Daysleeper


- Eso es todo por hoy chicos, recuerden la que en la próxima clase vamos a comenzar a trabajar con las leyes de la termodinámica, así que por favor no olviden leer las páginas del texto 23 – 24 y 25.

- Profe ¿eso va a entrar en la prueba? Preguntó un chico.

- ¿qué cree usted señor?

- Pff pero profe, es demasiado, y aun no terminamos de ver el último contenido de la prueba de nivel.

- Entonces le sugiero que se ponga a estudiar pronto. – Contesto Seiya con su mejor sonrisa.

Me quedé mirando atentamente al chico que salía por la puerta de la sala, era un chico alto, pelo castaño y bastante imprudente a veces, otras podía ser muy brillante. Me gusta a veces mirar a mis estudiantes e imaginarme como podría ser su futuro. A veces me gusta observarlos sólo con el afán de imaginar cómo podría llegar a ser mi hijo. Miro el reloj y me doy cuenta de que es la hora de salida de los estudiantes, aunque a mi aun me quedan algunas horas aquí. Abro el libro de clases y busco la parte que me corresponde, completo el leccionario, luego vuelvo al lugar en donde debo firmar, firmo rápidamente las dos horas correspondientes a física de aquel día y luego me pongo a revisar las semanas pasadas a ver si no se me había olvidado alguna, siendo yo, lo más probable es que más de una haya olvidado en el transcurso del año.

- Profesor ¿ya termino? Necesito cerrar la sala.

- A si, disculpa Corban estaba revisando si me faltaba alguna firma.

- Si, no se preocupe profesor, y ¿cómo ha estado? ¿muy ansioso? - Pregunto el hombre.

- Pues… si muchísimo. Respondí regalándole una sonrisa. – La verdad es que no pensé jamás que se me haría tan largo.

- Ahh pero profesor le pasa a todos – Dijo Corban dándome unas palmadas en el hombro.

Me despedí del encargado y me puse a caminar en dirección a la sala de profesores, aún debía terminar de registrar algunas notas y revisar el caso de algunos estudiantes, si bien estaba terminando el año, esta era la parte más pesada de todo el año, notas que falta, apoderados enojados por que su hijo o hija iban a reprobar el año, por supuesto todo es culpa del profesor. Miro nuevamente mi reloj y veo que aun tengo tiempo para un café y quizás un cigarrillo escondido. Estas últimas semanas han sido sumamente agotadoras, demasiado sentimientos juntos para una persona tan pequeña como yo.

Salí del colegio, caminé rodeándolo completamente, por ley no podía fumarme un cigarrillo demasiado cerca del un recinto educativo. AL llegar al final y doblar me doy cuenta de que no soy el único profesor con ganas de desconectarse. Los saludo y me uno al grupo, todos hablando de lo cerca que están las vacaciones de verano "justas y necesarias" reclama la profesora de matemática. Yo la escucho mientras enciendo mi cigarrillo, la verdad es que lo que menos me preocupa en estos momentos son las vacaciones de verano. Seguimos hablando todos por un momento hasta que suena el timbre, la señal de que debemos volver al colegio, aun nos queda mucho trabajo administrativo que hacer.

Al llegar a la sala de profesores comienza el movimiento, profesores revisando nuevamente el promedio de sus cursos, otros hablando con algunos profesores para ver si es posible salvarle el año a uno de sus estudiantes, otros simplemente hablando con otro, muchos, como yo revisando pruebas atrasadas para poder cerrar el ramo. El movimiento en la sala de profesores siempre es constante, reuniones, risas, anécdotas de los estudiantes….

- Seiya, ¿podemos hablar? Escucho que me preguntan. Levanto la cabeza y veo que es Canace, profesora de griego, profesora jefe del tercer año medio*. Sabía lo que me iba a pedir, y tenía clara mi respuesta.

- Canace, si es para discutir el tema de Christos, creo que tienes clara mi respuesta. Le dije.

- Sí, me ha costado muchísimo con los otros profesores, pero por favor escucha, Christos está en una situación delicada, el papá fue acusado de violencia y el chico se ha tenido que hacer cargo de su mamá y su hermana, no ha estado bien…

- Disculpa si no te dejo continuar, pero esta con ese problema desde comienzos de año, se le han dado muchas oportunidades y aun así no ha cumplido, sin dejar de mencionar que me tiro el libro por la cabeza hace un mes y me trato, cito, "de viejo de mierda" Creo que no es conmigo con quien tienes que discutir el tema de las notas. Lamento no poder ayudarte.

Vi como Canace se ponía de pie, cansada, disgustada, derrotada. La entiendo, si uno de mis estudiantes estuviese en esa situación haría lo que fuera para poder ayudarlo, sin embargo Christos había ido demasiado lejos y todos los profesores lo sabíamos, promoverlo por lastima no iba a ayudarlo en nada.

De un momento a otro uno a uno los profesores comenzaron a despedirse "hasta mañana" Miré sorprendido el reloj que estaba en la pared 16:30 ¿tan rápido había pasado el tiempo? Tomé mis cosas, las metí en mi mochila y caminé lentamente hacia el reloj control** para poner mi dedo, me despedí de la secretaria.

- Profesor Seiya, un momentito por favor. Me dijo la secretaría del colegio mientras abría un cajón y sacaba un regalo. – Tome profesor, esto lo compré hace unos días y no había encontrado el momento, sé que ya esta pronto a ser papá, espero le guste a usted y a Saori.

- Muchas gracias Judith, es realmente muy amable de su parte, claro que nos gustara. Le dije. – Bueno me voy, nos vemos mañana.

