. Como ya conoces este es Lukas Connor, era un Assassin's de 1800, como bien sabes David Baker es su descendiente, los dos tenían el mismo ADN y gracias a eso Davis consiguió averiguar varias cosas antes de que… -se quedó callado al ver mi expresión. Por desgracia –siguió rápidamente con la explicación-, no hemos podido tener información de esa época hasta hace un año.

La puerta se abrió y apareció Mara y Matt por la puerta. Los dos se sentaron en las sillas a esperar la explicación, sin decir nada. La pantalla grande apareció otra cara, ahora era una mujer. Alta guapa morena y de ojos cafés igual que la chica que tenía frente a mí.

-¿Quién es? – preguntó Mara por primera vez.

- Se llama Beatrice Connor -Me la quedé mirando-. Es la mujer de Lukas Connor en 1800.

-Pero yo pensaba que…

-Beatrice Connor y Lukas Connor eran Marido y Mujer por la iglesia. La relación de Lukas y Elena fue mucho después, cuando ambos estaban casados -explicó el supervisor.

-¿Y ella era Assassin's?

-No, cuando se casó con Lukas no, pero más adelante se introdujo en la orden. El mismo Lukas la entrenó. Pero por alguna razón creemos que se volvió Templario, seguramente sabía de la relación de su marido con la Templaria, y lo hizo por venganza o por su cambio de ideología, realmente no lo sabemos -dijo el supervisor.

-¿Y esto que tiene que ver conmigo? -dije yo cansada de estar ahí sin saber que me iba a encontrar y sin entender por que esa mujer me sonaba demasiado-. ¿Qué ha cambiado para que yo entre ahora? – crucé los brazos en el pecho.

-Bien señorita Williams, ella es Anna Petter -dijo el supervisor muy tranquilo.

Al escuchar ese nombre me vino a la mente el caso de Amanda Smith, la joven que murió en un apartamento abandonado. El asesinato que inició todo esto de los templarios. Me levanté di un golpe en la mesa.

-¡Cath! -me paró el supervisor-. Antes de que digas nada deja que te expliquemos.

-¡¿Qué me tiene que explicar?! -grité, Mara me tuvo que sujetar para no ir contra ella-. Llevo mas de dos años buscando a esta mujer y al psicólogo que iba con ella. ¡Ya veo que te has recuperado muy bien de tu parálisis!

-¡CATHERINE!-gritó el supervisor- ¡escúchame! ¡Tú eres nueva en todo esto y no entiendes nada! -me gritó.

-¿Qué tengo que entender? Mataron a una mujer con una daga y ella es cómplice del asesinato, al igual que el hijo de puta de Adam James, ¿Dónde está? -dije muy enfadada.

-Mara, llévatela fuera y que se tranquilice.

Tanto Mara como Matt me llevaron fuera.

-Oye Cath, tienes que tranquilizarte.

- ¿Tú lo sabías? ¿Sabías quién era? -dije con tanta furia que hasta las lágrimas habían empezado a aparecer.

-No, no tenía ni idea. Pero si sabía de Amanda Smith -dijo ella muy tranquila.

- ¿Qué quieres decir? -dije sin gritar, al ver la cara de Mara. Ella miró a Matt. yo me giré y le vi. Estaba apagado, miraba al suelo, no se parecía al Matt que yo conocía desde hacía un año, ahora era todo lo contrario.

- ¿Matt?

-Mi nombre real es Matthew Smith -dijo cuando pudo hablar, aunque se le notaba la voz muy tocada, apenado y casi a punto de llorar, pero mantenía la compostura -Amanda Smith era mi hermana -dijo apoyado en un árbol-. También era Assassin´s como yo -miré a Mara, ella agachó la vista cuando la miré. Lo sabía desde el principio, lo sabía, pero no me lo dijo, no me dijo que la conocía. Ahora entendía por que tenía esa mirada tan apagada cuando estaba frente a ella. No tuvo que ser fácil.