Salí del colegio con el regalo en la mano, que extraño se sentía que te felicitaran, que extraño se sentía la palabra "papá" me pregunto si realmente en algún momento me acostumbrare. Caminé con ese pensamiento en la cabeza al paradero del bus que me llevaría de regreso a casa, a mi hogar, ese lugar que hace un par de meses habría pensado imposible, hoy esta presente y latente siempre, cuando salgo, cuando realizo mis clases, cuando salgo de mi trabajo. Es lindo saber que llegaras a un lugar que no está vacío, que no estará frio ni silencioso, todo lo contrario.

En mi adolescencia, esa pequeña parte de mi vida que fue como un chispazo, recuerdo que pensé en un hogar ¿qué se sentiría volver a casa y encontrar a tu mamá preparando la cena? ¿Qué se sentiría entrar por una puerta a un lugar completamente iluminado, lleno de colores y aromas? ¿Qué se sentiría poder llegar y abrazar un cuerpo tibio que te esperaba ansiosa? Esos pensamientos solían agolparse en mi cabeza constantemente, durante mis entrenamientos, batallas, viajes ¿qué diría mi mamá si hubiese sabido que iba a luchar por la humanidad? ¿me habría dejado? Quizás me habría puesto una de esas "miradas de mamá" de esas de las que mis estudiantes hablan siempre "ohh profe y sabe, mi mamá me miro con una cara, y yo supe que estaba jodido…" sonreí, ¿será que Saori va a desarrollar ese súper poder?

Levanté la cabeza y mire el cielo, aun no oscurecía pero ya se podía sentir el frescor del anochecer, ese momento de la tarde en la que todo es perfecto, todo es tranquilo, no es muy frio ni muy caliente. Las personas ya van de vuelta a sus casas, algunos con sus hijos, otros solos, otros tomando una cerveza, otros con un cigarro, otros simplemente ensimismados en sus pensamientos, como yo en estos minutos. Sin darme cuenta el bus que debía tomar ya había llegado a la parada, me subí y busqué un lugar en donde sentarme, una de las cosas que he aprendido de ser profesor es que sentarse no está dentro de las actividades del docente y pues, santo, ex santo, sea lo que sea, soy humano y el cansancio del día se siente. Encontré un lugar casi al final del bus, me senté y saque lentamente los audífonos para escuchar música, me quedaba un tramo bastante largo.

Apoyé mi cabeza en la ventana para poder ver mejor el paisaje, no es que el sector tuviese la mejor vista, pero era mejor que estar viendo la cabeza de la persona que estaba sentada delante de mí. De pronto, en la radio comenzó a sonar una canción, creo que una de mis estudiantes la puso en algún momento, una canción bastante adolescente desde mi punto de vista, sin embargo, algo de la letra me hacia recordar ciertas cosas, quizás el corazón es siempre un eterno adolescente. Cuando terminó la canción cambió a una totalmente distinta, una que me removió algo en lo mas profundo.

There's wind that blows in from the north
And it says that loving takes this course
Come here
Come here

Cerré los ojos unos momentos, y me deje llevar por la sensación y por primera vez en mucho tiempo, dejé que mi mente viajara al comienzo, a ese terrorífico principio que terminó llevándome a la tormenta más grande de mi pequeña existencia. Quizás si no hubiese dejado que ese ímpetu adolescente que me caracterizaba llevara la batuta otra historia estaría viviendo. No suelo dejar que mis recuerdos lleguen tan atrás, por lo general llego hasta cierto punto, lo demás no existe, o eso es lo que quiero hacerle creer a mi cabeza, sin embargo mi corazón sabe que es una mentira y me recuerda constantemente que hubo un tiempo en que me di 400 golpes contra la pared, quizás más, es sólo que hoy en día no me gusta recordar eso.


- Bueno Seiya ¿Qué te parece? Te gustaría ir con nosotros a la playa, creo que nos merecemos un poco de descanso. Dijo Hyoga alegremente.

- Si bueno, quizás, no lo sé aun, no me siento con mucho ánimo, prefiero quedarme aquí, además de que aun necesito perfeccionar algunas cosas en mi entrenamiento.

- Puedes hacer eso después…. Intentó seguir Hyoga, sin embargo me di media vuelta y caminé en dirección a las 12 casas.

- No te preocupes Hyoga. Dije dando media vuelta y cerrándole un ojo – ya verás que volveré a salir con ustedes y ya no me querrán ver más. Dije esto en tono de burla, quizás muy dentro de mí esperaba que todo se normalizara y siguiera el camino predispuesto.

No esperé la respuesta de mis amigos, simplemente seguí caminando en silencio, cabizbajo, tratando de descifrar que era lo que tenía que hacer. Caminé lentamente por los templos, todos los caballeros estaban en su lugar, estoicos, bellos, orgullosos… ¿yo? yo odiándolos con cada parte de mi ser, los odiaba por lo que representan, por esa conducta intachable que venden al mundo cuando todos sabemos que son tan humanos como cualquiera, los odio por la sonrisa de superioridad que pueden llegar a darte cuando pasas a su lado, los odio porque representan lo que yo debo ser, ese es el estándar, a ese lugar debo llegar yo, nunca más arriba, no, ¿mi futura casa? La casa de sagitario, ese es el límite, no más, imposible, eso sería herejía. Ningún caballero puede aspirar a llegar más arriba de lo que le corresponde, esa es la ley.

No llegué al templo de Sagitario, me desvié en medio del camino, no seguí recto y derecho. Doble en un pequeño sendero y seguí caminando, las ventajas de vivir en estos lugares que de pronto, sin saber exactamente cuándo, te conviertes en un experto en estas ruinas, tanto que eres capaz de encontrar pequeños caminos que llevan a lugares ocultos, privados, lejos de los ojos y oídos. En estos lugares hay demasiados recovecos en donde esconderse de las miradas inquisidoras de las personas. Continué caminando por un rato hasta que llegue casi al final del pequeño sendero, un lugar en donde se podía ver casi todo el paisaje del santuario, obviamente desde la altura que me corresponde, nunca más arriba, jamás más abajo. Me senté en una roca y cerré mis ojos para poder sentir la brisa en mi rostro, necesitaba despejarme un poco, tenía demasiadas cosas en mi cabeza y era importante que las ordenara todas, cada una debía estar en su correspondiente lugar.

- Seiya estás aquí – escuché a mi espalda. Abrí mis ojos y me voltee para corroborar quien me hablaba. Sabía quién era, solo tenía que corroborarlo.

- Eh, si sentí ganas de despejarme un poco Saori. Le contesté de forma nerviosa.

- ¡Seiya por favor, se un poco más respetuosa con la señorita Atena! Me reclamó Shion fuertemente.

- Shion…. Está bien, no hay necesidad….. comenzó a decir Saori

Claro que es necesario Señorita, es estrictamente necesario que los caballeros y futuros caballeros conozcan su lugar siempre. Discúlpate en este instante Seiya, caballero de pegaso.

Me quede en silencio, asustado, impresionado, no sabía qué hacer ni qué decir, esto era casi como una mala broma. Me fije en Saori, estaba sombría, tenia los labios apretados y la mirada baja, casi pude leer la turbación en ella. Sostuve la mirada unos segundos más y luego me voltee a ver a Shion, lo miré directamente a los ojos, lo desafié con la mirada, no me importó que fuese el patriarca del santuario, no me importó que pudiese expulsarme o incluso darme un castigo tremendo, estaba furioso y quería que lo supiera. De pronto Saori levanto la mano y dijo, en un tono casi de ultratumba "sigamos Shion, por favor" mientras se daba vuelta y seguía el camino hacia la casa de Sagitario. No volteo, no me miro, simplemente siguió caminando, como guiada por una fuerza invisible, como un espectro, como un ser sin alma.

- Hablaré con Aioros, esto no quedará así caballero, es importante que tengas claro tu lugar. Dijo Shion mientras seguía caminando detrás de Saori, Atena, la diosa, la diosa virge, la luz de esperanza, el espectro, el fantasma…


Estaba tan sumido en mis recuerdos que no me di cuenta que una señora con su bebe necesitaba el asiento, me puse de pie y le sonreí al bebe ¿sería así mi hijo? Últimamente siempre que veía a un bebe mi mente se hacia la misma pregunta ¿será así mi hijo? ¿Mi hijo hará lo mismo? Sonreí, ¿les pasará a todos los hombres que están a punto de ser papas? Me agarre de la manilla y seguí el recorrido a casa. Fijé nuevamente la mirada en la ventana del bus, y me perdí nuevamente en mis recuerdos, en esas imágenes que no quería volver a vivir, sin embargo al parecer hoy era un día especial, hoy era el día en que Seiya, ex caballero de pegaso, profesor de física, iba a abrir esa cajita en su cerebro que había cerrado hace mucho tiempo, doliera lo que doliera.


No recuerdo detalles de aquella tarde, es que simplemente fue una tarde más, de las muchas que había vivido en el santuario. Estar en el santuario en aquel entonces era como vivir eternamente un día de la marmota, todos los días lo mismo, la misma rutina, las mismas caras. Había días en que estas caras tenían semblantes distintos, algunos más cansados, otros más sombríos, ausentes, enojados, sin embargo eran las mismas caras, las mismas apariencias de siempre. Yo me había convertido en uno más de aquel paisaje desolador.

Caminé hacía el coliseo con Aioros, de vez en cuando lo miraba de reojo y podía notar el orgullo de aquel hombre, brillaba por sí mismo, no necesitaba la armadura para destacar, simplemente su sonrisa, su pelo y la forma de caminar, siempre con la cabeza en alto, le daban el porte de caballero. Creo que él era el único que estaba totalmente a gusto en aquel lugar. Aioros nunca fue un hombre de cuestionar las cosas, él era de aquellas personas correctas, que vivían bajo ese lema ¿el patriarca Shion? Su máxima autoridad, imposible cuestionar sus decisiones ¿Saori… Athena? Pues su máxima adoración, no había nadie que mirara a Saori de la manera en que Aioros lo hacía, era casi nauseabundo.

Recuerdo poco lo que ese día me explicó el caballero de sagitario. Aquella tarde no quería escucharlo más, todo lo que decía no tenía sentido para mi, deidad, virginidad, caballerosidad, honestidad, juramento, devoción… todas esas palabras quedaron tiradas en el piso aquel día. Hoy en día creo que aplicaría aquellos adjetivos, sólo que en contextos distintos.

Cuando la verborrea del caballero de Sagitario terminó asumí que daba por terminado el entrenamiento de aquel día, igual que todos los días. Me despedí de todos los que estaban en el coliseo y subí lentamente los escalones de las doce casas, siempre con cuidado de no pisar un escalón más del que corresponde, nunca cruzar esa línea, jamás. Me metí al baño y tomé una ducha, cuando terminé me vestí y me senté a la entrada de la casa de Sagitario, tenía ganas de fumarme un cigarro, revisé mis bolsillos de mis jeans y encontré una cajetilla, me quedaba un solo cigarrillo.