-¿Por qué no te pude localizar? -pregunté.

-No podía comunicarme con nadie, solo una persona sabía de mi paradero. Mi hermana estaba en una misión buscando a los templarios que sospechábamos que se escondían en la ciudad. Pero por desgracia la encontraron a ella primero.

No quise escuchar nada más y abracé a Matt muy fuerte, todo lo que mis brazos soportaban.

-Lo siento, lo siento muchos -dije a Matt. Él simplemente me abrazó mucho más fuerte.

Estuvimos unos minutos intentando tranquilizarnos todos. Mara era el contacto de Matt, y ella fue quien le dio la mala noticia.

Tras tranquilizarnos todos, volvimos a entrar, ahora mucho más tranquilos.

-Bien, espero que esté más tranquila señorita Williams -dijo el supervisor.

-Si, lo estoy, y perdón por la falta d respeto.

-No se preocupe, es compresible. Bien íbamos…

-Antes de que continuemos quiero saber que pasó, necesito saberlo. Nunca me creí que ese hombre que murió en la cárcel fuera el asesino. Creo que simplemente era un nuevo Templario que apenas estaba aprendiendo.

Tanto Anna como el supervisor se miraron.

-Yo era el contacto de Amanda -comenzó Anna a explicar-. La consulta de psicología era una tapadera. Ella nos iba entregando información que le llegaba en la cafetería. Pues allí se reunían muchos más templarios de lo que nos esperábamos. Amanda apenas estaba comenzando, lo estaba haciendo muy bien, en pocas semanas iba a desaparecer al tener toda la información que necesitábamos -dijo ella con gran dolor. Matt también la escuchaba atentamente-. Ella estaba a mi cargo -dijo mirando al chico-. Y nunca me perdonaré lo que la pasó. Amanda había encontrado pruebas de los templarios…

-El cuaderno.

-Si, y la Daga. La misma noche que la asesinaron me lo iba a entregar todo. Pero no apareció en el punto de encuentro. Supe en ese momento que la había pasado algo. Fui a su apartamento, pero estaba lleno de policías y tuve que marcharme.

- ¿Eras tú a la persona que vi marchándose? -dije recordando aquella persecución por las calles.

-Si, pensé que te daría esquinazo, pero me encontraste.

- ¿Tú eras la que me enviaba todas esas pistas? -ella negó con la cabeza.

-Esa era yo -dijo Mara a mi espalda.

-Cuando supimos lo que había pasado, le dije a Mara que se mantuviera cerca de ti. Sabíamos quien eras desde el principio. Desde que mataron a David hemos estado protegiéndote. Temíamos que el templario que acabó con David, acabara contigo también -dijo el supervisor.

- ¿Y por qué no decírmelo? -pregunté sin entender.

-Por deseo de David te manteníamos el secreto, él no quería que corrieras peligro, y mucho menos después de saber que estabas embarazada. -dijo el supervisor.

-Pero cuando encontraste el cuerpo de Amanda y empezaste a investigar todo, sabíamos que no podíamos ocultártelo mucho más tiempo. Entonces empezamos a darte pistas para que dieras con nosotros y tu misma entendieras contra lo que luchamos – tenía que retener mucha información en muy poco tiempo. Me cogí la cabeza con las manos y suspiré profundamente.

-Entendería que no quisieras hacer esto…

-Seguid contando, sé que hay algo más que no me estáis diciendo -dije sin querer saber nada de disculpas.

-Ya habías descubierto muchas cosas, hasta descubriste que los templarios ahora se hacían llamar Abstergo, tu misma te metiste dentro del área de ciencias.

-La tarjeta -dije susurrando. Los volví a mirar. Y miré a la chica nueva-. Tu eres ella, eres la guía de Abstergo- ella asintió.