- ¡Seiya!

No me voltee de inmediato, sabía quién era. Las palabras de Aioros retumbaron fuertes en mis oídos en aquel momento, no debía darme vuelta, sabía que si lo hacía inevitablemente cruzaría aquella línea invisible, sabía que si me volteaba estaría más lejos y más arriba de lo que nunca antes algún caballero había estado, incluso más arriba de Aioros, el auto-proclamado caballero más fiel y cercano a Athena.

- Me di la vuelta, subí los escalones, no miré hacia atrás, di los pasos que debía dar.

- Saori ¿qué haces aquí abajo? Pensé que tenías alguna conferencia o meditación pendiente, o eso fue lo que dijo Shion.

- Mmm… ya… no, no tengo nada. Me respondió mientras miraba hacia el templo del patriarca. – La verdad es que siempre tengo algo que hacer, pero hoy no tengo ganas, hoy quiero descansar un poco, ¿tienes tiempo? Me preguntó casi con urgencia.

- ¿quién me lo pregunta, Athena o Saori?

Saori me respondió regalándome una sonrisa, no una luminosa, no feliz, una desesperada, una llena de angustia. "te lo pido yo, Saori"

- En ese caso, tengo todo el tiempo del mundo. Le respondí con una sonrisa.

Caminamos para poder encontrarnos frente a frente, la verdad es que no sabía qué era lo que quería o esperaba, yo simplemente la seguí como buen perro faldero. Cuando me di cuenta que estábamos caminando hacia la salida del santuario me detuve bruscamente.

- Saori, no podemos salir, tú lo sabes bien. Le dije tomando su brazo y volteándola de golpe.

- Sera sólo esta vez Seiya, por favor, estoy ahogándome ahí dentro, necesito salir al mundo, aunque sea por un par de horas. Me dijo de manera suplicante – por favor Seiya, por favor.

No supe que contestarle, se me secó la boca por completo, esto era casi irrisorio, no podíamos salir así como así del santuario, ella no podía salir del santuario, estaba prohibido. Trate de responderle algo, no me salían las palabras, sabía que si nos descubrían significaba un castigo enorme, el peor de todos y yo no lo podría soportar, no podría soportar estar lejos de ella, ya estaba lo suficientemente lejos como para alejarme más, al menos físicamente podía estar presente y a su lado, aunque fuese a miles de escalones de distancia.

Saori se dio la vuelta y junto su frente con la mía, mientras que posaba una mano en mi cuello. Pude ver todos los detalles de su cara, pude sentir su piel, no necesitaba suplicar, ya había eliminado todas las barreras que podría haber creado entre los dos, donde ella me dijera que fuese yo iría con ella. Me di cuenta que cerraba los ojos y trataba de respirar lentamente. Moví mis manos y puse una en su cuello, quería quedarme en esa posición por más tiempo.

- Bueno, vamos, vamos a la luna si quieres. Le dije mientras le regalaba una sonrisa.

Vi como sonreía aliviada, sin embargo la desesperación de sus ojos no se iba. Salimos del santuario sin problemas, si se dieron cuenta de que estábamos cruzando la frontera no nos detuvieron.


En ese momento no sabía (tampoco me lo pregunté) cómo fue no tuvimos problemas al salir, cómo es que nadie se percato de que dos personas estaban cruzando la entrada del santuario. Hoy sé que Ángelo y Afrodita llamaron coincidentemente a todos los guardias de la entrada para realizar rondas aleatorias.


Cuando salimos del Santuario pude notar como nuestro cuerpo se llenaba de adrenalina, éramos dos adolescentes buscando aventuras, nos miramos a los ojos y nos echamos a reír, creo que cruzar la frontera había sido lo más adrenalínico que habíamos hecho en mucho tiempo. Después de mucho tiempo me sentía vivo y lleno de ganas de comerme el mundo, nuevamente mis ojos se enfocaban en cada detalle, cada casa, cada puerta, todo era demasiado nuevo, hermoso. Nos detuvimos un momento en una tienda de ropa de segunda mano, vi como Saori entraba y luego de unos minutos salía con una ropa totalmente distinta, si hasta los zapatos los había cambiado. Miré nuestro reflejo en la vitrina de la tienda, si que nos veíamos como dos personas normales, jeans y chaleco negro yo, jeans y chaleco gris ella. Tomé mi celular y saque una foto a nuestro reflejo, nuestra primera foto.

- Seiya ¿aún tienes el cigarrillo que ibas a fumarte? Me preguntó

- ¿fumas? Le dije mientras sacaba la cajetilla y le ofrecía el cigarro.

- Hay muchas cosas de mí que desconoces Seiya. Me dijo, mientras encendía el cigarro, no era la primera vez que lo hacía, eso lo tenía claro, se notaba. Me fijé en su rostro, a pesar de las ojeras y la hinchazón de los ojos era hermosa, sin embargo había algo que me molestaba.

- Oye ¿hace cuanto que no duermes? Le pregunté de forma casual. Sonreí en mi cabeza, me gustaría ver qué cara pondría Shion o Aioros si me hubiesen escuchado hablarle así a su "querida diosa"

- No lo sé, últimamente he estado con problemas para dormir. No es importante. Me dijo mientras le daba una calada al cigarro y me lo ofrecía.

Seguimos caminando por el centro de la ciudad, era una sensación tan distinta, todo se respiraba distinto, incluso Saori se sentía distinta, tanto que llegó a incomodarme. Mientras caminábamos la miraba de reojo, era tan distinta a la niña que había conocido, ya no tenía luz que la caracterizaba, ya no tenía esa sonrisa, ya no tenía esa dulzura ni esa calidez, era otra persona. Seguimos caminando en silencio, los dos mirando a todos lados sin saber que decir, ella en silencio y taciturna, yo en silencio y nervioso.

De pronto los dos nos fijamos en una tienda de discos antiguos, hace mucho que no veía una de estas tiendas y creo que Saori tampoco. Nos quedamos frente a la vitrina mirando los distintos discos dispuestos. Algunos los conocía, otros no.

- ¿entremos? Me preguntó Saori

- Bueno.

Estuvimos un buen rato mirando discos, creo que desee un millón de veces tener dinero suficiente para poder comprar unos cuantos. Mientras revisaba encontré un disco que me llamo la atención, no era de alguien conocido, o yo por lo menos no la conocía. Llamé a Saori y le mostré el disco "¿vamos a la cabina y lo escuchamos?"

Cuando entramos a la cabina puse el vinilo con mucho cuidado, puse la aguja y después de unos segundos comenzó a sonar la melodía

There's wind that blows in from the north
And it says that loving takes this course
Come here
Come here

Nos quedamos en silencio escuchando la canción, mirándonos, estudiándonos, tratando de guardar ese momento, cada olor, respiro, suspiro, cada roce. Cuando terminó la canción guardamos el disco y salimos de la tienda.***

Caminamos por un buen rato y llegamos a una plazoleta en donde nos sentamos, había comenzado a atardecer, la temperatura había comenzado a bajar sin embargo no parecía que Saori sintiera frio.

- Saori, está comenzando a hacer frío ¿no tienes frio? Le pregunté mirándola a los ojos por primera vez después de mucho rato.

- No, la verdad es que no siento frío. Me respondió mientras se miraba las manos. – hace mucho tiempo que me cuesta sentir frio, o calor, o algo en realidad. Me dijo mirándome a los ojos.

La miré fijamente a los ojos, se veía distinta, cansada, derrotada. No supe que decir, sabía que debía decir algo, es que simplemente no sabía. Lo que me dijo Saori en ese minuto me dejó helado, literalmente helado, en blanco. Después de unos segundos lo único que se me ocurrió fue tomar su mano entre las mías.

- ¿sientes eso? Le pregunté.

- Saori miro sus manos y rápidamente me miró a los ojos, pude ver como se iluminaban un poco, sólo un poco.

- Tú siempre dices y haces lo que realmente necesito. Me respondió.

Pude sentir como sostenía mis manos entre las suyas con mucha fuerza, casi con desesperación.


Creo que ese fue el momento en que ella me pidió ayuda, ese fue el momento de inflexión en el que quizás si hubiese soltado su mano, quizás si hubiese insistido en volver en ese preciso momento, quizás todo habría sido distinto.


Nos quedamos mirando por unos minutos, creo que disfrutando de la compañía mutua. Me di la libertad de poder disfrutar las manos de Saori, suaves, firmes, heladas. Fueron los mejores minutos de mi vida, nunca había estado tan cerca de ella como ese momento.

- Sabes, el otro día escuché a Milo hablar de un bar muy bueno ¿vamos? Me preguntó

- Saori ¿quieres ir a un bar? ¿estás segura? Creo que quizás deberíamos volver. Le dije mirándola sorprendida. – ya es tarde y creo que nos estarán buscando, a ti por lo menos.

- Los ojos de Saori se oscurecieron un poco, perdieron el poco brillo que tenían.

- Si no quieres ir puedo ir sola, no hay problema. – además no me interesa si me están buscando, soy mayor de edad, puedo hacer lo que quiera legalmente. Me dijo soltando mis manos de pronto.

- No es que no quiera ir…. ¿tienes a caso identificación? Le pregunté

- ¿crees que no? Me respondió sacando su identificación – soy una civil a pesar de todo. Me sonrió, pero esta vez su sonrisa fue traviesa, fue grande, fue de mujer decidida.

No sé exactamente en qué momento llegamos al bar, tampoco sé cuando fue que nos sentamos ni cuándo pedimos las cervezas que teníamos en frente. Pero ahí estábamos, dos adolescentes normales disfrutando de una tarde juntos, como dos personas normales, sin responsabilidades ni títulos a los que hacer referencia.

- Saori ¿qué estás haciendo? Le pregunte sorprendido cuando vi que estaba sacando unos papelillos y un poco de hierba.

- ¿qué crees? ¿quieres un poco? A veces lo hago para poder dormir más tranquila, o simplemente evadirme de algunas cosas, sabes, escuchar a Shion hablar y hablar de las responsabilidades de una diosa es bastante agotador. Me dijo mientras me miraba y sonreía.

Me quedé perplejo al ver la destreza con la que movía las manos y creaba este pequeño cigarrillo, me sorprendí también al verla encenderlo y fumar una calada. Era una experta, sabia como hacerlo, no era su primera vez. Vi como estiraba el brazo y me ofrecía una fumada.

- No gracias. Le dije

- Vamos Seiya, relajémonos un poco, sabes, escuché de un bar en donde tocan música en vivo y puedes bailar se llama "Bar Victoria"***** ¿vamos?

- Saori ¿cuántas veces haces esto? Me refiero a salir del santuario. Le pregunté

- Mmm… creo que una vez por semana, depende, hay veces en las que Shion está mucho más pendiente, esas semanas no puedo.