-Yo conseguí internarme dentro de esa área y durante un tiempo intenté conocer lo que hacían, intentaba descubrir lo que sabían para pararles los pies. Muchas de las áreas estaban bloqueadas y solo los grandes jefes tenían las tarjetas para entrar a esa área. Y era demasiado peligroso robársela, tenían un chip de proximidad, si se alejaba de su dueño el chip de la tarjeta emitía un pitido-explicaba lentamente-. No podía encontrar mucho. Pero encontré a alguien que quería todos los conocimientos de Abstergo. Le persuadí para que todo lo que encontrara me lo diera sin mirar el contenido a cambio de una gran suma de dinero y que después desapareciera.

-Y así conseguiste el la tarjeta -asintió.

-Pero necesitaba sacarlo de alguna manera sin que me vieran. Entonces te vi. V i también que me quitaste la tarjeta y subiste a la biblioteca. Nadie te vio más que yo. Entonces supe lo que tenía que hacer.

-Y me lo dices camuflado en la bolsa -asintió-. Bien, ¿Qué tengo que hacer y quien es realmente esa chica?

Todos se quedaron en silencio ante mis ganas de saber más.

-Bien, gracias a Ana hemos conseguido encontrar mas pruebas de donde puede estar el orbe de 1800.

- ¿Qué quiere decir?

-Yo soy la descendiente de Beatrice Connor -dijo Ana tan tranquila.

En ese momento, y sin querer la miré de otra manera, celosa, aunque sabía, o esperaba, que no tuviera nada que ver con David, al fin y al cabo, trabajaban juntos.

-Bien Beatrice nos ha dado muy buena información, pero por desgracia, ella murió a muy temprana edad por enfermedad y aunque hemos estado al tanto de los viajes del Orbe, lo perdimos cuando ella falleció. Lo último que supimos es que estaba en manos de los templarios y que volvía a la ciudad.

- ¿Qué tengo que hacer realmente?

-Entrar en el animus y encontrar el Orbe y seguirlo, esperando que lo encontremos en esta época.

-Bien, vamos -dije decidida.

Todos se quedaron mirándome. Pero rápidamente accedieron y nos marchamos todos a la habitación del animus. Seguimos al supervisor. Ana iba en último lugar, y yo me puse a su altura. La paré y dejé que los demás caminaran.

-Oye, ¿puedo preguntarte una cosa? -ella sonrió, sabía exactamente lo que la iba a decir.

-No.

- ¿No?

-No tenía nada con David. Era un gran compañero, y siento mucho lo que le pasó. Yo siempre le quise como un amigo. Él fue quien me presentó a mi marido -dijo ella sonriendo en todo momento- La miraba esperando encontrar algún signo de mentira, pero nada-. De verdad que siento mucho lo de David, todos le queríamos, era el alma de la oficina. Debías de haberle visto cuando supo que estaba esperando un hijo. Apareció tan sonriente, que parecía que iba a volar. A todos nos cambió el día -sonreí imaginándomelo.

Llegamos a la habitación. Era una habitación oscura, sin ventanas y en el medio de esta una silla tipo psicólogo y un monitor justo al lado.

-Bien, siéntate. Antes de empezar, Estate tranquila. Es como dormirse, simplemente vas a soñar.

-Vale. ¿Algún efecto secundario?

-Si y no -dijo el supervisor.

- ¿Qué quiere decir?

-No sabemos mucho de Elena. Normalmente existe lo que conocemos como Efecto Sangrado.

-He leído sobre ello en los archivos de Abstergo, pero no sé lo que significa.

-Digamos que con el efecto sangrado las habilidades de uno pasan a otro. Es decir que si tu antepasado mientras estás en el animus aprende algo durante años, tu tendrás la misma habilidad y la aprenderás en pocas horas. Aunque esto puede también ser malo, por que de alguna manera la conciencia de los antepasados se mezcla con el descendiente… aún no sabemos cómo puede ser, pero por lo que hemos visto no suele ser malo.

-Bien, vamos allá -dije con decisión.

Me pusieron la aguja intravenosa y poco a poco empecé a notar que me dormía.