- ¿Sola?

- ¿cuál es el problema? Soy una mujer grande, no necesito a un niñero. Me contesto un poco molesta

- No es eso, es que es peligroso salir de esa manera, en especial si no sabemos cómo localizarte. Le respondí

Saori no me respondió, se quedó mirándome seriamente a los ojos mientras le daba otra fumada al "pito"# que tenia. De pronto saco de su bolsillo un par de billetes, los dejó en la mesa, se puso de pie y comenzó a caminar rápidamente a la entrada del bar. Hice lo mismo, no podía dejar que se fuera así. La seguí a una distancia prudente mientras intentaba ordenar mis pensamientos. De pronto Saori se detuvo, dio la vuelta y camino hacia mí, no dijo nada, simplemente caminó y cuando estuvo cerca nuevamente junto su frente con la mía.

- Por favor Seiya entiéndeme, necesito esto, estoy muriendo por dentro, ya no aguanto estar encerrada, no aguanto más a Shion, no aguanto nada de eso, quiero ser normal, quiero tener una vida normal, quiero que tengamos una vida normal. Esto me lo dijo mientras se separaba un poco de mi y ponía una de sus manos en mi mejilla. Aquella mano en mi cara hizo lo que ninguna droga o alcohol había podido hacer, logró borrar todo autocontrol que había en mi cuerpo. La besé, no me contuve, simplemente la besé y ella me besó a mí. No hubo arrepentimiento ni duda, no hubo miedo, hicimos lo que hace mucho tiempo queríamos hacer.

No I'm not impossible to touch
I have never wanted you so much
Come here
Come here…


"¿Se quiere sentar?" escuché que me preguntaban, me saqué uno de los audífonos y puse atención. Era la misma mujer a la que le había cedido en asiento, estaba por bajarse. "gracias" le respondí mientras volvía a sentarme junto a la ventana. Mi espalda agradeció el asiento, lo años no pasan en vano y bueno la condición física no es la misma Seiya ya estas viejo pensé.

Me volví a poner el audífono y me di cuenta que aun sonaba la canción, es increíble como una canción es capaz de retroceder el tiempo y obligarte a abrir puertas.

Volver a ese día me había mostrado que simplemente ninguno de los dos quiso evitar la avalancha que se nos avecinaba, éramos una maldita bomba de tiempo tik tak tik tak. Nos amábamos desde hace mucho tiempo, nos hacíamos el amor en silencio, con la mirada, en nuestra mente. Siempre fuimos nosotros nunca Seiya o Saori, siempre fuimos uno, y cuando nos dimos cuenta no hubo nada que alguien pudiese hacer. Nos llevamos a muchos con nosotros, a otros los dejamos atrás. Debo confesar que no miramos el desastre que dejamos, pero puedo jurar por la vida de mi futuro hijo que no nos fueron indiferentes. Muchas veces repasamos los hechos una y otra vez, muchas veces nos sentamos y nos agarramos la cabeza pensando en lo que habíamos despertado. No mentiré en que hubo veces en que estuvimos listos para volver y esperar nuestro castigo, pero todas esas veces nos miramos y no fuimos capaces.

Hoy ya no pensamos en eso, ya no nos arrepentimos cada vez que nos besamos, hoy simplemente vivimos mirando al futuro, con la cabeza en alto. Nos duele la lejanía y el exilio. De alguna manera el Santuario era nuestro hogar y los caballeros nuestra familia. Nuestra familia nos había dado la espalda, nos había maldecidos de todas las formas e idiomas posibles. A mí me habían sacado a patadas del santuario, nunca podré volver, nunca podré volver a pisar mi hogar nuevamente. Para Saori las cosas estuvieron un poco más pesadas.


- ¡Shion basta! Soy un ser adulto y puedo hacer lo que quiera.

- Usted no entiende señorita, es mí deber cuidar de usted, así como que se cumplan las reglas ancestrales, es imposible que deje pasar algo asi.

- Tu lo has dicho, ancestrales, de hace muchos años. Shion por favor, ya no puedo con esto, tú lo sabes bien, estar en este lugar entre cuatro paredes, me estoy sofocando, deja que sea feliz aunque sea una vez en la vida. Dijo Saori en un tono cansado. Estaba claro que ya no quería seguir peleando, la noche anterior había sido demasiado.

La noche anterior había sido totalmente caótica para los dos, Shion los había encontrado en la madrugada, mientras volvían al Santuario. No les había dado tiempo de explicar nada, Seiya fue inmediatamente apresado y llevado a los calabozos para ser juzgado al día siguiente, Saori fue devuelta a su templo, bajo la atenta mirada de todos sus caballeros. Para Saori subir esos escalones fue como caminar sobre piedra caliente, tuvo que soportar la mirada de todos, muchas eran de reproche, otras de pena. Cada escalón que pisaba era una herida más que se plasmaba en su alma a fuego. Cuando llegaron a la casa de Piscis Saori se detuvo en seco.

- Quiero que dejes en paz a Seiya, en no tiene la culpa de nada. Dijo Saori

- No es posible señorita, en todo el mundo existen reglas y estas han de cumplirse… Shion no pudo terminar de hablar cuando Saori lo interrumpió

- ¡Shion por favor! Dejemos de mentirnos, ya no es necesaria toda esta farsa, déjame salir de aquí ¿Cuántas veces te lo he pedido? ¿qué es lo que quieres probar? ¿Qué soy la santa más santa de todas las diosas? ¿Qué me siento a rezar por la paz mundial y es por eso que debo ser tan venerada por todos? ¡no soy una puta roca Shion! ¡deja ya de mentirte a ti mismo, ya basta, déjame ir, yo no pedí este destino, no pedí esto, nadie lo hizo! Gritó Saori.

Saori respiraba agitada, las lágrimas caían por su rostro, su desesperación y angustia podían sentirse a kilómetros. Su cuerpo tiritaba, no sabía si era de rabia, impotencia o pena, todo estaba tan mezclado que era imposible describirlo.

- Shion, vamos mira piensa, ya todo esto terminó, por qué no simplemente dejamos que cada quien haga su vida, todos merecen una vida Shion, todos incluyéndote ¿no tienes ganas de algo así? ¿no te gustaría estar libre y ya no tener que seguir las ordenes de nadie? ¿Qué hay de los caballeros dorados? ¿crees que ellos merecen este tipo de vida? Suplico Saori mientras se acercaba lentamente a Shion – por favor Shion, por favor.

Shion no dijo nada, tampoco la miro, el tampoco podía con todos los sentimientos que estaban recorriendo su cuerpo, por primera vez no sabía qué hacer ni que decir y eso lo hacía sentir indigno de su puesto. No podía tolerar que, aunque disparatado, lo que le pedía su diosa no era del todo mentira. Los caballeros Dorados le habían dejado entrever la idea de una vida normal, muchos de ellos querían retomar sus vidas, otros querían comenzarlas. Ese día Shion fue un cretino, tomo el camino más fácil que fue el de ignorar absolutamente todas las razones de peso para acceder a lo que pedía su diosa, ceder sería dejar su orgullo por el suelo y eso no era algo que él estuviera dispuesto a hacer. Aquella mañana Shion caminó derecho a su templo, a seguir con sus tareas de patriarca, no miro atrás, no miro a los lados ni arriba ni abajo, simplemente siguió las normas ancestralmente establecidas.

Saori se quedo en el templo de Piscis, ahogándose en su miseria, gritando y llorando, no sabía qué hacer, su cabeza era un nudo de emociones y todas querían salir disparadas juntas. El único testigo de esto fue el único que corrió a su auxilio, el que comprendiendo totalmente abrazó a su diosa en ese minuto y se quedo con ella en el suelo, sintiéndose miserable junto a ella, porque fue testigo del momento en el que sus vidas podrían haber cambiado para siempre, sin embargo también se dio cuenta como el orgullo podía hacer tanto daño a cientos de personas.


La noche en que Saori decidió abandonar el santuario y de paso a todos a su suerte fue una real pesadilla. Recuerdo que Afrodita me llamó por teléfono, no hubo detalles, tampoco hubo prisas, simplemente me contó todo, me dijo que la buscara que era mejor que la encontrar yo que los caballeros dorados. Recuerdo también que después de una pausa me dijo que me la llevara "llévatela Seiya, a Saori ya no le queda nada por que luchar, no le queda alma a esa mujer, llévatela y que nunca los encuentren, es mejor así" Esas fueron las últimas palabras que me dijo al teléfono antes de cortar.

Recorrí media ciudad antes de encontrarla, la vi a los lejos, entrando a un motel con un extraño, quise detenerla pero algo me dejo helado. Esa mujer que estaba sentada en el suelo no era Saori, no era la Saori que conocía, tampoco era con la que hablaba por teléfono, no, esa mujer estaba completamente loca, borracha, drogada. Algo en mi se rompió, hoy en día no sabría describir que fue, sólo sé que cuando ella fijo la vista perdida en mí me quiso alcanzar y yo cobarde y herido me alejé de ella, dejé que aquel extraño la llevara dentro del motel. Me di media vuelta y caminé en dirección contraria, no quería saber ni imaginar nada, quería perderme en la inmensidad del mundo, podía escuchar como Saori gritaba

"¡No déjame, tengo que irme con él! ¡Me vino a buscar! ¡Déjame, déjame! ¡Suéltame tengo que irme con el caballo, suéltame!"

Creo que en ese momento quise correr a buscarla, pero algo en mi no me dejaba, estaba herido ¿por qué no me había buscado? ¿por qué no me había llamado para que la fuese a buscar? ¿Por qué se busco al primer hombre que encontró? Todas esas preguntas me golpearon de una vez, estaba muy enojado en ella pero ¿quién soy yo para juzgarla? ¿Si hubiese sido yo sería ella capaz de perdonarme?

Seguí caminando alrededor del motel, mirando el piso, caminando lento y tratando de responder cada una de mis dudas. Levanté mi cabeza unos minutos para fijarme en el edificio, vi como Saori salía y me miraba fijamente, sé que no me reconoció, me miro directo a los ojos pero no supo quién era, estaba en otro mundo. La mire fijo hasta que el tipo con el que estaba la entraba de golpe, aquello hizo que me diera cuenta de lo que estaba pasando, sin embargo no hice nada por detenerlo, eso me ha pesado hasta el día de hoy, es por eso que cada vez que Saori me pide disculpas me siento totalmente miserable, las disculpas debería dárselas yo. Quizás algún día logremos tener esa conversación.

Caminé durante toda la noche, me fumé un par de cajetillas de cigarro y seguí caminando. Volví un par de veces al motel, miraba atentamente la ventana de la habitación, me quede un tiempo mirándola, vi el momento exacto en el que se apagaba la luz, así como también vi el momento exacto en el que Saori salía corriendo del lugar. Corrí tras ella, con un peso en el alma y el corazón que el tiempo no ha logrado borrar del todo. La seguí por largo rato hasta que ella me vio.

Sus gritos y lágrimas pidiéndome perdón aun las recuerdo, así como el peso de su cuerpo maltratado en mis brazos, hay noches en las que despierto sudando recordando aquel día. Cuando eso sucede me volteo para encontrarme con el cuerpo de Saori durmiendo a mi lado, suelo abrazarla y llorar en silencio pidiéndole perdón por no haber entrado a ese motel, por no haber molido a golpes a ese hombre, por haber sido un maldito cobarde y haberla culpado de todo. A veces siento que no merezco lo que tengo, otros días no me importa y me consuelo pensando que ese día fue el comienzo de nuestra vida juntos, sin ese día nada de esto sería posible y por eso le agradezco a la vida.

Sin darme cuenta ya estaba cerca de mi parada, me estiré y me puse de pie. Tenía ganas de llegar y ver a Saori, tenía ganas de llegar a mi casa, sentir el olor y el calor que habíamos creado, quería ver el desorden que tendría Saori con la ropa de bebe, quería sentir el calor de ella cuando me abrazaba al llegar. Toqué el timbre y me baje del bus y caminé las cuadras que me quedaban. Todos los pensamientos oscuros se habían ido, ahora mi cuerpo estaba lleno de ansiedad por verla nuevamente, había sido un día largo.

Al entrar el olor a café me recibió, también el desorden de ropa y algo que me llamó la atención, el tocadiscos, no es que no hubiese música en la casa pero esta vez Saori había puesto un disco que hace mucho no escuchábamos.

- Llegaste ¿Qué tal el día? Me preguntó Saori

- Bien… largo… oye ¿desde cuándo tenemos este disco?. Pregunté mientras recibía la taza de café caliente.

- Ah, desde hoy, tuve que ir a comprar algunas cosas y trágicamente fui atraída hacia la tienda de discos y pues lo encontré.

Era el disco de Kath Bloom##, el mismo que habíamos escuchado la tarde que nos escapamos, era realmente una sorpresa verlo. De pronto vi como Saori caminaba hacia el tocadiscos y colocaba una canción, nuestra canción.

- Ven vamos bailar, disfrutemos estos pocos momentos que nos quedan siendo solo nosotros dos. Me dijo mientras me llamaba al centro del living

- ¿poco tiempo? ¿Cuánto es eso? Le pregunté un poco desorientado

- Una semana Seiya, en una semana deberíamos ser tres. Me dijo un poco molesta.

- Ay verdad, le dije mientras tomaba su cintura y comenzábamos a bailar lentamente - ¿puedes creer que venía escuchando esta misma canción en el bus?

- ¿a si? Me pregunto extrañada - ¿y qué recordaste?

No le dije nada, no iba a decirle que recordé aquellos meses horrendos y dolorosos, no le dije que lamentaba lo que había pasado, que lamentaba haber sido un estúpido e incapaz de sobreponerse a su orgullo.

- Que me debes un cigarrillo, era mi último cigarro. Le dije mientras le besaba los labios y seguíamos bailando.

There's wind that blows in from the north
And it says that loving takes this course
Come here
Come here

No I'm not impossible to touch
I have never wanted you so much
Come here
Come here

Have I never laid down by your side
Baby, let's forget about this pride
Come here
Come here

Well I'm in no hurry
You don't have to run away this time
I know you're timid
But it's gonna be all right this time

There's wind that blows in from the north
And it says that loving takes this course
Come here
Come here

Please, hey, hey
Hey, hey


DIOS MIOOOO! Años ya sin publicar, si sé soy lo peor. La verdad es que la vida, las penas, el trabajo y un montón de cosas me tuvieran alejada de mi historia, pero es mi regalona, mi bebe, mi niñ amad jaja asi que claro que la iba a continuar, siempre dije que lo haría y pues aquí estoy, después de muchos años.

A las que esperaron mi historia les estoy muy agradecida, yo misma he esperado a autoras por años y pues siempre es una sorpresa cuando vuelven a publicar. Espero ser una sorpresa para ellas/ellos también.

Pues vamos, re lei mi historia, y pues me di cuenta que no había ningún capi dedicado a este señorito, y pues creo que eso era la TREMENDA omisión, OTSEAAA como no me había dado cuenta de eso, así que pues, a pesar de que dije que pensaba que no escribiría mas de esta parejita en este fic pues ya ven. Probablemente haga otro capi de ellos, aun no estoy completamente segura, pero creo que merecen un cierre.

Odiemos un poquito a Seiya por juzgar a Saori, el sabe que no debió y esta mega arrepentido, pero merece un poquitín de odio, solo un poquito ya? Igual el pobre ha sufrido del horror, sin embargo merecía desahogarse de todo.

ACLARACIONES

* tercero medio: es un curso en el colegio en Chile, los estudiantes tiene entre 16 -17 – 18 años

** reloj control: es un reloj que muchos colegios tienen en donde los profesores tenemos que poner nuestro huella digital para marcar salida y entrada.

**** Escena robada de la película "antes del amanecer" (si no la han visto, háganlo)

***** Bar Victoria: es un bar que realmente existe aquí en chile, esta ubicado en la comuna de Pedro Aguirre de Cerda y es bastante entretenido, totalmente recomendado para después de la pandemia.

# pito: se le dice asi al cigarrillo de mariguana

## Kath Bloom: es una compositora que escribió la canción que Seiya y Saori escuchan, el disco se llama "finally"

Nuevamente muchas gracias a todos y todas las que me leen y bienvenidos a los nuevos lectores.

Saludos

Cami